Luis Quintana Tejera: "No hay crítica literaria sin creación"

Joaquín Mª Aguirre Romero
Universidad Complutense de Madrid


 

   
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Tuve ocasión de compartir trabajo, espacio e ideas con Luis Quintana hace unos cuantos años, en el 2001, con motivo de la celebración de un Congreso internacional en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), de la que es Catedrático de Literatura. Allá en Toluca pude descubrir la personalidad de Luis, una de esas personas nacidas para sacar adelante proyectos de todo tipo bajo la apariencia de la tranquilidad más extrema, sin perder la calma y siempre con una sonrisa franca en su cara. En estos años, Luis no ha dejado de sorprenderme con su ritmo de trabajo, salpicado de constante artículos y reseñas (muchas de ellas en esta misma publicación). Sus libros -o noticia de ellos- me llegaban con la cadencia implacable del profesor que siente que ha llegado a su madurez de conocimiento, que siente que ha llegado el momento dar salida a los saberes acumulados durante los años de formación.

Por si la crítica o la enseñanza de la literatura o de la lengua no fueran suficientes, de Luis Quintana comenzaron a llegarme volúmenes de cuentos, forma -me imagino- de equilibrar sus horas de trabajo, manteniendo la cabeza siempre en algo, ya sea en la abstracción de la teoría o en la ideación de las situaciones extraordinarias de los personajes que pueblan sus cuentos.

Llegados a este punto, merece la pena -a falta del encuentro físico, frustrado varias veces por ambas partes-, retomar el diálogo con nuestros lectores como testigos, y hacer un repaso de los intereses y logros alcanzados en este tiempo.

 

-En fechas recientes has recibido el reconocimiento por parte del Redalyc (Red de Revistas científica de América Latina y el Caribe) por tus publicaciones entre 2001 y 2006, un periodo realmente creativo de tu producción. ¿Qué supone en tu trayectoria personal?

-En primer lugar, representa para mí un verdadero honor ser entrevistado por ti, Joaquín, y más aún porque esto sucede en el contexto de la prestigiosa revista Espéculo que tú diriges desde hace ya tantos y productivos años.

Recibí en octubre de 2006 de manos del señor Rector de la UAEM, Dr. José Martínez Vilchis, el reconocimiento que señalas el cual abarcaba la obra publicada por mí entre los años 2001 y 2006.

He trabajado mucho en este período al mismo tiempo que me ha tocado enfrentar las enormes disyuntivas que las múltiples actividades que realizo ponen en mi camino. Tú lo sabes mejor que nadie, no es fácil atender docencia, investigación, coloquios, etc., y aparte de todo ello disponer de tiempo para leer, reflexionar y escribir.

Parece que lo he conseguido, al menos en parte, porque han sido años de logros relativos que me llenan de satisfacción. De manera particular he conseguido escribir, publicar y difundir tres libros de creación personal. Uno de ellos es de poemas y los otros dos, de cuentos. Creo que la poesía es un accidente en mi vida y me dedico a ella sólo en aquellos ratos de cierto ocio que todavía tengo. El cuento, en cambio, representa una de mis pasiones prioritarias y le dedico el mejor tiempo posible.

Por otro lado, también he publicado crítica literaria y libros destinados a la enseñanza medio superior.

-Tengo entendido que hace algunos meses recibiste en México un premio a la calidad por obra publicada que correspondió a tus textos Taller de lectura y redacción I y II editados por la Editorial McGraw-Hill Interamericana, ¿en qué contexto se entrega este reconocimiento y qué representó para ti?

-En mayo de este año la Universidad Autónoma del Estado de México me entregó este reconocimiento como tú lo señalas, Joaquín, lo cual representó para mí un acontecimiento muy grato. Sobre todo porque en estos libros de texto he puesto mi mayor dedicación y empeño y he planteado mi punto de vista personal, de carácter técnico-teórico en lo que tiene que ver con la difusión y enseñanza de la Ortografía y la Redacción.

-¿Qué virtudes debe tener un buen libro de texto en el campo de las Humanidades?

-Más que virtudes creo que un libro de texto debe reunir ciertas características y cumplir con determinados parámetros que en estas materias son insoslayables.

Sólo por mencionar algunos de estos referentes te diré en primer término -aunque parezca obvio empezar por este tema- que deben estar planteados no sólo con una impecable ortografía, sino también con un estilo cuidadoso que refleje en los hechos aquello que en teoría vamos a exigir, tanto del alumno como del propio maestro.

