Notas sobre Historia de la literatura hispanoamericana,
de Luis Íñigo Madrigal

Diana Vanessa Geraldo Camacho y José Miguel Candelario Martínez

Universidad de Sonora
México


 

   
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Resumen: el objetivo de este trabajo es doble: por un lado hace un análisis sobre la propuesta histórica de Iñigo Madrigal, destacando en lo posible sus criterios de periodización, las inconsistencias de su historia, la falta de concreción de su propuesta evolutiva de la literatura y, por supuesto, su aportación al problema de la historiografía literaria; por otro, se busca puntualizar sobre la importancia de hacer historia literaria buscando resaltar las dificultades que surgen en el proceso de recopilar, seleccionar y denominar a un grupo de textos en una clasificación genérica.
Palabras clave: historia literaria, periodización, criterios históricos, género.

 

Las llamadas historias literarias, sobretodo aquellas que buscan abarcar grandes periodos, se ven, la mayoría de las veces, en la dificultad de condensar un material literario voluminoso, pretendiendo, de alguna manera, sintetizar y rescatar sin omitir lo que, de acuerdo al compilador, serán los autores más representativos de una época o escuela literaria. Un problema salta enseguida: toda selección implica un sinnúmero de rechazos. Dicho problema comprende el ejercicio mismo de la formación del canon, de ahí que toda historia literaria está, deliberadamente o no, estableciendo lo que será el corpus canónico que las generaciones futuras han de valorar. La tarea es por supuesto riesgosa ya que puede descalificar grandes obras o encumbrar otras que no lo son tanto. Sin embargo, es natural que alguno de los errores antes mencionados ocurran puesto que cualquier historia literaria por muy abarcadora que pretenda ser no podrá incluir la totalidad de escritos artísticos producidos por un grupo político o cultural.

En la Historia de Iñigo Madrigal nos encontramos con dicho problema inherente a este ejercicio. La Historia de la literatura hispanoamericana consiste en un trabajo colectivo en el que participan por lo menos veinte colaboradores en cada tomo, lo que necesariamente significa la convivencia de distintas perspectivas críticas, unidas por el interés de contribuir con un trabajo distinto a lo que se ha dicho históricamente de la literatura hispanoamericana. Para formar parte de este trabajo los estudios deben cumplir únicamente con “rigor académico y coherencia interna” (Iñigo 1982:7), dando libertad al colaborador para que desarrolle o problematice los puntos y elementos que le parezcan pertinentes y útiles. Lo que llega a ocurrir es que los trabajos, funcionando como unidad independiente, caen la mayoría de las veces en un ejercicio biografista, que se parece más a la monografía enciclopédica que al ensayo. A esta función enciclopédica ayudan los esquemas, láminas e ilustraciones con los cuales se auxilian los textos para dar mejor cuenta del tema o época estudiados, finalidad que consiguen óptimamente.

Aunque en dos tomos lo suficientemente voluminosos, las divisiones están hechas considerando periodos bastantes extensos, lo cual conlleva en sí una dificultad, ya que resulta problemático agrupar gran diversidad de movimientos, textos y autores en periodos tan abarcadores y heterogéneos. La Historia busca englobar la literatura Hispanoamérica desde el momento de la Colonia hasta el modernismo, localizado a fines del siglo XIX y principios del XX.

A la hora de denominar periodos la Historia de Iñigo cae en el error común de dar por hecho, es decir como algo establecido e inamovible, los distintos segmentos o episodios históricos sin problematizar su clasificación. No repara en el conflicto que puede conllevar la arbitraria y para nada coherente clasificación de momentos en la historia de las letras. Por ejemplo, el tomo I comienza con una clasificación política como es: La colonia, y dentro de ella, como si en efecto tuvieran unidad y pudieran distinguirse uno de otro, se separan cada uno de los tres siglos que la componen (XVI, XVII y XVIII); dentro de ellos, además, se agrupan los estudios a partir del género en el cual se inserta la producción literaria (cartas, crónicas, relaciones, épica, lírica, teatro y novela) como si dichos géneros, en su independencia, no interactuaran. La separación resulta útil para la consulta pero no para la comprensión de la evolución de las letras como una totalidad viva y cambiante.

