Fatamorgana: Fruslerías de filibustero

Andrés Octavio Torres Guerrero

aot73@hotmail.com


 

 

... la realidad es la transformación progresiva de los sueños; no hay más mundo que el onírico [1].

A veces lo que sueño creo que es verdad, y lo que me pasa me parece que lo he soñado antes... Además, lo que ha pasado no está escrito en ninguna parte y al fin se olvida. En cambio, lo que está escrito es como si hubiera pasado siempre [2].

El pasado no vuelve a la conciencia más que en la medida en que puede ayudar a comprender el presente y a prever el futuro: es un esclarecedor de la acción [3].

Lo que más admiro es lo que he llamado la cantidad hechizada, con la que se logra la sobrenaturaleza, por ejemplo, la visita de Don Quijote a la casa de los duques. Lo que me gusta y sorprende son las inauditas tangencias del mundo de los sentidos, lo que he llamado la vivencia oblicua... [4].

... el lenguaje oculta o difumina sus significados y se resiste a toda descodificación y en última instancia a toda comprensión, pues toda comprensión posible está viciada de lenguaje [5].

... el sentido se impone a través de un pastiche, un artificio enigmático [6].

 

Camino (Flâneur interior, huasipungo dandy, cotero bibliográfico), mientras en el iPod suena algunos temas de Mika, de XXX: MUSIC FROM THINKING XXX, y además piezas de D.J. Spooky en That subliminal kid... y en la maleta, Johann Ludwig Tieck acompañado de Biófilo Panclasta...

Por aquel entonces era recurrente una fantasía que me llevaba horas elaborarla. La situación consistía en lo siguiente: había una compañera de curso, en grado décimo, que me gustaba, y aunque presentía que yo no le era del todo indiferente, jamás le expresé mis sentimientos. Por el contrario, en una clara actitud de estupidez y soberbia, me alejé, demostrándome, y sobre todo “demostrándole”, que ella me era indiferente. Al igual que en la fábula de La zorra y las uvas, “asumí” que “las uvas” estaban verdes; como no pude enfrentar el reto que implicaba hablarle, ni pude concentrarme en el estudio, lo único que intenté fue escapar de ella, del colegio y de todo aquel miedo y miseria que me embargaba. Algunas noches acostumbraba deleitarme escuchando rock; no eran muchos los discos que tenía, pero con esos pocos elaboraba la banda sonora de mi película que podría haberse titulado El desertor, escrita, dirigida, protagonizada y producida por mí. En realidad, más que una película, era un cortometraje de unos diez minutos en el que yo entraba al salón 10-A, interrumpía la clase, saludaba, por supuesto, al profesor y a todos mis compañeros, y les decía que venía a despedirme, ya que esa misma tarde viajaría a Bogotá, para luego radicarme en Helsinki. En ese preciso momento tendría que sonar un piano sugestivo para la ocasión; entonces, mis compañeros, en especial ella, recordarían los momentos estelares que yo les había legado y por los cuales nunca me olvidarían... esa era la manera (in)consciente y, por sobre todo, hiperbólicamente estúpida de procurarme una salida digna de un año escolar que ya lo tenía perdido. A mis catorce años, consideraba que irme a Finlandia era la solución a todos mis problemas.

En aquellos años salíamos a caminar con Ernesto Ágreda por entre calles y memorias. Una de las rutas más acostumbrada era ir hasta la Plaza de Nariño para tomarse algún café en el restaurante Punto Rojo. Ese sitio se constituía en el puerto de casi todas nuestras caminatas. De allí se podía ir hasta la Avenida Idema, pasando por el Zaguán de las Medias, La Biblioteca Leopoldo López Álvarez, el Colegio San Juan Bosco, para luego pasar por un extremo del barrio Navarrete y llegar al Terminal de Transportes. Esos lugares son, y seguirán siendo para mí, senderos que conducen a diferentes tiempos y circunstancias.

Uno de mis recorridos preferidos era caminar por la carrera dieciséis hasta llegar a la esquina de la casa donde vivió el poeta Luis Felipe de la Rosa, para luego subir hacia la iglesia de Santiago. Desde dicho escenario, precisaba imágenes y recuerdos. Aunque también la luz de la Luna y de neón hacía que los transeúntes y las calles de Pasto adquirieran un cierto tono espectral, como si se estuviera ensoñando.

El colegio San Juan Bosco fue la institución donde Ernesto, Myriam y Jairo Rodríguez cursaron la primaria. Pasar cerca de La Biblioteca Leopoldo López y hablar de ella, eran acciones inmanentes y consustanciales. En dicho Centro Cultural se han formado cerca de tres generaciones. Desde mediados hasta finales de los ochenta muchos tuvimos la oportunidad de escuchar solistas y agrupaciones musicales reconocidas internacionalmente. A principios de los noventa, el ciclo de seminarios, conferencias y recitales inscritos bajo el nombre de Expedición al sur de la poesía fue un propicio escenario para reafirmar el trabajo literario de gente joven que escribía en y desde la intimidad. Allí se dieron cita: Francisco de Atriz, Ernesto Ágreda, Freddy Puentes, Javier Rodrizales, Alberto Bolaños Palacios, Marisol Reyes, Adriana Rosero, Jairo Rodríguez, Nubia Castillo, Arturo Bolaños y algunos integrantes del taller de escritores Awasca. En esas conversaciones se invocaba a Bachelard, Octavio Paz, Blanchot, Bataille, Derrida, Heidegger, Hölderlin, Borges, Mazzoldi, Lautréamont, Edmond Jabès, Artaud, Arguedas, Nietzsche, Deleuze... discutiendo a estos autores, se comprobaba aquello que alguna vez dijo Patricio Peñalver, por Pasto pasan todos los caminos.

Vuelvo a verme con Andrés Guerrero Montezuma (mi compañero de grados décimo y once, aquel que supo motivarme a recorrer mis propios caminos). Iba a su casa para que me acompañara al barrio Agualongo a ver a otro ex compañero: Jorge Luis Argoty. Tanto Andrés como Jorge, fueron intercesores en épocas en que yo atravesaba la necesidad de experimentar con otros espacios. Al ingresar a estos, como el del rock, me descuidaba en vainas como los famosos aldehídos. Era allí donde Jorge y Andrés me ayudaban para que no cayera. En el año 89 lo que menos me interesaba era el estudio. Estaba más preocupado por si el América de Cali iba a ganar el torneo colombiano. Hubo gente que quiso ayudarme, como el profesor Miguel Ángel Paz, un agudo psicólogo y un buen hombre, pero no hay peor sordo que el que no quiere oír. En 1991 conocí a Ernesto Ágreda, un viernes ocho de marzo, en una conferencia de un profesor de la Universidad Pedagógica Nacional, sobre ironía y paradoja en matemática y literatura. Con Ernesto surgió una perspectiva-otra de relacionarse con el mundo, quizá más lúdica, menos aburrida, menos angustiante, aunque, a veces, bastante absurda.

Acabo de leer algunas páginas de La revolución de Bel-cebú. No tengo donde moverme, sino en los sueños, en las páginas o en la música. Andrés Guerrero estaba enrollando una cinta magnetofónica y yo le pedía el favor de que me acompañara a la casa de Jorge. Tomábamos una buseta, la ruta 9 que nos deja a menos de una cuadra. Cuando decidí bajarme, ya estábamos perdidos. Aquel lugar era desconocido. Intuía que la casa de Jorge quedaba más abajo. El descenso era difícil por lo pantanoso. Desde la cima observaba la ciudad y quedaba maravillado con la iglesia de Cristo Rey, bella e imponente, protegiendo a la ciudad de Pasto, incluyendo, por supuesto, a 1) Carlos Torres, mi padre, quien juega ajedrez con El Macetas (Luis Fernando Botina Córdoba). 2) Ernesto, quien se solaza con An Introduction Non-Classical Logic. 3) mi sobrino Juan Pablo encerrado en la cocina, muy bravo, porque afuera Camilo está peleando con Margarita... jaque al peón.

Lejos del equilibrio, el papel constructivo de la irreversibilidad se torna aún más sorprendente. Crea nuevas formas de coherencia (...). Retengamos por ahora que hoy podemos aseverar que la naturaleza realiza sus estructuras más delicadas y complejas gracias a los procesos irreversibles asociados a la flecha del tiempo. La vida sólo es posible en un universo alejado del equilibrio [7].

Fue muy alentador caminar con Anita Brus por el barrio de La Candelaria. El baño de diana, en eso se ha convertido, para mí, esta dirección, http://elgatoquepesca.blogspot.com/. No quiero hacer nada. Ni siquiera leer. Pero, deseo trenzar relatos de mi vida cotidiana con citas bibliográficas como lo hace Carlos Regazzoni con el hierro y la poesía... busco explorar los sueños como lo practicaba Käthe Kollwitz desde un lienzo o habitar las formas con la sutil delicadeza con que lo hace Jacqueline Schnabel. Hace quince días conseguí gran parte de la colección de las revistas de Kalimán.

Tengo una serie de deudas conmigo mismo, no sé conducir un carro, no he hecho el doctorado, lo del inglés está en proceso, y tengo unos cuantos cuentos que quisiera que se publicaran, pero la perspectiva de que eso pase la veo remota. En la universidad no tengo con quién hablar, ni con quién tomarme una cerveza. Cómo extraño a mis amigos Orlando Espinosa, Fernando Duque y Diana Ángel. Afortunadamente he hecho buenas migas con Jorge Aristizábal Gáfaro, quien ha sido una persona atenta y generosa. Hoy le despaché dos libros fotocopiados de Derrida a Freddy Puentes, quien vive en Puerto Limón (Putumayo). Esta tarde Freddy llamó para preguntarme cómo estaba. La llamada se cortó y luego me dejó dos mensajes de texto… fue curioso leer a Freddy en el celular, porque me pareció estar leyendo a Mazzoldi. Ayer, jueves 4, precisamente, soñé con la escritura de este señor. Observaba una persiana de madera muy fina que no dejaba entrar la luz solar, y esa persiana eran los textos de Bruno. En la escritura de Mazzoldi se puede ensoñar o se puede experimentar con dimensiones que están en la claroscuridad, bueno, eso es lo que yo creo.

Sueño con William Torres Carvajal (Kajuyali Tsamani Wikantasna Wakan). Estoy con mi familia en Chachagüí y nos dirigimos hacia la maloca que construyó William, pero antes de llegar a ella tenemos que entrar por un castillo de corte gótico. Pienso, dentro del sueño, en la novela de Horace Walpole. Con los trabajos de mis estudiantes de las universidades Cooperativa, Distrital, Salle, Javeriana abrí un Blog (http://libroselva.blogspot.com/) dedicado a ciertos autores colombianos como Carolina Sanín, Julio César Goyes Narváez, Luis Fernando Charry, entre otros. Quería anotar algo sobre la profesión docente, pero me he dispersado con esto de las clases y los sueños.

Las señoritas Dulce eran dos ancianas que tenían su escuela al frente del Parque de Bomboná. Allí llegué un día del mes de febrero en 1979. Mi mamá me compró un cuaderno, un lápiz y unas láminas postales con las imágenes de unos apacibles gatos. Mi entrada al mundo académico fue brutal. Primero, empecé a llorar tan pronto como ella me dejó en el salón. Segundo, un gordo rompió las fotografías de mis gatos. Las clases eran en la jornada de la tarde. Antes de entrar a la escuela, mamá o papá me daban algunas monedas... El Gordo comenzó a chantajearme; dijo que si no le daba la plata, me golpearía. Durante una o dos semanas no volví a tener mi dinero. Un día, a mí papá se le olvidó darme las consabidas monedas, y El Gordo cobró su vacuna. Señor (aún me acuerdo que le dije), hoy tiene que golpearme. El Gordo no dijo nada. Luego se fue. Ese día le perdí el miedo.

