Humanismo, Utopía y desamortización: José Musso Valiente

Dr. José Luis Molina Martínez

Universidad de Murcia
Grupo ERA
jlmolinam@gmail.com


 

   
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Resumen: Revisión de la obra y proyectos de carácter ilustrado y humanista del intelectual José Musso Valiente (Lorca, 26 de diciembre de 1785 - Madrid, 31 de julio de 1838). Incomprendido por la sociedad de su tiempo, académico de la Española, de la Historia, de la Grecolatina, de la de Bellas Artes de San Fernando y de Ciencias Naturales, poeta, traductor, pensador, ensayista, crítico literario, es un humanista creyente en la divinidad que da sentido a una vida construida sobre bases tradicionales: familia, monarquía y religión.
Palabras clave: José Musso Valiente, ilustración española

 

-¿Qué hace usted con tanto estudiar que no se le ve en paseos, ni en cafés, ni en visitas, ni en tertulias?
  - Usar del tiempo que tengo a mi disposición.
               (José Musso Valiente: Pensamientos sueltos)

 

Comporta cierto riesgo hablar o escribir de José María Musso y Pérez-Valiente, más conocido por José Musso Valiente [1] (Lorca, 26 de diciembre de 1785 - Madrid, 31 de julio de 1838), por el escaso conocimiento que existe de su vida y obra, a pesar de hallarse a disposición del público, estudioso o no, bibliografía suficiente. Esto implica que se puede carecer, en un momento dado, de referente concreto en el que situar alguna de las cosas que comunique.

Construyo, a pesar de ello, este escrito, considerando a Musso como un humanista [2], quien, al final mismo de su existencia terrena, es consciente de haber intentado, y conseguido posiblemente, construir un proyecto intelectual y cultural [3], no sólo de carácter personal sino aplicable a una colectividad, que, aun siendo realizable y halagüeño, se convierte en utopía, quizá por la estrechez mental de la época, quizá por la diferencia de pensamiento y criterio que mantiene con la jerarquía política y académica, sin duda alguna, por la delicada y compleja situación histórica que se estaba viviendo, la liquidación del detestado Antiguo Régimen, tras su derrumbe, simbolizado todo ello en la tan discutida y discutible desamortización de Mendizábal.

Su vida y obra constituyen una manifestación intelectual a través de la cual se pone al servicio de su comunidad, aunque esta no corresponde a los méritos que Musso había adquirido. Así deduzco del comportamiento de uno y otra, no en vano en Lorca lo persiguen con saña, hasta el punto de no poder vivir en su propia ciudad, simplemente por divergencias políticas. Por todo ello, su existencia humana es casi una tragedia toda vez que su conducta ideológico -política depende de un criterio moral muy riguroso y ello le crea problemas. Hallamos también un estilo trágico en la emoción deífera que le hace amar apasionadamente la vida y ocuparse de cuanto pulula a su alrededor: Homo sum: humani nihil a me alienum puto [4]. Pero, obviamente, es un humanista creyente en la divinidad que da sentido a una vida construida sobre bases tradicionales: familia, monarquía y religión. Que toda su vida estaba instalada en la utopía, aun desde el punto de vista filosófico, se comprueba con la lectura de Cartas sobre la felicidad (1819) [5].

A lo largo del bienio 1836-1837, José Musso Valiente escribe muchas anotaciones en su Diario, tomadas la mayoría de ellas de la prensa diaria, El Español sobre todo, cuya lectura actual permite una aproximación muy ajustada a la situación de la sociedad de la época, de la iglesia española en general, del clero en particular, de los frailes en concreto y, sobre todo, del estado de los edificios de culto religioso, monasterios y conventos [6] en especial, y sus enseres, tras la desamortización y los decretos siguientes para enajenar los bienes de los regulares, medidas todas estas de carácter anticlerical tomadas con el único objetivo de dotar de fuerza política suficiente a los liberales en el poder para que pudiesen quebrar la alianza altar -trono, único obstáculo, al parecer, para el progreso, desarrollo y modernidad del país. Es obvio que Musso se ocupa de esto por su condición de humanista católico formado en la piedad y en la ciencia según las Escuelas Pías [7]. El humanismo de Musso está asociado a la fe cristiana, que conforma, además, una postura ética que sitúa la moral como base del comportamiento humano y otra estética consistente en la aplicación de esa ética como criterio máximo sobre el concepto de cultura literaria y de bellas artes [8].

Antes del decreto de las Cortes de fecha 19 de noviembre de 1836 “por el que autorizan al Gobierno a vender las campanas y demás efectos de los conventos suprimidos” [9], cuyo antecedente es la ruina de los asaltados en julio de 1834 en Madrid [10], José Musso se ocupaba ya del rescate de alguno de estos efectos, básicamente libros [11], pinturas, retablos y esculturas.

Esta actitud es simplemente complementaria de iniciativas semejantes llevadas a cabo en tiempo diverso: el deseo de la creación de un Museo de Antigüedades independiente de la Real Academia de la Historia, que fue torpedeado desde dentro por Martín Fernández de Navarrete y Diego Clemencín [12], sus amigos íntimos para más inri [13]; el interés de editar una colección de obras anotadas de autores latinos para la Real Academia Latina Matritense, que fracasó, en principio, por su regreso a Lorca el 30 de junio de 1830, aunque existía un bloqueo ideológico por parte de los académicos opuestos a los helenistas y latinistas con formación escolapia [14], y la habilitación de un lugar aparte para un Museo de Pintura Religiosa [15], iniciativa que ni siquiera llegó a plantear por la penuria de los tiempos, no sólo en términos económicos, sino de sensibilidad estética [16].

Son tres las utopías señaladas hasta ahora dentro de una utopía mayor, global, cual es el carácter humanista de un José Musso que parece habitar en un tiempo que no le corresponde, pues, siendo un hombre de transición al haber nacido entre siglos, por su formación es neoclásico, realidad que tiene otras manifestaciones idealizadas a relatar enseguida [17]. Esta utopía general que envuelve su sentido y forma de vida es un lastre con el que debe convivir y le hace rechazar, en principio, la nueva situación, la debacle que para él supone el fin del Antiguo Régimen, la irrupción del Romanticismo en el Arte y la Literatura y un cambio político, producido de manera no siempre pacífica, que permite el uso del poder al liberalismo, en pugna no sólo con el absolutismo sino también entre sus facciones moderada y exaltada. Eso sin contar con la situación enrarecida que origina la primera guerra carlista. La predilección clara de Musso “por el trabajo intelectual y la reflexión nos ayuda a entender su incomodidad ante las sucesivas revoluciones que le tocó vivir” [18].

Concluso el Trienio Constitucional, Musso Valiente demanda a los españoles concordia y paz, otra utopía idealista. Lo hace un hombre al que la guerra de la Independencia pone al borde de la ruina, pues jamás recobra el importe de los avituallamientos que su padre hizo a la Junta Provincial de Defensa [19], un hombre que debe exiliarse ante la persecución fanática a muerte llevada a cabo por unos pocos liberales comuneros [20] y cainitas lorquinos [21], y al que empobrecen, en definitiva, las diversas desamortizaciones, más o menos encubiertas, que, desde Godoy, se sufren en España para ayudar a la monarquía y debilitar el poder eclesiástico al suprimir conventos y secularizar frailes como modo de imponer un liberalismo laico impreciso, porque el liberalismo natural implica cierto humanismo, y conseguir así la separación Iglesia - Estado, como ya he dicho. El pacifismo de Musso comprende esta situación que le ha tocado sufrir, como viene a expresar en su poema A los españoles en sus discordias civiles (1823) [22]. Pero, poemas de este tipo no tienen credibilidad social alguna, porque apelar a los buenos sentimientos tras la serie de atropellos, vejaciones y muertes sufridos acaso sería solidario pero no efectivo para evitar los males de un absolutismo del que él, intelectual cercano a la corona a partir de 1825, de alguna manera participaba, por más que fuese en época de apertura por parte de Fernando VII, próxima ya su muerte [23]. Musso, sin embargo, actuaba desde criterios acordes con su ideología liberal doceañista: “ni entonces, ni en los diez años que pesó sobre la patria su ominoso imperio quise ni admitir nada, anteponiendo vida oscura y retirada y la ruina de mis intereses a la vileza de servir a un sistema contrario al que antes había elogiado en mis escritos y abrazado y sostenido en mi vida pública y privada, y de ostentar principios opuestos a los que entonces mismo profesaba” [24].

