Dulce María Loynaz: una imagen inasible

Leonardo Sancho Dobles

Universidad de Costa Rica
leo_sancho@hotmail.com


 

   
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Resumen: las teorías feministas de los últimos años, sobre todo en cuanto a lo que proponen sobre la conceptualización de la imagen especular y la autoría femenina, son un complemento interesante para aproximarse a los textos de Loynaz y viceversa; es decir, los textos de Loynaz en buena medida iluminan a su vez el camino para el pensamiento y las teorías feministas en torno a la literatura que se han generado en los últimos años del siglo XX.
Palabras clave: Dulce María Loynaz, poesía cubana, feminismo, crítica literaria

 

”No podía ni soñar en hacerla suya; era algo desconocido y que no sabía cómo tratar; ninguna de las mujeres lo había sacado de su distracción, de su ensimismamiento; ninguna le había dado una sacudida brusca, que es el despertar del sonámbulo en la semivigilia. Lo que llega en ese instante rompe el ensueño; y aunque sea una sombra, el rumor del ala de una mosca, es real del todo.”
                María Zambrano, 1988

Preámbulo

En el ámbito de la literatura escrita en lengua española es notable observar como también ocurre en otras latitudes de la cultura el lugar marginal que ocupan las escritoras mujeres como efecto de la inscripción en la cultura patriarcal en la que la palabra, el poder y la dominación han estado en manos de los varones y, como consecuencia, los modelos, costumbres y cánones culturales responden a los intereses del poder obviamente masculino.

En este contexto, es sumamente interesante observar que el Premio de Literatura Miguel de Cervantes Saavedra quizás el de mayor renombre en la lengua española , entregado anualmente por la Corona de España a escritores de habla hispana desde el año 1976, ha sido otorgado a 25 escritores varones y solamente a dos escritoras mujeres: a la española María Zambrano se le otorgó en el año 1988 y la escritora cubana Dulce María Loynaz cuatro años después en 1992. Con respecto a la producción literaria eminentemente latinoamericana, entre los 14 galardonados latinoamericanos solo hay una mujer y esta cifra representa menos del diez por ciento.

Al parecer, el Premio de Literatura Miguel de Cervantes Saavedra todavía hoy reproduce el sistema colonial de vasallaje puesto que es otorgado por la Corona Española, en manos del propio Rey Juan Carlos y, en efecto, cumple de acuerdo con algunos postulados materialistas con los designios de todo aparato ideológico de reproducir las relaciones sociales de producción, es decir, repetir la estructura del patriarcado de dominantes y dominadas. Incluso, con este premio, podemos observar al menguar el siglo XX e iniciar el siguiente en la cultura iberoamericana que el derecho de utilizar la palabra continúa siendo un predominio y exclusividad del varón ante la mujer; en el tránsito entre un milenio y otro, la palabra y la literatura se siguen inscribiendo desde la voz del varón y son reconocidas por las mismas instituciones patriarcales que las oficializa, mientras que las llevadas a cabo propiamente por mano femenina siguen ocupando un lugar inferior y mínimo.

¿Cuáles serán además de las ya mencionadas las razones por las cuales dicho premio se le ha otorgado solo a una mujer latinoamericana? ¿Por qué es que solo a una escritora del continente americano se le ha distinguido bajo la mirada cómplice de Miguel de Cervantes, la ambigua y distorsionada del ingenioso hidalgo y la venia de la impronta de la Corona de la Madre Patria?

Por las razones expuestas anteriormente y con el objetivo de ahondar en estas interrogantes además de otras que puedan surgir en el camino en esta oportunidad nos interesa hacer una lectura de algunos poemas de esta escritora cubana Dulce María Loynaz, a la luz del prisma de los postulados propuestos por algunas teóricas de orientación feminista como lo son Sigrid Wiegel en su texto “La mirada bizca: sobre la mujer en la escritura de las mujeres”, y por otra parte el capítulo “El espejo de la reina: la creatividad femenina, las imágenes masculinas de la mujer y la metáfora de la paternidad literaria” de las teóricas Sandra Gilbert y Susan Gubar publicado en el libro La loca del desván La escritora y la imaginación literaria del siglo XIX.