Referencia a una nota periodística: William Ramos hace años trabaja como cajero de Bancolombia (Pasto). Desde hace mucho tiempo lo presentía, declaró a la prensa. Eran las dos y veinte de la tarde. Hombres fuertemente armados irrumpieron en las instalaciones del Banco. No voy a detenerme en detalles que se pueden consultar en El Diario del Sur. Lo importante aquí es que William logró quitarle el arma a uno de los delincuentes y abrió el fuego que acabó con la vida de dos de los asaltantes. Al día siguiente, la prensa reveló los nombres de los caídos en el atraco. Uno de ellos era el de El Gordo. Cuando leí la noticia no pude evitar decirme: al fin alguien hizo justicia por esos gatos.

Allí estoy, entonces, como cualquier lector desocupado, atado a un descontrol remoto con el que se salta de lo importante no es ir muy rápido, sino ir en la dirección adecuada [8], a Ich fuhr zum Museum of Modern Art und sah einige meiner Lieblingsbilder an, die ich mir schon hundertmal angesehn habe [9]. Escucho hablar de los logros del segundo periodo, mientras afuera llueve. Pienso en el almuerzo y en mis no logros. Una biblioteca en la memoria. Mañana no quisiera ir. Andar corriendo detrás de nada. Todo se conecta con todo. Sé amorfo como el agua. La sangre fluye directamente a su toalla. Ella, tan autosuficiente, continúa hablándole a la clase acerca de la colapsión del círculo hermenéutico en un texto de José Emilio Pacheco. Los siglos de civilización occidental no han podido opacar a la hembra primigenia que se esconde bajo sus ropas. Su voz húmeda y anhelante inunda el aire nocturno del salón. La sintaxis púrpura de sus labios evapora la referencialidad de las palabras. La vagina engulle al tímpano con el silencio líquido de su boca. Soy parte del paisaje crepuscular de su cuerpo donde la hermenéutica reposa en la cripta blanda, que dentro de un rato saldrá a cambiar.

La bicicleta, con su cadena y sus marchas, es la esencia de la técnica: envuelve y desarrolla, efectúa el gran Giro de la tierra. La bicicleta es cuadro, marco, como el “cuadripartido” de Heidegger.

Pero si el problema es complejo se debe a que, tanto en Jarry como en Heidegger, la técnica y la ciencia tecnificada no se limitan a acarrear el retraimiento o el olvido del ser: el ser también se muestra en la técnica por el hecho de retraerse, en tanto que se retrae de ella. Pero eso sólo puede comprenderse patafísicamente (ontológicamente), no metafísicamente. Por eso inventa Ubu la patafísica al mismo tiempo que promociona la técnica planetaria: comprende la esencia de la técnica, esa comprensión que Heidegger imprudentemente asienta en el haber del naciolsocialismo. Lo que Heidegger encuentra en el nazismo (tendencia populista), Jarry lo encuentra en el anarquismo (tendencia derechista). Diríase, en ambos autores, que la técnica es la sede de un combate en el que ora se pierde el ser en el olvido, en el retraimiento, ora se produce lo contrario y se muestra y se desvela [10].

La mujer está escribiendo un hechizo o una terrible maldición a aquellos que la persiguen. Los hombres así lo intuyen y presas de terror olvidan su propósito. Tengo conciencia de que estoy soñando y, en el sueño, me pregunto si lo habré leído. Parece un cuento infantil, pero quién nos niega que alguna vez los cuentos infantiles no acaecieron en lo que se llama realidad. Andrés Burbano va a visitarme a una casa antigua. Ahora más que nunca puedo apreciar su fuerza y seguridad; no ha cambiado casi nada en su aspecto físico. Tenía razón Alexandra Correa al decir que parece un niño. Andrés revisa mi biblioteca, la cual se reduce a ocho libros apilados en un rincón del patio. Todos son libros voluminosos cuyos títulos no recuerdo. Mientras Andrés los ojea, entreveo el título de dos de ellos: Las novelas ejemplares, de Cervantes, y Berlín Alexanderplatz. Este duende de la infancia se acercaba para saludarme. Se interesaba poco por aquellos libros, e iba hasta una cama para acostarse... Andrés Eduardo Burbano hace parte de una casta de gente donde está Diana Ospina Obando, Hans Ulrich Gumbrecht o Julio César Falcioni. Mientras Andrés dormía o dormitaba, mi sobrina, la escorpiona, se había disfrazado de anciana. Su aspecto era cómico y a la vez terrorífico. Camila le pedía el favor a mi mamá de que la acompañara a la entrega de informes académicos. Mi mamá le decía que claro, que solamente la esperara un rato. Camila me observaba y yo veía en su pequeño cuerpo a la poderosa bruja que ya era, y que va a ser. Era hora de despedirse de Andrés; nadie pronunciaba la palabra “adiós”, pero sabía que la visita había terminado. Me pregunto de qué texto hace parte aquel sueño de la bruja, si es que hace parte de alguno. Es posible que hoy vaya a la Universidad de los Andes para ver qué pasa, o mejor, para ver quién pasa. Los caminos se alejan, pero hay puntos de intersección... noche de jueves, en Pasto, hace veintiún años: iba a hacer algún mandado a la tienda, y, poco antes de llegar, me encontré con Andrés Burbano, allí en el almacén Deportes al día. Por aquel tiempo, Andrés andaba con discos de Yes, Pink Floyd, Can.

Reunión de colegio. Caminar construyendo una ruta de fuga. Me mimetizo con el contexto en el cual, por supuesto, no están ni Victoria Abril, ni Miguel Bosè. Bueno, no se trataría de que ellos estuvieran aquí, me conformaría con que no estuvieran aquellos que precisamente están ahora. Por lo pronto, continuar con la farsa, con la comedia barata, con el sainete de baja estofa. Rara vez hace irrupción la aventura en una vida vulgar. Mas cuando tiene ese capricho, lo hace las más de las veces, de un modo repentino e insospechado... [11]. Esto, señoras y señores, es una reunión de crápulas. Desde mi ingenuidad, pensaba que los crápulas eran gente como el Viejo Richi, pero... ¡No!, los crápulas son estas joyas de nuestro sistema educativo colombiano. Ale najwiekszym bogactwem na koncie palki jest zmeczenie palowanych [12].

La relación entre la perversidad (no entendida desde un código cultural judeocristiano, sino desde Deleuze [13] o el cuerpo sin órganos en Artaud), y la práctica ritual del Leng-tch’é en la novela de Salvador Elizondo Farabeuf o la crónica de un instante (1965) [14], y los capítulos 14 y 15 de Rayuela, en diálogo con, por una parte, Ante el dolor de los demás [*], de Susan Sontag, y, por la otra, con el caso de Issei Sagawa, estudiante de literatura japonés quien medía un metro cincuenta y se dedicaba a elaborar su tesis doctoral sobre las similitudes entre el premio Nobel Japonés Yasunari Kawabata y el surrealismo francés en La Sorbona [15]; en junio 11 de 1989 mató a una joven holandesa llamada Rennee Harvtevelt, y comió parte de su cuerpo. Otra historia es la que estudia y narra Julio Ramón Ribeyro en Al pie de la letra [16], aunque en este texto el protagonista no se llama Issei, sino Akito Kamura, las similitudes son bastante cercanas; Akito (medía un metro cuarenta), era estudiante de Literatura Comparada en La Sorbona y se dedicaba a escribir una tesis erudita sobre las figuras de retórica en la literatura amorosa. Un día invita a su apartamento a Elke, una compañera holandesa, quien es asesinada y devorada parcialmente por Kamura. Ribeyro, finaliza su texto con estas palabras: En Akito el decir y el hacer recobraron su unidad original. Su delito consistió en haber tomado una metáfora al pie de la letra.

Esta mañana, al borde de la fiebre, he recordado la mezquindad de la gran María Isabel. La estupidez y la maldad hacían de sus gestos pequeños monstruos tiránicos. Cómo olvidar aquella vez que le regalé un disco de Pat Metheny y en el transcurso de la mañana me doy cuenta de que ella, a su vez, lo ha feriado. Sus actitudes de inhospitalidad fueron muchas y de índole variada. Pero no me detendré en esos obstáculos de ridiculez que es mejor saltar. Ahora, lo interesante de todo esto es que ella, siendo la gran anfitriona de la hostilidad, fue a dar hasta Tokio para que le dieran una cucharada de su propia medicina. Todo este episodio se resume de la siguiente manera: M.I. comienza a cacarear por todo Bogotá de su viaje al Japón. Efectivamente se va, pero no sé por qué la gente de la aduana no la admite y la regresa; como dice Kimberly: no es que me alegre, pero me da una risita... A afirmaçao da identidade supunha demarcar suas fronteiras e implicava numa disputa quanto às formas de representá-la [17]. Neuromante, El Golem, Small Wonder: articulaciones de una misma fractura. Juan Pablo, que nunca llama. K., que siempre le coge la tarde. Un man que es todo bacano me dijo unas cosas todas fules, me dice K. Y bueno, entonces, ¿ya le pusiste los cachos? . ¿Pero fue con Cristian? Pues sí. Y ¿qué te propone ese loco? Él me dijo que me cuadrara. Pero es que ese mancito es como todo intenso. Yo le dije que no, que paila, que él ya sabía porqué. Y ¿te has visto con Pacho “Pintuco”? No, desde el sábado. ¿Están peleando? Un resto... Esto tiene que ver, quizá, con la necesidad de ir atando cabos en una larga cadena de envíos y reenvíos que apuntan, posiblemente, hacia la canción Aqualung, de Jethro Tull, aunque tal vez no sea así, pero de algo tengo que sostenerme para poder avanzar. Este texto es el referente de posibilidad para intentar entablar un diálogo con lo invisible, con la epifanía de lo invisible. Por su parte, Borges, interesado por estos fenómenos, escribió El Sueño de Coleridge, en el que se anota:

El fragmento lírico Kublai Kan (...) fue soñado por el poeta inglés Samuel Taylor Coleridge, en uno de los días del verano de 1797 (...) publicó su relación del sueño en 1816, a manera de glosa o justificación del poema inconcluso. Veinte años después, apareció en París, fragmentariamente, la primera versión occidental de una de esas historias universales en que la literatura persa es tan rica, el Compendio de Historia, de Rashid ed-Din, que data del siglo XIV. En una página se lee: “al Este del Shang-tu, Kublai Khan erigió un palacio, según un plano que había visto en un sueño y que guarda en la memoria”, quien esto escribió era visir de Ghazan Mahmud, que descendía de Kublai [18].

Ustedes ven cuántos eslabones hay en esa cadena (...). Bueno, podemos pensar, en Whitehead, su idea de los arquetipos eternos que entran en el tiempo. Aquí tendríamos un caso: habría ese palacio que quiere existir, que logra que un emperador chino, que hospedó a Marco Polo, lo construya; luego, ese palacio es destruido, como son destruidas todas las cosas y luego, en los primeros años del siglo XIX ese palacio vuelve a los sueños de un poeta inglés que escribe el poema Kublai Khan. En que se habla del palacio, de la música que edifica el palacio, y en el cual él oye las palabras que escribió después [19].

