Artes poéticas

Pablo Mora

Profesor Titular, Jubilado, UNET
San Cristóbal, Táchira, Venezuela
http://www.poiesologia.com
moraleja@telcel.net.ve

 

Oír el llamamiento y presentarse. En el patio de honor tomar el arma -la lumbre genital en la batalla -. Celarla antes, después y en la faena. Alistarse. Entrenarse permanentemente. Partir de madrugada. Irse al frente. A primera línea o retaguardia, con trinchera o sin trinchera, enfrentando al enemigo fuego a fuego, defendiendo, atacando, resistiendo. Calada en el fusil la bayoneta, empuñar la destreza necesaria. Sentir el apoyo del certero impacto de los misiles -los ángeles custodios de la justa-. Oír rumores, nunca divulgarlos. Saber que el arte es una guerra en grande.

Hablar de vez en cuando de temas menores. Ir formando gestos, lentamente. Usar la propia mano como almohada. Trasplantar los recuerdos. Hacer correr un pedazo de oscuridad sobre otro. Recortar el espacio que queda entre las cosas. Sacar de circulación nuestra imagen. Cambiar la propia imagen periódicamente. Cambiar de imagen cada tanto como se cambia de sueño cada noche.

Crear un marco para cada cosa. Cuidarse de poseer características ajenas a nuestro destino. Aceptar el precio de la justicia por rápida, segura, funcional y ordenada. Oír todas las verdades y todas las mentiras. Descifrar cuidadosamente cada una de las sorpresas vespertinas o de fines de semana, fin de año o fin de siglo. Cambiar de voz, de nombre y de oficio para averiguar lo imposible. Comprender la semiótica de las iguanas y las lagartijas.

Subir a la locura por la parte más accesible. Evitar aparecer en las páginas sociales de los diarios. Preparar el pensamiento para a los escamoteos de las cosas. Escapar de las miradas de los otros; después, de la propia mirada; luego, de la mirada de las cosas. Aprender a olvidarse del recuerdo. Desmadejar las líneas de la mano. Entremezclar los ojos y las cosas. Desencajar el silencio del sueño.

Recoger lo poco que existe y crear lo que no existe. Empezar a no reflejarnos ya en los charcos. Disolver para siempre nuestro grotesco oficio de encuadernar la nada. Rechazar cualquier condecoración. Adorar hasta la demencia la rebelión de Adán y Eva. Dar una vuelta a la palabra cuando haya moros en el cable. Tomar en cuenta las notables diferencias entre un Pontífice y un Poeta de la Liberación. Valerse de la ocasión para renovar las seguridades de alta y distinguida consideración.

Aprender a afinar la guitarra con la puntería exacta del fusil para marchar al combate con el pueblo. Conocer los secretos de la lluvia y sus modales. Quebrar el hipnotismo de las cosas. Desenfrentarse de la vida y mirar hacia un ojo que no nos hipnotice. Inventar respiraciones nuevas. Inventar el regreso del mundo después de su desaparición. Llevar una mirada de repuesto o comprar alguna en el mercado: inventar otra mirada. Y si aún faltare algo, inventar también otra forma más concreta del hombre.

Abrir el oído al ojo o echarle ojo al oído. Despertar al silencio de la vida. Hacer silencio para darle paso a la luz. Colocar acento al tiempo antes de las palmadas de la muerte. Hundirse, hurgarse, ser, sentirse, serse. Dejarse ser, dejarse ser, ser, ser. Dejar que las cosas sean. Al lado de la vida de por vida. Ser lámpara en la noche de la aldea. Escuchar el aplauso de los pájaros cuando revienta en diapasón el día a pesar del estruendo de las hambres. Tentar, medir, pulsar, darle tiempo al camino a que regrese

Reconquistar nuestro origen. Reconocer que no hay quejido mayor que el del amor. Estar atento al parte de guerra. Saber que existen caminos que no hay que seguir, ciudades que no hay que asediar o atacar, ejércitos que no conviene hostigar, preguntas que no hay que contestar y hasta órdenes que no hay por qué cumplir.

Saber lo estrictamente indispensable. Participar en el engaño, en el ardid, la situación o la apariencia. Llevar la astucia al máximo posible. Adaptarse a la situación, sobre todo a la situación ajena. Avanzar por caminos tan insólitos que nunca el adversario logre descubrir. Dar con el más vulnerable de los puntos. Batirse en retirada o perseguirla. Contar con la moral, el ánimo, el terreno, el clima, el mando, la ocasión y la doctrina.

Descubrir el esquema general del enemigo. Como el agua, adaptarse a las formas nuevas. Usar ataques directos e indirectos. Pulsar la ventaja y desventaja de la hazaña. Protegerse del árbol que se agita, del pájaro que se espanta, del polvo alborotado, del llanto de la bandera en el contrario frente.

Distinguir claramente entre terreno accesible, deleznable, angosto, accidentado, fronterizo, clave, convergente, difícil o mortal. Conocer al enemigo como a sí mismo para que nunca la victoria sea amenazada. Conocer las fuerzas naturales: el fuego, el risco, el agua por la escarpa. Contar con el agente secreto inevitable. Administrar pertrecho y proyectil.

Adelantar, vivir, sobrevivir. Resistir hasta el último combate. Cuidar con tiento cada retirada. Huir de frente, atacar de retirada, volver caras, triunfar en la derrota. Ir entre escaramuza y sorpresivo encuentro halando la explosión del lauro. Rechazar la sentencia de la muerte. Asumir alto el triunfo de la vida.