Nos parece que las teorías feministas de los últimos años, sobre todo en cuanto a lo que proponen sobre la conceptualización de la imagen especular y la autoría femenina, son un complemento interesante para aproximarse a los textos de Loynaz y viceversa; es decir, los textos de Loynaz en buena medida iluminan a su vez el camino para el pensamiento y las teorías feministas en torno a la literatura que se han generado en los últimos años del siglo XX.

 

De espejos, reflexiones/refracciones

La utilización de la metáfora del espejo en las teorías feministas ocupa un lugar recurrente a lo largo de las propuestas que se han planteado en décadas pasadas, su empleo se puede rastrear con facilidad en algunos textos. En torno a esta imagen en un primer momento se sostiene que sobre la superficie especular la voz patriarcal ha inscrito las imágenes femeninas; en este sentido Sandra Gilbert y Susan Gubar postulan que a partir de la superficie especular emergen las imágenes sobre la mujer que a lo largo de los siglos han privado en el pensamiento y la imaginación occidental dominada por el varón; por un lado se perfila la imagen angelical a la par de las virtudes de bondad, belleza y, por otro lado, la imagen demoníaca junto con las virtudes de maldad, fealdad; nada más ni nada menos que las representaciones del hada y la bruja siempre impuestas desde una óptica masculina en las representaciones literarias que desde siempre han sido propuestas en torno a la mujer en nuestra cultura.

“Más bien, la imaginación femenina se ha percibido, como si dijéramos, oscuramente a través de un espejo: hasta hace bastante poco, la escritora ha tenido que definirse (aunque fuera de forma inconsciente) como una criatura misteriosa que reside dentro del ángel o monstruo o imagen de ángel / monstruo que vive en lo que Mary Elizabeth Coleridge denominó la «superficie del cristal».

Por supuesto, para todos los artistas literarios, la autodefinición precede necesariamente de la autoafirmación: el «Yo soy» creativo no puede enunciarse si el «yo» no sabe qué es.” (Gilbert, Sandra / Gubar, Susan, 1998: 32)

Por otra parte, lo anterior no significa que la mujer haya construido, trate de construir o postular una imagen diferente sobre sí misma; más bien lo que plantean estas propuestas teóricas de lo que se trata es que, a partir del símbolo del espejo, se deconstruye lo que la ideología patriarcal ha establecido por siglos en torno a la imagen femenina. Se trata entonces de subvertir, a partir de esta idea imaginada, el canon patriarcal; pero subvirtiéndolo desde su propio centro, descentrándolo y deconstruyéndolo, haciendo de esa superficie especular una superficie irregular que refracte la luz y refleje las imágenes en ángulos diferentes y diferidos. En este sentido Sigrid Wiegel propone la metáfora del espejo como conciencia propia de la mujer todavía supervisada por la mirada y la ideología patriarcal, para esta teórica este sería un primer momento de la subversión del canon:

“Ella ve el mundo a través de unas gafas masculinas. (La metáfora de«gafas» implica la utopía de una mirada liberada y sin obstáculos.) Está fijada en una auto-observación refractada de la mirada crítica del hombre, y ha abandonado la observación del mundo exterior a la amplia mirada de él. Así, su autorretrato procede del distorsionarte espejo patriarcal. Para encontrar su propia imagen, debe liberar al espejo de las imágenes de mujer pintadas sobre él por la mano masculina.

