No, y no, que no, ya que no:
La puntuación de segmentos negativo-correctivos

Miguel Ángel de la Fuente González

Escuela Univ. / Universidad de Valladolid
arkanjel@dlyl.uva.es


 

   
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Resumen: Para tratar las construcciones o segmentos encabezados por negaciones a que se refiere el título, vamos a centrarnos en tres apartados. En el primero, “qué puntuar”, abordaremos las características de estos fenómenos sintácticos con sus variantes tipológicas. A continuación veremos cómo puntuarlos y los motivos para hacerlo de una u otra forma. Finalmente, en el tercer apartado, incluimos otras construcciones similares, a las que se aplican las mismas soluciones ortográficas.
Palabras clave: puntuación, negaciones, sintaxis

 

Para tratar las construcciones o segmentos encabezados por negaciones a que se refiere el título, vamos a centrarnos en tres apartados. En el primero, “qué puntuar”, abordaremos las características de estos fenómenos sintácticos con sus variantes tipológicas. A continuación veremos cómo puntuarlos y los motivos para hacerlo de una u otra forma. Finalmente, en el tercer apartado, incluimos otras construcciones similares, a las que se aplican las mismas soluciones ortográficas.

 

I) QUÉ PUNTUAR

Proponemos a nuestros lectores los siguientes ejemplos:

1) Ganar batallas, no la guerra. (Vargas Llosa 1986: 92)

2) Ganar batallas, y no la guerra.

3) Ganar batallas, que no la guerra.

4) Ganar batallas, ya que no la guerra.

Aunque tales intercambios no siempre sean tan fáciles ni posibles, sirvan aquí como mera presentación de los segmentos correctivos. Otras posibilidades, quizás más frecuentes, aunque no las vamos a tratar en este trabajo, son las siguientes:

5) Ganar batallas, aunque no la guerra.

6) Ganar batallas, pero no la guerra.

Brucart (1999: 2830-2831) se refiere a las construcciones 1) y 2) con el nombre de “negación correctiva”, denominación propuesta por Bosque, y comenta, entre otros ejemplos, los siguientes: Ayer llegó Luis, no María. Juan, y no Pedro, es el verdadero culpable. También advierte que este tipo de segmentos negativos no es un caso de elipsis, “sino que actúa como negación parcial que incide únicamente sobre el sintagma situado a su derecha [María o Pedro], con el que forma una proyección sintagmática infraoracional”. Tal segmento, pues, “funciona como adjunto parentético de un elemento de la oración principal, con el cual mantiene una relación de contraste de polaridad”.

Sin embargo, no siempre está presente, en la oración, un sintagma de la misma categoría, al que corregir; compárense estos ejemplos:

Todas las fórmulas están inventadas en la historia —no siempre ejemplar— de las relaciones entre la prensa y el poder (Pendás 2006: 3).

Todas las fórmulas están inventadas en la historia conociday no siempre tan conocida— de las relaciones entre la prensa y el poder.

Todas las fórmulas están inventadas en la historia conocidaque no ejemplar— de las relaciones entre la prensa y el poder.

En el primer ejemplo no hay un elemento de contraste de la misma categoría o función (se establecería directamente con el núcleo del sintagma, aquí nominal; en otros casos, verbal), mientras que sí se da en el segundo y tercer ejemplo.

Con respecto a que no, tenemos a María Moliner (1987: 901), quien afirma que “se emplea [que] en vez de y para unir una oración afirmativa con otra negativa con el mismo verbo, que se le contrapone”; y da estos dos ejemplos: Necesito dinero, que no consejos. Lo dijo él, que no yo”.

Concretados los segmentos objeto de nuestro estudio, vamos a fijarnos en las variantes que pueden adoptar, para facilitar su identificación y aumentar la seguridad de no confundirlos con otros. Por ello, y aunque sin pretender agotar su tipología, vamos a tomar como base tres amplios aspectos: el fónico, su significado (un guiño de inteligencia, matiz dentro del mismo campo, antonimia, la no exclusividad y lítotes) y su complejidad formal (con enumeración y con coda adversativa).

1.1) La semejanza fonética entre dos términos o segmentos puede inducir al lector, a error con respecto a la cercanía de sus significados; para evitar equivocaciones, el redactor se adelanta y utiliza la negación correctiva; por ejemplo:

Marciano Pedro Durrutti Domingono Domínguez, por más que lo pongan los biógrafos de [su hermano] Buenaventura— había nacido en León el 6 de marzo de 1911 (Garcival 2007: 10).

En el caso del pueblo leonés, la influencia norteamericanano americana, pardiez; por suerte América es mucho más que los EE UU— no se manifiesta en que un zumbado se líe la manta a la cabeza y acribille a los vecinos a escopetazos [...] (Pérez-Reverte 1998: 334).

Los datos que ha publicado recientemente el Banco Internacional de Pagos así lo atestiguan: el mercado de “derivados de crédito” (que así se llama en la jerga del oficio) alcanza en este momento un volumen de 370 billones (no billion) de dólares, una cifra que ya empieza a desbordar los límites de la imaginación (Crespo 2006: 2).

Aquí podrían también incluirse derivaciones, flexiones y paronomasias, en su sentido más amplio; por ejemplo:

Hoy y mañana nos toca descansar en un lugar envidiable, en un remanso de paz situado a unos kilómetros de Cuenca, en la misma Hoz del río Huécar, que es la hoz que da la vista espectacular de las casas colgadas (que no colgantes, como gustan recalcar los de aquí) (Horrillo 2006: 51).

Cuando, por ejemplo, los abrumados forofos de nuestra selección han querido identificarse en Alemania han ido con trajes de flamenca (los chicos, no las chicas), o llevando banderas con toros, o toros de juguete, o monteras o vestidos de torear (Gala 2006F: 3).

Dentro de este segundo grupo, el del teatro de verdad (no el metateatro ni el antiteatro ni el chorrateatro), se encuentra la obra que vi el viernes: De la gaseosa al champán, de Javier Rey de Sola (Cuevas 2006: 2).

También ahora se están haciendo ya interpretaciones convenientes del reconocimiento de los quebequeses —que no de Québec— como nación con la pretensión de dar una nueva lección, que pondría en evidencia la escasa solidez o profundidad de la democracia española (López Basaguren 2007:13).

También sirve como rasgo de ingenio, al contraponer segmentos que, a pesar de su semejanza por el sonido, tienen un significado muy diferente, con el consiguiente efecto de mayor o menor sorpresa para el lector. Unos ejemplos:

Algunos de los resultados obtenidos [por la encuesta de la Consejería de Salud] son para felicitarse y ponerse una medalla, como que fumamos menos que la mayoría, pero en cambio bebemos más (vaya por Dios), y somos más obesos (no obsesos) que la media nacional, lo que, curiosamente, rompe con el arquetipo de castellano y leonés recio, seco, enjuto y fibroso (Regalado 2006: 2).

La noción de socialismo se encarna para mí más en una aptitud que en una convicción: ser capaz de anteponer a la ambición individual un ideal colectivo y encontrar en esta cesión (no concesión) una realización personal, un destino logrado (Vargas Llosa 1986: 38).

Otros años se llamó Profesión (que no procesión) de fe (Herrera Jubete 2006: 16).

Llegó [el jazz] a ser un leguaje univóco (que no único) e intransferible, con sus propios códigos expresivos, entre los cuales el sentido de la improvisación y la creatividad constante son sus máximas señas de identidad (Feito 2006: 60).

Del nicho, no del lecho, me levanto (Fuertes 2001: 66).

1.2) Antítesis

Se trata, en palabras de Díez Borque (1984: 113), de “la oposición de dos ideas, pensamientos, expresiones o palabras contrarias”. Unos ejemplos:

Lo socialistas vascos no dejarán manejar otros tiempos que no sean los de Moncloa y los nacionalistas del Foro de Debate Nacional tienen también su estrategia: exigir “pasos” al Gobierno y luego, cuando llegue el debate político, plantear las líneas esenciales del plan Ibarretxe como punto de partida —que no de llegada— para un eventual acuerdo (Zarzalejos 2006: 16).

En fin, ya sabes que es obligación, no favor, pues somos amigos de veras, y lo que yo hago por ti lo harías tú por mí (Pérez Galdós 1982: 16).

Ahora bien, si hablamos de restaurantes habituales, esto es, los que uno puede frecuentar en sus momentos de ocio —que no de trabajo—, creo que apostar por el postre —peor si es dulce— es casi un desliz (Cardenal 2004: 73).

Sheldon perseguía el dinero —no la gloria— con sus letras (Pardo 2007: 6).

Este interés crematístico, y no los sentimientos humanitarios, explica que tantas veces nobles y eclesiásticos hayan protegido a sus súbditos judíos de las iras del populacho (Eslava Galán 2006: 233).

¿Qué prueba esto? Pues algo tan sencillo como que la bonanza de nuestra sociedad está basada en el consumo masivo (lo que equivale a decir que con crisis lo que corresponde es comprar más, no menos) y que cualquier merma del mismo será siempre una mala noticia para quienes esperamos que a finales de año se de dé un crecimiento del 3% (Mañas 2007: 15).

1.3) Ciertos guiños de inteligencia

A veces estas construcciones correctivas tienen efectos cómicos, alusiones culturales o saltos de significado que se convierten en guiños de inteligencia lanzados al lector:

El título de una de sus películas [de Berlanga], Todos a la cárcel, podría ser a la vez un titular de lo que estos días concita la atención en la pequeña pantalla, que lleva camino de tenernos pendientes de lo que es un verano en Marbella a la sombra, y no precisamente de un chiringuito playero (Jiménez 2006B: 57).

Hay gente que se casa con un banco, y no de cuatro patas (Fuertes 2001: 106).

Los más quemados (no por el sol, sino por la cultura corporativa de una empresa) hacen incluso números en la playa (Trías de Bes 2006: 126-127).

Una amiga me razonó que había muchísimos viajeros en otros asientos y en otros coches [del tren]; eso tendría que sosegarme: uno, al embarcarse, accede a una cierta comunidad de destino (no en lo universal, pero, vamos, sí de aquí a Zaragoza, pongo por caso) (Gala 1987: 305).

Este Gobierno zurdo (que no izquierdista) podría hacer algo por los niños, aparte de quitarles la Navidad, fastidiarlos con más horas de matemáticas y dejarlos más analfabetos que antes (Torres 2006: 2).

