Reflejos lunares,
o la transformación paródica de la locura quijotesca
en Moon Palace (1989) de Paul Auster

Eduardo Urbina

Texas A&M University


 

   
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Más allá de las obvias afinidades de Moon Palace con la picaresca y el bildungsroman ya apuntadas por la crítica [1] nos proponemos establecer la que consideramos su mayor y más profunda relación paródica con el Quijote y la ficción quijotesca en cuanto al carácter de su protagonista, el uso lúdico de motivos conectados con la locura, la luna y lo lunático, la metaficcionalidad dedicada a explorar las tan cervantinas antítesis realidad-ficción, vida-literatura, y de manera fundamental por su temática común en torno a la exploración de la transformación de la experiencia en realidad ficcional a través de la lectura y la escritura.

La novela de Auster que más claramente muestra la huella de Cervantes es City of Glass [2], primera parte de la denominada The New York Trilogy, publicada originalmente en 1985, y que sirvió para establecer su talento narrativo, tras haber trabajado sin mayor éxito durante varios años como reseñador, traductor y poeta [3]. Si la deuda es segura, habiendo declarado el propio autor su abierta admiración por el Quijote —que considera como la mejor novela que se haya escrito [4]— también es cierto que el carácter subversivo y antidetectivesco de esta obra y su aproximación a la realidad tiene algo más de borgiano que de cervantino, como ha señalado oportunamente Ciccarello Di Blasi [5]. En City of Glass, el personaje Paul Auster discute con el protagonista-escritor-detective Daniel Quinn, o ‘DQ’, un ensayo especulativo que está escribiendo sobre la autoría del Quijote, o más precisamente, sobre el libro que Cervantes imaginó que estaba escribiendo. Según la teoría de Auster, y como indicación suprema de su interés en los problemas suscitados por el juego paródico de voces y niveles narrativos presentes en el texto cervantino, la ficcionalización irónica de la autoría del Quijote y el distanciamiento autorial de Cervantes se deben a la serie de etapas por las que la historia pasa: tiene su origen narrativo en Sancho Panza, único testigo, que se la dictó al cura y al barbero, quienes a su vez se la entregaron a Sansón Carrasco, el cual la tradujo al árabe. Cervantes encuentra la historia, la traduce y la publica empleando como traductor nada más ni nada menos que al mismísimo don Quijote de carne y hueso: “I like to imagine that scene in the marketplace at Toledo. Cervantes hiring Don Quixote to decipher the story of Don Quixote himself. There’s great beauty to it” (City 150-55). Sirva esta “ingeniosa” interpretación por parte del ficcional Auster como muestra de la inclinación del Auster real a investigar y recrear en sus novelas la problemática relación entre la palabra y la escritura, entre la vida y la literatura, que constituye verdaderamente el fondo temático y la base del significado de Moon Palace y que hacen de ésta una novela a un tiempo quijotesca y cervantina. [6]

Así como City of Glass subvierte las convenciones narrativas de la novela detectivesca desde una perspectiva posmodernista, Moon Palace realiza una operación similar con respecto a la novela quijotesca y su latente relación paródica con la literatura caballeresca y el romance artúrico de búsqueda y aventuras. El primer indicio y punto de partida de esta relación se encuentra en el título mismo de la novela y su referencia a la luna, y por extensión a lo lunático y a la locura. Las numerosas referencias a la luna no sólo apuntan hacia un nivel lúdico-simbólico de la narración, sino que vienen a formar un claro leitmotivo a través del cual cobran nuevo significado nombres, lugares y acciones [7]. La luna en cuanto presencia e influencia, caracteriza en sus fases opuestas de luz y oscuridad la trayectoria narrativa del protagonista narrador de Moon Palace, Marco Fogg, también conocido como M.S., marcando una y otra vez su locura, el misterio de sus orígenes y su incierto futuro. M.S. parece existir bajo la influencia de la luna, y como símbolo dual de su locura, ésta subraya y caracteriza de principio a fin su destino personal y la trayectoria narrativa de su historia.