La metáfora del «espejo» -su otro lado y sus bordes, su efecto divisorio y «duplicador»-se utiliza generalmente en la actualidad para describir la autoconciencia femenina controlada por la mirada masculina.” (Wiegel, 1986:72)

Wiegel advierte que no se trata de eliminar del todo lo que ya ha fijado en la superficie especular el discurso patriarcal en cuanto a la imagen femenina, sino mirar en dos direcciones; de ahí la focalización bizca en el espacio de la transición y un cambio de mentalidad entre una ideología dominada por la voz de autoridad masculina y otra, nueva, diferida y diferente: la femenina; se trata de mirar en dos direcciones:

“Si borramos del espejo las proyecciones, las imágenes, este quedará en blanco al principio. Podemos pintar el espejo con nuevos conceptos, pero estos también serán imágenes; ni siquiera romper el espejo nos servirá de nada. Por el momento no es posible imaginar con alguna certidumbre o en algún detalle cómo será la mujer liberada, menos aún cómo será percibida. Para vivir a través de este espacio transicional entre el ya no y el todavía no sin volverse loca, es necesario que la mujer aprenda a mirar en dos direcciones divergentes simultáneamente. Debe aprender a expresar las contradicciones, a verlas, aprender a ganar la fuerza de la rebelión contra el ayer y la anticipación del mañana.”( Wiegel, 1986: 88-89)

En este sentido, la autora anota que queda mucho camino por recorrer en el campo de las teorías feministas, pues en este momento estas propuestas teóricas deben consolidarse y el cuestionamiento y descentramiento de la ideología patriarcal debe ser paulatino, pues su huella se encuentra sumamente arraigada en la cultura y en el campo lingüístico y literario son muy notable sus marcas:

“Todavía nos faltan precedentes para una investigación sobre esa relación del espejo en la escritura real de las mujeres ese «complicado proceso que implica conquistar y reclamar, apropiarse y formular, así como olvidar y subvertir». (Wiegel, 1986: 73)

Por otra parte Sandra Gilbert y Susan Gubar, las teóricas mencionadas al inicio de este apartado e iniciadoras también de estas propuestas, dejan el camino abierto hacia una verdadera escritura y autoría femenina. En un mundo donde el modelo de autoridad es el del varón y la escritura tiene un derecho de autor marcado por el género dominante, proponen que debe irse abriendo el espacio para que emerja una escritura con rango de autoría genuinamente femenina, donde la voz rompa el silencio impuesto y sea una real autor-idad que plantee la ruptura y subversión de los cánones y modelos patriarcales y donde realmente y de forma lúdica exista una verdadera autoría de mano femenina.

“Y cuando las mujeres con concepción propia, de Anne Finch y Anne Elliot a Emily Brontë y Emily Dickinson, surgieron del ataúd de cristal de los textos escritos por hombres, cuando hicieron añicos el espejo de la reina para salir de él, la antigua y silenciosa danza de la muerte se convirtió en una danza de triunfo, una danza dentro del discurso, una danza de autoridad.”
        (Gilbert, Sandra / Gubar, Susan, 1998: 58)

De acuerdo con estas proposiciones apenas esbozadas en los párrafos anteriores la imagen del espejo se interpreta como el espacio desde el cual se ha imaginado a la mujer desde una óptica masculina y patriarcal; pero, curiosamente para las teóricas feministas, al mismo tiempo la superficie especular es el lugar desde el cual las mujeres toman esa proyección y la decostruyen al subvertirla refractando la imagen que se refleja en su superficie desde otros y nuevos ángulos, otras ópticas y perspectivas, descentradas y excéntricas.

Si en los cuentos de hadas -tan arraigados en nuestra cultura y pensamiento occidental- el espejo de la reina hablaba y daba consejos, esa imagen reflejada no era más que un eco de la voz y la voluntad del varón, y las proyecciones que sobre su superficie se reflejaban no eran más que reflejos del deseo patriarcal. En este sentido recordemos que una imagen es una representación que se podría dar en muchas materialidades: escultura, pintura, lenguaje... Y que las representaciones que se realizan se llevan a cabo por semejanzas o apariencias con el objeto o lo representado; entonces, en el espejo patriarcal nada más se pueden observar aquellas imágenes que semejen o parezcan lo que la voz dominante impone. La imagen de mujer es, entonces, el reflejo del deseo del hombre. Tampoco podemos dejar pasar desapercibido que una imagen, una representación, se puede producir en diversas formas: se puede usar la imaginación, se puede crear una imagen poética y se puede ver una imagen. Por lo tanto las imágenes son mentales, literarias y visuales.