Sí, este [la telequinesia] es uno de esos formatos que te dejan con la boca abierta (por el bostezo, no por la sorpresa), pero al menos, y salvo que a los niños les dé por practicar con billetes de 50 euros, no es dañino, y eso, en los tiempos que corren como tironero por la Gran Vía, aconseja su inclusión en la lista de especies en peligro de extinción (Pérez 2006: 84).

Puede tratarse de referencias literarias. Así, en los ejemplos que siguen encontramos alusiones a estos títulos: El lobo estepario, de Herman Hesse; “El parto de los montes”, fábula de Esopo; La esfinge maragata, de Concha Espina; y “El buen pastor”, parábola evangélica. Veámoslo:

Hay que tener en cuenta que se trata del lobo estepario (no el de Herman Hesse) (Prieto 2007: 2).

Vente, vente. Ya estoy arreglando tu habitación que será manífica, digno estuche de tal joya. Dime que sí, y parto, parto (no el de los montes), quiero decir que corro a traerte (Pérez Galdós 1982: 110).

Y ya tenemos a los primeros intérpretes de la esfinge monclovita (que no maragata, por muy leonesista que sea [Rodríguez Zapatero]): por una parte los medios informativos; por otra parte, los exegetas oficiales: Alfredo Pérez Rubalcaba, José Blanco y, en la sombra, Fernano Moraleda (Serna 2007: 13).

Es la actitud que —en el mejor de los casos— tiene el ganadero en su dehesa (y no ”el buen pastor”, porque éste ”habla” a sus ovejas, y no digamos cómo habla el hombre a sus animales amigos, perro, gato, caballo, elevándolos a una especie de maravillosa ”personalidad contagiada”) (Marías 1973: 249).

1.4) Pertenencia al mismo campo léxico

Otras veces se menciona, en la negación correctiva, un término cercano, del mismo campo léxico; se trata, pues, de una matización; por ejemplo:

Es más, [el comportamiento del dólar] le causa aprensión [al ex director de análisis del FMI]: el potencial ajuste futuro puede ser más brusco, al realizarse vía mercado de bienes (no de capital), siendo éstos menos flexibles (Maravall y Amor 2006: 17).

El último sondeo de IPSOS efectuado entre los simpatizantes socialistas —que no los militantes— daba a Sègolène Royal un 62% de intención de voto , un 25% a Straus-Kahn y un 11% a Fabius (Martí 2006: 11).

El paseante pensativo, que no distraído, se siente como una Alicia en el “Summa Artis” al parar en cada semáforo y mirar en torno a sí (Rojo Vega 2005: 27).

En la madrugada del 11 al 12 de marzo se consigue desactivar una bolsa —que no mochila—, lo que conduce a confirmar el indicio de la tarde, a saber que se trata de Goma 2 Eco, a poder identificar los detonadores con los hallados la tarde anterior en la furgoneta y, sobre todo, se accede al teléfono móvil que activa la bomba y a su tarjeta (Ekaizer 2004: 16).

A quien no le importe caminar el doble topará con puerto Banús, donde las tiendas —no así los grandes almacenes— abren los días festivos (Esaín 2006: 3).

Ayer estaba escribiendo algo sobre Iñigo de Loyola —no San Ignacio aún— y sobre cuánto le amargaron en España la vida con esa enseñanza religiosa (Gala 1987: 96).

1.5) La no exclusividad

En estos casos, se niega la exclusividad del elemento en inciso; para ello, se utiliza siempre el adverbio sólo. Algunos ejemplos:

Son innumerbles los hombres que no han tenido nunca una experiencia saturada de lo que es pensamiento en su forma rigurosa; los que nunca han ejecutado de verdad y en serio esa operación vitalno sólo mental— que se llama ”entender” (Marías 1973: 226-227)

El odio a los judíos en las ciudades y pueblos palestinos es creciente, y el apoyo a las miliciasy no sólo las islamistas— no decae (Muñoz 2006: 13).

Muchos pensamos que la mejor manera de demostrar lealtad al partido es tener apertura y generosidad para saber aprovechar lo que todos (no sólo los adeptos del grupo que tiene una posición prevalerte) pueden aportar para conseguir las mayores posibilidades de triunfo (López-Médel 2006: 5)

No, fue el estoico y abnegado pueblo de la desaparecida Unión Soviética (no sólo Rusia), conducido por aquel sanguinario monstruo de Georgia, Josif Stalin, el que corrió con la carga más pesada (Seaton 2006: 29).

Los políticos en general (no sólo en Cataluña) ni se están luciendo ni dan lecciones imitables (Gala 2006B: 3).

A veces se niega reiterando el segmento anterior; unos ejemplos:

Se trata de la realidad de los romances, que se podría extender, con las convenientes modificaciones, a otras muchas formas literariasy no sólo literarias— (Marías 1967: 88).

Los godos establecieron algunas guarniciones permanentes, los campi gothorum, que atrajeron emigrantes de sus tribus al reclamo de las buenas tierras ganaderas de Castilla la Vieja (y no sólo ganaderas, pues también llegaron agricultores que trajeron consigo la sabrosa alcachofa y la deliciosa espinaca, cultivos hasta entonces desconocidos en España) (Eslava Galán 2006: 95).

El castigo al mentiroso en nombre de un supuesto estado de necesidad que justificaría la represión de las tendencias historiográficasy no sólo historiográficas— que niegan la objetividad, abre un limbo jurídico que sólo en nombre de eses estado de necesidad podría justificarse: pero tal estado de necesidad está todavía más necesitado de explicación que aquello que torpemente pretende explicar (Sánchez Torrón 2007: 14).

1.6) Lítotes

En palabras de Díez Borque (1984: 114), “consiste en negar lo contrario de lo que se quiere afirmar”. Los casos que tenemos siguen el patrón adverbio (no) más preposición (sin). Unos ejemplos:

Decía, no sin gracia, que los artículos del Decálogo que tratan de toda la peccata minuta fueron un pegote añadido por Moisés a la obra de Dios, obedeciendo a razones puramente políticas […] (Pérez Galdós 1982: 24).

Lo mismo [es de esclarecedor] que el capítulo siguiente, donde Burleigh examina la floración de distintas fes en el curso del 800, no sin lagunas, como las relativas a las dos principales corrientes obreras, marxismo y anarquismo (Elorza 2006: 16).

En 1927, para dar al Régimen apariencia de parlamentarismo, se convocó por decreto una Asamblea Nacional Consultiva, de la que fueron nombrados miembros —no sin sorpresa— María de Maeztu, Blas Cabrera y Tormo (Pérez Villanueva 1991: 304-305).

Admiradores del gran condottiero lograron colocar también a mediados de los sesenta —no sin oposición— un busto en bronce, obra del escultor navarro Fructuoso Ortuna, en la plaza de Sor Simona Oroz (Galán 2007: 8).

Aunque escribió mucho (y no sin caídas), lo mejor de Bukowski es siempre lo del tipo bohemio y ácrata que aspira a ser libre aunque su modo no le guste a la mayoría (Villena 2007: 52).

1.7) Complejidad formal

Al respecto, podemos encontrar casos de segmentos negativos muy breves y sin complejidad (de dos o tres palabras):

Pero un bombardeo es tan sólo un episodio (me refiero a bajas arquitectónicas, no humanas) y se sale de él empeñado en retomar la vida allí donde la interrumpiera la aviación (Ponte 2007: 15).

Si se me permite por unos instantes razonar como médico, diré que una vivencia similar —no idéntica— a la de Rilke se observa en algunas excepcionales formas de colapso (Rof Carballo 1990: 113).

Resulta bastante contradictorio que un programa con niños —no de niños— acabe pasada la medianoche, pero aún es más que los padrinos sean personajes que tienen que ver con el mundo del espectáculo televisivo y poco tengan que ver con la enseñanza (Jiménez 2006: 57).

Lo demás es un remedo art déco con acabados deficientes, iluminación efectista —que no hollywoodiense— y un pintoresquismo atrabiliario en la cadena de pompones florales y grafismos made in Broadway (Gallardo 2007: 19).

Y podemos encontrar segmentos de cierta complejidad y extensión, factores que resultan decisivos para su forma de puntuación; por ejemplo, emplear rayas o paréntesis, en vez de simples comas, especialmente en interior de frase. En ocasiones, la extensión es fruto de una enumeración. Unos ejemplos:

Yo recuerdo que en los primeros días de la guerra, cuando yo me di cuenta de que era eso, una guerra —no un pronunciamiento, no una simple alteración del orden, no un golpe de Estado— después de decir: “¡Señor, qué exageración!”, tuve un momento de reflexión religiosa y pensé: tendremos que elegir entre una iglesia perseguida o una iglesia profanada (Marías 1973: 300).

Nunca había estado tan fértil el terreno para un final dialogado (no negociado, no pactado) de la banda vasca (Antolín 2006: 4).

Pero la deficiencia —esa especie de avitaminosis— producida se puede compensar a escala universal: para Alemania es imperativo, más que nunca, no ser provinciana sino entrar resueltamente en el mundono sólo en sus mercados o en sus carreteras o en sus playas o en sus bancos— (Marías 1973: 102-103).

El Gobierno —no sólo él, lo sé, Troylo, ni sólo su partido— ampara y desarrolla autonomías burguesas; fomenta la autonomía de regiones en que existe un básico componente burgués, que tolere apoyarse a los burgueses que ejercen el poder (Gala 1987: 279).

Como puede observarse, en el ejemplo que precede, no sólo se da una enumeración (dos elementos unidos por ni), sino también otros fenómenos sintácticos que exigen la presencia de comas; y es que también hay que tener en cuenta otros casos de complejidad por los que figuran comas dentro del inciso, como en los ejemplos siguientes:

Se ha producido un desajuste, un deterioro de la sociedad americana en los últimos cuatro o cinco años —no más, y esto es importante—, que ha llevado a un evidente descenso de su eficacia, aparte de otros aspectos aun más importantes, de los que convendría hablar (Marías 1973: 221).

Rajoy pide al PSOE —no a Zapatero, del que ya no espera nada— que sume sus fuerzas para sobrevivir al disparate antes de que sea demasiado tarde (Prego 2006: 14).

Ahora en algunos ámbitos —no en todos, ya sé— se tiene miedo (Tanarro 2007: 22).

En algunos —no los más respetados, claro— de los blogueros, esa realidad induce una sensación de impunidad, agradable para ellos pero peligrosa para los atacados por ellos (Serna 2006: 57).

En el vagón número 1 del tren de las bombas se encontró una bolsa —sí, bolsa de deportes, no una mochila— y se intentó desactivar (Ekaizer 2007: 27).