La historia narrada de las aventuras y búsqueda de identidad de M.S. da comienzo con una referencia a la llegada a la luna de los astronautas en 1969, ofreciendo así un marco referencial temporal e histórico. Las acciones narradas, sin embargo, van del otoño de 1965 al 6 de enero de 1972, es decir, comprenden siete años oscuros en la temprana vida del protagonista durante los cuales se enfrenta al caos de su presente, explora su incierto pasado y batalla con su destino en busca de orden y de una identidad perdida, de los 18 a los 25 años de edad [8]. La novela, y la trilogía de historias que sutilmente encierra, está contada en primera persona y en la superficie recuerda a la picaresca pero sin que de veras lo sea ya que M.S. dista mucho de ser un pícaro [9]. Moon Palace constituye más bien una versión posmoderna del romance caballeresco en la que un joven héroe libresco y lunático que desconoce la identidad de su padre y su verdadero origen, sale en busca de aventuras enfrentándose a un mundo hostil y caótico dominado aparentemente por la casualidad y el azar. El carácter obsesivo y maniático del M.S., su dependencia de los libros y de la palabra escrita, así como la naturaleza transformativa de su experiencia hecha historia en la narración hacen de Moon Palace una parodia quijotesca de primer orden.

La otra coordenada narrativa asociada con la luna es la muerte. En cada uno de los momentos narrativos clave de la historia ocurre una pérdida, una caída simbólica en la oscuridad, en la desesperación y la soledad, motivada por la muerte de una persona. En la primera parte o salida de M.S. esto sucede a consecuencia de la muerte de su tío Víctor, personaje a su vez altamente quijotesco, el cual figura como padre y protector del joven héroe y del que éste hereda, entre otras cosas, su biblioteca de exactamente 1492 libros. La muerte de Víctor conduce a M.S. no sólo a la lectura ritual de los libros, sino a la literal metamorfosis de los mismos en objetos utilitarios y alimento para aliviar el hambre. Durante su último año en la Universidad de Columbia, M.S. utiliza primero las cajas en las que se encuentran los libros como muebles, y luego, desposeído de toda otra herencia, habiendo alimentado ya con su lectura su espíritu e imaginación, los vende uno por uno para mantenerse vivo. M.S. sufre además la pérdida de su madre en un accidente de autobús, la ausencia de un padre al que da por muerto, y la negación de la paternidad por el aborto de su amante Kitty.

La doble significación de la luna, como locura y muerte, como luz y como sombra, lleva al protagonista a reconocer también en las historias de otros locos los signos de una existencia controlada por el azar y la casualidad, al borde siempre del caos y la desesperación. Las asociaciones lunares relacionadas con el ‘Moon Palace,’ un restaurante chino, se derivan del momento inicial en el que por accidente descubre el letrero de neón del restaurante que apenas se vislumbra por entre el ángulo de las ventanas de su apartamento: “... the force with which those words assaulted me... They were magic letters, and they hung there in the darkness like a message from the sky itself” (17). El Moon Palace adquiere desde ese momento una valor simbólico para M.S. y es allí donde regresa después y descubre la misteriosa frase en la galleta de fortuna que guarda en su cartera y que habrá de servirle de oculta profecía: “The sun is the past, the earth is the present, the moon is the future” (97).

Lo que al comienzo resulta misterioso y casual se torna en el proceso mismo de la narración, a través de paralelos y repeticiones, en un patrón reconocible y fuente de posibles significaciones. Una y otra vez el narrador observa que aquello que en un principio carece de sentido resulta después en el proceso re-creativo de la narración una ocurrencia clave capaz de anclar la historia y de dar sentido al caos de sus experiencias. He aquí, pues, la primera evidencia de la paradoja cervantina que nos lleva a considerar la novela de Auster en términos paródicos cervantinos: las experiencias lunares (y lunáticas) que asaltan y destruyen el mundo de M.S. dan paso gradualmente al descubrimiento de coincidencias y paralelos que al ser recuperados a su vez por el orden de la palabra escrita y entrar a formar parte consciente de la ficción narrada revelan las conexiones y patrón capaces de dar paso a su transformación y recuperación, al principio de su nueva vida. Si al comienzo de su historia M.S. desconfía del futuro, y admite la influencia del azar “as a form of readiness, a way of saving myself through the minds of others” (1), poco a poco llega a reconocer que accidentes arbitrarios y eventos en principio casuales y desconectados resultan al final la única constante capaz de dar sentido a sus experiencias, a sus ‘aventuras’: “Causality was no longer the hidden demiurge that ruled the universe... reality was a yo-yo, change was the only constant” (62). Como don Quijote en sus momentos finales, M.S. transforma la suerte y la fortuna, a través de sus lecturas e historia, en acciones providenciales que dan sentido a su incierto y adverso destino haciéndole también, como observa Sancho sobre don Quijote al final de su carrera, “vencedor de sí mismo.”