Ahora bien, en el caso ese espejo metafórico donde se proyectan las imágenes de la mujer ¿cuáles vendrían a ser las representaciones mentales imaginarias, poéticas y visuales cuando la autoría es femenina?

Una de esas proyecciones imaginarias es la que se puede observar en los textos literarios y, precisamente, ese es el ejercicio que a continuación intentaremos llevar a cabo con tres poemas de la autora Dulce María Loynaz. A lo largo de su vida, esta escritora cubana nacida en diciembre de 1902 y fallecida al menguar el siglo en 1997, tuvo una impresionante carrera en el campo de las letras, fue abogada de profesión pero se destacó más como escritora, cronista, crítica y conferencista internacional. Entre sus publicaciones más conocidas se destacan el poemario Versos (1928-1938) publicado en 1938 que reúne poemas dispersos e inéditos algunos, en ese mismo año aparecen en la prensa dos de sus obras más representativas en la revista Grafos la “Carta de Amor al Rey Tut-Ank-Amen” y en edición independiente el poema “Canto a la mujer estéril”; en el año 1947 se publica en España el poemario Juegos de agua al que le sucedieron otras publicaciones como la novela lírica Jardín publicada en 1951 e incluso algunas póstumas. Desde 1959 fue miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua, de la cual llegó a ser presidenta vitalicia y en 1968 fue electa miembro correspondiente de la Real Academia de la Lengua Española. Aunque los libros de historia de la literatura latinoamericana la omitan y no se mencione su nombre ni en los movimientos líricos vanguardistas del continente con los cuales estuvo muy de cerca por costumbre se privilegia la autoría masculina, Nicolás Guillén por ejemplo ; su lugar en el desarrollo de las letras, el pensamiento y la cultura del continente es innegable; por otro lado, la brecha que esta poeta abrió para la autoría de mano femenina en la cultura latinoamericana y en lengua española no debe pasar inadvertida.

Hacia la mitad del siglo anterior su poemario Juegos de agua es editado en España y en el libro, además de una poetización de la imagen del agua, se publican algunos poemas en los que es notable observar el proceso de deconstrucción de la imagen femenina como ocurre en el siguiente poema.

              EL ESPEJO

Este espejo colgado a la pared,
donde a veces me miro de pasada...
es un estanque muerto que han traído
a la casa.
Cadáver de un estanque es el espejo:
Agua inmóvil y rígida que guarda
dentro de ella colores todavía,
remembranzas
de sol, de sombra... -filos de horizontes
movibles, de la vida que arde y pasa
en derredor y vuelve y no se quema
nunca... -Vaga
reminiscencia que cuajó- en el vidrio
y no puede volverse a la lejana
tierra donde arrancaron el estanque,
aún blancas
de luna y de jazmín, aún temblorosas
de lluvias y de pájaros, sus aguas...
Esta es agua amansada por la muerte:
Es fantasma
de un agua viva que brillara un dí a,
libre en el mundo, tibia, soleada...
Abierta al viento alegre que la hacía
bailar...! No baila
más el agua; no copiará los soles
de cada día. Apenas si la alcanza
el rayo mustio que se filtra por
la ventana.
¿En qué frío te helaron tanto tiempo
estanque vertical, que no derramas
tu chorro por la alfombra, que no vuelcas
en la sala
tus paisajes remotos y tu luz
espectral? Agua gris cristalizada,
espejo mío donde algunas veces
tan lejana
me vi, que tuve miedo de quedarme
allí dentro por siempre... Despegada
de mí misma, perdida en ese légamo
de ceniza de estrellas apagadas...
Juegos de agua (1947)

Este poema nos presenta muchos aspectos que podemos relacionar con los presupuestos teóricos enunciados anteriormente y, por otra parte, es un texto literario que se puede analizar desde muchos aspectos como lo son su estructura, el manejo de la dicotomía y metáfora agua-espejo y, finalmente, la utilización de los tiempos verbales enunciados en presente y pretérito ya que ofrecen un sesgo interesante en el proceso de la construcción de una mirada e imagen femenina.

