Vergüenza y esperanza en la obra poética de Antonio Gamoneda

Dr. Iñaki Martínez Ortigosa


 

   
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Resumen: No a raíz de la concesión del premio Cervantes, sino con motivo de un trabajo sobre la vergüenza de ser hombre, tuve ocasión de cruzarme con la obra del poeta Antonio Gamoneda, y en concreto con los versos que encabezan este artículo [1]. En ellos se resume bien lo que entiendo como una actitud vital que Gamoneda adquiere progresivamente en su vida; invitan a buscar las raíces de su vergüenza y su falta de esperanza. Estas palabras, vergüenza y esperanza, resultan clave en su obra poética. La recorren. Y nos abren un interrogante: ¿está la vergüenza, en la obra de Gamoneda, hermanada con la desesperanza?
Palabras clave: Antonio Gamoneda, poesía española XX

 

Bajé los ojos
ante el mundo. Cubrí con una sombra
mi vergüenza y mi pena. Me dispuse
a una fraternidad sin esperanza

 

I. Muerte y placer en la poesía de Gamoneda

El primer libro de Antonio Gamoneda, Sublevación inmóvil, comprende poemas del período 1953-1959. Aparece entonces una primera pareja de versos esclarecedores:

Gira el mundo y nosotros
esperamos la muerte
.

El tema de la muerte está presente en Gamoneda desde el principio de su obra y probablemente se trata de un elemento esencial en su visión de la esperanza. Se diría que la muerte es el horizonte sobre el que va construyendo una obra poética entre cuyos componentes está la esperanza -o su ausencia. La poesía -creación de objetos de arte cuya materia es el lenguaje- es un arte del tiempo y de la memoria: “la memoria es siempre conciencia de pérdida (recuerdo lo que ya no tengo o lo que ya no es), conciencia, por tanto, de consunción del tiempo correspondiente a mi vida, y, por esto mismo, conciencia de ir hacia la muerte[2]. Toda la actividad poética se deduce de “la contemplación de mis actos en el espejo de la muerte”.

Profundidad de la mentira: todos mis actos en el espejo de la muerte. Y los carbones resplandecen sobre la piel de héroes aún despiertos en el umbral de la imbecilidad. [3]

Aunque no hay en esta declaración de intenciones un gusto por el sufrimiento; se trata precisamente de implicar alguna forma de placer en la percepción de la muerte: “la experiencia de la emisión - o la recepción - de la poesía intensifica mi vida y yo vivo esta intensificación como una forma de de placer. Esta intensificación y este placer son independientes de la significación: la poesía fundamentada en el sufrimiento genera también placer”. [4]

 

II. Vergüenza y Esperanza

Con la muerte como trasfondo definitivo de toda la obra poética de Antonio Gamoneda, destacan dos sentimientos por su recurrencia: la vergüenza y la esperanza. No se da correlación necesaria entre ambos; pero algún que otro verso desvela un vínculo presumible entre ambos.

Veamos cómo entran estos sentimientos en Gamoneda y cómo evolucionan a lo largo de su obra. La palabras “esperanza” y “vergüenza” aparecen ya ocasionalmente en Primeros Poemas (1947-1953), pero ganan entidad en Exentos (1959-1969). En un poema que evoca el ferrocarril de Matallana, Gamoneda describe la poca luz de las primeras horas al entrar en el vagón, la compañía silenciosa de los trabajadores, la campana y el silbido que dan la salida:

Éste es un tren de campesinos viejos
y de mineros jóvenes. Aquí
hay algo desconocido.
si supiésemos qué, algunos de nosotros
sentiríamos vergüenza, y otros esperanza
. [5]

De una misma fuente puede brotar la vergüenza y también la esperanza, opciones cuya razón última será objeto de la poesía. El mismo Gamoneda viaja en ese tren y nota la cercanía de los sentimientos, a la entrada de ese corazón cautivo de lo desconocido. Serán compañeros de viaje que ya no abandonarán el vagón.

