Papel de Estraza siglo XX: la poesía de Zoila M. Cuevas Paralizábal

Juan Carlos Hernández Cuevas

Universidad de Alicante


 

   
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Resumen: Papel de Estraza adquirió una posición de vanguardia al convertirse en un foro literario abierto e independiente a las ayudas oficiales y filantrópicas. A finales del siglo XX, Cuevas Paralizábal reflexiona sobre la condición de la mujer mexicana que desde el hogar, la fábrica, el agro, la oficina, calle o podio universitario, continúa luchando con el propósito de reivindicar su derecho a ser y estar dignamente en el sitio al que fuerzas fuera de su control la han arrojado a través de las centurias y la historia. Su obra poética de-construye grano a grano la falocracia racista, diseñada e impuesta por el colonialismo europeo primero, y reciclada y reimpuesta por el imperialismo norteamericano mediante varios canales de control y persuasión de masas.
Palabras clave: revistas literarias mexicanas, poesía mexicana, 'Papel de Estraza' (1975-1986)

 

¡Qué frío es caminar
al sol vivo
en una ciudad que al progresar,
se deshumaniza!
                Alfredo Gutiérrez y Falcón

Uno de los segmentos menos conocidos de la poesía finisecular del siglo XX está contenido en las páginas de la revista mexicana Papel de Estraza (1975-1986), cuyas colaboraciones provinieron -casi todas- de catedráticos, periodistas y profesores egresados de la Escuela Nacional de Maestros y Escuela Normal Superior de la ciudad de México. El grupo literario Papel de Estraza estuvo integrado por sus fundadores Efraín Huítzil López y Alfredo Gutiérrez y Falcón; María Marcela González Urrutia, Fernando Escopinichi Osuna, Guillermo Augusto García Cuevas, Gildardo Martínez Torres, Emilio B. Garzón, Simonetta de Iss, Lino Juárez Méndez, José Torres Juárez, Alicia Valdés y Gutiérrez, Lilia Rebolledo Mendoza, Zoila Mercedes Cuevas Paralizábal, Juan Padrón, Carlos Álvarez Cervantes, Miguel Bustos Cerecedo, Arcadio Noguera Vergara, Guillermo Augusto García y Otto Raúl González. A diferencia de otras revistas -advierte el prólogo de la edición poética antológica 100- [1] Papel de Estraza adquirió una posición de vanguardia al convertirse en un foro literario abierto e independiente a las ayudas oficiales y filantrópicas. Es más, ésta sobrevivió por más de una década gracias a las contribuciones económicas de maestros y amigos, tal y como testimonia uno de ellos:

¿Cómo es posible que en México, en plena crisis, pueda sobrepujar una revista literaria como PAPEL DE ESTRAZA, sin mecenas, sin subsidios, sin protección oficial y huérfana permanente de dineros? ¿En México, donde todo puede suceder, menos la protección a la cultura? Y todavía menos si consideramos la nómina integrada por maestros en servicio, sin más patrimonio que su soledad interior ni más tesoro que su increíble capacidad para soñar. (Papel de Estraza 100: 99)

La función más significativa del grupo fue su generosidad incondicional para dar a conocer poetas inéditos o escasamente difundidos, quienes viéndose confinados al ostracismo ideológico, social, étnico o de género, encontraron una tribuna para manifestar su capacidad literaria y entablar un diálogo continuo y directo con alumnos, profesores y otros sectores del pueblo mexicano que deseaban leer a los creadores de un discurso alterno a los grupos de escritores protegidos por el canon literario y el PRI: Partido Revolucionario Institucional (1946). Pese a las presiones económicas e indolencia de la crítica literaria, la revista fue apoyada con colaboraciones de los poetas de estatura internacional: Miguel Bustos Cerecedo, Otto Raúl González y Ricardo Sánchez. [2]

