Circunstancias y quehacer poético en Jacinta la pelirroja,
de José Moreno Villa

Dr. Khemais Jouini

Universidad de Manouba/King Saúd University
Arabia Saudí
Khemais_jouini@yahoo.es


 

   
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1. Introducción

En pocos casos como en el que nos va a ocupar, la materia poética es expresión de vida, de circunstancia humana. El propio Moreno Villa en su libro autobiográfico afirma que las circunstancias se reflejaban en sus creaciones poéticas. Luis Cernuda ya señaló muy acertadamente que la poesía de Moreno Villa “refleja siempre una reacción personal frente a la vida, expresada sin alarde de virtuosismo poético, ni de singularidad distinguida” [1]. Por su parte, José Francisco Cirre opina lo mismo afirmando que “cada libro suyo corresponde a la voluntad de expresarse y definirse personalmente frente a determinada circunstancia individual o general” [2]. Jacinta la pelirroja 1929, será el caso más claro de ese reflejo de las circunstancias. A partir de aquí, vamos a analizar en las líneas que siguen el valor de las circunstancias en esta obra y cómo las circunstancias despiertan la poesía en el alma del poeta, cómo la vida se convierte y se vierte en el verso.

Antes de comenzar con nuestro estudio es necesario fijar nuestra atención en la figura y personalidad de José Moreno Villa (1887-1955), cuya obra comienza ahora a ser valorada y estudiada en su justa medida tras haber sufrido un largo olvido por parte de la crítica. El poeta malagueño José Moreno Villa nace en 1887. Por su fecha de nacimiento queda situado en un momento que separa a dos grandes e ilustres generaciones en la historia de la literatura española. Francisco José Cirre lo clasifica como precursor de la generación Guillén-Lorca. Por su parte Luis Cernuda lo sitúa junto a Emilio Prados, Manuel Altolaguirre y otros poetas en un momento de transición en la poesía española contemporánea; un momento de transición entre el modernismo y la poesía del 98, por una parte, y las corrientes vanguardistas, por otra. Mª Antonia López Frías sitúa a José Moreno Villa como “pieza clave del interregno entre dos grandes grupos y momentos de creación en la realidad literaria española contemporánea, la llamada Generación del 98 y la consagración de las vanguardias junto al Grupo del 27” [3].

Por todo ello, nuestro poeta como bien señaló Guillermo Carnero “tuvo la mala suerte de venir al mundo literario entre dos épocas bien definidas y dotadas de figuras de primera magnitud” [4]. El propio Moreno Villa tenía conciencia de hallarse en un lugar desfavorable en la periodización habitual en las letras españolas del siglo XX y afirmó que “seguía teniendo fe en mis dotes poéticas, pero el instinto me decía claramente que iba quedando oscurecido entre dos generaciones luminosas, la de los poetas del 98 y la de los García Lorca, Alberti, Salinas, Guillén, Cernuda, Altolaguirre, Prados” [5]. Y unas páginas más adelante añade que “yo estaba entre dos fuegos, pero seguí mi camino impertérrito. Veía la razón de los viejos y la de los jóvenes como dos sinrazones” [6].

Cirre distingue tres periodos en la obra del autor malagueño: el primero, hasta 1920, constituido por Garba (1913), El pasajero (1914), Luchas de pena y alegría (1915) y Evoluciones (1918), marcado por la impronta del 98 aunque con cierta tendencia al simbolismo y presencia de un cierto folclorismo andaluz; el segundo período que transcurriría entre 1920 y 1936, estaría constituido por Colección (1924), Jacinta, la pelirroja (1929), Carambas (1931), Puentes que no acaban (1933) y Salón sin muros (1936), en el que Moreno Villa se encuentra liberado, en gran parte, de las anteriores pretensiones y casi completamente incurso en el espíritu de la generación Guillén-Lorca. Ahora trata de convertir la expresión en juego estético y no vacila en apelar al vanguardismo. Se trata ahora, de una lírica mucho más subjetiva; el último período, se extiende desde el año 1936 hasta 1955, el de su muerte en México. Los poemas que produce en este tiempo son más multiformes y menos sometidos a una determinada pauta formal. Respiran un hálito impregnado del sentimiento de nostalgia y soledad. Se apegan al trascendentalismo y aparecen, en conjunto, más ligados con los del primer período que con los del segundo. Esta división, como señala Cirre, corresponde “exactamente, a tres determinantes históricas y sociales de la vida española durante el siglo XX. Son, por consiguiente, tres reacciones mayores nacidas de otras tantas circunstancias desiguales. La poesía, su poesía en especial, opera como reflejo de imponderables ambientales” [7].

