Mujer que sabe latín...
(El sexismo en el lenguaje)

Inés Izquierdo Miller

Asesora lingüística del diario La Prensa (Nicaragua)


 

   
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Resumen: La atención al lenguaje es una de las formas de evitar la discriinación femenina ya que en él se manifiestan y transmiten los valores sociales.
Palabras clave: sexismo, lenguaje, discriminacion femenina

 

Para nadie es un secreto que las mujeres hemos recorrido un tortuoso camino para poder sentarnos de tú a tú con los hombres en el palco de la vida. Obstáculos

ha habido con una abundancia extraordinaria. Nadie ha tenido tantos impedimentos en su desarrollo como nosotras. Han sido nuestro talento y sensibilidad los que han facilitado arribar a la meta soñada: igualdad.

Aunque nos negaron el acceso a la universidad, eso no impidió que desde la antigüedad muchas mujeres se destacaran por su inteligencia, como Hipatia, nacida cerca del año 370 después de Cristo y que fue la primera mujer matemática, o Ada Augusta Lovelace (1815), hija del poeta inglés lord Byron, que desarrolló instrucciones para una versión temprana de la computadora. Sin embargo, no podíamos estudiar en las universidades. Nuestros abuelos decían: «Mujer que sabe latín, ni tiene marido ni tiene buen fin».

Y amparados en este refrán nos cerraban las puertas al conocimiento. Sin ir muy lejos, en México, la Facultad de Medicina, cuyo origen es de 1578, durante más de 250 años no tuvo ninguna mujer inscrita como alumna. No fue hasta la segunda mitad del siglo XIX que la Escuela de Medicina cobija a las pocas mujeres que incursionan en las áreas de la salud.

La lucha por el derecho al voto se inicia desde 1700 con la inglesa Mary Wollstonecraft, y más tarde en Francia, en 1789, Olympe de Gouges exigió la eliminación de esta forma de discriminación. La respuesta fue que las mujeres debían honrar a su naturaleza: la maternidad, pues no tenían ni lógica ni fuerza para elegir.

En nuestros días la incorporación de la mujer a todas las esferas de la vida ha generado nuevas batallas para enmendar la invisibilidad a la que hemos estado sometidas durante años. De ahí que surgieran ciertos «inventos» en el plano del lenguaje escrito para crear formas inclusivas, donde se transparentaran tanto los hombres como las mujeres. En ese contexto aparece como la estrella del momento el símbolo arroba [@].

No podemos negar que la arroba se puso de moda. La arrobamanía irrumpió desde la Internet. Nunca antes nos había preocupado tanto que este símbolo matemático no apareciera en los teclados, entonces se convirtió en una intrusa, porque para tranquilidad de conciencia de quienes luchan por los derechos de la mujer comenzar a escribir profesor@ s, se convirtió en una pequeña batalla ganada al enemigo hombre, pues ya no se cobijaban bajo el manto machista de profesores para incluir tanto a los hombres como a las mujeres.

Entonces el grito se escuchó en el cielo y más allá. Y estoy convencida que no fue por razones sexistas o sociales sino por la lógica científica del estudio de la lengua.

Para entender la arrobamanía debemos viajar hacia el año 1991, cuando Ray Tomlinson, creador del sistema de correo electrónico, lo usó como una fórmula para separar el identificativo de usuario con el del servidor y lo puso en su primera dirección porque el signo estaba casi inutilizado ya que desde el siglo XX su uso decayó y tal vez no fue suprimido porque era difícil escribir algo parecido con otra tecla o combinación de caracteres.

Así permaneció en las máquinas de escribir, como una rareza tradicional y llegó a los teclados de las computadoras. Aunque la arroba como tal aparece en 1884, en la 12.ª edición del Diccionario de la lengua castellana, de la Real Academia Española, irrumpió desde antes, en el Diccionario de Autoridades de 1726, donde dice que proviene del árabe «rebea», una medida de peso que significa la cuarta parte de un quintal, veinticinco libras. Como el clamor contra la pobre @ en su labor de reivindicación social de las mujeres fue tan criticado, al final la Internet ganó la batalla y se apropió de ella. Entonces aparecieron otras soluciones, esta vez maridadas con las repeticiones innecesarias.

Comenzó la letanía de niños y niñas, trabajadores y trabajadoras. Cada vez los textos se hicieron más largos y repetitivos y claro está, más aburridos. Es que luce tan mal esa reiteración, que según manifiestan los que la emplean, es para rescatar la presencia de las mujeres en el idioma. Sin embargo hay instituciones que recomiendan, en vez de esa reiteración simplista, usar formas más englobadoras que incluyan tanto a los hombres como a las mujeres. En vez de decir «los hombres y mujeres del mundo» digamos «el género humano» o «la humanidad», en vez de «niños y niñas» digamos «la niñez». Creo que es más elegante y cumple el objetivo de no exaltar la figura masculina e invisibilizar a la femenina.

En una ocasión me llegó un mensaje donde la Asociación Hispanoamericana de Mujeres se quejaba del carácter machista de la lengua castellana. Algunos ejemplos casi chistosos nos pusieron a pensar un poco en el asunto; si mal no recuerdo, entre otros ejemplos mencionaban éstos:

zorro: espadachín, justiciero

zorra: puta

perro: mejor amigo del hombre.

perra: puta

aventurero: osado, valiente, arriesgado, hombre de mundo

aventurera: puta

cualquier: fulanito, mengano, zutano

cualquiera: puta

hombre público: personaje prominente

mujer pública: puta

Al revisar el diccionario no es así exactamente, porque un cualquiera o una cualquiera es una persona de poca importancia o indigna de consideración, y la acepción de prostituta no está registrada. Lo mismo sucede con callejero, perro, etc. La RAE recoge los usos cuando están arraigados y recomienda que dentro de lo socialmente posible se favorezca el uso de formas femeninas para los nombres de profesión o actividades ejercidas por mujeres.

No hay necesidad de inventar disparates idiomáticos, conozco algunos machistas que se pasan la vida usando la arroba. Al final de cuentas hemos aprendido latín, logrado buenos maridos y un buen fin, a pesar de la inocente arroba.

Cuando pienso en nuestra lengua materna me la represento como una augusta dama que flamea aún con dignidad su estandarte, pese a los destrozos que tenga. Esta representación tiene que ver con el deterioro que a diario se comete con el idioma español en múltiples ámbitos que abarcan no solo la cotidianidad en el hogar, la parada de buses o el mercado sino las aulas de clases, las instituciones del Estado y los medios de comunicación.

Especialmente los medios de comunicación deben tener mucho cuidado a la hora de utilizar los términos que se ponen de moda. La arroba, por ejemplo, se ha convertido en una suerte de transexual, un comodín que quieren imponer algunos. Es como los salones de belleza unisex, con la vital diferencia que al final no sabemos si nos cortó el cabello un cuarto de hombre o 25 libras de mujer.

Siempre he pensado que así como los árboles para verse hermosos necesitan una buena poda, abono y control de plagas, de ese mismo modo nuestro idioma necesita buenos jardineros que sepan dónde y cómo podar, cómo injertar y sobre todo destruir las plagas. Solo de esa manera podremos seguir disfrutando de ese hermoso tronco donde nos cobijamos todos los hispanos: la lengua española.

 

© Inés Izquierdo Miller 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero36/mujlati.html