Blandiendo diapasones subversivos, llevar hasta la cima la bandera y desplegarla en rancho en cada aldea hasta colmar la lágrima del pueblo. Coronada la lucha, asegurar la militancia plena por la belleza y la verdad del hombre, como un golpe de amor en cada miedo, como un claro de tierra en la mirada de cada madre que se muera.

(Al alimón con Sun-Tzu y Roberto Juarroz)

 

QUEREMOS un arte del hombre, con el hombre, para el hombre. De cara al hombre y a pesar del hombre. Un arte que tenga que ver con el jardín, con la ventana, el mirar y el mirador. Un arte que deforme lo real para formarlo. Un arte que parta de la vida, vuelva a la vida y cree la vida. Un arte para las causas, las cosas y las casas. Un arte capaz de ridiculizar. Insatisfecho, suelto, desencadenado. Político, económico, alucinado, espiritual. Una arte para gritar a tiempo. Un arte en situación, en tensión, en explosión. Un arte en el que no falte nada del mundo, nada del hombre. Nada del aire, ni del fuego, ni de la tierra, ni del mar. Un arte para aprender el tiempo, para aprender la vida, para aprender la muerte. Para leer la luna con el alma mientras canjea el puesto con la muerte. Un arte para empeñar la guerra, para empuñar la Paz.

Queremos un arte crispado de alarido y grito. De venturosa rabia. Desesperadamente tierno. Un arte que interrogue, descubra, revele y distribuya. Un arte que indague, encuentre, sintetice, opere. Un arte transparente, relativo, incierto, probable, explicativo. Un arte para el insomnio de la razón. Un arte que motive, insinúe y multiplique. Un arte para convivir a solas. Un arte para convivir con todos. Un arte para con-saber, co-crecer y con-llevar.

Queremos un arte nudo, virgen, cristalino, araguaney. Paradisíaco, galáctico, motriz. Salvajemente manso, sin harapos. Muy descaradamente azul marino. Campana, pájaro, caballo, sueño. Playa, niño, arco iris, girasol. Un arte greda, vida, vino y pan. Bandera, puerta, asilo, ventanura y ventanal. Alegremente loco. Forzadamente cuerdo. Silenciosamente espejo. Aguerridamente ladrador. Un arte mástil, proa, timón y timonel. Un arte rastro, rostro, estrella o estelar. Un arte lluvia, trueno y tempestad. Un arte montañoso, resonante, inacabado, vasto, centelleante. Herbáceo, candente, aluvional. Singularmente brioso, barragán. Crepitante en tristumbre y vendaval. Disyuntivo, angustiado, peculiar. Un arte anhelo, adviento, atajo, afán. Sol en solemne agosto en soledad. Inagotablemente fraternal.

Despertador, filántropo, ecuménico. Dionisíaco, cósmico, apolíneo. Paisajístico, cáustico y orgiástico. Real, histórico, escolar, puntual. Un arte vaticinio, adivinación. Telúrico, genuino, plurisocial. Poético, consciente, sabio, pastoral. Permanente, heterónomo, omnicomprensivo, omnicontextual. Orgánico, preciso, concreto, proposicional. Autónomo, silvestre, ilimitado. Perfectible, frutal, equinoccial.

Un arte irrefrenablemente plástico. Vigilia y resplandor en espiral. Kaki, Kandinsky, Klee, Quinimarí. Muy orinocamente reverón. Un arte Popol Vuh, maíz, panal. Marcial, candial, guerrero, azul de Prusia. Azul sajón, turquí, azul de mar.

Atlántico, volcánico, auroral. Un arte andino, acción, transformación. Alternativo, armado, tropical. Caribe, aldeano y espacial. Un arte leve, múltiple y holístico. Imagen, barro, alma, fragua, fe. Signo, significado e ilusión.

Visión, fuerza, misterio, subversión. Magia, magma, hojarasca, huracandad. Macho, hermafrodita, semen, flor. Un arte vigilante, duradero. Heroica y plenamente vagabundo. Caballerosamente mensajero. Enteramente lírico, carnal. Sonoramente estremecido en luz. Como si nunca hubiera de morir. Definitivamente heliokinésico.

Un arte a sangre y fuego. A paso largo. ¡Capaz de amar! ¡Capaz de armar la Paz! ¡Capaz! ¡Capaz! ¡Capaz! ¡Capaz! ¡Capaz!

 

PARA RECOGER la rabia y la ternura de los sueños. Para escudriñarle los secretos a las piedras. Para adentrarnos en la memoria de los soles. Para recordar la vida de alguien que se llamó Fray Luis y era poeta. O María Bonita a secas. Para encontrarle los quinientos y tantos sinónimos a eso que llamamos elegir.

Para llegar al corazón del hombre que nos mira desde arriba, de la estrella. O desde abajo, nos grita, nos pide le ayudemos

Para afinarle la guitarra a alguna tarde. Para dar con el nombre esacto de las cosas. Para descifrar la semiótica de las flores, las estrellas, los temblores y los pobres.

Para levantarse a las tres de la madrugada a torear la muerte, llena de una larguísima tristeza con tantos pasos para dar con uno.

Para sabernos vivos todavía bajo el granado trigal de la noche insomne, rumorosa de viento alto y de luceros.