1.8) Con coda adversativa

Podíamos considerar este fenómeno como un caso del apartado anterior, de complejidad; en ellos, además, se presentan varias posibilidades formales. Algunos ejemplos de no…, sino…:

A la hora de hacer ruido —no ya normal, sino ruido insoportable—, aquí a nadie se le ocurre pararse a pensar si puede o debe someter a tortura a sus conciudadanos para satisfacer sus caprichos (Marías 2007: 67).

Antes veíamos el final —no de la partida, sino de nuestros movimientos— muy lejano, hasta improbable en ocasiones (Gala 1987: 205).

Porque este país necesita, como sea, reírse. Y pasar de la risa a la ilusión (no ilusiones utópicas, sino personales, íntimas, caseras). Y pasar de la ilusión a la realidad (no a una realidad de transformistas y prestidigitadores, sino a la modesta, amable y perfectible realidad de cada uno) (Gala 1987: 253).

También encontramos casos en que la conjunción sino está sustituida por un signo de puntuación (coma, punto y coma o dos puntos):

Así es el toreo cuando alcanza su máxima belleza, cuando se derrama con la naturalidad espléndida de este vestido —no el de torear, el del campo—, como un día de mayo (Suárez Inclán 2007: 43).

¿Cómo era posible que escucháramos a una banda que tocaba un pasodoble a muchos kilómetros de nuestra casa desde un pequeño aparato —no tan pequeño, más bien “aparatoso” — colocado en la pared? (Jáuregui 2004: 217).

La música y el deporte —no sólo el de la tele; también, y sobre todo, el que ellos mismos practican en Amoverse— inspiran las secciones más exitosas del programa: “El rincón del flamenco” empata en la preferencia de los chicos con “La tierra del meta” — “de rollo heavy”, explica Richi—; las sigue “El deporte” (Sánchez-Vallejo 2007: 25).

Durante el último partido celebrado en el Bernabéu, el público mostró su disconformidad (no con los futbolistas ni con los directivos: con todo) gritando: “Periodistas, terroristas” (Rigalt 2007: 68).

Imaginen que ante el descubrimiento, en un país de Este europeo, de decenas de cadáveres de adolescentes torturadas y asesinadas después de haber sido obligadas a prostituirse; imaginen que pudiéramos ponernos realmente —no con la mente, ni con la ética: sintiéndolo físicamente— en el lugar de una sola de esas pobres criaturas (Torres 2007B: 8).

 

II) CÓMO PUNTUARLO

En principio, los segmentos correctivos se pueden puntuar de tres formas: como inciso (con los signos de la escala de incisos); como elementos que se suceden (escala de las enumeraciones) y como elementos enfatizados (dos puntos). La elección de una de tales posibilidades depende, fundamentalmente, de tres determinantes: las características del segmento (su contenido, extensión o complejidad), su posición dentro de la frase (motivo contextual) y de la voluntad del redactor (motivo estilístico).

1) En interior de frase se usará la escala de los incisos: comas / rayas / paréntesis. De ello, y antes de meternos más a fondo en detalles, haremos una ejemplificación amañada:

Un buen puro continuará encendido por un tiempo considerable, incluso si, a todas luces, aparenta ser un cigarro muerto. Esta cualidad, y no la tontería de cuánto se mantiene la ceniza en la colilla sin caer, es la única prueba válida de un buen puro (puntuación modificada a partir de Cabrera Infante 2000: 129).

Esta cualidad —y no la tontería de cuánto se mantiene la ceniza en la colilla sin caer— es la única prueba válida de un buen puro (puntuación modificada de Cabrera Infante 2000: 129).

Esta cualidad (y no la tontería de cuánto se mantiene la ceniza en la colilla sin caer) es la única prueba válida de un buen puro (Cabrera Infante 2000: 129).

Sin embargo, en cuanto a la fuerza del signo y a su valor discriminativo (especialmente en casos de posición interior de frase, o por cierta complejidad o extensión), creemos que lo más aconsejable es evitar la coma y usar los otros dos signos parentéticos.

2) Cuando se encuentra en final de frase, podría usarse la escala de la coordinación y yuxtaposición: coma / punto y coma / punto / punto y aparte (de éste último, no ponemos ejemplo ahora). Quizás en esta posición, el segmento correctivo se aleja un tanto del inciso para acercarse a las fronteras de la coordinación y yuxtaposición normales. Seguimos con ejemplificación amañada:

La única prueba válida de un buen puro es esta cualidad, y no la tontería de cuánto se mantiene la ceniza en la colilla sin caer.

La única prueba válida de un buen puro es esta cualidad; y no la tontería de cuánto se mantiene la ceniza en la colilla sin caer.

La única prueba válida de un buen puro es esta cualidad. Y no la tontería de cuánto se mantiene la ceniza en la colilla sin caer.

Sin embargo, también en esta posición (final de enunciado), podrían utilizarse los signos de los incisos:

La única prueba válida de un buen puro es esta cualidad —y no la tontería de cuánto se mantiene la ceniza en la colilla sin caer—.

La única prueba válida de un buen puro es esta cualidad (y no la tontería de cuánto se mantiene la ceniza en la colilla sin caer).

Un caso a caballo entre la coordinación-yuxtaposición y el inciso sería el paréntesis externo: con signos parentéticos (como inciso); y con punto y seguido (como independizándose de la proposición y cobrando cierta autonomía). Por ejemplo:

La única prueba válida de un buen puro es esta cualidad. (Y no la tontería de cuánto se mantiene la ceniza en la colilla sin caer).

La única prueba válida de un buen puro es esta cualidad. (No la tontería de cuánto se mantiene la ceniza en la colilla sin caer).

3) La puntuación enfática sería, fundamentalmente, con el uso de los dos puntos:

La única prueba válida de un buen puro es esta cualidad: no la tontería de cuánto se mantiene la ceniza en la colilla sin caer.

La única prueba válida de un buen puro es esta cualidad: y no la tontería de cuánto se mantiene la ceniza en la colilla sin caer (puntuación quizás cuestionable).

Y, después de este anticipo, ya podemos detenernos con más detalle en los cuatro tipos mencionados (no, y no, que no, ya que no) y en su puntuación con las tres posibilidades (escala de inciso, escala de enumeración y énfasis). Los ejemplos, como puede comprobarse, pertenecen mayoritariamente a textos de prensa española de este siglo. Normalmente procuramos poner entre tres y cinco ejemplos en cada apartado; en ocasiones, sin embargo, no ha querido la suerte que completemos tal número; además, cuando no hemos encontrado ni un solo caso, lo hemos creado a partir de ejemplos similares, no sin advertirlo, como ya hemos hecho en este mismo apartado.

1) NO…

1.1) CON COMAS

En este caso podemos tener las tres posibles posiciones de los segmentos dentro de una oración: inicio de enunciado, medio y final. Por ejemplo:

No ya desde el punto de vista político, sino desde el ético, supone lo dicho un atentado frontal a la convivencia pacífica (ejemplo creado a partir de Val 2007: 29).

Lo dicho supone un atentado frontal, no ya desde el punto de vista político, sino desde el ético, a la convivencia pacífica.

Lo dicho supone un atentado frontal a la convivencia pacífica, no ya desde el punto de vista político, sino desde el ético.

Sin embargo, en la posición interior (el segundo ejemplo), nos parece más adecuado usar los signos fuertes de la escala de los incisos; es decir, no poner comas (demasiado débiles), sino rayas o paréntesis. Así, el siguiente ejemplo, donde la puntuación con comas (la original), por tratarse de posición interior de frase, y con cierta complejidad (además tiene coma interior) quizás no sea la mejor solución:

Si el PP gana las próximas elecciones generales, su dirección se constituirá en Gobierno. Pero si no las gana, el PP, no la dirección actual, sino el partido como tal, habrá quedado inhabilitado para hacer lo que un partido político tiene que hacer (Pérez Royo 2007: 20).

Pero si no las gana, el PP —no la dirección actual, sino el partido como tal— habrá quedado inhabilitado para hacer lo que un partido político tiene que hacer

Pero si no las gana, el PP (no la dirección actual, sino el partido como tal) habrá quedado inhabilitado para hacer lo que un partido político tiene que hacer

Sin embargo, en el caso de segmentos de escaso cuerpo (dos o tres palabras, por ejemplo), sería más comprensible el uso de simples comas, aunque quizás nos puedan pasar un tanto desapercibidos. Algunos ejemplos:

Tampoco uso la palabra terrorismo puesto que en este caso tendría que hablar también de respuestas al terrorismo de Estado y no tengo yo el día, que estoy muy entretenida en el avispero libanés que las bombas de Israel, no otras, ahondaron para siempre jamás el último verano (Torres 2006: 68).

Su fortuna es considerable; sin embargo, no es feliz, por culpa de ciertas piedras, no preciosas, en los riñones (Gironella 2003: 99).

Pero el Occidente, y Europa dentro de él, son unidades plurales, no monolíticas, y cada uno de los países tiene una misión propia, sin la cual no puede vivir adecuadamente, ni integrarse el conjunto (Marías 1973:113).

Sin embargo, en final de enunciado, e independientemente de su extensión o complejidad, la coma sería más aceptable:

Con soldados que no comían, destrozados por las marchas y sin conocer bien el terreno, el escenario de la batalla lo hubiera elegido el Massana, no yo (González Ledesma 2006: 296-297).

Es dinero, y como ha dicho el amo y señor del Chelsea, con eso se compra independencia, no la felicidad (Mas 2007B: 48).

Deco: “Debo dar explicaciones al club, no a la prensa” (Piñol 2007: 43).

Las balas matan a los hombres, no a sus ideas (Fuertes 2001: 13).

La clave está en la disciplina del oficio, no en los propósitos (Larraya 2006: 13).

También encontramos casos de puntuación con coma en interior de inciso, delimitado ya por rayas o paréntesis. Algunos ejemplos:

Desde luego, si fueron por festejar la primavera de Ayala, los miles de jóvenes que bebieron en la Huerta del Rastrillo en Granada parecen más que los centenares de damas y caballeros que cenaron en la Biblioteca Nacional de Madrid con motivo del centésimo cumpleaños del autor de la «Tragicomedia de un hombre sin espíritu», donde se echó de menos —en la cena, no en la tragicomedia— a la presidenta de la Comunidad de Madrid, que no fue invitada, y no por razones de edad, teniendo en cuenta que el homenajeado cumplía cien años y que entre las damas asistentes se encontraban algunas tan avanzadas como la ministra de Cultura o la vicepresidenta de Gobierno (Ruiz Quintano 2006: 6).