Nos queda aún relatar otro objetivo inalcanzable en la España de esa época, de ahí el carácter utópico de estas iniciativas, cual es la formación de un Ensayo histórico de las Ciencias Exactas y Naturales en España. Es una cuestión que se plantea en la Junta General de la Real Academia Matritense de Ciencias Naturales y que podemos leer en la anotación que efectúa en su Diario el día 30 de enero de 1837. El 10 de abril, Musso recoge el acuerdo de haberse leído y aprobado la memoria suya y de José Mariano Vallejo “sobre recoger materiales para formar la historia de las ciencias naturales en España” [25]. Obviamente no se llegó a cumplir el objetivo. En esta ocasión, el fallecimiento de Musso no lo permitió. En este bienio, estuvo ocupado en su Memoria sobre el movimiento de los líquidos, que también hizo para esta Academia. Con anterioridad, 1833, había colaborado con J. M. Vallejo en otro trabajo científico - práctico cual fue su Memoria sobre los riegos de Lorca [26], que este incluye en el tomo III del Tratado sobre el movimiento y aplicaciones de las aguas [27] , tareas más prosaicas que las meramente filológicas. Musso destaca también en las Ciencias, pero no podemos detenernos en desmenuzar su dedicación a las Matemáticas, Física y Ciencias Naturales.

Hasta aquí, casi todo es una espiral de fracasos que hubiera debilitado la fe de un hombre menos fuerte, porque era y se consideraba fuerte por ser hijo de Dios, pues, como él mismo decía, “así la adversidad en dura prueba, da resplandor a la Virtud divina y al VARÓN FUERTE sobre el cielo eleva” [28]. Pero la solidez intelectual de Musso es también proverbial, por no decir que forma parte de la misma utopía, pues no interrumpe, en ninguna situación de su vida, su labor intelectual y espiritual, ni tampoco parece afectarle la pérdida de una forma de vida y una cultura a la que se le buscaba su ocaso. Es “un amante de la sabiduría, un bibliófilo empedernido”, y también “un ilustrado, y un ilustrado preocupado por su fe” [29].

El día 16 de abril de 1836, el Sr. Posada lo comisionó, junto con el agustino exclaustrado José de la Canal, para que “recorriese las iglesias de los conventos suprimidos para ver si había algún altar de buen gusto, donde se colocase la imagen de Nuestra Señora de la Soledad de la Victoria que se ha trasladado a San Isidro. Con este motivo, hemos ido primero a la Trinidad, donde se han ido reuniendo o, por mejor decir, hacinando las imágenes, cuadros y retablos de otras partes. Allí se ven imágenes rotas, mutiladas, amontonadas, cuadros arrimados unos a otros, todo estropeado, destrozado: es un dolor ver la destrucción de tantos objetos de nobles artes. Allí está también la sillería del coro de San Martín de Valdeiglesias, adornada de bajos relieves y estatuitas, obra preciosa y delicada. En una capillita arriba hay un Señor atado a la columna, obra de Becerra [30]. Consérvase también la celda que tuvo San Simón de Rojas [31], donde había un altar. Los huesos del santo están en un arca en el altar mayor. En San Cayetano, cuya iglesia tiene varias hendiduras, hemos encontrado 3 ó 4 altares muy acomodados al intento. La Biblioteca es muy buena; tiene, entre otros libros excelentes, ediciones de los Padres. También he visto allí la Bibliotheca Patrum, en 27 tomos en folio, obra curiosa, pero en la cual parece no se ha tratado sino de aglomerar obras, sin crítica ni discernimiento”. [32]

Tanta obra de arte destrozada hiere hasta la conciencia política del Gobierno que dicta una circular en 14 de noviembre de 1836 por la que se da noticia “de que se hayan reunidas obras de bellas artes por la supresión de los conventos a fin de que las examine la Academia de San Fernando, se traigan las obras que este designe para el museo nacional y con las demás se formen museos provinciales donde convenga”. Daño hizo la revolución, daño, además, irreversible, al arte [33], a la vida diaria en general, fuese o no necesaria aquella. Nada nunca volvió a ser igual. Sobre todo cuando se conoce el uso y disfrute de las riquezas usurpadas legalmente: “Alhajas de las iglesias: El mejor manto de la Virgen del Sagrario de Toledo se ha vendido en 5 millones por Mendizábal y va caminando para Londres. El mejor collar de la Virgen de Atocha, compuesto de rubíes y brillantes, le ha regalado el mismo a la Concha Argüelles, a quien también ha dado una casa de bienes nacionales que reditúa de 50 a 60 mil reales anuales de renta. Esta muchacha se casa con un sobrino del mismo, y ya está preñada, por lo que se cuenta. Es muy conocida en todo Madrid” [34]. También le repugna el uso que hacen de las vestiduras sacerdotales: “Ornamentos sagrados: Los cíngulos de una de las iglesias suprimidas, me ha dicho un amigo (B.) que los ha visto adornando el freno del caballo que monta el ayudante del 2º batallón de nacionales”. [35]

Utópico o no, Musso no tarda mucho en poner los pies en el suelo: “Conventos. En el mismo periódico (el Español) viene un edicto de Diego López Ballesteros, de fecha 28, en que dice haber hecho postura (proposición la llama el edicto) a los terrenos de conventos demolidos” [36]. Estas noticias que Musso señala según se producen muestran que no todo era correcto en el proceso de desamortización.

También se ocupa Musso de aspectos más gratos. Podemos leer el día 21 de febrero de 1837, algo trascendente: Libros del rezo. “Ayer, en la Comisión de Cortes se remitió a la comisión de legislación una solicitud de don Francisco Díaz Razola para que las Cortes acuerden haber cesado el privilegio exclusivo de los monjes del Escorial para vender los libros del rezo divino, por lo que aún se paga cierta cantidad por los libreros de esta Corte (Español de hoy, nº 478)”. Más tarde, la casa del Nuevo Rezado, en donde se guardaban los libros de rezo, será sede, y lo sigue siendo, de la Real Academia de la Historia [37], edificio que escapa a la piqueta.

Si ya el 16 de abril tuvimos noticias de las obras de la Patrística, el día 22 de noviembre de 1836, podemos leer en el Diario un apunte que se titula Collectio Patrum: noticias, que marca posteriormente una actividad intelectual y humanista que deseamos destacar por desconocida [38]. Su formación le había llevado al estudio, análisis y traducción de autores grecolatinos, aunque su actividad no tenía el objetivo de la publicación, sino su utilización educativa como elemento docente para el aprendizaje de sus hijos, igual que hicieron los buenos ilustrados. Su lectura de la Patrística indica un dominio acreditado del latín medieval o eclesiástico, que completa el gran conocimiento que tiene del latín de los grandes autores clásicos.

Pues bien, todo este conjunto de circunstancias ocasionales, (des)motivaciones, hechos de vida, situación política, económica, social y religiosa, es, quizá, lo que le lleva a la lectura indiscriminada de la Patrística, en un actividad que se puede considerar fuera de lugar pero que sólo es la búsqueda necesitada del equilibrio que le va a proporcionar este ejercicio humanista que, por un lado, le mantendrá en la utopía, y, por otro, le permitirá profundizar en su fe desde la razón.

Continúa la lectura de los Padres de la Iglesia el 7 de febrero de 1837. Así pues, podemos leer en su Diario su anotación sobre Los 7 libros de cuestiones sobre el Heptateuco por San Agustín [39]. Es decir, continúa la lectura y apunte en el mismo lugar en el que la había dejado en noviembre del año anterior. La lectura de las anotaciones sobre la Patrística nos lleva al carácter general de las mismas y al planteamiento que el Musso intelectual e inteligente se había propuesto: “este diario sólo debe servir para darse a sí propio cuenta de lo que hizo” [40]. Es decir, Musso sólo busca, cuando hace alguna anotación, dar unas pinceladas sobre el tema para recordar de ese modo el asunto principal, en este caso la lectura de unos libros escritos por los Padres de la Iglesia. O sea, las reflexiones son las justas y precisas pues son datos que le ayudan a recordar su lectura. Si bien es verdad que interesan, por más conocidos, las noticias sobre los escritos de San Agustín o de San Juan Crisóstomo [41], también son dignas de mención las obras de San Hilario [42] o de San Efrén [43] o San Eusebio [44] por no citar a otros.

Pasa el mes de abril de 1837 en leer y comentar Palabras de un creyente, de Lamennais, a cuyo título Larra, en su traducción, antepone el de El dogma de los hombres libres. Musso se ocupa de rebatir los presupuestos que Larra expone en el prólogo [45]. El día 4 de abril de este mismo año inicia su Memorial de la vida [46], memorias que no concluyó pues sólo pudo redactar hasta el año 1831.

Si antes anunciamos que el humanismo de Musso tenía un carácter ético basado en la moral católica excesivamente rígida, es porque se puede comprobar: “Anteayer me dijo el amigo Gil [47] que acababa de componer un drama romántico con el título de Carlos II, el cual había de leerse ayer tarde a las 6 en presencia de varios amigos. Concurrí a la cita y ante todo sostuve con Pacheco [48], viribus et armis, tremenda disputa sobre el romanticismo, en la cual no pude menos que decir que me apestaba el tal género [49]. Esperóse a Vega [50], que había de ser el lector, mucho tiempo, y al fin se decidió que leyese Revilla [51]. A poco he aquí al lector con gran séquito en el cual se contaba Mariano Roca y Bretón [52]; y, ocupando su puesto, empezó a leer de nuevo. De cuando en cuando había murmullos de aprobación; y concluido el primer acto, salí yo para ir a la comedia. En aquel primer acto se confiesa Carlos II con Fr. Froilán Díaz, y este requiebra luego a Inés, amenazándola con cruel persecución si no condesciende a sus deseos. No es menester añadir más para calificar de drama sacrílego y escandaloso. Confunda Dios tales dramas y a quienes inventaron tal género” [53].

