Una modalidad de acercamiento periodístico
a las culturas indígenas:
“Los indios de México” de Fernando Benítez

Tanius Karam

Academia de Comunicación y Cultura
Universidad Autónoma de la Ciudad de México
tanius@yahoo.com      taniusk@prodigy.net.mx


 

   
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1. Del periodista al etnólogo: el viaje de Fernando Benítez.

Fernando Benítez (1910-2000) es considerado el creador del periodismo cultural en México; es un personaje de múltiples roles como novelista histórico, ensayista, antropólogo, historiador, profesor en la UNAM y sobre todo periodista. Su leitmotiv fue la cultura en sus modos y forman en sus formatos y medios; la cultura con mayúscula y minúscula, la de los libros de historia y las formas marginales que adquiere.

FB nació con la revolución mexicana. A los 24 años comenzó a trabajar como periodista en Revista de Revistas a donde estuvo dos años en la que ya mostraba en sus artículos la destreza narrativa y su pasión por la historia mexicana; luego en 1936 se pasó a El Nacional, diario que había sido creado por Lázaro Cárdenas; en las campaña contra las industrias extranjeras de petróleo tuvo una activa participación como periodista. En este diario tuvo casi todos los puestos, reportero, luego director. Desde sus orígenes como periodista Benítez tuvo interés por la difusión de la cultural. Al trabajar en El Nacional a principios de los treinta, conoció los suplementos culturales de los diarios que llegaban de todo el mundo. No concebía que México careciera de una publicación de esta índole y comenzó a trabajar en la divulgación cultural de nuestro país.

Benítez ocupa un lugar fundamental en la historia del periodismo cultural contemporáneo; fue director y fundador de los suplementos culturales más importantes del país: Revista mexicana de cultura (1947), México en la cultura (1949-1961) en el diario Novedades), La cultura en México (en la revista Siempre!), Sábado (del Unomasuno), La Jornada Semanal (de La Jornada). De todos ellos, acaso México en la cultura sea el más importante en términos de abrir una veta en la producción cultural periodística que no fue ajeno incluso a las cuestiones editoriales y tipográficas bajo la influencia de Vicente Rojo. Este suplemento registra, ilusa y difunde la necesidad de cambios la legitimidad de las vanguardias; reexamina elogiosamente (en notas y entrevistas) la generación del Ateneo de la Juventud, los Contemporáneos; se organiza un periodismo cultura crítico. Un acto de censura política de la dirección obliga a una renuncia masiva del equipo y se traslada, a partir de 1962 (bajo la dirección y liderazgo de Benítez) a la continuación “La cultura en México”, esta vez en el semanario político Siempre! (Monsiváis, 1981: 1479). Alfonso Reyes decía con relación a México en la Cultura que no era posible entender la cultura mexicana del medio siglo sin este suplemento.

Primero maestro y luego gran amigo de sus discípulos, por sus redacciones de formaron periodistas y escritores como Elena Poniatowska, José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, adolescentes que pronto de convertirían en maestros de nuevas generaciones. Esto aquilata y engrandece el aporte de Benítez a la cultura, como no sólo como periodista o director, sino maestro en el sentido más amplio de la palabra; “empresario” toda vez que “emprender” y organiza los recursos humanos y materiales para llevar adelante importantes proyectos sociales de información, creación de medios, redes de trabajo que saben imprimir a su trabajo una visión distinta del quehacer. Benítez reconocía en este sentido que si algún mérito tenía, era la de reconocer talentos; él, aceptaba, no había descubierto a nadie, sólo había estimulado a quienes lo tenían.