Como hemos aludido antes, la historia de M.S. contiene tres partes o salidas, entre sí tangenciales y que revelan en su intersección no sólo el misterio de su origen y de su ser, es decir, la identidad de su padre y la razón de las coincidencias observadas y experimentadas en sus encuentros con los protagonistas de las historias interpoladas en la suya, sino que en el proceso de su escritura dan lugar a la realización de su nueva vida. En su segunda salida como lector y guía de Thomas Effing, M.S. ve proyectada y multiplicada su propia locura y la de su tío en la del viejo lunático: “he struck me as nothing more than a vicious old man, a burnt-out maniac living in the borderland between madness and death” (108-9). Pero es en la exploración narrativa de esa frontera y en la tangencialidad de las historias resultante donde se encuentra la razón de su lunática condición. A través de Effing, más como Sancho que como Quijote, y sin apenas darse cuenta de ello, M.S. emprende la aventura definitiva de la recuperación de su identidad que le llevará a reconocer finalmente el sentido de las coincidencias que experimenta y el misterio de los paralelos que descubre entre su historia y la historia del viejo Effing.

Los elementos específicos de la parodia posmoderna llevada a cabo por Auster en Moon Palace son muchos y variados [10]. Van desde los paralelos entre la edad y carácter de Effing y el limitado mundo que habita en compañía de su ama, la señora Hume, a la creación de una pareja amo-criado con M.S., a sus innumerables manías, al “uniforme” que lleva en sus paseos o salidas por Nueva York con su ‘escudero,’ hasta finalmente al contenido quijotesco de la historia de su pasado que narra, con sus cambios de identidad, aventuras y experiencias transformativas en una cueva en Utah. Como sucede en el caso de la historia de las aventuras, abandono y caída de M.S. en la primera parte, la historia de Effing está dominada por la desesperación, la soledad y la pérdida de identidad, y queda marcada asimismo por su insistente asociación con la luna y sus esferas de influencia, es decir la locura y la muerte. Por otro lado, el papel que juega M.S. como oyente y autor de la historia narrada por Effing le ofrecen a manera de transición y aprendizaje la oportunidad e instrumento de llegar a escribir su propia historia y recuperar su propio pasado. Se trata, pues, de un viaje narrativo doble y compartido, tal y como sucede en el Quijote, que produce a un tiempo autoconocimiento y salvación del caos y azar de la experiencia vivida, un nuevo orden y una nueva conciencia de su ser adquirida en el ámbito de la realidad ficcional de Moon Palace.

En el tríptico de historias tangenciales que hemos delineado la historia de Effing representa la zona central que enlaza la primera historia, es decir la historia de la locura y caída de M.S. a consecuencia de la muerte de su tío que le conduce al abandono y a su salida y aventuras en Central Park, con la tercera historia, la historia de Solomon Barber con que se completa el proceso de descubrimiento y recuperación del pasado de M.S. En este caso, es la muerte de Thomas Effing, junto con el relato interpolado de la historia de su primera existencia como Julian Barber, la que lleva a M.S. a ponerse en contacto con Solomon Barber. Effing revela a M.S. no sólo que Solomon Barber es su hijo, sino que le pone a cargo de entregarle su historia, la autobiografia por él narrada, y re-escrita por M.S., The Mysterious Life of Julian Barber. Habiendo caído en el torbellino de la locura de Effing, validándola y haciendo posible su lectura a través de la palabra escrita, resulta irónico y revelador lo observado por M.S. sobre el proceso de composición de su propia historia y su sentido: “By putting these things into words for him, I gave Effing the chance to experience them again, as if merely to take one’s place in the world of things was a good beyond all others” (219).

