El Dios de Rilke en El libro de horas

Fernando D. González Grueso

La Trobe University y University of Melbourne
f.gonzalezgrueso@latrobe.edu.au


 

   
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Resumen: En el presente artículo intentaremos descifrar la concepción de Dios en Rilke en El libro de horas, ya que tratar de describir el Dios rilkiano a lo largo de su vida y obra sería un esfuerzo enorme, y ocuparía las páginas de varios volúmenes. Comenzaremos con una breve introducción al libro Oraciones (pues así llamó a El libro de horas en un primer momento), y al contexto de creación, señalando en este punto las influencias externas que lo mediatizaron. A partir de ahí buscaremos las influencias en su concepción de Dios, a través del análisis de su obra. Tomaremos elementos de la Biblia, como elemento principal, del Corán, de los Evangelios Apócrifos, del Gnosticismo y de Platón. Por último, buscaremos la respuesta a la incógnita en un relato de Rilke que trata precisamente este asunto.
Palabras clave: Rilke, Libro de Horas, poesía xx

 

El Dios que me mostraban las monjas no me servía, pero he descubierto que hay un Dios para mí, […]

Es la causa de las cosas. Todo o sólo Algo. Es algo inexplicable; […] Es ese hombro amigo que tanta falta nos hace en algunos momentos. - Ana Mª Matute [1].

 

 

1. El contexto de creación de El libro de horas (Das Stunden-Buch)

El libro de horas fue compuesto entre 1899 y 1904, y pertenece a la segunda fase de creación del escritor. Esta fase se caracteriza por la dedicación absoluta del artista, sin ningún tipo de dependencia exterior, la soledad, la captación de las cosas normales, la valoración de la naturaleza, así como la paciencia y dificultad en su proceso. Aparece además el conflicto entre la vida y el arte, y cómo éste proporciona la salvación.

La obra se inspira en los libros de oraciones medievales, y se divide en tres espacios de composición muy diferentes:

- El libro de la vida monástica (Das Buch Vom Mönchischen Leben) que compuso entre el 20 de septiembre y el 14 de octubre de 1899, en Schamargendorf, cerca de Berlín, muy lejos de Rusia, su lugar de inspiración, pero junto a Lou Andreas-Salomé, su musa, amante, mentora y amiga.

- El libro de la peregrinación (Das Buch Vom der Pilgerschaft) entre el 18 y el 25 de septiembre de 1901, en Westerwede, tras un segundo viaje a Rusia y ya casado con Clara Westhof.

- El libro de la pobreza y de la muerte (Das Buch Vom der Armut und Vom Tode) del 13 al 20 de abril de 1904, después de una estancia en París.

Desde una perspectiva general se podría afirmar que la obra comienza con un monje, tal vez recluido, que es artista, es pintor de iconografía, y que a lo largo de la obra pierde su personalidad al ir apareciendo la temática de la creación artística y el amor [2].

El libro primero “consta de sesenta y cinco poemas […], hay un gozo inicial ante la proximidad de lo divino [3]”.

En el libro segundo aparecen los temas de la muerte, la herencia y la paternidad, todos ellos asociados a la figura de ese Dios ideal.

En el último libro se rompe la unidad de la obra ya que “entra la experiencia de la gran ciudad, en sus facetas más dolorosas y oprimentes [4]”. Hay una transición de lo divino a lo humano, y Dios se manifiesta en todo, tanto en el gozo, como en el hambre y la pobreza.

Son varios los factores externos que se pueden tener en cuenta a la hora de analizar esta obra de Rilke, y a los cuales no se puede ser ajeno. Se trata de factores que median entre la realidad y la concepción que él tiene de ella.

El primero de ellos es el Cristianismo Católico que impregnó su niñez y primera juventud. Rilke fue bautizado por el rito católico el 19 de diciembre de 1875, 15 días después de su nacimiento. Además, a los siete años ingresó en una escuela primaria de escolapios. A esto se une la fuerte convicción católica de su madre, Sofía Entz, y que con el tiempo le produjo un fuerte rechazo hacia ella misma y hacia todo lo que ella representaba.

