La ruta orientalista en Hija de la fortuna de Isabel Allende

Isaac Galileo Rivera Campos

University of North Texas

riveraisaac@gmail.com


 

   
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Palabras clave: orientalismo, Allende, Said, subalternos, asimilación.

 

…Por una razón u otra, yo soy un triste
desterrado. De alguna manera o de otra, yo
viajo con nuestro territorio y siguen viviendo
conmigo, allá lejos, las esencias longitudinales
de mi patria.
         Pablo Neruda,

 

Este ensayo examina la ruta orientalista en la novela Hija de la fortuna (1999) de Isabel Allende. Argumentamos que el discurso-poder que Occidente crea sobre Oriente, así como se define en Orientalismo (1978) de Edgard Said, no sólo presenta al oriental o asiático como el “otro” de Occidente, sino que también crea diferentes niveles de subalternos u “otros” que constantemente luchan por conquistar una voz o “agencia” dentro de la hegemonía occidental, mayormente representada por Inglaterra, Francia y Estados Unidos. En su libro Orientalismo (1978), Edward Said realiza un estudio sobre cómo Occidente crea un “discurso-poder” sobre Oriente (21). Según Said, orientalismo, o mejor dicho orientalista, es primeramente “alguien que enseñe, escriba o investigue sobre oriente” (21). Segundo, orientalismo, “es un estilo de pensamiento que se basa en la distinción ontológica y epistemológica que se establece entre Oriente y -la mayor parte de las veces - Occidente” (21). Y, tercero, “el orientalismo es un estilo occidental que pretende dominar, reestructurar y tener autoridad sobre Oriente” (21). Según esta última definición presentada por Said, el término “orientalismo” se ha convertido en un término negativo, ya que la manipulación y/o dirección de Oriente por parte de Europa desde el punto de vista “político, sociológico, militar, ideológico, científico” y especialmente “imaginario”, hacen del “oriental” un “otro” frente a Occidente (21). Si la invención de Oriente por parte de Occidente se llama “orientalismo”, como ya muchos críticos han mencionado, la respuesta a tal invención por parte de Oriente es “occidentalismo”, siendo esta una de las mayores críticas al comprometido y polémico libro de Said. En Hija de la fortuna (1999) de Isabel Allende, se puede seguir una ruta orientalista que visiblemente señala el conflicto entre las razas, donde el discurso orientalista no sólo alcanza al “otro” oriental, sino que también se crean diferentes niveles de “subalternos” u “otros” que luchan por conquistar una voz o “agencia” dentro de la hegemonía occidental, representada principalmente por Inglaterra, Francia y Estados Unidos.

Hija de la fortuna narra la historia de una joven chilena, Eliza Sommers, que, abandonando a su familia adoptiva, emprende un viaje en busca de su amante, Joaquín Andieta, y que termina por forjarse su propio destino como mujer, al lado de su sabio amigo chino, Tao Chi’en, junto al cual no sólo encuentra un guía espiritual sino también el verdadero amor. Como ya lo ha señalado Susan Carvalho, “Through the formative experiences of apprenticeship […] By the end of the novel, Eliza’s quest is achieved” (36-37), lo que nos lleva a considerar la estructura de la novela como un Bildungsroman debido al viaje y crecimiento que la protagonista de la novela experimenta a lo largo de su travesía desde Chile hasta California durante la fiebre del oro en 1849. La primera parte de la novela data de 1843 a 1848, y describe el origen misterioso de Eliza Sommers y el establecimiento de la familia Sommers en Valparaíso, Chile. A pesar de que Eliza recuerda exactamente cuando Miss Rose (su tía-madre adoptiva) la recoge de la canasta donde había sido abandonada, envuelta en un chaleco de hombre, ésta (Miss Rose) se empeña en asegurarle: “Tienes sangre inglesa, como nosotros” porque “sólo a alguien de la colonia británica se le habría ocurrido ponerte en una cesta en la puerta de la Compañía Británica de Importación” (12) y es que aunque los Sommers se habían establecido en Chile, ellos al igual que los otros ingleses, habían creado “una pequeña nación dentro del país, con sus costumbres, cultos, periódicos, clubes, escuelas y hospitales, pero lo hicieron con tan buenas maneras que lejos de producir sospechas eran considerados un ejemplo de civilidad” (23). Durante toda la narrativa se hace referencia a Inglaterra como la civilización y a Francia como la cuna de la estética y los buenos modales. Jeremy Sommers, tío de Eliza, ofrece una visión muy similar a la que más adelante encontraremos sobre los “amarillos” o “celestiales”-refiriéndose a los ciudadanos chinos. En este caso, dice sobre los chilenos: “Este es un país de ladrones, en ninguna parte del mundo la oficina gasta tanto en asegurar la mercadería como aquí. Todo se lo roban y lo que se salva de los rateros, se inunda en invierno, se quema en verano o lo aplasta un terremoto.” (14). Claramente se presenta a los chilenos como seres que necesitan ser civilizados.