Da sensación Musso de ser un ultramontano en religión. Sin embargo, no es así, aunque sus juicios en contra del romanticismo [54], por ejemplo, son, en cierto modo, acomodaticios, como se puede comprobar cuando escribe sobre el drama de Mariano Roca de Togores Doña María de Molina [55]. De todos modos, según avanza en edad y evalúa el resultado de la revolución, según él la perturbación del orden establecido, queda fuera de juego y se acerca más a la ideología liberal - conservadora.

A todo esto, instado por Martín Fernández de Navarrete, que quería ver el final del trabajo antes de la conclusión de su mandato en la Academia [56], investiga de un modo ordenado y moderno para la época sobre la Crónica de Fernando IV [57]. Tampoco concluyó jamás este trabajo que, conservado en la Real Academia de la Historia, bien pudo ser utilizado después por quien publicara el texto de esta crónica [58], que cobró nuevo significado por su semejanza con la situación política española de entonces: María la Brava defendiendo el trono del Emplazado [59], pagada con la ingratitud del hijo; la reina Regente defendiendo el trono para su hija Isabel, más tarde expulsada de España [60] por su incapacidad y conducta impropia.

¿Es una nueva utopía humanista su incorporación a las tareas del Liceo al que le lleva José Fernández de la Vega, su fundador, más tarde relegado? [61] Alejado Musso del Ateneo [62], al Liceo [63] aportó su pericia como crítico de pintura, con experiencia acreditada por la redacción de los textos de la Colección Litográfica de los cuadros del Rey[64]. Sus conocimientos de la pintura antigua y nueva los plasma y desarrolla en De la escuela moderna española de pintura, que publica en la revista del Liceo Artístico y Literario (1838). ¿Era acaso un clasicista frente a un romanticismo al que quiso acercarse en algún sentido? En principio, parafraseando a Eugenio Ochoa [65] , si ser clasiquista quiere decir persona que ha estudiado y seguido las que en lenguaje escolático se llaman clases u hombre para quien toda nueva idea es sacrilegio, que no cree en los adelantos de las artes ni en los procesos de la inteligencia, porque es incapaz de concebirlos, no es clasicista [66]. Quizá fuese académico en el romanticismo [67]. Sin embargo, se había inclinado por la Escuela Sagrada, “menos comprometida con el término Academia que ya empezaba a usarse en sentido peyorativo y quizá poco adecuada para designar a los maestros de la nueva generación de artistas encargados de modernizar la pintura española como son, en su opinión, los pintores Federico Madrazo y Carlos Luis de Ribera, hijos y herederos de los anteriores” [68]. A pesar de algunos juicios actuales sobre la banalidad de los comentarios críticos de Musso, algo tendría que saber y conocer entonces, cuando se le propone y acepta otra pirueta utópica: “Papel para Villa-Amil. El profesor de pintura Villa-Amil me ha encargado le escriba una papeleta en que, haciendo algunas reflexiones sobre el paisaje, exponga las reglas que piensa seguir en la enseñanza de esta clase que le ha conferido el Gobierno y que debe desempeñar en el Colegio Científico [69]. Hoy le he compuesto, le he leído a Revilla, a quien no ha desagradado, y se le he llevado esta tarde, entregándole a su hermano porque él no estaba en casa” [70].

Otra paradójica utopía es su intento de aprehender la ópera belcantista italiana, Bellini en particular, Norma en concreto [71]. La visión de la ópera por parte de Musso Valiente implica la acción independiente de dos artes -música y literatura- que finalmente interactúan dando lugar a este género. No parece que a José Musso le interesara mucho el belcantismo, entre otras razones porque entraba ya en la decadencia, aunque, por proceder de la tradición operística del siglo XVIII, quizá le atrajeran las florituras vocales de los intérpretes. Vincenzo Bellini, al mantener los elementos del belcantismo, le pudo hasta subyugar, pero también los mantenían Rossini y Donizetti y este último no llegó al concepto que Bellini impuso en sus mejores óperas, Norma en especial. Estoy convencido de que si a Musso Valiente le apasionaba el componente teatral de la representación, pues Norma es lo más parecido a una tragedia griega, le atraía mucho más la melancolía y el sentimentalismo de la música de Bellini, la morbidezza. Por otro lado, a pesar de que los elementos melodramáticos sí estaban cercanos a los criterios dieciochescos, opino que Norma marca la transición entre la ópera belcantista y la del primer romanticismo más de lo que se cree. Reitero, con independencia de lo recién expuesto, la fascinación que Norma -Bellini- ejerce sobre Musso, como en su Diario expresa: “Norma, ópera: crítica. ¿Qué arte es el tuyo, Bellini, en esta ópera, que cuanto más se oye más deleita? La sabe uno ya de memoria, va delante de los cánones, sabe de positivo el punto que van a dar, le tiene en la mente y, con todo esto, cuando tiene el oído, deleita y llega al alma y traspasa el corazón” [72]. Y, como ejemplo de lesa contradicción, Musso, que visceralmente abomina del romanticismo por las razones antes aducidas, acepta Norma como modelo de los postulados de aquel porque concebía la ópera como expresión de los sentimientos [73]. No olvidemos que “el repetido recurso a la historia, los hechos heroicos del pasado, el exotismo y la mitología como huida del presente y como repulsa del mismo”, son actitudes románticas que, en general, se encuentran en la música del XIX [74] .

Concluyo: durante el bienio 1836-1837, en el que se desarrolla lo que parece el ascenso de un peldaño en el proceso de modernidad, pero que, al mismo tiempo, conlleva una guerra civil aunque se llame carlista; en el que se exacerban los nacionalismos y se cometen felonías, tantas o más que cuando el gobierno era absoluto, y ve fenecer todos y cada uno de los principios que le habían inculcado como ordenamiento de vida, Musso Valiente lee unos libros que no tienen sentido para un observador curioso aunque imparcial, escribe sobre sí mismo, escucha la mejor música que puede, admira la pintura eterna, la de siempre, como manifiesta visitando el Museo del Prado, el que él mismo ayudó a catalogar, intenta que avancen las ciencias naturales, se encierra en una práctica devota de manifestación externa a pesar de su disección de los teóricos franceses de la religión, es influido por un sensualismo [75] primigenio y vive de modo poco afortunado porque la vida no le es propicia, había nacido en la decadencia, Musso, digo, protagoniza gracias a su índole humanista una utopía que se constituye en su esencia y conforma su existencia. Esta es la grandeza y la servidumbre de un ser irrepetible, quizá llegado a este mundo a la deshora del alba, que hurga en la herida de Odiseo, que no se deja seducir por una Sabina Popea y que quizá comprende el encanto del enamoramiento de Dido, mientras sonríe, levemente socarrón.

Esta panorámica por la utopía de la psicobiografía intelectual de Musso, que se manifiesta en su dedicación a las artes y letras humanistas y son reflejo de su condición humana, permite un conocimiento sobrio pero exacto y riguroso de un personaje de la transición del Neoclasicismo al Romanticismo a quien exaltan sus contemporáneos por su capacidad de trabajo y sus conocimientos enciclopédicos.

Resulta, pues, atractiva la figura del sabio humanista Musso, académico de la Española, de la Historia, de la Grecolatina, de la de Bellas Artes de San Fernando y de Ciencias Naturales, poeta, traductor, pensador, ensayista, crítico literario, más cosas y, sobre todo persona. Una persona que fue fiel a sus criterios y que señala una trayectoria humana que resume su ideal de vida: “en la honesta medianía, en la ausencia de la desgracia, en la salud, en la libertad, en el honor bien entendido, en ser amado y amar, en la templaza y moderación en los placeres, en el cultivo del entendimiento, en hacer el bien posible a nuestros semejantes, consiste la dicha que podemos disfrutar en el mundo” [76].

Vive sus últimos días, según sus propias palabras, “deseando librarme de los cuidados mundanos para ocuparme únicamente en el terrible lance de la muerte del principal asunto cual es la salvación de mi alma” [77]. Y, según José de Madrazo, “murió con la mayor conformidad y serenidad, pintándose en su muerte la filosofía de su vida y la tranquilidad de su espíritu […]. La España -continúa- ha tenido una gran pérdida en este hombre y, si se consideran, además de su saber, sus cualidades morales, se puede decir que no hay media docena de hombres que le igualen en toda España” [78].

Todas estas y otras historias más forman parte del testamento utópico y humanista de Musso Valiente, personaje controvertido en su época pero humanamente interesante y modelo intelectual hasta para nosotros sin duda alguna. Aplicar a Musso el aserto de que “las utopías quedan para los ilusos o los fundamentalistas” [79] no es posible en este caso concreto pues su vida y obra lo desmienten, quizá, además, porque su utopía contiene una crítica interior de cuanto estaba viviendo y su humanismo cristiano una gran dosis de interioridad espiritual.