En cuanto a la estética poética de Moreno Villa podríamos sintetizarla apoyándonos en un artículo [8] del propio poeta que fue publicado en México y que Cirre recoge en su estudio:

“La poesía fue para mí: 1º. Una válvula de seguridad; 2º. Fue fijación de estados por los cuales pasa el yo presionado por las circunstancias; 3º. Fue ritmo para acompasar la atropellada emoción y hacerla más aceptable; 4º. Fue comunicación efectiva con el prójimo” [9].

El libro que nos interesa, Jacinta la pelirroja, se publicó por primera vez en 1929 como segundo suplemento de la revista malagueña Litoral que editaban Emilio Prados y Manuel Altolaguirre. El libro cae pues dentro del segundo periodo poético de José Moreno Villa, un periodo caracterizado, como señalábamos más arriba, por influencias vanguardistas. Hay que señalar al principio que el libro es el fruto de un incidente amoroso que padeció el poeta en su viaje a Nueva York en 1927 con una chica americana, Jacinta, que conoció en España en casa de Jiménez Fraud. Este incidente que le inspira los poemas del libro confirma el carácter circunstancial de sus poemas. Así, afirma a este respecto que “si no hubiese conocido Jacinta y no hubiese hecho el viaje a Nueva York, no existirían los poemas que lo integran” [10]. Y esto enlaza con la propia estética poética de Moreno Villa; pues al admitir la “circunstancia” como creadora de estados de ánimo, tiene la convicción de que la inspiración no se produce en el poeta de forma espontánea, sino que proviene de una condición de ambiente distinta a las usuales. Así, el verso elaborado por el poeta permitirá que las emociones surjan al exterior transformadas en materia artística: pretender fijar los “estados del yo” implica, para Moreno Villa, plasmar como historia poética la existencia humana.

La historia de Jacinta es la historia de un amor que no pudo ser. Moreno Villa, casi cuarentón, conoció a Florence, verdadero nombre de la joven americana, hija de un rico banquero judío. Fue un flechazo o, al menos, un impacto emocional tan profundo que, a pesar del final de la historia de la joven, Moreno Villa siguió recordándola mucho tiempo después.

Jacinta la pelirroja es pues un poemario autobiográfico en que José Moreno Villa nos recrea su experiencia amorosa con su novia americana desde sus comienzos hasta su declive, reflejando los momentos de convivencia íntima entre los dos y pintando la fisonomía externa de su novia de una forma extremadamente bella y haciendo de ella un arquetipo femenino que se adscribe a los preceptos vanguardistas. Desde el punto externo el libro se divide en dos partes tipográficas constituidas por veinte poemas cada una, la mayoría de ellos encabezados por dibujos del propio autor. En cuanto a su contenido, el poemario queda dividido en tres partes; la primera está integrada por poemas que relatan las relaciones y los diversos aspectos de la vida común entre el poeta y Jacinta; la segunda parte, titulada “Jacinta es iniciada a la poesía”, trata diversos aspectos sobre poesía y el propio ser del poeta. La última parte trata del declive de la relación amorosa y la ruptura final entre el poeta y su novia. Algunos poemas, sin embargo, escapan a esta clasificación temática, pero queda la figura de Jacinta como el hilo conductor de todos ellos, sea como realidad vivida, sea como motivo inspirador del poeta. Por consiguiente, nos desprenderemos de esta división temática para destacar la relación mundo-autor-poesía que encierra el poemario y cómo la materia poética se convierte en expresión de vida, de circunstancia humana.

 

2. El mundo de Jacinta y la atracción del vanguardismo

El libro se abre con el poema “Bailaré con Jacinta”, un poema en que el poeta rechaza ya las formas clásicas de recrear una historia amorosa con un tono dramático y nostálgico. Y no es por nada que el poeta declara que “una gran cosa obtuve de esta verdadera aventura: el triunfo sobre el romanticismo” [11]. Es una brecha que abre el poeta en las formas clásicas de recrear las experiencias íntimas que, aquí, están desprovistas de cualquier melancolía romántica y llevadas al lector con ritmo y alegría.