Escribe encima de un cuaderno de fórmulas que no entiende. Vuelve a sentir la impotencia que padecía en el bachillerato. Comenzar el día con el miedo de que le fueran a preguntar, le pidieran el cuaderno, lo llamaran a pasar al tablero. Es recurrente esa herida que lo hace volver a esa cárcel. Lo tenaz era cuando llegaban los exámenes y no se sabía qué hacer. La mano se dedicaba a trazar, a raspar la hoja. No se detenía a pensar, sino a expulsar palabras dictaminadas por el momento. No sabía qué hacer. Los números se constituían en un símbolo que apuntaba hacia aquello que había de absurdo. Un absurdo que le costó más de una década; repitiendo levantadas a las 5:25 a.m. para ir a surcar una derrota. No hay nada de qué arrepentirse. Como si pudiéramos permanecer en esta luz. Como si pudiéramos permanecer en el silencio de este solo instante de luz [20]. El mundo continuaba su marcha mientras ese cuerpo andaba y desandaba sobre sus pasos. Y los cuadernos atestados de palabras-cicatrices, palabras que nacían de batallas invisibles. A MAD IS A MAD IS A MAD IS [21]... Ellos están ahora en la pieza 201 del Hospedaje de los Leones (carrera octava con calle 2ª, barrio Las Cruces, Bogotá). Cae una tormenta. Suena así de duro porque el niño Dios está jugando tejo con sus ángeles, dice ella. Los cielos hablan, pero nadie escucha su mensaje, afirma él. Eso es cierto, sólo tú lo escuchas y lo entiendes, le responde ella. Le orbite sarebbero circoi perfetti, se la distanza da esse fosse tanto piccola, da cui i pianeti raccolgono gli elementi per la loro formazione e quindi la differenza dei moti questi elementi fosse minima [22]. Había leído tanto a Carlos Castaneda que se le había vuelto una rutina. Los vidrios se rompen. El sueño se cae a la calle. Salgo de Héroes de Ray Loriga a Peñas arriba, lectura de interminable ascenso, página tras página. No es fácil inventarse un día, cuando tienes obligaciones por hacer, y no tienes ganas de hacerlas. Si estuviera aquí Diana, le diría que estuve en un cementerio de París. Hay sueños de los que uno sale enfermo. No tienen que ser pesadillas, es suficiente que tengan alguna imagen que sepa golpear en el lugar adecuado. Hoy he sentido frío y he viajado a lugares inhóspitos. El único mensaje: huir. Ellos no sabían qué hacer. Se podía apelar a un amigo anciano, o a un libro, pero la decisión había que tomarla solo. It can share such chores with the rest [23]. Después de perder todas las batallas, llegó a sentarse al lado de un cubo de basura y no pensó en nada. Se sentía indigesto de recuerdos mal digeridos. Agotado de tanta neurosis. Una puta peligrosa lo perseguía con su ternura en aquel sueño.

Aquí sigo escribiendo una historia ajena, una guerra ajena, un diálogo inconcluso, una ecografía interrumpida y poniendo en escena el absurdo desde el absurdo. Se necesita ser un loco y además un bruto para establecer ese tipo de comparaciones. Pensar, por ejemplo, en la infancia de Laura y en la de Sandra, la del 2603. Eran un divertimento ese tipo de conjeturas que servían para volver a relacionarse con un pasado que no le había sido fácil. El narrador implícito reconocía su pensamiento dialéctico, jerárquico, arribista. Desde pequeño le gustaba hacerse unos videos en la cabeza donde convocaba en un mismo escenario luchadores de Muay Thai, Hai-Kido, Full-Contac, para pensar en quién ganaría. Con los años ya no eran peleadores sino pensadores que se “disputaban” en una mesa redonda "el poder del conocimiento" (por decirlo de esta forma); le hubiese gustado ver a Enzensberger, Raúl Antelo, Bruno Mazzoldi, Sylvia Molloy, Josefina Ludmer, Paco Ignacio Taibo II, en un seminario que podría llamarse Pensamientos polirrítmicos, en el que también participaran músicos como Jhon Zorn, Jaap Blonk, Sainkho Namtchylak. Another level of implicit comparison further complicates this interior/exterior dichotomy [24]>. Habría que plantear o replantear eso de una manera-otra. Habría que comenzar otra vez, siempre otra vez. Hay demasiadas lacras para creer en el futuro. Los niños son la “natural” prolongación de una caterva de padres enfermos y cansados de espíritu. Cuando la vida es una estafa, el voyerismo es un escape. La ventana era importante porque desde ella podía observar sin ser observado. No me interesaban el zapatero y su mujer, sino una niña de trece años. La ventana desde la que me asomé sirvió para verla, pero no para encontrarla. El zapatero se atravesó en esa historia. Lo triste de todo esto (incluyendo estas palabras) es que no deja de ser un ejercicio de narcisismo. Una reflexión “heroica” mientras se contempla el ombligo. La ventana era lo que descentraba mi mismidad, pero al otro lado, ella no estaba. La vacuidad palpitaba en la transparencia del vidrio. Por lo pronto, meditar en unas cortas palabras: que mandó a decir el Max Enríquez que ya se hizo sacar la vesícula y no le pasó nada. Ánimo de vaca asustada caminando en la noche sobre un tejado. Y yo creo que hasta cierto punto, y si no, de todos modos, porque usted sabe que, al cabo y que, y como quiera que la mejor de todas mis interpretación racional y exacta del universo conforme al artículo tercero... ¿Qué? ¿Eso no?... Bueno, pues usted de qué habla [25]. He regresado a estas calles, que no sé si me vieron crecer, pero, en todo caso, en ellas crecí. En la mañana el teléfono me sacó del sueño en el que una mujer me escondía de mis perseguidores. La voz de Tulio se mezcla con el terror de saberme atrapado y posiblemente sin salida... ¿Qué más, hola?... ve, Cartas a Julieta ya está grabado, no sé si puedas pasar ahora o si no, para que te quede más fácil, te lo puedo llevar a mi oficina, vos verás. Quedamos en que lo recogía a mediodía en su casa. En la noche había estado con Ernesto donde Julián Santacruz, discutiendo su anteproyecto titulado Aproximación psicoanalítica al complejo de culpa en Antígona de Sófocles. Al final de la reunión, Julián se defendió de mis palabras, que señalaban que su lectura de Antígona estaba aferrada al pene-Freud, mejor dicho, a “su” erección falogocéntrica. No era un ataque, por lo demás. Ernesto permaneció todo el tiempo callado, pero poco antes de despedirnos, y ya en la puerta, habló de Lucien Freud. Las imágenes del sueño (del que acabo de despertar) estaban atravesadas por la ausencia de Olga. Ella estaba en tanto que yo estaba lejos de su presencia. Al final de la secuencia onírica aparece Tulio como una suerte de viñeta, llevando en su voz The Juliet Letters. Se hace necesario escribir con hilos y a la vez escribir hilos. No me extraña que esta escritura sea una introducción en extenso. En el sentido que Joyce daba al término “epifanía”, manifestación de lo memorable en lo trivial, en la ordinariez, por ejemplo, del reloj de la Aduana de Dublín o de una efímera conversación callejera [26]... Presiento que he llegado a una situación similar a la que me aconteció en séptimo grado, a saber: los del curso me comisionaron para tapar en el compromiso de fútbol que se disputaría esa tarde con los del 7-04. A las tres en punto (como se había acordado) estuve en el estadio del colegio. Aparte de celadores y aseadoras no había nadie más. Esperé. No me quedó otra sino regresar a la casa. Esa, hasta ahora, ha sido mi única participación como arquero. No fue fácil, en todo caso, atajar la vacuidad y el absurdo.

Gabriela, personaje de Chambú, estudió en Nueva York, un año de su bachillerato (p. 68) [27]. Ella, que se movía siempre en un aire estremecido; su boca angustiada de ansiedad (p. 74); que aceptaba con ardor las imposiciones de la moda. Exhibirse en una playa o en una piscina le parecía, a pesar de su recato, un acto de sencilla vanidad y de bello snobismo (p.78); de la cual diría Ernesto: es como una potranca sobre un pastizal... (p. 116); de la que Ernesto imaginaba de la siguiente manera: estaría leyendo o bordando a los pies de su madre enferma (p. 164), y, Mary Alice, protagonista de Shooting Elvis, de la que Jerry dice:

... creciste en un pueblo aburrido de California. Tu papá trabajaba en una fábrica o en un aserrío, es lo mismo. Tu mamá tiene un trabajo en una cafetería, una placa en su teta izquierda dice Marge o Betty. El tipo de pueblo donde todos los muchachos van al parque local las noches de fin de semana, para trabarse y joder porque no hay nada más que hacer. Fuiste afortunada o inteligente o sencillamente frígida al no quedar preñada a los dieciocho, cuando llegaste a la edad necesaria para darte cuenta de que ya nada te retenía allí”.

Jerry lo sabía todo sobre mí, me conocía como sólo puede conocernos otro muchacho de pueblucho [28].

A pesar del oxigeno metropolitano que Guillermo Edmundo Chaves le da a su personaje, mandándolo durante un año a New York, Gabriela, cual provinciana, le jurará a Ernesto, en la página 118: ... y usted no será para mí, se lo juro!... 58 páginas después, sin mediar palabra, sin haberse acercado desde la página 118... Y sin pensarlo siquiera, se besarían, haciendo que sus labios anhelantes midieran la eternidad a un paso de la muerte (p. 176). Se dejarían de ver desde la página 178 hasta la página 215 (han pasado más de dos meses desde su último encuentro) y aquí viene algo interesante: Gabriela miraba fijamente a Ernesto. En su espíritu sucedía algo grave. Junto a ella estaban los dos hombres que (el otro es Enrique), en diversas formas, podían determinar el destino de su vida (p. 217). Ahora, después de haber escuchado a Schubert en la página 219, viene algo mejor (esto les va a encantar a las feministas): en una partida de ajedrez entre Ernesto vs. Enrique, se “disputarían” tácita y tácticamente a Gabriela. A pesar de que Ernesto pierde, la mujer disputada, piensa: Medía a los hombres en su espíritu y en su corazón; cuando la altura de él rebasó la suya se entregó para siempre (p. 233). Finalmente, en la página 240, después de que Gabriela se desmayó por ir buscar a su hombre (recordemos que estaba convaleciente), recobra el sentido para decirle con su voz (...) de doncella, en un íntimo dominio de sollozo (...): Te esperaré siempre!... José María de Pereda me dice: ¡Cuántos paseos en corto!, ¡cuánta indigestión de bazofia! [29] Sí, la realidad es una interpretación, esto es una manifestación de logocentrismo provinciano. Klaus Kinski, escribió:

Siento cómo la selva se nos acerca, los animales, las plantas, que ya hace tiempo que nos han visto, pero no se nos muestran. Por primera vez en mi vida, no tengo pasado. El presente es tan intenso, que hace desvanecerse al pasado. Sé que soy libre, verdaderamente libre. Soy el pájaro que ha conseguido huir de la jaula, que extiende las alas y se eleva hacia el cielo [30].