A parte de su contribución en los suplementos podemos decir que su obra siempre estuvo casada con el reportaje de grandes vuelos que trasladan lo mismo a China a la vista. Libro de Viajes (1953), que a la vida de la Colonia en La vida criolla en el siglo XVI (1953) Los demonios en el convento. Sexo y religión en la Nueva España (1985); que nos sumió en un Viaje al centro de México (1975) o lamentó los sismos del 85 en El libro de los desastres; revivió La ruta de Hernán Cortés (1950) o el periplo Lázaro Cárdenas y la Revolución Mexicana (3 Vols. 1977-1978). También incursionó en el teatro con una obra que no tuvo éxito Cristóbal Colón, misterio en un prólogo y cinco escenas (1951). Su obras combinan el trabajo periodístico (convertidos en libro en ocasiones) o bien colecciones de ensayos-reportajes lo que genera a su obra agilidad y extensión, comunicabilidad y detalle.

En el área de los estudios antropológicos fue innovador en el uso del lenguaje mediante técnicas y formas modernas: reportaje (muy cercano al new journalism), testimonios orales, diarios que nos brindan la voz misma de los pobladores indígenas que el autor visitó. Esta saga es la base de los cinco libros que forman Los indios de México (1967-1981); en 1989 apareció una antología con prólogo de su amigo Carlos Fuentes. En suma los relatos que se cuentan provienen de viajes “…en pequeños aviones y de asistir a ceremonias y rituales arcaicos sobre todo en regiones muy apartadas y de difícil acceso. Son viajes portentosos que abarcan desde el siglo XIV al siglo XX, un fenómeno que tal vez no se dé en otras naciones” (Benítez, 1989: 7).

Los indios de México es un retrato a un tiempo etnológico y periodístico de las diversas culturas prehispánicas que aún existen en México. Cabe señalar que esta preocupación por los universos simbólicas de las culturales originarias no es propia de esta obra; en realidad los indígenas y las formas de la injusticia social se encuentra también en otros libros que o bien provienen de reportajes (publicados primero en prensa) o se extienden a colecciones (como Los Indios…). En el autor su interés se relaciona con sí mismo: ese dando urbano que comienza sus trabajos en la cima de su reconociiento como escritor, historiados y periodista. Benítez se da a la tarea, tal vez de encontrarse él mismo primero con la historia negada de México, un afán que a un tiempo periodístico, literario, histórica y existencial.

Termino esta primera parte con una mención a los premios de los que fue objeto: el Mazatlán de Literatura (1969), el Nacional de Letras y Filología (1977), el Nacional de Antropología (1980) y la Medalla Manuel Gamio ­la más alta distinción como antropólogo­ en 1986, así como el de Periodismo en Divulgación Cultural, ese mismo año. Su nombre fue impuesto al premio de Periodismo Cultural que otorga la Feria Internacional del Libro de Guadalajara desde 1992, año en que recibió el doctorado honoris causa por dicha casa de estudios. También recibió la condecoración de la Orden al Mérito Duarte, Sánchez y Mella, en el grado de Gran Cruz Placa de Plata, concedida por el presidente de República Dominicana, Joaquín Balaguer, en 1994.

 

2. Introducción a Los Indios de México

Benítez es un escritor que con su particular tour de force ha plasmado en sus libros una cantidad de información sobre la manera de vivir y la visión del mundo de las culturas amerindias de su país.

La curiosidad de FB por ahondar la historia mexicana en todas sus dimensiones y facetas, lo llevó a emprender la difusión de una importante labor cultural que se refleja en los cinco tomos de Los indios de México, más de dos mil paginas en las recrea la vélelas, la magia, la dignidad y la tragedia del diez por ciento de la población que hablan más de cincuenta lenguas distintas. De esta obra en 4 tomos se han extraído en forma de separatas los relatos concernientes a su encuentro con el mundo de los chamanes, y en particular su ruta con los Huicholes para la recolección del péyotl, así como su encuentro con María Sabina y los hongos mágicos de Huautla de Jiménez.