Otro es su ingreso en la Escuela Militar Superior de Weisskirchen en 1890, con tan sólo 15 años. El régimen castrense al que estuvo sometido allí por espacio de un año, tal vez explique su constancia y disciplina en el trabajo diario de creación literaria. Para apoyar esto gozamos del testimonio de Rilke en su obra Cartas a un joven poeta (Briefe an einen jungen Dichter), donde explica a Franz Xavier Cappus que:

No hay medida del tiempo: no sirve un año, y cien años no son nada; ser artista quiere decir no calcular ni contar: madurar como un árbol, […] ¡la paciencia lo es todo! [5]

Un tercer factor son los viajes, especialmente los que realizó a Rusia. El primero tuvo lugar entre el 27 de abril y el 1 de julio de 1899, y dio pie a la creación del Libro de la vida monástica. El segundo transcurrió entre el 10 de mayo y el 27 de agosto de 1900. En El libro de horas hay constantes referencias a Rusia, e incluso al idioma ruso, como se puede observar en el poema que comienza: “Dann sah ich auch Pälaste, welche leben;”, donde aparece la palabra Gossudar, o `jefe´ o `señor´ [6]. No en vano Rilke llegó a escribir poemas en ruso.

Un cuarto factor sería Lou Andreas-Salomé, que, además de lo dicho anteriormente, fue la persona que hizo posibles sus viajes a Rusia. Y esto se deja notar en las referencias directas y/o indirectas a ella a lo largo de la obra. Esto podemos apreciarlo en los poemas “Ich lebe grad, da das Jahrhundert [7]” y “Ich bete wieder, du Erlauchter [8]”, donde el yo poético le habla a un que no es otro que Andreas-Salomé. E incluso llega a jugar con la doble posibilidad de interpretación de un Dios que, en realidad es Andreas-Salomé, y que podemos encontrar en el poema “Lösch mir die Augen aus: ich kann dich sehn, [9]”.

Otros serían sus estancias con el grupo de artistas y su mujer en Westerwede, el tiempo que pasó en París (entre el 28 de agosto de 1902 y el 22 de marzo de 1903), y su viaje a Italia (entre el 23 de marzo de 1903 y mediados de junio de 1904).

Un penúltimo es la publicación de la obra de Nietzsche El nacimiento de la tragedia, donde el autor propone el arte como la auténtica metafísica de la vida. Ante lo cual es muy interesante observar que el supuesto narrador de El libro de horas sea un monje artista, y que la arquitectura, la iconografía y la pintura estén presentes constantemente en la obra [10].

El último [11], y no por ello menos importante, son las influencias que recibió de grandes escritores y artistas, entre los que cabe destacar a Novalis, Jens Meter Jacobsen y Rodin, al que conoció en persona [12].

 

2. Influencias en la creación de Dios

2.1. Los textos sagrados: el Corán y la Biblia

Se ha afirmado que Rainer Maria Rilke es un “devoto y un apóstata [13]” al mismo tiempo, y se ha llegado a escribir que:

Rilke aceptó claramente los dos conceptos básicos del Islam: la Unidad de Dios [el Tauhid] [14] y la misión profética de Muhammad [15].

Esta aceptación de Rilke, está basada según el autor, en las palabras que el propio Rilke escribió en dos cartas fechadas en 1912 y en 1925:

El Cristianismo ha cortado a Dios en trozos, como si fuera un pastel, pero Al-lah está entero e intacto [16].

No existe vida aquí, ni en el Más Allá, sino la Gran Unidad, en la que los seres que nos llevan ventaja, los ángeles, se encuentran en su ambiente. El Ángel de las Elegías (del Duino) […] no tiene nada que ver con el Ángel del Cielo cristiano, sino más bien con el arquetipo angélico del Islam [17].

Las semejanzas de la concepción de Dios y el Ángel en Rilke, con sus homólogos coránicos, son muy válidas desde 1912, desde cuando se sabe que empezó a interesarse por el Corán. No obstante, parece ser que al menos quince años antes, Rilke ya tenía prefigurado su esquema cosmológico, y en el cual tenían cabida las dos religiones, al considerar que el Dios de Mahoma y el de Cristo eran el mismo [18].

Así las cosas, la influencia más importante que se puede observar en El libro de horas es la de la Biblia, y así lo confirma el mismo Rilke en una obra contemporánea en su creación a las Oraciones:

De todos mis libros sólo me son imprescindibles unos pocos, y hay dos que están siempre entre mis cosas donde quiera que esté: la Biblia y los libros del gran escritor danés Jens Meter Jacobsen [19].