El tomo II por otro lado, se separa basándose en criterios estéticos denominados según las corrientes literarias imperantes. Tenemos por ejemplo un enorme bloque titulado: “Neoclasicismo, romanticismo, naturalismo”, como si fuera una unidad totalizante; a su vez, este bloque está divido, otra vez, por géneros (novela, cuento y otras formas narrativas, poesía, teatro, ensayo y crónica), dentro de los cuales se clasifican los autores de acuerdo a sus producciones. Esta división lleva en sí misma una contradicción. Como cada autor está clasificado en su género correspondiente sin atender a la clasificación de la corriente, parece que el título del capítulo sale sobrando porque la verdadera clasificación es genérica, así, por ejemplo, nos encontramos con José Mármol en Novela, pero por el índice no sabemos a qué corriente literaria o estética ubicarlo y si lo sabemos es porque se menciona en el artículo que lo estudia.

En el mismo tomo II, siguiendo inmediatamente el apartado antes mencionado, aparece el capítulo roturado “Modernismo”, en el cual ya no vemos una separación genérica clara, sin embargo, sí hay artículos que abordan las generalidades de los géneros, aunque enseguida no se agrupen los autores estudiados. Es decir, después de tratar sobre cuento novela y poesía podemos ver un largo listado de autores no necesariamente ordenado.

Lo anterior confirma que La Historia de Iñigo mezcla criterios a la hora de periodizar, y vista en su totalidad podemos ver lo que son dos bloques desiguales. Esta mezcla manifiesta la falta de uniformidad y la falta de una propuesta en el modo de historiar a la literatura, sometiéndose a las formas de historiar ya establecidas.

Dentro de cada bloque separado por géneros se sigue un orden cronológico determinado por las fechas de nacimiento de los autores. Esto no quiere decir que el trabajo sea un diccionario de autores, ya que, aunque centrándose en ellos, podemos leer varios ensayos en los cuales es visible una panorámica general, introductoria en algunos casos, que da cuenta de la época o escuela literaria a la que se refiere. Estas introducciones atienden también a problemas de tipo histórico, social, económico y cultural, relacionando la literatura con otras artes, aludiendo a publicaciones periódicas y a la crítica literaria. De algún modo estos artículos conciben a la literatura como producto social que interactúa con su contexto. El problema es que estos estudios se reducen a un fragmento introductorio, cuando deberían acompañar el desarrollo del ejercicio histórico. Dicha falta de unidad es comprensible debido a que muchos son los críticos que la llevan a cabo y son sus variadas visiones las que, en conflicto, llegan a caer en repeticiones u omisiones.

La definición de un corpus en las historias literarias es un ejercicio de selección de fenómenos literarios. Dicho ejercicio está motivado tanto por las ideologías propias del historiador como por las condiciones que le exige su contexto social, político o académico. A propósito de esto dice Eva Kushner: “Las inclusiones (que a su vez implican exclusiones) revelan siempre una visión del mundo más o menos vinculada a la ideología ambiente (por aceptación tácita o por reacción en contra).” (Kushner 2001:181). En el caso de Iñigo el corpus parece estar pensado más para consulta que como reconstrucción histórica de un proceso de evolución y se filia dentro de una concepción tradicionalista y ortodoxa de lo que debe estudiarse, parece inclusive pensada con un afán didáctico, es decir como programa académico y por lo tanto responde a esta necesidad, la de recuperar lo más significativo de las letras hispanoamericanas. El gran mérito de esta historia, sin embargo, es que nos ofrece un compendio serio y exhaustivo de autores y contextos histórico-literarios.

La Historia de Iñigo ya ha sido considerada por la crítica como un compendio útil, a propósito de este asunto John Beverly en su reseña del tomo I dice: “ [la obra] nos permite enfocar provisionalmente algunos problemas referentes al concepto mismo de literatura hispanoamericana colonial, problemas que quizá serán el objeto de un futuro desarrollo” (Beverly 1985:360).