El azar y las coincidencias que parecen asaltar la existencia de M.S. y controlar su desafortunado destino, así como el influjo de la luna y su asociación con la locura, persisten en el tercer círculo del tríptico narrativo que constituye la historia de Solomon Barber. A pesar del camino ya recorrido en tres niveles distintos y complementarios—vida, lectura y escritura—M.S. no consigue todavía comprender el sentido de tales ocurrencias y casualidades, “It was as though I could hear my destiny calling out to me, but each time I tried to listen to it, it turned out to be talking in a language I didn’t understand” (233). M.S. ha leído por intermedio de Effing los libros de historia americana de Solomon Barber, lo cuales considera admirables, bien escritos y llenos de información original. A través de las noticias que esos libros dan de su autor M.S. logra precisamente establecer de inmediato la conexión entre Effing y Solomon, pero le queda todavía por descubrir una conexión más, la existente entre él y Solomon que habrá de completar la trilogía y convertir las restantes coincidencias y paralelos en eventos causales llenos de nuevo sentido y poder.

Al igual que M.S., Solomon no llegó nunca a conocer a su padre y ha vivido durante cincuenta años creyendo que ha muerto. Este paralelo inicial da paso a la coincidencia que ocasiona la tercera historia del tríptico como manifestación de la tercera fase lunar y que completa el círculo de la búsqueda ontológica de M.S. La casualidad de que la estudiante de Barber, Emily Fogg, sea además la madre de M.S.—lo cual supone que el viejo lunático Effing era su abuelo—se adelanta en el primer encuentro entre Solomon y M.S. pero no se confirma y se convierte en una acción causal hasta los momentos finales de la novela. Tal circunstancia no sólo viene a dar sentido a los múltiples paralelos y reflejos lunares apreciados a través de las anteriores historias y círculos narrativos de lectura-escritura, sino que provoca la accidental muerte de Solomon y la liberación final de M.S. Observa primero que “The story had begun without me... the action was already far advanced, the whole thing was flying out of control... all of a sudden I knew everything” (291-92). Tras un momento inicial de rechazo y negación, M.S. acepta su nueva identidad y la verdad de su origen. Sin embargo, la resolución del misterio trae consigo la renovación de su soledad y quijotismo, y a medida que confronta la muerte de un re-conocido padre, a medida que el círculo completo de su historia personal se cierra en la tangencialidad del trítico narrativo, se hace evidente el paso de un mundo a otro; el azar y la casualidad dan paso a la causalidad y a la finalidad.

Una vez descubierto su origen M.S. reconoce la necesidad de completar la búsqueda de la cueva iniciada con Solomon donde Julian Barber murió para renacer como Thomas Effing, “and knowing that I had a purpose... gave me the courage to admit to myself that I did not in fact want to be dead” (303). Tal aventura queda doblemente frustada por la desaparición de la cueva bajo las aguas de Lake Powell y el robo de su Pontiac-Rocinante, con toda su fortuna, lo que considera significativamente “a prank of the gods, an act of divine malice” (305). Su regreso, sin embargo, no le lleva a Nueva York sino que con renovado quijotismo se pone a caminar en dirección opuesta hacia el Pacífico. Y es allí, en la playa de Laguna Beach, como don Quijote en Barcelona a manos del Caballero de la Blanca Luna, donde M.S. da fin a su jornada y aventuras, “I had only to keep walking to know that I had left myself behind, that I was no longer the person I had once been,” e inicia su nueva existencia ficcional a la luz de la luna de su locura: “it was a full moon... I kept my eyes on it... not turning away until it had found its place in the darkness” (306).

El carácter quijotesco de la locura de M.S. no sólo queda subrayado por su constante asociación con la luna, sino que tiene una raíz libresca, en la lectura de la biblioteca de su tío, que le lleva bajo la influencia de luna y libros a perderse obsesivamente en sí mismo, o mejor dicho, a adentrarse en un mundo caracterizado por la soledad y la derrota. En tal ocasión tuvo que ser rescatado en contra de su voluntad por sus amigos, aunque no sin antes llegar a declarar proféticamente ya en su primera salida que “once you throw your life to the winds, you will discover things you had never known before, things that cannot be learned under any other circumstances” (58). Es preciso entonces, como parte esencial de la transformación paródica llevada a cabo por Auster, resaltar la metaficcionalidad de Moon Palace y el papel de los libros, de la lectura y de la palabra escrita en la composición de la novela y lo que tal técnica y presencia suponen a la hora de desentrañar sus raíces cervantinas y el sentido de la trayectoria narrativa de M.S.