Estructuralmente el texto nos presenta un juego de estrofas, se trata de diez cuartetos endecasílabos en copla de pie quebrado, es decir, el último verso de cada cuarteto mide cuatro sílabas; son nueve coplas de pie quebrado excepto en el último cuarteto en el cual el verso final sí es de once sílabas ya que se trata de la estrofa concluyente. Además, en este poema es notable observar el manejo de los signos de puntuación ya que el uso de los signos de exclamación e interrogación, los guiones largos y los puntos suspensivos dan un carácter diferente al ritmo, la enunciación y la fluidez al poema.

En cuanto al nivel semántico del poema, partir del símbolo del agua -que vendría a ser el sustantivo de mayor carga de significado en el texto- vertido en la metáfora del espejo se presenta una dualidad entre el estatismo y la movilidad; los atributos asignados a la dicotomía agua-espejo están cargados de significados negativos en comparación con lo que el agua-espejo pudo haber sido en un tiempo pasado hipotético; contradictoriamente los significados atribuidos a un símbolo agua-espejo en ese tiempo precedente son de vitalidad. Entendemos entonces que el poema nos ofrece una dualidad entre lo que el significante agua-espejo ES y lo que PUDO HABER SIDO, ya que existe una marcada alusión a la muerte en el tiempo presente, con la imagen de agua estática, y a la vida, con la imagen de agua móvil en el tiempo pretérito hipotético. Del lado de lo que el agua-espejo es en el presente se ubican sustantivos y calificativos como “muerto”, “cadáver”, “agua inmóvil y rígida”, “vaga reminiscencia”, “agua amansada por la muerte”, “agua gris cristalizada” en tanto cualidades; mientras que, por otra parte, del lado de los significados de lo que el agua-espejo pudo haber sido encontramos atributos como “horizontes móviles de la vida que arde y pasa”, “agua viva que brillara un día”. El espejo representado por el agua dado su carácter de transparencia y capacidad de reflejar las imágenes que vendría a significar es, entonces, un “estanque de agua inmóvil” mientras que pudo ser un “estanque de agua vital”; las referencias en el tiempo de la enunciación de la voz lírica, el ahora presente, ante la imagen reflejada en el agua-estanque-espejo están cargadas de sentidos negativos: muerte, fantasma, rigidez.

Ahora bien, la utilización de los tiempos verbales al inicio y en la conclusión del poema también permiten notar algunos aspectos interesantes. En el primer y último cuartetos la voz lírica hace referencia al tema de la mirada, la mirada que se posa en la superficie especular del estanque-espejo y entre esos cuartetos, el del inicio y el del cierre, se da un cambio en los tiempos verbales que se reflejan en la transformación de la actitud en torno a la mirada. Al inicio del poema la voz lírica hace empleo del tiempo presente y el espejo es ese espacio “donde a veces me miro de pasada”, mientras que hacia el final del poema la mirada se ubica en el tiempo pasado y, más bien, el espacio especular fue donde “espejo mío donde algunas veces tan lejana me vi”; podemos ver que se da un cambio en el manejo de los tiempos, al inicio la voz lírica se “mira de pasada” en tiempo presente y los versos sucesivos (estrofas 1-9) vienen a constituir todo lo que se puede inferir de esa mirada pasajera durante ese momento; pero hacia el cierre del poema precisamente en el cuarteto final, el que no presenta el verso de pie quebrado la voz lírica se vio e inmediatamente enuncia que después de contemplarse estática tuvo miedo de quedarse petrificada en la imagen, despegada de sí misma. Hacia la conclusión del poema se manifiesta una necesidad y la voluntad de no ser capturada “quedarme allí dentro para siempre” ni de perder la identidad “despegada de mi misma, perdida en este légamo de ceniza”.