Va soltándonos fragmentos (prosa, no verso), como las bombillas del paseo que acaban de encenderse, sueltan chispazos de luz (Gironella 1984: 311).

Unos [se drogan] más, otros menos y la mayoría nada, desde luego, pero los que sí lo hacen son suficientes par que los narcotraficantes de cualquier rincón se cuenten entre los individuos más adinerados del mundo (los jefes, no los camellos) (Marías 2006: 154).

[Estamos] junto a las tierras de olivares, cerca del río Guadalquivir —hecho para comunicarse, no para separar—, a la vera de nuestras grandes aguas (Gala 1987: 114).

1.2) CON RAYAS

Además de por la localización en interior de frases, las rayas pueden deberse a motivos de extensión, complejidad, presencia de comas en su interior o deseo de énfasis. Así, en los siguientes ejemplos, por su extensión y colocación (interior de frase), se justifica el uso de la raya:

El alboroto organizado por otros —no por los más, sino por los más chillones, con el inconcebible concurso de quienes deberían haber sido los primeros en defender la igualdad de aquéllos a quienes gobiernan— ha generado la falsa impresión de que se trata de un conflicto entre una mayoría absoluta y una exigua minoría (Herreros Brasas 2007: 4-5).

Los miembros de la convención pudimos hacerlo mucho mejor, pero conseguimos consensuar (buen término) de forma transparente —no de madrugada y de tapadillo, como se había hecho siempre con los tratados— un instrumento constitucional con el que la Unión pudiera responder a las demandas de la ciudadanía […] (Carnero 2007: 14).

Quienes nos gobiernan —no todos, por supuesto, pero sí la mayoría— se muestran asustados, reticentes, inquietos (Grossman 2006: 15).

Porque la primera obligación de la novela —no la única, pero sí la primordial, aquella que es requisito indispensable para las demás— no es instruir sino hechizar al lector: destruir su conciencia crítica, absorber su atención, manipular sus sentimientos, abstraerlo del mundo real y sumirlo en la ilusión (Vargas Llosa 2007: 202-203).

Madrid, la metrópoli —no el área industrial y proletaria circundante—, ha sido fundamentalmente una ciudad administrativa que arrastra el peso de los años franquistas, en los que se concentró lo más reaccionario de la sociedad española (Falcón 2006: 2).

Sin embargo, el uso de raya en ejemplos cortos (dos palabras, por ejemplo), parece tener efectos de realce:

Pero sufro en nombre de los otros ese camino que alguien ha dibujado —no tú— y me da lástima esa ruta de la felicidad a pedazos (González Ledesma 2006: 203).

Y para mostrarnos esos años de ilusión y esperanza, el autor ha recurrido a las imágenes de las publicaciones generales —no políticas— de la época, aquellas revistas como Estampa, Crónica, Ahora, Mundo Gráfico, Nuevo Mundo, Algo, Jeromín, Cinegramas... (Plaza 2006: 57).

Titular (muy largo): el PSOE y Zapatero harían bien en reforzar su tejido o panel visible con la reincorporación a la primera línea, de cara a las próximas generales, de elementos socialistas maduros y veteranos —no viejos— con experiencia de partido y de gobierno (Hidalgo 2007B: 2).

1.3) CON PARÉNTESIS

El paréntesis suele considerarse un signo más impersonal y frío que la raya, aunque también puede ser una cuestión de preferencia estilística. Veamos, en primer lugar, algunos ejemplos en interior de frase y complejos (con comas interiores):

En los entrantes, un carpaccio de atún con helado de wasabi bastante fino, una agradable crema de puerro con bacalao que no mejora con el aceite sintético de trufa y, entre oras propuestas, un sabroso pulpo a la plancha (no a la brasa, como indica la carta) aderezado con vinagre de Módena y tanto orégano que casi se desvirtúa su sabor (Capel 2006: 10).

Y de ese modo, cuando nos digan (no los tribunales, ni la prensa, sino informes secretos de la policía transmitidos a los supergobiernos) que hay una nueva amenaza que exige, ¿quién sabe?, recortar la libertad de prensa, cerrar la Internet, limitar los movimientos de los ciudadanos u otras cosas en las que prefiero no pensar, nos encontrarán irritados, cansados, profundamente humillados (Millán 2006: 15).

En un principio, se podía suponer que la abundancia, en cuya gestación todos habían tomado parte (no todos por igual, ciertamente), desterraría para siempre la existencia del egoísmo y la pervivencia de la opresión y de la envidia (E. Ruiz 2007: 19).

Ejemplos con segmentos de escaso volumen o cuerpo:

Le ayudaría [a investigar el asunto] escuchar a uno de sus propios oficiales, Munqith al Farun, presente en la ejecución [de Sadam Husein], quien ha asegurado que, a pesar de estar prohibido, vio a dos altos funcionarios (no guardias) con móviles dentro de la sala (Sahagún 2007: 25).

Wines ha creado un sencillo quiosco en Madison Park, para almorzar rápidamente: buenas hamburguesas, buenas patatas fritas (no congeladas) y una buena cucharada de custard (Barañano 2007: 62)

Crearon un orden social altamente jerarquizado; el emperador, en la cúspide, era la unidad que mantenía el intrincado sistema de relaciones (no de personas) que lo articulaba (Majllard 2007: 4).

Posiciones finales, con diferentes tipos de extensión y complejidad:

Con ello [Franco] logró que los que se paseaban por la avenida del Generalísimo o tenían que venerarlo en las hornacinas de las pesetas y los sellos, por rechazarlo a él, rechazaban a España en un orden de cosas (no en todos) (Jáuregui 2004: 178).

Que en algunos lugares Libertad contara con dirigentes tan poco aparentes tiene una explicación (no una justificación) (V. Llosa 1993: 115).

Urge pues una nueva ley de educación, consensuada por todas las fuerzas políticas, y elaboradas con el asesoramiento de profesores (no de pedagogos ni sindicalistas) escogidos por su valía (no por su militancia política) (Moreno Castillo 2006: 21).

Merece la pena el rape a la plancha, llega con el punto justo el sargo a la sal y es magnífico el taco de cherne al horno (no mero, como anuncia el jefe de sala) (Capel 2007B: 14).

1.4) CON PARÉNTESIS EXTERNO

El primero de ellos [de estos artículos de Ortega] se titiló Bajo el arco en ruina. (No ”en ruinas”, como suele citarse, no se sabe por qué) (Miguel 1982: 56).

Pero [te cuento esto] no para desapasionar a ningún perro, sino para demostrar, una vez más, lo distintos que somos [los perros y los humanos]. (No que somos: lo distintos que nos hemos ido haciendo) (Gala 1987: 186).

1.5) CON PUNTO Y COMA

Se trata de segmentos ubicados al final de la frase, y que, además, tienen cierta complejidad; complejidad del segmento previo; o del segmento correctivo, con comas en su interior, por ejemplo). Veamos algunos casos:

Pintan [los españoles], pues, el hábito unido al hombre, como carne de su carne y espíritu de su espíritu; no como algo exterior que lo magnifica (Encina 1966: 70).

Tanta imbecilidad me movería a risa si no se tratara de esta niña hechicera, mi último trofeo, y como el último, el más caro a mi corazón. ¡Vive Dios que si estúpidamente me la dejé quitar, ha de volver a mí; no para nada malo, bien lo sabe Dios, pues ya estoy mandando recoger, sino para tener el gusto de arrancársela al chisgarabís, quienquiera que sea, que me la birló, y probar que cuando el gran don Lope se atufa, nadie puede con él! (Pérez Galdós 1982: 125).

Pero, al menos, se trata de una violencia descubierta, física, natural, con algo de esa dignidad mínima que tiene la violencia entre los animales, que se atacan y entremetan sólo obedeciendo a la ley primera de la vida —la de sobrevivir—; no de la violencia solapada, ciudadana, civilizada, institucionalizada en leyes, códigos, sistemas, contra la que no hay defensa pues carece de cuerpo y de cara (Vargas Llosa 1986: 302).

Es un Dios de muerte, el que anunció a Moisés en el Sinaí: “Guardaos de subir al monte y aun de tocar su falda. Todo aquel que toque el monte morirá”; no un Dios de vida: una especie de Moloch, como han advertido algunos críticos (Gómez Yebra 2006: 120-121).

Además de una gran película, La vida de los otros, del director alemán Florian Henckel, es una fuente de reflexiones; no sólo de carácter cinematográfico, sino también social y cultural en sentido amplio (Llamazares 2007: 15),

En segmentos muy cortos podría tener cierto valor enfático:

Las manzanas de Newton están en todas partes; no sólo en Kilimanjaro (Mañas 2007: 15).

Insinúa Tusquets, o más bien afirma, qué peligrosa mujer es la que lee literatura que la libera; no cualquier libro (Torres 2007: 8).

El argumento de mi poesía (y creo que de toda poesía posible) es la condición humana considerada en sí misma; no este o aquel acontecimiento histórico (Eugenio Montale; en Ortega 2006: 8).

En el interior de paréntesis, y con segmentos cortos, el punto y coma también parece dar cierto realce. Por ejemplo:

Ni los romanos eran tan sofisticados ni los bárbaros tan brutos (de hecho, la voz bárbaro significa “extranjero; no “salvaje”), aparte de que el Imperio, como suele suceder hasta en las mejores familias, la decadencia fue gradual y se extendió por espacio de varias generaciones, sin grandes sobresaltos ni cabalgadas de bascas varoniles apestando a chotungo (Eslava Galán 2006: 90).

Por eso la solución —para los clientes; no para las empresas— es que “la gente sea lo suficientemente racional”, insiste Muñiz (Benito 2007: 32).

Caridad: mírales a la cara y escúpeles, porque en tu nombre se han escondido las otras atrocidades, la desaparición de médicos y maestros, el exterminio de la educación y la civilización —la suya, que la tenían; no la nuestra, cuyo lado más oscuro ya vemos adónde conduce: a multiplicar al qaedas y a justificar enloquecidas yihads— y la irremisible pérdida de Oriente Próximo en el bolsón sin fondo del infierno (Torres 2007C: 6).

Para constatarlo, pueden compararse los ejemplos de este apartado con los del final del apartado 1.1. (también dentro de paréntesis, aunque puntuados con simples comas).

