Homenaje a Joseph Ricapito: A propósito del Lazarillo de Tormes

Francisco Calero

UNED


 

   
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Resumen: Valoración de las aportaciones realizadas por el hispanista Joseph Ricapito en su edición de La vida de Lazarillo de Tormes.
Palabras clave: Joeph Ricapito, Lazarillo de Torme, Juan Luis Vives

 

En mi libro Juan Luis Vives, autor del Lazarillo de Tormes rendí homenaje a todos los investigadores que me habían puesto sobre la pista de Vives con sus sugerencias. Ahora quiero hacer un homenaje especial al gran hispanista Joseph Ricapito, editor de grandes obras de la literatura española y autor de importantes contribuciones a la historia literaria de España. Mi homenaje se dirige especialmente a su edición de La vida de Lazarillo de Tormes, que considero la mejor de todas las que se han hecho de la excelente y enigmática obra, tanto por su estudio introductorio como por sus ajustadas y precisas notas. En la Introducción resume de forma magistral las numerosas aportaciones de una bibliografía casi inabarcable, y en las notas aporta los pasajes paralelos y concordantes de obras de Erasmo y de erasmistas. A su vez, como honrado investigador reconoce su deuda respecto al iniciador de esa línea en la investigación, Alfred Morel-Fatio.

La metodología que voy a seguir en este trabajo es la siguiente: partiré de una frase literal de Ricapito y continuaré la argumentación con textos relativos a Vives. Se verá entonces que la línea argumental no termina de forma plenamente convincente hasta que no se llega al verdadero autor.

1 “La gran obra de Fernando de Rojas debe considerarse entre los precursores activos del Lazarillo estilística y tipológicamente”, p. 28.

De Luis Vives sabemos positivamente y no por conjetura que leyó La Celestina y que la estimaba hasta el punto de emitir un juicio sobre ella en De disciplinis, I, 132:

Más sabio fue en esto el autor en nuestra lengua de la tragicomedia La Celestina, pues estableció una estrecha ligazón entre el progreso de los amoríos y los encantos del placer y un final muy amargo, a saber, las desgracias y muertes violentas de los amantes, de la alcahueta y de los alcahuetes.

2 “Se debe a Morel Fatio el que se lea el Lazarillo como un libro producto de las ideas de Erasmo en la península española”, p. 57.

Erasmistas, ciertamente, hubo muchos en España pero erasmistas geniales (como tuvo que ser el autor del Lazarillo) hubo muy pocos. Pues bien, el erasmista por antonomasia en España fue Vives, por cierto, genial. Estas dos afirmaciones me parece que son evidentes y que, por tanto, no necesitan demostración. En la línea iniciada por Morel Fatio se inscriben A. Márquez Villanueva, A. Marasso, L. J. Cisneros, M. de Riquer, G. Mancini, Azorín, el propio Ricapito, R. Navarro y quien suscribe estas líneas. En contra está la sorprendente afirmación de M. Bataillon [1]: “La sátira religiosa del Lazarillo, incluso si su autor fue un lector de Erasmo, y eran muchos hacia 1530, no ofrece nada de típicamente erasmista”. Quandoque bonus dormitat Homerus. Es interesante terminar este apartado con las siguientes aportaciones de Ricapito, p. 58: “Márquez Villanueva estudió este problema con detenimiento y llegó a la conclusión de que la obra era, en efecto, una obra concebida por una cabeza erasmista, y que las objeciones adelantadas por los críticos contra el erasmismo de la obra no estaban bien fundamentadas. Como Márquez, yo también creo que el Lazarillo pertenece a la literatura erasmiana, mucho más de lo que se ha creído, y los apuntes siguientes tratarán de afianzar más esta hipótesis”. La influencia del Enquiridion de Erasmo queda reflejada así, p. 60: “El Enquiridion ofrece muchos ejemplos y comentarios que tienen su ejemplo en los personajes, acciones y símbolos del Lazarillo, lo cual representa un avance artístico sobre los límites de otras formas literarias”.