El poema anterior nos sirve para ilustrar, en un principio, una oposición entre la imagen viva que podría reflejar y la imagen muerta que en efecto refleja el espejo; sin embargo mediante la mirada se manifiesta un cambio de actitud que va desde una actitud contemplativa hasta la enunciación de un deseo inducido por el miedo de quedarse petrificada y atrapada por la imagen, despegada de sí misma y perdida. En este texto podemos notar una evidente voluntad de no pertenecer al mundo inerte, más bien de quedarse en el mundo móvil, la mirada observa su reflejo y asume una postura reflexiva y manifiesta una voluntad.

Algunos años antes de haber publicado el poema anterior, Dulce María Loynaz publicaba su primer poemario titulado simplemente Versos (1928-1938), entre esos textos se destaca el que lleva por título “Espejismo” por tener una temática afín con el tema que venimos desarrollando, lo transcribimos a continuación:

          ESPEJISMO

Tú eres un espejismo en mi vía.
Tú eres una mentira de agua
y sombra en el desierto. Te miran
mis ojos y no creen en ti.
No estás en mi horizonte, no brillas
aunque brilles con una luz de agua...
¡No amarras aunque amarres la vida!...
No llegas aunque llegues, no besas
aunque beses... Reflejo, mentira
de agua tus ojos. Ciudad
de plata que me miente el prisma,
tus ojos... El verde que no existe,
la frescura de ninguna brisa,
la palabra de fuego que nadie
escribió sobre el muro... ¡Yo misma
proyectada en la noche por mi
ensueño, eso tú eres!... No brillas
aunque brilles... No besa tu beso...
¡Quien te amó sólo amaba cenizas!...
                      (Versos (1920-1938)

Formalmente el poema está constituido por versos endecasílabos con rima asonante en los versos impares, lo cual produce el efecto de fluidez en el ritmo y, en cuanto la composición de las estrofas que lo conforman, no es notable un patrón regular.

Con respecto al título es interesante observar el significado de la palabra “espejismo”, ya que se refiere a una ilusión óptica debido al reflejo de la luz; vemos que la percepción visual y la mirada están contenidos en su sentido; por otra parte, significa una ilusión de la imaginación, es decir, el concepto de imagen también está presente, en tanto es una representación sin realidad sugerida por la imaginación. Podemos ver entonces que un espejismo es algo imaginado, falso, ilusorio, esto nos lleva a pensar que un espejismo es una proyección de la mente o la imaginación.

Por otro lado, el poema nos ofrece un interesante juego de negaciones como consecuencia del desencanto que se produce en el desengaño o la desilusión: “no estás”, “no brillas”, “no amarras”, “no llegas”, “no besas”, “no existe”... Toda esta serie de negaciones permiten entender que en algún momento anterior hubo una ilusión, un espejismo -fuego-, sin embargo era un espejismo producido por el reflejo y la mentira que se manifiestan en los versos 9-10 en los que se lee “Reflejo, mentira agua de tus ojos”, con lo cual es fácil inferir que la mirada masculina es engañosa y negativa; en otros versos (10-12) se reafirma este efecto de engaño a partir de la mirada masculina donde leemos “Ciudad de plata que miente el prisma de tus ojos

En otro orden de aspectos, nos llama la atención el tema de la mirada pero en este caso la mirada eminentemente femenina ya que también es un elemento presente en el texto; en los versos 3-4 leemos lo siguiente: “Te miran mis ojos y no creen en ti.” Con lo cual podemos ver la forma como se manifiesta un desengaño o un descreimiento a partir de la mirada mientras que en los versos 15-17 la voz lírica alude a la proyección que se da a partir de la mirada y lo que se puede percibir en la imagen especular “¡Yo misma proyectada en la noche por mi ensueño, eso tú eres!”; nuevamente el deseo, el ensueño y el desengaño son los elementos que van a desembocar en la imagen final del poema: la metáfora de las cenizas. Vemos que en el texto la imagen del amor-varón es un reflejo de la proyección de la voz lírica femenina, la mirada es la que lo ha desdibujado haciéndolo simplemente cenizas; es decir, la materia inerte y muerta que queda luego de la combustión, el fuego; este mecanismo hace que la voz lírica del poema transforme la ilusión, el desengaño y la mentira en algo inerte, acabado. Esta metáfora ígnea, mediante la cual se evidencia el proceso trasformación fuego-cenizas y engaño-desengaño, la poeta la retoma en otro de sus poemas