El sol comenzó a calentar. Aquí en el colegio no he podido lograr ninguno de mis sueños, ni siquiera he podido con los objetivos que están en el programa. Se está pasando el tiempo y las manos se ocupan en abrir un candado. Necesito escapar sin alejarme. Toda esta semana me la he pasado hablando de cadáveres exquisitos. Les digo a mis estudiantes que realicen textos con esta “técnica”. Estoy esperando que se acabe este día. Chuffy was a nangel then and his soard fleshed light like likening. Fools top! Singty, Sangty, meekly loose, defendy nous from prowlabouts. Make a shine on the curst. Emen [31]. Imaginemos un partido de fútbol en el que tú ingresas en el minuto 44 del segundo tiempo, y por lo demás tu equipo va perdiendo 3 goles a 1. Está bien - te dices -, en el fútbol nada está dicho, hasta que no suene el pitazo final. Ingresas al campo de juego, corres detrás del jugador que lleva el balón, intentas quitárselo... cuando el reloj del estadio marca el minuto 45:57, te preguntas: ¿qué carajo saco con correr?

Pienso, en este momento, en los posibles reenvíos entre el locus enunciativo, el observador de segundo grado, la colapsión del círculo hermenéutico [32], con dos textos de Carlos Castaneda, el primero titulado Tener que creer [33] y, el segundo, Una realidad aparte (pp. 102 y siguientes); por la otra, el capítulo Retorno del Barroco y relectura de las conceptualizaciones latinoamericanas sobre el Barroco del libro Mapas y pliegues de Carlos Rincón [34]. Para ella la vida es un carnaval (no por la vía de Bajtín, sino por la de Celia Cruz). Su táctica es no tener ninguna. Su lema de vida es ¡cuando no se puede, no se puede! Si eso uno lo tuviera claro, cuántas estúpidas comedias se evitaría. Él intenta desmitificar [35] lo que no ha alcanzado, ¿por qué no volar hasta La Vía Láctea en vez de bajarla hasta la mítica altura de los pies? Intenta convencer con armas "barrocas" (en las que hace mucho tiempo, incluso él, dejó de creer). A propósito de Vía Láctea, esto quizá tenga que ver con la oralidad y lo apocalíptico (eso que estudian Freud o Derrida). Él camina por una vía de leche con nombre de mujer. Ella y él se dan cita en un apartamento. Observan Nuevas Tecnologías en Discovery Channel. Ella lo besa. Él le acaricia los senos. Entonces, cuando al otro lado de la pantalla una nave es puesta en órbita, ella sale de la habitación, y desde el umbral de la puerta le susurra ¡cuando no se puede, no se puede!

Llega la incertidumbre vivida aquellos lunes de 1981, año en que yo estaba en segundo de primaria con la profesora Luz Muñoz en la Escuela Anexa a la Normal Nacional de Occidente de Pasto. Mi hermana Helena estaba en Quito, y a mis papás los consumía la tristeza. Creo que fue mi mamá quien escuchó hablar de la capacidad milagrosa de las misas que se oficiaban en la capilla de Jesús del Río. Había que asistir durante nueve lunes seguidos, a las cinco P.M., a dicha capilla, ubicada en la antigua Casa de Ejercicios Espirituales de los hermanos Filipenses (barrio San Ignacio de Pasto). Allí íbamos a rezar a esa hora, en aquellos días en que algo indecible nos oprimía. Ellos pedían el milagro de que a su hija no le pasara nada malo, que volviera a casa y, efectivamente, el milagro se cumplió. Pero, cuando mi hermana regresó, fue necesario pedir por nuevos milagros.

En todo caso, llegábamos de la Casa de Ejercicios un tanto aliviados de un peso emocional que ni siquiera estaba en nosotros, sino en el aire. Por aquella época vivíamos en el barrio San Andrés. Yo dormía en la pieza de mis papás. Decía que regresábamos de misa e inmediatamente prendía el televisor, supongo que para mirar algún programa que podía ser El Chavo del Ocho, Dialogando, Laverne y Shirley, o cualquier otro, pero, las imágenes televisivas no lograban aplacar o anestesiar el miedo agazapado no sé en dónde. En las noches, cuando mi papá prendía el radio y sintonizaba la BBC (no importaba si en inglés o en español), Radio Francia Internacional (casi siempre en francés), Radio Habana Cuba, La voz de los Estados Unidos de América, La Voz de Los Andes y en algunas ocasiones, emisoras “extrañas” como La Radio de Varsovia, la Deutsche Welle, e incluso, a veces, alguna emisora que podía ser de algún país asiático... yo, en la oscuridad, sentía pánico de las paredes y corredores de aquella Casa de Ejercicios en que horas antes había estado. Pero, presentía que había algo más que laceraba; entonces, cuando el miedo era insoportable, empezaba a quejarme, y mi mamá venía al rescate. Casi siempre tenía que quitarme las cobijas.

-¡Carlos, este niño está lavado en sudor! ¿Será que está enfermo?

-No, son sólo nervios.

-Bueno, pero bájale a ese radio, mañana hay que madrugar y vos con esa chicharra que ni siquiera se entiende.

-Vos no entenderás. Dejá oír, que están hablando del atentado que le hicieron hoy al presidente Reagan.

-Y de cuándo acá vos entiendes inglés.

-Dejá oír...

-Carlos, mañana llamas al Calvache para que venga a arreglar el calentador.

-Hoy lo llamé donde la hermana; no estaba, pero ya le dejé la razón.

-¿Será que el Reagan se salva?

-Quién sabe, según dicen, la bala le traspasó uno de los pulmones.

-¡Ojalá no se vaya a morir!

Así podían continuar; yo me dormía apaciguado con las voces de ellos. Podía despertarme una hora después y aún continuaban hablando. Cada día se tiene menos tiempo y ganas de conversar, menos aún de hombres como el Calvache que iba a coger una gotera o a arreglar la plancha y salía catorce horas después tambaleándose de la rasca, ya que mi papá le decía, mientras le tenía la escalera y el Calvache conectaba un cable:

-¿Calvache, te tomas un trago?

-¡Dios le pague, doctor!

Era hermoso escuchar a mi papá y a mi mamá hablar de las enseñanzas del Buddha Maitreya, Kalki Avatara de la Nueva Era de Acuario, explicadas por conferencistas eminentes como el Eudoro Valencia o el Tartartur; hablar del Venerado Maestro Gargha Kuichines (Julio Medina Vizcaíno), o del encuentro que tuvieron con el maestro Rabolú (Joaquín Enrique Amórtegui Balvuena), y casi simultáneamente preguntarse entre susurros cómo estaría su hija Helena, allá en Quito, con Fernando Narváez, mientras en la radio, una voz de mujer que, de pronto hablaba en checo o en ruso, decía algo que nunca supimos qué era.

Tenía algo de espejo para la configuración de lo invisible [36]. En la televisión, en un canal brasileño, un hombre es secuestrado por un grupo de mujeres traicionadas, que, de pura casualidad, son sus amantes. Ellas están sedientas de venganza. Meten a este hombre a un carro y lo conducen hasta un desierto. Allí lo desnudan y lo amarran a cuatro estacas que están clavadas sobre la arena. Las mujeres le advierten que van a jugar con él, como él hizo con ellas. A continuación le explican que el juego consiste en que cada una va a realizar una sesión de striptease, pero donde medio se le llegue a parar, ¡se lo cortan! El hombre resiste cerca de diez minutos, momento en que llegan sus amigos y surge entre todos un enfrentamiento que termina en orgía.

Elucubraba en cómo la novísima población de Pasto, es concebida desde ciertos “rituales” sorprendentes. L´univers opérationnel et clos de la civilisation industrielle avancée, qui réalise un équilibre terrifiant entre la liberté et l´oppression, entre la productivité et la destruction, entre la progrès et la régession, est préfigué dans cette idée de la Raison, en tant que projet spéccifiquement historique [37]. Las parejitas descubren la sexualidad en la sala de la casa de los padres de la chica. La mamá, que es la que más tiempo permanece en el hogar, en una distracción (pongamos por caso que está viendo la televisión o está preparando la cena o, incluso, aunque esto es menos probable, digamos que está absorbida en la lectura de Gravity´s Rainbow de Thomas Pynchon), deja a los adolescentes a su libre albedrío, y es allí cuando las hormonas hacen de las suyas y un nuevo pastuso es engendrado a vuelo de pájaro.

El tipo que se sube a la buseta Villaluz, por los lados de la 45, a decir que tiene tres hijos y que no tiene empleo, etc. Mientras el hombre vendía su discurso, en la emisora sonaba George Michael en It´doesn´t really matter. (...) nadie mira la ráfaga, la extensión, el aullido [38]... (...) and what is to follow concerns another than myself [39]. No quiero hablar, porque soy hombre de sangre, y no quiero que todos estos cerros oigan mis voces (...) tú crees que el tiempo cura y que las paredes tapan, y no es verdad, no es verdad. ¡Cuando las cosas llegan a los centros, no hay quien las arranque! [40] Jekyll sabe muy bien quién es Hyde, pero el conocimiento no es recíproco [41]. (...) el doctor Jekyll es moralmente dual, como lo son todos los hombres [42]. Tanto tiempo he estado escapando, que ya no sé dónde estoy. Es de madrugada y escribo esto cuando caigo a un abismo que se abre dentro de mí. Supongo que igual le sucedió a Campo Elías Delgado [43]. Aún conservo el Confieso que he vivido, que me obsequió. Hoy, he sido la víctima y el verdugo, escorpio enterrándose su aguijón. Qué lejos estoy de poder afirmar que he vivido... pero, qué cerca (afectivamente) de lo que él me escribió en la primera página: en la vida hay tantos caminos como personas existen, pero ¡si supiéramos de antemano lo que nos conviene!

Olinto Garcés, nació en Túquerres, pero por una carambola del destino vive en París hace más de treinta años. El 29 de noviembre de 1979, Olinto pasaba por los Campos Elíseos. Se asombró al ver tanta gente reunida, incluso más que la que sabe haber el 6 de enero en la Plaza de Nariño, pensó. Escuchaban a unos músicos. Paró oreja durante algunos minutos. Mientras escuchaba, supuso que entre toda esa multitud era posible que hubiese algún paisano. Él, que estaba en ésas, cuando ve al Segundo Yandar. Parecía increíble, pero más parecía una broma; Rick Davies cantaba y estos dos se dedicaron a hablar de lugares y personajes de Pasto. Se acordaron del Lucerna, de Las Chocolateras (familiares de William Rolando Ramos Muñoz), el Ovni Piano Bar, la emisora Ondas del Mayo, El Hueso, el barrio Obrero, el Pedro Bombo y la María Piña...

Eres un juguete y no puedes volar [44]. Considerábame caído de las nubes en el fondo de un dedal enorme [45]. Tenía entre manos la idea de divertirme con un texto que cruzara la retórica burocrática de la Comisión Primera Permanente de Gobierno [Acta 032 de 1974], con la fuerza, la versatilidad y el desenfado de Bersuit Vergarabat, en diálogo con los años de encerramiento que padeció sor Virginia María de Leyva. Todo parecía una con(in)spiración de los libros que, como un gran vientre, me han acogido durante tantos años. Hacía falta la fortaleza de Jimmy Hendrix para que despedazara todas estas distancias que separan de una orilla a las otras. Sí, la vida, parece, a veces, ese concurso de la Televisión Española, Saber y Ganar, presentado por Jordi Hurtado, donde te hacen preguntas al estilo de ¿cómo se llama el compositor polaco que nació en Tymoskovska, un 21 de septiembre de 1883 y falleció en el año de 1937? Y claro, como uno no es una Isabela Aparici, obviamente no va a responder que se trata de Karol Szymanowski. Como no se es, reitero, una Isabela, queda uno estaqueado en mitad del aguacero y en ese contexto, como lo diría Van Dijk, lo único que uno puede decir es ¡no sé qué mierdas me está pasando!