 

NOTAS

[1] Para un acercamiento a su vida y obra, vid., José Musso Valiente (José Luis Molina Martínez, ed.), Obras, 3 vols., Universidad de Murcia - Ayuntamiento de Lorca, Murcia, 2004, vol. I, pp. 15-67.

[2] “Esto no quiere decir que fuera un humanista al estilo renacentista, sino un ilustrado con formación humanista, eso sí, conservando el acercamiento a una universalidad del saber, por más que fuese una utopía” (vid., José Luis Molina Martínez, “José Musso Valiente y la tradición clásica latina: la Real Academia Latina Matritense y sus traducciones de autores grecolatinos”, en Actas del V Congreso de la Sociedad de Estudios Latinos “Retórica y Oratoria Latinas”, celebrado en Lorca, 31 de mayo - 3 de junio, 2006 (en prensa).

[3] Vid., Jacqueline Ferreras, “José Musso Valiente, un representante institucional fehaciente de la cultura entre 1827 y 1838”, en Manuel Martínez Arnaldos-José Luis Molina Martínez-Santos Campoy García (eds.), José Musso Valiente y su época (1785-1838). La transición del Neoclasicismo al Romanticismo, Universidad de Murcia - Ayuntamiento de Lorca, Murcia, 2006, 2 vols., vol II, pp. 307-328.

[4] Vid., Terencio, Heautontimoroumenos, escena 1ª, versos 39-40 de la traducción que Musso efectúa de esta obra y que puede leerse en José Musso Valiente (José Luis Molina Martínez, ed.), Obras, cit., vol. II., p. 375-429: “hombre soy; nada de hombres me es extraño”. Vid., además, José Carlos Miralles Maldonado, “Terencio en España. La traducción del Heautontimoroumenos realizada por José Musso Valiente”, en Manuel Martínez Arnaldos-José Luis Molina Martínez-Santos Campoy García (eds.), José Musso Valiente y su época (1785-1838). La transición del Neoclasicismo al Romanticismo, cit., vol II, pp. 593-606.

[5] “Así que la felicidad es, sin duda, el goce o fruicción del bien: el placer, rigurosamente hablando, no es la felicidad, pero es su signo natural, el resultado preciso del goce, por lo que no hay inconveniente en que le miremos como al carácter por donde es conocida la felicidad. Así que, si fuese puro, si durase cuanto nosotros, si fuese el más fuerte que experimentar podemos, indicio será de que somos perfectamente felices. La idea, pues, de una felicidad absoluta no es muy difícil de concebir, mas uno es la idea, otro la realidad”. Este texto puede leerse en José Musso Valiente (José Luis Molina Martínez, ed.), Obras, cit., vol. III., pp. 56-90. Vid., además, Isabel Morales Sánchez, “El Arte de Vivir en la obra de José Musso Valiente”, en Manuel Martínez Arnaldos-José Luis Molina Martínez-Santos Campoy García (eds.), José Musso Valiente y su época (1785-1838). La transición del Neoclasicismo al Romanticismo, cit., vol II, pp. 659-677.

[6] José Musso Valiente. Diario. 12 de febrero de 1836: “Real Academia de la Historia. […] El Padre Canal, presidente por indisposición de Navarrete y ausencia del Revisor, hizo presente haberle oficiado el Gobierno civil para poner a su disposición el monetario del Padre Corradi, el cual regalaba Canal a la Academia. Se acordó que se trasladase a donde está el de esta y asimismo a la biblioteca los que fueron de la del Padre Flórez, por ser necesario sacarlos de San Felipe el Real cuyo convento se va a demoler. Su claustro es obra de Herrera y una de las obras más dignas de verse. Con todo eso va a desaparecer con otros monumentos dignos también de memoria, los cuales seguirán la suerte del monasterio de Poblet y de la iglesia de Monserrat, incendiados por los patriotas”. Diario. 15 de febrero de 1836: “Artículo para el Español. De acuerdo con Mariano Roca y habiendo hablado esta noche pasada con Borrego, he extendido un artículo quejándome de la demolición del hermoso patio de San Felipe el Real, obra de Mora, el discípulo de Herrera, para que se imprima en el Español”. El Diario se puede consultar en el Archivo Municipal de Calasparra (Murcia). Podemos confrontar esta información: “Fundado el 9 de marzo de 1546 por fray Alonso de Madrid, padre provincial de la Orden los agustinos, estuvo situado en la calle Mayor esquina a Esparteros. Su fundación estuvo rodeada de una gran polémica, puesto que, tanto el arzobispo de Toledo, Juan Martínez de Silíceo, como varios particulares, e incluso el propio Ayuntamiento -siendo corregidor don Sancho de Córdoba- se opusieron en un principio a su fundación. Apareció entonces la figura del príncipe Felipe, futuro Felipe II, quien tomó bajo su protección a los agustinos, e intercedió para que pudiera ser fundado. Así, el 9 de marzo de 1547, los religiosos tomaron posesión del convento que, en agradecimiento, fue titulado con el nombre de San Felipe el Real. En cuanto al edificio, todas las fuentes coinciden en el gran valor arquitectónico que tuvo, especialmente su claustro, realizado por Andrés de Nantes y restaurado por Francisco de Mora en torno a 1600. Según Antonio Ponz, todo él era de granito y piedra berroqueña, de orden dórico, y constaba de veintiocho arcos sobre pilares en cada uno de los dos cuerpos de que se componía. Pero el elemento más famoso de San Felipe el Real, era sin ninguna duda su famosa lonja, situada sobre unas covachuelas en donde se vendían los más variados productos, y que recibió el nombre de mentidero de la villa, lugar en donde se fraguaron los principales rumores de la Corte, y que tantas veces aparecieron en la literatura del Siglo de Oro. La desamortización de Mendizábal supuso el final de este emblemático lugar del Madrid del Antiguo Régimen. Así, el 13 de febrero de 1836 se ordenó su demolición, a la cual se procedió en 1838. Su lugar lo ocupa actualmente las llamadas Casas de Cordero, construidas entre 1842 y 1845” (vid.,“Monasterio de San Felipe el Real”, en Madrid histórico. Dirección URL [en línea], http://www.madridhistorico.com/seccion7enciclopedia.html [Consulta: 20 de octubre de 2006].

[7] Vid., Manuel Martínez Arnaldos-José Luis Molina Martínez, La transición socio-literaria del Neoclasicismo al Romanticismo en el Diario (1827-1838) de José Musso Valiente, Nostrum, Madrid, 2002, pp. 330-334.

[8] Califico a Musso de humanista desde la obviedad de que nada humano le es ajeno y de que, en parte de su obra, se ocupa del problema de la existencia humana, con el convencimiento de que el hombre es un ser perfectible que ha de trabajar sobre sí mismo para lograr un potencial humano siempre en desarrollo. Para un acercamiento sencillo al fenómeno humanista del siglo XIX, vid., Francisco García Jurado-Pilar Hualde Pascual, Juan Valera, Ediciones Clásicas, Madrid, 1998, pp. 12-14.

[9] José Musso Valiente. Diario. Día 21 de noviembre de 1836.

[10] Vid., Salvador Camacho Pérez, “Violencia anticlerical en Madrid en julio de 1834”, en Almotacín, 9, Granada, 1987, pp. 68-101. Se asaltan los siguientes conventos e instituciones: Colegio Imperial de San Isidro de la Compañía de Jesús; convento de Santo Tomás de Padres Dominicos; intento de asalto al convento del Carmen Descalzo; convento de San Francisco el Grande (aquí murieron 46 personas entre sacerdotes y no sacerdotes); “los claustros estaban sembrados y cubiertos con hojas de libros, las celdas saqueadas, robados los ornamentos sagrados […] rotos los altares…”; convento de la Merced; intento de asalto al convento de Jesús Nazareno de Padres Trinitarios; intento de asalto al convento de Atocha.

[11] Sólo leyendo las anotaciones del mes de marzo en su Diario, podemos darnos cuenta de los libros y/o manuscritos que llegaban a la Academia de la Historia por uno y otro medio. Por ejemplo, día 4: “Asimismo el de otra porción (de libros) recogidos de los capuchinos de La Paciencia, entre los cuales hay un manuscrito en vitela precioso”; día 11: “Nota de los libros recogidos de los capuchinos del Prado y del Carmen calzado”. Muchos otros se pierden o se evita su salida: 1 de julio de 1836. “Real Academia de la Historia. Se ha hablado de la necesidad de evitar que salgan de España los manuscritos hebreos que quiere atrapar Rostchild de los conventos suprimidos”.

[12] Para conocer el grado de amistad entre ellos, vid., José Luis Molina Martínez, “Contestaciones de Diego Clemencín a cartas de José Musso Valiente (1829-1833)”, en Murgetana, nº 105, Murcia, 2001, pp. 62-92.