Para templarle la cuerda a la esperanza en busca de un pedacito más de vida. Para burlarnos de las comillas de modo que el plagio siga siendo eterno, consubstancial al hombre.

Para saludar a la nieve allá en Saluggia o recordar que a veces el azul está de luto. Para sentir los taladros de la muerte o las pisadas nocturnas del labriego o los pasos de Dios sobre el planeta.

Para saber que al hombre lo vigila el corazón. Para convencernos que roja será la rosa en el azul del sueño. Para llegar al mar y a tanta llamarada viva.

Para caer en cuenta que calladamente, todo, el hombre va dejando. Para acompañar la vida a sol y sombra, donde sea preciso. Para confiar en la vida repentina o en la dicha de vivir completamente.

Para dar con la lluvia deshojada. Para la soledad, el musgo, el conticinio Para cobijar el soñar de la demencia.

Para la verdad que sólo conocen las estrellas. Para vigilar nuestra rebelde sembradura. Para el fogonazo o la luz total de nuestras cosas.

Dicho entre comillas, para revelar el mundo, el hombre; para protegernos de la muerte con pistolas cargadas, capaces de hacer que cada hombre tenga que inventar cada día.

Para contarle a Manuel Felipe que nadie le canta a la neblina o apenas si se ven las mariposas. Para caer en cuenta de la nada.

Para que el niño de la Tierra tenga al lado de un Platero su guitarra. Para que la ancha pena dolorida se esfume diariamente en la alegría.

Para entonar el sideral concierto del turpial. Para alojar en el alero a la antigua serenata.

Para que a Jara lo lleve una paloma entre sus alas. Para abrirle las puertas a la noche por donde pase la ilusión del alba.

Para que el arco iris vesperal al hombre de la estrella nos remonte. Para que la aurora sea capaz de convertirse en Dios. Y el canto de la alondra instaure la alegría en el viejo dividive.

Para que el arma se deponga pronto y se empuñe la paz de la mañana. Para que cese el cósmico dolor de la galaxia. Para que a tantas guerras desbocadas las detenga un bordón adormecido.

Para saber que está completamente prohibido llorar sobre los vivos y menos aún sobre los muertos.

Para abrazarnos a la Paz desde las barricadas de la guerra. Para prestarle al Comandante su montaña, su sierra, sus morteros; su soledad, su naufragio, sus planos, sus trincheras, sus secretos; su escondite, sus manos, sus portentos; para empuñar fusiles nuevamente.

Para prestarle su mochila, su escopeta, su carabina, su boina, su barba, su estrella, su bandera o arrechera; su revólver, su camisa, guayabera y documentos.

Sus botas, su pistola, su dolor, su ternura, su sonrisa, su tormento y recovecos; su frente, su fusil y sus morteros; su fuerza, su foco, su asma, su garganta y su pañuelo.

Su morral, su memoria, sus veredas; su nobleza, su magia y suerte y comunión y poesía y espera; el tiempo que le falte para una Nueva Era.

Para respirar juntos el silencio del silencio del silencio del silencio del silencio.

¡Para esa Gruta Clara y Luminosa! ¡Toda nosotros, toda violencia, toda muerte!

Para la aspiración. Para la espiración. Para la queja, la aflicción, para el deseo. Para que sople el viento blandamente.

Para respirar el aire que quedó en la infancia. Para juntar todos los pasos y oír la algazara de los sueños. Para los silencios de las sombras que esconden a su Dios. Para el azul que ennegrece en las colinas. Para la aldea sin molinos, para sus casas de cal, sus cafetales, sus veredas, sus esquinas, húmedos de llorar por dentro, de tanto ser testigos.

Para el silencio de la arboleda. Para espiar cada aurora y comprobar claramente que el día no existe, que la noche se apoderó del mundo.

Para enredar las trinitarias con el melindre, la harina y el azúcar del silbido penetrante de la flauta pequeña de los ángeles. Para cantarle a la fogata. Para la serena mirada de la abeja en medio de la plegaria de la violeta y el responso de la araña. Para ese párpado de hormiga que apenas somos.

Para el letargo de las horas, donde yacen el alarido, la conciencia, las carnes vulneradas.

Para despertar a latigazos el silencio.

Para los estambres, las astillas y estallidos.

Para estrenar truenos, trenos, trinos, tiros,

franjas, fraguas, fragores, fogonazos

 

DESCIENDE POR FAVOR a sus entrañas
verás que el corazón de los poetas
es un injerto de desierto y luna

Amigo de la sombra y sus caudales
de la sombra difusa de la muerte
de las maneras de morir al día

Revelarás el Triunfo del Poeta
Saberse polvo polvo enamorado
                          velando a pensamiento desatados

 

HICIMOS LA MOCHILA y nos volvimos vagabundos
Apoyamos las palabras sobre la sangre
Cargamos los dados en la apuesta
Arrestamos al viento al sol las mariposas

Supimos del alma del silencio
de la piedra que alguna vez fue estrella
del sagrado terror de la locura

Fuimos un retrato del alma de la tierra
Dejamos pasar la noche por encima de nosotros
mientras las islas no se cansaban de bañarse

Nos hicimos a la lluvia
Rompimos alfileres paraguas y repisas
Inventamos ratos penas alegrías y tardanzas
Echamos un vistazo al mundo