Vergüenza y esperanza se hacen un hueco definitivo en la poesía de Gamoneda con la aparición del Blues castellano(1961-1966). La esperanza porque impregna las mismas bases de la obra. Sus “padres” son dos fuerzas poéticas: el poeta turco Nazim Hikmet y las letras de los cantos negroamericanos fundacionales del jazz. Nazim (1902-1963), militante comunista, estuvo preso doce años y su poesía habla “de la necesidad y de las formas sencillas de la esperanza”. En la traducción de su poesía, Gamoneda respetará “la esperanza y el patetismo”. [6]

En reflexiones posteriores, Gamoneda ha dado un significado al conjunto de esta obra: “Blues castellano tiene que ver con una manera de pensar el mundo, pero tiene que ver sobre todo, con la voluntad de convertir en poemas sucesos y estados de ánimo que dominaron mi vida a lo largo de treinta años. Lleva consigo el relato de hechos ante los cuales el sufrimiento es asunto natural; hablo en voz baja de alguna esperanza (se supone que deducible de las “creencias”) y es -me importa mucho decirlo- una forma de consolación”. [7]

Esa caracterización de la esperanza contenida en el Blues como “forma de consolación” desvela qué tipo de vivencia supone en un Gamoneda treintañero. La obra contiene “sucesos y estados de ánimo” que dominaron su vida durante treinta años, período en el que la experiencia de la esperanza ha derivado hacia un principio del su contrario: la desesperanza. La paradoja del Blues es que, condensando en unos pocos poemas lo vivido en mucho tiempo, aúna una primera forma de esperanza relacionada con las creencias y una segunda forma, derivada de aquella aunque de signo contrario, como es la desesperanza.

El cambio en la experiencia de la esperanza, o lo que es lo mismo, el paso de una esperanza a una no esperanza, coincide en el Blues con la irrupción de una poderosa vergüenza. A diferencia de la esperanza, ya débil, la vergüenza no se expresa con la boca pequeña. Llega en forma de un recuerdo doloroso, una mirada a la adolescencia que no queremos nuestra, lastrada por episodios que el paso de los años apenas atenúa; “Malos recuerdos”, que está encabezado por una cita de Marx -la vergüenza es un sentimiento revolucionario- rememora lo sucedido veinte años atrás: la crueldad con un animal (una perra a la que golpeaban y malherían en el sotano de casa) y el robo del contenido de una carta (papel de fumar) con palabras de una mujer a su hijo soldado.

Mi vergüenza es tan grande como mi cuerpo,
Pero aunque tuviese el tamaño de la tierra
No podría volver y despegar
El cable de aquel vientre ni enviar
La carta del soldado
. [8]

¿De qué revolución habla Marx? ¿Qué revolución hay en esta vergüenza que perdura, incapaz de sacar de nosotros un movimiento restañador, un gesto compensatorio, y mucho menos la acción enérgica que precede a los cambios radicales? Pocos poemas más adelante en el Blues, (...) Gamoneda reconoce una actitud vital de cierta resignación:

                                       Bajé los ojos
ante el mundo. Cubrí con una sombra
mi vergüenza y mi pena. Me dispuse
a una fraternidad sin esperanza.
[9]

De nuevo, reflexiones más recientes del poeta permiten una interpretación adecuada de estos versos: “[Blues castellano] no es un libro de aspiraciones sino de experiencias. Son los hechos los determinantes del poema. Ya no funcionan las abstracciones, ligadas a categorías. El libro conlleva el descubrimiento de una solidaridad “terrestre” que, finalmente, se resuelve en una “fraternidad sin esperanza”. Vale tanto como decir: no se cumplirán las viejas aspiraciones pero yo viviré sus causas; estaré con los que sufren, aunque sé que el remedio universal era ilusorio” [10]. La vergüenza no supone, por tanto, el ahogo del individuo en sí mismo, le abre a una solidaridad que no está fundada en un futuro esperanzador sino en un presente des-ilusionado. Quizás se trate de uno de los pocos actos de resistencia que queden hoy.