1.6) CON PUNTO Y SEGUIDO

Para usar punto y seguido podemos apelar a la razón contextual del segmento previo (de cierta extensión o complejidad), a lo que se puede unir la complejidad del segmento correctivo (extenso o con pausas). Algunos ejemplo:

Un periódico democrático (aunque otra cosa son los aristocráticos) no debe hacer entrevistas a los terroristas o a sus aliados. No por no alentar el mal ni por el contagio (ajajajá: como en el caso de los suicidas); sino por escasez de papel (Espada 2007: 2).

Por el contrario [EEUU] echa sus poderes encima de Irak ante las sospechas de sus supuestas armas de destrucción masiva; se enfrenta a Irán porque enriquece su uranio; o advierte a Corea del Norte contra el lanzamiento de un misil intercontinental. EEUU cree que la única forma de superponerse son las armas. No la generosidad; no la ayuda a los más necesitados; no el orden cotidiano; no el respeto recíproco… (Gala 2006: 3).

El caso pasó anónimamente a manos de la magistratura de Lyon, aunque la notoriedad internacional de Projorov ha convertido la noticia en un escándalo de dimensiones planetarias y en un problema para las relaciones diplomáticas entre París y Moscú. No sólo porque Chirac y Putin forman una alianza fraternal. También porque desde Rusia se han alzado voces en contra de los abusos que la Justicia ha cometido contra el magnate (Amón 2007: 34).

Le ayuda [a García Márquez] en la iniciativa [de suprimir las tildes] la importación masiva de ordenadores, escritura que ama las mayúsculas y aborrece las tildes. Pues bien, por una vez habrá que hacerse integrista y resistirse a las novedades foráneas. No sólo por una razón sentimental, de respeto a la tradición (Miguel 1994: 63).

Sin embargo, si el segmento correctivo es corto, se produce cierto efecto enfático; por ejemplo:

Tampoco conviene olvidar algo que es todavía más importante: la UE es una unión de estados. No de pueblos (Ortiz 2006: 2).

La respuesta elemental [a por qué los hombres hablan cuando los demás mamíferos no lo necesitan] es porque los hombres necesitan comunicarse mensajes complejos para lo que se exige almacenar información (y de ahí la escritura). No sólo eso (Miguel 1994: 197).

1.7) PUNTO Y APARTE

El usar punto y aparte puede considerarse como un salto natural en las escala de puntuación, basándose en la extensión de los segmentos, por ejemplo. Sin embargo, no parece ser un caso muy frecuente, aunque hemos encontrado algún ejemplo. Además, podría resultar cuestionable, por tratarse de una segmentación posiblemente excesiva (aunque admisible por énfasis). En los ejemplos tenemos que copiar dos párrafos (el que precede al de la construcción correctiva, y el que la contiene):

“Rubán” es el noble caballo de carrera —¡nada menos que todo un caballo! — que en las carreras de San Sebastián le ha ganado a su dueño, el señor Duque de Toledo, medio millón de pesetas. “Rubán” es el héroe de España. El rubanismo es nuestro porvenir.

¡No un caballito como esos de juego, no!, sino un caballo, todo un caballo de sangre y de carne. No un clavileño de madera. ¿Procede ese caballo de la cuadra que al señor Duque de Toledo le regaló el gran M. Marquet, cuya obra encomiaba “El Debate”? ¿Ha sido criado y apacentado, como otros caballos de su mesnada, en alguna de las dehesas que el Estado arrienda para mantener en ellas a los caballos de la remonta del ejército? No lo sabemos; pero “Rubán”, el gran “Rubán”, ha sido educado con esmero (Unamuno 1971: 1133).

Ya entonces se llamaba España. La hermosa palabra fue usada por los navegantes fenicios, a los que llamó la atención la cantidad de conejos que se veían por todas partes. Por eso, la denominación i-shepham-im; es decir: “el país de los conejos”, de la palabra shapán, “conejo”.

No el león, no el águila: durante mucho tiempo el humilde, evocador y eufemístico conejo fue el animal simbólico de España, su tótem peludo, escarbador e inquieto. El conejo se acuñaba en las monedas y aparecía en las alusiones más o menos poéticas; la caniculosa Celtiberia, como la llama Catulo (Carm. 37, 18), es decir, la conejera, España la de los buenos conejos (Eslava Galán 2006: 19).

1.8) PUNTUACIÓN ENFÁTICA

Se trata del uso de los dos puntos; además, cuanto más corto sea el segmento, mayor efecto enfático se produce. Algunos ejemplos:

Vivía en Marbella, lo que para un articulista puede que sea contraproducente: no para Bayón (Bonilla 2007: 51).

Desde aquí procuro, con toda corrección, opinar: no sólo de política, sino de cuanto sucede a nuestro alrededor y yo percibo (Gala 2006D: 3).

La existencia de bandas latinas es innegable; pero también lo es que existen métodos preventivos con buenos resultados en algunas localidades: no en Alcorcón, desde luego (Gala 2007C: 3).

Pocos días después del sorteo de Navidad, un grupo de leoneses se dejó fotografiar con una pancarta que decía: “Aquí cayó el Gordo: no más premios” (Jiménez Barca 2007: 40).

Didi-Huberman toma de Gilles Deleuze el concepto de “imagen-tiempo” para invitarnos, a través de él, a leer las imágenes archivadas por la historia del arte “anacrónicamente”, es decir, como “cristales de tiempo” de una memoria bergsoniana que, al modo de un fósil, guarda en sus pliegues estratos, grados o burbujas heterócronas en diferentes niveles de distensión o condensación, distintos tiempos incongruentes pero acoplados que, más allá de las exigencias históricas, constituyen la genuina carnalidad temporal de las imágenes: no su “estar en el tiempo (histórico)”, sino su ser ellas mismas fragmentos vivos de tiempo y, por eso mismo, irreductibles a la sincronicidad de los historiadores; pues la historiografía tiene como presupuesto la muerte del tiempo que toma como objeto de sus pesquisas (J. L. Pardo 2007: 11).

Un caso especial de énfasis tiene lugar cuando se unen puntuación y posición en el texto: el final del último párrafo de un texto. Este punto y seguido tiene un interesante oportunidad, como ya hemos estudiado en otro lugar (Fuente 2005). Algún ejemplo:

Vivir así, como vivimos, nos proyecta a manipular la Historia, a engañarnos, a no saber en definitiva qué es lo que hay que cambiar y, lo que es más grave, nos impide dejar que las generaciones futuras conozcan las cosas tal y como pasaron. La Historia, mal que nos pese, es un tesoro que deben administrar los que nos sigan. No nosotros (Miguel Amieva 2007: 10).

Sin embargo, es frecuente el recelo a la memoria histórica. Se prefiere el olvido o el falseamiento para no tener que asumir ni explicar el pasado. Esconder la realidad tras una supuesta leyenda negra en nuestro caso, por ejemplo. Para colaborar a evitarlo he escrito El pedestal de las estatuas. No con otra intención (Gala 2007D: 5).

Porque, aunque a veces dices que les envidias, que quisieras aprender de ellos, y preguntas dónde dan cursillos de lavarse las manos con tanta simpatía, en el fondo no tienes tan claro que esa capacilidad de pasar por los asuntos sin romperse ni mancharse sea el secreto de la buena vida. Desde luego, no el de la vida buena (Tanarro 2006: 26).

1.9) CON ORDEN INVERSO

Aunque quizás no sea muy frecuente, se puede dar el caso de posposición de la negación. En este caso, parece tratarse de una proposición de verbo elidido. Por ejemplo:

Siempre que yo le criticaba su elementalidad literaria —no otra cosa—, se enfadaba conmigo.

Siempre que yo le criticaba su elementalidad literaria —otra cosa, no—, se enfadaba conmigo (González Ledesma 2006: 241).

Más ejemplos:

Y en realidad, durante el franquismo, las empresas tuvieron una época de oro —los obreros, no— en la que el amo sólo tenía que empujar un poco la bola para que ésta rodase (González Ledesma 2006: 236).

Dejaron de ser jóvenes y muchos de ellos (todos, no) incurrieron en los males que habían combatido (Hidalgo 2007: 62).

En menos de tres décadas España ha pasado del subdesarrollo deportivo a la élite. En esquí, no (Orús 2007: 50).

2) Y NO…

Hay que reconocer el valor adversativo de y + no, que, en este caso, no equivale a ni, ni puede sustituirse, al menos no siempre, por dicha conjunción (ni), sino por pero no o aunque no. Un ejemplo:

¿Será el terruño, y no el hombre, «la medida de todas las cosas»? (Gironella 1984: 319-320).

¿Será el terruño, *ni el hombre, «la medida de todas las cosas»?

¿Será el terruño, pero no el hombre, «la medida de todas las cosas»?

¿Será el terruño, aunque no el hombre, «la medida de todas las cosas»?

2.1) CON COMAS

Como ya vimos al tratar las construcciones con no (primer tipo), en interior de frase quizás sea recomendable el uso de paréntesis o rayas; aunque la corta extensión del segmento podría excusarlo. Algunos ejemplos:

Bajo su dominio [de cierto enamoramiento] somos menos, y no más, que en la existencia habitual (Ortega 1971: 54).

En Lo Pagán, y no en Kobé o en Kioto, me reencontré con Norio Shimizu, profesor de la Universidad Sofía de Kioto, al que conocía como uno de los traductores de la poesía de Borges y que traía consigo su último y valeroso trabajo publicado, una Antología fragmentaria de la poesía española contemporánea (Barnatan 2006: 51).

Eso, y no los neologismos necesarios, son lo preocupante en la hora actual del idioma; no tanto por este, al fin simple instrumento, cuanto por el caos que delata en la sesera colectiva (Lázaro Carreter 1997: 564).

Sin embargo, al final de frase, e independientemente de su extensión o complejidad, podría considerarse menos arriesgado usar la coma; por ejemplo:

Si es ahora cuando se plantea el análisis de las causas y las consecuencias de los retrasos [del Airbus 380], mejor será reconocer el ridículo y dejarlo. Con dolores, y no de parto (Gala 2006C: 3).

Extramuros, la religión no es una melancolía, sino la ley, la coerción y el abuso; lo que cuenta (extiéndase, por favor, la polisemia), y no el cuento (Espada 2006B: 2).

«La gente quiere sencillez, y no virtuosismo» (Terne 2006: 46).

2.2) CON RAYAS

En interior de oración, independientemente de su extensión, el uso de rayas parece el recomendable. Algunos ejemplos de diferentes longitudes:

Llegar a Forna, en la Cabrera leonesa, es difícil. Hay que utilizar diversas —y no excelentes— carreteras secundarias y alcanzar el pueblo por una pista asfaltada, serpenteante y empinada, de algo más de tres kilómetros de recorrido (T. Álvarez 2006: 16).