Por otra parte, el discurso-poder que occidente ejerce sobre el oriental, al igual que sobre el indio araucano, queda registrado con la aparición de Jacob Todd, un vendedor de Biblias que llega a Valparaíso disfrazado como el predicador con la voz más hermosa que se escuchara en toda la colonia. Es preciso notar que Jacob Todd es inglés y poseedor de esa voz que le permitirá emitir un discurso y poder sobre lo que él nada más ha aprendido por medio de consultas a los archivos de una biblioteca. Su juicio se basa en lo que las demás personas le cuentan. En una conversación que Jacob Todd mantiene con los hermanos Sommers, los indios araucanos son descritos como los indios más salvajes de América (26) y en Valparaíso, todos son mestizos aunque lo nieguen, porque “la sangre indígena se esconde como la plaga. No los culpo, los indios tienen fama de sucios, ebrios y perezosos. El gobierno trata de mejorar la raza trayendo inmigrantes europeos” (28). La descripción del indio araucano es paralela a la que posteriormente se ofrece sobre los cantoneses de la China. Dicha visión sobre el indio americano no es diferente a la que Said le critica a Stuart Mill, quien “dejó claro en On liberty y en Representative Government que sus puntos de vista no podían ser aplicados a la India porque los indios eran inferiores tanto por su civilización como por su raza” (Said 14) -esto con respecto a los indios de la India. Sin embargo, en la novela, gran parte de la realidad quedaba a la incógnita, como la protagonista nos narra:

[…] pero nadie mencionaba la suerte de los indios, despojados de sus tierras y reducidos a la miseria, ni de los inquilinos en los campos, que se vendían y se heredaban con los fundos, como los animaels. Tampoco se hablaba de los cargamentos de esclavos chinos y polinésicos destinados a las guaneras de las Islas Chinchas. Si no desembarcaban no había problema: la ley prohibía la esclavitud en tierra firme, pero nada decía del mar. (Allende 51)

Queda entonces claro, que en el Chile del siglo XIX, es el inglés el que tiene “agencia” y por ser europeo disfruta de una posición privilegiada frente a los nativos; después de todo, “Chile se consideraba el culo del mundo, porque comparado con las riquezas del resto del continente tenía muy poco que ofrecer” (63). Y, como la misma Allende reitera en Mi país inventado, “Esa tierra remota que pocos pueden ubicar en el mapa porque es lo más lejos que se puede ir sin caerse del planeta” (19). El occidental se encuentra en la cúspide de toda división social. En este sentido, en la tercera parte de la novela, el estadounidense compartirá dicha “agencia” con el inglés. Por otra parte, la voz narrativa en Hija de la fortuna presenta un Lejano Oriente exótico, donde se pueden encontrar los mejores bálsamos y lociones y, aún mejor, “donde estaban las mujeres más hermosas del universo”-que por cierto, son las mujeres más maltratadas dentro de la novela (35). Dentro de los capítulos titulados “El Cuarto Hijo” y “Tao Chi´en”, la voz narrativa continúa mostrando una visión idealizada del oriental inteligente y sabio:

El Cuarto Hijo… A los siete años sabía que el talento de un buen curandero consiste en mantener el equilibrio del ying y el yang, a los nueve años conocía las propiedades de las plantas de la región y podía ayudar a su padre y hermanos mayores en la engorrosa preparación de los emplastos, pomadas, tónicos, bálsamos, jarabes, polvos y píldoras de la farmacopea campesina. (Allende 170)

Al agravarse la situación económica de la familia, el Cuarto Hijo, de manera similar al José bíblico, es vendido y revendido a un anciano maestro que además de enseñarle la disciplina de un buen médico, le da un nombre: “Tao… como vía, dirección, sentido y armonía, pero sobre todo representaba el viaje de la vida” (174). En este sentido, Tao Chi´en, el amigo inseparable de Eliza, será para ella todo lo que significa su nombre. Él es la vía que le permite escapar de Valparaíso, la dirección que apunta a un futuro mejor; ambos encuentran sentido a la vida en la armonía de su amistad y compañía, y finalmente, ambos juegan un papel importante en su Bilgungs o desarrollo en el viaje de sus vidas.

El desprecio de Occidente hacia Oriente comienza a manifestarse más claramente en el pasaje que describe la Guerra del Opio entre China y Gran Bretaña. La humillante derrota que China sufre ante su rival es similar a la humillación producida por la violación de la virginidad de una doncella, donde el derrotado no era sólo el emperador, sino que tanto la economía como la moral de la nación se desplomaban (183). Es necesario mencionar que si el occidental miraba al oriental como inferior, por otro lado, el chino civilizado que “sentía un desprecio irreprensible por la guerra y se inclinaba, en cambio, hacia las artes de la música, pintura y literatura” también tenía una opinión negativa sobre el occidental (176). Por ejemplo, al maestro de Tao Chi´en “la arrogancia de los extranjeros le resultaba intolerable, sentía gran desprecio por esos brutales fan güey, fantasmas blancos que no se lavan, bebían leche y alcohol, eran totalmente ignorantes de las normas elementales de buena educación e incapaces de honrar a sus antepasados en la forma debida” (184). La repugnancia causada es tal, que el maestro termina suicidándose.

Si el inglés, el francés y el estadounidense son ejemplos de civilización, y el nativo americano-refiriéndome en este caso, al chileno, al araucano y todos los demás “grasientos” de nuestra América-son unos ladrones y bárbaros. En un tercer nivel social, se encuentran los “amarillos” o “celestiales” chinos, porque los ingleses se consideraban “heraldos de la civilización en una tierra de gente sucia, fea, débil, ruidosa, corrupta y salvaje, que comía gatos y culebras y mataba a sus propias hijas al nacer” (195). Sin darse cuenta que eran los chinos los que habían hecho uso de la escritura muchos miles de años antes que ellos. A pesar de esta repulsión, según la voz narradora de la obra, los chinos aprendieron a respetar y a temer a los ingleses. Después de todo, al igual que los españoles en América, los ingleses se escudaron detrás de la evangelización cristiana como medio de subyugación. A su juicio, los chinos no eran civilizados y había que civilizarlos a toda costa. Todavía en un nivel más ínfimo se encuentra el “otro” de los “otros”, si se nos permite llamarle así, que es la mujer. Porque si aislamos el fenómeno de la prostitución y el tráfico y abuso a la mujer dentro de la novela, cabría preguntarse ¿qué término hay que utilizar para estudiar el fenómeno de la mujer oriental que se encuentra por debajo de toda escala social dentro de la obra?