Sobre el Elogio de la locura puntualiza Ricapito, p. 61: “El humor del Moriae es siempre un humor torcido, grotesco, poco cómico en sus contornos, como lo es en el Lazarillo”. La presencia de los Coloquios se concreta de esta forma, p. 61: “Los Coloquios de Erasmo ofrecen una gama de posibilidades fecundas. Para quienes creen que en Erasmo no hay posibilidades creadoras, rogamos que lean «Exorcismus sive spectrum» que se parece a un cuento y tiene todos lo matices de una obra literaria. En «Pietas puerilis» encontramos el deseo del trabajo industrioso que pensamos sea uno de los propósitos del autor del Lazarillo dentro de su intención social”. Para concluir, p. 62: “Estos temas y su tratamiento a veces burlesco, a veces serio, a veces dentro de un estilo ambiguo, confirman hipótesis de que el autor fue un pensador asociado con los ideales de Erasmo, y que su creación refleja y trata, dentro de una nueva forma y creación literaria, las grandes preocupaciones erasmistas de la época”.

3 “Asensio, quien ha presentado el caso más convincente al respecto, cree que solamente en 1525 podía considerarse al Emperador «victorioso», como se le describe en el libro. Cree, además, que los años 1538-1539 no podían representar un triunfo para nadie. El año 1539 se recuerda por el hambre y pestilencia, la muerte en el parto de la criatura de la reina, y la reina misma. Asensio añade que la fecha de 1525 concuerda perfectamente con el reflejo en el libro de una situación social, religiosa e ideológica común a Toledo y Escalona en este tiempo, p. 16. “Contestando a la afirmación de Bataillon, habrá que decir que algunos problemas sociales que se ven reflejados en el libro se remontan, como lo ha hecho ver M. Morreale, a los años 1512, 1518 y 1520. Así que no es necesario situar el ambiente social del libro en fecha tan tardía como lo ha hecho M. Bataillon”, p. 18.

Las dos citas anteriores confirman la cronología temprana de la composición del Lazarillo, que es la que va a la perfección con la vida de Vives, muerto en 1540. Por tanto, no voy a añadir nada a la tesis de Asensio y de Ricapito.

4 “El Lazarillo es un libro de una textura histórica a la vez que religiosa y social”, p. 19.

Esta afirmación a quien mejor va es a Vives, que fue un intelectual polifacético, pero por encima de todo fue historiador. Este juicio no es mío, sino de un humanista que lo conoció y trató personalmente, Francisco Cervantes de Salazar, quien afirmó [2]:

Lo que dominaba sobre todo era la historia, como claramente lo testimonian sus Comentarios a la Ciudad de Dios de San Agustín.

5 “El Lazarillo comparte con el Diálogo de Mercurio y Carón, a mi parecer, preocupaciones políticas, sociales y hasta económicas, y estos mismos problemas existen como un telón de fondo en toda la obra”, p. 19, nota 25.

Ricapito iba tan bien encaminando que ambas obras salieron de la misma pluma, como puede comprobarse en mi libro Juan Luis Vives, autor del Diálogo de Mercurio y Carón.

6 “Mientras que 1525 parece ser una fecha razonable para la composición del Lazarillo, encuentro aceptable también la de 1529, fecha de publicación del coloquio de Erasmo «Ementita nobilitas», que bien puede ser una fuente del tercer capítulo, o 1531, fecha de publicación de «Opulentia sordida»”, p. 22, nota 32.

De las tres posibilidades me quedó con la de 1531 o, mejor, a partir de 1531, que se adapta muy bien a la biografía de Vives y sus relaciones con las obras citadas de Erasmo.

7 En obras clásicas como el Satiricón de Petronio y El asno de oro de Lucio Apuleyo vemos ciertas características identificables con nuestro anti-héroe lazarillesco; la forma autobiográfica, el motivo de la juventud, el movimiento de un lugar a otro, las características estructurales, y la observación de la sociedad. La obra de Lucio Apuleyo bien pudiera ofrecer el autor materia de índole irónica y social a la vez que literaria; materia para la imitación o, como es más probable, para la superación.