Sus relatos se encuentran impregnados de una poesía, una fuerza y pasión que le merecen reconocimiento por su sinceridad y acercanía, así como agradecimiento por ofrecer al lector medio la constelación de un mundo anegado entonces o bien reservado para especialistas (en sus mayoría extranjeras) de este tipo de civilizaciones. Su estilo nunca cae en el academicismo estéril, en lo rutinario, ni mucho en la distancia acéptica e indiferente; en ellos encontramos el recordatorio de ritos y mitos ancestrales vistos desde un hombre común y cercano que no busca atacar o defender. Este libro viene a ser una actualización de los textos antiguos sobre los indios de México, renovados con el vivir día a día junto a lo que resta de estas culturas por las que Benítez siente tanto querer, respeto y nostalgia (Cf. Muscaria, 2004)

La prosa de Benítez subraya el contraste entre las dos características de estas culturas, entre sus dos sinos: por una parte son depositarias de un modo de vida ancestral, en el que lo sagrado y lo profano se encuentran y coexisten en la vida diaria, un mundo en el que los dioses y las fuerzas de la naturaleza juegan un papel omnipresente en la vida de sus sociedades. Y por otro lado, su condición de culturas desmembradas, que a pesar de su replegamiento en zonas alejadas de la civilización occidental, el titánico despliegue de los medios de transporte durante las últimas décadas las ha sumido a una aculturación sin precedentes, que junto a la incomunicación con un sistema de gobierno ajeno, hace temer que sus formas de vida tienen una supervivencia más que amenazada (Cf. Muscaria, 2004)

El primero de sus trabajos publicados sobre la visita hecha a comunidades indígenas fue “Viaje a la Tarahumara” (1960, México. Era) que abre por cierto los trabajos de esta casa editora tan vinculada al trabajo de Benítez y de varios de sus discípulos [1]. Posteriormente con la publicación de Los Indios… apareció este relato en su Primer Volumen. El lector tiene oportunidad en este relato de conocer aspectos de vida cotidiana así como hallazgos que llaman la atención del autor. En este textos Benítez presenta una visión deslumbrante y dolorosa de quienes viven permanente expuestos a estructuras de poder regional (caciques, comisarios ejidales...) que los maltratan y castigan y una política discriminatoria seguida por los mestizos, que los humillan y los despojan de sus riquezas. Así al relato mismo de anuda distintos niveles de información que atraviesan las fronteras de la sociología y la política, de la antropología y la etnología, del periodismo y la comunicación. Sin tener una intencionalidad didáctica-educativo, el autor introduce aspectos que ayudan a la mejor comprensión de los horizontes explicativos que ayudan a que el lector vea estos fenómenos con el mismo respeto y admiración con la que lo hace el narrador.

 

3 Caracterización de los indígenas y el caso de María Sabina

No existe en Los indios… un esfuerzo deliberado de apología con respecto a los modos y costumbres de estos grupos; en su lugar sobreviene una caracterización rica y completa que sabe presentar la dimensión mágica y sagrada, lo mismo que las desviaciones inmediatas de las cruentas condiciones sociales y políticas en las que estos grupos se encuentran inmersos. Las descripciones que aparecen en primer lugar son en principio una suma de detalles y aspectos del hombre en su entorno, de sus conductas o rituales como formas de hacer llevadero al mundo. En principio el indígena aparece como alguien muy coherente con su visión del mundo. Paz (1997: 38) señala algo con respecto a las culturas mesoamericanas que puede ser aplicable a este caso: “La visión mesoamericana del mundo y del hombre me estremece. Es una visión trágica que, simultáneamente, me exalta y anonada. No me seduce, pero es imposible no admirarla […] Su pesimismo no doblega ni disuelve a la voluntad: la afila y la templa. Nos enseña a ver de frente el destino”