El espiar —y no el fumar— fue la causa directa de su muerte (Cabrera Infante 2000: 38-39).

En los últimos años —y no antes— la crisis religiosa de los jóvenes consiste en que suele haberla (Marías 1973: 323).

Dado que mi presencia en los lugares de los hechos me ha mostrado quiénes son los débiles y que estoy a favor de la existencia del pueblo palestino en su propio país —y no en esos secarrales envenenados en que Israel ha convertido los Territorios Ocupados—, y dado que el pueblo palestino es semita —más que los judíos rusos, por ejemplo: se proclaman descendientes de los gentiles Khazar—, la deducción lógica es que mi antisemitismo no contiene antisemitismo alguno (Torres 2006: 68).

Por último, si lanzamos una mirada sobre lo que actualmentey no hace quince o veinte años— muestra el panorama filosófico, vemos una perspectiva poco alentadora (Marías 1967: 279).

2.3) CON PARÉNTESIS

Esa fue la función mítica, catártica (y no política) del proceso al matrimonio Ceaucescu, que antaño hubieran sido llevados, sin duda, a la hoguera (Ramonet 2001: 79).

Imagina, pues, que has llegado a comprender que esto es un espejo (y no una ventana o una puerta) no por medio del conocimiento directo, sino a través de la pintura, del color, del movimiento de éste, de la composición y demás elementos pictóricos (Kaverin 1972: 210).

Ahora vamos sabiendo que las juergas de la reorganización del sector eléctrico, vaivenes de opas y demás festejos, puede que acabemos pagándolas en los recibos cuya tarifa (y no precio) más que el coste del servicio constituye un índice, una cesta de toda clase de recargos (Fernández 2006: 24).

Habían bastado unas horas de cibernavegación para conseguir camarote (y no virtual precisamente) en un barco alemán que transporta mercancías entre Europa y América (Ynerita 2006: 8).

No se llega a fundar siquiera [una publicación que no interese al poder], aunque presumiblemente pudiera interesar a un número considerable de lectores; ya que, como es sabido, los lectores sólo pagan una parte (y no la principal) de las publicaciones (Máximo 1974: 115).

También puede aparecer a final de frase; por ejemplo:

Es el error que cometió George Orwell en su genial obra Big Brother, «El hermano mayor» (y no Gran Hermano) (Jáuregui 2004: 177).

¿Argumentos?: precio excesivo, valor simbólico de la casa (y no valor “real”) (Rodríguez Yáñez 2007: 20).

2.4) CON PARÉNTESIS EXTERNO

La previsible derrota de Manuel Fraga en las elecciones gallegas de mañana viene a cerrar la más sugestiva de las trayectorias seguidas por los componentes de la clase política del franquismo. (Y no sólo por su significación pública, sino también por la personalidad del todavía presidente, incluido ese don de lograr el aplastamiento dialéctico del oponente con una conjugación de rústicas agresividad y malicia, revestidas de buen sentido) (ejemplo manipulado a partir de Elorza 2005: 27).

2.5) CON PUNTO Y COMA

Hay malos síntomas en la política de integración de los emigrantes; y no todos debidos a la intolerancia de los nacionales, que desde luego existe (Gala 2007C: 3).

2.6) CON PUNTO

Un hombre de palabra no es una novela, pero ello no quita que entre sus sentidas y lúcidas páginas se esconda una historia de amor digna de una novela. Y no precisamente de una novela cualquiera de amor (Ayala-Dip 2006: 7).

No es que todas las series HBO (la cadena USA de pago) sean magníficas por definición, pero las ficciones manufacturadas por el modo de producción HBO casi nunca defraudan, suelen ser muy superiores a los actuales estrenos de Hollywood, incluido Sundance, y siempre marcan tendencia. Y no por magia simpática, por materialismo grosero (Cueto 2007: 67).

Las viejas modas siempre vuelven. Y no sólo en la vestimenta, sino hasta en los comportamientos sociales (Román 2007: 60).

Anita y Derek forman una unidad de producción. Todo lo que tocan lo convierten en reportaje. Y no sólo ellos: también sus amigos, parientes o ex parejas obtienen beneficios por su cercanía a los premiados. O sea, como las terminaciones de la lotería (Rigalt 2007B: 72).

La previsible derrota de Manuel Fraga en las elecciones gallegas de mañana viene a cerrar la más sugestiva de las trayectorias seguidas por los componentes de la clase política del franquismo. Y no sólo por su significación pública, sino también por la personalidad del todavía presidente, incluido ese don de lograr el aplastamiento dialéctico del oponente con una conjugación de rústicas agresividad y malicia, revestidas de buen sentido (Elorza 2005: 27).

Además, el uso del punto puede tener un efecto enfático con segmentos de corta extensión, aunque podría tratarse de un rasgo de estilo cortado:

Mi mujer también veía en Joana [libro de poesías] los suyos [sus sentimientos], pero ella pensaba que aquella pena era exclusivamente suya. Y no (Rodríguez Marcos 2006: 41).

Los políticos mienten con la misma naturalidad con que los niños franceses hablan francés: sin liberar adrenalina ni descomponer el careo. Y no sólo los políticos (Rigalt 2007D: 2).

Como en otros casos (1. 8), el segmento correctivo separado por punto se puede presentar al final del texto, lo que tiene valor enfático, que se acrecienta si el segmento es muy corto. Un ejemplo:

Como yo no hablaba entonces polaco y él, por lo visto, no hablaba ninguna otra lengua viva, la comunicación fue difícil. Pero encontré una vía. “¡Fortis est veritas”, dije, “et praevalebit!”. (La verdad es fuerte y prevalecerá). Nunca olvidaré su sonrisa encantadora. Era un buen lema para la Polonia de entonces y creo que sigue siéndolo para la de ahora. Y no sólo para Polonia (Garton Ash 2007: 11).

2.7) CON PUNTO Y APARTE

En este ejemplo reproducimos íntegramente los dos párrafos (el previo a la construcción correctiva y el párrafo de la construcción misma):

Los hedge funds ahora, como los trusts de 1907, son entidades que están sometidas a poca o ninguna reglamentación; con domicilio, en muchos casos, en paraísos fiscales y, por tanto, a resguardo de cualquier entidad oficial que quisiera supervisarlos; que se comportan cada vez más como los bancos tradicionales, pero sin estar sometidos a las normas e inspecciones que mantienen a estos últimos estrechamente vigilados, y que acrecen, por tanto, de la red de seguridad que para los pequeños ahorradores supone la existencia del Fondo de Garantía de Depósitos.

Y no sólo eso. Al igual que los bancos podían en 1907 promover y ser accionistas de los truts, los bancos actuales son promotores de hedge funds, a veces con escaso éxito (UBS ha tenido por esa causa fuertes pérdidas este año) cuando no se convierten ellos mismos en cuasi hedge funds (tal es el caso del banco de negocios norteamericano Goldman Sachs). De ahí que desde los ámbitos más variados se esté reclamando con insistencia la reglamentación de este tipo de vehículos de inversión, citando como aviso para navegantes los problemas en los que un hedge funds metió al sistema financiero norteamericano y mundial en 1998 (Crespo 2007:2).

2.8) ENFATIZADA

El uso de dos puntos parece cuestionable, pues suele este signo sustituir al nexo (pero, o cualquiera con sentido adversativo, incluida y). No hemos encontrado casos, aunque ensayaremos uno:

Las viejas modas siempre vuelven: y no sólo en la vestimenta, sino hasta en los comportamientos sociales (ejemplo manipulado de Román 2007: 60).

Sin embargo, hemos encontrado un ejemplo en que se crea cierta distancia, o se produce cierto guiño de inteligencia, usando puntos suspensivos previos:

Al fin y al cabo, este diputado y funambulista chino de 35 años, considerado el mejor especialista mundial en andar sobre la cuerda floja (… y no sólo política), ya se ha roto la crisma en unas cuantas ocasiones (Hernández Velasco 2007: 68).

3) QUE NO...

Según Manuel Seco (1999: 3762), que no “pone de relieve la idea que precede, contraponiéndola a otra que sigue”. Por ejemplo: Hermana melliza, que no gemela. Por su parte, Santos Río (2003: 554) se refiera a que no como “amalgama de que coordinativo con no subjúntico de rechazo”. Además, menciona un que “de rechazo”, y lo explica así (Santos Río 2003: 552): «En contexto más o menos emotivo, se emplea como conjunción coordinativa con sentido primordial copulativo (como y), pero con adherencia contrastiva y vagamente causal-explicativa (como en No son “camellos”, que son dromedarios)».

Santos Río (2003: 552) también se refiere al valor pragmático de esta construcción, como «de reacción ante (o de salida de paso de) lo que el hablante supone pensado, pensable, sospechado, proferido o esperado en el contexto, lo cual se sintetiza en el sintagma que sigue a que no». Tras afirmar que impone un «contexto nítida o borrosamente polifónico», comenta un ejemplo: «Justicia pido, que no perdón —se dice, se espera, se ha sugerido, podría alguien pensar, anda el rumor (de) que va a pedir perdón o de que debería pedirlo—».

Por su parte, Grijelmo (2006: 325) observa que «algunas gramáticas suprimen la conjunción que en la relación de las copulativas» (que con «la misma función que y»):

Fue Hernández, que no Fernández, quien pidió permiso.

(Fue Hernández, y no Fernández, quien pidió permiso).

Parece, pues, que, en algún momento, alguien decidió suprimir que, de la tradicional lista de copulativas (y, e, ni, que); sin embargo, como se puede ver por nuestros ejemplos, no es una construcción que haya desaparecido de los usos del siglo XXI.

3.1) CON COMAS

Como venimos advirtiendo en los casos de las construcciones anteriores, quizás en interior de frase, a no ser que se trate de segmentos muy cortos, la coma no sea la forma más adecuada de puntuar:

Se había promulgado una Constitución (1876) conciliadora, con el aparejo de una legislación —y una práctica— electorales que procuraban integrar, que no exterminar, al rival (Varela Ortega 1998: 62).

Tenemos que llegar a 1946, en pleno apogeo del triunfalismo franquista, para que una casa española, la emblemática Cifesa, se decida a enfrentarse a los gigantes, que no molinos, que suponen llevar el clásico intocable [Don Quijote] al cine (España 2005: 47).