La Odisea, con su personaje desafortunado, obligado a una continua peregrinación, ha sido señalado como fuente posible, como también la obra de Plauto y Terencio con sus esclavos y criados, con su idioma realista, con lo descarado de algunas de sus escenas, personajes y motivos, todo lo cual va a repetirse en la comedia y drama humanísticos del Renacimiento. Estilísticamente, podemos volver a Horacio y Cicerón, a Séneca y Marcial para motivos filosóficos y satíricos. Guillén ve la creación del personaje del ciego en el Lazarillo en su papel clásico de profeta como toque genial que indudablemente remite a fuentes clásicas. De todas las fuentes clásicas mencionadas acaso las más fecundas y acertadas sean El asno de oro y los tipos atrevidos del teatro plautino y terenciano, p.25.

Quien mejor conocía todas esas fuentes clásicas de entre los autores propuestos para el Lazarillo es, indudablemente, Vives. ¿Saben cuántas veces cita a Apuleyo en De disciplinis y en sus Commentarii ad libros De civitate Dei? La friolera de ochenta y cuatro veces. Quisiera que me presentaran a un autor que conociera mejor a Apuleyo. Por lo que se refiere a Séneca, las citas de De disciplinis se elevan a cincuenta y cuatro. Las de Terencio en De disciplinis son veintiuna, las de Plauto catorce y las de Marcial ocho. No hay que añadir más comentarios porque las cifras hablan por sí mismas.

7 “La aplicación del término «novela» al Lazarillo es anacrónica”, pp. 25-26.

No puede ser más acertada esta afirmación. Yo remito a los términos usados por Vives en sus obras. En De anima et vita utiliza fabella “historieta”, p. 143:

Assí, pues, damos crédito más pronto a una historieta narrada con sencillez que a argumentos dispuestos de antemano para la pugna y la rivalidad, y, por ello, para inspirar confianza a la gente es más útil la retórica que la dialéctica.

En De ratione dicendi se sirve del mismo término, p. 98:

También tiene sus placeres la mente; nos divierten las historietas graciosas.

No estaría mal aplicar al Lazarillo la denominación de historieta graciosa.

9 “Lazarillo comparte características de los personajes del teatro de Gil Vicente, Torres Naharro, Juan de la Cueva...”, p. 28.

Está fuera de toda duda que Vives conocía a la perfección el teatro de su tiempo en lenguas vernáculas, porque así lo dejó escrito en De disciplinis, I, p. 133:

Según mi parecer los autores más recientes en lenguas vernáculas sobrepasan con mucho a los antiguos en la elección del argumento (casi ninguna de las obras que ahora se exhiben en público deja de conjugar el deleite con la utilidad), de la misma manera que esos más recientes son superados en arte por los poetas arcaicos.

Para poder hacer esa comparación entre el teatro clásico y el de su época, Vives tuvo que ser un gran conocedor de ambos. No extrañará así que en el Lazarillo haya bastante elementos teatrales.

10 “El Lazarillo nace también en oposición al esquema noble, heroico del Amadís de Gaula... El Amadís sirvió sin duda de espolón negativo al Lazarillo”, p. 28.

Es completamente seguro que Vives conocía los libros de caballerías y, en especial, el Amadís, porque lo cita expresamente en De disciplinis, I, p. 144:

Consideran preferible leer unos libros abiertamente mentirosos y repletos de meras simplezas, por cierto encanto que pueda tener su estilo, como los españoles Amadís y Florisando.

Además, en De institutione feminae christianae se atrevió a confesar que había leído los libros de caballerías, p. 68:

También yo los he leído alguna vez.