La obra da valor a la dimensión sagrada de sus mitos y retos. Benítez postula (desde su perspectiva) una forma de resistencia es por ello que éste es uno de los aspectos que más le llama la atención. Sin embargo como hemos dicho, renuncia a cualquier triunfalismo y opta por una visión más compleja donde se muestran sobre todo sus prácticas cono un universo simbólico fuera de cualquier juicio o evaluación descontextualizada; más aún en varios de sus relatos él coparticipa de la experiencia (como el viaje que realizan los Huicholes). Las menciones al mundo indígena estaban cargadas de rechazo, aun por aquello que dicen estudiarlos para comprenderlos mejor. El autor nos hace ver cómo, por ejemplo la ceremonia del peyote… (Fuentes, 1989: 18-19)

[…] tiene por objeto cancelar la dispersión del yo, comulgar con el todo, “oir2 los cánticos de los objetos y regresar al tiempo original, al tiempo de la creación, a la “edad virginal de los primeros ideas, donde regían los Formadores rodeados de plumas verdes y azules”. Unidad original, dispersión inmediataza: la conciencia de este movimiento está dicho en los textos huicholes, donde apenas nacen los dioses, luego se dispersan, “se riegan por la selva”

Benítez quiere descubrir y confirmar en su escritura que ese “primitivo” es el homo religous, es fundamentalmente un hombre que tiene a sacralizar todo lo que es importante en la naturaleza, y todas las acciones que vitales, como el trabajo y el sexo (García Flores, 1979: 118). El autor observa en la mayor parte de los actos vitales del mundo indígena el trastocamiento del orden cotidiano y la alteración del ritmo usual del mundo; de esta forma dedica gran parte a la caracterización, descripción con chamanes, maestros que nombra lo que saben lo que dicen y cantan.

Una de estas maestras por las que Benítez siente fascinación es María Sabina que mucho tiempo antes que aparezca en el t.III de Los indios de México en al revista de la UNAM (Benítez, 1963) se encuentra el primer relato sobre esta mujer misteriosa a quien el autor designa como sabia, maestra del éxtasi, maestra del alma humana que habla con Dios cada a cara” (1963: 20). En su primer trabajo Benítez inicia señalando cómo el reconocimiento de Sabina ha venido del exterior; se lamento por no hablar mazateco. En su relato Sabina es la mujer fuerte, que va aprendiendo por encima de las dificultades que vive; Sabina enfrenta la soledad y va descubriendo sus cualidades como curandera. Tras su viudez no quiso volver tener hombre y conforme se adentró al mundo de los hongos, los hombres dejaron de interesarle. Sabina, la que adivina y entiendo el lenguaje y poder de los hongos.

El lenguaje es un aspecto que llama la atención a Benítez quien habla sobre Sabina en términos de una poeta de la divinidad (Benítez, 1963: 17).

Lo que ha creado María Sabina no es un lenguaje esotérico, sino más bien un lenguaje poético donde las incesantes reiteraciones del salmo y de la letanía se encadenan a una serie de metáforas recurrentes frecuentemente oscuras, a licencias y juegos idiomáticos comunes en los grandes poetas y a menciones de yerbas y animales desconocidos que multiplican las dificultades.

En las entrevistas que el autor sostuvo con Sabina se adentró al mundo de los hongos. Los hongos ayudan a descorrer el velo: unen al silencio y al mundo. En la entrevista-reportaje Benítez comparte su experiencia con los hongos: la nitidez del sonido, la vibración particular de las cosas, la nueva orquestación que recrea y enamora, la melodiosidad del silencio que nos ayuda a recobrar el “oído perdido”. Junto con su experiencia narra las acciones que Sabina realiza para acompañar al viajero: los cantos, la inducción, la interrupción y el regreso al aquí.

