Editorial


Recursos

La Universidad española está afrontando un cambio importante en su desarrollo: la instauración del denominado Espacio Europeo de Educación Superior. En varias ocasiones hemos tenido ocasión de realizar comentarios sobre cómo se estaba desarrollando este proceso. Ahora, con algunas universidades aplicándolo o próximas a hacerlo, queremos apuntar un aspecto esencial: los recursos.

La universidad española ha reflejado en su historia la evolución de la sociedad. Cuando España necesitó de licenciados para afrontar su despegue económico y social, se creó una universidad masificada y social cuyo modelo estructural sigue existiendo. Sin embargo, el modelo que ahora se está instaurando es muy distinto. Este nuevo planteamiento trata de corresponderse con una sociedad en donde las palabras "competencia" y "excelencia" aparecen por doquier. Es evidente que este tipo de universidad contrasta con los planteamientos y orígenes de la existente. Parece ser -solo parece- que se pretende respetar ese modelo extensivo en su primera fase, en el "Grado". Por el contrario, será en el Postgrado en donde se trate de forzar al repetida excelencia.

Dejaremos -por ahora- de hacer observaciones sobre la peculiar estructura de la sociedad española respecto a familia y juventud; dejaremos de lado la peculiar estructura empresarial española y el papel que los jóvenes están jugando en ella; dejaremos de lado la clara situación de crisis que se padece en los niveles primeros de la enseñanza, pero no podemos dejar de señalar que para realizar esa transformación de un modelo social y masivo de enseñanza en otro de excelencia la necesidad de recursos es una exigencia la existencia de recursos que la posibiliten.

Las inversiones de España en educación son claramente insuficientes para la situación actual; mucho menos, obviamente, para la situación que se quiere imponer. Está claro que el modelo europeo está pensado para universidades pequeñas y bien dotadas, con alumnado selectivo, buscando la movilidad de alumnado y profesorado. El modelo español ha sido justo el contrario, acorde con nuestra propia tradición: universidades grandes y locales (autonómicas, en los últimos años). Pretender que esto se puede hacer sin liberar recursos -multiplicando los existentes- es lanzarse a una pisicina sin agua. Las universidades, una vez más, deben exigir que, si este es el modelo que se nos pide que pongamos en marcha, esto se haga en las mejores condiciones.

No hacerlo será intentar sacar adelante un modelo imposible.

Joaquín Mª Aguirre
Editor


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