La voz de fuego de Liliana Blum

Elena Méndez


 

   
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Liliana Blum. Cabello rojo, ideas incendiarias. Aire de princesa victoriana. Una prosa agridulce, límpida.

Liliana Blum nació en 1974, en Durango, Durango; radica en Ciudad Madero, Tamaulipas. Es Licenciada en Literatura Comparada por la Universidad de Kansas y Maestra en Educación con especialidad en Humanidades por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM); de ambas instituciones se graduó con Mención Honorífica.

Sus cuentos han sido publicados en importantes revistas, tales como El Cuento, Aleph, FEM, The Dirty Goat, Tierra Adentro, Baquiana, Eclectica, Arkansas Literary Forum, Inch, Literal, The Bayou Review, Story South, Mslexia, Alborada, Reflexiones: revista virtual del sistema ITESM; Letralia, El collar de la paloma y Ficticia.

foto: Herminia DosalSu cuento “Una golondrina de madera” fue incluido en el libro La cabalgata y otros dos (Plaza y Valdés, 1992).

Ha sido considerada en las antologías de los concursos de Creación Literaria del Sistema ITESM (1991, 1992, 1999 y 2001). Por otro lado, aparece con los ensayos “Sobre plenitud” y “Sobre los inquilinos de su ‘yo’ ” en el libro Oleajes (Universidad del Noreste-Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1998). Logró una mención honorífica en la segunda edición del concurso “¿El crimen como una de las bellas artes?” y está incluida en la antología ¿El crimen como una de las bellas artes? II, con el cuento “Modelo para armar” (Miguel Ángel Porrúa Editor, 2003).

De 1997 a 2002 Blum impartió clases de redacción y literatura en el campus Tampico del ITESM.

Ha obtenido las siguientes becas: de 1990 a 1993, la de Excelencia por el ITESM, campus Querétaro; de 1993 a 1996, la Tuition Weaver for International Students, por la Universidad de Kansas; de 1998 a 2002, la de Maestría para Profesores, por la Universidad Virtual del ITESM; de 2001 a 2002, la de Jóvenes Creadores, por el Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas (FONECAT); de 2004 a 2005, la de Jóvenes Creadores por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA); y de 2005 a 2006, la de Creación Artística, otra vez, por el FONECAT.

En el 2006 obtuvo la mención honorífica en Cuento con “Las horas de la mañana”, dentro del Concurso Interamericano de Cuentos Fundación AVON para la Mujer, en Buenos Aires, Argentina (próximamente aparecerá la respectiva antología).

Ese mismo año ganó el Premio Nacional de Cuento Beatriz Espejo con el cuento "Techo de bello corte o los funestos efectos que deja la lectura en las mujeres sin oficio ni beneficio".

Su minicuento “Una entrada de mi bichonario personal: sapo”, fue incluido en La difícil brevedad: selección de minicuentos (compilación de Héctor Alvarado Díaz y Patricia Laurent Kullick (Casa de la Cultura de Nuevo León-CRIPIL Noreste, 2006).

Colabora semanalmente para TampicoCultural.com.mx.

Su primer cuentario se titula La maldición de Eva (Editorial Voces de Barlovento, Tampico, 2002). Su segundo cuentario, llamado ¿En qué se nos fue la mañana? obtuvo el primer lugar del III Concurso Regional de Literatura Juan B. Tijerina. La edición corre a cargo del Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes (ITCA). Pronto estará a disposición de los lectores.

Durante este año saldrá The curse of Eve (traducción al inglés de su primer cuentario), que incluye los textos del libro original y otros distintos. La traducción corre a cargo de Toshiya Kamei; la edición, por parte de Host Publications.

Los temas que obsesionan a Blum son: el pesimismo, la misoginia, la violencia (en particular, doméstica), el hastío, la soledad, la muerte; mismos que presenta con enorme ironía, crítica social, un lenguaje conciso y poético.

 

Conocí a Liliana Blum por internet. Tenía noticia de su existencia gracias a Eve Gil [1] quien le dedicara un artículo en su columna La Trenza de Sor Juana. Tiempo después, la propia Eve nos incluiría en una ponencia sobre narradoras norteñas, misma que me permitió subir a mi blog [2]. Liliana leyó el texto; dejó un comentario sobre feminismo y literatura. La contacté y desde entonces somos amigas (aún no nos conocemos personalmente).