Entre las páginas de Papel de Estraza, cabe destacar la obra poética de la profesora Zoila Mercedes Cuevas Paralizábal (1931-2006), cuya raíz intelectual se remonta a Sor Juana Inés de la Cruz, quien en el siglo XVII abogaba por los derechos culturales de la mujer novohispana, aunque dentro de una dimensión en la cual las mujeres de color, no eran consideradas ciudadanas. A finales del siglo XX, Cuevas Paralizábal reflexiona sobre la condición de la mujer mexicana que desde el hogar, la fábrica, el agro, la oficina, calle o podio universitario, continúa luchando con el propósito de reivindicar su derecho a ser y estar dignamente en el sitio al que fuerzas fuera de su control la han arrojado a través de las centurias y la historia. Su obra poética de-construye grano a grano la falocracia racista, diseñada e impuesta por el colonialismo europeo primero, y reciclada y reimpuesta por el imperialismo norteamericano mediante varios canales de control y persuasión de masas.

Cuevas Paralizábal no se parapeta en el discurso latinoamericano moderno de “clases sociales” que camufla el racismo, sexismo y la intolerancia religiosa coloniales que perviven hasta el presente. Contraria a la voz de sus antecesoras y coetáneas, quienes desde las alturas de la torre de marfil del canon literario se suponen defensoras de los de abajo, la voz poética subversiva de Cuevas Paralizábal surge y emana desde “Esa tierra agreste que hoy fructifica” [3] en las conciencias forjadas de los legítimos hijos de la revolución que la oligarquía pretende mantener sin voz ni gracia y tratar como inferiores. Exalta el campo de batalla chinaco [4] en donde “los cuerpos morenos agitados” de un “puño de valientes” empolvados, sudorosos, fatigados, aterrados son los protagonistas de “cruentas y continuas” batallas por una “tierra prometida” cuyos surcos han sido sembrados a lo largo de quinientos años de coloniaje, esclavaje, y guerras mezquinas con “cuerpos campesinos” que han venido forjando un espacio de “Tierra y Libertad” para todos, acorde a la sabiduría milenaria heredada de los ancestros indígenas y bantúes, la cual es médula del ethos mexicano revolucionario plagiado por los criollos durante la fase cultural de la Revolución Mexicana: 1921-1968. [5]

La autora versifica con libertad los temas clásicos poéticos del amor, vida, muerte, naturaleza, Dios, el tiempo, y crea así un estilo que revela inconformidad, sustentada por el análisis del entorno social capitalino.

Hoy he sentido más que nunca
la insidia inherente a mi sexo,
la divina invalidez del desvalido.
La esterilidad e ineficacia de las leyes que rigen el mundo aparente de los hombres,
el impulso exacerbado hasta
romper con la armonía que nos rige,
el imperativo de gritar y ser oído
en el ámbito que nos circunda.
Hoy he sentido más que nunca
la burla y el escarnio manifiesto
en la vasta incomprensión de los humanos, el aherrojamiento férreo de los goznes [. . .]
la inútil voz de la conciencia,
la escala de valores suprimida
la dignidad humana arrodillada
al no darse a entender con los vocablos,
la no identificación de los lenguajes [...] (74: 17-18)

Es importante destacar que este poemario no excluye la coparticipación del hombre en la emancipación del género humano, y discurre progresivamente en la intimidad afectiva de la autora que a partir de su propia insuficiencia y condición de emigrante de Villa Hermosa, Tabasco a la capital mexicana en los años treinta, anhela infructuosamente y en plena madurez intelectual, el encuentro y unión sublime con el ser amado, inconsciente de su propia realidad social, entre millones de congéneres urbanos. Una situación patente en “Compañero”:

Detén un momento tu marcha, compañero
ahora vuelve tu rostro a contemplarme,
no esquives más mi mirada, sé sincero,
acepta mi mente, mis palabras,
no soy ya la sombra de hace siglos.