Los epítetos, metáforas y apodos con que califica y describe Rilke a Dios en las páginas de su libro son muchos, y entre ellos hay algunos [20] que se pueden localizar en la Biblia, [21] y que creemos que merecen un especial comentario:

1. En muchas ocasiones Rilke denomina a Dios roca, y así se encuentra en la Biblia actual. Pero si se ha de buscar en el texto sagrado acorde con su época, el resultado es un tanto diferente:

1 Oye, oh Dios, mi clamor;A mi oración atiende.
2 Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando mi corazón desmayare.
Llévame a la peña más alta que yo me conduzcas
3 Porque tú has sido mi refugio,
Y torre [22] de fortaleza delante del enemigo [23].

En una Biblia de 1905 no se lee roca aplicado a Dios, sino peña. Y esto mismo sucede con otras formas apelativas que Rilke usa en su obra.

Se debería hacer notar que la Biblia que se está usando en este trabajo es una traducción al español, y que tal vez en alemán sí figurara la palabra roca. No obstante eso no parece muy probable teniendo en cuenta las consignas de edición de los Concilios Ecuménicos Vaticanos, que establecen criterios unificados en las traducciones de la gran obra del cristianismo.

Por otra parte, sí se hace una referencia explícita en la Biblia a piedra viva, una fórmula que usa Rilke en varias ocasiones para referirse a Dios, como símbolo de la piedra angular: la base en la creación de la fe. Así, se puede encontrar en la Biblia por ejemplo:

4 Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, 5 vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. 6 Por lo cual también contiene la Escritura:

He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa;

Y el que creyere en él, no será avergonzado [24].

Al igual que en Rilke, en la Biblia, la piedra viva es tanto Dios como los creadores humanos de la fe divina: los creyentes son piedras vivas, piedras angulares de la fe católica.

2. Podemos encontrar el uso constante de la expresión fuente viva para designar a Dios en los poemas de El libro de horas, y de igual modo se repite esta idea en las Sagradas Escrituras, como en por ejemplo:

12 Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa mía;
Fuente cerrada, fuente sellada.
13 Tus renuevos son paraíso de granados, con frutos suaves,
De flores de alheña y nardos;
14 Nardo y azafrán, caña aromática y canela,
Con todos los árboles de incienso;
Mirra y áloes, con todas las principales especias aromáticas.
15 Fuente de huertos,
Pozo de aguas vivas,
Que corren del Líbano [25].

Aquí, el “Pozo de aguas vivas” y la “fuente cerrada” son el ser humano para Dios: huertos para sembrar y producir, para llevar la palabra de Dios en el corazón y reproducirla.

En otras ocasiones, es Dios el que recibe esa denominación:

Sin embargo, mi pueblo ha trocado su gloria por lo que no aprovecha. 12 Espantaos, cielos, sobre esto, y horrorizaos; desolaos en gran manera, dijo Jehová. 13 Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, por cavar para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua [26].

En Rilke, Dios recibe el sobrenombre, no el narrador, lo cual hace suponer que es Dios el que lleva la palabra del poeta al mundo. Esto viene a encajar perfectamente con la interpretación que se ha venido dado a la relación entre Dios y Rilke en El libro de horas, una relación de dependencia mutua:

Bin ich denn nicht das Allgemeine
bin ich nicho Alles, wenn ich weine,
und du der Eine, der es hört? [27]

Ich aber Hill dich begreifen
wie dich die Erde begreift;
mit meinem Reifen
reift
Dein Reich [28].

3. Otras dos denominaciones complementadas con el vocablo vida que se repiten en muchas ocasiones en los poemas son árbol de vida y palabra de vida.

Rilke recurre al árbol como ejemplo de la espera y la maduración, como ejemplo de la no precipitación y el silencio [29]. Y en directa relación con esto se puede encontrar el siguiente fragmento en la Biblia:

13 Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría,
Y que obtiene la inteligencia;
14 Porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata,
Y sus frutos más que el oro fino.
15 Más preciosa es que las piedras preciosas;
Y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella.
16 Largura de días está en su mano derecha;
En su izquierda, riquezas y honra.
17 Sus caminos son caminos deleitosos,
Y todas sus veredas paz.
18 Ella es árbol de vida a los que de ella asen,
Y bienaventurados son los que la mantienen [30].