Ella no tiene voz; esto es raro, y, no lo podría explicar. Al menos quiero que quede claro que ella no es muda. Es de otra cosa a la que me estoy refiriendo. Trabaja mucho y descansa poco. Se preocupa por aquello en que otros no reparan. No busca protección de nadie, pero a veces la quisiera, porque en verdad la necesita. Sus palabras desvían, son como atajos que no llevan a donde se pensaba. Tiene miedo, ¿pero quién no lo tiene? Busca entre sus sueños algo que dejó escapar hace años. En pocas ocasiones he entrado a sus sueños... allí hay sinnúmero de corredores sin puertas... es un día jueves, de tres a cuatro y treinta de la tarde, ella camina descalza, no llama a nadie porque a nadie conoce. En ese momento está débil, y quisiera compartir su silencio con alguien. Su fragilidad es evidente... ella está custodiada por ángeles. Su enemiga es la tristeza. Se despierta temprano con el rostro aún impregnado de lluvia onírica. Le preocupan aquellos que gritan en las madrugadas. Infiere que también ella podría comenzar a gritar en cualquier noche sin mayor o menor motivo...

Su cuerpo convertido en línea de aire... deslizándose en gatos por las fisuras de la noche. Sus pasos son los de muchas mujeres y a la vez el de pocas. Es de humo su corazón, sus palabras de amor navegan en volutas de fuego. La mirada se aleja en el mar de los náufragos... ¿qué es lo que busca? No lo sé. Yo, parásito de la sangre impresa, la persigo en las huellas que deja en el aire... en su piel nocturna, en su océano lacrimal y secreto... A ella le tiendo la madeja de silencios, para que extienda sus uñas y juegue. Su mano delineó nuestro encuentro, allí en un corredor a ciegas, recorrido con la piel.

Estoy en la casa de José María Vargas Vila, esperando a Olga. Se escucha a Daniel Santos. Al frente, en el otro sofá, tres niños juegan a entonar una especie de ronda cuyo estribillo dice zapatito cochinito, cambia de piecito. Almorzamos alrededor de las tres de la tarde. Olga me mira y me dice que fue Li Po quien escribió la vida es un largo sueño. ¿Para qué abrumarla con fatigas? Por eso, todo el día estoy ebrio. Ahora ella sonríe. A veces, hospeda la noche en su cuerpo y el cosmos habita su piel. La oscuridad se abre hacia el infinito, hacia un universo que segundo a segundo se aleja de sí mismo.

No encuentro artificio en la escritura de Efraim Medina Reyes, quien se lanza a explorar intensidades corporales, suicidándose en el Árbol-cinema. How can you do this to me?? Ingrates!! Every one of them ingrates!! [46]... Alejado así, del universo laminar, lineal, reversible, no caótico y estable, se pasa a uno turbulento, no lineal, irreversible, caótico que coincide mucho mejor con el universo real, que por cierto tiene esas propiedades [47]. Hace algunos días soñé con algunos textos de los cuales sólo recuerdo La tía Tula y La hechicera, de Eric Van Lustbader, como la de Marie Ndiaye. ... ni la racionalización técnica necesita ser soñada para hechizar ni debe despertar la magia para convertirse en técnica... [48] Quisiera poner en relación algunas letras del grupo Barrabás con el libro de Fabian Par Lagerkvist. Tengo miedo, hace años que me posee: miedo a perder el trabajo, miedo a que me engañen, miedo a que me traicionen, miedo a la muerte. Hace mucho tiempo que mis manos están tensas, mis dientes apretados, mi respiración entrecortada. Quisiera escapar de mí mismo, no tener que esconderme para ser. Estos días, al igual que el clima de Bogotá, mi estado anímico ha pasado de un sol picante a una lluvia ácida. Mis brazos están como si no quisieran soltarse de algo, quizá, un árbol o una cornisa. Aprieto el esfero, necesito relajarme. Ha sido una larga guerra. A veces no sé cómo orar, a veces, necesito conversar con Dios. Un día, no hace mucho, pasé por una casa cuya dirección es avenida 19 con calle 126-96 (Bogotá), ese fue mi desierto, un laberinto del que salí y escapé por la puerta de la infancia.

Hace días que ella leía a Ibn Al-‘Arabi en El secreto de los nombres de Dios; la menstruación le había llegado y en su grabadora sonaban Los Toreros Muertos, lo cual no tenía ninguna implicación en nada. El sábado era para quedarse en casa; quitarse el smog de la semana, preparar clase, lavar su ropa, la de su mamá y su hermana; esto tampoco tenía ninguna implicación de orden mundial para nadie, ni siquiera para ella, que se pasaba varias horas escuchando el agua de la alberca y la fricción de sus manos sobre la ropa. Le colonialisme va trouver également dans le lumpen-prolétariat une masse de manoeuvre considérable [49]. Su gata, Abril, llegó hasta sus piernas y, citando a Benito Pérez Galdós, le dijo: Miau. Por su parte, ella la observó a los ojos, se lamieron con la mirada, luego ambas tomaron caminos cercanos pero diferentes. La noche había llegado con la música en una botella lanzada en el océano del tiempo. Los límites son invisibles. El afuera está protegido de himen transparente. La amiga de los gatos se llama Liliana, vive en una casa de portón blanco. Cuando regresa por la noche a su casa, quisiera que alguien a lo Tom Waits la llamara por teléfono para susurrarle un poema:

(Aah, you know I love you baby
So why don’t you call me
You know my number
3927704
Call anytime
Aah) [50].

Pero esa noche el teléfono de su Waits estaría descompuesto, y ella se dejaría arrullar por el silencio de su habitación vacía y la lluvia distante cayendo sobre la nada. Mujer que sueña que hay un hombre en su clítoris, viajando en una tabla de surf. Caminas en el aire. Ella está esperándote al otro lado del grito. Dan miedo las historias de espejos; la continuidad de los parques; los agujeros negros. Liliana percuta desde otra mesa hilos que tejen el golpe en el cristal, la fisura en la ventana. Abril entró a su noche, cuando necesitaba más de una vida. ¿Adónde iba ella cuando, dormida, su gata se la llevaba más allá de la marquesina de este mundo? Necesitó bastante agilidad para aprender a inventarse un día sola, alejada de sí misma, naufragando en venenos y lágrimas. En todo caso, los ronroneos de Kat Onoma la ayudaron a aferrarse a la cornisa. Mujer demasiado altiva para llorar, demasiado frágil para retener las lágrimas.

Es la una y veinte de la mañana del viernes 22. Hace un instante observaba, en el canal E!, a una rubia gastar cien mil dólares en cuatro pendejadas y después salir con un tal Julian McDonnall. La rubia, mientras tanto, tiene una fiesta en Londres al estilo Tadariso o algo parecido. Entiendo que la mujer esta se llama Tara o le dicen, en todo caso, Tara. Me gustaría presentar una propuesta a ese canal para realizar un Wild On desde la miseria; si fuera presentador de esa vaina, iría a un colegio distrital a preguntarle a cualquier niño qué desayunó en la mañana para ver con qué supermenú nos deleita. “A propósito”, Carlos B. Gutiérrez anota: ... el objetivo último de la voluntad de poder es el de liberarse de sí misma para poder llegar a un mundo desprovisto de objetivos y finalidades. El tiempo del mundo dionisiaco carece de metas; aquí resulta por lo tanto superfluo hablar de valoración. Para Nietzsche la vida como voluntad de poder y como devenir nunca es un valor: ella es el fundamento natural de todo valorar y por esta razón es invaluable [51].

No sé qué hacer para aprovechar la entrevista a Efraim Medina Reyes (http://pistolerosputasydementes.blogspot.com/)… me provoca pasársela a Fernando Duque, para que se encargue de corregirla. Igual me sucede con la entrevista a Luis Fernando Charry. Hace algunos meses le copié un poema de Óscar Portela al gato acuático. A ella, a Diana Ospina Obando, la vi en yagé en un baño del conjunto residencial Los Eliseos, en Pasto, hace más de una década. "Sanctificetur nomen tuum" [52].

El lapicero escarba en el aljibe del tiempo: llegar al paradero. La avenida prologa el asfalto anímico de los que pasamos por ella. La Bella Durmiente está con menstruación y su Príncipe Azul sacando fotocopias. En general, la metafísica y la filosofía no son, en modo alguno, ciencias, y no pueden serlo, porque su preguntar es, en realidad, histórico [53]. La Bella Durmiente despierta, observa la hora... el aire es invisible y no tiene forma [54]... sabe que no está embarazada, y en su rostro se insinúa una sonrisa, porque presiente que su príncipe azul debe estar fotocopiando Manual simplificado de pagarés kármicos. There are no clocks in the house [55]. Conversé con Sandra Chamorro, a quien “le dicté clases” hace diecinueve años. Yo era practicante de la Normal Nacional y ella una estudiante de tercero de primaria de la Escuela Anexa. Corría el año de 1987 y el profesor titular me había dado como tema “las zonas productoras de café en Colombia”; no era un tema difícil, pero yo (que en aquellos días andaba desesperado por crear otras sendas de acceso a la realidad, a mi realidad, no hice la tarea, quizá, por ensayar guitarra al frente de la ventana por donde solía pasar una niña rubia, que tal vez era familiar de un vecino que aún reside en la calle 17 con carrera 29... en fin...). En todo caso, no preparé el tema y, durante una hora, me tocó hablar del café apelando a todos mis recursos de culebrero para que nadie notara que no sabía. Recuerdo que les hablé de cómo se preparaba un delicioso café, de las marcas de café que compraban en mi casa, de la clase de pan que se vendía en mi barrio, de los países productores de café y, por todas esas digresiones, llegué a hablarles de algo que por aquellos días sí sabía de memoria, y era de la Copa Libertadores y de mi glorioso equipo el América de Cali; afortunadamente, como muchos niños eran también hinchas del equipo caleño, no hubo problema de que el resto de la clase les hablara del partido que esa noche iba a disputar el América en Bolivia, quizá en Santa Cruz o en La Paz. Todo eso lo recordé mientras hablaba con la hermana de mis amigos Chamorro y, en ese instante, me di cuenta de que para mí la institución escolar es una digresión o una línea de fuga o un excursus para deambular por diversos territorios, que en todo caso, no atrapen, no vigilen, no castiguen. La docencia me gusta porque, para mí, es un territorio de exploración, de improvisación e incluso de sanación; en mis clases, por ejemplo, tiene que haber una gran dosis de juego y de risa para que mis estudiantes y yo olvidemos que estamos en una clase. No siempre lo he logrado, pero siempre lo intento. Sin embargo, detesto aquellos formatos de control disciplinar y de tramitología “académico” burocrática, a los que me he resistido por miopes, escueleros, falsos. A los administrativos no les interesa si tú en una clase expusiste tus vísceras y dejaste tu alma; a ellos únicamente les preocupa que tú diligencies un formulario estandarizado desde el cual ellos puedan emitir un reporte de cómo va la empresa. Nunca me gustó, volviendo a mi época de normalista, el diario parcelador, no porque yo siempre estuviera evadiendo los temas, sino porque, si bien preparaba mis clases (no vayan a creer que lo del café era una constante), los giros, las involucraciones, los ritmos, las modulaciones, los tonos, las improvisaciones yo no las podía prever desde una cuadrícula, que, por supuesto, era un pequeño mapa de navegación, pero que en algunos profesores era una camisa de fuerza.

