Espéculo

  Reseñas, críticas y novedades

 

 

Maria Teresa Serafini

Cómo se escribe

    

 

Josep Hernández Ortega
Colegio Internacional Lope de Vega
josehernandez@lopedevega.es

Esta obra es un excelente ejercicio didáctico de recopilación, clasificación, análisis y puesta en práctica de los principales mecanismos de elaboración de cualquier producción escrita en sus más diferentes realizaciones y necesidades. Serafín destina este estudio no únicamente a los estudiantes de grado medio o universitario, sino que también los invita «a ejercer de críticos literarios», haciéndolo también extensible a todos aquellos «profesionales que tienen que redactar textos en su trabajo […] y a todos aquellos que deseen mejorar su propio modo de escribir».

Desde el punto de vista estructural, Cómo se escribe se enhebra en tres grandes bloques: la preescritura, la escritura y la postescritura. En la primera de ellas, Preescritura (páginas 19 a 128), la autora nos muestra los diferentes mecanismos metodológicos que contribuyen a combatir el horror vacui del folio en blanco o la carencia o exceso de ideas que resultan inconexas en nuestra mente. Para ello, sistematiza la producción escrita desde dos ejes, el del formato externo (en referencia al título, la extensión, la presentación, el tiempo a dedicar, el tono, el destinatario…) y el de las ideas propias. Este último apartado es el que resulta más prolífico, puesto que podemos obtener ideas iniciales a partir del uso de mecanismos como la elaboración de listas de ideas, el racimo asociativo y el flujo de la escritura, donde la necesidad imperiosa no radica en la meramente lingüística, sino en la cuantitativa en ideas, sobre las cuales generaremos ideas relacionadas mediante una serie de parámetros que nos ayuden a obtener el elenco de ideas derivativas de nuestras primeras ideas. Así, Serafini opta por los mecanismos de la analogía, la contrariedad, la causa, la consecuencia, la procedencia, la sucesión, la generalización, la ejemplificación, la búsqueda de tipologías, la experiencia personal y la experiencia de autoridades como base de la generación de ideas que constituyan el grueso antes de comenzar a trabajar. Es a partir de este momento en el que se poseen un buen grueso de ideas cuando podemos comenzar el tercer estadio de la disposición ideológica, el de la clasificación y estructuración organizativa de éstas a través, principalmente, de dos recursos:

- Mapa: resulta el esquema gráfico que manifiesta sobre el papel la relación entre ideas. No permite una distinción progresiva de éstas de mayor a menor, puesto que nos facilita la articulación del discurso. De este modo, dispondremos de un buen número de ideas en un primer nivel e iremos concatenando ideas progresivamente evitando errores como la disposición de excesivas ideas en el primer nivel, la disposición de escasos niveles afines, la asociación de ideas con escaso vínculo o la desigualdad entre la cantidad de ideas de gran afinidad delante de un escaso número de ideas poco afines.

- Esquema: constituye el último estadio de la preescritura. Dispone las ideas en un orden jerárquico que se reproducirá posteriormente en el texto para así asegurar la organización de las ideas según su relevancia. Hay que evitar caer en errores como:

(a) La elaboración del esquema sin tener ideas.

(b) Decidir el orden de presentación de los detalles de un bloque antes que la estructura general del texto.

(c) Prever pocos niveles jerárquicos.

(d) Disponer demasiados bloques en el primer nivel.

(e) Unir ideas carentes de una relación jerárquica.

(f) Construir un esquema desequilibrado.

Desde el punto de vista textual, Serafini comienza su análisis del texto a partir del párrafo como cuerpo principal de todo hecho escrito. Así, en una primera constitución de la tipología textual del párrafo, la autora nos presenta los diferentes mecanismos que nos van a permitir comenzar un párrafo entendido éste como manifestación enhebrada y organizada de todas las ideas y esquemas de éstas que hemos hecho en la fase de preescritura. De igual forma, a la hora de finalizar nuestro párrafo, también podemos recurrir a los mismos mecanismos que nos han permitido iniciar el párrafo como ente constitutivo del texto. Para ello, tanto para el inicio como para la conclusión del mismo, Serafín nos propone la síntesis, la anécdota, las breves afirmaciones, las citas, las preguntas o interrogantes y la analogía como mecanismos base a partir de los cuales podamos iniciar o concluir el párrafo.

A la hora de afrontar el intrapárrafo, Serafini generaliza de la frase a la palabra, esto es, de mayor a menor cuantía. Desde el punto de vista estructural de la frase, la autora nos destaca que:

El uso de la hipótesis (o subordinación) se considera más culto y adecuado a la prosa argumentativa de tipo literario, filosófico, histórico, jurídico o artístico; en tanto que el uso de la parataxis (o coordinación) [1] se considera típico de un estilo ingenuo o primitivo.