Se afirma con frecuencia y sobrada razón que el Quijote es un libro sobre libros, y también que el tema básico del Quijote es la creación del Quijote como texto. Este tipo de afirmaciones apunta no sólo hacia sus raíces paródicas e intertextuales, sino que más precisamente subraya su naturaleza como texto autoconsciente y metaficcional. Don Quijote lector encarna y engendra en su Historia la historia de su locura caballeresca al tiempo que esa Historia y sus lectores, en el mismo proceso de narración en la segunda parte, entra a formar parte de la historia conocida como El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. En el Quijote se leen, se narran y se escriben un sin fin historias, y los personajes con frecuencia se convierten en lectores que narran y escriben múltiples historias literal y ficcionalmente. Esta temática composicional en la que se explora creativamente la relación entre vida y literatura, entre realidad y ficción, tipifica y hace del Quijote el modelo y principio de la novela moderna, y en particular de la llamada novela autoconsciente [11], del personaje autónomo y de la autorreferencialidad narrativa reconocida y practicada por Borges y Auster. [12]

M.S. se complace en observar que sus iniciales también significan manuscrito al tiempo que se muestra consciente de que toda vida es una historia. Como le dijera en una ocasión su tío Victor, “Every man is the author of his own story” (7, 41). M.S. relata sus azarosas y fortuitas aventuras en su historia catorce años después de su llegada a la playa de Laguna Beach, habiendo concebido “the idea to write this book” (106) tras su encuentro en la primavera de 1982 con su amigo Zimmer, el mismo que le salvara en la cueva de Central Park del desastre de su primera salida y de su destructor intento de hacer de su vida “a work of art” (21). Como sería de esperar, M.S. describe su lunática por quijotesca decisión de abandono y deseo de sacrificio personal en términos lunares: “The signs pointed to a total eclipse... The moon would block the sun, and at that point I would vanish” (21). Es precisamente entonces cuando da comienzo a la lectura ritual y obsesiva de la biblioteca de su tío Victor. A través de sus libros, de su lectura, venta y consumo, observa, “I could follow the progress of my own dismemberment. Piece by piece, I could watch myself disappear” (24). La lectura supone, pues, un paradójico proceso de conocimiento y olvido, una aventura a la vez imaginativa y corporal que le conduce a la pérdida de contacto con la realidad. Su aventura libresca concluye precisamente el mismo día de la llegada de los astronautas a la luna, es decir bajo el signo perpetuo de su locura, de la que toma conciencia absoluta como sujeto y autor.

A pesar de su orfandad, obsesividad y locura, M.S. no desaparece, ni tampoco se pierde definitivamente tras su abandono “to the chaos of the world” (80). Sucede, que su primera salida de sí mismo a través de los libros y la lectura es prematura y resulta un fracaso miserable ya que de momento el conjunto de las azarosas experiencias que constituyen su vida no forman un patrón reconocible y significativo. Esperaba provocar como consecuencia de su quijotesca decisión y deseo que el mundo le revelara “some secret harmony... some form or pattern that would help me to penetrate myself” (80). Ese momento, sin embargo, como ya hemos visto, sólo lo encontrará al final de su tercera salida en la playa de Laguna Beach tras completarse el tercero de los círculos de su historia, en la armonía y patrón revelado en su tangencialidad.

El lenguaje y el mundo de los libros sirve a M.S. como primer paso en el regreso de la catástrofe de su primera salida y como transición a la segunda. Se le ofrece la oportunidad de traducir un texto diplomático y en esa tediosa y difícil tarea encuentra un nuevo propósito para su vida. Regresa también a la Universidad de Columbia y es allí, en el tablero de anuncios de empleo, donde establece contacto con el viejo Effing. Su trabajo consiste en ser su asistente y acompañante, pero sobre todo en servirle de lector en la casa y narrador en sus paseos. En anticipo de sus aventuras y diálogos, Effing le previene que las cosas no son siempre lo que parecen y que es necesario observar atentamente la realidad para no cometer errores de juicio y llegar a falsas conclusiones. Su trabajo de lector y el aprendizaje que supone le hacen sospechar una intención oculta, “an elaborate and obscure plan” (108). M.S. encuentra sentido en los temas de los libros escogidos, en el tipo y orden de las lecturas, y poco a poco, a medida que presencia y experimenta las excentricidades de Effing, llega a la conclusión de que es paralelamente un loco, “a tortured soul... a man haunted by his past, struggling to hide some secret anguish that was devouring him from within” (117). El proceso instrospectivo en el que resultan las lecturas y las experiencias de sus excursiones conducen a M.S. de manera doble pero segura a emprender su segunda salida por el mundo de la palabra y la imaginación. Descubre, entre otras cosas, que en su confrontación con la realidad “The demands of words are too great” (123), pero también presencia el poder creativo de la palabra, de la ficción, de conformar y dar sentido a la realidad, de ordenar y dar identidad hasta constituirse en otra realidad alternante. El carácter de Effing, su relación con M.S. y sobre todo la naturaleza y sentido de sus acciones narrativo-epistemológicas hacen posible asociar a Auster con Cervantes y reconocer en Moon Palace las huellas del Quijote. [13]