En segundo lugar, una propuesta para la redacción y la ortografía debe partir necesariamente del texto literario. En él hallaremos no únicamente el modelo, sino también la fuente de inspiración para los escritos generados por el lector. Por esta causa mi libro de ortografía publicado también por McGraw-Hill se llama precisamente Ortografía por el camino de la lengua. Con ello me refiero tanto a la expresión escrita como a la manifestación oral de nuestra lengua.

En tercer término, debemos trabajar en el marco de una redacción viva, dinámica, cuya fuente de inspiración se halle en la realidad cotidiana. Pienso que hoy no podemos hablar de lo correcto y lo incorrecto en el marco de la expresión, sino más bien del uso y de la norma, tratando de convencer al educando de las ventajas culturales que conlleva afiliarse -en la medida de lo posible- a la norma y, dejar a un lado el uso.

Por ejemplo, si a nivel cotidiano se oye decir “el sartén” bastará consultar el DRAE para descubrir que la norma indica que la expresión adecuada es “la sartén”. Y de esta forma, múltiples ejemplos más que analizo en mis dos libros de redacción.

Y por último, en parte ya lo he dicho, la recomendación básica, el punto de partida y de llegada de todo planteamiento lingüístico creativo debe ser la lectura.

-En muchos países, los libros de texto han sido realizados por equipos semianónimos produciendo resultados despersonalizados. ¿No se echa de menos la figura del maestro, de las figuras de referencia intelectual en la enseñanza?

-Se ha incrementado en los últimos diez años el trabajo colectivo en las diferentes áreas y en particular en las Humanidades. Considero que de ninguna manera la aportación que un cuerpo de investigadores puede lograr vendrá a anular la participación individual; esta última es la base de la colectiva y por ende no puede ninguna de las dos sustituir a la otra, deben existir simultáneamente.

Pienso también, y esto ya ubicándome en el área de trabajo en que me desempeño, que la figura del Maestro hace falta cada día más. Se han malinterpretado los planteamientos de la nueva didáctica y el profesor ha sido desplazado del salón de clase y ha resultado sustituido por equipos de trabajo anodinos e insuficientes; casi diría, mediáticos y falsamente interactivos.

Creo que tendrá que emerger en el campo de la enseñanza literaria una renovada didáctica que le devuelva al docente de la literatura el lugar que nunca debió haber perdido.

Dejo expresa constancia que creo en el intercambio de ideas y en la participación comprometida y fundamentada del educando en la clase; pero no tengo fe en ese maestro que al asistir a sus actividades docentes sólo escucha las repetitivas intervenciones de sus alumnos y no agrega nada más.

-En el campo de las Letras, la formación del profesorado requiere maduración, tiempo, la absorción de una gran cantidad de lecturas, algo que parece chocar con las exigencias de estos tiempos de respuestas rápidas. ¿Cómo ves la formación actual del profesorado en Letras?

-Estoy totalmente de acuerdo contigo, Joaquín, en cuanto a los requerimientos para la formación del profesorado. Todo proceso demanda tiempo y análisis maduro de los asuntos en los cuales el maestro se ve comprometido. En cuanto a la formación actual del profesorado propiamente dicha te hablaré de mi realidad inmediata que es la que me proporciona mi país, México.

Como sucede en cualquier acontecer humano, las generalizaciones son falsas; por eso, no puedo hablar de este fenómeno de modo global y aplicar luego las conclusiones a los casos particulares. Puedo mencionar, en cambio, que el discurso oficial maneja una “verdad”, y el discurso privado o particular, otra. Si no aceptáramos que hay carencias en la preparación didáctica de nuestros maestros nos estaríamos mintiendo a nosotros mismos. Es cierto que institucionalmente se hacen muchos esfuerzos para superar las carencias mencionadas, pero también es auténtico que cuando vamos a medir los resultados en el factor terminal del proceso, el educando, las estadísticas son apabullantes y negativas.

Pienso que es necesario revisar el período formativo del individuo que comienza en la Enseñanza primaria y parece culminar en la universitaria. Examinarlo para enmendar errores desde el inicio y no autorizarlos tampoco en ningún otro momento del proceso.