Por derecho soy tu igual, no me rechaces,
derriba el muro de ayer, que hoy nos separa,
hay mucho por hacer en este mundo de penurias,
estrecha la mano cordial que te aproximo;
y emprendamos juntos la lucha, compañero. (74: 10)

Zoila Cuevas es una poetisa lírica que emerge en un ámbito literario muy complejo, en el cual, la producción poética femenina de la época tiene como antecedente las aportaciones de Concha Urquiza Margarita Michelena, Guadalupe Amor, Dolores Castro, Enriqueta Ochoa, Gloria Riesta, Emma Godoy, Rosario Castellanos, Margarita Paz Paredes; las exiliadas españolas Ernestina de Champourcín, Concha Méndez y Nuria Parés, quienes se establecieron independientes, pero no ajenas, a los movimientos, vanguardias y revistas literarias del siglo XX, integradas por modernistas, ateneístas, colonialistas, estridentistas, contemporáneos, el exilio español y grupos literarios posteriores, que asimismo y en conjunto influyeron en la formación académica de Cuevas Paralizábal en la Escuela Normal de Señoritas y la Normal Superior de México: instituciones que le otorgaron los títulos de profesora de educación primaria y Maestra en Lengua y Literatura Españolas. En ambas escuelas, ejercían el magisterio escritores, colegas o discípulos de las generaciones que conforman las letras mexicanas del siglo anterior. Entre ellos, la maestra Emma Godoy dejó un acervo indeleble en la educación literaria de Zoila Cuevas, cuya pluma se unió a la de sus mentores y colegas para protestar la matanza gubernamental del 10 de junio de 1971, ocurrida en las inmediaciones de las escuelas normales: un hecho conmemorado en el poema “Diez de Junio”: “En recuerdo de los compañeros fallecidos en esta fecha”.

En días de lluvia como éste
en que el agua,
apaga el sofocante verano,
mi alma se sienta contemplar
el ritmo de la gente que transita
y mi mente se agita al recordar
la lucha y masacre en esta fecha,
la sangre derramada en ese día,
la protesta viril sacrificada,
los jóvenes ideales aplastados. (74: 11)

La obra de Cuevas Paralizábal se incorpora a la pléyade de poetas mexicanos que completan estéticamente el ciclo iniciado a principios de siglo XX. Son determinantes en su formación intelectual, las corrientes, grupos y vanguardias literarias entronizadas en la capital; la Revolución Mexicana de 1910, el asentamiento del PRI -promotor de la acelerada corrupción gubernamental y deshumanizante industrialización del Distrito Federal-, los movimientos reprimidos de ferrocarrileros, maestros, guerrillas y estudiantes. Para ella, la poesía es instrumento de liberación social, una invitación abierta que debe contrarrestar los efectos de la premeditada y bárbara modernización urbana; idea perceptible en “¿A dónde vas?”:

Tu ausencia de valor me estremece
carente de ilusiones hoy te muestras
los conceptos de la vida, atrofiados
sin querer reconocer que en cualquier tiempo
se lucha por conquistar ideales propios.
No sigas destilando amargura
decídete a enfrentar la vida
aparta la indolencia que te ahoga [...] (100: 24)

José Emilio Pacheco ha comentado que en la primera década, la ciudad de México se convirtió en capital del modernismo (1: XLVII) donde y simultáneamente coexisten poetas que continuaban buscando nuevas formas de expresión en el haikai [6]. El modernismo se distingue en ser la primera corriente de Hispanoamérica que tuvo una dimensión literaria internacional. Los modernistas renuevan el lenguaje y proveen a la poesía con universalidad y ambientes exóticos:

Cultivaron juegos de sinestesias, evocaciones helenísticas, el rococó del siglo XVIII, japonesismos y chinerías y símbolos de aristocracia como el cisne o la flor de lis [...] (Anderson 1: 363)