En una segunda etapa de su relación, Effing cuenta a M.S. la historia del otro Effing, de Julian Barber, y de las extrañas circunstancias que dieron lugar a su nueva identidad para que escriba su obituario y redacte su autobiografía. M.S. pasa así de lector a autor y al tiempo que observa más y más paralelos con su propia historia y condición, reconoce asimismo las coincidencias y azares que subrayan las decisiones y trayectoria de Effing, invariablemente asociadas con la luna y la locura.

La historia de Julian Barber-Thomas Effing se cierra con su muerte pero su historia, la historia narrada por Effing y escrita por M.S. llevan a éste a su tercer círculo y tercera salida quijotesca en busca de sí mismo y del sentido de su mundo y experiencias. Una vez más los libros, la palabra escrita dan forma y sentido a las coincidencias y azares de la existencia individual. La lectura de los libros del tío Victor, los libros de Effing, los libros de Solomon Barber, por una parte, y las historias narradas y escritas por Victor, Effing, Barber y el propio M.S., van formando en su concatenación un patrón de paralelos y conexiones que se sobrepone a la casualidad y a las coincidencias presentes en cada una de ellas. Las denominadas salidas y aventuras narrativas de M.S. como elemento conector hacen posible por su parte, más allá del caos, de la incertidumbre y de la arbitrariedad de lo vivido, el descubrimiento y reconocimiento del sentido total de sus experiencias y acciones, de un origen e identidad caracterizado por el abandono y la oscuridad, pero también por la otra cara de la luna, aquella que representa luz y vida.

Llegados a este punto, quisiera concluir estableciendo una relación final entre el “descubrimiento” y la realización ficcional de M.S. a través de libros, lecturas e historias, y lo que ocurre en la segunda parte del Quijote al ingenioso hidalgo. Como se recordará, don Quijote confronta y sufre en su tercera salida el conocimiento de su propia historia, el reconocimiento de sus lectores y la confrontación con las consecuencias de su locura y lunáticas acciones. Varios son los agentes y causas que se oponen narrativamente a la ficción quijotesca del caballero negándole la victoria en su misión y aventuras, desde Sansón Carrasco al propio Sancho Panza. Burlas, historias y ficciones ajenas desplazan y debilitan el protagonismo y control autorial de don Quijote. En cada caso, don Quijote se ve obligado a recurrir a la intervención de agentes externos fortuitos o sobrenaturales como los encantadores, la suerte y la fortuna, para explicar y dar sentido al caos de su agónica trayectoria. Pero con todo, una vez derrotado en la playa de Barcelona y completada la historia, se impone la reflexión y el reconocimiento, y como sucede con la tangencialidad de las salidas y aventuras de M.S., don Quijote es capaz finalmente de apreciar también el patrón de las historias por él vividas y narradas, y admitir incluso un cambio final de origen y sentido; de la casualidad victimizadora del mundo a la causalidad reponsable del individuo:

no hay fortuna en el mundo, ni las cosas que en él suceden, buenas o malas que sean, vienen acaso, sino por particular providencia de los cielos, y de aquí viene lo que suele decirse: que cada uno es artífice de su ventura. (II.66,541)

Por muy tentador que resulte, y ha resultado, considerar la novela y la obra toda de Paul Auster como reflejo y evidencia del posmodernismo narrativo y del nihilismo moderno urbano [14], lo cierto es que en Moon Palace asistimos paródicamente a la confrontación entre el deseo aberrante e imaginativo de sus personajes y la negación de la realidad hostil [15]. Sucede esto, además, gracias a una serie de reflejos lunares y quijotescos que apuntan significativamente a personajes, técnicas y temas presentes en el Quijote que forman parte esencial del discurso autorial cervantino en torno a la autoconsciencia y metaficcionalidad narrativas, a la literaturización de la experiencia, y a la ficcionalización de la problemática relación entre vida y literatura.