Me responde este cuestionario vía internet. Declara haberlo hecho ‘bajo el influjo de una droga antigripal y de un cerebro congestionado’.

 

¿Todo escritor es en el fondo un solitario?

—No me atrevería a generalizar a todos los escritores. En mi caso, diría que más bien soy una solitaria en la superficie y no tanto en el fondo. De niña era la más callada y tímida del salón, pelirroja con trenzas que otras niñas malaleche jalaban sin que yo me defendiera. Pasaba los recreos contando hormigas en el patio, hasta que llegó otra solitaria como yo y entonces contamos las hormigas juntas. Mis amigos de cada época de mi vida nunca llegan a más de tres. No me gustan los eventos sociales y siempre prefiero los lugares con poca gente. Peleo y añoro cada minuto que puedo estar conmigo misma. Así que, en la superficie, se podría decir que soy una solitaria, incluso una antisocial. Pero no en el fondo, porque necesito a la gente y a sus vivencias para mis propias historias. Me gustan las pláticas en las que alguien relata íntimamente algo, aprecio la tibieza y la cercanía de la piel de mis hijos, la compañía de mi perra dormida a mis pies.

Supongo que en algún momento todos necesitamos espacios de tiempo a solas, sin que eso signifique ser un solitario. En inglés puedes decir loneliness para la sensación de abandono que surge cuando deseas y no estás acompañado, pero también está solitude, que implica estar a solas con uno mismo, de una manera voluntaria y positiva. Es en esos momentos de solitude cuando uno puede pensar, escribir y finalmente crear. Y en ese sentido, sí, soy solitaria.

¿Cómo influyen Margaret Atwood [3] y Rosario Castellanos [4] en su narrativa?

—A Margaret Atwood la leí por primera vez gracias a un profesor de mi carrera, Karl Woelz, y le estoy agradecida de una manera que no te imaginas. No sé si yo misma fuera capaz de explicar la forma en que esta escritora ha influido en mi narrativa; me temo que no tendría la objetividad para hacerlo. Lo que sí te puedo decir es que agradezco que ella exista por las horas de placer que sus novelas y cuentos y libros de ensayos me han proporcionado. Podría decir que Atwood es un modelo a seguir porque nada me gustaría más que alguien sintiera al leer mis textos lo que yo siento leyéndola a ella. La admiro profundamente y la leo con un gusto enorme. Supongo que eso se refleja (como todo lo que pasa en mi vida, malo o bueno) en lo que yo escribo, pero no sabría decir de qué manera. Si fuera una niña diría que de grande me gustaría ser como ella. Llegar a su edad y poder sonreír como lo hace ella desde las solapas de sus libros.

En cuanto a Rosario Castellanos, fue una sorpresa conocerla porque cuando lo hice, me di cuenta de que teníamos una cierta afinidad en los temas y en la forma de tocarlos. Los relatos en Álbum de familia son mis favoritos y los más parecidos a mis textos. Odio admitirlo, pero no había leído nada de Rosario Castellanos hasta 1997 y lo lamento mucho. Disfruto mucho de su prosa y definitivamente los suyos son los temas de los que me gusta leer. Así que, aunque no hay una voluntad consciente de imitar a cualquiera de estas autoras, sí puedo decir que el gusto y la admiración que tengo por sus trabajos debe de trasminarse de alguna manera en las cosas que yo hago, sin que eso quiera decir que yo no tenga mi propio estilo lilianesco de teclear mis ideas.

¿Se considera feminista? En tal caso, ¿cómo incidiría dicha condición en lo que escribe?

El feminismo es un concepto muy heterogéneo y complejo. Hay muchos subtipos, desde el marxista, el radical, el sicoanalítico, el posmoderno, el socialista, el anarquista, el cristiano, el individualista, hasta el separatista, pasando por varios más. Virginia Woolf se oponía al término, a pesar de que hoy por hoy se le considera un icono del feminismo. Actualmente se habla de una primera, segunda y una tercera ‘ola’ de feministas. Así que la cosa es complicada. No podría decirte que me considero feminista o no, porque ciertamente no conozco detalladamente cada una de las subcorrientes dentro de todos los movimientos feministas.