De aquí se extrae que la sabiduría es el árbol de la vida, luego según Rilke, ¿es Dios la sabiduría? Si por sabiduría se entiende al conocimiento del significado del arte, la respuesta entonces es afirmativa.

Por otro lado, palabra de vida (apelativo tan empleado por Rilke en su poesía para referirse a Dios) es una metáfora usada constantemente en la Biblia, como prueba el más que famoso fragmento del Génesis:

El Verbo de vida manifestado en carne

1 Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida 2 (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); 3 lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo [31].

4. Quizá la comparación más importante, por contradictoria, sea la designación y asignación de las tinieblas y la oscuridad a Dios. Esto es así desde el poema “Ich habe viele Brüder in Sutanen [32]” en El libro de la vida monástica, hasta el poema que empieza con “Weist du von jenen Reiligen, mein Herr? [33]”, en El libro de la peregrinación, donde hay una larga reinterpretación del Mito de la Caverna de Platón, y una sucesión de imágenes de lo oscuro como lejanía de Dios. Luego vuelve a retomarse la oscuridad como parte de Dios, en el poema “Jetzt reifen schon die roten Bereberitzen, [34]”, en el mismo libro, y ya se continúa en esta línea hasta el final.

Si bien la teoría de la sabiduría de Platón explica por sí sola el cambio de posicionamiento de Rilke de las metáforas divinas, resulta extraño confirmar que la luz y la oscuridad, la claridad y las tinieblas, intercambien sus papeles durante un espacio creativo en la obra, y cuyo último resultado es el mismo que el ofrecido por la Biblia, a saber: la luz de Dios y la oscuridad de la ignorancia de Dios. Podemos ofrecer muchos ejemplos al respecto en la Biblia, entre los cuales destacamos los siguientes:

3 Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. 4 Y vio Dios que la luz era buena; y apartó Dios la luz de las tinieblas. 5 Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día [35] .

1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Este era en el principio con Dios. 3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que es hecho, fue hecho. 4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. 5 La luz en las tinieblas resplandece; más las tinieblas no la comprendieron [36] .

5 Venid, oh casa de Jacob, y caminemos a la luz de Jehová. [37].

5 Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. 6 Si nosotros dijéremos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no hacemos la verdad; 7 pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado […]

11 Mas el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y está en tinieblas, y no sabe a adonde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos [38].

Incluso las tinieblas llegan a asociarse a la muerte:

1 Aunque no será esta oscuridad tal como la aflicción que le vino en el tiempo que livianamente tocaron la primera vez a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; y después cuando agravaron por la vía de la mar, de esta parte del Jordán, en Galilea de las gentes. 2 El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. 3 Multiplicaste la gente, y aumentaste la alegría. Se alegrarán delante de ti como se alegran en la siega, como se gozan cuando reparten despojos [39].

76 Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado;
Porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos;
77 Para dar conocimiento de salvación a su pueblo,
Para perdón de sus pecados,
78 Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios,
Con que nos visitó desde lo alto el Oriente [40],
79 Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte;
Para encaminar nuestros pies por camino de paz [41].

Cabría preguntarse si la asociación de Dios a la oscuridad se debe tan sólo a la influencia de Novalis, como así se ha estado explicando en los estudios al respecto, o si cabe la posibilidad de que esa asociación se deba también a la influencia de la Cábala judía, por la cual, Dios está rodeado, en algunas ocasiones, por una luz negra u obscura. Esta suposición no se aleja mucho de la posibilidad real, teniendo en cuenta que Praga fue un feudo muy importante de escritura cabalística entre los siglos XVII-XIX, y que la presencia de la comunidad judía fue muy importante durante los años finales del siglos XIX y los primeros del XX.

5. Otras denominaciones que recibe Dios en Rilke, y que se pueden rastrear en la Biblia son las siguientes: ley, canción, Hacedor, Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre Eterno, aquel, heredero, y maestro. De las cuales mostramos algunos ejemplos:

Excelencias de la ley de Dios. Y felicidad de los que la observan. Alef
1 Bienaventurados los perfectos de camino,
Los que andan en la ley de Jehová [42].

11 Porque he aquí ha pasado el invierno,
                      Se ha mudado, la lluvia se fue;
12 Se han mostrado las flores en la tierra,
El tiempo de la canción ha venido,

                     Y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola [43] .