[13] “Más lisonjeras esperanzas prometía la formación de un Museo de Antigüedades en la Corte, sobre lo cual hablé repetidas veces con Cortina. Veíamos que los monumentos de la antigüedad iban desapareciendo de entre nosotros, o que no cuidando nadie de ellos pronto nos quedaríamos sin ninguno. De ahí deducíamos que si se formase un gabinete donde se recogiesen, se evitaría tal desastre y recibiría por ello gran lustre la nación. Escribí pues el prospecto y ambos lo presentamos a don Juan Miguel de Grijalba, sobrino del marqués de Zambrano, ayuda de cámara de S. M., de quien era muy favorecido y amante de las artes y las letras. Agradóle mucho, opinó por su buen tacto, y nos exhortó a ponerlo en manos del Rey. A mí, en particular, me dijo que S. M. tenía ya noticia de mi y deseaba conocerme. Con esto, solicitamos audiencia y se nos concedió una noche después de la pública. El rey nos recibió con la mayor bondad; me estuvo preguntando por la edición de Moratín y la colección litográfica, tomó el memorial y lo puso con separación. Remitióse a pocos días, como habíamos pedido, a informe de la Academia de la Historia porque, perteneciendo Cortina y yo a ella, creíamos que el informe sería cual podíamos desear; pero completamente la erramos. Navarrete y Clemencín, director y secretario respectivamente, se incomodaron muy mucho, llevando a mal la pretensión nuestra porque, decían, que con ella usurpábamos las facultades de la Academia. Por cierto, no viendo fruto de ello, nos habíamos olvidado de que a su cargo está la Inspección de las antigüedades de España. Si por esto, se dieron o no pasos para parar el proyecto, lo ignoro; de ello hicimos conversación los interesados y un amigo me dijo redondamente que no lo pusiese en duda y que a esto debía atribuirse que el plan, no obstante y que el informe que se me leyó antes por Clemencín y a mí me pareció bueno, sin que pueda añadir si contenía alguna expresión contraria a mí, se frustrase. Lo cierto es que todo pasó en una comunicación que a Cortina y a mí se nos pasó, en la cual, elogiando nuestro celo, se añadía que la penuria del erario imposibilitaba entonces la ejecución de lo que solicitábamos” [vid., José Musso Valiente (José Luis Molina Martínez, ed.), Obras, cit., vol. I., p. 485]. Vid., además, Andrés Martínez Rodríguez, “José Musso Valiente y la creación de un museo de antigüedades”, en Manuel Martínez Arnaldos-José Luis Molina Martínez-Santos Campoy García, eds., José Musso Valiente y su época (1785-1838). La transición del Neoclasicismo al Romanticismo, cit., vol I, pp. 111-120.

[14] “También propuse yo que se trabaje en hacer ediciones de clásicos con breves notas y versión literal y se dieron pasos sobre ello, pero sin fruto” [vid., José Musso Valiente (José Luis Molina Martínez, ed.), Obras, cit., vol. I., p. 476]. Vid., además, José Luis Molina Martínez, “José Gómez de la Cortina en el Diario de José Musso Valiente. La Real Academia Latina Matritense (después Grecolatina) y el Museo de Antigüedades” (en prensa) y José Luis Molina Martínez, “José Musso Valiente y la tradición clásica latina: la Real Academia Latina Matrietense y sus traducciones de autores grecolatinos”, en Actas del V Congreso de la Sociedad de Estudios Latinos “Retórica y Oratoria Latinas”, celebrado en Lorca, 31 de mayo - 3 de junio, 2006 (en prensa.

[15] José Musso Valiente. Diario. 11 de febrero de 1837: “Real Museo del Prado. He dado una vuelta por él con Encarnación [su hija] y hemos notado que no sólo exceden en número sino también generalmente en mérito los cuadros sobre asuntos sagrados a los profanos. Hemos advertido también que, aun dentro de aquella clase, hay en ellos mucha variedad de asuntos y en unos mismos asuntos no poca en el modo de representarlos y esto nos ha sugerido la idea de que pudiera formarse un Museo religioso compuesto de multitud de estampas que tendrían sumo interés o, digamos más castellamente, que enseñarían y deleitarían sobre manera; mas, en este tiempo y entre la gente con que vivimos, ¿quién habla de tal proyecto”.

[16] Para mayor información, vid., Ángela Martínez Mula, “Visitas de José Musso Valiente en el bienio 1836-1837 al Museo que ayudó a catalogar”, en Manuel Martínez Arnaldos-José Luis Molina Martínez-Santos Campoy García (eds.), José Musso Valiente y su época (1785-1838). La transición del Neoclasicismo al Romanticismo, cit., vol I, pp. 273-284.

[17] “Si consideramos con Todorov que el término humanista se refiere a las doctrinas según las cuales el hombre es el punto de partida y el punto de llegada de las acciones humanas, bien es verdad que deberíamos hablar de un humanismo trascendente y no porque esté impregnado de un catolicismo a ultranza, sino porque implica una escala de valores morales que forma parte de la condición humana y que se manifiesta a través de la virtud, no obligatoriamente religiosa, como práctica de la vida diaria. Y un matiz más del humanismo en Musso lo señala su elitismo: no se acerca al pueblo, la canalla, como se decía en la época, porque para él la cultura es la manifestación primera del hombre y porque despreciaba el alboroto, el desorden político y social, las asonadas callejeras, los levantamientos militares y temía la subversión del orden establecido porque le confería una seguridad burguesa. Veamos su propia manifestación: ‘¡Vaya un pueblo! ¡vaya unas garantías! Hemos perdido el seso y aquí no hay que haber sino apostólicos, fanáticos y furibundos o canalla soez y tabernaria. La nación ha perdido su carácter y su valor: no se sabe ser verdaderamente libre, gente nacida para esclava’ (Carta de José Musso a su cuñado Joaquín Fontes con fecha 1 de febrero de 1836). Vivía en su época con los criterios de la anterior, al menos con su formación, forma inequívoca de conservadurismo ‘abierto’. Creemos que el conocimiento de su vida ayuda a desarrollar este aserto” (vid., José Luis Molina Martínez, “Apuntes para una psicobiografía de José Musso Valiente. El Diario (1827-1838) y sus cartas familiares como fuente de información. Un acercamiento a su condición humana”, en José Luis Molina Martínez (coord.), José Musso Valiente (1785-1838). Vida y obra. Nuevas aportaciones, Ayuntamiento de Lorca, Lorca, 2000, pp. 12-13. Sobre el humanismo, vid., además, Tzvetan Todorov, El jardín imperfecto. Luces y sombras del pensamiento humanista, Paidós, Barcelona, 1999.

[18] Vid., Pedro Riquelme Oliva-José Antonio Murcia García, “Cosmovisión religioso-filosófica de José Musso Valiente”, en Manuel Martínez Arnaldos-José Luis Molina Martínez-Santos Campoy García (eds.), José Musso Valiente y su época (1785-1838). La transición del neoclasicismo al Romanticismo, cit., vol I., p. 288.

[19] José Musso Valiente. Diario. 2 de marzo de 1836: “Memorial sobre créditos. He puesto un memorial a Mendizábal pidiendo decrete que en la comandancia de Valencia se proceda a la liquidación de los créditos que por suministros en la guerra de la Independencia tenemos presentados mi hermano y yo desde el año (18)15”, año en el que fallece su padre y ellos se hacen cargo del patrimonio familiar. Una de las primeras disposiciones en materia de política económica llevadas a efecto por Mendizábal y tomadas entre febrero y mayo de 1836 es la liquidación de todos los créditos no presentados a examen y reconocimiento (vid., Manuel Tuñón de Lara (1961), La españa del siglo XIX. 1.(De las Cortes de Cádiz a la Primera República), Barcelona, Laia, 1976, 9ª ed., p. 117. Obviamente, no se le concede.

[20] Comuneros porque pertenecían a dicha sociedad secreta. Acusaban a Musso de pertenecer a la de la Anillería, así como a la masonería, extremo que Musso siempre niega.

[21] Vid., Domingo Munuera Rico, “Los de los años 1822-1823, tiempos borrascosos en la vida de José Musso”, en Manuel Martínez Arnaldos-José Luis Molina Martínez-Santos Campoy García (eds.), José Musso Valiente y su época (1785-1838). La transición del Neoclasicismo al Romanticismo, cit., vol I., pp. 121-127.

[22] Este poema se puede leer completo en José Luis Molina Martínez, José Musso Valiente (1785-1838):Humanismo y literatura ilustrada, Universidad de Murcia-Real Academia Alfonso X el Sabio, Murcia, 1999, pp. 114-119.

[23] Para conocer la situación real de la sociedad de la época en la década absolutista, vid., Miguel Artola, La España de Fernando VII, Espasa Calpe, Madrid, 20042, pp. 667-752.