Ahora bien, sé que algún escritor maduro y radical se ha referido a mí como una ‘pinche vieja feminista’. Contestando a tu pregunta pues, más bien otras personas asumen que soy una feminista, pero yo nunca me he colgado ninguna etiqueta. Ciertamente comulgo con algunas ideas que se pueden considerar feministas. Sé distinguir entre hombre y mujer (sexo biológico) y lo masculino y lo femenino (los roles que determinada sociedad y tiempo asignan a los hombres y a las mujeres), y creo que las diferencias biológicas existen y deben de ser reconocidas, pero no deberían usarse para favorecer o discriminar a ninguna persona a partir de ellas.

Yo no odio a los hombres (al contrario, he amado a muchos hombres y amo a mi esposo profundamente), pero desapruebo las acciones de algunos hombres en relación a algunas mujeres. Idealmente las relaciones entre los dos sexos deberían darse en el terreno de la igualdad, la tolerancia y el respeto, pero estoy consciente de que la realidad no siempre es así, en especial la de muchas mujeres de nuestra cultura, y eso es algo que yo no puedo pasar por alto porque lo veo cada día, en los medios, en la gente que conozco, en algunas partes de mi propio pasado.

En mis textos yo no pretendo decir cómo deberían ser las cosas, sino que me limito a mostrar algunas cosas que yo veo. Tal vez mi naturaleza pesimista me hace concentrarme en las partes negativas, pero las mujeres de mis narraciones casi siempre la tienen muy mal.

¿A qué atribuye que el género de cuento no sea tan leído ni tan vendido en la actualidad?

—No tengo ninguna estadística a la mano, pero sospecho que el cuento se debe de leer y vender un poco más que la poesía, por ejemplo, pero menos que la novela, y que cualquiera de estos géneros juntos no puede competir en número de lectores y ventas con los que tiene la superación personal o el chisme político.

Pero en cuanto a tu pregunta, que tiene que ver con el cuento en particular, mi teoría es que se lee menos cuento porque la mayoría de la gente tiene una idea equivocada respecto al género. Si cualquier persona me pregunta qué escribo y yo digo ‘cuento’ generalmente la reacción es decir ‘qué lindo’ y pedirme uno para sus hijos. Es decir, que para el ciudadano común y corriente que no es un lector regular, cuento es sinónimo de cuento infantil o de hadas. Luego de una explicación sesuda de mi parte, me preguntan: ¿entonces es como una novela, pero más cortita? Suspiro y es a lo único que puedo aspirar, que se lleven la idea de que un cuento es como una novela, sólo que más corto. Tal vez por eso nadie quiere leer un cuento: piensan que se encontrarán con Caperucita Roja, o peor, con alguna versión waltdisneysiana (sic) de algún clásico infantil. Y francamente, dirán, para eso mejor rentan el DVD.

Uno pensaría que para quien se inicia en la lectura, sería más fácil empezar con cuentos (por su trama única, por su extensión) que por una novela, no digamos una novela clásica, pero al parecer no es así. Tal vez haya un cierto prejuicio en contra del cuento, como si sus autores fueran novelistas frustrados que no han podido escribir la gran novela de sus vidas y se contentan con abortos de cuento. No lo sé. En todo caso, la falta de lectura de este género y sus pocas ventas, se pueden achacar a la falta de cultura del mexicano para leer literatura en general y a las editoriales, que no siempre quieren arriesgarse a publicar a los cuentistas.

Sus personajes están inmersos en el hastío. ¿A qué se debe esto?

—Mis personajes suelen estar insatisfechos con sus vidas y esto les provoca un hastío existencial. Una combinación de malas decisiones, destino, sociedad, falta de acción, los llevan a estar estancados en un estado del que ansían salir. La mayoría de mis personajes se ahoga en su propia situación personal y en algún momento toman la decisión de no seguir así, aunque no siempre con resultados favorables.