11 “Es mucho más probable que los episodios «cómicos» del Lazarillo remitan a la tradición italiana de las novelle, sobre todo el Decameron y el Novellino de Mascuccio Salernitano... La deuda boccaccesca, como fuente general dentro de una cultura renacentista, es innegable para nuestro libro, y las aventuras o desventuras de Lazarillo recuerdan a las de Andreuccio del libro de Bocaccio”, p. 32.

No cabe ninguna duda de que Vives conocía a Boccaccio, ya que lo cita dos veces en De disciplinis y una en los Commentarii.

12 “La opinión de Américo Castro, que gira alrededor del elemento judaico-converso de la sociedad española, es muy fecunda para cualquier consideración del Lazarillo”, p. 33.

Algunos han criticado el “intuicionismo” de A. Castro, pero la realidad es que sus intuiciones siempre se han confirmado, especialmente en el caso de Vives, judío por los cuatro costados.

13 Un buen resumen de las fuentes del Lazarillo se encuentra en las siguientes líneas: “En resumidas cuentas, Lazarillo no nace sin posibles predecesores literarios. El teatro de Plauto y Terencio y el de la Italia y España renacentista delinean su carácter entre cómico, maligno y cínico. Hay ecos del procedimiento caracterológico en la forma autobiográfica del Libro de buen amor y en el perspectivismo del Corbacho. Reacciona negativa y paródicamente frente al Amadís de Gaula. Echa mano de episodios, refranes, chascarrillos de las tradiciones populares, pero a diferencia de los libros destinados a hacer reír, supera esos mismos materiales, revistiéndolos de carácter social y religioso, con ironía y sarcasmo. La Celestina como fuente es indudable y existe en primer plano como antecedente, igual que los diálogos de Erasmo y de sus seguidores españoles, con quienes el Lazarillo comparte intenciones, puntos de vista críticos y hasta pretensiones literarias.

El Lazarillo comparte también motivos, personajes y algunos episodios con otras literaturas romances pero los comparte fraternalmente. No los imita servilmente. La literatura italiana puede verse como un modelo posible, y aquí el autor revisa y modifica algunas grandes obras del renacimiento italiano.

En fin, La Celestina, los diálogos erasmianos y lucianescos, las farsas españolas y el teatro renacentista español, desembocan en el personaje que levanta la pluma para contar «Yo que por bien tengo...»” pp. 33-34.

Detrás de esas variadas fuentes se descubren numerosas lecturas en las más diversas lenguas. ¿Hay algún candidato mejor que Vives? Voy a ofrecer solamente una estadística. En el último volumen de su traducción de los Commentarii ad libros De civitate Dei, Rafael Cabrera Petit ha confeccionado un índice de nombres de escritores, de filósofos y de sus obras. En él aparecen aproximadamente unas 1170 entradas, y digo “aproximadamente” por si me he equivocado al hacer el recuento.

14 Sobre la forma autobiográfica comenta Ricapito: “A pesar de otras muestras clásicas de la forma autobiográfica (Petronio, Apuleyo y otros), el nacimiento de la picaresca precisamente en España y no en Alemania, Italia o Francia, que participan activamente en el desarrollo de un personaje «picaresco» y unas situaciones «picarescas», debe remontarse, según la erudita investigadora [M. R. Lida de Malkiel], a formas de literatura hispano-hebrea e hispano-árabe. Estas influencias, sobre todo, las maqamat, por no decir la influencia de otros aspectos literarios y folklóricos, llegarán a la picaresca a través de muchas obras, entre ellas, el Libro de buen amor”, p. 37.

No hay que insistir en el conocimiento de los autores clásicos por parte de Vives. En Francia vivió muchos años y las literaturas alemana e italiana las conocía muy bien.

Tampoco es necesario insistir en los orígenes judíos de Vives, así como en su conocimiento de la literatura musulmana.