Hay también una intención en el autor por cuestionar la afirmación que Wasson (quien visitó Huatla) hiciera diez años atrás, con respecto a las traducciones y significado de los cantos que Sabina hace en mazateco. De la misma manera ofrece una visión más amplia de los mazatecos y su mundo que no se restringe a la celebridad de María Sabina; el autor señala cómo en este mundo conviven visiones encontradas para sacar las ansias de signos (Benítez, 1963: 20)

Los sentimientos religiosos de los indios poseen una dinámica asombrada y cualquier consideración que nos hagamos sobre ellos, resultaría falsa y deformada, si no los tuviéramos presentes. En la Sierra, María Sabina -para referirnos a un caso individual- coexiste con otro tipo de curanderos- culebras, rezanderos, medicine-men, con los sacerdotes representantes de la religión católica y con los restos, muy importantes, de las antiguas religiones mesoamericanas.

A los mazatecos, no les basta la religión católica y necesitan par calmar su hambre de elementos sagrados y mágicos, su voracidad insaciable, de un gran número de curanderos…

María Sabina no está exenta de un sincretismo del que hereda aparte de su tradición la de la religión católica. En el análisis del lenguaje, los ritos y las formas de conjuro se observa en funcionamiento esta interconexión de culturas. La guía de María Sabina es el espíritu santo quien le da fuerzas para invocar al Dueño de los Cerros.

En suma que el relato sobresale por mostrar los rasgos de fortaleza y visión en una mujer, una vida sometida a pruebas y sufrimientos. María aparece como grave y digna; no se expresa con violencia de los charlatanes que surgen por el auge de los hongos Su ropa es modesta. Tiene en todo momento dominio de sí misma, perfecta naturalidad y una conciencia de su poder. Sabe que es famosa pero no le gusta hablar de ellos. Su vinculo con lo sagrado no le impide cumplir sus deberes familiares y del todo modo junta su dos existencia que en todas sus ceremonias hay alguno de sus nietos. Para Benítez a Tolstoi le hubiera gustado conocer a”esta viaje que habla con Dios cara a cara, vive en estado de pureza, gana su pan buscando remedios en la montaña y curando los padecimientos morales y físicos de los suyos”

 

4. El discurso de la denuncia

Es casi imposible profundizar en el estudio del mundo indígena (sobre todo si se maneja una perspectiva social y cultural -sumada a la antropológica- como lo hace el autor) sin señalar las consecuencias que tiene. La “denuncia” es un macro-acto de habla que no se encuentra en sus relatos, pero nace de éstos. En varias entrevistas, colecciones de artículo Benítez espeta y critica a las autoridades, denuncia los problemas y de hecho sugiere algunas soluciones.

El principio de la denuncia contra la injusticia social procede desde las primeras imágenes de la infancia en el que reconoce muchos méxicos, uno de ellos el de la más flamígera de las desigualdades. Para Benítez el gran problema del México actual ya lo apuntó Alejandro de Humboldt en 1804, cuando dijo que la Nueva España era "el reino de la desigualdad". Hay países más ricos, desde luego, y también, claro está, países más pobres, pero en ninguno existe la enorme diferencia que tenemos en el nuestro (Cf. Cayuela, 1996)

Desde su primer viaje realizado a la Tarahumara reconoce. “En ese momento yo era un periodista y me sorprendió mucho la extrañeza de la conducta de los Tarahumaras, pero me sorprendió mucho más la explotación de que eran víctimas” (García Flores, 118). “Pertenecer a una etnia no significa ser indio ni es la hora de precisar qué porcentaje de sangre autóctona se tiene, a riesgo de caer en el racismo. Se es indio por una mentalidad religiosa y mágica, por una lengua, por un patrón tradicional, por sentirse indio: pero también por ser miserable, por ser explotado, por ser humillado y discriminado, por ser diferente a lo que somos nosotros”. (Pacheco, 1981)

Un claro ejemplo de este “discurso de la denuncia” los vemos en el “Recado al presidente Echeverría…” (Benítez, 1971) que articula distintos actos de habla: narrar, confesión, petición. El texto comienza con una referencia a la actitud de Cárdenas y cómo los indígenas creyeron en el “tata”. La conclusión del artículo-carta es que la situación de los indígenas ha empeorado. El autor ofrece sugerencias (p.IX):