El estallido de la Revolución Mexicana coincide con la fundación del Ateneo de la Juventud que, a través de su programa predominantemente eurocéntrico, influye en la conformación de la cultura oficial contemporánea y la educación en México:

interés por el conocimiento y estudio de la cultura mexicana, en primer término; interés por las literaturas española e inglesa y por la cultura clásica-además de la francesa ya atendida desde el romanticismo-; interés por los nuevos métodos críticos para el examen de las obras literarias y filosóficas; interés por el pensamiento universal que podía mostrarnos la propia medida y capacidad de nuestro espíritu; interés por la integración de la disciplina cultivada, en el cuadro general de las disciplinas del espíritu. (Martínez 4-5)

Al mismo tiempo, la obra poética del ateneísta Alfonso Reyes, escrita y publicada en Madrid, coadyuvó a engrandecer la dimensión de la poesía mexicana en Iberoamérica.

En la década de los veinte, el estridentismo se convierte en un movimiento poético que su líder Manuel Maples Arce define: “El estridentismo no es una escuela, ni una tendencia, ni una mafia intelectual, como las que aquí se estilan; el estridentismo es una razón de estrategia. Un gesto. Una irrupción” (Schneider 66). Los Estridentistas publicaron manifiestos y las revistas Irradiador (1921-1923) y Horizonte (Jalapa, 1926-1927). Además de Arce, sus principales animadores fueron Arqueles Vela, Germán List Arzubide, Luis, Quintanilla y Salvador Gallardo:

Sus primeros trabajos literarios -poemas, relatos, ensayos- fueron de reacción contra la literatura y particularmente la poesía en boga, al mismo tiempo que convocaban a los nuevos escritores a la revolución poética. (Martínez 29)

Recientemente, Jaime Labastida ha indicado algunas características del programa estridentista:

Los Estridentistas surgieron en México con un ímpetu renovador, al propio tiempo estético y político. Intentan desarrollar una poesía en la que se funde la revolución social con la literaria. Rompen moldes. Espantan, aterran. (122)

Los Contemporáneos (1928-1931), reunidos en la revista que designa al grupo, cultivaron el teatro, el ensayo, la crítica, la narrativa, y particularmente la poesía. Con respecto a su actividad literaria, Andrés Henestrosa asienta:

Este grupo -el de Contemporáneos- representaba entonces una tendencia que procuraba incorporar la literatura occidental a la propia, principalmente la francesa, por el lado de Xavier [Villaurrutia] y Jaime Torres Bodet, y la inglesa por el lado de Salvador Novo. (INBA 131)

En contraposición al Estridentismo, denotan una marcada indiferencia ante el medio ambiente de México: “los desprecian por igual las derechas conservadoras de los veinte que las izquierdas militantes de los treinta” (Palou 239). Los Contemporáneos Carlos Pellicer, Bernardo Ortíz de Montellano, Jaime Torres Bodet, Enrique González Rojo, José Gorostiza y otros, integraron en 1919 un segundo Ateneo de la Juventud. Su expresión literaria quedó contenida en la antología Ocho poetas (1923).

En la capital mexicana, y a través del siglo, continuará imperando un ambiente literario antagónico que congrega a poetas de diversas generaciones e ideologías en las revistas literarias Revista Moderna (1870-1919), Pegaso (1917-1918), Falange (1922-1923), Ulises (1927-1928), Contemporáneos (1928-1931), Taller Poético (1936-1938), Taller (1938-1941), Rueca (1941-1952), Cuadernos Americanos (1942), Letras de México (1937-1947), Ábside (1937-1978), Tierra Nueva (1940-1942), El Hijo Pródigo (1943-1946), Universidad de México (1946), Revista Mexicana de Literatura (1955-1965), Cuadernos de Bellas Artes (1960-1964), los suplementos culturales México en la Cultura (1949-1961), La Cultura en México (1962-1972), La Gaceta (1971) del Fondo de Cultura Económica, Plural (1971-1976) , Vuelta (1976-1998) y otras. El Hijo Pródigo, explica Octavio Paz, reúne escritores de dos generaciones y tres revistas: Contemporáneos, Taller y Tierra Nueva (111). Los refugiados españoles crean las revistas España Peregrina (1940), Romance (1940-1941), El Pasajero (1943); la tercera época de Litoral (1944); Las Españas (1946-1956), Ultramar (1947), Clavileño (1948), Presencia (1948-1950), Segrel (1951), Sala de Espera (1948-1951), Los Sesenta (1964), Diálogos de las Españas (1957-1963), Diálogos (1964-1985), etc., y colaboran en un considerable número de revistas mexicanas.