En la medida que tanto Cervantes como Auster se ocupan en sus obras de explorar e iluminar los límites de la realidad y la ficción, y en la medida en que para ambos la palabra escrita, leída o narrada, supone una recreación imaginativa en busca del sentido de las experiencias personales fortuitas, accidentales o casuales en un mundo hostil, podemos afirmar que más allá de su innegable posmodernidad y desconstrucionismo, Auster se sitúa en Moon Palace en la tradición de la novela cervantina y el Quijote. [16]

 

Notas:

[1] Carl-Carsten Springer, “Paul Auster and the Crisis of the Individual.” 30 de enero 2001. http://www.rrz.uni-hamburg.de/springer/welcome.html. Ofrece información y resumen de su tesis doctoral del mismo título en la que examina en el contexto de su enfoque los elementos autobiográficos en las obras de Auster y su relación con otros escritores modernos. Bernd Herzogenrath analiza el posmodernismo y deconstrucionismo de la obra de Auster bajo una perspectiva lacaniana, enfocándose en particular en el concepto del deseo, en An Art of Desire: Reading Paul Auster (Amsterdam-Atlanta: Rodopi, 1998).

[2] City of Glass (New York: Penguin, 1987). Citamos en adelante por esta edición indicando la página entre paréntesis en el texto. Sobre las publicaciones de Auster, véase William Denttrel, Paul Auster: A Comprehensive Bibliographic Checklist of Published Works 1968-1994 (New York: William Denttrel New York, 1994) y “Paul Auster: A Selected Bibliography,” en Beyond The Red Notebook 189-98.

[3] Kenneth Kreutzer, “Paul Auster: A Brief Biography.” 14 de diciembre 2000. http://members.aol.com/knkreutzer/auster/austbiog.htm. Kreutzer utiliza entre otras fuentes las referencias autobiográficas en las obras de Auster, en particular, Hand to Mouth: A Chronicle of Early Failure (New York: Henry Holt & Co., 1997) y The Art of Hunger. Essays, Prefaces, Interviews and The Red Notebook (Harmondsworth, Middlesex: Penguin, 1993).

[4] M.S. declara en Moon Palace que el Quijote es su libro preferido (290), en lo que coincide con opiniones expresadas por Auster en sus ensayos.

[5] Sobre Cervantes, Borges y Auster, véase Maria Grazia Ciccarello Di Blasi, “Intertestualità e contaminazione: il Quijote borgesiano di Paul Auster,” Testi, Studi e Manuali Seminario 3; U di Roma (Roma: Bagatto Libri, 1995) 7-22.

[6] Moon Palace (New York: Penguin, 1990). Citamos por esta edición indicando las páginas entre paréntesis en el texto. Las obras de Auster han sido traducidas al español y a más de 20 idiomas; la novela que nos ocupa se publicó bajo el título El palacio de la luna, trad. Maribel de Juan (Barcelona: Anagrama, 1990).

[7] El culto a la luna es tan antiguo como el tiempo. Además de su asociación con la mujer y su ciclo menstrual, la luna es el símbolo principal de la diosa madre, fuerza creadora y destructora, es decir, de vida y la fertilidad. Los romanos adoran a la Luna (Mania) como figura de la diosa, cuyo culto los cristianos consideran locura lunática. Hecate, (Hekate Triformis) es una de las tres caras o encarnaciones de la gran diosa triple, junto con Selena y Artemisa, representa el mundo oculto y tiene poder sobre el nacimiento, la vida y la muerte. Su poder se extiende a la adivinación del futuro, inspiración de visiones y a provocar la locura: “Hekate is also responsible for a condition called lunacy. . . . When one was moonstruck, a condition sent by Hekate, the shroud of confusion that enveloped a person often carried a clear stream of divine madness.” Véase Demetra George, The Mysteries of the Dark Moon: The Healing Power of the Dark Goddess (San Francisco: Harper, 1992), resumido en http://members.tripod.com/~NightQueen/. Información sobre su asociación lunar en el teatro griego y en particular con la violación de Perséfones puede verse en http://pages.ancientsites.com/~Akademia_Theocritos/greekgods/hekate.html, así como en la documentación y fuentes ofrecidas en el Proyecto Perseus http://www.perseus.tufts.edu. Veáse también, Rober Von Rudloff, Hekate in Ancient Greek Religion (Taschenbuch: Horned Owl Publishing, 1999).