El jazz, una música caracterizada por una melodía sincopada que contrasta con una permanencia rítmica, sume a los amantes, igual que a los pájaros y la noria, en un movimiento ágil y desordenado acorde con el tono alegre y el buen humor característicos de la época. Y la época de los años veinte exige la dinamicidad y la velocidad:

Porque, - esto es verdad-
cada rito exige su capilla.
¿No, Jacinta?

Moreno Villa asistió en nueva York con su novia Jacinta a varias funciones de jazz y quedó impresionado por esta música que embriagaba a toda Europa. En su libro autobiográfico y en su autointerpretación del poemario, el poeta justifica el hecho de abrir e iniciar el libro con el título “Bailaré con Jacinta”, que además de un ansia de modernidad, “confirma que toda Europa, frenéticamente entregada al “jazz”, pide que la rapte América” [12].

Moreno Villa admira a Jacinta a través de sus rasgos físicos que le cautivaron desde el primer momento. Admira en ella su pelo y sus senos:

Oh, Jacinta, pelirroja, peli-peli-roja
pel-pel-peli-pelirrojiza.
Qué bonitos, qué bonitos, oh, qué bonitos
son, sí, son, tus dos, dos, dos, bajo las tiras
de dulce encaje hueso de Malinas.

La emotividad la manifiesta el poeta al utilizar un lenguaje en función expresiva: las exclamaciones sirven de vehículo transmisor de esta emotividad para expresar la admiración que siente hacia Jacinta al poner de relieve los rasgos que la caracterizan. En poemas posteriores, Moreno Villa va adentrándonos más en el mundo de Jacinta, pero más que adentrarnos a nosotros, está descubriendo a su novia porque como afirma en su Vida en claro, Jacinta “estaba llena de cosas confusas dignas de ser aclaradas” [13]. Descubrimos que lo que le cautiva en ella es su manera moderna de vivir:

Estarás leyendo un libro que te gusta,
-porque te gustan más las ramas y
accidentales del aire y del jardín-.

A Jacinta le atrae más el tipo de vida en la Naturaleza más que la vida contenida en los libros, liberada de las retóricas de la literatura para entregarse al acontecer de la vida contemporánea donde los aspectos de la realidad nos tocan de manera más directa. Jacinta aparece como una gaviota con sus movimientos ágiles; y esto refuerza el carácter dinámico de toda la obra. Así, abundan los adjetivos que se relacionan con la actividad y le dinamicidad que caracterizan a la amada. Sus movimientos no son bruscos, sino movimientos dignos de una divinidad que no tienen ningún precio:

-Jacinta, Jacinta!...
Tus movimientos son impagables.

En el poema “De un modo y otro”, la novia del poeta aparece como cariátide recta o virgen romana, y en el poema XI de la primera parte dice el poeta:

Todos conocen su elasticidad,
o su aspecto de diana esquiva.

Moreno Villa impone unos cánones de belleza e idealiza los rasgos físicos que llegan a la mitificación de la figura de Jacinta que nos es retratada como una diosa porque “Jacinta es la mujer perfecta”. Así, la realidad objetivable se transforma en una realidad subjetiva y poética a través de la visión personal del poeta; y Jacinta, una chica americana y rubia, se transforma en una diosa esquiva y elástica, de saludable y deportiva castidad.

Otro de los poemas que se relacionan con el deportivismo de la amada es el titulado “No se hicieron para ti los caballos” donde los dos fracasan como jinetes, pero esto no importa y los dos “como sanos deportista, / riámonos del descubrimiento”. El hombre tiene que reconocer sus fracasos como reconoce sus triunfos y es la actividad experimental la que nos hace vencer los obstáculos y sobre todo porque “Seremos más fuertes / al medir nuestras debilidades”. Debilidades que sólo podemos conocer si nos enfrentamos con la vida y con la realidad que esconden diversos elementos de nuestro mundo y que sólo podríamos descubrir por un procedimiento de elevación sobre lo ordinario y lo rutinario.

Jacinta era para el poeta un símbolo de todo lo que podría significar modernidad y vanguardia. Así, en el poema “Jacinta compra un Picasso”, Moreno Villa destaca el gusto de su novia por el arte vanguardista de la época:

Para su casa rectilínea,
-sin roperos, con garaje y jardín,
piscina y mullidos tapices-
Jacinta compra un Picasso a tres tonos:
rosa, blanco y azul.