Jesús Silva Herzog funda Cuadernos Americanos; y Octavio G. Barreda funge como editor de Letras de México e inaugura El Hijo Pródigo que publica a un respetable número de poetas. Según Francisco Caudet, y con base a las palabras de Octavio G. Barreda, la exclusión de Octavio Paz, Xavier Villaurrutia y Samuel Ramos en las colaboraciones de Cuadernos Americanos, creó un clima tenso. Hubo desacuerdos con el radicalismo americanista de Silva Herzog, y se acusaba a su revista de prestar poca atención “a lo europeo, la síntesis de lo nacional y lo universal” (163).

Durante aquel tiempo y ante la escasa difusión de la poesía escrita por mujeres, el exiliado español Max Aub conjunta en su Antología de la Poesía Mexicana (1950-1960), una selección de la poesía femenina del periodo literario que comprende a Margarita Michelena, Guadalupe Amor, Dolores Castro, Rosario Castellanos, Nuria Parés y Ernestina de Champourcín: representante de la “Generación del 27”. Es en esta atmósfera donde Zoila M. Cuevas siendo estudiante de la Escuela Normal Superior de México y alumna de Margarita Paz Paredes y Arqueles Vela, colabora en la revista Juglar (1977), y posteriormente en Papel de Estraza donde la mayoría de sus poemas aparecen en los volúmenes 62 y 74, con el rubro Poesía del Último Cuarto. El número 100 incluye una semblanza y siete poemas más, entre los que cabe destacar “Los hombres de 1910”: dedicado a su padre “Alejandro Cuevas Gómez, uno de los hombres de la Revolución”.

Me conmueve la lucha que arrostraron
el vívido terror de tantas veces,
el sudor, la fatiga derramados,
gota a gota por el polvo del camino.

Los cuerpos morenos agitados
cubiertos por la manta, casi harapos
abrojos y espinas a sus plantas

Los miembros ateridos, desgarrados
el grito ahogado en las gargantas:
de “Tierra y Libertad” [. . .]

Los surcos de esta “tierra prometida”
sembrados con los cuerpos campesinos
enlutose por meses y por años,
cubriendo amorosa a sus hijos [. . .] (100: 25)

La poesía de Cuevas Paralizábal es una invitación abierta a compenetrarse en la visión y sentimientos de la autora que ofrece aspectos biográficos y testimonio parcial de un tiempo convulso, en el cual contribuyó por más de tres décadas en calidad de profesora de educación primaria; lengua y literatura hispánicas en escuelas secundarias, Colegio de Bachilleres, y en los movimientos magisteriales independientes. En aquellos años amables y ásperos, la poesía fue para ella un mundo abierto y estimulante que surgía y conformaba disciplinadamente en sus cátedras y cuadernos que manifiestan su vasto conocimiento de la literatura universal y lengua española: aprovechados con el fin de sintetizar reflexiva y poéticamente sus vivencias cotidianas. En sus primeros poemas, hay un acento de alegría y dolor que parte del subjetivismo recreado en la musicalidad de los versos o calidades sensuales, plásticas y sensoriales, regidas por la ilación emotiva y el pensamiento. “Coplas” y “Horizonte” ejemplifican lo dicho:

I

Si yo no te conociera,
si yo no te amara así,
¿Qué haría?
¡Con tantos años de vida!
¿Qué haría?
¡Con esta pena mía!
¿Qué haría?
¡Con esta existencia mía! (62: 4)