Al situar la idea de escritura, en el horizonte enigmático de una operación ingobernable y que excede el sistema de sus determinaciones; (Derrida) nos coloca ante la inoperatividad de los valores de responsabilidad, de representatividad consciente o de individualidad para dar cuenta de la instancia desconcertante del texto como diferencia seminal; acentúa o re-marca el carácter injustificable e inatribuible de una textura que "no tiene ya lugar único y fijo", que interrumpe, multiplica y desdobla su propia insistencia y (que) vuelve a poner en juego a la ilusión de un "significado" autárquico, como (su) efecto o (su) producto. (Cf. La Diseminación, p. 45) (23). (...) la diseminación (textual), en tanto que ella suscita o produce "un número no-finito de efectos semánticos" (Cf. Posiciones, p. 22), resulta pues, no-reconductible a un horizonte único de sentido, ni recuperable bajo la atención de una lectura "monosémica o polisémica" (Cf. Ibíd., p. 21), la polisemia o el politematismo se sitúan aún en la perspectiva de una reasunción totalizante de sentido (29). (...) El movimiento itinerante de la escritura, "se desdobla", "se multiplica", abre, en verdad, una suerte de errancia o de proliferación ilímite de las señales, y la remisión de las huellas a las huellas, sin ningún punto de presencia pura. Pero, al decir, (de la escritura), que abre este deslizamiento sin fin de las trazas sobre las trazas y su re-marcación o su re-envío incesante, (De la Gramatología, La Diseminación), afirma en verdad, profundamente, el carácter ingobernable de su movimiento y de su juego (diferenciante), como fuerza que desborda todo proyecto u orden de dominación (55) [56].

Los adioses que nunca fueron del agrado del pañuelo. La racionalidad asimila el ruido del teléfono al sueño en que me encontraba; agradezco de todas formas al que me despertó. Billy Joel llega atravesando el océano. Que se despierte todo el edificio. Córtale la cabeza a la medusa, decapita el plúmbeo mundo sin mirarlo de frente. El asunto es que la literatura (insomnio donde los recuerdos danzan entre melodías de la onda corta), aunque está al alcance de todos, es sólo deleite de pocos... ese divorcio entre el hombre y el arte es el que hace la vida más pesada, aunque no niego que algunos textos, quizá éste, logren el mismo efecto. En este tipo de edificios todo se escucha. No puedes dormir tranquilo, no puedes vivir tranquilo, a las seis de la mañana la del 302, comenzará a gritar su “alegría” de vivir.

No deja de ser curioso que las ideas de cortar y separar estén en los orígines de la palabra escribir: desde el sánscrito krnati (él hiere) y krtíh (cuchillo) pasando por el griego keréi (separar) y squeribh (cortar) y skariphos (estelita para escribir) hasta llegar al latino scribere y nuestro escribir. Por el contrario, la palabra leer, desde sus raíces griegas y latinas, corresponde a juntar y cosechar. Por último, la palabra sánscrita éti (él va) lleva, a través del griego, a las cercanas palabras latinas ire (ir), iter, itineris (camino) y coitus (reunión) -coito: re-unión de los sexos separados [57].

Ahora ella estará en el parque soñando con otros labios. Meditar poemas desde la buseta. Juro que hoy marcaré su número telefónico, y le diré que cuando mire una lágrima “congelada” en el gesto esquizofrénico de la ciudad, la estaré soñando. El filo del barco es similar a la punta del lápiz que traza la huella en la página, pero tanto el lápiz como el barco responden a las pulsiones, a las misteriosas fuerzas que dirigen los pasos de los hombres. Es con la intensidad de la sangre con la que se inventa el destino y se traza la ruta sobre la hoja. Al respecto ha escrito Derrida lo siguiente:

La cuestión de estilo es siempre el examen, la presión de un objeto puntiagudo. A veces únicamente de una pluma.

Pero también de un estilete, incluso de un puñal (p. 27).

(...) el spur inglés, el espolón, es la “misma palabra” que el Spur alemán: traza, estela, indicio, marca (p. 28).

El estilo avanzará como el espolón, el de un velero por ejemplo: el rostrum, ese saliente que en la parte exterior hende la superficie adversa (p. 27) [58].

El poema es una cuerda floja de rutas y derrotas por donde los hombres dejan sus pasiones y su sangre. Jean-François Lyotard, en uno de sus últimos libros, cuenta una fábula postmoderna en la que en pocas líneas pronostica la destrucción total de nuestro sistema, y la posible huida del hombre. La fábula no tiene moraleja y su final es críptico.

En una ínfima parte de la inmensidad cósmica, existía un ínfimo sistema de la galaxia llamado Vía Láctea. Y, entre los miles de millones de estrellas que la componían, había una llamada Sol (...). Y, como en todos los sistemas cerrados, la esperanza de vida del Sol estaba limitada por la entropía (...). "A qué se podían parecer el Humano y su Cerebro, o mejor el Cerebro y su Humano, en el momento en que abandonaron el planeta, antes de su destrucción, eso no lo contaba la historia" [59].

En la década de los ochenta el reconocido científico Carl Sagan en su programa Cosmos, señalaba que en tiempo cósmico la humanidad apenas lleva diez minutos como inquilinos del planeta, sin embargo en esos escasos minutos, el hombre ha desarrollado la suficiente potencia destructora como para acabar con la tierra en unos cuantos segundos. El camino de estas palabras quisiera instalarse en aquel cuento donde están los dos pastusos escuchando a Supertramp. Claro, ellos ni sabrían qué grupo era, ni tampoco les importaría. Lo que interesa aquí es lo que ellos hablaron acerca de personajes como el Pedro Bombo, la María Piña o los Calavera. Algo de esto tiene que ver con una conversación que tuve con Ernesto Ágreda, un día lluvioso por los lados de Pozzetto. Reflexionamos sobre los amores imposibles, léase: él o ella de estrato seis y ella o él de estrato cuatro o tres... ni para qué mencionar el dos o el uno. Recuerdo que comentamos una telenovela cuyo argumento era más o menos el siguiente: la hija de un industrial multimillonario va a pasar unas vacaciones a una de sus tantas haciendas, pongamos por caso en Circasia (Armenia), y allí es donde conoce a un joven campesino, que lo vamos a llamar “John Jairo”. Tan pronto se ven... surge el amor. Ella regresa a su casa en Bogotá, y entonces J.J. se va a buscarla. El hombre tiene sus agallas, y se “plantonea” durante varias horas al frente de la casa de su amada. Hasta que al fin ella sale, etc. Although most people would characterize them in the latter way, they in fact represent both tendencies simultaneously [60]. Ayer escribió Anita Brus (http://abruswanadoo.blogspot.com/); ella está bien.

He sido docente desde los doce años. Mi primera clase la realicé al lado de mi ex compañera y amiga Lida Gimena Torres Hidalgo, cuando los dos estábamos en grado séptimo. Fue la última clase de un día viernes. El profesor nos preguntó quién de los dos quería salir al frente; Lida se había preparado mejor (ella es muy juiciosa), pero estaba, al igual que yo, muerta de los nervios. Optamos por lanzar una moneda y la suerte me tocó a mí. La clase era de historia y los niños de grado quinto estuvieron atentos. Al final el profesor les dijo a sus muchachos que me dieran un aplauso y me dijo que iba a ser un buen profesor. Quisiera estar entre las piernas de Ana Hickman y las Heidi Klum, y, si es posible, en medio de los senos de Jodie Marsh. En Animal Planet, un hombre es atacado por una cascabel, está entre la vida y la muerte, mientras los médicos le inyectan suero para contrarrestar el veneno neurotóxico. Javier Chamorro me llama, su voz es cordial y afectuosa. Ellos, los hermanos Chamorro, fueron mis hermanos en la infancia y adolescencia; pensé que se habían ido para siempre de mi vida, pero estaba equivocado. Tengo mucho trabajo acumulado. Tengo deudas conmigo mismo, hace muchos años; por ejemplo (y sólo es un ejemplo), debí haber leído Las mil y una noches, hace años debería haber acabado de leer El siglo de las luces y así se van acumulando tareas que he ido difiriendo. La sua esperienza dell´esilio è quella di una continua e progressiva decostruzione: uno “spogliarsi di ragioni e di torti”, una messa a tacere di ogni pretesa di esistere, fino a “disfarsi” per ridursi a “non essere niente” [61].

Dadas así las cosas, lo único que tocaba hacer era levantarse rápido. Se había quedado amarrado a la cama. Había diferido todo, a razón de no se sabe qué. Lo único cierto es que otros lo habían logrado y él ¡no! ¿En qué parte de la historia se había quedado? Sólo lograba recordar que por la época en que le tocó estudiar el número de Avogadro y, luego, en último año de bachillerato, los procesos de óxido-reducción, justo allí, entre Avogadro y dichos procesos, había ocurrido.

John Secada en Otro día más sin verte. Sábado 28: Los espectros de Marx. Salgo a la calle para hacer una llamada de larga distancia. El absurdo se materializa en la figura de cuatro agresores. Rompo los vidrios de una casa. Las historias no finalizan, se transforman. Hace algunas noches soñé con Alexandra Ximena Cabrera (la mejor estudiante del curso). Hablamos de cuando estábamos en el bachillerato y teníamos de compañero a William Ramos. Con Alexandra Ximena compartimos hasta noveno y, sin embargo, nunca cruzamos una palabra, ni siquiera esos cortos “diálogos” circunstanciales de ¿me prestas un borrador?, ¿para qué fecha quedó el examen?, ni siquiera existió eso. Si ella nunca me habló, fue porque yo no le despertaba ningún interés, pero en mi caso fue por timidez. Uno aprende muy tarde, y si sólo se tratara de aprender... Es extraño que uno siga con una misma identidad, un mismo nombre, cuando se muere y cambia de vida. ¿Pero cuántos somos capaces de morir y de cambiar? En todo caso, es otro el que vivió en el 801 con Margoth Santacruz, Jorge Luis Argoty, Adriana Yandar, Jimmy Ramos, Mercedes Garzón, Amanda Villota, Esteban Timarán, Mónica Bravo y, por supuesto, El Narváez. En esa temporada pasó por Pasto Inti-Illimani y junto a mí el número de Avogadro, Leucipo y Demócrito, el movimiento uniformemente acelerado, y todo eso se fue al carajo y yo también. Der Beginn der Metaphysik im Denken Platons ist zugleich der Beginn des “Humanismus”. Dieses Wort sei hier wesentlich und deshalb in der weitesten Bedeutung gedacht. Hiernach meint “Humanismus” den mit dem Beginn, mit der Entfaltung und mit dem Ende der Metaphysik zusammengeschlossenen...[62] Soy un intruso en una choza. Todo está construido con retazos de vidrio y madera. El hombre que habita esta casa es un anciano. El no me conoce, ni yo a él. Le ayudo a tapar las fisuras de su techo porque, más temprano que tarde, se va a desatar una tormenta. Presiento que estoy más preocupado que el anciano. Trato de vincular todas las guaduas a un solo punto, que no es un centro. La estructura parece tan endeble; sin embargo, tengo la convicción de que va a resistir. Mit den heitersten Empfindungen trete ich durch eine unverschlossene niedrige Tür ein [63]. Estoy en el Área Cultural del Banco de la República, específicamente, en el tercer piso de la Biblioteca Leopoldo López Álvarez. No sé por qué estaba escribiendo acerca de Sabato y sin transición alguna comenzaba a anotar algunos “datos” sobre Robert Rivas, William Ramos y Ernesto Ágreda, y era Ernesto el que estaba a mi lado, lo cual me alegraba porque sentía un respaldo. ¿Hur mycket kostar en fotboll i Sverige? [64] Mi vida social ha quedado reducida al Internet. Visito varios Blogs [65]. Vendo libros. La idea me la regaló Carolina Arias. Tengo deudas... ha sido una noche larga & todos han prometido mucho contacto... estoy preparado para la cuna. El desierto está lleno de ganado [66]. Estoy cansado. Tenso. He estado preocupado durante los últimos años y estoy harto de continuar así. Quisiera estar ebrio. En mi mesa me acompaña Gorki, y él me observa con su dignidad y fuerza. La normatividad me está matando. “Well? Anything to go by? What are we going to do?”[67] ¡Qué difícil es perder la importancia personal! Volver a ser niño, creo que de eso se trata, si no, Jesucristo no hubiese afirmado: Dejad que los niños vengan a mí, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