Estarás pensando, Joaquín, que mi propuesta peca de utópica y tienes razón en parte al menos; pero, ¿de qué otro modo encararíamos un fenómeno que parece no tener solución? Si no formamos buenos maestros sólo un milagro nos podrá conducir al encuentro de buenos alumnos. Recuerdo aquí las palabras del filósofo Gorgias cuando en la parábola de José Enrique Rodó le sugería a uno de sus discípulos que el mejor brindis que un educando podría hacer ante su preceptor era: “Por quien te venza con honor en nosotros”. Para que se cumpla esto último tendríamos que superar la eventual paradoja relativa a que si el alumno actual no tiene “grandes maestros” a los cuales superar, ¿a quién “vencerá” en su futuro?

-Has trabajado, además, en diferentes terrenos: crítica, lengua, historia de la literatura Parece que has elegido el camino contrario al de algunos colegas, que se han hiperespecializado. A mi modo de ver, tu apertura supone una clara apuesta por el alumnado, por la docencia en sí. ¿Qué lleva hoy, en un mundo tecnificado y pragmático, a estudiar Humanidades?

-He optado por el camino que señalas, Joaquín, porque de este modo se me han ido imponiendo las cosas a medida que actuaba. He cubierto campos diversos, pero todos ellos pertenecen al terreno de la literatura. La crítica fue el primero por razones estrictamente profesionales que tú también conoces de una manera más que suficiente. Siguió luego el sendero que los textos diversos me señalaron y que tuvieron su origen en mi desempeño personal, para llegar finalmente a lo que más quiero: mi creación.

Y en esto último está la respuesta a tu pregunta; el gozo por las Humanidades nace en los espíritus sensibles, en aquellos que como tú, como yo, sentimos el enorme gusto que el leer y el escribir proporcionan. No creo en las profesiones por sí mismas, ni aquellas que hoy, gracias a la técnica, están de moda. Pienso más bien que cada uno de nosotros debe escuchar la voz de su conciencia y seguir su vocación. Si toca en suerte ir por el camino de las Humanidades, pues bien, adelante; así deberá hacerse.

-En España hay una queja constante de los autores sobre el estado de la crítica literaria. ¿Cuál es la situación en México?

-En México pasa algo semejante, agravado por la formación de grupos que existen tanto a nivel de la provincia como a nivel nacional. No puedo negar que en México tenemos buenos críticos literarios, y eso es lo más importante. Lo que sí se discute hoy es el pago de tributo a los grupos mencionados que muchos críticos -no todos- llevan a cabo.

-Además de la crítica, la teoría literaria, la lengua…,¿has sentido la necesidad de volcarte en la escritura creativa, en la creación literaria? ¿Hay una continuidad entre la teoría y la práctica de la Literatura?

Por supuesto, he dedicado algo de mi tiempo a la creación propia; de manera particular, ya lo señalaba anteriormente, me inclino por el cuento como forma de relato. Hasta la fecha llevo publicados dos libros de cuentos; el primero de ellos se titula: Juegos de amor y muerte publicado por la UAEM, mi universidad y en él desfilan una serie de personajes que pertenecen a una saga familiar, de mi familia en particular, y de la pequeña ciudad que me vio nacer: Maldonado, que permanece viva en mi recuerdo a través de las páginas de mis cuentos. El segundo, es Lecciones de mitomanía editado por Miguel Ángel Porrúa y en él recojo caracteres muy especiales de individuos entregados al acto mitómano de contemplar el universo con ojos muy egoístas y también, ¿por qué no? algo enfermos.

En cuanto a la segunda parte de tu pregunta, pienso que no nos podemos separar en dos personas: una el crítico y otra el creador. Creo que cuando el crítico literario ejerce su tarea es creador también, no hay crítica literaria sin creación. En el otro terreno, un creador no puede dejar de ser crítico literario y en el momento en que el autor está elaborando su propio mundo se encuentra tratando de conciliar todo aquello que él sabe de teoría para integrarla de la mejor manera posible a sus personajes y a sus temas.

-¿Qué lecturas se mantienen en el tiempo y cuáles se van cayendo? ¿Cuáles son tus clásicos?

Definitivamente, Joaquín, hay lecturas que a medida que pasa el tiempo van perdiendo vigencia. La antigua polémica relativa hasta cuándo una obra de mucho éxito seguirá leyéndose se resuelve únicamente con el tiempo. Por suerte, el buen gusto estético que a veces no está presente en el contexto de los contemporáneos de todas las épocas, cuando pasan los años y los siglos se reposiciona llegando a valorar a veces autores y obras que en su momento fueron dejadas a un lado.