Un problema sin resolver es, por ejemplo, la constitución polémica de un corpus. En este aspecto la Historia de Iñigo es controversial, se presta para variados reproches o críticas; si por ejemplo, su eje es el de las grandes cumbres de la literatura, dónde quedan Cabeza de Vaca, Sigüenza y Góngora o Huamán Poma, autores aceptados e incluidos en el canon por la crítica. Los parámetros que determinan su material de estudio no son claros o evidentes y dejan lugar a muchos cuestionamientos. Si su objetivo es rescatar lo más significativo o representativo de la historia de nuestras letras, está dejando un gran número de autores y obras de carácter menor o periférico que de igual modo determinaron la evolución de la literatura de nuestras tierras. ¿O debemos entender la historia de la literatura como la historia de los monumentos y dejar de considerar las aportaciones de géneros menores no oficiales? El trabajo de Iñigo parece responder de manera afirmativa a esta pregunta.

En lo referente al tomo I la selección resulta arbitraria y descarta casi por completo las producciones literarias folclóricas puesto que no hay una gran figura de autoridad que dé la cara por ellas ya que, entendidas como producciones populares, su autor es el pueblo en su totalidad y no sólo el pueblo, sino la clase menos privilegiada de éste.

Mientras que en el tomo I sólo se estudia lo escrito en América o sobre América, en el caso del tomo II sólo se incluyen los autores nacidos en Hispanoamérica, sin relacionar las producciones hispanoamericanas con sus influencias europeas, que aunque se mencionan en algunos casos, no llegan a distinguirse como la línea a seguir en el trayecto historiado. Es decir, no se sigue una línea temática, estética o genérica. No hay pues, el rastreo de un elemento y su evolución a lo largo del tiempo histórico.

Si, como vemos, en el tomo I sólo se considera literatura hispanoamericana lo que se escribió en América entonces caemos en una problemática mayor. El lugar de producción de una obra no determina per se la nacionalidad, porque si es así la gran mayoría de la obra de Cortázar es francesa. O si continuamos con esta perspectiva que establece que las crónicas deben incluirse en nuestra literatura hispanoamericana sólo porque tratan sobre América llegaríamos a un conflicto igualmente grande. El referente no hace al género, dijo Antonio Cornejo Polar (ver bibliografía) al referirse a la literatura indigenista, es decir, no todo lo que hable de la conquista de América o de la cultura americana tiene que ser necesariamente literatura hispanoamericana, desde esta perspectiva se está limitando la literatura a sus temas o preocupaciones, cuando en realidad éstos deberían ser sólo uno de sus factores o motivaciones. La literatura va más allá de sus temáticas, o de sus referentes. Esto no quiere decir que tenemos que descartar de los estudios hispanoamericanos las crónicas y textos de la colonia, para nada, simplemente se insinúa que hace falta el reacomodo de esos textos en nuestra llamada tradición, porque es imposible negar que los libros de los conquistadores son obras fundacionales en el devenir de la literatura de América, quizá sea necesario revalorar su efecto y su influencia en la mentalidad de la literatura de los siglos posteriores a la colonia. En algunos artículos de la Historia se insinúan observaciones como ésta, pero por desgracia no pasan de ser un simple apartado de toda la labor historiográfica de los dos tomos, la aportación de estos artículos a veces sólo se reduce a pequeñas alusiones al respecto.

Puesto que no se vislumbra el trayecto de una línea evolutiva, no existe una verdadera relación de comunicación y desarrollo entre los textos. Aunque se subrayen las influencias que provocaron el surgimiento de ciertas obras, en realidad, estas influencias no se presentan como una verdadera reactualización de los elementos constitutivos de un género o estilo, se les menciona como un dato necesario para conocer la obra de un autor, pero no para comprender su evolución. Se presenta una de las prácticas que complican la historia literaria señaladas por Eva Kushner como es la noción de influencia. Dice al respecto: “La noción de influencia deja en la vaguedad más total el modo en que se encadenan causas y efectos” (Kushner 2001:168).

