Lo religioso en la poesía de Fina García Marruz

Giorgio Serra Maiorana

Universidad de Alicante
donjorgeserra@yahoo.es


 

   
Localice en este documento

 

Resumen: La obra poética de Fina García Marruz (La Habana, 1923) destaca, entre otras cosas, por el fuerte contenido místico-religioso presente en muchas de sus composiciones. Para este trabajo se han elegido algunas piezas representativas de toda su obra, con el fin de observar, de forma sintética, el tipo de relación que la autora mantiene con la religión y el misticismo.
Palabras clave: Fina García; grupo Orígenes; misticismo; poesía cubana.

 

La narración de los Textos Sagrados

Quizás sea Fina García Marruz la que, dentro del grupo Orígenes, otorga a la creación poética el más fuerte valor religioso, sobre todo en lo que se refiere a la creación divina y al misterio de la encarnación. «Qué extraña criatura», por ejemplo, aborda el tema de la creación del hombre:

Qué extraña criatura es ésta, Señor,
[...]
Qué extraño rostro diste al hombre, tu criatura,
qué soledad en sus ojos bellos e impenetrables,
[...] que en el deseo
satisfecho, se queda al fondo, deseando

El poema pertenece a su primera obra importante, Las miradas perdidas (1951), y en concreto a la sección titulada «Los misterios». Ya en esta recopilación Fina García se interesa por los misterios de la fe cristiana. En este caso la creación de Adán se representa como algo enigmático, pese a ser uno de los actos de la creación más conocidos y unívocos. La autora destaca la tristeza y la codicia humanas, lo que es la causa, a la vez que el resultado, del pecado original.

Otro poema que se inspira en un acontecimiento bíblico es «Fresco de Abel», donde parece que se parte de la observación de una pintura en la que se observa el primer hombre muerto asesinado. Pero la representación va mucho más allá del hecho en si mismo, y se convierte en una especie de confesión y arrepentimiento de Abel por haber muerto joven. Mientras los demás poemas de «Los misterios» se ciñen a las historias de la Biblia, éste parece alejarse de ella para seguir un camino propio de reflexión del yo poético. Como explica la misma Fina García en su texto crítico Hablar de la poesía, «En todo verdadero poema hay un elemento que escapa a su creador mismo». No debe haber ninguna finalidad en un buen poema puesto que, del mismo modo que un ser viviente, una composición no es el resultado de sus elementos formadores, sino una creación con vida e identidad propias. Por lo tanto un poema no tiene que seguir necesariamente el texto al que se refiere.

También vale la pena citar el famoso poema titulado «Transfiguración de Jesús en el monte». El acontecimiento milagroso está descrito con un estilo muy narrativo, casi como si se tratara de un hecho cotidiano.

Jesús camina con Pedro, con Jacobo, con Juan, grabados en la luz
próxima e inmemorial;
traspasado traspasa el paño de la angustia e impulsa los vitrales;
hasta ahora Él les había mostrado sus palabras pero ahora les ha de
entregar también su silencio;
hasta ahora ellos han conocido su compañía, pero ahora les ha de
entregar también su soledad

Ahora bien, el recurso a este lenguaje accesible para todos no disminuye la intensidad mística del poema, que alcanza su máximo hacia la conclusión, cuando ya se ha cumplido la transfiguración de Jesús ante los apóstoles: «Ahora ya no es el Sol que nos alumbra y se oculta cegadoramente, sino que la Luz por vez primera como nube los cubre y se revela en su gloria».

 

Humanización y diálogo con lo sagrado

Los «Sonetos del penitente» presentan al sujeto poético en el acto de confesar los pecados cometidos durante su vida. La necesidad de la expiación termina con acercar el tema religioso de la penitencia al punto de vista del lector.

Más representativo al respecto es la «Elección de Pedro», donde la autora parece dirigirse directamente al apóstol Pedro, elegido por Jesús a pesar de no haber sido el mejor entre sus seguidores.