La justicia, que no la misericordia, es la finalidad de todo juicio… (Hanna Arendt; en Ekaizer 2006: 2).

Lo cierto es que, en ocasiones, más fácil es hablar con un toro que con un taurino; razonar con un atitaurino progre, que no de izquierdas, es decididamente imposible (Villán 2006: 38).

Pero él es bueno, que no tonto, y sólo fuma donde puede hacerlo, y donde no, se aguanta, o se sale a la calle para no molestar a nadie (Grandes 2007: 88).

Sin embargo, a final de enunciado, no plantea mayor problema, como puede verse en este ejemplo:

Se reconocía así el talento de Skármeta para el cuento, género breve, que no menor (Herrera 2004: 54).

3.2) CON RAYAS

Con este signo encontramos segmentos muy cortos, de tres o cuatro palabras,

También ha sido el primero en iniciar, con la autorización de la UE, una campaña de vacunaciones en alrededor de 365 municipios cercanos a los humedales de los departamentos de Vendèe, Loire Atlantique y Las Landas para reducir —que no evitar— posibles contagios de aves migratorias (Marín 2006: 46).

No queremos decir que el pretorianismo troglodítico que últimamente acaudillaba el paisano —que no civil— La Cierva, se propusiera romper la neutralidad de España a favor de los Imperios Centrales (Unamuno 2006: 232).

Las víctimas somos sujetos políticos —que no partidarios—, no meros objetos de piedad sin opiniones (Ulayar 2007:2).

Y de ese modo, el año 754 del calendario juliano, que era el romano reformado por Julio César, se convirtió en año 1 —que no año 0— del nuevo calendario cristiano (Pérez-Reverte 2001: 107).

La Religión, como asignatura, se ajusta más —que no del todo— a los Acuerdos con la Santa Sede: Religión confesional con distintas opciones, y no confesional para los que la deseen (Cierva 2006: 19).

También encontramos otros ejemplos más extensos y con comas en su interior:

Este comentario —que no crítica, pues el género me abandona— podría ser una necrológica retrasada, pues Claude Simon nos abandonó el 6 de junio del año pasado a los 91 años, pero aprovecho para hilvanar la publicación de este gran volumen de la Bibliothèque de la Plèiade, que incluye un buen muestrario de su obra […] (Conte 2006: 4).

Y me siento llena de confianza, aunque, por si acaso, ruego a los dioses de las bellezas naturales que nos ayuden a que entre todos seamos capaces de preservar el esplendor verde y multicolor —que no negro, maestro— de nuestra región (Caso 2006: 2).

Mejora nuestra salud física —que no psíquica, esos nervios— a la fuerza, aumenta el papel tutelar y paternal del Estado, menguan las posibilidades del libre acceso a los objetos de nuestros deseos y se extiende el imperio del mando electrónico o, lo que es lo mismo, del mando de la electrónica, de la hegemonía de la tecnología, de la necesidad creciente de, para significarnos y complicarnos, según, depender de los chispazos de la energía, que son la auténtica chispa de nuestras vidas (Hidalgo 2007C: 2).

3.3) CON PARÉNTESIS

Así, por ejemplo, es discutible anteponer reducciones adicionales de impuestos (que no la muy necesaria simplificación de los mismos) al fortalecimiento de la muy precaria base capital, público y privado, de nuestra economía, a la acumulación de conocimiento o a la urgente eliminación de los obstáculos que siguen limitando la creación de empresas (Ontiveros (2006: 13).

El observador del libro (que no lector; la ausencia de escritura es total) ve desfilar parejas besándose, accidentes de tráfico, amaneceres, mimos, prostitutas… (Varela 2006: 31).

El Ejecutivo, difícil de conseguir y quizás el único posible dada la realidad social de la zona (que no forzosamente el mejor), tiene ahora que poder trabajar (Verza 2007: 35).

A estos rememoristas (que no regeneracionistas) les falta dar con la ficha político-social de la abuelita de Caperucita Roja, que, seguro, fue fusilada por su apellido (Prieto 2006: 4).

En el contexto de una frase muy corta, o con segmentos mínimos (tres palabras), los paréntesis enfatizan o resultan más visibles:

Discutí (que no peleé) con Blanca Gisbert, de Zarzuela (Rigalt 2006: 64).

Una semana sin que los niños vayan a comprar chuches, sin oír el ruidito de los petazetas (que no zetapetas) en la boca cariada de los infantes… (Huerta 2006: 2).

Necesitan [los niños] textos sencillos (que no pobres) y la ayuda de ilustraciones que les permitan “descansar” del esfuerzo de concentración y les ofrecen una lectura paralela muy significante (Fernández 2005: 14).

3.4) CON PARÉNTESIS EXTERNO

Por no haber encontrado ejemplos con este signo de puntuación (por otra parte, bastante infrecuente), reproducimos y manipulamos uno que originalmente era con la simple negación (no…) y con punto y coma:

Pero, al menos, se trata de una violencia descubierta, física, natural, con algo de esa dignidad mínima que tiene la violencia entre los animales, que se atacan y entremetan sólo obedeciendo a la ley primera de la vida —la de sobrevivir—. (Que no de la violencia solapada, ciudadana, civilizada, institucionalizada en leyes, códigos, sistemas, contra la que no hay defensa pues carece de cuerpo y de cara) (ejemplo manipulado en su puntuación a partir de Vargas Llosa 1986: 302).

3.5) CON PUNTO Y COMA

Se hacen populares [Goya, doña Leocadia y Rosarito Weiss] por las calles de Burdeos […] Otra trinidad en la tierra. Ésta simpática, graciosa, inocente; que no la de la corte de Carlos IV (Encina 1966: 163).

3.6) CON PUNTO

Pero, al menos, se trata de una violencia descubierta, física, natural, con algo de esa dignidad mínima que tiene la violencia entre los animales, que se atacan y entremetan sólo obedeciendo a la ley primera de la vida —la de sobrevivir—. Que no de la violencia solapada, ciudadana, civilizada, institucionalizada en leyes, códigos, sistemas, contra la que no hay defensa pues carece de cuerpo y de cara (ejemplo manipulado en su puntuación a partir de Vargas Llosa 1986: 302).

3.7) CON PUNTUACIÓN ENFATIZADORA

No hemos encontrado ningún ejemplo; proponemos:

Con Blanca Gisbert, de Zarzuela, discutí: que no peleé (ejemplo manipulado a partir de Rigalt 2006: 64).

4) YA QUE NO

Según Santos Ríos (2003: 662), esta construcción «encabeza cláusulas concesivas no hipotéticas, y normalmente no de las que tienen que ver con los hechos sino con los reconocimientos y admisiones de los mismos». Por su parte, María Moliner (1987: 1562) se refiere a ya que no como “expresión transactiva”; es decir, como “cierta forma de concesión”, relacionada “con las atenuativas, las correctivas y las restrictivas”. Nosotros, la incluimos en este trabajo pues creemos en su cercanía con las negativas correctivas; y los ejemplos que proponemos nos parece que así lo atestiguan. De todas formas, estas construcciones siguen las mismas tendencias de puntuación que las correctivas de los tres primeros apartados de este trabajo.

4.1) CON COMAS

Casos de segmentos antepuestos:

Ya que no cautivar el corazón de la joven, supo el maduro galán mover con hábil pulso resortes de su fantasía, y producir con ellos un estado de pasión falsificada, que para él, ocasionalmente, a la verdad se parecía (Pérez Galdós 1982: 26).

—Y ahora, ¿comemos? ¿Tienes ganita? ¿Qué no? Pues, hija, hay que hacer un esfuerzo. Ya que no otra cosa, el caldo y la copita de jerez (Pérez Galdós 1982: 123).

Casos de segmentos en interior de frase:

Una asignatura de “educación para la ciudadanía” sin filosofía puede fácilmente convertirse en un cuerpo de doctrina que compendie las tesis políticamente correctas del momento sobre democracia y derechos humanos, amén de aprendizaje y recitación del (visto como) casi sagrado texto constitucional; algo, como muchos han dicho, comparable en la forma, ya que no en el fondo, a aquella Formación del espíritu nacional que quienes somos ya ciudadanos veteranos padecimos décadas atrás (Peña 2005: 19).

Las bandolinas rejuvenecen nuestro espíritu, ya que no nuestros músculos, menos ágiles que los de los bailarines que nos precedieron (Gironella 1984: 332).

Casos de segmentos al final de frase:

Empezaban a entrar a casa cartitas y a desarrollarse esas intrigüelas inocentes que son juegos de amor, ya que no el amor mismo (Pérez Galdós 2005: 58).

Nunca había sido él muy religioso; pero aquella noche parecíale desacato y aun ingratitud no consagrar a la divinidad un pensamiento, ya que no una oración (Pérez Galdós 2005: 357).

Eres la persona que más quiero en el mundo, y es preciso que vengas tras de mí, ya que no conmigo (Pérez Galdós 2004: 402).

4.2) CON RAYAS

Aunque, para desenvoltura, la de su oponente Baltasar Garzón, últimamente especializado en dar tumbos doctrinales en la consideración de la izquierda abertzale, excursión en la que no le acompaña, sino todo lo contrario, quien fuera su sustituto temporal, el inefable —ya que no infalible— Grande-Marlaska, con k de kiosco (Ortiz 2007: 2).

La Sra. Condesa-Duquesa de Benavente y Osuna —[cuadro de Goya de] hacia 1788—, según lady Holland —The Spanish Journal— “la dama más distinguida —en tiempos de Goya— de Madrid por su ingenio, mérito y gusto”, amiga de la buena música, de las buenas letras y del buen toreo, mujer de rango espiritual —ya que no biológico—, bien superior a la de Alba, su amiga, muéstrase en este retrato —de exquisito estilo, pero un si es no es gradoso en los grises— con un cierto aire enigmático y caprino (Encina 1966: 72-73).

Las leyes del azar dispusieron que nos acordáramos de aquella historia el día antes de que Fuentes rindiera tributo, con un discurso extraordinario, al colombiano desconocido que hace cuarenta años escribió Cien años de soledad y que tardaría ocho más en publicar La sombra del patriarca, en la que alienta la sombra —ya que no la historia— del dictador venezolano Juan Vicente Gómez (Martínez 2007: 19).

4.3) CON PARÉNTESIS

Ya fue demasiado tardía y tibia su reacción al atentado, midiendo cada palabra, incapaz de darse cuenta de que ese día debía dar confianza al pueblo (ya que no esperanza) (Rey 2007: 22).