En el caso de Jorge Isaacs, por ejemplo, se explica que se instruyó en la tradición francesa del Romanticismo y que su obra María es una novela romántica, como si por el sólo hecho de encasillarla en la corriente ya se dijera todo respecto a la obra, cuando dicha obra interactúa con las de su localidad y con otros géneros, además de que involucra el punto de vista personal de un escritor americano.

Las relaciones que se marcan entre los autores no pasan de ser simples conexiones espaciales, porque convivieron en el mismo país, o temporales, porque vivieron en el mismo siglo, descartando la retroalimentación que pudo existir entre ellos. Las relaciones que se hicieron entre autores no modifican el modo en que concebimos su obra, resultando insustanciales.

Respecto a la labor historiográfica, al ejercicio de hacer historia literaria como objeto de reflexión, Iñigo Madrigal manifiesta abiertamente su posición. Todo estudio literario por el sólo hecho de historiar, independientemente de sus parámetros y criterios, se integra dentro la unidad total de la historia literaria:

El desideratum de una historia de la literatura hispanoamericana regida por una unidad teórica exige (además, naturalmente, de un conocimiento global de la materia que se pretende historiar), una gran cantidad de investigaciones básicas y propedéuticas, una continuada labor común a la cual el presente libro quiere contribuir. (Iñigo 1982: 7)

De este modo pretende contribuir con su granito de arena a la totalidad de los estudios históricos sobre la literatura. Esa visión es positiva y justifica la manera en que realizó, junto con sus colaboradores, su historia de la literatura. Así resuelve el problema de hacer historia, anexado su pequeña aportación al gran cúmulo de investigaciones históricas.

La preocupación práctica y metodológica la resuelve acudiendo a la diversidad de perspectivas metodológicas empleadas por los participantes. El enfoque es, como ya se ha dicho, colectivo, en el conviven diversas concepciones de los estudios, por eso también los instrumentos teóricos y metodológicos son dispares. Para Iñigo la historia literaria consiste en esta labor grupal.

Aunque no sea una concepción completamente errónea, sí resulta muy cómoda y poco comprometida con la problemática que viven las ciencias humanas y sus pretendidos estudios históricos. Las representaciones literarias visibles en la Historia son lo que Foucault denomina Arqueología del arte, se nos presentan los autores y sus obras como piezas de museo dignas de estudio, por ello están dentro de la selección de materiales, sin embargo, no se ven como un fenómeno humano en constante cambio, inserto en su contexto sociohistórico.

Al sumarse a la lista de historiadores de la literatura que trazan la historia de las letras como un campo parcelado en géneros y corrientes, esta historia pone de manifiesto la falta de autocrítica en la labor historiográfica. Anexarse a esta lista sin considerar las limitaciones, desequilibrios, restricciones y demás problemas que estos métodos tienen, esta obra histórica no brinda una posible solución a los cuestionamientos actuales de cómo hacer historia literaria.

 

BIBLIOGRAFÍA

Beverly, John. “Reseña: Luis Iñigo Madrigal (Coordinador) Historia de la literatura hispanoamericana. Tomo I. Época Colonial. Madrid: Ediciones Cátedra, 1982.” Revista Iberoamericana, 1985,130-131, 359-362.

Cornejo Polar, Antonio. (2003) Escribir en el aire. Ensayo sobre la heterogeneidad socio-cultual en las literaturas andinas. Latinoamericana editores, Lima.

Iñigo Madrigal, Luis (coordinador) (1982). Historia de la literatura hispanoamericana. Tomo I y II. Ediciones Cátedra, Madrid.

Kushner, Eva. “Articulación histórica de la literatura”. Historia y Literatura. (2001) Francoise Perus (compiladora). Instituto Mora, México, 165-187.

 

© Diana Vanessa Geraldo Camacho y José Miguel Candelario Martínez 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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