15 “El que lo escribió necesitaba un empuje histórico y social mayor del que demuestra Juan de Valdés. Éste, a mi parecer, comparte muchas de las opiniones del autor de nuestro libro, pero le falta el aspecto tajante, mordaz, la ambigüedad y la ironía que ostenta el Lazarillo. Pero creo al mismo tiempo que se debiera ceñir al círculo de los Valdés para encontrar un candidato posible”, p. 42.

Qué razón llevaba Ricapito: no había que salirse del círculo de los Valdés, pero había que encontrar el mismo tiempo una personalidad de mayor empuje, y de mayores calidades literarias, añado yo. Ése es el retrato robot de Vives.

16 “Es en la primera parte del Mercurio donde vemos una semejanza notable con el Lazarillo: la misma malicia, sátira e ironía crítica. El Lazarillo y el Mercurio son el dibujo de personajes viciosos, los amos de aquél y los ánimos de éste... Encontramos en el Lazarillo y el Mercurio: el mismo giro estilístico en que se conoce a los personajes por sus mismas palabras, sus vicios, hipocresía y necedad. Una lectura del Lazarillo seguida por la del Mercurio, sobre todo en la primera parte, parece dar la impresión de estar cerca de un espíritu afín y de intenciones semejantes”, p. 46.

No puede ser más acertada la comparación entre el Lazarillo y el Diálogo de Mercurio y Carón. Ahora bien, el Diálogo fue compuesto con toda seguridad por Vives, como he demostrado en mi libro Juan Luis Vives, autor del Diálogo de Mercurio y Carón, ergo...

17 “Si el autor del Lazarillo no fuera este conquense ilustre, Alfonso de Valdés, tendría que ser alguien muy semejante a él y alguien que pertenecía a los mismos círculos intelectuales”, p. 51.

Muy cierta es esta afirmación, ya que Vives pertenecía a los mismos círculos intelectuales, sólo que era muy superior a Valdés en formación académica, así como en capacidades intelectuales y literarias.

18 “Añadiremos que la literatura erasmiana con su hincapié en la paz cristiana y un orden social como producto de unas actitudes religiosas, probablemente fue la causa del nacimiento del Lazarillo”, p. 54.

En cuanto a la paz cristiana, Vives fue autor de De concordia et discordia in humano genere y de De pacificatione, dos grandes contribuciones al pacifismo universal. Por lo que se refiere al orden social, Vives escribió De subventione pauperum, la obra más importante sobre las soluciones de la mendicidad.

19 “El prólogo del Lazarillo es un ante-capítulo o epílogo, si se quiere, de la obra”, p. 63.

Desde luego, el prólogo es el epílogo, esto es, fue escrito en último lugar. Pero ¿quién defendió teóricamente que los prólogos deben escribirse al terminar las obras? Vives lo hizo en De ratione dicendi, p. 126:

El proemio, que en la obra ocupa el primer lugar, debe ser pensado en último, puesto que debe nacer de lo que se ha de decir, lo mismo que las ramas se ven antes que la raíz y, sin embargo, nacen de la raíz.

20 “La piedad que siente Lázaro es una piedad humana, cristiana”, p. 74.

Si hay un autor que haya hecho de la piedad uno de los ejes fundamentales de su obra, ése es Vives. Son numerosas las frases lapidarias que Vives dejó escritos sobre la piedad, como ésta de De anima et vita, p. 291:

Nada hay tan propio de la naturaleza humana como compadecerte de los afligidos.

21 “El absurdo problema de los saludos, tema de neta raigambre erasmiana”, p. 75.

Más que de Erasmo todavía lo es de Vives. Son numerosas las referencias que se encuentran en las obras de Vives a los saludos, como en De concordia, p. 273:

¿Qué decir de cosas como no levantarse, no descubrirse, saludar de esta o aquella manera...?

22 “El Lazarillo resulta, pues creación híbrida, curiosa a su manera, resultado de toda una gama de incitaciones literarias, nacionales como extranjeras, morales, sociales, políticas, con la lección erasmista en primer plano. Su autor fue un hombre culto, conocedor de varias literaturas y géneros literarios, gran conocedor de Erasmo y su obra, y de la Biblia, posible concurso y en algún momento disidente político. Si el autor de esta insigne obra, que crea las posibilidades de la gran novela cervantina y consiguientemente la moderna, no fue Alfonso de Valdés, tuvo que ser alguien semejante a él”, p. 81.