Creo que la mayoría de la gente que veo cada día sufre de hastío. No creo sea un mal de nuestro tiempo, detesto eso de antes-no-era-así o en-mis-tiempos-eso-no-pasaba. Supongo que el hastío es parte de la naturaleza humana y que llega más fuertemente a aquellos que de alguna manera no han logrado descubrir lo que les apasiona y les hace feliz. Muchos corren por el camino equivocado (el éxito, las luces, el dinero) y de pronto se encuentran con que eso les produce hastío también. Yo en cambio lo tengo bien claro: mientras tenga la capacidad de amar a alguien, mientras tenga la posibilidad de escribir, mientras pueda seguir leyendo, haciendo sudokus y armando rompecabezas, no me hastiaré jamás. No seré una viejita cascarrabias a la que se le acaba la vida cuando los hijos dejan el nido, eso lo sé. Pero mis personajes siempre se encuentran en el punto en el que se dan cuenta de que deben de cambiar o el hastío terminará con ellos.

¿Por qué le obsesiona el tema de la muerte?

—¿Y a quién no le obsesiona? La lucha por la eterna juventud no se trata meramente de vanidad. Queremos permanecer (o al menos lucir) siempre lo más jóvenes que podamos porque sabemos que al final de la juventud, generalmente viene la muerte y todos pensamos que nuestra vida es importante y no debería de terminar. Pero sé que te refieres a la muerte que aparece constantemente en mis cuentos, casi siempre inducida por alguno de los personajes.

Es cierto que tengo una malsana fascinación por el acto de un ser humano cortando para siempre la vida de otro. Una vez más, es la naturaleza humana la que siempre me maravilla y me intriga. Yo misma no soy capaz de matar una cucaracha con mi propio pie ni una mariposa negra, que tengo me aterran, así que estoy segura de que no me atrevería a matar a un mamífero ni mucho menos a un congénere. Pero, ¿qué tal si alguien quisiera matar a uno de mis hijos, por ejemplo, y la única forma de evitarlo fuera haciendo lo propio con el atacante? ¿Lo haría yo? Por supuesto, sin pensarlo. Eso es precisamente lo que me obsesiona. En qué circunstancias mis personajes se atreven o se ven forzados a cruzar esa línea.

Háblenos de su interés por la literatura infantil.

—Otra de mis obsesiones, para seguir con eso. El comprar libros infantiles es más bien un fetiche para mí. Tengo mis autores favoritos (Roal Dahl, Christine Nöstlinger, Arnold Lobel, entre otros) y a mis ilustradores favoritos (Anthony Browne, Satoshi Kitamura, Juan Gedovius) y mi misión es tener todos sus libros.

Yo crecí leyendo, aunque no siempre lo que me hubiera gustado leer. Yo tenía al alcance las bibliotecas de los abuelos y la de casa (en las que encontré libros que me traumatizaron por un tiempo, otros que me marcaron, etc.), pero no había nada que fuera especialmente para mi edad. Estaban los libros clásicos de hadas, sí, pero siempre me resultaron algo aburridos y aterradores a la vez. Además, hay un cierto número de cuentos de hadas; se leen y listo. ¿Qué más hay? Las versiones de Walt Disney, que detesto hasta la fecha.

Ahora que soy adulta, me doy cuenta de que existe la literatura infantil contemporánea, hecha para niños de cierto rango de edad, sin moralejas, con ilustraciones preciosas y situaciones con las que los niños pueden identificarse. Me interesa la literatura infantil porque me gusta leerla, además de que me fascinan los formatos de los libros, el hecho de que existan editoriales que tengan su propia línea infantil en la que lo mismo se encuentren autores nacionales que grandiosos extranjeros.

Mis hijos tienen un par de libreros llenos con libros desde para bebés hasta para niños de doce años. Me gusta leer con ellos y leer sola. La última vez que fui a una FIL, compré más libros infantiles que para adultos. Tal vez estoy llenando un vacío de mi niñez, no lo sé. El caso es que así como consumo literatura infantil, he intentado también producirla, pero hasta ahora, sin mucho éxito.

Ante el aura pesimista en su obra, uno se queda con la idea sostenida en el promocional de la película Crónica de un desayuno [5]: ‘nadie mejor que tu familia para romperte la madre’. ¿Eso buscó trasmitir?

—Nunca vi esa película, así que no podría haber buscado trasmitir eso. Pero tienes razón en decir que hay un aura pesimista en mi obra. Supongo que personalmente mi forma de ver la vida es un poco oscura y desesperanzada, tal vez porque no creo que Dios, si es que existe y mira que tengo serias dudas, tenga algo que ver con lo que sucede aquí abajo. Creo que la naturaleza humana es esencialmente más mala que buena (con sus excepciones) y que no se puede esperar mucho porque los seres humanos somos, bueno, como somos, y sólo nos tenemos a nosotros mismos.