Que fuera Pedro el elegido siempre me ha parecido extraño.
Este buen Pedro, un poco tardo, que nunca comprende del todo pero
que al fin comprende,
[...]
Pedro, figura de la Iglesia, tú, el negador, fuiste al fiel Juan preferido,
el negador al fiel, el menos amado al más amado, no como aquel que
tiene la corona sino como aquel que lleva el cayado y el remolón
cabrillo avizora y espera

Además del intento de diálogo con un personaje sagrado destaca la caracterización humana, y hasta carnal, del santo. En otras palabras, San Pedro está descrito evidenciando sus defectos como hombre.

En los poemas «En Ávila» y «El castillo y el agua» se observa el fenómeno contrario. En el primer caso el convento de la Encarnación, en el que vivió Santa Teresa, se convierte en un lugar de profundo misticismo. Incluso transmite una parte de su propio sentido de lo sagrado al paisaje que lo rodea, incluyendo a los pájaros. Con el otro poema Fina García confiere un valor divino a las tierras de Castilla, comparándolas incluso a Cristo:

Casta, Castilla, virgen madre,
te pareces al agua!
[...]
Es como Cristo
el agua: carga con nuestras manchas
para limpiarnos. Que no puede el hombre
lavar alma ni cuerpo por sí solo
y un medio puro necesita.

Posiblemente esta mitificación de Castilla tenga su origen en el papel evangelizador que España había desempeñado en el Nuevo Mundo. Cabe considerar, en todo caso, que la autora cubana tiene en gran consideración los elementos naturales y el paisaje por ser éstos obra de Dios. Mientras que lo que resulta ser fruto del ingenio humano termina por cansar, lo que fue creado por el Señor está destinado a quedar para siempre y a ejercer una fascinación inagotable. De ahí surge cierta idea de insuficiencia subyacente en buena parte de su obra. La función creadora de la poesía siempre es inferior a la verdadera creación de las cosas, que sólo se debe a la labor divina. Esta toma de conciencia explica la manera de observar adoptada por Fina García: esta consiste en partir de lo pequeño y lo individual para descubrir una entidad creadora e inmanente a todo.

En otros poemas lo que prevalece es un intento de comunicación con la entidad superior. «Ánima viva» presenta el yo poético que lamenta la debilidad del alma del hombre frente a la tentación del pecado. El pecador es como un niño inmaduro que confía en el perdón del padre. En «Confín» la voz de la poetisa se dirige a un ser supremo (supuestamente Dios) a cuya presencia se refiere hablando de una luz. Esta luz se representa como la guía a seguir durante la existencia en el mundo terrenal. El punto de vista del protagonista parece corresponder con el de una persona próxima a la muerte. Mediante el diálogo del yo poético con lo divino, Fina García hace participar al lector en la relación que existe entre los creyentes y Dios.

 

Lo religioso de la vida cotidiana

El crítico Jorge Luis Arcos evidencia cómo la poesía de Fina García Marruz recurre a la mirada para llegar a la esencia profunda de las cosas, ya sean las creaciones divinas o las películas. La realidad, para la autora cubana, está constituida tanto por lo visible como por lo invisible; lo oculto y lo manifiesto tienen la misma dignidad de representación. Resulta interesante el poema titulado «Ama la superficie casta y triste»:

Lo profundo es lo que se manifiesta.
[...]
Sé el que eres, que es ser el que tú eras,
[...]
No mira Dios al que tú sabes que eres
-la luz es ilusión, también locura-
sino la imagen tuya que prefieres,
[...]
y puesto que es así, sólo procura
que tu máscara sea verdadera.

La poetisa demuestra cómo se pueda partir de la materialidad para luego remontar a la esencia intrínseca de las cosas. Lo cotidiano, y aparentemente banal, «contribuye también al orden del mundo, a la caridad más misteriosa: sirve a la luz». Fina García pretende llegar a conocer lo desconocido partiendo de lo conocido, lo que supone una toma de conciencia de que todo lo material y exterior tiene su trascendencia. Tanto Dios como el ser humano, por tanto, constituyen el sujeto y el objeto del conocimiento poético: Dios es la trascendencia pura; el hombre es un ser trascendente. Los dos se representan como elementos exteriores respecto a la imagen que de ellos se suele tener. De este modo un detalle de la vida diaria se carga de connotaciones sagradas, tal como se desprende del soneto «No sabes de qué lejos he llegado»: aquí llama la atención una posible referencia a la última cena de Jesús:

No sabes de qué lejos he venido
a la mesa y al pan de mis hermanos
de mí serenamente desprendidos.