El horizonte gris que me rodea
se torna azul cuando me miras,
escucho tu voz metálica en mi oído.
El alma vuelve a mi cuerpo
nuevamente.
Y la vida para mí toma conciencia. (62: 3)

La doble condición de ser mujer y mexicana, diría Rosario Castellanos, aflora en la segunda serie que profundiza en la realidad sociopolítica personal y colectiva, determinada por el tiempo, vida, muerte, la rebeldía y esperanza de una existencia decorosa. Esta creatividad desvela un acento de humanidad realzado por hermosas metáforas y otras figuras literarias que enriquecen la calidad expresiva de una poetisa del siglo XX, quien nos ofrece su sabia inconformidad, soledad y ternura en “Despierta mujer”:

Desde tu cuna mujer se te señala
el camino a seguir en esta vida,
te encasillan en un mundo de presiones,
es el molde a emular, el de tu madre.
Patrón cultural de hace diez siglos [. . .]
Si te atreves mujer a rebelarte
y levantas la cabeza desafiante
usando tu razón y tu derecho
¡Mil soplos de calumnia te acorralan!
Despierta mujer de tu letargo
intégrate a la realidad que te circunda [...] (74: 7)

Sus últimos poemas prosiguen temas anteriores, sin embargo, manifiestan una mayor profundidad filosófica que universaliza la visión poética personal, convirtiéndola en un libro abierto.

Entiendo que el vivir es aventura:
lanzados somos del mar de los ensueños,
de un oscuro, confortable mundo,
pasamos al real ... esplendente mar
de disturbios y emociones pasajeras [...]

Sentimos que la vida es nuestra,
el ciclo ... la etapa se repite,
nadamos en un mar de ilusiones,
condicionados para continuar
en la efímera, “la frágil existencia”. (100: 26)

A guisa de despedida a la colección de Papel de Estraza, Cuevas Paralizábal reflexiona en “Creación”:

¿Qué fuerza te ha creado Universo?
No hay ciencia que resuelva tal enigma
creación divina, celestial
muestra evidente,
planetas, asteroides y cometas
en rítmico y perenne
movimiento,
trazando en el éter
mil piruetas. (100: 28)

En los albores del siglo XXI, Papel de Estraza continúa rezagado por la crítica literaria mexicana e instituciones gubernamentales. No obstante, la relevancia de sus cuentos, crítica, divulgación, poesía, ejercicio del periodismo cultural, y labor docente en la Escuela Nacional de Maestros y otras instituciones, le asignan un espacio extraoficial en la literatura del siglo anterior.

 

Obras citadas

Anderson Imbert, Enrique. Historia de la literatura hispanoamericana. Vol. 1. México: FCE, 1961.

Aub, Max. Poesía mexicana (1950-1960). México: Aguilar, 1960.

Caudet, Francisco. El exilio republicano en México: las revistas literarias (1939-1971). Madrid: Fundación Banco Exterior, 1992.

Ceide-Echeverría, Gloria. El haikai en la lírica mexicana. México: Ediciones de Andrea, 1967.

Cuevas Paralizábal, Zoila Mercedes. Papel de Estraza 62 (19?): 4-17.

____. Papel de Estraza 74 (19?): 3-18.

Grupo Literario Papel de Estraza 100 (1984): 22-26.

Hernández Cuevas, Marco Polo. África en el Carnaval Mexicano. México, D.F.: Plaza y Valdés, 2005.

____. African Mexicans and the Discourse on Modern Nation. Dallas: University Press of America, 2004.

Instituto Nacional de Bellas Artes. El trato con escritores 2. Dibujos de Jesús Escobedo. México: Ediciones INBA, 1964.

Labastida, Jaime. La palabra enemiga. México, D.F.: Editorial Aldus, 1996.