[24] Con la lectura de Discurso gratulatorio al Señor Don Fernando VII, Rey de las Españas, por haber jurado la constitución política de esta monarquía. Premiado por la Academia Española en Junta de 15 de marzo de 1821. Su autor, D. José Musso y Valiente, vecino de la ciudad de Lorca. Madrid, por Ibarra, impresor de Cámara de S. M. 1821, se puede conocer el credo político de Musso. Este texto pertenece a una carta de Musso aparecida en El Diario de Sevilla el 30 de diciembre de 1835, tras haber abandonado el Gobierno Civil de Sevilla.

[25] Vid., Manuel Martínez Arnaldos - J. L. Molina Martínez, “José Musso Valiente en la Real Academia Matritense de Ciencias Naturales”, en Manuel Martínez Arnaldos-José Luis Molina Martínez-Santos Campoy García (eds.), José Musso Valiente y su época (1785-1838). La transición del neoclasicismo al Romanticismo, cit., vol I., pp. 183-196.

[26] Este trabajo, fruto de su experiencia agrícola en sus propiedades y sus estudios de agricultura en Madrid, con D. Antonio Sandalio de Arias, se puede leer en José Musso Valiente (José Luis Molina Martínez, ed.), Obras, cit., tomo III, pp. 201-248. Es este un trabajo interesante desde el punto de vista lexicográfico porque incluye la mayoría de las palabras utilizadas por la zona murciana en el uso de las aguas de riego, alguna dotadas de profunda sonoridad, como Caz (canal construido junto a un río), Alporchón (dotación de agua de un heredamiento o parte en que se divide la huerta), Quijero (lado en declive de un brazal o acequia en que se divide el río para los riegos), Jarique (división y arreglo de aguas de un brazal), Regolfo (la vuelta del agua contra la corriente) y otras relacionadas, como Viznaga (rambla), Ventarique (lugar), Velopache (camino).

[27] Imp. Miguel Burgos, Madrid, 1833.

[28] Es el segundo terceto de un soneto inédito de Musso, facilitado por la Sra. Da. Francisca Mellado Martínez de Tudela, de Madrid, escrito tras su regreso del exilio en Gibraltar: Húmida cuna diome el mar salado; / a mi elemento mano robadora / crüel hurtóme y nave voladora / me apartó luego de mi suelo amado. / De aquella antigua forma despojado, / industria su rigor fabricadora / probando en mí, la frente brilladora / ostenté, en nuevo ser mi ser mudado. / De Sena a Manzanares me destina / Fortuna, y más propicia a ti me lleva, / prenda de puro amor, fiel sino di(g)na. / Así la adversidad en dura prueba / da resplandor a la Virtud divina / y al VARÓN FUERTE sobre el cielo eleva.

[29] Vid., Pedro Riquelme Oliva-José Antonio Murcia García, “Cosmovisión religioso-filosófica de José Musso Valiente”, en Manuel Martínez Arnaldos-José Luis Molina Martínez-Santos Campoy García (eds.), José Musso Valiente y su época (1785-1838). La transición del neoclasicismo al Romanticismo, cit., vol I., p. 288. Vid., además, Pedro Riquelme Oliva, “Actitudes y creencias de José Musso y Valiente, ilustrado murciano”, en Carthaginensia, vol. XVIII, 33-34, 2002, pp. 481-518.

[30] Debe referirse a Gaspar de Becerra (1520-1570).

[31] San Simón de Rojas nace el 28 de octubre de 1552 en Valladolid. Siendo muy joven, ingresa en la Orden Trinitaria y marcha a Salamanca a realizar sus estudios humanísticos y teológicos. En 1577 se ordena sacerdote, y a partir de 1581 es profesor y formador de futuros trinitarios en la comunidad religiosa. De 1600 a 1624, su apostolado se centra en la capital de España, como preceptor de príncipes, consejero de muchos grandes de España y confesor de la Reina. Pero su corazón está siempre en los pobres y semanalmente se dedica a visitar hospitales y calabozos donde atiende a los más necesitados. La congregación del Ave María fue la gran obra de su vida y la que ha perdurado hasta nuestros días en Madrid. La funda con el permiso del Rey Felipe III. De esta congregación surge en diciembre de 1618 la iniciativa de dar de comer a los más pobres y necesitados, y así nace lo que se llama Comedor del Ave María, que, desde entonces, diariamente da de comer a pobres, mendigos, transeúntes y toda clase de hermanos necesitados. San Simón de Rojas murió el 29 de septiembre de 1624, en Madrid (vid., José Gamarra Mayor, “San Simón de Rojas: un trinitario completo y actual”, en Trinitarium nº 11, Apéndice, Madrid, 2003). Para ampliar, vid., Manuel Fuentes, Simón de Rojas. Esclavo de María y hermano de los pobres, Secretariado Trinitario, Córdoba, 1988.

[32] Se trata, casi con toda seguridad, de Maxima Bibliotheca Veterum Patrum, et antiquorvm scriptorum ecclesiasticorum: primo quidem a Margarino de la Bigne, in Academia Parisiensi doctore Sorbonico, in lucem edita: deinde celeberrimorum in universitate Coloniensi doctorum studio, plurimis authoribus, & opusculis aucta, ac historica methodo per singula saecula quibus scriptores quique vixerunt, disposita: hac tandem editione Lugdunensi, ad eandem Coloniensem exacta, novis supra centum authoribus, & opusculis hactenus desideratis, locupletata, et in tomos XXVII distributa: huic etiam editione accesserunt indices quator praeclari, in hac tam multiplicium scriptorum vastissima collectione vere faces, & ut quis ad ipsorum lectionem introducatur, utilissimi, imo omnino necessarii...Tomus I (- XXVII). Lugduni, apud Anissonios, 1677. 27 Volumes in 28. Folio 25 x 39 cm. Posiblemente se trate de la edición preparada por Gallandius en 1773. Margarin de la Bigne (1546-1589) la publica en 1575 y constaba solamente de 8 volúmenes. Para ampliar esto, vid., “Patripasianos III. Colecciones de Textos Patrísticos” [en línea]. Dirección URL: <

[33] José Musso Valiente. Diario. 31 de octubre de 1836. “Plata de las iglesias. El Español de hoy, nº 366, trae un artículo en que desaprueba la disposición tomada por el Gobierno de apoderarse de la plata y alhajas de las iglesias. Dice, en resumen, que ha sobresaltado a todos hasta el punto de que en algunas partes ha tenido que suspenderse la operación, que su valor no sacará al gobierno de ahogos, que la disposición es irreflexiva, que en algunas partes ni aun se han dejado los cálices precisos para el servicio diario de la iglesia. Concluye diciendo: Librémosnos de despertar el fanatismo religioso que, dígase cuanto se quiera, duerme aún, por nuestra fortuna. Hasta sangre y lágimas nos cuesta el político cuyos esfuerzos nunca son tan desesperados y terribles.

[34] José Musso Valiente. Diario. 3 de noviembre de 1836.

[35] José Musso Valiente. Diario. 26 de noviembre de 1836.

[36] Director General de Amortización en 1837.

[37] Vid., Modesto López Otero, “La casa de la Academia de la Historia. El Nuevo Rezado”, en Boletín de la Academia de la Historia, Tomo C - Cuaderno 1, 1932, pp. 780-800. Es Martín de los Heros quien, en 23 de julio de 1837, dirige a Martín Fernández de Navarrete una real orden en la que se manda entregar a la Academia de la Historia el edificio conocido con el nombre del Nuevo Rezado, en la calle del León, en esta Corte (vid., Modesto López Otero, cit., p. 787).

[38] José Musso Valiente. Diario. 22 de noviembre de 1836: “Esta colección se intitula Collectio Selecta SS. Ecclesiae Patrum, complectens exquisitissima opera tum dogmatica & moralia, tum apologetica & oratoria, accurantibus D. A. B. Caillau nonnullisque cleri galicani presbyteris una cum D. M. N. S. Guillon &. En ella siguen los editores a los benedictinos y, a falta de estos, las mejores ediciones.

[39] El libro de las Anotaciones sobre Job, de San Agustín, lo comenta en su Diario el día 21 del mes de febrero de este mismo año.

[40] Vid., José Musso Valiente, “Memorial de la vida”, en José Musso Valiente (José Luis Molina Martínez, ed.), Obras, cit., 2004, vol. I, p. 468.

[41] Musso lee la Exposición sobre los Salmos el 11 de febrero de 1837 y la califica de “preciosa obra”.

[42] José Musso Valiente. Diario. 7 de febrero de 1837. “Carta de San Hilario a Abra. Esta carta la escribió el Santo hacia el fin de 358 a su hija Abra. En ella, con motivo de haber sentido esta su ausencia, le dice su Padre que ha ido a proporcionarle un vestido y una margarita preciosa, lo cual encomia manifestando que debe estimarse en mucho y se lo promete con tal que deseche vanos adornos y se vista modestamente. Encarga que le responda y le remite 2 himnos”. José Musso Valiente. Diario. 7 de febrero de 1837. “Himno de San Hilario. Envióle a su hija Abra y es un cántico sencillo de la mañana en que, comparando a Cristo con el lucero, le pide que ilumine nuestros corazones. Está en yámbicos de 4 pies, como otros muchos de la Iglesia y consta de 8 estrofas”.