Cuando Eliza sale de Valparaíso con la ayuda de Tao, lo hace en busca de su amante. Pero Joaquín Andieta nada más sirve como catalista en el recorrido orientalista que hace Eliza. Según Karen Cox, Eliza Sommers es el personaje más híbrido de todos (126-7), haciendo referencia al “tercer espacio” introducido por Homi Bhabha (208). Al llegar a San Francisco, Eliza tiene que disfrazarse y hacerce pasar por el hermano sordomudo de Tao Chi´en, ocultando así su condición de mujer, ya que, las únicas mujeres que iban a California eran las prostitutas. Posteriormente, la protagonista elige mantener su disfraz de hombre e incluso llega a imitar el acento peruano y mexicano para poder desenvolverse en un mundo de hombres. Gracias a su disfraz, adquiere “agencia”. Sin embargo, cuando le escribe cartas a Tao Chi’n, le dice que “Es un fastidio ser hombre, pero ser mujer es un fastidio peor” y al decir esto, la misma protagonista responde a la pregunta que Spivak introduce en su ensayo “Can the Subaltern Speak?”. Al conquistar una voz o “agencia,” el individuo se separa inmediatamente de su condición de subalterno; por tanto, el subalterno no puede hablar o no puede tener “agencia”. Por otra parte, el sabio Tao Chi´en se siente atrapado en ese “tercer espacio” o “nepantla” antes mencionado: “aquí a nadie le importa lo que hago o lo que sé, para los americanos soy sólo un asqueroso chino pagano y Eliza es una grasienta. En Chinatown soy un renegado sin coleta y vestido de yanqui. No pertenezco en ningún lado” (391). Otro de los personajes que encaja en este sentimiento es el pequeño indígena, Tom Sin Tribu, adoptado por una mujer disfrazada de hombre, Joe Rompehuesos. Es importante señalar que aunque Eliza se disfrace de hombre al igual que Joe Rompehuesos, la primera no tiene conflictos de género; ella es conciente de ser mujer y nada más utiliza el disfraz para sus propios beneficios; pero la postrera, junto con el disfraz ha mudado su identidad sexual: se considera un hombre atrapado dentro del cuerpo de una mujer.

El verdadero conflicto de las razas aparece ilustrado en la tercera parte de la novela, donde los argonautas de todas partes del mundo han llegado en busca del “polvo amarillo” y en su lugar encuentran un verdadero campo de batalla. México acababa de perder los territorios de Texas, Arizona, Nuevo México, Nevada, Utah, medio Colorado y California, y es aquí donde aparece “el Robin Hood de California” (364) para impedir que los gringos borraran de “un plumazo la historia anterior de indios, mexicanos y californios” (365). Para el “americano”: “Matar a estos grasientos a tiros no está bien, hay que darles un juicio justo y ahorcarlos con toda la majestad de la ley” (367) y esto resulta interesante porque el estadounidense era el único que tenía derecho a escoger sus propios jueces. Jacob Todd, en su condición de periodista en California, escribe sobre Josefa, la primera mujer que murió linchada en California: “Josefa no murió por culpable, sino por mexicana” (367). Es importante notar que dentro de la narrativa, es Jacob Todd el que con su trabajo de periodista mediocre, hace de Joaquín Murieta toda una celebridad como bandido, aumentando así el odio que el “americano” sentía por los ciudadanos “grasientos”.

Por otra parte, los “celestiales” o chinos “no eran bienvenidos en ninguna parte, los gringos los consideraban los más abyectos entre los indeseables extranjeros que invadían California y no les perdonaban que prosperaran. Los explotaban como podían, los agredían en la calle, les robaban, les quemaban las tiendas y las casas, los asesinaban con impunidad” (370), sin embargo, nada de esto asustaba ya a los chinos. Era tal el racismo que cuando un esclavo de descendencia africana se enfermaba en las plantaciones, se llamaba al veterinario para que le asistiera. Tampoco hay que olvidar a Azucena Placeres, que como su nombre lo indica, la razón de su existir era la de dar placer a los hombre, y las Palomas Mancilladas y mucho menos a las Sing song girls que podían ser ordenadas por catálogo desde los puertos de San Francisco. Tao Chi´en se convertirá en el defensor de las pobres prostitutas y en Postrato en sepia (2001), su heroísmo le costará su propia vida.