En el Blues castellano, en definitiva, la vergüenza y la esperanza aparecen en una cercanía poética. La vergüenza inunda el cuerpo sin moverlo, la esperanza se ha desvelado como consuelo y ha caído. Pero, ¿qué fino hilo las conecta?

 

III. Vergüenza de la Esperanza

Ese hilo se ilumina ya en los primeros poemas de Descripción de la mentira (1975-1976). La vergüenza, que había irrumpido diez años antes, es objeto de un acto de afirmación cuya consecuencia más importante es la esperanza negada:

El incrédulo habita un mundo de plegarias. Hay resplandor delante de sus ojos, los que estuvieron heridos por la indignación.

Es más sencillo proceder de un país suntuoso, de una memoria recamada de espejos -cada espejo con su vértigo, cada espejo con su profundidad llena de frutos- pero, de todas formas, desconfía de aquellas manos cuya blancura puede ser besada.

Es más sencillo despertar de un tiempo cuya hermosura no existió aunque se extendiera como un crepúsculo.

Acércate a quien se calienta con los excrementos de la justicia.
          Nuestro honor consiste en no tener razón,

mi paz en avergonzarme de la esperanza.[11]

La esperanza de la primera etapa poética es una “forma de consuelo”, un autoengaño que ya no se sostiene. Gamoneda se desmarca en varias ocasiones de quienes aun se consuelan en ella: “otros os engañáis con la esperanza”. Pero ¿qué nos trae la vergüenza que la sustituye? De la mano de la vergüenza, el poeta va a hacerse camino hacia una “paz”:

El otoño se expresa en pájaros invisibles. ¿Qué harías tú si tu memoria estuviera llena de olvido, qué harías tú en un país al que no querías llegar?

Pesan las máscaras de la pureza, pesan los años sobre las formas de la patria.

La vergüenza es la paz. Yo acudiré con mi vergüenza. [12]

Más que significativo resulta el rechazo de una visión esperanzada del mundo, cuando, desde sus inicios como lector, Gamoneda viene entableciendo diálogo con autores en cuyos textos el sentimiento está más o menos presente: nos referimos a Andrés Laguna [13] y Jorge Guillén [14], además del mencionado Hikmet.

 

IV. Paz en la perspectiva de la muerte

Un poema final; pertenece al Libro del frío(1986-1992) y condensa muchos sentimientos: tantos como estaciones ha recorrido el tren de Matallana que Gamoneda tomó en su juventud:

No tengo miedo ni esperanza. Desde un hotel exterior al destino, veo una playa negra y, lejanos, los grandes párpados de una ciudad cuyo dolor no me concierne.

Vengo del metileno y del amor; tuve frío bajo los tubos de la muerte.

Ahora contemplo el mar. No tengo miedo ni esperanza. [15]

 

Conclusión

Hay razones para pensar que “las creencias” sobre las que se fundamenta la esperanza del joven Gamoneda son de tipo político (y no religioso). Su identificación, por así decirlo, con ciertas vategorías del movimiento obrero queda atestiguada en más de un artículo en el que resume su vida: “Yo era (perdóneseme el léxico arqueológico) un proletario; lo era al menos, en los años en que escribo el Blues y en los veinte anteriores que le dan contenido” [16]. Probablemente su esperanza no esté lejos de la pregonada por la ortodoxia marxista y contra esa esperanza parece levantarse toda la poesía posterior al Blues. La vergüenza tiene mucho que ver en ello; la cita de Marx [17] en un poema como Malos recuerdos sugiere que Gamoneda está empezando a dar un sentido nuevo a los elementos que pueblan su visión del mundo. De los sentimientos que lo impregnan -como la vergüenza- no cabe esperar un empuje hacia la transformación social, sino más bien un acto más discreto: el reconocimiento, de una vez por todas, del curso inexorable del mundo. En ese reconocimiento no se pierde todo. Sobre las ruinas de antiguos ideales (“no se cumplirán las viejas aspiraciones”) se descubre una solidaridad terrestre y portadora de una “fraternidad sin esperanza”: no vivir más el ideal, pero seguir viviendo su causa y estar con el que sufre.