Luis Quintana con Seymour MentonEn lo relativo a la segunda pregunta, soy un apasionado de la lectura y de la literatura. En el marco de mis clásicos destacan autores de rancia tradición en la historia universal de la literatura. Reconozco en mi formación profesional como literato una columna vertebral que está recorrida por numerosos eslabones que arrancan en la literatura griega con Homero, Sófocles y Eurípides fundamentalmente, continúan con la producción humanística de Dante Alighieri y de Chaucer, pasan por el Renacimiento inglés con Skakespeare y Marlowe para desembocar en el siglo XX en la enorme figura de Thomas Mann y en la de Virginia Woolf también. No son los únicos, por supuesto, porque faltaría mencionar nada menos que a Jorge Luis Borges, Mario Benedetti, Mario Vargas Llosa y García Márquez, Juan José Arreola y Carlos Fuentes. Algunas de las producciones de estos maestros de la literatura latinoamericana me han llamado la atención más que otras; entre ellas destaco El Aleph de Borges, Travesuras de la niña mala de Vargas Llosa, Cien años de soledad y El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez.

Destaco también y lo hago a manera de cierre para esta pregunta y la anterior, que hay un veterano de la crítica literaria a quien admiro y que me honra con su amistad: Seymour Menton. Él ha trabajado incansablemente revisando las obras de autores destacados de nuestra literatura latinoamericana y me gusta consultarlo con cierta frecuencia.

En el mismo sentido, he leído además parte de la obra de Jorge Volpi, un escritor joven de la narrativa mexicana. En particular me he deleitado con su novela En busca de Klingsor.

LQT con Jorge Volpi / Con sus editores

-Hay una cuestión que me ha llamado la atención en estos últimos años, me refiero al uso de la escritura creativa como manera de acceso a la Literatura frente a otras formas más convencionales. En México el mundo literario está muy a pie de calle, ¿qué desarrollo tienen los talleres de creación dentro de los ámbitos académicos?

-Existe una verdadera fiebre de creación en nuestro país y en el mundo, es cierto, pero no todo lo que se escribe llega a perdurar; regresamos de nuevo a planteamientos anteriores. La gente quiere aprender a escribir y para ello asisten a talleres de creación o a diplomados que pretenden cumplir con este objetivo. En lo personal, considero que, si no hay en la persona condiciones mínimas para su futuro desarrollo como escritor, nada se puede hacer por él. No estoy afirmando que se nazca para ser escritor, tan sólo reconozco que unos tienen más dificultades que otros para llegar a cumplir algún día con esta función; y otros no lo lograrán a pesar de sus esfuerzos.

-Para terminar esta entrevista, Luis, quisiera saber: ¿En qué proyecto creativo estás trabajando actualmente?

-Joaquín, en este año puedo decir que me he encauzado bastante bien por el camino de la creación; digo “encausado” y no que lo esté haciendo bien; eso se verá o lo verán otros después. Estoy terminando un volumen de cuentos que será el tercero en mi creación que se titula Los olvidados; también he decidido intentar, de manera experimental, el trabajo novelístico. Para ello me he puesto a trabajar en una novela que creo se llamará Espejos y palabras; esta novela inicial en mi producción es, reitero, un experimento para entregarme posteriormente de lleno a contar la historia del capitán del Graf Spee, barco que fuera hundido al comenzar las acciones de la segunda guerra mundial en las costas de Maldonado, precisamente. El capitán Hans Langsdorff me atrae por diversas razones y encaja perfectamente en mi mundo narrativo. Veremos que sucede; por el momento sólo resta continuar trabajando.

No quisiera cerrar esta entrevista sin agradecerte, Joaquín, por la amabilidad que has tenido al proporcionarme un determinado espacio de la revista a los efectos de dialogar conmigo. Te reitero una calurosa felicitación no sólo por tu trabajo al frente de Espéculo, sino también por tu reciente libro de cuentos -14 cuentos náufragos- que ha resultado para mí un material de lectura técnicamente bello y representativo. Te deseo lo mejor en tus múltiples actividades. Nuevamente gracias.

-Gracias, Luis. Creo que el agradecimiento te lo debemos a ti por tu trabajo y dedicación.

 

© Joaquín Mª Aguirre 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero36/.html