Los personajes principales de la obra, Eliza Sommers y el sabio Tao Chi´en, han viajado desde Chile hasta San Francisco. En su viaje, Eliza se despojó no sólo de su hermosa vestidura inglesa sino también de su feminidad que en las últimas páginas de la novela recupera explorando su propio cuerpo. Tao Chi´en hizo, al igual que Eliza, un viaje en el que tuvo que despojarse de su vestimenta cantones y revestirse de la ciencia occidental para poder ejercer su profesión de médico. Según Ramblado-Minero en, existe un dualismo creado por Isabel Allende en su mundo literario o “ficticio” que concuerda con la visión que la autora tiene del mundo real en la visión del “sueño americano”: “Uno borra el pasado y puede volver a comenzar de nuevo […] La capacidad de renovación, así como el individualismo, está incorporada al mito norteamericano” (107). Ramblado-Minero sostiene que tanto la autora como los protagonistas de la novela pasan por una “aculturación” y “asimilación” para integrarse en la cultura californiana. En este sentido, Tao y Eliza son el “otro” de occidente, Eliza por ser la mezcla de un inglés con una chilena y Tao por ser oriental. Sin embargo, ambos personajes optan por asimilarse a la nueva cultura para poder sobrevivir. Es importante notar que aunque se asimilan a la nueva cultura, ellos no dejan las raíces de sus orígenes. En muchas instancias, tratan de segregarse en sus propios grupos étnicos: Chinatown y “Little Chile.” Ambos están profundamente anclados en sus raíces, lo cual no significa que estén dispuestos a aceptar lo que les conviene de la cultura hegemónica para poder subsistir (Rama 140). Los personajes que encontramos en Hija de la fortuna, de haberse quedado inmóviles en los mundos y condiciones en que nacieron, no hubieran sido capaces de encontrar su propio destino. Allende funde la historia y la ficción para crear una novela de viaje que lleva a los personajes de Chile a China, y de Hong Kong hasta las tierras de California, donde la narrativa se matiza con hechos históricos como la fiebre del oro, ya antes mencionada, y la existencia de personajes histórico-ficticios como el de Joaquín Murieta, quien era un bandido que aterraba a los “gringos” californianos durante la época (Levine 136). Durante toda la novela, Murieta es un ser ausente, como una fábula, un espíritu, del cual sólo se oyen rumores pero que nunca ha sido visto. Allende dedica un capítulo a Joaquín; sin embargo, es este pasaje donde Eliza se da por vencida en su travesía en busca de su amante y en su lugar la relación entre ella y Tao crece.

En conclusión, Isabel Allende describe de una forma magistral el ambiente hostil de California durante el siglo XIX, pero los temas de la novela alcanzan un nivel más universal y se pueden relacionar con argumentos contemporáneos. Los dos personajes principales de la novela han viajado desde dos mundos diferentes, Eliza desde Chile y Tao Chi´en desde China, para asimilarse en un mundo que hasta cierto punto, les ofrece un nuevo comienzo. Pasan a formar parte del “meeting pot” representado por Estados Unidos, no sin antes luchar por su posición o “agencia” y causa. Es por medio de esa lucha por sobrevivir que Allende desarrolla y muestra los diferentes niveles de subalternidad que el poderoso discurso de Occidente crea sobre Oriente. En el nivel superior está Occidente, representado por Inglaterra, Francia y Estados Unidos. En un segundo nivel, se encuentran los chilenos y mexicanos (latinoamericanos en general, pero todos hombres). Seguidos por los indios nativos de América y los asiáticos. El cuarto lugar corresponde a los esclavos negros de descendencia africana, y al fondo de todos los niveles, se puede encontrar a la mujer (en la novela, la mujer asiática y la chilena). La trilogía de Allende continúa en Retrato en sepia, el lector aprecia que el grito de la voz narrativa de Hija de la fortuna persiste. La pregunta de Spivak sigue en pié, Can the subaltern speak?

 

Bibliografía

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Este artículo aparecerá en breve en versión inglesa en: "The Orientalist Route in Isabel Allende's Daughter of Fortune." Alternative Orientalisms in Latin America and Beyond. Ed. Ignacio López-Calvo. Newcastle: Cambridge Scholars Publishing, 2007. 154-164.

 

© Isaac Galileo Rivera Campos 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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