[8] Según Kreutzer Auster empezó a escribir Moon Palace en 1969-70, al mismo tiempo que In the Country of Last Things, lo que supone un periodo de gestación y escritura de unos veinte años. “The Apprentice Years (1947-1974)” 2. La novela cubre tan sólo siete años (1965-1972), y la edad de M.S. corresponde exactamente a la de Auster.

[9] El Lazarillo es mencionado en Moon Palace (60).

[10] Nos referimos a la definición de parodia posmoderna propuesta por Linda Hutcheon en A Theory of Parody (New York: Metheun, 1986), y al concepto de metaficción historiográfica adelantado en A Poetics of Postmodernism: History, Fiction (New York: Routledge, 1988). Para una consideración panorámica de la obra de Auster y su posmodernismo véase en particular Dennis Barone, “Introduction: Auster and the Postmodern Novel,” en Beyond the Red Notebook: Essays on Paul Auster, Dennis Barone, ed. (Philadelphia: U of Pennsylvania P, 1995) 1-26.

[11] Robert Alter, Partial Magic: The Novel As Self-Conscious Genre (Berkeley, U of California P, 1975).

[12] André Brink en su estudio The Novel: Language and Narrative from Cervantes to Calvino (New York: New York UP, 1998) apunta que el origen de las prácticas modernistas y posmodernistas como la autoconciencia narrativa, el personaje autónomo y el lenguaje como realidad tiene su origen en Cervantes y el Quijote. Sobre la autorreferencialidad narrativa y el personaje autónomo en Cervantes véanse Edward H. Friedman, “Reading Inscribed: Don Quixote and the Parameters of Fiction,” On Cervantes: Essays for L. A. Murillo, James A. Parr, ed. (Neward, DE: Juan de la Cuesta, 1991) 63-84; Joseph E. Gillet, “The Autonomous Character in Spanish and European Literature,” Hispanic Review 24 (1956): 179-90; E.C. Riley, Cervantes’s Theory of the Novel (Oxford: Clarendon P, 1962) y ‘Don Quixote’ (Londres: Allen &Unwin, 1986); William Nelson, Fact and Fiction: The Dilemma of the Renaissance Storyteller (Cambridge: Harvard UP, 1973); James A. Parr, Don Quixote: An Anatomy of Subversive Discourse (Newark, DE: Juan de la Cuesta, 1988); Elias L. Rivers, “Talking and Writing in Don Quixote,” Thought 51 (1976): 296-306; Louis D. Rubin, The Teller in the Tale (Seattle: U of Washington P, 1967); y Bruce W. Wardropper, “Don Quixote: Story or History,” Modern Philology 63 (1965): 1-11.

[13] En este sentido, es importante considerar, dada su centralidad en la historia y por lo que supone como imagen emblemática del valor simbólico y epistemológico de la luna, el episodio sobre el cuadro “Moonlight” de Ralph Albert Blakelock que M.S. va a ver, y a leer, al Museo de Brooklyn por mandato de Effing como parte de su “recuperación” y del desarrollo de su poderes de observación y descripción. Steven Weisenburger lo considera el centro ideológico de la novela y ofrece una análisis incisivo del mismo en “Inside Moon Palace” Barone 129-42. Es igualmente significativo que el texto de este episodio proviene de una artículo publicado por Auster en 1987, “‘Moonlight’ in the Brooklyn Museum,” Art News 86.7 (setiembre 1987): 104-105.

[14] Nicola Caleffi, “Paul Auster’s Urban Nothingness.” 2 de febrero 2001. http://www.bluecriket.com/auster/articles/nothing.html; publicado primero en Alfa Zeta 54 (1996): 18-23.

[15] Dragana Nikolic, “Paul Auster’s Postmodernist Fiction: Deconstructing Aristotle’s Poetics.” 14 de diciembre 2000.

[16] Sobre la modernidad y posmodernidad del Quijote véanse los estudios recogidos en Cervantes and His Postmodern Constituencies, Anne J. Cruz y Carroll B. Jonhson, eds. (New York: Garland, 1999), esp. Anthony J. Cascardi, “Romance, Ideology and Iconoclasm in Cervantes” 22-42.

 

© Eduardo Urbina 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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