Nos provocó quedarnos solos en la tierra
Faltó ponerle trampas a la muerte

 

MIRAR EL HORIZONTE sin hacerle caso
Saber del hospedaje del silencio
mientras la muerte nos espera un rato
mientras la tarde se despide lenta
mientras la noche hacia la selva viaja

Hacer caber a Dios en un dedal
al Sol en el ojo de una hormiga
al mar en los labios de una perla
mientras la luz ensimismada duerme

 

VIVE FUERA DE SÍ o muy adentro
Sabe el tamaño exacto de la pena Conoce el lado oscuro de la rosa
Y la terrible majestad del pan

De lumbre en lumbre en orfandad suprema
-hijas de los trigales y las piedras-
Su cólera y ternura vagando andan
Por campos farallones y veredas

Vigilia del asombro detenido
Marchándose de prisa sin moverse
Estatua en soledad en estampida

Remontando hacia adentro de la lumbre
Entre umbrales abrojos y neblinas
Subterránea fuente al descubierto

 

NUNCA CONOCEREMOS LO DESCONOCIDO. La última realidad nos será vedada. El uno exige el dos. La forma es el color. El paisaje solo existe en la naturaleza. La ruptura proviene siempre de alguna huella del camino. Una línea, tres, bastan para hallarle el alma a alguna tarde, el aroma a un asombro o el gemido, la pena, a una nube. ¿Es preciso saber el nombre de los hombres? Oír al hombre basta. Su nombre dejémoselo al viento. Uno más engarzado en la alambrada, vibrando en el camino. Líneas, formas, articulaciones, andamiajes. Un cuadro llama al otro. Un asomo reta al otro. Una línea sigue en las otras. Un color flotando más allá del último horizonte. Línea a línea téjense los astros, brotan los contornos, los perfiles, los relámpagos. Dibujo tras dibujo, de mar en mar los frutos de la tierra tras el fuego. En regia fila las líneas, las planicies, hondonadas, muchedumbres; figuras, quiebres, caos, cosas. Isócrona geometría en onírica resonancia. Vestigios de insomnios, desfiles de enigmas, claridades, sombritudes. Luz, música interior. Génesis, memoria vegetal. El cuerpo del secreto, de la luz, el mundo de los símbolos; lo obscuro de las sombras, lo visible del misterio, los tejidos del alma; el claror del sueño, el fuego musical, el principio del encanto. Océano, musgo, rompeolas, eternidad. Vacío pleno de inminencias, intersticios. Temblores, filos y fisuras. Entrañas, crujientes hendiduras. Crecientes, pliegues milenarios. Archipiélagos, orilla pura, noche diluvial. La última realidad nos será vedada. El uno exige el dos. En orgiástica pasión, el hombre deambula. El clamor del hombre, su alarido, su gozo eterno, su asombro inextinguible, el vino, el himno de la vida, itinerario, término, confín.

 

DEJAR CRECER EL VERSO el amor la rosa la vigilia la vida el juego y el abrazo no hay qué podar la paz extasiarse asombrarse ser lumbre vino juego trashumancia ver a Dios desnudo sin hacerle caso uno no sabe si lo oyen las estrellas las piedras por la noche a solas vuelan en cada cuarto oscuro sombra insomne habrá algún árbol donde nadie llegue un horizonte que el hombre no alcance un hombre encuandecido un frailejón en niebla entelerido una ceiba una sombra envejecida donde viva la lejanía

 

GRABAR EL SUEÑO entre los árboles desentrañar los secretos al asombro estar en el centro de la vida de por vida tener mucha imaginación para ver la realidad asumir absurdos enigmas laberintos y zozobras perpetuar la gloria del mundo en un grano de maíz mantener la espada en la trocha que corresponda abrir compartir la luz al mismo tiempo que la noche oscura encender lámparas en el túnel de la infamia enloquecida empuñar las manceras del arado en el lugar apropiado en el momento apropiado y en la circunstancia apropiada

 

CONTAR LAS COSAS increíbles como si fueran ser lámpara en la noche de la aldea sin aldaba sin llave sin silbido reconocer nuestro sueño entre la luz de los postigos hasta bajarnos de la sombra y encontrar otro insomne en el camino

 

FRESCA, PRONTA, ALEGRE, cabizbaja. A veces agridura, dulceamarga. A ratos torpe, en fuga pensativa. Sorpresivamente alada. Reciamente atuendo. Oscuramente lumbre. Breve lechuza lujuriosa. Temblor, magia, pluma, serranía. Alegría, música, amanecer. Incandescencia, revelación, azar. Buena, próxima, lejana. Larga, corta. Misterio, cercanía. Alba, sol, rocío, penumbra, nieve presurosa. Estrella, ala, gemido, canto, trino. Collage, arte, poesía. Alborozo, secreto, fracaso, marcha, contramarcha, triunfo. Ángel, vuelo, lecho, pan. Hosca, difícil, comprensiva. Latido, danza, pas de deux. Camino, raíz, ramaje, savia, canto, nido. Aleteo, presagio y aventura. Rescoldo, llama, hoguera. La mentira, la indolencia, la verdad. Súbitamente viva. Humanamente cierta. Airadamente tierna. Nocturnamente yendo. Quehacer, destino, enigma. Lo que sucede, sucedió o ha de suceder. Desnuda levedad a ras de suelo.