[43] El 10 de febrero de 1837 se ocupa de Explicación de los libros III y IV de los Reyes por San Efrén y de su comentario sobre el libro de Job. El día 11, anota los comentarios de San Efrén sobre los profetas Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Miqueas, Zacarías y Malaquías. José Musso Valiente. Diario. 11 de febrero de 1837. “Comentario de San Efrén sobre Ezequiel. Dice en el argumento que Ezequiel empezó a vaticinar el año 5º del cautiverio de Joaquín, que tenía 30 de edad y que profetizó 20. En fin, que vivió 477 antes de Cristo. Sigue el comentario escrito a la manera de los anteriores”.

[44] El 4 de mayo de 1837, Musso está leyendo Demostración Evangélica de Eusebio que este Santo Padre escribió como continuación de la Preparación Evangélica: “Es obra preciosísima que no debe dejarse de la mano y que, sobre todo, es útil para comprender en gran parte lo que podemos llamar filosofía de la religión. Los 3 primeros capítulos tradujo al latín Fabien y los restantes Bernardino Donato Veronés, pero este último no con entera fidelidad, pero procuró explicar en sentido católico lo que Eusebio dice como arriano del Hijo”.

[45] Vid., Manuel Martínez Arnaldos-José Luis Molina Martínez, La transición socio-literaria del Neoclasicismo al Romanticismo en el Diario (1827-1838) de José Musso Valiente, cit., pp. 317-322.

[46] José Musso Valiente. Diario. 27 de diciembre de 1837. “Memorial de la vida. He hecho en él algunas observaciones sobre el estado político de la nación y del pueblo de Lorca desde mediado del año de 30 en adelante, con la parte que tuve yo en algunos negocios de poca trascendencia”.

[47] Antonio Gil y Zárate (1796-1861): Carlos II el hechizado.

[48] Joaquín Francisco Pacheco (Écija, 1808-Madrid, 1865).

[49] El destacado me pertenece.

[50] Ventura de la Vega (1807-1865), alumno del colegio de San Mateo, perteneció a la sociedad secreta Los numantinos. Conservador desde 1836, fue preceptor de Isabel II. Su obra teatral más famosa fue El hombre de mundo (1845).

[51] José de la Revilla (1800-1859), pintor, académico y amigo personal de Musso, profesor de dibujo de sus hijos Encarnación y José, autor del retrato de Musso que ilustra el catálogo de este ciclo.

[52] Manuel Bretón de los Herreros (1796-1873).

[53] Rechazo de índole moral por el anticlericalismo de la obra. Vid., José Luis Molina Martínez, Anticlericalismo y literatura en el siglo XIX, Universidad de Murcia, Murcia, 1998, pp. 161-163.

[54] Se podría hacer una transposición del razonamiento que Juretschke efectúa con relación a la situación de Lista frente al romanticismo y aplicársela a Musso, pero, si bien sirve para Lista, no es aceptable, a mi juicio, por simplista, si nos referimos a este. Viene a decir que aquel acepta el romanticismo histórico y se resiste al romanticismo liberal (vid., Hans Juretschke, Vida, obra y pensamiento de Alberto Lista, C.S.I.C., Madrid. 1951, pp. 291-335). Obviamente, durante el trienio y gobiernos de la desamortización (Olózaga, Mendizábal), fecha en la que nos hallamos, se observa la práctica de una política anticlerical que, ocultando sus propios fines, suprimir el poder de la Iglesia, presenta al clero regular, y así se justifican los ataques a la Iglesia, como depravado e inútil, tendencia que procede en parte de la novela gótica inglesa y continúa la novela anticlerical española (vid., José Luis Molina Martínez, Anticlericalismo y literatura en el siglo XIX, cit., p. 36; vid. además, Leonardo Romero Tobar, Panorama crítico del romanticismo español, Castalia, Madrid,1994, pp. 355-430), y en este subgénero escriben Vicente Salvá, Joaquín del Castillo Mayone, José García Villalta, Eugenio de Ochoa y Antonio Gil y Zárate, entre otros, por estos años, mientras que, para los católicos tradicionales (Lista, Reinoso, Musso), el cristianismo “es el agente máximo del mundo moderno” (p. 296). Esto es suficiente para que Musso rechace sin la menor duda el romanticismo liberal exaltado, como podemos comprobar cuando anota la lectura del drama de Gil y Zárate. Sin embargo, tan ‘romántico’ es este drama histórico como el Roca de Togores, que sí acepta por la inexistencia de ofensas a la Iglesia. Su rigurosidad moral es la que determina su conducta y rechazo al romanticismo, aunque matizamos que no en sí mismo, por más que le costara trabajo aceptarlo, sino al que admite materia anticlerical, es decir, el que ataca sus creencias religiosas.

[55] Vid., Tana García Mínguez, “El drama histórico Dª María de Molina en el Diario de José Musso Valiente”, en Manuel Martínez Arnaldos-José Luis Molina Martínez-Santos Campoy García, eds., José Musso Valiente y su época (1785-1838). La transición del neoclasicismo al Romanticismo, vol II, cit., pp. 487-496.

[56] “Para el viernes 21 de noviembre tengo que leer el Discurso de estatuto pues concluye el trienio de mi Dirección, y como hay que dar cuenta en él del estado de los trabajos o empresas pendientes, quisiera que Vm. me remitiese cuanto antes un apunte sobre la Crónica de Fernando 4º, ya sea sobre lo que haya trabajado (en estos tres años) en su coordinación o ilustración, o bien en sus planes para abreviar la conclusión de esta obra en el estado en que se halla respecto a las confrontaciones y variantes de la crónica, a su ilustración con presencia de los documentos, y a la colección de estos inclusos en la parte impresa y otros que haya que añadir o citar, publicados recientemente en otras obras. Basta un apunte breve para mi objeto” (Carta de Navarrete a Musso del 31 de octubre de 1833. Esta carta se puede leer en la Biblioteca Archivo de la Caja de Ahorros del Mediterráneo en Mula, Murcia).

[57] José Musso Valiente. Diario. 1 de julio de 1837: “Comisión de la Crónica de Fernando IV. He examinado mis antiguos mamotretos para anudar el roto hilo de mis apuntaciones sobre ella y, a costa de algún trabajo, me he puesto al corriente, de modo que, a la vez siguiente, podré continuar la antigua tarea que acerca de la misma había comenzado”. Vid., Juan Fº Jiménez Alcázar, “A la búsqueda de modelos históricos: Musso Valiente y el concepto histórico de lo medieval”, en Manuel Martínez Arnaldos-José Luis Molina Martínez-Santos Campoy García, eds., José Musso Valiente y su época (1785-1838). La transición del neoclasicismo al Romanticismo, cit., vol I., pp. 43-57.

[58] La “Crónica de Fernando IV” se puede leer en Cayetano Rosell, Crónicas de los Reyes de Castilla, vol. 1, Atlas (BAE), Madrid, 1953. El que sí pudo utilizar el material existente en la Real Academia de la Historia fue Antonio de Benavides, Memorias de don Fernando IV de Castilla, 2 vols., Real Academia de la Historia, Madrid, 1860. Antonio de Benavides y Fernández de Navarrete fue académico de la R.A.H. entre 1847 y 1884, fecha de su óbito, y llegó a ocupar el puesto de director. Nos hace creer más en lo dicho el que en el Catálogo general de manuscritos de la Real Academia de la Historia leamos lo que sigue: Legajo en folio con copias que sirvieron a D. Antonio Benavides para ilustrar la Crónica de este monarca (1-8-3-leg.9 (Ant.); 11-8-8-1437; 9-6484).

[59] Vid., María Antonia Carmona Ruiz, María de Molina, Plaza Janés, Barcelona, 2005.

[60] Vid., Isabel Burdiel, Isabel II. No se puede reinar inocentemente, Espasa Calpe, Madrid, 2004.

[61] José Musso Valiente. Diario. 10 de agosto de 1837. “Liceo. Ya han hablado los papeles públicos del Liceo que últimamente ha establecido Fernández de la Vega en la calle del León no 38, centro 2o. Esta noche me ha llevado Gutiérrez y Vega me ha recibido con mucha franqueza y urbanidad. Concurren allí muchos artistas y cada uno se ejercita en su arte; unos pintan, otros dibujan, otro modela en barro. En el testero de la sala hay un fortepiano donde Albéniz y Gallego han tocado con mucho primor. Salas y otro joven han leído composiciones poéticas y otros hemos paseado o nos hemos sentado y hemos hablado de lo que nos ha parecido. Al despedirme, volvió el dueño a ofrecerme la casa con muestras de franqueza”. En primer lugar, se establece en el mismo domicilio de José Fernández de la Vega, calle de la Gorguera, nº 13, 3º, y más tarde se traslada a la calle citada, nº 36, según J. Montero Alonso (Ventura de la Vega. Su vida y su tiempo, Editora Nacional, Madrid, 1951, p. 88). La primera reunión se celebra en marzo de 1837. La primera anotación de Musso en su Diario, corresponde a julio de ese mismo año. Para cualquier información sobre el Liceo, vid., Aránzazu Pérez Sánchez, El Liceo Artístico y Literario de Madrid (1837-1851), Fundación Universitaria Española, Madrid, 2005. Para la relación Liceo-Musso, vid., Aránzazu Pérez Sánchez, “José Musso Valiente en el Liceo Artístico y Literario de Madrid”, en Manuel Martínez Arnaldos-José Luis Molina Martínez-Santos Campoy García, eds., José Musso Valiente y su época (1785-1838). La transición del Neoclasicismo al Romanticismo, cit., vol I, pp. 263-272.