Fuera de un cuento que hice hace muchos años en la prepa, mi papá nunca más ha leído nada mío, precisamente porque retrato las cosas ‘feas’ que les pasan a las personas. Él me preguntó: ‘¿por qué no puedes escribir de algo bonito, positivo?’ Aunque quisiera, no puedo escribir sobre lo que no he visto. Además, con lo bonito y lo perfecto no hay conflicto. Todos viven felices. ¿Para qué escribirlo? Todo será un la-la-la armonioso, así que mejor nos ahorramos unos kilos de papel. En mi caso particular, el promocional de la película sí aplica, pero no en mi trabajo narrativo. Pero como decía la nana Goya, ésa es otra historia y no cabe en esta entrevista. Espera. La nana Goya no dijo todo eso. Estoy poniendo palabras en su boca y no debería, porque la nana Goya es una referencia nacional. Retiro lo dicho.

¿Cuál es su perspectiva sobre la literatura femenina producida en México hoy en día?

—El tema de la literatura femenina es un puerco espín que nadie quiere agarrar sin guantes. La cuestión de si existe o no una literatura ‘femenina’ da para una larga disertación y varios seminarios y conferencias y debates y libros. Así que mejor cambiaré un poco tu pregunta y sustituiré ‘literatura femenina’ por ‘literatura escrita por mujeres’, lo que nos limita a la producción literaria de otras escritoras mexicanas. Hecho esto, debo tomar aire, para ver si puedo cómo empezar.

Primero, no me siento con la seguridad para decir que he leído a todas las escritoras que producen literatura en México hoy en día. Así que en todo caso, puedo hablar sólo de una pequeña muestra de todas esas escritoras que existen, pero que, por una u otra razón, no he tenido oportunidad de leer. No diré nada de la generación de escritoras en las que está Elena Poniatowska, Ángeles Mastretta, Ethel Krauze, Beatriz Espejo, Silvia Molina, Guadalupe Loaeza, Carmen Boullosa, Elena Garro, Laura Esquivel, etc. Bueno, me retracto, lo único que diré es que me quedo con la Garro, con la Espejo y con la Molina. Pero tú me preguntas de mi perspectiva sobre la literatura escrita por mujeres que se produce hoy en México, así que asumiré que te refieres a las nuevas voces, es decir, a la nueva camada de escritoras mexicanas.

Entre las escritoras que ya han chapoleado el difícil camino editorial, hay varias que me gustan mucho y que considero poseen mucha calidad, como Cristina Rivera Garza, Eve Gil y Ana García Bergua. Están también escritoras aún más jóvenes, como Glafira Rocha y Gabriela Torres Olivares, que son muy talentosas, pero mucho menos conocidas. ¿Mi perspectiva? Contrario al sentimiento popular (muchas veces con dentadura postiza) de que todo tiempo pasado fue mejor, yo creo que salvo algunas excepciones, lo que las nuevas generaciones nos ofrecen es una propuesta más interesante, menos pretenciosa y más profunda. Pero claro, podría estar equivocada, como me sucede todo el tiempo.

Platíquenos de la traducción de su libro La maldición de Eva al inglés.

—Bueno, como dicen los artistas y los deportistas, ‘todo se lo debo a mi manager’, yo todo se lo debo a mi traductor. Se llama Toshiya Kamei y llevamos ya un par de años trabajando juntos. Yo nunca había pensado ser traducida, pero él me contactó luego de leer un cuento mío en Ficticia.com me pidió permiso para traducirlo y yo dije que sí, sin pensarlo mucho. Ahora me felicito por haberlo hecho, porque a las pocas semanas Toshiya me escribió para decirme que el texto había sido aceptado en una revista de Estados Unidos. Y luego en otra, de Inglaterra. Después me pidió más cuentos y para hacértela corta, te diré que él ha traducido y logrado colocar más de veinte (ya perdí la cuenta) de mis cuentos en revistas norteamericanas en su mayoría, tanto de formato electrónico como impreso, además de conseguirme un book deal con Host Publications, de Nueva York.