Sueño, juego, paso, triunfo, resplandor, asombro. La forma en que acontece el tiempo, el otro río. El modo en que amanece el hombre. La forma intrincada de los sueños. La manera de llevar las horas. De llevar los días. De llevar la sombra. Sed de abrazo y vuelo. En vuelo al sol de la noche, al corazón de la oscuridad, para amanecerla en luz. Semilla, lucha, siembra. Hasta el último segundo, el último rincón, el último lugar. Esperanza de fe plenificada. Furiosa tempestad de noche y día. Es la arena enredada entre las olas, el mar que se desborda sobre el risco, feliz morada del soñar antiguo sobre el azul espejo de las aguas. Es la mirada de la noche en vela, el paso de los duendes sobre el mar, el relente susurro de los árboles, la sal, la espuma, el sol, las madrugadas

Lejana, silenciosa, larga sombra. Alta vigilia, rastro de la tierra. Bramido sordo de la parda luz. Ventanas, goznes, muros, quemaduras. Clamor del hambre, grito poderoso. Infinita orilla, aire detenido. Sagrada apuesta, vengativa luz. Paloma, caracol y compraventa. Feraz, gloriosa, repentina, ilesa. Íntima soledad amenazada. La línea precisa del abismo. Para llegar a tientas a la nada. Desde el morir al no morir viviendo. Del otro lado de la sombra en luz.

Luchar. Atravesar. Desafiar. Resistir. Sobrevivir. Jugar con la muerte. Ensayar continuas eternidades.

 

JIRÓN DE PRADO, nube pura, sol perfecto, casa y universo y clarinada. Jungla de sueños, jaspes arrojados. Jaula de cristal, hembra jadeante. Juego de garza, junco en la alborada. Jovial esencia. Jubiloso asombro. Hurganza sintiendo el chasquido de los pasos. Insomne noche rebelada. Magma imaginario. Alarido. Angustia, crispación y grito. Vacío pleno de inminencias, intersticios. Filos y fisuras del mundo y del lenguaje, hendiduras. Configuración del inacabamiento, ruptura momentánea, pasajera pregunta, ligereza de sílabas girando. Conjuro de la selva, compromiso, riesgo, desafío, soplo de aire, poder de creación. Agua clara, rayo, ciego asombro, sol, susurro de semilla, fluir inagotable del murmullo. Génesis, memoria vegetal, larga sombra de cópula y prodigio, fraternas potestades del insomnio. Apoyada sobre el puente, sola y de pie, en la larga noche insomne. Forma de vida, asombro deshojado, algún día oficio de los hombres. Bandera del milagro, borde de la luz, torre de paz, lágrima del mar, espuma de la noche, temblor de espuma, piel de sol enfurecido, piedra de los dioses, sueño de la piedra, piedra de los sueños, fecunda entraña de la luz. Vasto rumor de plumas, adentro en la espesura. Andadura, pasturanza, festín de sombra y llama. Plato de aromada miel. Idilio, diosa aparejada, milagro del insomnio, azul tormenta desatada, en la nochumbre, a vista del rocío amanecido. Blanca palomica en soledad herida, en uno de los ojos de pronto reclinada. Flujo y reflujo en comunión altiva. Relámpagos de sombra, adelantándose a los designios. Crepúsculos desangrados al borde del ocio.

Hondas navegaciones. Larga quemadura, pávida voz, diadema planetaria, hecha toda de cólera y ternura. Gira, sube, baja, se detiene; estremece, vuela y vuelve. Viene de la nada. Viene del sueño. Toca tierra. Lleva sonidos de metales, de sangre, amor, huesos, nervios; de hambre, guerra, horror, pavura. Conoce el canto de las aves, el silencio del paraguas. La melancolía del guanábano. El sitio del silencio. Las alas de la noche y de la lluvia. El gemido de las nieves. Las voces de la sangre. El paso de los días. El regreso del sueño. El rastro del celaje. Su grito de cigarra navega en la muerte y se cuida de lo vivo. Ronda en soledad por muchas albas. Sale de su envoltura para asombrarnos. Un querer apoderarse de los sueños de las cosas, de las luces de los pájaros. Rebelarse contra la muerte bochornosa. Poner las cosas en su lugar, los signos en su lugar, las pausas en el suyo. Asombrarse de tanto ayuntamiento cósmico entre los seres, objetos y conceptos. Ir tras la polvareda del aire, las voces de la luna o de la lluvia, la flora del variado enigma. Llegar al interior del hombre, a la mejilla curtida de la tarde. Cambiar la historia. Amar la tierra y amar al hombre. Alumbrar los montes por las noches, alumbrar los montones de hambre a la intemperie. Preguntar por la alegría. Seguir preguntando. Rescatar todas las preguntas de los otros. Preguntar por la rosa sin subvertir la rosa. Preguntar por los juegos, por los niños, por sus risas.