La literatura y el arte del modernismo pierden atracción ante la onda del vanguardismo. Al decorativismo floral en la arquitectura y en el arte, sucede un nuevo fenómeno artístico que se caracteriza por la representación de los objetos bajo formas geométricas y con una forma simplista de decoración. Moreno Villa, siempre atraído por la modernidad del vanguardismo, capta este ambiente en que se mueve Jacinta e insiste en la cualidad rectilínea de la casa, pone de relieve la piscina como alusión al deportivismo y al cuidado corporal de Jacinta y resalta el cromatismo del cuadro de Picasso: rosa, blanco y azul que indican ya un afán de claridad y sencillez.

Otro poema que nos confirma la pasión de Moreno villa por el nuevo arte es el poema “Cuadro cubista” en que el poeta mezcla una guitarra sumergida en aguas marinas con un reloj parado, una cabra, una paloma y un suicida. La relación de objetos deja comprender que el juego imaginativo entra a formar parte del quehacer artístico. El arte empieza a gozar de una libertad y de una fantasía que le permiten manejar los colores con mucho más placer y mucha más soltura que en épocas anteriores. En su libro autobiográfico afirma el poeta que “lo nuevo me tocaba a lo más vivo y despertaba estímulos en mí. Cada número de L´Art d´aujourd´hui o de Cahiers d´arts era recibido como palabra de promesa, como mirada sonriente. En ellos no había nada de lobreguez, ni de cansinas y viejas aldeanas, ni de vestidos que trascendían a vaho caliente” [14]. El arte del momento huía de la rutina tradicional y repugnaba las formas clásicas de enfocar los temas. El arte de los años veinte exigía la abstracción y el juego de colores, por eso dice Moreno Villa al final del poema “Cuadro cubista”:

Conserva bien las distancias
o busca la transparencia.
Lo demás no me hace falta.

Siguiendo esta línea de novedad y modernidad, Moreno Villa, en el poema “Jacinta quiere estudiar el teatro ruso”, manifiesta otra vez su atención e interés por lo nuevo. Desea ir con su novia a Moscú, capital de una nueva forma de convivencia social, pero sobre todo porque el movimiento moderno coincide con la revolución rusa. Y aquí radica justamente lo nuevo: por una parte, el obrero quería liberarse de las opresiones de la sociedad que no le permitía emanciparse; por otra, el artista quería acabar con las fórmulas viejas y las concepciones tradicionales del quehacer artístico en sus diferentes facetas:

Vámonos. Tú, como bailando.
Yo, como leyendo.

Moreno Villa estaba verdaderamente enamorado de Jacinta y como decía en su libro autobiográfico estaba frente al alma de Jacinta y frente a su nivel humano. En el poema “El hornillo es de 37 grados” afirma la emoción que le arrastraba con vehemencia y que indica la profunda intimidad de sus sentimientos:

Jacinta!:
Quién sube a los cuarenta, delira.
Jacinta, por Dios, un paño embebido de agua fría!

No debemos olvidar que Moreno Villa escribe este libro cuando tenía unos cuarenta y dos años, en el momento en que debería escoger una mujer sensata y un poco madura, pero como indica en su libro autobiográfico “siempre me he enamorado de locas, tontas y brutas” [15].

 

3. Declive de la relación amorosa

Desde el principio se anuncia ya el final de las relaciones entre el poeta y su novia. En efecto, iniciar este libro con el poema “Bailaré con Jacinta” indica, además de lo que hemos dicho más arriba, que la danza está obligada a la conciencia del límite, es decir, que cada paso del baile tiene su límite y su fin; y así Moreno Villa captó esta relación que podría existir entre una relación amorosa y el baile en que los dos están condenados a un final por muy largos que sean. El poeta tenía la conciencia de que sus relaciones con Jacinta estaban condenadas al fracaso, por eso dice en el poema “Es inútil todo intento de concordia”:

Y si conociéramos el corazón,
Veríamos que hola vale por Adiós.

En el poema “Jacinta empieza a no comprender”, que abre una brecha entre los dos, está clara la intención crítica del poeta. Con un tono lleno de reproches, incita a Jacinta a fijarse en su realidad humana porque en ella predomina lo antiemotivo y la presunción; lo que más le importa son los resultados:

Jacinta no vé que siendo dulce es amarga,
no vé que su figura es de hueso y carne
(…)
No vé, Jacinta sino el resultado.