[62] “El alejamiento del Ateneo por parte de Musso se debe, más que a los intentos democratizadores que se instauran (o imponen) en él tras los sucesos de La Granja, al temor que le inspiran los revolucionarios y los jacobinos, según su criterio y léxico, cuando ocupan la Institución, aunque la vertiente liberal de Olózaga que apoyó a Mendizábal en la desamortización, también influyera en ello. Y quizá básicamente al nombramiento de una comisión para la formación del reglamento interior, ‘la cual opina que es menester echar abajo los Estatutos y fundirlos de nuevo’. Su comentario sobre esto es determinante; ‘Me fastidié y me vine’. Sin embargo, sigue siendo socio hasta su fallecimiento” (vid., El Ateneo de Madrid en el Diario de José Musso Valiente (Lorca, 1785 - Madrid, 1838), conferencia pronunciada en el Ateneo Científico, Artístico y Literario de Madrid, el día 18 de octubre de 2004, por José Luis Molina Martínez, Ayuntamiento de Lorca, Lorca, 2004, pp. 22-23). Juan Álvarez Mendizábal es nombrado presidente del gobierno el 14 de septiembre de 1835. Musso abandona al día siguiente el gobierno civil de Sevilla y regresa a Madrid. La ocupación del Ateneo por ‘estos’ liberales quizá fuese la causa última de su alejamiento del Ateneo, siguiendo el criterio utilizado en Sevilla. Es decir, Musso versus la facción exaltada, extremista y anticlerical. El protagonismo de Olózaga en la Cortes de 1836 fue decisivo para que el progresismo abandonara gran parte de su credo ‘doceañista’ e hiciese suyos los principios del doctrinarismo moderado.

[63] Vid., José Musso Valiente (José Luis Molina Martínez, ed.), Obras, cit., vol. III., p. 178-183.

[64] Colección litográfica de cuadros del Rey de España el Sr. D. Fernando VII, que se conservan en sus reales palacios, museos y Academia de San Fernando, con inclusión de los del Real Monasterio de El Escorial. Obra dedicada a S. M. y litografiada por hábiles artistas bajo la dirección de D. José de Madrazo, pintor de Cámara de S. M., Director de la Real Academia de San Fernando y académico de mérito de la Insigne de San Lucas de Roma. Con el texto por D. Juan Agustín Ceán-Bermúdez, consiliario de la dicha Real Academia de San Fernando, censor de la de la Historia e individuo de otras Academias, Madrid, 1826. Musso escribió los textos a raíz del fallecimiento de Ceán Bermúdez, a partir del libro XII.

[65] Vid., Eugenio de Ochoa, “Un romántico”, en El Artista, tomo I, 1835, p. 36.

[66] Vid., Genoveva Elvira López Sanz, “Romanticismo frente a clasicismo en El Artista (1835-1836)”, en Espéculo. Revista de estudios literarios, Universidad Complutense, Madrid, [en línea]. Dirección URL http://www.ucm.es/info/especulo /numero14/artista1.html [Consulta: 7 de junio de 2006].

[67] “La defensa de la Academia como institución necesaria y capaz de lograr la tan deseada reforma será por tanto asumida por la crítica romántica, lo que explica las opiniones, aparentemente extravagantes, de Musso y Valiente sobre los adelantos conseguidos en las artes gracias a la influencia de estas honorables instituciones, guardiana del ‘buen gusto’ perdido durante el despreciable amaneramiento del estilo barroco. Y esto lo dice en 1838 y en la revista más rabiosamente romántica del momento, El Liceo Artístico y Literario” (José Musso Valiente, “Bellas Artes. De la escuela moderna española de pintura”, en Liceo Artístico y Literario, tomo II, 1838, p. 53). Vid., Mercedes Replinger, “El Genio y la Academia en la España romántica”, [en línea]. Dirección URL: http:www.ucm.es/BUCM/revistas/bba/11315598/articulos/ ARIS8888110037A. PDF [Consulta: 12 de junio de 2006], p. 39.

[68] Vid., Mercedes Replinger, “La batalla romántica en España”, en Historia y Comunicación Social, 2. Universidad Complutense, Madrid, 1997, p. 83.

[69] Genaro Pérez Villaamil fue elegido académico de Bellas Artes de San Fernando el 23 de agosto de 1835. Fue profesor del Topografía y Paisaje del Colegio Científico y Escuela de Caminos y Canales (vid., Esperanza Navarrete Martínez, La Academia de Bellas Artes de San Fernando y la pintura de la primera mitad del siglo XIX, F. U. E., Madrid, 1999, pp. 78 y 120). Por el Plan General de Instrucción Pública, que entra en vigor el 4 de agosto de 1836, firmado por el Duque de Rivas, se extingue el Colegio Científico “que se reemplazará, cuando las circunstancias lo permitan, por una escuela general preparatoria para ingenieros”. Villaamil fue profesor de este centro tres o cuatro meses, de abril a agosto de 1836.

[70] José Musso Valiente. Diario. 7 de abril de 1836.

[71] Vid., José Luis Molina Martínez-Mª Belén Molina Jiménez, María Manuela Oreiro de Lema (1818-1854) en el Diario de José Musso Valiente. (La ópera en Madrid en el bienio 1836-1837), Universidad de Murcia, Murcia, 2003.

[72] Jose Musso Valiente. Diario. 3 de septiembre de 1836.

[73] José Musso Valiente. Diario. 6 diciembre de 1836. Norma, ópera: 20ª representación. Resonaban en mis oídos los acentos de Belisario, de los Puritanos, de la Gemma y duraba en la mente la idea de haberlos oído a profesores eminentes; recordaba haber ya oído la Norma tantas veces que parecía imposible pudiesen sus notas hacer impresión en los oídos, y no olvidaba que la cantaban principiantes. Con todo eso, apenas sonó el primer motivo del coro y mucho más luego que penetró en mi razón la plegaria Casta Diva, me conmoví de nuevo, sentí con cuánto poder obraba en mí la lira de Bellini; y todas las óperas que interiormente había oído con placer semejaron a plantas agostadas a quien robando el jugo, árbol lozano, marchitan en un momento por los rayos del sol, secas y desabridas, sin alma me parecieron, y Norma recobró el imperio que en mi ánimo ha estado ejerciendo más de un año.

[74] Vid., Mercedes Alonso, “La ciudad en la música del siglo XIX. La difusión de imágenes e ideas espaciales”, en Ciencia e ideología en la ciudad (vol. II), I Coloquio interdepartamental, Valencia 1991, Generalitat valenciana, Conselleria d’Obres Publiques, Urbanisme i Transport, Valencia, 1992, pp. 139-150.

[75] Se llama así a aquella doctrina según la cual todos los fenómenos psíquicos superiores tienen su origen último en los sentidos. Desde el punto de vista gnoseológico, es una forma de empirismo. Pero el empirismo no se limita solamente a la percepción sensible, mientras que el sensualismo entiende que esta es la única fuente de conocimiento. “Uno de los propósitos del empirismo es el de realizar una analítica del entendimiento humano sobre bases empíricas, reformulando y corrigiendo la teoría de las ideas innatas del racionalismo” (vid., Pedro Pedro Riquelme Oliva-José Antonio Murcia García, “Cosmovisión religioso-filosófica de José Musso Valiente”, en Manuel Martínez Arnaldos-José Luis Molina Martínez-Santos Campoy García (eds.), José Musso Valiente y su época (1785-1838). La transición del neoclasicismo al Romanticismo, cit., vol I., p. 293).

[76] Vid., José Musso Valiente (José Luis Molina Martínez, ed.), Obras, cit., vol III, p. 83.

[77] Así se recogió en su testamento ante el escribano madrileño Claudio Sanz y Varea el 13 de julio de 1838.

[78] Vid., José de Madrazo (Luis Díez, ed.; transcripción de Ana Gutiérrez y Antonio Borría), Epistolario, Fundación Marcelino Botín, Santander, 1998, pp. 230-231.

[79] Vid., Luis María Ansón, “La comercialización de la novela”, en El Cultural, 28 de septiembre-4 de octubre de 2006, p. 3.

 

© José Luis Molina Martínez 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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