Salvar las preguntas de los niños para que el hombre no pierda jamás su asombro. Nombrar la libertad. Inventar la vida en lo alto de los árboles para salvar los pájaros de la tierra. Encender el fuego. Morir cantando. Vencer la muerte. Sacudir asombros. Esparcir los altos sueños, la fuerza de los ríos, el color de los pájaros, las canciones, las hierbas de las tardes. Devolverle vida a la tierra, color al arco iris, alegría bullanguera a la lluvia. Andar rompiendo cercas y levantar en su lugar enredaderas de jazmines que convoquen el aliento del hombre hacia su destino cósmico y vegetal. Dar con nuevos alumbrajes. Participar en la fiesta de la vida. Preparar un manjar que alcance para todos. Ver morir a la gacela bajo los tamarindos. Vaticinar, profetizar, bucear en las tinieblas de los tiempos. Clamar contra la impiedad, la opresión, la codicia, la crueldad. Arrullar, despertar, mecer, golpear, gritar, empujar. Medir, valorar. Saber bien dónde hay barro, en qué lugar hay sangre, dónde queda la razón y dónde la justicia o la injusticia. Invitar al sol. Encender la luz. Profetizar contra los explotadores, los embaucadores. Interpretar los remolinos. Expresar al pueblo. Avivar el fuego. Sumar la voz al coro. Fundir los versos en acero. Amarrar el viento viejo. Construir la nueva levadura, el nuevo pan: la paz, el lauro, la memoria. Con la primavera, caminar al mercado entre panaderías y palomas. Dar socorro a nuestros sueños, más allá de cruces, lenguas, misterios, milagros o lejuras.

Despertar la nueva madrugada. Entre dioses, manglares, árboles y piedras, con las enredaderas, los torrentes, las cerbatanas y todos los azules y caminos, agregarle estrellas a los cielos, despiertos con el despertar del viento, a libertad por todos los caminos. Enterrar la muerte. Inventar la sombra. Abrirle los postigos a la noche. Cerrar los ojos a la luna. Dar con el árbol del primer camino. Con la vereda que nos vio salir. Tomarle el pulso al hambre. Saber del diapasón del pobre. De las creencias de Dios y sus costumbres. De los rituales del viento y sus cofrades. De la imagen horrenda del futuro. De la luciérnaga y su antiguo enigma. Saber de la escritura de las piedras. De la alta transparencia de los mudos. Del colosal silencio de los grillos. Tantearle a los sueños sus luceros. Conocer las entrañas de las hojas. El corazón del bosque y sus vitrales. El páramo, sus cuitas y plegarias. Desenterrar el misterio de la rosa. Ahuyentar la sombra y sus reveses. Escapar del ladrido de la calle. Del hosco muñón del peregrino. Del puñal que en la acera nos espera. O del barco que acecha nuestras costas. Dar con el ámbar del primer arroyo. Traspapelar la terquedad del lunes. Aullar juntos delante de los cielos. Escucharle al pobre su alarido. Compartir esperanzas con el árbol. Expulsar el despojo mutilado. Ser libres así el fuego nos cercene. Quitar algunas comas al crepúsculo. Ver la noche sin que nadie contradiga. Eludir la risa ensangrentada. Dar con una migaja de soledad marina. Atravesar, siempre a la intemperie, incertidumbres, agonías, interrogantes y tragedias.

Dar forma al vacío de modo que éste sea posible; ojos al poema para que pueda cruzar la calle; alas a Dios para que pueda llegar al hombre. Robarle sin que sepa una sonrisa al sol en la arboleda. Cruzar, no la aurora, sino el alma en que ampara su soñar. Ventilar, aupar, asolear la eternidad cada día. Verse en el cielo gris, en la trémula víspera del júbilo. Escuchar a la soledad y dirigirle la palabra. Llegar con los ojos abiertos a la mirada final. Contar con la vigilia para el día. Con porvenir para fraguar enigmas. Pedirle a la luz que nos espere. Reprocharle al alba su tardanza. Correr el peligro de la vida. Abrazar el asombro de la muerte. Cantar, arder, huir, como un campanario en las manos de un loco. Sentir el golpe de agua dura y recogerlo en una taza eterna. Hablar consigo sin saber con quién, deshojando el silencio de la altura. De alguna manera decidir dónde plantar los árboles, de nuevo. Recibir en el alma las manos temblorosas de la lluvia a plena luz, camino de la sombra. Defender la luz del mundo. Ver los árboles. Oír los pájaros. Caminar entre la gente y saludar al sol profundo que brilla en el corazón de los humildes. Mirar el llanto oscuro que hay al fondo de todos los rincones. Verse en el que tiene más de mil años de pedir pan y sueño, en el que no tiene camino que seguir, en ese corazón asomado al espejo de sus enigmas. Detenerse a la orilla sangrante de una lágrima. Acercarse a los que sueñan o sollozan, o tienen hambre y sed bajo el cielo. Adentro de las pequeñas casas de cartón, escuchar el sonido de las lágrimas.

Dar con la definitiva claridad del hombre. Saber cuándo, con qué fuerza, de qué modo asumir nuestro destino. Irse noche abajo perdido entre las piedras y las flores, entre las sombras y las nubes. Limpiar el poder cuando corrompa. Vigilar mientras todos duermen. Unir lo posible con lo imposible. Mantener abierta la palabra. Sacar la flor de las cenizas. Llevar el infinito a cuestas. Salirle al paso a la mirada. Alentar todas las formas. Alumbrar la maravilla. Encender relámpagos. Asombrar al tiempo. Descubrir el secreto. Sentir las sombras. Fundar los sueños. Salvar al hombre. Amar al viento. Decir verdad. Seguir puntualmente al sol. Sentarse en el lugar del hambre. Acordarse del viaje hacia la sombra. Mantenerse como un latido. Llevar a peso las palabras. Reinar sobre la muerte. Revivir cada día. Salvarse juntos. Festejar la vida. Cambiar la vida. Transformar la vida. Hacer más vivo el vivir. Llegar vivos a la muerte. Dar con la antigua trocha de la paz. Salvaguardar al hombre que florece, la lumbre lubricante de la piedra, la huella que nos lleve. Sentir la muerte girando en los talones. Sentirla girando en los Guantánamos. Sentirla cagando en los hambrones. Hacernos solidarios. Morir de asombros. Descargar nuestros almácigos. Dar con los sueños que inventamos. Vivir mientras el alma nos suene. Morir cuando la hora nos llegue. Ver regresar la primavera. Pasar a tiempo la palabra. Rebelarse contra la muerte. Florecer sobre la tumba. Querer hacer corpórea la nada -estupor encarnado, relámpago que te ladra y se apaga, furiosa pasión por lo tangible-. Ser a través del otro. Partirse y abrirse para el otro. Desgarrarse con y para el otro, ser.