Para ella, el mundo carece de problemas y no le importan las contrariedades de los demás. En toda la aventura es ella quien llevó la iniciativa y el poeta fue bastante pasivo hasta el punto de dar vuelco a su vida modificando su personalidad y alterando sus costumbres. Ella gobernaba sus sentimientos y él se dejaba llevar por sus caprichos. Pero a pesar de todo esto, en el poema “Jacinta me inculpa de dispendioso”, critica su modo de derroche y como consecuencia el poeta le contesta refiriéndose a sí mismo:

Que se caigan y se pierdan los dólares.
Hay un dólar de más alta valía,
(…)
El que no baja;
El que sigue tirante una raya en la soledad.

En el último poema del libro, “Israel, Jacinta”, nos habla de la fundamental barrera que se levantó entre él y su novia. En el poema arremete contra la extensión del poderío intelectual y económico de los hebreos en el mundo moderno:

Este libro, ¿de quién es?, de un judío.
Esta mina, ¿de quién es?, de un hebreo.
Esta ciencia, ¿de quién es?, de un semita.

Esta aversión a los judíos es el reflejo del disgusto causado por los padres hebreo-neyorkinos de Jacinta que al principio le propusieron casarse con Carolina, la hermana menor de Jacinta, y después se opusieron a su boda con Jacinta por razones históricas. Así explica el poeta los alegatos de los padres: “no sabiendo por donde salir, el padre de Jacinta se agarró a lo de la nacionalidad mía, y al lugar común de que los judíos no podían olvidar lo que hicieron con ellos los españoles” [16]. El caso es que Moreno Villa no puso mucho empeño en defender su noviazgo, y en el poema “Todas las ventanas abiertas” le dice:

Todas las ventanas, abiertas: ¡tírate!
Las puertas, de par en par: ¡vete!

Así, Moreno Villa pone fin a sus relaciones con Jacinta, pero como afirma Luis Izquierdo “en la etapa experimental de Moreno Villa (Jacinta…, Carambas, Salón sin muros, Puentes que no acaban), la figura de Jacinta subraya (…) la continuidad de su producción” [17].

 

4. Moreno Villa y el culto a la soledad

Hay en Jacinta la pelirroja un rasgo que revela lo más expresivo y lo más definidor del yo del poeta: el huir y el escapar de las cosas y el deseo de asilarse del mundo. En efecto, Moreno Villa era un hombre retraído y aficionado a la soledad; y Jacinta, en cierto modo, lo sacó de su soledad y de su vida solitaria. En el poema “Causa de mi soledad” explica que el deseo de aislarse “No es afán de apartamiento / sino atención al secreto. / Soy yo mi medio. / No es orgullo ni desdén, / sino hambre de conocer”. Es decir, que para llegar a descubrir lo que las cosas del mundo tienen oculto a la vista corriente, es necesario apartarse y alejarse de ellas para descubrir su secreto y descifrar su esencia. Más adelante enlaza la sed de conocimiento que tiene con preferencias laborales y los varios oficios que quiere tener:

Quisiera morir habiendo
sido poeta, carpintero,
pintor, filósofo, amante y torero.
Ah! y cantor negro
de un jazz que siento
a través de diez capas del suelo.

Moreno Villa quiere ser, en primer lugar, poeta porque la poesía, como indica en su libro autobiográfico, “es llevar a la conciencia ajena el vislumbre de una realidad no constatada por otro camino que el de las afinidades profundas” [18]; pero sobre todo porque el trabajo intelectual es un trabajo aventurero como cualquier otro trabajo y quizás más porque la lucha por la verdad encierra la más temeraria de las acciones. En segundo lugar, quiere ser carpintero porque no basta la inspiración, hay que añadirle el oficio y la profesionalidad que se adquieren con la práctica. También quería ser pintor porque era pintor y crítico de arte, es decir, filósofo en el sentido etimológico de la palabra; y amante porque estaba enamorado de Jacinta; torero como ser enraizado en su cultura andaluza y por fin cantor de jazz como signo de modernidad. En resumidas cuentas, esta variedad de oficios indica que hay que vivir el presente pero bien arraigado en su propia cultura tradicional y mirando hacia el futro. Además esta variedad de oficios revela que hay que sudar para vivir y llegar a la esencia misma de las cosas, pero sobre todo, porque la mayor compensación para el hombre es su trabajo causa de su creación y de su existencia. La vida es acción, pero como la entiende Moreno Villa es una acción en solitario y de fuga constante porque a la soledad debemos nuestra labor exterior. En el poema “Muerte y vida” se dirige a Jacinta para subrayar la importancia del trabajo en la vida del hombre:

Pero qué don tan grande
Qué don tan inconmensurable, Jacinta
el de hacer, el de presentar un organismo
al certamen si término de la vida.