El tercer poema seleccionado del mismo poemario anterior es una imagen de mujer. La estructura de versos heptasílabos con rima asonante en los pares lo cual, de igual manera que en el poema anterior, le da una fluidez especial al ritmo del texto; además este poema estructuralmente está constituido por nueve estrofas, ocho son cuartetos y un terceto.

        LA MUJER DE HUMO

Hombre que me besas,
hay humo en tus labios.
Hombre que me ciñes
hay viento en tus brazos.

Cerraste el camino,
yo seguí de largo;
alzaste una torre,
yo seguí cantando...

Cavaste la tierra,
yo pasé despacio...
Levantaste un muro
¡Yo me fui volando!

Tu tienes la flecha:
Yo tengo el espacio;
tú mano es de acero
y mi pie es de raso...

Mano que sujeta,
pie que escapa blando...
¡Flecha que se tira!...
(El espacio es ancho)

Soy lo que no queda si vuelve.
Soy algo que disuelto en todo
no está en ningún lado...

Me pierdo en lo oscuro,
me pierdo en lo claro,
en cada minuto que pasa...
En tus manos...

Humo que se crece,
humo fino y largo,
crecido y ya roto
sobre un cielo pálido...

Hombre que me besas,
tú beso es en vano...
Hombre que me ciñes
¡Nada hay en tus brazos!
                         Versos (1920 - 1938)

En este otro texto lo interesante son las imágenes proyectadas de la mujer, si en el anterior una de las cualidades que se le atribuía a la masculinidad era las “cenizas”, en este poema otra de las consecuencias de las combustión del fuego es el “humo”; las cenizas y el humo son consecuencias del fuego pero el fuego en sí ocupa un lugar ínfimo en los poemas. Por otro lado, podemos ver en los dos poemas anteriores las cualidades masculinas están concentradas en la imagen de las cenizas mientras que las femeninas en la imagen del humo, lo cual nos lleva a pensar, si retomamos algunos aspectos del poema anterior, en las siguientes analogías:

 CENIZAS:        muerte, fin, inactividad, tangible, inerte, masculinidad
 HUMO:        volatilidad, transparencia, actividad, inasible, vitalidad, feminidad

En este tercer poema el sentido del humo está cargado de matices positivos y se ubica muy por encima de las cualidades de la ceniza; por lo tanto nos atrevemos a sugerir a partir de estos textos que lo femenino toma una posición en un estrato diferente, ambos son producto del fuego uno es volátil y el otro es inerte, por lo tanto, lo femenino tiene mejores cualidades y es superior a lo masculino.

En los primeros cinco cuartetos podemos observar una dicotomía entre masculino / femenina donde se presenta, mediante un contrapunto entre verso y verso, una clara oposición de sentidos. Lo masculino es fuerte e intenta dominar, mientras que lo femenino es esquivo y no se deja dominar; lo masculino es laborioso y lo femenino es lúdico, creativo y sutil, como lo vemos en el siguiente cuadro:

En los últimos dos versos del quinto cuarteto la situación de diferencias y el encuentro de los opuestos se resuelve de una forma bastante astuta: la flecha -atributo masculino, fálica per se-es lanzada a un espacio de atributo femenino que de suyo es amplio: “¡Flecha que se tira!... /(El espacio es ancho)

Ahora bien, los versos que siguen a continuación de los anteriores conforman un terceto y de manera especial presentan una cualidad femenina

Soy lo que no queda si vuelve.
Soy algo que disuelto en todo
no está en ningún lado...