La poesía de Fina García actúa a modo de intermediario entre la realidad y el observador, con el fin de llegar a percibir lo inmanente, lo que se encuentra detrás de la realidad de los hechos y los objetos. El objetivo de tal labor trascendente es rescatar tanto lo exterior como lo profundo de la caducidad. Un ejemplo más de ello lo proporciona «Oh parque del otoño». La observación de un jardín desierto y con los árboles sin hojas despierta la memoria del Paraíso Terrenal perdido por el hombre, y entonces parecido a un parque deshojado.

Los versos martianos son misteriosos y claros al mismo tiempo. La autora consigue aunar la intuición mística con una racionalidad que le permite captar los aspectos materiales del mundo, tanto el de los objetos como el de los humanos. El resultado es una poesía en que “cohabitan” lo concreto y lo inmaterial [15].

Otro rasgo importante es el uso del recuerdo en la actividad de investigación de la realidad. Según afirma la misma Fina García, la sensación de presencia de lo que se cita resulta más intensa cuando éste está ausente y por lo tanto sea necesario recordarlo. En otras palabras, la revelación de la realidad se cumple con la desaparición de la misma [16]. Así que en el poema «La máscara» el sujeto poético, ya a punto de morirse, puede comentar la identidad que tuvo en la vida pasada:

Soy vieja ya, he tenido varios rostros,
[...] Cuando alguien me llamaba
yo sabía que veía otro rostro que era mi alma.
Yo tuve otro rostro que es mi alma.
Pero ahora mi vida se hunde en mí como los impenetrables crepúsculos.
[...]
Y tú, rostro mío, confianza de ser así,
tenida en un momento, ¿devolverás
al deslumbrante niño que en mi mirada se hunde,
a aquel que no sabíamos que al mirarlo mirábamos
las líneas sagradas y totales?
Pues él es el principio eterno [17].

Un contenido menos trascendente se encuentra en «Los viejos filmes»: se trata de una alusión a cómo las películas distorsionan la percepción de la historia humana y de los pecados; se acaba ofreciendo una mezcla sugerente de cine y Biblia.

El poema «Visitaciones» se basa en la revisión de los acontecimientos ocurridos a lo largo de la vida. Hay muchas referencias al catolicismo (el óleo sagrado, la última cena...); el yo poético se dirige a una entidad superior, y parece preferir el descanso de la muerte a la continuidad forzosa de los ciclos naturales.

 

La revolución sacralizada

Algunos poemas de Fina García se centran en el tema de la revolución cubana. También en ellos se detectan fuertes contenidos religiosos, marcados por el sentido de la misericordia. El extenso poema titulado «En la muerte de Ernesto Che Guevara» compara el jefe revolucionario a Cristo, describiendo su cadáver como si se tratara de Jesús bajado de la cruz y con el pecho desnudo. En segundo lugar se sacraliza el carisma de Ernesto Guevara, que fue capaz de conquistar el consenso de las clases pobres.

Tú que nos enseñaste a orar como se enseña a una criatura,
no dijiste “Señor de los ejércitos” sino tan sólo Padre, esa palabra en
que está toda la confianza y todo el desamparo [18].

Este pasaje plantea otro concepto clave de la obra poética de la cubana, es decir la utilidad de la poesía para el futuro. Fina García concibe su arte como «la súbita captación de aquello que seguiría existiendo aun cuando yo no lo viese» [19]. La poesía lleva por lo tanto un mensaje que ha de servir también a las generaciones futuras. Este mensaje está basado en el amor, entendido como participación en el objeto de la escritura y como energía que une a los individuos [20]. Eso es lo que destaca en «A los héroes de la resistencia», dedicado a los que sufrieron y perdieron la vida por causa de las dictaduras. Ellos no merecen simplemente un día de conmemoración, sino un premio que sólo Dios puede otorgar: amor y beatitud para siempre, porque la soledad que sintieron a la hora de morirse no puede ser compensada por ninguna institución terrenal.