La única forma de solucionar este problema [desequilibro en el reparto de tierras] consiste en organizar otra vez ejidos comunales. Ya oigo las voces y los alegatos iracundos de los que siempre han visto en la debilidad y en la dispersión de los campesinos las condiciones favorables a su enriquecimiento. Todos los intentos de crear ejidos comunales o cooperativas agrícolas han fracasado; lo que callan es que la consecuencia del fracaso de debe a la corrupción que ellos mismos han introducido en las zonas rurales

En la “denuncia” hay un repaso a los problemas administrativos. Benítez entiende que el problema “no es el indio” sino éste y algo más, su relación con el entorno y el sistema. La política indigenista ha fracaso por su falta de apoyo político, por la dispersión de funciones administrativas, por la incapacidad para comprender que los problemas no son los mismos y que cada región tiene sus especificidades. El autor término como lo hicieran los yaquis cuando fueron visitados por Lázaro Cárdenas, “¿Es esto la revolución”.

 

5. El discurso personal

Leemos tanto en su obra como en entrevistas posteriores que la realización de Los Indios supuso al autor una transformación. En varios lugares y momentos el autor ha dejado caer confesiones en el que reconoce la manera en que este encuentro le cambió y lo que para él significó conocerlos y visitarlos. Desde la introducción de su trabajo reconoce lo que supone este encuentro de dos culturas; no es una tensión nada más histórica o social, es sobre todo un dilema personal que emana en los cincuenta desde un periodista muy conocido, con una de las redes sociales más extensas del establishment cultural. Este dilema se observa en la siguiente cita (T.II de Los Indios de México, p.11)

El intelectual de la meseta es un cortesano nato. En los cafés y reuniones hace circular una enorme cantidad de bromas sangrientas, de cábalas, de predicciones y de análisis tan sutiles como falsos y regocijantes…yo he pertenecido al ambiente del establishment y confieso que me gustaba mucho practicar este tipo de gimnasia intelectual, pero medida que envejecía me iba produciendo, como cualquier tipo de gimnasia, un aburrimiento invencible. Las teorías sobre los problemas políticos, sobre el campo, sobre la educación superior, se elevaban siempre con el humo de los cigarrillos en forma de brillantes globos que se fundían en el espacio y un día traté de conocer por mí mismo una realidad que, bien cocinada, me había servido de alimento durante varias décadas de orgías y banquetes canibalescos.

En una entrevista realizada por Carlos Marín cuando Benítez era embajador de México en República Dominica dice “Nací pedante, me creía la divina garza y los indios me ensañaron a ser humilde, me enseñaron la convivencia fraternal, me enseñaron a considerar sagrada toda la flora y toda la fauna del mundo”. Reconoce que los indios le quitaron toda idea de sentirse importante, tuvo un dominio de sí mayor y eso le dio una gran fuerza. Esta dimensión personal la ha reiterado en varias entrevistas y testimonios. Esta [la visita a las comunidades indígenas] ha sido, dice el autor, “una experiencia inolvidable para mí…no sería lo que soy sin esta experiencia (Olmo, 1988: 269). En suma hay una experiencia de descentración y trascendencia de la propia cultura y más en concreto del modo de vida. Estos, nos parece es la prueba más inequívoca de su autenticidad y honestidad lo que constituye uno de los principales atributos en el trabajo.

Benítez confiesa que los indios lo llevaron al remordimiento y al deseo de vivir otra vida: el Gran tiempo de los comienzos, la aurora de la existencia humana. “Valía la pena haber nacido par vivir esos momentos de solidaridad y comunión con un no-tiempo que era todo el tiempo…Aprendí que los individuos, los mendigos, podían enseñarme secretos que no encontré en otra parte con nadie, ni en los libros…” (Pacheco, 1981: 5)

 

7. Conclusión: Benítez o el modelo del comunicador intercultural

Benítez fue objeto de grandes críticas por su trabajo y tuvo que pagar no pocos costos. Los periodistas lo vilipendiaban por simularse antropólogo y éstos en definitiva si quiera se negaban a reconocer algún atributo “científico” a su trabajo. Limbo profesional y escritural que tuvo que aprender a sobrellevar. “Los periodistas -decía Benítez- me llamando escritor y los escritores me dicen periodista. Los historiadores me creen un entrometido. Dicen que no hago historia. Los antropólogos me han visto siempre con el mayor desprecio y encono porque sus trabajos no son leídos mientras mis reportajes se han reeditado varias veces”.