Se enuncia el verbo “ser” en tiempo presente y mayúsculas, se sugiere una naturaleza o propiedad femenina, y a partir del terceto se manifiesta una transformación de actitud y el sentido del poema cambia porque a continuación, en los versos sucesivos, dan atributos de la mujer relacionados, sobre todo, con las cualidades del humo: transparencia, fineza, aunados a las acciones de perderse, evadirse, escaparse; una fuerte carga semántica de liberación para rematar con los versos finales “Hombre que me ciñes / ¡Nada hay en tus brazos!” en los que bien se representa la sujeción y el dominio al que el varón ha sometido por siglos a la mujer y, por otro lado, libertad finalmente alcanzada por la mujer pues el humo nace del fuego y las cenizas son un producto muerto, deconstruido.

La imagen que reflejaba el espejo se ha disuelto y esfumado, pasó a transformarse en una imagen inasible, y el espejo que la proyectaba se ha caído y está disuelto.

La literatura durante muchos años ha sido ese espejo en el que se dibujan las proyecciones de la imaginación masculina, pero recientemente también ha abierto un espacio en el que las imágenes de la mujer se reflejen de diferentes maneras, la superficie no es uniforme y mucho menos única, el espejo se ha fragmentado, su superficie ya no es la misma puesto que se ha descentrado, la luz ha comenzado a reflejarse desde muy diversos ángulos, a veces entre grados imperceptibles, y el resultado es un caleidoscopio en el cual la voz de Dulce María Loynaz apenas representa un haz de la voz femenina que deconstruye la imagen especular y a la vez, mira en dos direcciones: pasado y futuro.

Mientras las proposiciones teóricas feministas se planteaban, hacia la mitad del siglo anterior y consolidaban en los años sucesivos, en otras latitudes esta poeta cubana ya había descentrado la imagen femenina en sus versos. Con la escritura de Dulce María Loynaz la imagen de mujer se despliega en las diferentes acepciones del término: Desde el reflejo en un espejo, una imagen que se parece a la que se posa enfrente de la superficie especular. También es una semejanza construida a partir del lenguaje mediante metáforas e imágenes literarias. Es, por otra parte, un producto de la imaginación y, finalmente, proyección de la vista. Dulce María Loynaz construye una imagen poética y una imaginación de autoría propia femenina. El fuego patriarcal está extinguido, el varón es ahora cenizas y la mujer es agua o humo, en palabras de la propia autora, liberada, libre e inasible: Soy lo que no queda si vuelve. Soy algo que disuelto en todo no está en ningún lado...

A partir de sus poemas Dulce María Loynaz desconstruye la imagen de la superficie especular impuesta por el patriarcado. La imagen de mujer que proyecta e imagina mediante sus poemas es un espacio de cuestionamiento y reflexión “Espejo mío donde algunas veces me vi”; de desengaño “yo misma proyectada en la noche de mi ensueño” y de postulación de una imagen nueva, diferida y diferente a la vez “soy lo que no queda”. La mujer es, ahora, inasible.

 

Bibliografía:

Gilbert, Sandra/Gubar, Susan. La loca del desván. La escritora y la imaginación literaria del siglo XIX. Madrid: Editorial Cátedra, 1998.

Loynaz, Dulce María. Antología Lírica. 2º edición. Madrid: Espasa Calpe, 1993.

———- Poemas escogidos. Madrid: Fondo de Cultura Económica sucursal España, 1993.

Wiegel, Sigrid. “La mirada bizca: sobre la mujer en la escritura de las mujeres.” En: Ecker Gisela. Estética feminista. Barcelona: Icaria Edit. S.A. 1986.

“Dulce María Loynaz”. En: Cervantes Virtual http://cervantesvirtual.com/bib_autor/Loynaz/ Consultado el 9 de octubre de 2003.

 

© Leonardo Sancho Dobles 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero36/inasible.html