porque en el momento de la agonía
no pudo ser consuelo suficiente saber que no sería en vano,
ni todas esas frases del ejemplo que no muere
y de que el héroe no ha muerto,
[...]
porque tuvo que haber un instante de absoluta soledad,
agonía del cuerpo y agonía del espíritu,
un instante al cual nada tenían que ofrecer
la historia ni los partidos,
[...]
tú [Dios] no la conmemorarás con un día de duelo
sino con la eternidad de la alegría [21]

La glorificación de los personajes que lucharon contra las injusticias y la opresiones se reconoce también (aunque en menor medida) en «En la muerte de Martín Lutero King». Aquí el defensor de los derechos civiles se nos muestra como un hombre de profunda fe, que afronta con serenidad su inminente e inesperada muerte. Se enfatiza el momento en que Martin Luther King iba a coger su abrigo, antes de que le asesinasen. Y será entonces el Señor quien le “abrigará” dándole refugio con su eterna bondad. La revolución entendida valor social y trascendente resulta mitificada en tanto que convertida en un acto cargado de amor, un amor marcado por el sentido de justicia divina e igualdad.

Alicante-Elche, septiembre 2004

 

Notas

[1] F. García Marruz, Antología poética, selección y prólogo de Jorge Luis Arcos, Fondo de Cultura Económica, México D. F. 2002, p. 51.

[2] F. García Marruz, «Hablar de la poesía», en ibid., p. 314.

[3] Ibid., p. 57.

[4] Ibid., p. 59.

[5] Ibid., pp. 160-162.

[6] Ibid., p. 175.

[7] Cfr. F. García Marruz, «Hablar de la poesía», en ibid., p. 317.

[8] Cfr. J. L. Arcos, Prólogo a F. García Marruz, op. cit., p. 7.

[9] Cfr. Ibid., pp. 7-8.

[10] F. García Marruz, Antología poética, cit., p. 20.

[11] F. García Marruz, «Hablar de la poesía», cit., p. 313.

[12] Cfr. J. L. Arcos, Origenes: la pobreza irradiante, Editorial Letras Cubanas, La Habana 1994, p.150.

[13] F. García Marruz, Antología poética, cit., p. 43.

[14] J. L. Arcos, Prólogo a Fina García Marruz, op. cit., p. 11.

[15] Cfr. L. De Feria, «El Ánima viva de Fina García Marruz», en Matanzas. Revista artística literaria, N° 2, Mayo-Agosto 2003,
URL: : www.atenas.cult.cu/revistamatanzas/numero1/elanimaviva.htm

[16] F. García Marruz, «Hablar de la poesía», cit., p. 313.

[17] F. García Marruz, Antología poética, cit., pp. 63-65.

[18] Ibid., p. 187.

[19] F. García Marruz, «Hablar de la poesía», cit., p. 315.

[20] Cfr. J. L. Arcos, Prólogo a Fina García Marruz, op. cit., p. 13.

[21] F. García Marruz, Antología poética, cit., p. 238.

 

Bibliografía básica

García Marruz, Fina, Antología poética, selección y prólogo de Jorge Luis Arcos, Fondo de Cultura Económica, México D. F. 2002.

Bibliografía complementaria

Arcos, Jorge Luis, Origenes: la pobreza irradiante, Editorial Letras Cubanas, La Habana 1994.

Prólogo a Fina García Marruz, Antología poética, cit., pp. 7-13.

Benedetti, Mario, «Poesía cubana del siglo XX: un vistazo personal y selectivo», en América sin nombre, N° 2, Diciembre de 2000, pp. 62-71.

De Feria, Lina, «El Ánima Viva de Fina García Marruz», en Matanzas. Revista artística literaria, N° 2, Mayo-Agosto 2003,
URL: http//www.atenas.cult.cu/revistamatanzas/numero1/elanimaviva.htm Última visita: 13/04/2007.

García Marruz, Fina, «Hablar de la poesía», en Antología poética, cit., pp. 312-320.

Mataix, Remedios, «De la revolución vanguardista al estallido de la revolución. Notas sobre poesía y política entre 1930 y 1959», en América sin nombre, cit., pp. 72-83.

 

© Giorgio Serra Maiorana 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero36/finagma.html