¿Queda en esa actitud algo de la voluntad resistente de la juventud? Explica Gamoneda que a sus veinte años coleaba todavía la posguerra “en forma de franquismo cruel”. Entonces “había cauces temerosos de resistencia y nosotros estábamos en alguno de ellos”. Ese `nosotros´ se refiere a un grupo de cinco amigos (cuatro poetas y un pintor). Por aquel entonces “no tenía sentido el pensamiento con fundamentos académicos, ni la expresión que, de alguna manera, no estuviese en trama con lo que he llamado una resistencia. La experiencia estética era inseparable del sufrimiento”. [18]

¿Qué repercusión tiene sobre esa idea de resistencia la pérdida del horizonte de esperanza experimentada con posterioridad? ¿Hay voluntad de resistencia en la poesía posterior? ¿Puede haber resistencia sin esperanza? El paso a una visión desesperanzada coincide, en el Blues, con la emergencia de la vergüenza, sentimiento que ya no abandonará la obra poética de Gamoneda. Esa vergüenza es en sí misma una resistencia, aunque no implique una revolución en los términos en los que habla Marx. Lo que proporciona es una paz: la poesía posterior al Blues consiste, en buena parte, en la liberación catártica de la vergüenza en la distancia adecuada con las cosas, el lanzamiento de “las creencias” al pasado y el reconocimiento de la muerte en su latencia. Su lectura nos alerta respecto a la ingenuidad y el autoengaño (“otros se engañan con la esperanza”) de sentirse esperanzado.

¿Podemos asumir una vida “sin esperanza” que renuncie a todo futuro? La resistencia que contiene la vergüenza de Gamoneda es valiosa, señala al individuo la salida moral del mundo; pero el mundo queda ahí. ¿Cómo renunciar a la dimensión colectiva? Gamoneda no lo hace, sin duda: recuérdese su apelación a “una fraternidad sin esperanza”. Pero, ¿puede existir una fraternidad sin esperanza?

La evolución poética de Antonio Gamoneda ha tenido en los sentimientos de (des)esperanza y vergüenza dos de sus puntos clave. Su poesía refleja, a partir de los años sesenta, una apuesta decidida por una vida desprovista de esperanza en la que la vergüenza garantiza una relación “pacífica” con el mundo. Pero la pérdida de la esperanza en la que nuestras sociedades han caído (y de la que la poesía de Gamoneda es perfecto reflejo) no tiene por que conducirnos a decir “muy bien, vivamos sin esperanza”; puede apuntar a la recuperación de la esperanza en otros términos, considerando a ésta como necesaria compañera de viaje hacia la mejora colectiva. Estamos ante uno de los problemas políticos más importantes de nuestro tiempo, por las consecuencias que acarrea sobre el devenir histórico. Si la resistencia del individuo avergonzado no se sitúa en el plano temporal, probablemente sólo le servirá a él (que ya es algo) y en esa individualidad es muy difícil fundar una fraternidad. Quizás porque ésta haya sido históricamente concebida como proyecto colectivo, y se encuentre contínuamente en deuda con su futura realización.

 

Notas:

[1] El trabajo al que me refiero es una tesis doctoral, “La vergüenza de ser hombre. La crisis del humanismo en el siglo XX”, presentada en febrero de 2007 en la Universidad de Barcelona. En éste, atribuyo al sentimiento la capacidad de despertar en el sujeto una actitud de resistencia a lo que denigra al ser humano además de recuperar el sentido de esperanza en un mundo “humanizado”. Miguel Morey, presidente del tribunal, se acordó por aquel entonces de estos versos del Blues Castellano que contestan mi optimismo.