En el fondo la escritura de Benítez, posicionada en una región novedosa, tiene el poder de cuestionar y sancionar, porque no es una relato descriptivo, ni mucho menos un reportaje; sus objetivos pragmáticos van más allá y se sintonizan con esa transformación que vivió a nivel personal, sobre la cual sea más difícil escribir o decir algo. La escritura es la comprobación de ese acercamiento que antes de cambiar cualquier actitud externa ha sido contundente en la respuesta interna que hemos comentado arriba.

Desde lo que hemos mencionado se abre la consideración de un comunicador intercultural (lo que de hecho le fue reconocido al entregarle el premio Nacional de Antropología en 1980) que usa ciertos dispositivos (la prensa y sus suplementos literarios) para comunicar varios universos simbólicos que coexisten en México, pero que esa narración no es un recuento o una crónica; se erige como experiencia, del que sobre sale la vocación narrativa supedita a la fascinación del encuentro.

La comunicación es un proceso que integra a varios subsistemas, la producción, expresión e interpretación. Lo que en primer lugar llama la atención es que este hijo de las altas clases medias en el cenit de su carrera desee realiza el recorrido al interior de México. La primera y más evidente motivación que puede parecer, es su afán periodístico de quien busca nuevos temas sobre la realidad; ya en el recorrido experiencial y luego su traducción textual, se ajustan los marcos de referencia a una visión del sí mismo caracterizado por su sensibilidad histórica entendida como forma para dar cuenta de esas asimetrías sociales tal vez desde alguna “decepción revolucionaria”; otra aspecto es las fascinación que Benítez tiene por la alteridad en la cosmovisión mexicana, la difusión de otras visiones y estructuras pensamientos como mecanismo para alcanzar la modernidad más que informativa, la social y política. En algún sentido Benítez superó a Cárdenas por quien tanta admiración sentía (autor de la nada célebre frase “hay que evitar que México se indigenice y hacer que los indios de mexicanicen”).

La figura del comunicador intercultural es en este caso la de alguien que no deja su propia cultura, ni mucho menos habita o se mueve en otra. Lejos del intersticio o la frontera permanente, Benítez es un narrador de su propia experiencia y con esto crea códigos para una nueva expresividad de los grupos indígenas; se sobrevive en una tensión. Él mismo se cuestiona con Claude Levi Strauss (Citado por Benítez, 1989) cómo puede escapar el etnólogo (¿lo es en realidad Benítez?) a la contradicción que es resultado de las circunstancias creadas por él mismo. “Bajo sus miradas tiene a su disposición una sociedad: la suya, ¿por qué decide desdeñarla y reservar a otras sociedades -elegidas entre las más lejanas y diferentes- una paciencia y una devoción que su determinación le niega a sus compatriotas”.

