Espéculo

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Humberto Florencia

Todos Santos

      

 

La magia de la palabra: albures, ironía y ludismo

Luis Quintana Tejera
qluis11@hotmail.com
www.luisquintanatejera.com.mx

 

Introducción

Me corresponde presentar ante ustedes el último libro de Humberto Florencia, ganador del Premio Internacional de Narrativa “Ignacio Manuel Altamirano” 2006, otorgado por la Universidad Autónoma del Estado de México, en donde el mencionado autor se desempeña como profesor de carrera.

Dedicatorias

Todo libro comienza en el momento en que su creador empieza a pensar en él: en su estructura, en los temas, en la complicada trama que ilumina lo más profundo de su ser. Además, cuando leemos las dedicatorias que normalmente lo encabezan, nos involucramos con un cosmos en donde quien escribe expresa sus agradecimientos, esto es, nos muestra la verdadera razón de ser tanto del volumen como del mismo creador. En este caso Florencia dedica su Premio Internacional a su esposa e hija y a cuatro amigos entrañables y representativos de innumerables vivencias gestadas en su propio universo.

Título

Todos Santos es el título de la presente novela que intenta reflejar por medio de un sugerido contraste irónico la condición y ejercicio de sus personajes, seres integrados al ambiente capitalino que soportan presiones y buscan equívocas salidas para los eventuales problemas que diariamente los acosan. Humberto nos recuerda que vivir no es una tarea fácil; en cada jornada debemos optar y este hecho no resulta tan sencillo cuando los mensajes que llegan desde nuestro pasado nos acorralan, nos impresionan y nos dejan extenuados.

Los actantes que con gran acierto son distribuidos en el relato por un narrador que adopta diferentes perspectivas -desde la omnisciente hasta la focalización interna fija- no sólo representan productos de una sociedad enferma, sino que en todo momento reflejan sus traumas que, aunados a sus búsquedas, nos darán la razón de ser de ellos.

Estructura del volumen

Aparece integrado por dieciséis capítulos que a partir del inicio involucran al lector con un peculiar universo. Desde la presentación llamada “Chilango Transfer” hasta la despedida que lleva por subtítulo: “Espíritu Santo”, y pasando por momentos altamente lúdicos y provocadores de la risa como “Simpatía por el diablo”, “Adonis en la tierra” y “Veneno en la piel” el narrador se mueve como pez en el agua en un cosmos que conoce, interpreta y valora.

La palabra

El uso del lenguaje cuyo representante más austero es la tímida palabra ha sido objeto de reflexión a lo largo y ancho de la historia literaria. Cada escritor la maneja y la interpreta a su manera y desde su propio punto de vista; porque si algo tiene la creación artística es esa libertad que otorga al autor para decidir lo que hace y cómo lo hace; este último hecho, por supuesto -y Florencia lo sabe mejor que nadie- acarrea méritos y conlleva responsabilidades. Seremos recordados o no en un futuro más o menos inmediato, pero lo que hayamos expresado quedará grabado en la historia para que nuestros sucesores nos valoren o nos detracten.

Me permito recordar tres enfoques del verbo poético a través de tres autores que de una manera u otra se alejan o se acercan al modo de narrar -verdaderamente envidiable- de Humberto Florencia. Ellos son: Juan José Arreola, Gabriel García Márquez y Pedro Ángel Palou.

Juan José Arreola

El conocido y venerado escritor mexicano rinde tributo a la palabra desde el territorio lúdico del buen decir. Florencia da comienzo a su narración con “Chilango Transfer” en donde Tito Amberes se jacta de haber eliminado del vocabulario en uso el término “desempleo” -ironía sin duda- y propone a todos los mexicanos que así lo deseen que se integren a este grupo de grandes empresarios para derrotar al hambre y a la pobreza.

Arreola en el cuento “En verdad os digo” de Confabulario [1] hablaba de un individuo que había echado sobre sus hombros la ímproba tarea de hacer pasar al camello por el ojo de una aguja -era el científico Niklaus- quien con este objeto invitaba a los ricos a promocionar su invaluable empresa, modo en que podrían obtener beneficios tan inmediatos como el alcanzar, por ejemplo, la vida eterna.

Arreola y Florencia tienen en común -en cuanto a este tema refiere- la capacidad lúdica que el contar inventando les proporciona. Ambos recurren a la ironía, pero ambos se oponen en dos aspectos: el primero resuelve el problema del más allá a los ricos, y el segundo atiende las necesidades del pobre en este acá y en este ahora tan inmediato y doloroso. Además la forma lingüística los separa, dado que uno emplea un lenguaje más universal y, el otro, recurre a un modo lingüístico regional en donde el hombre cotidiano habita.

Gabriel García Márquez

El Premio Nobel de literatura tiene acostumbrado a su lector a un lenguaje sencillo, pero invadido por imágenes de la retórica tradicional en donde el privilegio de narrar sobresale y se impone como un imperativo necesario para todo buen escritor. Lo hemos escogido, porque de una manera u otra el colombiano se aproxima al modo de decir de Florencia. Se aproxima, pero no se identifica con él. En el marco del discurso utilizado por entrambos advertimos en Florencia Zaldívar el empleo frecuente de la palabra altisonante que es la herramienta básica para manejar el albur: “Pero me vale madres lo que opinen de mí, porque, cuando alguno aterriza en mis dominios, chiquita y no se la acaban, hasta me la succionan con tal de que los ayude con su problemita legal”. [2]

En Márquez no está presente el albur, al menos como una necesidad inmediata, aunque sí recurre a términos igualmente rimbombantes. Sólo recordemos al anciano Juvenal Urbino en la novela El amor en los tiempos del cólera cuando enfrentado al cadáver del amigo suicida deja escapar la frase: “-Pendejo -le dijo-. Ya lo peor había pasado.” [3]

Es éste un término significativo, porque contrasta con el discurso anterior en donde la mal llamada “mala palabra” no aparece.