[2] “Poesía en la perspectiva de la muerte”, en Gamoneda, A. El cuerpo de los símbolos, Huerga & Fierro Editores, Madrid, 1997.

[3] “Descripción de la mentira”, en Gamoneda, A. Esta luz, Galaxia Gutemberg, p. 222.

[4] “Poesía en la perspectiva de la muerte”, en Gamoneda, A. El cuerpo de los símbolos, Huerga & Fierro Editores, Madrid, 1997, p. 24.

[5] “Exentos I”, en Gamoneda, A. Esta luz, p. 85.

[6] “Sobre Nazim Hikmet, los negro spirituals y mi Blues castellano”, en Gamoneda, A. El cuerpo de los símbolos, p. 81.

[7] Op. Cit, p. 81.

[8] “Blues castellano”, en Gamoneda, A. Esta luz, pp. 102-103.

[9] Op. Cit, p. 109.

[10] Gamoneda, A. El cuerpo de los símbolos, pp. 175-176.

[11] “Descripción de la mentira”, en Gamoneda, A. Esta luz, p. 182.

[12] Op. Cit, p. 201.

[13] Autor del Pedacio Dioscórides Anazarbeo, acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos, que, siendo su libro preferido, Gamoneda califica de “discurso épico sobre el sufrimiento corporal y la esperanza”. Cf. El cuerpo de los símbolos, p. 128.

[14] “Para Guillén, la poesía es un sistema de pensamiento. A partir de Homenaje, en este mecanismo se instalan también el amor, el desamor, la esperanza, la desesperanza. Todo ello, pienso, es superación positiva (...) Guillén se adentra en una pacificación que engloba la Naturaleza y la Historia, la justicia y la injusticia, lo bello y lo terrible”. Gamoneda, A. El cuerpo de los símbolos, pp. 162-163.

[15] “Libro del frío", en Gamoneda, A. Esta luz, p. 342.

[16] Gamoneda, A. El cuerpo de los símbolos, p. 82.

[17] La cita está extraída de una carta a Ruhe: “Estoy viajando por Holanda. Por lo que leo en los periódicos del país y en los franceses, veo que Alemania está y seguirá estando cada vez más hundida en el bochorno. Le aseguro a usted que, si disto mucho de sentir ningún orgullo nacional, siento sin embargo, la vergüenza nacional, incluso en Holanda. Hasta el más pequeño holandés, comparado con el más grande de los alemanes, es un ciudadano de su Estado. ¡Y no hablemos de los juicios de los extranjeros del gobierno prusiano! Reina una aterradora coincidencia y nadie se engaña ya acerca del sistema y de su naturaleza tan simple. De algo ha servido, pues, la nueva escuela. Ha caído el ostentoso manto del liberalismo y el más odioso de los despotismos se ha desnudado ante los ojos del mundo. Es también una revelación, aunque invertida. Es una verdad que, por lo menos nos enseña a conocer la variedad de nuestro patriorismo y el carácter antinatural de nuestro Estado y a encubrir su rostro. Me mirará usted sonriendo y me preguntará: ¿y qué salimos ganando con ello! Con la vergüenza solamente no se hace ninguna revolución. A lo que respondo: la vergüenza es ya una revolución; fue realmente el triunfo de la revolución francesa sobre el patriotismo alemán, que la derrotó en 1813. La vergüenza es una especie de cólera reflejada sobre si misma. Y si realmente se avergonzara una nación entera, sería como el león que se dispone a dar el salto. Reconozco que en Alemania no se percibe todavía ni siquiera la vergüenza; por el contrario, aquellos siguen siendo patriotas…”. Cf. Karl Marx, Escritos de juventud, Fondo de Cultura Económica, México, 1982.

[18] El cuerpo de los símbolos, p. 230.

 

© Iñaki Martínez Ortigosa 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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