El poeta confirma aún más estos versos cuando dice en su libro autobiográfico que “de mi egoísta apartamiento quería sacar mi trabajo y mi contribución social” [19].

 

5. Libertad métrica y folclorismo

Jacinta la pelirroja ha sido calificado de libro eminentemente vanguardista, por eso el rasgo más llamativo en cuanto a la forma de los poemas que lo constituyen es la adopción por parte del poeta de mayores libertades métricas. En algunos casos, como en el poema “Jacinta se cree española”, se deja patente la confusión con la prosa en su forma dialogada. A este respecto Moreno Villa afirma que, en su poemario, “el verso es bastante quebrado y con tendencia a ser hablado, no cantado” [20]. Como consecuencia de la adopción por parte del poeta de las formas vanguardistas en cuanto a la composición poética, la mayoría de los poemas no se someten a las reglas de la métrica española, y Moreno Villa compone una poesía que tiende hacia el versolibrismo, porque lo que perseguía el poeta, acorde con el movimiento vanguardista de los años veinte, no era la perfección estética, sino el efecto y el impacto de la palabra. Arturo del Villa afirma a este respecto que “de acuerdo con la métrica española tradicional, son muchos los desajustes observables, empero, la expresión poética es la que convenía al momento. El poeta quedaba libre de medidas y rimas, su inspiración era la única norma admisible” [21].

Sin embargo, y por otra parte, el libro deja transparentar el interés de Moreno Villa por el folclore andaluz en diversos poemas en que se pierde la atracción por el vanguardismo. El primero es el poema “Me enamoré de la gitana” en que la guitarra andaluza se convierte en un modelo para el poeta para resaltar los ojos, la boca y los dientes que le impresionaron. En el poema “Jacinta en Toledo” de contenido clásico, relata uno de los paseos del poeta y su novia en las calles de la ciudad; se detienen para escuchar los cánticos que salían de un convento de monjas:

De súbito, en la tirantez de la nada vida,
voces tapiadas, vocecitas de mujeres.

Estas voces hacen olvidar la realidad a los novios y les hacen perder la noción del tiempo y del espacio hasta el punto de que ya no saben dónde están:

¿Es esto?- ¿Es aquello? - ¿Cuándo vivimos? - ¿En dónde?
¿Por qué? - ¿Para qué? - ¿Bizancio? - ¿Romas?

El elemento folclorista es aún más patente en el poema “el Duende”:

El duende roba los luceros
y los clava en algunos cerebros.
Pero más tarde los desclava, los suelta.

En Andalucía se habla mucho del duende, es la musa inspiradora del poeta, es un poder misterioso que nace con él y surge de lo más hondo de su propio ser, pero sobre todo surge de la tierra y del pueblo. Moreno Villa piensa que la secreción de las musas le viene a uno como el efluvio del espíritu fino y sutil; no sale de la retórica ni de las reformas “sale temprano, nadie sabe a donde. / Nadie sabe cuando retorna. / Lo hallaremos cuando menos se piensa”. Es algo que da a cada poeta su tono, su voz, su calidad y su mensaje. A este respecto dice Moreno Villa en el poema VI de la segunda parte:

Pero es el mío, es mi pájaro,
insensible a la escopeta,
inmortal, porque su cuerpo
es espíritu, es mi letra.

En otro poema, el XI de la segunda parte, manifiesta su interés por lo popular y sobre todo por la copla andaluza:

estoy cantando, comiendo,
la copla asiática
negra, carnal y mística

de corazón, vino, sangre y faca.

La copla asiática a la que se refería Moreno Villa es, sin duda la copla gitana y sobre todo el cante jondo, cuyos temas principales son la pena y el dolor, el amor y la muerte, y que podemos relacionar con corazón, vino, sangre y faca de los cuales hablaba el poeta. En el poema “Jacinta se cree española” va más lejos y declara su orgullo por su Andalucía hispánica:

Peli, mi pelirroja, ¡qué mudanza de ánimo!
¿Es por aquel jinete guerrillero y serrano,
y por aquel paisaje lunar,
y por aquel vino y aquella copla gitana,
y aquella frailería militante,
y aquellos hombres de luces que quiebran toros.