Ahora déjame que te platique del libro que saldrá para finales de este 2007. Te aclaro primero que no se trata de una simple traducción de mi libro con el mismo nombre, sino una colección de una gran parte de mis narraciones, incluidas las seis de La Maldición de Eva y muchas otras. Los editores de Host Publications decidieron que le darían al libro el nombre del cuento homónimo, porque les parecía atractivo.

—Pero te cuento la historia de este libro porque es como una fábula de Esopo.

—Había una vez una codorniz que era escritora y estaba segura de que era muy buena en su oficio, puesto que ya le habían publicado varias cosas e incluso algunas revistas le habían pagado por sus textos traducidos. A la codorniz la traducía una hormiguita muy diligente, que logró colocar uno de sus textos en una revista llamada The Dirty Goat. La codorniz exigía su pago monetario, de lo contrario, no daría su permiso de publicación. La hormiguita se sentía en un dilema y hasta pensó en pagarle de su propia bolsa a la codorniz para que ésta accediera a publicar, ya que la revista pagaba con ejemplares y no con dólares. Al final la hormiguita tuvo que decirles a los del chivo sucio que el autor no publicaría si no se le daba dinero, pues, decía la codorniz, se denigraría como autor, puesto que ya era una codorniz establecida y no quería malbaratar su trabajo intelectual. Así que los de la revista le preguntaron a la hormiguita: ¿y no tiene otras cosas ya traducidas? Y entonces la hormiguita les mandó un par de textos de una orangutana, y la revista los aceptó, y más tarde, la editorial a la que pertenece la revista, se interesó en esa orangutana y le propuso a la hormiguita y a ella si les interesaba hacer un libro.

Moraleja: no desperdicies las buenas oportunidades por unos cuantos dólares. La avaricia y el ego de unos es la oportunidad de otras. Amén.

Y ésa es la historia, mi querida Elena. Creo que esto ya fue para largo. Gracias nuevamente por interesarte en lo que yo tenga que decir.

 

NOTAS:

[1] Nacida en Hermosillo, Sonora, en 1968. Autora de cuatro novelas: Hombres necios, El suplicio de Adán, Réquiem por una muñeca rota y Cenotafio de Beatriz. Está por publicar un libro de cuentos, Sueños de Lot, y otro de ensayos, Jardines repentinos en el desierto, con los que obtuvo en el 2006 el Premio Nacional de Literatura Efraín Huerta y el del Concurso del Libro Sonorense, respectivamente.

[2] Dicha ponencia, titulada “Bárbaras del norte o el síndrome de la triple frontera: Narradoras de la frontera norte”, fue leída durante el IV Festival de la Literatura del Noroeste 'Trasladando fronteras', realizado en Tijuana, Baja California, del 8 al 11 de noviembre del 2006 (Mesa: La historia de la literatura de la región noreste y noroeste, con Gabriel Trujillo Muñoz, Víctor Soto Ferrel, Adolfo Morales, Martha Piña, Gilberto Ibarra Rivera y Vicente Alonso). Puede consultarse en:

[3] Poeta y novelista originaria de Ottawa, Canadá (1939). Su obra conjunta ha sido galardonada con el Premio Internacional del Welsh Arts Council's (1982).

[4] Poeta, novelista, cuentista, ensayista, dramaturga y diplomática mexicana, nacida en 1925 en México, Distrito Federal. Becaria Rockefeller en el Centro Mexicano de Escritores en el periodo 1954-1955. Murió en Tel Aviv, Israel, en 1974.

[5] Crónica de un desayuno: Película mexicana, escrita por Jesús González Dávila; realizada en el 2000 bajo la dirección de Benjamín Cann y producida por Bruno Bichir, Epigmenio Ibarra y Matthias Ehrenberg. Protagonizada por María Rojo, Bruno Bichir, Eduardo Palomo y Angélica Aragón.

 

MÁS DE LILIANA BLUM:

http://lasalasdelalacran.blog.com/

Elena Méndez (Culiacán, Sinaloa, México, 1981).- Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Narradora. Ha participado en los talleres literarios de los escritores mexicanos María Baranda, David Toscana y Cristina Rivera Garza. Cuentos suyos han sido publicados en TEXTOS, La Pluma del Ganso, La Línea del Cosmonauta y Expreso; y en www.aviondepapel.com, www.letras.s5.com, www.homines.com y www. antilibros.com.

foto: Herminia Dosal

 

© Elena Méndez 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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