31 El que oprime al pobre afrenta a su Hacedor;
                      Mas el que tiene misericordia del pobre, lo honra.
                      4 El malo está atento al labio inicuo;
Y el mentiroso escucha la lengua detractora.
5 El que escarnece al pobre afrenta a su Hacedor [44];

“6 Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz [45] .

1 En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, 2 y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. 3 Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo [46]:

1 Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; 3 el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, 4 hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos [47].

12 Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? 13 El les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado [48].

6. Por último, convendría hacer un breve comentario sobre las referencias que proceden de pasajes que narran historias de personajes, ya que hacer un compendio de todas las referencias daría lugar a una inmensa extensión de páginas que no creemos necesaria.

La libre interpretación a la que somete Rilke a la Biblia, se ve muy bien reflejada en su referencia a algunos pasajes, pues, por un lado reproduce el mismo hilo narrativo que aparece en las Sagradas Escrituras, como sucede en el Salmo de David al músico principal; sobre Ajelet-sahar [49], o en la historia de Rut [50]. Un segundo resultado son escuetas referencias a personajes bíblicos y/o a alguna de sus características, es el caso de Joaquín [51], Daniel [52] y de Josafat [53]. Y nos queda la expresión sincrónica de los sentimientos de un personaje durante un acontecimiento decisivo para la historia de la humanidad, como es el caso de Abel [54].

2.2. Los Evangelios Apócrifos: el Gnosticismo

Los Evangelios del Nuevo Testamento se escribieron entre el año 55 d.C. y el 90 d.C. Sabemos que existieron otros textos evangélicos que finalmente la Iglesia no consideró como parte de la verdadera palabra de Jesús, y tenemos fe de ello en el Evangelio de Lucas:

Puesto que ya muchos han intentado escribir la historia de lo sucedido entre nosotros, según que nos ha sido transmitida por los que, desde el principio, fueron testigos oculares y ministros de la palabra [55].

Entre los siglos III y IV, la Iglesia decidió qué textos formarían parte del Nuevo Testamento y cuáles no. Sin embargo, la influencia de los que fueron catalogados como apócrifos [56] continuó extendiéndose por toda Europa, llegando a implantarse en procesos litúrgicos y de ovación [57], hasta que el Concilio de Trento frenó su avance.

En el siglo XVII aparecieron algunas pequeñas recopilaciones de estos evangelios, pero no fue hasta el siglo XIX cuando las ediciones se multiplicaron y alcanzaron gran popularidad, gracias en gran medida, a los trabajos de Thilo y Tishendorf. El mayor hallazgo se produjo en 1945, cuando se descubrió una biblioteca gnóstica en Nag-Hammadi, en el Alto Egipto [58].

Se pueden observar muchas referencias rilkianas de Dios en los Evangelios Apócrifos, y que a su vez se repiten en la Biblia [59], pero es el hecho de haber leído determinados pasajes, de determinados evangelios, lo que parece haber contribuido a la creación de su ideario divino. Esto no se refiere tan sólo a la presencia de la lanza de Longinos en la poesía que comienza con “Ich lese es heraus aus deinem Word, [60]”, sino a su idea gnóstica de que Dios “está por encima de la Bondad [61]”, de que no es malo ni bueno.

E incluso si quisiéramos llegar más lejos, podríamos recurrir a las últimas palabras que Jesús pronuncia antes de su muerte física en la cruz, y que en los Evangelios Apócrifos presenta una variante muy significativa en relación con Rilke, puesto que no es el Padre el que abandona a Jesús, sino la Fuerza:

Y el Señor gritó diciendo: Fuerza mía, Fuerza mía, tú me has abandonado. Y, al pronunciar estas palabras, expiró [62]

La Gnosis fue considerada una desviación del Cristianismo original con una visión muy pesimista del mundo, y un lenguaje muy diferente al adoptado por la Iglesia, del cual sobresalen dos palabras: Eón y Pleroma, que conforman la base del conocimiento gnóstico:

Los Eones (literalmente `eternos´) son emanaciones del absoluto divino, que se constituyen en intermediarios entre Dios y la Creación. […] El Pleroma es la reunión de todos los Eones que forman la plenitud de la divinidad [63].