Recoger la palabra. Reverenciar el silencio. Convocar la palabra del otro. Una palabra liberada, purificada, primordial, esencial, resolutiva, signo del ser, una palabra-ser. Indagar, buscar, inventarle explosiones a la palabra. Darle rienda suelta a la palabra. Que la palabra revele el porvenir. Palabra por palabra, decir lo que pensamos, con la seguridad del sabio, la transparencia del niño o el alarido de los locos. Reconocernos al encontrarnos con la palabra. Sacarla del baúl de nuestras vidas para empezar a compartirla, adulta, fraternal, con el soldado, la patria y la arboleda. Rasgón, terrazgo, espada, triza, tajo; cópula, ramazón o ramalazo; las palabras compiten, competen y complotan. Únicas capaces de recuperar al hombre, aventar la noche, inventar el sol o convocar al vino. A pesar de la miseria o la grandeza humanas, cañas pensantes todavía, crédulos o incrédulos, tímidos o temerarios, ángeles o bestias, antes que confesar nuestra impotencia, hablar de una vez para mañana. Pronunciar la palabra decisiva que la vida y la historia nos vayan enseñando. Envueltos en subversiones y versiones, marchas y contramarchas, dar con la palabra necesaria. Confirmar que la civilización no es más que una injusticia armada. Que la poesía es una insurrección. Que el poeta no se ofende porque le llaman subversivo, cuando le dicen insurgente. Decidirnos por la libertad de la palabra, hasta hacerla timón en nuestras manos, frente al vendaval, la noche y los dioses que nos cruzan, confusos y ominosos. Enseñar la palabra al hombre que llora, hambriento, cabizbajo, en su bravura.

Lugar por excelencia de lo humano, en la palabra vivimos, nos movemos y somos. Como la patria, en desdicha, en hechura o en deshonra, en ella gime, vive o sobrevive. Hacer buena la palabra. Hacerla voz, viveza, arado; lengua, paz y pueblo; combate, libertad, salario; amor, vida y arte. Arte subversivo. Violación de límites y paciencia represiva. Rebasar lo permisible. Transgredir lo decible. Asumir la razón poética, en creación, asombro y maravilla. Concebir la magia de la estirpe o raza, su visión real, irreductible, ineludiblemente misteriosa, amarga, mortal o vengativa. Palabra en alto. Y la victoria crecerá despacio como siempre han crecido las victorias. Videntes, alucinados, intermediar la fuerza oculta. Jugar a la paz con el soldado o con el niño que nos reta, vagabundo. Recobrar, antes que la pólvora, la palabra, su encanto germinal, su magma, su hermosura, su historia, su legendaria esquina, donde espera, acurrucada, el hambre, en miseria cobijada. Asistir al combatiente, en cárcel, en rincón, enfurecido. Hacerle conciencia conflictiva, desgarrada. Empuñarla, fulgurante, solar y duradera. A favor de la apuesta, la batalla y la final victoria. Palabra en mano, volear la pródiga semilla sobre el campo, el hermano y la pradera, en sincera alianza, tras un despuntar de claras madrugadas, de gracia, paz y vida nueva. Palabras y más palabras, cataratas de palabras. En la distancia del futuro, el vuelo de las palabras, rebeldes en el tiempo y al olvido refractarias. Cuesta arriba, cuesta abajo, las cosechas de palabras, buidas y aceradas, por las sendas urticantes. ¿Hasta cuándo la calificación de las palabras?

Alma arriba, alma abajo, meridiano esclarecido de nuestras ansias refulgentes. Lejos de tantas patochadas; lejos de perlas, monjes, molinos o castillos; de confundir caballo y hombre, pueblo y pólvora; lejos de diferenciar fusil de patria, vino, oficio, trago y trigo; vida, misterio, alma y poesía; dar palabra, corazón y mano; empeñarlos, cruzarlos con el hombre, sus asuntos y sus sueños, manteniéndolos en pie de guerra por la paz o el pan que hagan falta. Frente a una palabra enmascarada, fantasiosa, una clave, articulada, lujuriosa, pertinente; una palabra activa, digna, apasionada, certera, cruda, furente, fehaciente, empuñada, insomne, verdadera. Una palabra que golpee al mundo y acompañe al hombre. Urgida, llameante, inextinguible. Adecuada al enigma universal y al majestuoso corazón del hombre. ¡A pulso de vinagre, vino y júbilo! La palabra sólo es. Tenemos que fluir con ella. Entregarnos al momento. Dejar que como el vino ocurra. Escuchemos los relinchos de la noche, conozcamos las lluvias subterráneas y sepamos para lo que sirve una flor, una hamaca, una colina. Atisbemos un poco la rendija para ver cómo se asoma el hombre. Abramos la trocha que nos lleve al hombre, al mundo, a la muerte o a la vida. A proteger al pueblo con palabras. A presenciar todas las agonías. A ser labriegos de nuestra propia voz. Somos la palabra que está naciendo, la misma que se detiene y volcará como campana su acero y su sonido hacia todas las mañanas. Basta un lucero para que haya noche. Basta un quejido para que haya día. Demos forma a lo invisible. Palabra sola, labra nuestra paz. Ordena el espesor de la tardanza. Amartilla tú sola nuestra espera.