El jueves 16, poco después de salir de mi clase de Seminario de Literatura, me encontré (cerca de donde Cerati estaba entregando discos), con Daniel Sierra Mora, Iván Mesa Bautista y John González Valencia. Estaban hablando de una agrupación que no conocía, y entonces John me prestó algunos CD´s grabados en mp3 de dicha banda. Bajamos hasta la fotocopiadora a dejar los textos de Panero. A escasos metros de M&T queda el bar Sede C; John y los demás me invitaron a una cerveza. Había un grupo bastante nutrido de estudiantes, y la voz de Kaleth Morales llenaba el lugar. Hablamos sobre el fallecido cantante vallenato; después pensé en elgatoquepesca.blogspot.com/ al escuchar a Fito Páez, que me decía: la misma calle, el mismo bar, nada te importa la ciudad si nadie espera… no sé de qué hablarían mis estudiantes, pero yo, por un instante, fui transportado hacia otro tiempo. No sé cómo se instaló después el Chavo y el Kronos Quarter en la conversación, pero de ahí pasamos a hablar de la docencia, del profesor Jirafales, del programa Recreo que se emite en Disney Channel. Todo iba bien, hasta que dos muchachos con pinta de sicarios se acercaron a la mesa para que les colaboráramos con algo de dinero. Uno de ellos me indicó un carnet del ejército, yo le di unas monedas (diciéndome que un tipo de ésos ha puesto su cuerpo para defender “nuestra democracia”); en fin, se las di, quizá más con la intención de que se fuera rápido. Segundos después se formó una trifulca... una adolescente, con tono agresivo, gritaba que se le había perdido su celular y que de ahí no salía nadie hasta que apareciera. Otras chicas acusaban a los dos “militares” y una más cerró la cortina metálica para que nadie se fuera a ir del establecimiento. Los gritos iban en crescendo y yo opté por pagar la cuenta y tratar de salir con mis estudiantes. Le expliqué a la que custodiaba la puerta que yo era docente… me mandó a callar, y por un instante me sentí como el campesino del cuento de Kafka. Traté de calmarme. Llamaron a la policía. A los pocos minutos, me dejaron salir, no sin antes escuchar los insultos de la exaltada estudiante, quien me gritaba que ella también era profesora y que yo no sabía de pedagogía… (lo cual es cierto)... una de sus compinches le decía que se calmara, pero la tipa estaba furibunda. Al rato salieron mis estudiantes. Los policías esposaron a los dos supuestos militares que no habían querido o podido deshacerse del celular. En el plató de la patrulla había una chica de unos veinte años esposada a una de las varillas del auto; le pregunté por qué estaba detenida y ella me dijo que no sabía. Era una mujer bonita con un rostro frágil y, al mismo tiempo, endurecido por la vida. La abracé y me despedí de ella. Caminamos hacia la carrera Quinta y acordamos tomarnos otra cerveza en un bar aledaño a la Universidad Central. Yo aún estaba indispuesto… nunca antes había sentido un ataque de claustrofobia… Llegamos al bar de Telered (carrera quinta con calle 22, esquina), conversamos de los límites que uno mismo se impone y, como para ambientar la cosa, Franky Ruiz cantaba Mi libertad. John ha creado el ritual de que se escriba algo en una de las etiquetas de cerveza… fue un agradable momento… pero yo estaba cansado y me sentía frágil, me retiré a las diez y veinte. Don Daniel me acompañó hasta la puerta, le di un abrazo y caminé rápido con ganas de llegar al apartamento, comer algo y acostarme a dormir.

Se acordaba de aquello que le dijo Juan Carlos Onetti, al (para aquel entonces) joven Eduardo Galeano: Mirá, pibe, si Beethoven hubiera nacido en Tacuarembó, hubiera llegado a ser director de la banda del pueblo. Bueno, pero García Márquez había nacido en Aracataca...

Él había nacido en Pasto. Ahora preparaba su tesis para graduarse como físico de la Universidad de Nariño. Su laboratorio: la vida. Su arte: el de diferir. Vive con su mamá y unos primos. A la hora del almuerzo su tema predilecto de conversación es el Deportivo Pasto y las posibilidades de que pase a la final. Sus primos son escépticos, no tan sólo con el Pasto, sino, en general, con todo.

Él trabaja desde hace años en un libro. Nadie lo ha visto. Nadie sabe de qué se trata. Pero, desde hace mucho tiempo, va todos los días a la biblioteca de la universidad a tomar notas de textos de astrofísica, cosmología, lógica matemática...

Él es un científico invisible. Camina por las calles de Pasto, argumentando, por ejemplo, que para Husserl, el "sentido" de un enunciado constituye una "idealidad" que no existe ni en la realidad mundana ni en la realidad psíquica: es una pura unidad de sentido sin localización real.

Él es un hombre de ciencia; pero su ciencia es pura ficción, al menos eso es lo que piensan sus primos, que consideran que Ernesto debería dedicarse a trabajar en algo que dé plata.

Jesús, uno de sus primos, dice que cuando a él le toca evaluar a sus estudiantes (que van desde grado sexto hasta once), lo que él hace es pura ciencia ficción, porque es una farsa evaluar por competencias a cada uno de esos desadaptados a los que no les interesa para nada el estudio, afirma. Es desde este sentido que Jesús cree que lo que hace Ernesto no tiene que ver con la física, sino con la ciencia ficción.

¿Qué es ciencia ficción? ¿Pensar lo que viene? ¿No tener plata? ¿Estar en una cafetería de Pasto, hablando acerca de que el punto de partida de la mecánica cuántica fue la verificación experimental de la interacción entre átomos y luz?, ¿y que esto implica frecuencias bien definidas de absorción y emisión? ¿Y que el modelo de átomo que construyó Bohr se caracteriza por niveles de energía discretos, conforme a los datos experimentales que la frecuencia de las líneas espectrales de emisión y absorción es la diferencia entre dos niveles energéticos? ¿Qué pasa en un cuento de ciencia ficción? ¿Por qué nunca se había interesado en leer a Ray Bradbury, John Updike o René Rebetez?

Ernesto sabe que mientras está lavando los platos, en Bogotá, el Deportivo Pasto va perdiendo ante Millonarios, y a miles de años luz, un agujero negro se engulle a sí mismo, conduciéndose a otra dimensión espacio-temporal. Es un domingo y la Vía Láctea continúa encima de su cabeza. Recuerda que de niño quería construir una máquina capaz de interceptar el sueño de otra persona. Así, él podría soñar con la persona que quisiera, y no con las que le tocan.

A veces sueña con una mujer clara que ama y lo ama sin pedir nada o casi nada que no es lo mismo pero es igual. La ha soñado y la ha invocado desde sus lecturas, desde sus apuntes en biblioteca o desde sus soledades, sus domingos en el estadio Libertad. No sabe quién es, pero sabe que existe. Él sabe que mientras sus manos lavan los platos de la cena, ella está en algún lugar. Piensa que el libro que está escribiendo es para ella; porque ella es real. Por las noches Ernesto trabaja en un conjunto fractal con nombre de mujer. Pasa horas frente al computador. Pasa mucho tiempo frente a ella, que está sin estar al otro lado de la pantalla.

Cierta noche, mientras trabajaba en su fractal con nombre de mujer, una energía lo absorbió. Era ella que emergía de esa compuerta. Él había utilizado el teclado y el mouse como una tabla Ouija. Ella vive en este mundo, al otro lado de sus pensamientos. Para Ernesto, la geometría fractal, su geometría fractal es una fisura entre los mundos. Ella está ahí entre un mundo y el otro; ella lo habita a él en lo fractal.

La realidad ya es ciencia ficción. A pesar de que los primos de Ernesto no lo crean.

 

Notas

[1] JODOROWSKY, Alejandro. Donde mejor canta un pájaro. Santiago de Chile, Hachette, 1992, p. 209.

[2] MARTÍN GAITE, Carmen. Caperucita en Manhattan. Madrid, Siruela, 1990. p.11.

[3] BERGSON, Henri. Memoria y vida. Traducción de Mauro Armiño. Barcelona, Ediciones Altaya, 1994. p. 60.

[4] LEZAMA LIMA, José. Interrogando a Lezama Lima. Barcelona, Anagrama, 1971. p. 56.

[5] REYES, Graciela. [Refiriéndose a un planteamiento de Hayden White, de su libro de 1978, Tropics of Discourse: Essays on Cultural Criticism, Baltimore y Londres, Johns Hopkins University Press]. El nuevo análisis literario: expansión, crisis, actitudes ante el lenguaje. En: Teorías literarias en la actualidad. Madrid, Ediciones El Arquero, 1989. p. 23.

[6] ANTELO, Raúl. Mário, modernidad y semblante. En: Cánones literarios masculinos y relecturas transculturales. Lo trans-femenino/masculino/queer. Barcelona, Anthropos, 2001. p. 49.

[7] PRIGOGINE, Ilya. El dilema de Epicuro. En: El fin de las certidumbres. Traducción de Pierre Jacomet. Santiago de Chile, Editorial Andrés Bello, 1996. p. 30.

[8] LORIGA, Ray. Lo pero de todo. Barcelona, Plaza & Janés, 1999. p.18

[9] KESTEN, Hermann. Die Abenteur eines Moralisten. München, Knaur, 1956. p.110.

[10] DELEUZE, Gilles. Un precursor desconocido de Heidegger: Alfred Jarry. En: Crítica y clínica. Traducción de Thomas Kauf. Barcelona, Anagrama, 1997. pp. 130-131.

[11] ROHMER, Sax. El demonio amarillo. Traducción de Augusto Barrado. Barcelona, Editorial Molino (Biblioteca de ORO. Publicación semanal de novelas ilustradas), 1935. p.5.

[12] KOLAKOWSKI, Leszek. Polka i teoria. En: Kultura. Nº 3/438. marzec - mars. Wydawca, Institut Litteraire, 1984. p.9.

[13] "Quizá con la palabra perversión (...) implica un extraño arte de las superficies". Extraño arte de la perversión: línea de fuga a la multiplicidad nagual.

      TORRES, William. Nosotros los brujos. Devenir perverso ante la muerte. En: Nómade. Nº 6. Revista del Departamento de Humanidades y Filosofía - Universidad de Nariño. Pasto, junio de 1999. p. 66.