De las muchas críticas que la asestaron, se encuentra la de un periodista que cuestionó que el supuesto defensor de los indios era a su vez “el hombre mejor vestido de México”. Para Benítez quedaba claro que la mejor forma de defender a los indios no iba ser vestido de huichol; criticó la hipocresía de quienes se vestían de mezclilla para defender al trabajador (García Flores, 1979: 118)

Junto a lo particular de su escritura (que es una suma de antropología, etnología, periodismos…), creó sus propios métodos que no eran muy diferentes a los usados por algunos antropólogos; la novedad es que un periodista los usara par sus propios objetivos discursivos. De ahí pasaba a reconocer que no era posible hacer en México antropología “como en los países civilizados” y a una modalidad de acción que ejerció. “Nosotros debemos hacer una antropología comprometido. No me puedo sentar tranquilamente a oír el relato de un indio, que es mi compatriota, sabiendo que tiene hambre o porque el sábado venderá sus productos en el mercado y le serán mal pagados…”

 

Fuentes Documentales

Benítez, Fernando

(1948) “En el principio era el mito” en Cuadernos Americanos, 6, Noviembre-diciembre.

(1949) “El Maíz, nuestro pan” en México en la Cultura 13. 30 de abril.

(1950) La ruta de Hernán Cortés, México, FCE (Tierra Firme)

(1953) La vida criolla en el siglo XVI. México, El Colegio de México.

(1960) Viaje a la Tarahumara, México. ERA

(1962) Los primeros mexicanos, la vida criolla en el siglo XVI, México, ERA

(1963) “La santa de los hongos. Vida y misterio de María Sabina” en Revista Universidad de México. Vol. XVIII Nº 1, Septiembre. Pp.15-20

(1964) Los hongos alucinantes, México, ERA

(1971) “Recado al presidente Echeverría a propósito de los indios” en La cultura en México 503, 29 de septiembre, pp. IX-X

(1975) Viaje al centro de México, México, FCE

(1989) Los indios de México. Antología. Prólogo de Carlos Fuentes. México. ERA

(1992) ¿Qué celebramos? ¿Qué lamentamos? México. ERA

Benítez, Fernando (2000) “Una historia de suplementos” en La Jornada Semanal 260, 27 de febrero, p.6

Cavaría, Mónica (2000) “Fernando Benítez: polígrafo excepcional” en Los Periodistas Nª 18 Segunda Época, Febrero - Marzo. [en línea 7 de noviembre 2002] Disponible en http://www.fremac.org.mx/losper/per18/notas/18191.htm

Cayuela Gally, Ricardo (1996) “Fernando Benítez. Sus palabras (entrevistas, artículos, cartas)” en La Jornada Semanal, 28 de julio. También disponible en http://www.jornada.unam.mx/1996/jul96/960728/sem-benitez.html

Cherem, Silvia (2000) “Fernando Benítez. Caudal que el tiempo agota”. Entre la historia y la memoria, México, CONACULTA (Col. Periodismo Cultural) pp.72-90

Fuentes, Carlos (1989) “Prólogo” a Benítez, F. Los indios de México. Antología, México. ERA, pp.11-21

García Flores, Margarita (1979) “Fernando Benítez. Los indios de México o el fin de una cultura” en Cartas Marcadas, México, Difusión Cultural UNAM, Textos de Humanidades, pp.115-133

Monsiváis, Carlos (1981) “Notas sobre la cultura mexicana en el siglo XX” en COLMEX Historia de México 2, 3ª ed. México, COLMEX pp.1375-1548

Muscaria (2004) “Reseña a Los indios de México” [En línea febrero 2004]. Disponible en http://www.muscaria.com/indios.htm#Resena

Olmos Cruz, Alejandro (1988) Fernando Benítez: La cultura en México (Una experiencia de periodismo cultural), México, UNAM. Tesis de licenciatura.

Pacheco, Cristina (1981) “Los indios pueden enseñarnos lo que no encontraremos en ninguna parte” en La semana de Bellas Artes Nº 174, 1 de abril, pp.5-6

Paz, Octavio (1997) “El águila, el jaguar y la virgen. Introducción a la historia del arte de México” en Los privilegios de la vista II. Obras Completa. Edición del autor. T. 8. 2 ed. 2ª reimp. México, FCE.

 

Nota:

[1] Como Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis o José Emilio Pacheco quienes tienen gran parte de su obra publicada aquí.

 

© Tanius Karam 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero35/febenit.html