Al retrato-robot confeccionado por Ricapito habría que añadir “de excepcionales capacidades literarias”, de las que carecía Valdés. Vives perteneció al círculo de Valdés y fue semejante a él, pero también fue muy superior al secretario en cualidades intelectuales y literarias. No olvidemos que Vives es una de las más altas cimas de la humanidad.

 

P.S. Después de haber redactado las páginas precedentes (febrero 2007) he tenido la oportunidad de conocer un importantísimo artículo de Ricapito “Commonality of Thought: Juan Luis Vives and Lazarillo de Tormes”, que no figura ni en las bibliografías sobre Luis Vives ni en las del Lazarillo. Para mí ha sido una extraordinaria satisfacción al comprobar que por caminos completamente distintos (Ricapito como gran conocedor de la literatura española y yo como traductor de Luis Vives) habíamos llegado a la misma meta, esto es, a comprobar la comunidad de pensamiento entre el Lazarillo y Luis Vives. Ése es el primer paso para demostrar la autoría respecto a una obra anónima, esto es, que se descubran las mismas ideas. El siguiente paso es que haya también comunidad en la expresión lingüística. Ese paso no lo dio Ricapito, sin duda porque no conocía que Vives también había escrito en castellano. Eso lo descubrí yo, al interpretar un pasaje de una carta de Vives a su íntimo amigo el toledano Juan de Vergara. De esta forma se completaba el círculo: si las ideas del Lazarillo y las de Vives son las mismas y Vives escribió obras en castellano según confesó a Vergara, no puede estar más claro. Es, como se suele decir, blanco y en botella.

 

Notas:

[1] Bataillon, M., Novedad y fecundidad del Lazarillo de Tormes, p. 17.

[2] Se cita por F. Calero, “Francisco Cervantes de Salazar, autor de la primera biografía de Luis Vives”, p. 58.

 

Bibliografía.

Bataillon, Marcel, Novedad y fecundidad del Lazarillo de Tormes. Madrid, Anaya, 19732.

Calero, Francisco, Juan Luis Vives, autor del Diálogo de Mercurio y Carón. Valencia, Ayuntamiento, 2004.

Calero, Francisco, Juan Luis Vives, autor del Lazarillo de Tormes. Valencia, Ayuntamiento, 2006

Calero, Francisco, “Francisco Cervantes de Salazar, autor de la primera biografía de Luis Vives”, EPOS, XII (1996): 53-64.

La vida de Lazarillo de Tormes. Edición de Joseph Ricapito. Madrid, Cátedra, 198311.

Ricapito, Joseph, “Commonality of thought: Juan Luis Vives and Lazarillo de Tormes”, Crítica hispánica, 19 (1997): 24-40.

Vives, Juan Luis, De anima et vita. El alma y la vida. Traducción de Ismael Roca. Valencia, Ayuntamiento, 1992.

Vives, Juan Luis, De disciplinis. Las disciplinas. 3 vol. Traducción de Marco Antonio Coronel etc. Valencia, Ayuntamiento, 1997.

Vives, Juan Luis, De institutione feminae christianae. La formación de la mujer cristiana. Traducción de Joaquín Beltrán. Valencia, Ayuntamiento, 1994.

Vives, Juan Luis, Commentarii ad libros De civitate Dei. Comentarios a la ciudad de Dios. Traducción de Rafael Cabrera. 5 vols. Valencia, Ayuntamiento, 2000.

Vives, Juan Luis, De ratione dicendi. Del arte de hablar. Introducción, edición y traducción de José Manuel Rodríguez Peregrina, Granada, Universidad de Granada, 2000.

 

© Francisco Calero 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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