4.4) CON PARÉNTESIS EXTERNO, CON PUNTO Y COMA Y CON PUNTO

Al no encontrar ejemplos con estos signos, ofrecemos unos manipulados:

Pero, al menos, se trata de una violencia descubierta, física, natural, con algo de esa dignidad mínima que tiene la violencia entre los animales, que se atacan y entremetan sólo obedeciendo a la ley primera de la vida. (Ya que no de la violencia solapada, ciudadana, civilizada, institucionalizada en leyes, códigos, sistemas, contra la que no hay defensa pues carece de cuerpo y de cara) (ejemplo manipulado en el tipo de nexo y en la puntuación, a partir de Vargas Llosa 1986: 302).

Pero, al menos, se trata de una violencia descubierta, física, natural, con algo de esa dignidad mínima que tiene la violencia entre los animales, que se atacan y entremetan sólo obedeciendo a la ley primera de la vida; ya que no de la violencia solapada, ciudadana, civilizada, institucionalizada en leyes, códigos, sistemas, contra la que no hay defensa pues carece de cuerpo y de cara (ejemplo manipulado en el tipo de nexo y en la puntuación, a partir de Vargas Llosa 1986: 302).

Pero, al menos, se trata de una violencia descubierta, física, natural, con algo de esa dignidad mínima que tiene la violencia entre los animales, que se atacan y entremetan sólo obedeciendo a la ley primera de la vida. Ya que no de la violencia solapada, ciudadana, civilizada, institucionalizada en leyes, códigos, sistemas, contra la que no hay defensa pues carece de cuerpo y de cara (ejemplo manipulado en el tipo de nexo y en la puntuación, a partir de Vargas Llosa 1986: 302).

4.5) ENFATIZADA

Como tampoco hemos encontrado ejemplos de esta construcción, recreamos uno:

Ya fue demasiado tardía y tibia su reacción al atentado, midiendo cada palabra, incapaz de darse cuenta de que ese día debía dar confianza al pueblo: ya que no esperanza (ejemplo manipulado a partir de Rey 2007: 22).

 

III. OTRAS FORMAS NEGATIVAS SIMILARES

Muy cercanas a las formas correctivas estudiadas (no.., y no.., etc.) están ciertas construcciones que vamos a ver en los dos apartados siguientes: segmentos encabezados por pronombres, adverbios y otros elementos negativos (que compensan la ausencia del adverbio no); y construcciones con proposiciones.

1. Con pronombres, adverbios y otros elementos negativos

Como acabamos de decir, el valor negativo de las construcciones correctivas que nos ocupan se encuentra implícito dentro de otros elementos (pronombres, adverbios, etc.); un ejemplo:

Buenafuente […] ha decidido que, efectivamente, los locos son útiles. Casi necesarios en el noble arte de hacer olvidar al español medio sus quehaceres (nunca placeres) diarios (Rodríguez 2006: 61).

… hacer olvidar al español medio sus quehaceres (no placeres) diarios.

… hacer olvidar al español medio sus quehaceres (y no placeres) diarios.

… hacer olvidar al español medio sus quehaceres (que no placeres) diarios.

… hacer olvidar al español medio sus quehaceres (ya que no placeres) diarios.

Hemos sustituido nunca por los otros elementos correctivos, no por considerarlos sinónimos en cuanto a su contenido (que, con ello, queda empobrecido), sino para comprobar la cercanía de su significado y su función. Otros ejemplos con diversas puntuaciones:

La novedad de esta edición de bolsillo radica en la belleza de la traducción, que mejora la única versión castellana anterior —en modo alguno desdeñable—, del escritor mallorquín Mario Verdaguer (Moreno Claros 2006: 15).

Dos únicos profesionales —nadie más—, el cocinero Rafael Peña y su esposa, Mireia Navarro, gestionan este restaurante inaugurado hace seis meses en Barcelona (Capel 2006B: 18).

La proliferación y enriquecimiento de la recadería privada es el lógico e inapelable reflejo de la situación que padecemos: tardanza inaudita de las cartas, con burla de la tarifa urgente, que no suele servir de nada o aun para retrasarlas; extravíos o más bien sustracciones continuas de los paquetes de algún valor […]; colas interminables en las remotas estafetas a que nos hacen ir en peregrinaje —nunca a la más cercana— para recoger cualquier paquetito de nada; malos modos generalizados en ellas; repartos escasos y a la hora que cada día le convenga al cartero (Marías 1997: 84)

La pasión de los negocios recorría sus venas y un día, leyendo un artículo en un periódico, tomó la decisión de dar un paso adelante y abrir en el centro de Londres un milk bar, una suerte de establecimiento donde los jóvenes de la época se reunían a charlar mientras se tomaban algo —jamás alcohol— y escuchaban los últimos éxitos musicales del momento (Mas 2007: 6).

Las autoridades turcas siempre se han resistido a reconocer al Papa como líder religioso, considerándolo únicamente como el jefe del Estado vaticano (jamás de la Santa Sede) (Hernández Velasco 2006: 30).

También [la decadencia de la ciudad] explica que la otra gran manifestación artística de los godos, la orfebrería, resplandezca en tesorillos y piezas que se encuentran en el campo, nunca en grandes ciudades: las coronas votivas de Guarrazar (Toledo) o las bellísimas cruces de Torredonjimeno (Jaén) (Eslava Galán 2006: 103).

La única manera de frenarlos [a los políticos] es tomar parte y optar por quienes nos parezcan un poquito menos malos o deshonestos, o, si no notamos diferencias entre los candidatos, por quienes más horripilen a los mencionados alcaldes y constructores, por los que a ellos les revienten más. (Y, en todo caso, nunca por quienes ya estén acusados de corrupción y bajo sospecha) (Marías 2007C: 118).

2. Construcciones con verbos

Como ya vimos arriba, según Santos Río (2003: 552), “la expresión que sigue a que suele tener función pragmática de reacción ante (o de salida de paso de) lo que el hablante supone pensado, pensable, sospechado, proferido o esperado en el contexto”. Esto lo podemos ver, quizás más claramente, en este ejemplo, aunque de carácter proposicional:

Joe Hunter —no confundir con Ivory Joe Hunter— cursó lecciones de piano a muy temprana edad, mostrando un interés dispar tanto sobre la música de Rachmaninov como la de Nat King Cole (Sanz 2007: 8).

En este caso, la estructura encabezada por verbo podría transformarse fácilmente en las construcciones correctivas vistas. Por ejemplo:

Joe Hunter —no Ivory Joe Hunter— cursó lecciones de piano a muy temprana edad.

Joe Hunter —y no Ivory Joe Hunter— cursó lecciones de piano…

Joe Hunter —que no Ivory Joe Hunter— cursó lecciones de piano…

Otros ejemplos con diversos verbos y diversas formas de puntuar:

Arrideo, el Somatophylax —no confundir con Filipo Arrideo—, se ocupó del traslado; según se dice, condujo el cadáver de Alejandro en una comitiva fúnebre de gran suntuosidad (Rader 2006: 174).

Este Real Madrid trifásico que está simultáneamente muerto, moribundo y vivo debería despedir a Pedja Mijatovic y ponerse en manos de Grigori Perelman (no confundir con Dimitri Piterman) (Toro 2007: 20).

Estos hombres pertenecen a la zona de la herencia comunista de la escasez y la pobreza. A la torpeza congénita del sistema. Nada que ver con la intriga política (Rivero 2006: 58).

Mi corresponsal volvía a disculparse (“A pesar de todo, le envío esta carta confiando en que eso sea lo que debo hacer”) y se despedía. Nada que ver, desde luego, con la insistencia casi impertinente del gran Sir Arthutr Conan Doyle ante la atribulada Jessie Conrad. (Marías 2006B: 106).

Incluimos aquí también ciertas proposiciones con el verbo decir, que incluyen lítotes. Algunos ejemplos de puntuación con uso de diversos signos de las diferentes escalas:

Es también un buen momento para pedir disculpas, incluso perdón si fuera necesario, a quienes de una de una u otra forma hayamos podido “maltratar”, ya no digo ofender, o simplemente criticar, sin razón (Valero 2006: 3).

La [historia] de los buenos, cultos, pacíficos ciudadanos de un antiguo país que un día se convirtieron en lobos feroces y comenzaron a destrozar a dentelladas, o a dejar que otros hicieran por ellos el trabajo, ante la sorpresa y la estupidez —para no decir la complicidad— de mundo entero, a quienes no podían defenderse (Vargas Llosa 1986: 104).

Todas las comparaciones son feísimas, pero si a alguien se le ocurriera medir la proporción entre el número de ejemplares de Marca vendidos en un año y la cantidad de libros de poesía adquiridos (ya no digo leídos) por el españolito que vienes al mundo te guarde Dios, seguro que la cifra helaría el corazón (J. M. Fernández 2007: 2).

No les importa que los argumentos manejados por sus jefes de fila sean más o menos coherentes, sólidos y rigurosos (no digamos ya científicos) (Ortiz 2007B: 7).

Al fin y al cabo el año que viene hay elecciones legislativas en Turquía […]. Lo que también explicaría la ausencia (por no decir espantada) de las principales figuras políticas turcas coincidiendo con la visita del Pontífice (Hernández Velasco 2006: 30).

Declaro formalmente que la única manera como uno podía liberarse del adocenamiento intelectual (para no decir la idiotez) era convirtiéndose en una máquina de traducir (que traduce, pero no se entera de los que traduce) (Vargas Llosa 1986: 257).

Soy de pueblo. No lo puedo evitar. Y mis razonamientos son simples (que no quiere decir tontos, sino cargados de sentido común) (Llamero 2006: 25).

Nos vemos obligados a hacer mil gestiones y a cumplir con mil requisitos para cualquier nadería, como lo es a estas alturas comprarse o mantener un coche; no digamos para asuntos de mayor complicación, como adquirir o alquilar una casa, ejercer cualquier profesión o montar un negocio (María 2007B: 106).

Un vistazo a lo que se publica o un repaso a nuestras carteleras bastarán para descubrir los temas que mayoritariamente ocupan a nuestros escritores y directores de cine, con las excepciones de rigor de siempre. Y no digamos a la televisión, un medio que parece dedicado a abotargar al espectador en lugar de a despertarlo de su sueño (Llamazares 2007: 15).

 

IV. CIERRE

Agradecemos la lectura de este trabajo, y esperamos que, a pesar de todas sus limitaciones, sirva de algo a nuestro paciente lector.

 

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© Miguel Ángel de la Fuente González 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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