Pedro Ángel Palou

En una novela de Palou que lleva por título: Con la muerte en los puños [4], el narrador habla desde la perspectiva del personaje principal que es un boxeador y su lenguaje se asemeja en mucho a la manera de contar de Florencia. Dice por ejemplo:

“Vieja pendeja, para qué está entonces”, le gritó el hijo de la chingada.

La sangre se me iba calentando. Yo no sabía lo que era golpear a un hombre, no hasta entonces. El culero entonces empezó a pegarle y seguía diciéndole que era una puta, que eso era lo que le gustaba, que le dieran su servicio como a una carcacha vieja, que no se hiciera la santa. [5]

Dejamos constancia, eso sí, que los estilos no se identifican, sino que tan sólo se parecen. Por ejemplo, el manejo del albur en Humberto Florencia es excelente, situación que Palou apenas llega a contemplar.

En conclusión, la palabra termina expresando -sobre todo en Palou y Florencia- un idiolecto [6] determinado, a través del cual podemos enterarnos de cómo hablan estos individuos, de cuáles son sus giros expresivos, de qué forma el narrador los comprende y hasta cómo se identifica con ellos al menos parcialmente.

Reflexiones en voz alta del narrador

En otro orden de aspectos a considerar hemos observado al narrador expresando juicios y opiniones que resultan ser muy valiosos para el lector atento. Por ejemplo le oímos decir:

El infierno es un invento ancestral utilizado para darle de comer a los sacerdotes o a los psiquiatras. El demonio existe, claro que existe, pero es un pobre mediocre que no hace otra cosa que tratar de integrarse a los humanos. [7]

He aquí cómo está planteada una crítica severa a la sociedad y, en concreto, a la iglesia y a los curiosos psiquiatras encargados de “curar el alma de la gente”. En literatura se ha puesto de moda que algunos escritores digan que están poseídos por terribles demonios los cuales los orillan a escribir las cosas que escriben. Florencia no habla de estos diablillos tutelares de conciencias artísticas, sino de los otros, los más comunes, los que habitan en sus personajes o, mejor aún, los que han sido implantados por esa sociedad decadente que aprovechándose de supersticiones y traumas maneja las conciencias a su antojo. El narrador puede y creo que también debe, expresar sus puntos de vista, porque de esta manera atiza las conciencias y obliga a reflexionar a pesar de nosotros mismos.

Más adelante agrega la voz que cuenta los hechos:

Uno se pasa la vida buscando algo. Dime de qué persona se trata y te explicaré la naturaleza del objeto que anda buscando: Explícame el tamaño de su terror y te diré a cuántos amigos ha traicionado. [8]

Aplaudo la forma tan sutil o quizás debería decir “desvergonzada” que posee el relator para aludir a hechos de vida realmente representativos, como lo manifiestan las búsquedas constantes del ser humano, sus temores, sus amores, sus traiciones.

“Adonis en la tierra”

Así se titula el capítulo que comienza en la página 59 de la novela en el cual el lector se enfrenta con uno de los personajes más insólitos e inconscientemente descarados que la pluma de Florencia magistralmente ha engendrado. Él es hijo de una hermana del narrador focalizador interno fijo que cuenta sus memorias; de padre desconocido, le han metido en la cabeza que es heredero de los dioses. Dice al respecto la voz que cuenta la diégesis:

Adonis creció sin conocer a su padre y cuando tuvo la oportunidad de preguntar por su paradero, mi hermana le inventaría la farsa de que él había sido enviado por los dioses, que estaba emparentado con las deidades olímpicas y que por eso no podía adaptarse a la vida terrenal, pero que eso ya no importaba, pues él recibía la protección de los inmortales, y muy pronto se reuniría con ellos. Y el estúpido se lo creyó. [9]

Conclusiones

Hemos leído una novela particularmente interesante que deriva desde el aparentemente poco serio tema de la desdicha humana hasta llegar a los momentos más representativos de los personajes involucrados en la historia.

No hay duda que Humberto Florencia sabe contar y lo hace con un particular descaro de quien comprende que para subrayar las grandes verdades nada mejor que la palabra del humilde y del desprotegido de todas las épocas.

 

Notas:

[1] Juan José Arreola. Confabulario, 10ª. edición, 5ª. reimpresión, México, Joaquín Mortiz, 1985, pp. 19-23.

[2] Jesús Humberto Florencia. Todos Santos, Toluca, UAEM, 2006, 217 pp.

[3] Gabriel García Márquez. El amor en los tiempos del cólera, 7ª. impresión, México, Diana, 1990, p. 10.

[4] Pedro Ángel Palou. Con la muerte en los puños, México, Alfaguara, 2003.

[5] Ibidem, p. 29.

[6] Idiolecto. Del griego “idios”, peculiar, propio y “dialecto”. Ling. Modalidad de una lengua usada por cada hablante. (María Moliner. Diccionario de uso del español, 4ª. reimpresión, tomo II, Madrid. Gredos, 1998, p. 11.

[7] Humberto Florencia. Op. cit., p. 17.

[8] Ibidem, p. 23.

[9] Ibidem, p. 57.

 

© Luis Quintana Tejera 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero35/tsantos.html



Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2007