Pacheco, José Emilio. Antología del modernismo (1884-1921). 2 vols. México: UNAM, 1970.

Palou, Pedro Angel. La casa del silencio. Aproximación en tres tiempos a Contemporáneos. Zamora, Michoacán: El Colegio de Michoacán, 1997.

Martínez, José Luis. Literatura mexicana siglo XX; 1910-1949. México: Antigua Librería Robredo, 1949-1950.

Paz, Octavio. Sombras de obras. Arte y literatura. Barcelona: Seix Barral, 1996.

Schneider, Luis Mario. El estridentismo o una literatura de la estrategia. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1997.

 

Notas:

[1] Se indica que la portada fue obsequiada por el prestigioso dibujante y grabador mexicano Alberto Beltrán García (1923-2002).

[2] Algunos títulos del mexicano Bustos Cerecedo (1912-1998) son La noche arrodillada (1933), Tres poemas revolucionarios (1935), Remoto amor (1942), Elegías para recordar un amor (1950), Oración a Enrique González Martínez (1952), Sonetos (1953), La Ciudad de México en la poesía (1974), Biografía de un amor: poemas (1982), Nocturnos para vivir un sueño (1986), Antología poética (1995). Parte de la prolífica obra poética del exiliado guatemalteco Otto Raúl González (1921) abarca: Voz y voto del geranio (1943), A fuego lento (1946), Sombras era (1948), Viento claro: poemas de un viaje al amanecer del mundo (1953), Hombre en la Luna (1960), Para quienes gusten oír caer la lluvia en el tejado (1962), Diez colores nuevos (1967), Oratorio del maíz (1970), Cementerio clandestino (1975), Sonetos mexicas (1987), Concierto para metralleta: cántigas para el Ché Guevara (1997), Colibrí y conejo: medio siglo de poesía (1998), Versos del tapanco (1999), Galería de Gobernadores del Soneto (2002), De Xibalbá es que vengo (2003). Ricardo Sánchez (1941-1995) es uno de los más prominentes poetas de los Estados Unidos de América. Autor de Canto y grito mi liberación (y lloro mis desmadrazgos. . .) (1971), Hechizospells (1976), Milhaus Blues and Gritos Norteños (1978), Brown Bear Honey Madness: Alaskan Cruising Poems (1981), Amsterdan Cantos y Poemas Pistos (1982), Selected Poems (1985), Eagle Vision/Feathered Adobes (1990), The Loves of Ricardo (1997).

[3] Éste y los versos siguientes provienen del poema “Los hombres de 1910”.

[4] Según Marco Polo Hernández Cuevas, los chinacos son los célebres guerrilleros afromestizos de la Guerra de Independencia (1810-1821), Guerra de Reforma (1858-1861), Intervención Francesa (1862-1867) y Revolución Mexicana (1910-1920), descendientes de los cimarrones que durante el periodo colonial (1521-1810) desarrollaron una cosmovisión propia (África en el Carnaval Mexicano 111-30).

[5] Así denomina M. Hernández al periodo 1921-1968. (African Mexicans and the Discourse on Modern Nation 1).

[6] José Juan Tablada y Efrén Rebolledo introdujeron el haikai en la poesía hispanoamericana. Gloria Ceide Echeverría indica que el haikai es “una poesía dotada de un alto sentido filosófico, llena de preocupaciones y los sentires de un hombre particular ante las múltiples facetas que componen su mundo. Presenta una visión de la vida, sentida y objetivada en tres versos de un poema. Un pequeño incidente, aparentemente insignificante, pero sin embargo parte integral y representativa de la vida misma” (10-11). Carlos Álvarez Cervantes, catedrático de la Escuela Nacional de Maestros y colaborador de Papel de Estraza, continuó cultivando el haikai.

 

[Este artículo ha sido publicado con anterioridad en Letralia nº 164, mayo 2007. http://www.letralia.com/164/ensayo02.htm]

 

© Juan Carlos Hernández Cuevas 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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