 

ENIGMA SOLAMENTE

Ay del que piense que puede la poesía ser entendida. Sombra antigua puede ser la más cercana y almácigo el horizonte más sentido. La queja de mujer sobre la arena, el grito del hombre frente al mar o el mar en fuga apenas. Escuchar vivir la muerte, el soñar de la cigarra en celo. Las armas de la noche, los ángeles en vela. El oleaje, una mujer que sube y llega. La paz de las aguas, la gaviota en guerra. Sabor de virgen en la amante, el agridulce en cierne. Costa desierta, el viaje que regresa. Antigua costa, el limo original de lo viviente.

Ay de quien piensa que la poesía entenderse pueda. La sombra de la llama, el corazón de pie. La loca sombra, la última sonrisa. La embestida del rayo, el arribo del amor. Soledad sonora, claridad candente. La del pájaro en el árbol lluvia al hombro. Dulce rosa, la canción del desvelo. Risa grana, unos ojos verdes. Campo sin nombre, el desierto corazón. Mayo crudo, en acecho un almendro. Sueño del agua, rosa del cielo. Alma bien podada, una flor mujer. Rosa desnuda, tú en mi cuarto plena. Mujer desnuda, el alma en noche encuandecida. Verdad desnuda, quedarse eterno, muerto. Desnuda estrella, la costa del ocaso. La desnudez, la gracia, el agua, el alma.

Ay de aquel que piense que la poesía sea entendida. Viento ardido, el sol rosa y puro. Viento alegre, el canto del riachuelo. Manso viento, el alma en pena. Viento de amor, la maravilla que se tiene. Torre abierta, el mundo en sueños. Placer eterno, la noche de tu rosa. La negra, ciega, sorda, antigua sombra. Alto abril, alta vigilia, lejana, silenciosa, larga sombra, nocturna sombra sola, nocturnamente yendo. Aprendizaje eterno, el secreto infinito de la muerte.

En verdad, en verdad, la poesía no se entiende, Se pierde o se gana. Es un relámpago, lluvia de palabras silenciosas, bosque de latidos y esperanzas. Presagio, peligro, miedo. La luna con gatillo. Cambiar al mundo de una vez. Justicia elemental. Arañar hasta rabiar. Sonreír debajo de los árboles, aligerar los ríos y los soles. El periódico con sangre igual que de costumbre. El amor, la muerte, la redención del hombre. Enigma solamente. Estancia sin salida. Lugar vacío. Espera ciega. Imposibilidad feroz de lo posible. Aúpa el sufrimiento armado, mientras amaga un golpe que nunca inflinge.

Ay de quien piense entender la poesía. El río en la mar, el hombre en duelo. El gran dolor, el hombre, poseer la tierra. El hombre pequeñito, de papel. Renacer, entrenacer, piedra, viento, ola, fuego, hombre, vida verdadera. Hombre solo, simple niño andando. El amor, la muerte, la redención del hombre El hombre, el cuerpo, un volumen, un sistema, una máquina, un mapa negro, un hueco negro, sin tierras, sin ojeras, gesto reflejado; arrastrado por el río, dolorido, en la arena sepultado, más allá una frente, un brazo, el pecho; un remolino de plumas, un aullido, una humedad morada, asoleada cuerda. Cuerpo divino, de Dios abandonado, llama anaranjada, luz negra, arena quemada, por el muro, a lo largo del muro, hierve, sangra, cayendo, uno a uno, serpiente ondulando, aullando, reverso de la luz para medir la exactitud del agua. Cada hombre contiene una palabra retenida en el interior de su pupila, un canto inexprimido que ha entrelazado en su garganta un torrente de suspiros. Pasto de perros y de aves, somos hombres calcinados, cortezas vacías de lo que antes éramos.

Agranda, Enigma, tus portones, entraremos, de cabeza contra el dolor, contra la muerte, fuego encendido contra la noche oscura, sombra antigua que a las costas de la divina antigüedad nos ata.

 

BIBLIOGRAFÍA

MORA, Pablo. A coro en el asombro, Antología, San Cristóbal, Táchira, Venezuela, Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, Nº 171, Serie Universitaria BATT - UNET, 2000. 251 pp.

___________ Sombra Antigua, San Cristóbal, Táchira, Venezuela, Premio Nacional del Libro de Venezuela 2005 / Poesía, Colección Dragones de Papel, Nadie Nos Edita Editores, 2005. 117 pp.

TARACIDO, Marcos. Artes poéticas. Pablo Mora. http://artespoeticas.librodenotas.com/categoría/Mora-Pablo

 

© Pablo Mora 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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