El poeta comunica a Jacinta la esencia de la vida española que se caracteriza por tener su encanto en el pueblo; todo esto para marcar una distancia de lo españolista que tiene el poeta y que Jacinta no llega a comprender, captar y adaptarse a ello, y sobre todo no modifica sus emociones; y así en el poema “Dos amores, Jacinta”, el poeta hace esta diferencia entre sus dos maneras de enamorarse el uno del otro:

¿Hay un amor español
Y un amorzuelo anglo-sajón?

Como podemos observar por el análisis expuesto anteriormente, la estructura del arte poético de Moreno Villa se basa en el contacto inmediato y estrecho del poeta con el medio circundante. La relación “mundo-autor-poesía” que aparece en Jacinta la pelirroja es así ininterrumpida y paralela. La poesía sirve de lazo de unión entre el mundo y el autor y establece su comunión íntima, objetivo-subjetiva. Las relaciones con el mundo surgen al exterior transformadas en materia artística a través del verso que ha sido anteriormente construido y moldeado por el propio poeta.

 

Notas

[1] CERNUDA, Luis: Estudios sobre poesía española contemporánea, Guadarrama, Madrid, 1957, pág. 162.

[2] CIRRE, José Francisco: La poesía de José Moreno Villa, Ínsula, Madrid, pág. 34.

[3] LÓPEZ FRÍAS, Mª Antonia: José Moreno Villa: Vida y poesía antes del exilio (1887-1937), Diputación Provincial de Málaga, Málaga, 1990, págs. 7-8.

[4] CARNERO, Guillermo: “José Moreno Villa y las orientaciones de la Vanguardia española” en CUEVAS GARCÍA, Cristóbal (ed.): José Moreno Villa en el contexto del 27, Anthropos, Barcelona, 1989, pág. 13.

[5] Vida en claro, Madrid, Fondo de cultura económica, 1976, pág. 144.

[6] Ibidem, pág. 154

[7] CIRRE, José Francisco: ob.cit., pág. 35.

[8] “Algo sobre poesía, III”, El Nacional, México, D.F., 13 de abril de 1952.

[9] CIRRE, José Francisco: ob.cit., pág. 32.

[10] Vida en claro, pág. 205.

[11] Ibidem, pág. 135.

[12] Idem, pág. 168.

[13] Idem, pág. 124.

[14] Idem, pág. 169.

[15] Idem, pág. 138.

[16] Idem, pág. 135.

[17] IZQUIERDO, Luis: “El vanguardismo innato de Moreno Villa”, Ínsula, 382, 1978, pág. 3.

[18] Vida en claro, pág. 73.

[19] Idem, pág. 35.

[20] Idem, pág. 135.

[21] VILLAR, Arturo del: “De cómo el poeta malagueño José Moreno Villa conoció y se enamoró de una joven neoyorquina, pelirroja por más señas”, La estafeta Literaria, núm. 617, agosto de 1977, pág. 6.

 

Referencias bibliográficas

CARNERO, Guillermo: “José Moreno Villa y las orientaciones de la Vanguardia española” en CUEVAS GARCÍA, Cristóbal (ed.): José Moreno Villa en el contexto del 27, Anthropos, Barcelona, 1989.

CERNUDA, Luis: Estudios sobre poesía española contemporánea, Guadarrama, Madrid, 1957.

CIRRE, José Francisco: La poesía de José Moreno Villa, Ínsula, Madrid.

IZQUIERDO, Luis: “El vanguardismo innato de Moreno Villa”, Ínsula, 382, 1978, pág. 3.

LÓPEZ FRÍAS, Mª Antonia: José Moreno Villa: Vida y poesía antes del exilio (1887-1937), Diputación Provincial de Málaga, Málaga, 1990, págs. 7-8.

MORENO VILLA, José: Vida en claro, Madrid, Fondo de cultura económica, 1976.

VILLAR, Arturo del: “De cómo el poeta malagueño José Moreno Villa conoció y se enamoró de una joven neoyorquina, pelirroja por más señas”, La estafeta Literaria, núm. 617, agosto de 1977, págs. 4-7.

 

© Khemais Jouini 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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