Si bien nos remite el uso paratáxico a diferentes estudios lingüísticos que demuestran que este uso responde a «un largo trabajo de simplificación y dominio de las relaciones entre las frases» (p. 185). A partir de ahí, la autora nos desglosa ese dominio lingüístico no únicamente atendiendo al estudio fraseológico, sino también ortográfico, sintáctico, estilográfico y léxico. Algunas de estas las especificaciones las veremos a continuación.

A la hora del análisis de la coherencia fraseológica, los mecanismos de economía lingüística apuntan hacia usos del que favorecen el uso de:

- Proposiciones subordinadas explícitas mediante conjunciones causales (porque), conjunciones concesivas (aunque) o locuciones conjuntivas causales (en la medida que).

- Simplificaciones de las proposicones relativas.

- Proposiciones subordinadas implícitas a través de dos mecanismos: el uso del participio pasado y del gerundio. Veamos algunos ejemplos:

Las ruinas de la zona no han sido restauradas. Esta situación hace sospechar que faltan fondos (16 palabras)

Las ruinas sin restaurar de la zona hacen sospechar que faltan fondos (11 palabras)

El dentista hacía esperar mucho rato; este hecho ponía nerviosos a los pacientes. (13 palabras)

El dentista ponía nerviosos a los pacientes haciéndolos esperar mucho rato. (11 palabras).

- Uso de sustantivaciones verbales y adjetivales.

- Mecanismos complementarios como la utilización de complementos y la coordinación de elementos.

Tras el estudio fraseológico, la autora italiana nos adentra en el repaso de diversos factores lingüísticos, ortográficos y léxicos de este proceso, aplicándolo tanto al párrafo en general como a la palabra en particular. En este gran repaso, Serafini resuelve -gracias a un minucioso repaso- los aspectos susceptibles de entrar a la duda lingüística. En este sentido, es de especial atención particular los usos pronominales creadores del leísmo, laísmo y loísmo, así como el cambio de número de vocablos extranjeros del tipo: chalé > chalés, esmoquin > esmóquines, clon > clones, eslogan > eslóganes. Asimismo, es muy útil la visión del apartado dedicado a la acentuación, que parte desde las normas básicas hasta la acentuación diacrítica y sus usos habituales como diferenciador significativo. Otros aspectos que se analizan en este apartado lingüístico son los usos incorrectos del gerundio, como también los efectos del dequeísmo y el queísmo. Por lo que respecta a la puntuación, el análisis general sobre los estilos puntuales se concreta en una visión concreta de la utilización del punto, la coma, el punto y coma, los dos puntos y todo el conjunto de signos (puntuación, interrogación, etc.) que conforman las marcas de tonalidad y velocidad del texto.

Un último punto de este proceso de escritura es el que se dedica a la selección de aquellos términos y palabras adecuados a cada tipo y momento de escritua. Así, la relación de la producción escrita en relación al uso del diccionario no pasa inadvertida para nuestra autora, puesto que nos ofrece una serie de mecanismos para mejorar nuestro escrito, como también para mejorar nuestro propio léxico. Estos objetivos pasa, por ejemplo, por una abundancia -controlada- de palabras en nuestro propio vocabulario, de forma que se intentará no incurrir en un excesivo uso de anacronismos (del tipo de frases hechas y aforismos caídos en desuso), así como en el número de repeticiones de nuestras palabras gracias a la utilización de paráfrasis, sinónimos y circunloquios, si bien es cierto que tal y como destaca la autora:

«el uso de informaciones relativas o paráfrasis para evitar la repetición de un nombre es desaconsejable en todos los casos en los que la preocupación principal es la creación de un texto fácilmente legible.» (p. 313)

Para finalizar, el último estadio correspondería al proceso de revisión y corrección después del hecho escritor. En él, se ha de prestar especial atención al control de los elementos plasmados sobre el papel. Serafín apunta al orden de los elementos y al del control de la coordinación de verbos de régimen distinto así como los elementos correlativos desde un punto de vista lógico. Esta revisión a posteriori se inserta dentro del proceso selectivo donde además se procede a la eliminación de términos superfluos como los pronombres relativos, dobles negaciones como también las expresiones burocráticas. Un último apartado es el destinado a los convencionalismos establecidos a la hora de las notas a pie de página, citaciones, bibliografía y presentación formal del texto.

 

Notas:

[1] En ambos casos de esta citación -correspondientes a la página 185- , la cursiva es nuestra.

11/08/2007

 

© Josep Hernández Ortega 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero36/comoescr.html



Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 200