[14] Se recomienda consultar la tesis de SANG WON, Lee. Farabeuf: escritura autoconsciente y visión alephiana. Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana. Departamento de Literatura. 1992.

[*] SONTAG, Susan. Ante el dolor de los demás. Traducción de Aurelio Major. Madrid, Alfaguara, 2003. Capítulo 6. Ver en especial las páginas 113 y 114.

[15] LORIGA, Ray. Lo peor de todo. Barcelona, Editorial PLAZA & JANÉS. 1999. pp.73-74.

      VER: http://www.etiquetanegra.com.pe/revista/2003/07/pieletra.htm

[16] RIBEYRO, Julio Ramón. Antología personal. México, F.C.E. 1994. pp.119-123.

[17] LOPES LOURO, Guacira. Teoria queer - una política pós-identitária para a educaçao. En: Estudos feministas. Centro de Filosofia e Ciencias Humanas UFSC. Universidade Federal de Santa Catarina. Vol. 9 Nº 2/2001. p. 543.

[18] BORGES, Jorge Luis. El Sueño de Coleridge. En: Nueva Antología personal. Barcelona, Bruguera, 1980. pp. 207-212.

[19] BORGES, Jorge Luis. Los sueños y la poesía. Entrevista realizada en septiembre 19 de 1980. En: Borges en la Escuela Freudiana de Buenos Aires. Buenos Aires, Agalma, 1993. p. 19.

[20] AUSTER, Paul. Desapariciones. Valencia, Pre-textos, 1996. p. 131.

[21] RÍOS, Julián. Yoga. En: Álbum de Babel. Barcelona, Muchnik, 1995. p. 196.

[22] FRANCO, Teresa de. Eruzione-espansione cosmogonica nella “physische geographie” di Kant. En: Filosofia Oggi. Per l´unità delle scienze. Anno XXIII. Nº 92. F. IV. Ottobre-dicembre 2000. pp. 518-519.

[23] BRECHT, Bertolt. Life of Galileo. En: Brecht. Collected plays. Volume 5. New York, Vintage Books, 1972. p. 285.

[24] McNAB. Pamela J. Humor in Castellanos´s El eterno femenino: The Fractured Female Image. En: Latin American Theatre Review. Center of Latin American Studies. University of Kansas. 33/2. Spring 2000. p. 81.

[25] MORENO, Mario (Cantinflas). Citado por: FLÓREZ GÓNGORA, Miguel Ángel. Mario Moreno “Cantinflas”. El filósofo de la risa. Bogotá, Panamericana, 2004. p.23.

[26] MAZZOLDI, Bruno. La palabra periodística. En: ECO. Nº 261. Bogotá, Buchholz, julio de 1983. p. 319.

[27] CHAVES, Guillermo Edmundo. Chambú. Medellín, Bedout, 1985. Todas las citas son tomadas de esta edición.

[28] EVERSZ. Robert M. Shooting Elvis. Traducción de Hernando Valencia Goelkel. Bogotá, Norma, 1999. p. 121.

[29] PEREDA, José María de. Peñas arriba. Medellín, Bedout, 1982. p. 69.

[30] KINSKI, Klaus. Yo necesito amor. Traducción de Joan Parra Contreras, Barcelona, TusQuets. 1992. p. 246.

[31] JOYCE, James. Finnegans Wake. New York, The Viking Press, 1947. p. 222.

[32] ULRICH GUMBRECHT, Hans. De la legibilidad del mundo a su emergencia. Una historia sobre el dualismo de las ciencias naturales y las ciencias del espíritu, con dos finales más bien abruptos. En: Cultura, política y modernidad. Bogotá, Gabriel Restrepo, Jaime Eduardo Arango y Luz Gabriela Arango (Editores). CES/Universidad Nacional de Colombia, 1998. pp. 33-61.

[33] CASTANEDA, Carlos. Relatos de poder. Traducción de Juan Tovar. México, F.C.E., 1992. pp. 139-194.

[34] RINCÓN, Carlos. Mapas y pliegues. Bogotá, Colcultura, 1996. pp. 145-202.

[35] Hoy en día, todo el mundo se empeña en destruir los mitos: lo considero una sandez y una vulgaridad. Es muchísimo más fácil destruir una leyenda que elaborarla. Y, una vez destruida, me pregunto qué se ha ganado con ello. En cambio, sé lo que se ha perdido.

      NOTHOMB, Amélie. Atentado. Traducción de Mónica Boada y Ana María Moix. Barcelona, CIRCE Ediciones, 1998. p. 111.

[36] LEZAMA LIMA, José. Paradiso. Madrid, Cátedra, 2003. p. 395.

[37] MARCUSE, Herbert. L´Homme unidimensional. Easy sur l´idéologie de la société industrielle avancée. Traduction de Monique Wittig revue par l´auteur. Paris, Éditions de Minuit, 1968. p. 162.

[38] NERUDA, Pablo. Canto General. En: Selección de poemas 1925-1952. Barcelona, Círculo de Lectores, 1975. p. 164.

[39] STEVENSON, Robert Louis. The strange case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde. New York and Washington, BOOKS, INC. Publishers. 1962. p. 100.

[40] GARCÍA LORCA, Federico. Bodas de Sangre. Acto II. Cuadro Primero. En: Obras completas. Madrid, Aguilar, 1957. pp. 1123-1124.

[41] CORTÁZAR, Julio. Lucas, sus críticas de la realidad (Un tal Lucas). En: Cuentos completos (1969 - 1982). Volumen 2. México, Alfaguara, 1997. p. 238.

[42] BORGES, Jorge Luis. El DR. Jekyll y Edward Hyde, transformados (Discusión). En: Obras completas 1923 - 1972. Buenos Aires, EMECÉ, 1978. pp. 285-286.

[43] DELGADO MORALES, Campo Elías (Chinácota -Norte de Santander-, 14 de mayo de 1934 - Bogotá, jueves 4 de diciembre de 1986). Sargento Mayor del ejército de los Estados Unidos de América. Graduado como técnico de medicina y pilotaje. En Vietnam fue auxiliar médico. Profesor particular de inglés de Claudia Rincón, a quien asesinó junto con su madre, doña Nora Becerra. El texto guía que había elegido para sus clases de inglés era El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Vivía con su mamá, doña Rita Elisa Morales, en el 401 del edificio ubicado en la carrera 7ª Nº 52 A 27. Después de matar a su madre e incendiar su residencia, pasa a los apartamentos 301, 302 y 101 donde asesina a cinco mujeres. Sale del edificio y se dirige al restaurante el Pozzetto (carrera 7ª Nº 61-24). Ingresa al segundo piso, y tras tomarse ocho vodkas, comienza a disparar, dando muerte a más de veinte personas.

     Me causó extrañeza ver cuando el señor ése antes de entrar al edificio volvió a mirar hacia la izquierda y se quedó sorprendido observando un cartel callejero pegado en la pared que anunciaba la obra de Federico García Lorca: Bodas de Sangre, durante varios minutos... informó otra de las personas del edificio.

     El Tiempo, viernes 5 de diciembre de 1986. Era un hombre extraño... p. 12-D.

[44] LASSETER, John. Toy Story. Walt Disney Pictures. 1995.

[45] PEREDA, José María de. Peñas arriba. Medellín, Bruguera, 1982. p. 63.

[46] BURROUGHS, William. Naked Lunch. New York, Ballantine Books, 1974. p. 104.

[47] CASTAGNINO, Mario. Diálogo con Evelyn Fox Keller, Mony Elkaïn, tras la ponencia de Ilya Prigogine. ¿El fin de la ciencia? En: Nuevos Paradigmas, Cultura y Subjetividad. Traducción de Leandro Wolfson. Buenos Aires, Paidós, 1995. p. 63.

[48] MAZZOLDI, Bruno. Teleón. La acusación infinita de León de Greiff. En: IX Congreso de La Asociación de Colombianistas. Colombia en el contexto latinoamericano (Santafé de Bogotá, D.C., julio 26 al 29 de 1995). Memorias. Bogotá, Universidad de los Andes / The Pennsylvania State University, 1997. p. 202.

[49] FANON, Frantz. Les damnés de la terre. Paris, François Maspero, 1981. p. 85.

[50] WAITS, Tom. The Black Rider. Traducción de Alberto Manzano. Madrid, Celeste Ediciones, 1994. p.41.

[51] GUTIÉRREZ ALEMÁN, Carlos B. Nietzsche según Heidegger. En: Texto y Contexto. Número 27. Bogotá, Universidad de los Andes. Mayo-Agosto de 1995. pp. 50-51.

[52] JARRY, Alfred. Ubú, Rey. Traducción de José Corrales Egea. Barcelona, Círculo de Lectores, 1975. p. 122.

[53] HEIDEGGER, Martin. Introducción a la metafísica. Traducción de Emilio Estiú. Buenos Aires, Nova, 1959. p. 81.

[54] MENDEZ, Conny. ¿Qué es la metafísica? Caracas, Bienes Lacónica, 1988. p. 11.

[55] HJORTSBERG, William. Gray Matters. London, Sphere Books, 1974. p. 88.

[56] RÍOS GAVIRIA, Camilo. La escritura como diseminación. En: Introducción general a los textos de Jacques Derrida (tesis de grado). Manizales, Fondo Editorial. Serie Ciencias Sociales y Filosofía. 1992. pp. 21-57.

[57] RÍOS, Julián. Los caminos de la página: “El mono gramático”, de Octavio Paz. En: Álbum de Babel. Barcelona, Muchnik, 1995. pp. 45-46.

[58] DERRIDA, Jacques. Espolones. Los estilos de Nietzsche. Traducción: M. Arranz Lázaro. Valencia, Pre-Textos, 1981. pp. 27- 28.

[59] LYOTARD, Jean-François. Una fábula posmoderna. En: Moralidades Posmodernas. Traducción de Agustín Izquierdo. Madrid, Tecnos, 1996. pp. 63-64.

[60] FUKUYAMA, Francis. Trust. The social virtues and the creation of prosperity. New York, Free Press Paperbacks, 1995. p. 280.

[61] LAURENZI, Elena. Il cammino in salita Della memoria. En: aut aut. María Zambrano. Pensatrice in esilio. Nº 279. Milano, maggio-giugno 1997. p. 81.

[62] HEIDEGGER, Martin. Platons lehre von der wahrheit. Mit einem Brief über den “Humanismus”. Bern, Verlag A. Francke AG., 1947. p. 49.

[63] MECKEL, Cristoph. Der glückliche Magier. Signal-Verlag Hans Frevert Baden-Baden, s.f. p. 53.

[64] EVA STENVANG, Agneta Gunnarsson och. Colombia. Kontrasternas land. Stockholm, UBVs förlag, 1995. p. 305.

[65] http://haygatoencerrado.blogspot.com/, http://revista33y1tercio.blogspot.com/, http://registrosintimosjuanita.blogspot.com/, http://2porsuramerica.spaces.live.com/, http://puntadasdepenelope.blogspot.com/, http://mundochacal.blogspot.com/, http://journalmalediction.blogspot.com/

[66] DYLAN, Bob. Observando el motín desde una celda inmunda o (la cárcel no tiene cocina). En: Tarántula. Traducción de Ignacio Renom. Barcelona, Ediciones Júcar, 1996. p. 83.

[67] BURROUGHS, William. Wind hand to the hilt. En: Nova Express. New York, Grove Press, INC. 1964. p. 109.

 

© Andrés Octavio Torres Guerrero 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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