Rilke hace mención en varias ocasiones a lo largo de su libro a que Dios es eterno, sin fin, inabarcable y, ¿no son acaso estos Eones los ángeles que emanan de Dios en la poesía rilkiana? Según el Evangelio de la Verdad, “la ignorancia del Padre ha producido la angustia y el temor [64]”, al igual que en los habitantes de París; y “[c]ada uno hablará del lugar de donde ha venido y regresará rápidamente a la región donde ha recibido su ser esencial [65]”. No tiene ni que decirse que esta idea es una constante en la poética de Rilke. Pero aún hay más, pues:

Y su lugar de reposo es el Pleroma. Así, todas las emanaciones del Padre son Pleromas, todas las emanaciones tienen su raíz en Aquel que las ha hecho crecer todas en él. […] Él les ha dado su destino [66].

Estas líneas recuerdan cómo para Rilke, Dios depende de él y él depende de Dios, al igual que todas las criaturas, e incluso el mundo, porque “ellos mismos son la verdad, y el Padre está en ellos y ellos están en el Padre [67]”.

Lejos de las interpretaciones filosóficas de lo divino en Rilke, se nos sugiere otra posible influencia de los Evangelios Gnósticos, ya que un concepto básico en el autor es la soledad interior que desborda todo, y el Evangelio según Tomás, contra lo que afirma la Biblia, enaltece la soledad:

Logion 49. Jesús ha dicho: Dichosos los solitarios y (los) elegidos, porque habéis encontrado el Reino, pues (habéis) salido de él (y) de nuevo volveréis a él [68].

Por lo tanto, parece más que probable que Rilke leyera, o bien llegara a él el mensaje de los evangelios Apócrifos, y en especial, de la Gnosis, que tan extendida estaba en el centro de Europa en aquellos años.

2.3. Platón

Como ya hemos comentado antes, el mito de la caverna de Platón está presente en las poesías de Rilke de El libro de horas, pero ese no es el único indicio de una influencia platónica.

Como es bien sabido, no fue la Biblia el único texto de la antigüedad que denominó aquel a Dios, y Platón es un ejemplo de ello. Se puede localizar este apelativo en el Timeo, cuando este mismo personaje explica la obra de la creación del universo por el Demiurgo y comenta que:

[…] este universo es el más bello de los seres generados, y aquel la mejor de las causas [69].

El autor de texto escrito más antiguo que se ha encontrado para este estudio, y que haga una referencia enfocada hacia un “mundo vivo” es Platón. En su Timeo afirma:

Pues aquel comprende en sí todos los seres vivientes inteligibles, […] lo hizo un ser viviente visible y único [al mundo] con todas las criaturas vivientes que por su naturaleza le son afines dentro de sí [70].

Primero colocó el alma en su centro y luego la extendió a través de toda su superficie y cubrió el cuerpo con ella [71].

Por su parte, Rilke escribe lo siguiente:

Eh du wieder Wald wirst und Wasser und wachsende Wildnis [72].

Erst spatter nah ter der Natur
Und fühlt die Winde und Fernen,
Hört dich, geflüstert von der Flur,
Sieht dich, gesungen von den Sternen,
Und kann dich nirgends mehr verlernen,
Und alles ist dein Mantel nur. [73].

La coincidencias son enormes. En ambos casos Dios y naturaleza son una misma cosa, y Dios creó a la naturaleza y es parte integrante de ella al unísono. A esto se viene a sumar la teoría de Gaia [74], que parece haberse hecho un hueco en la teología rilkiana:

Und es kann sein: eine grosse Kraft
Rührt sich in meiner Nachbarschaft [75].

En otro orden de cosas, el concepto de música en El libro de horas posee ciertas peculiaridades que han sido observadas, aprehendidas e interpretadas como parte integrante de un génesis del mundo. La música es por tanto, entre otras cosas, parte esencial de la composición del mundo, de la naturaleza y de Dios:

[…] und jedes Lied, das tief genug erklungen,
wird an dir glänzen wie ein Edelstein [76] .

Du heulst im Sturm. Du bist wie eine Harfe,
An welcher jeder Spielende zerschellt [77].

Resulta interesante comprobar que en la nota explicativa nº 29 de los profesores Mª Ángeles Durán y Francisco Lisi, del Timeo, se puede leer lo siguiente:

De las divisiones que hace el demiurgo surgen dos series geométricas de dos (1, 2, 4, 8) y de tres (1, 3, 9, 27). Cada uno de estos intervalos tiene a su vez dos medios, uno que supera y es superado por los extremos en la misma proporción (medio armónico) y otro que se diferencia de ellos por el mismo número (medio aritmético). […] El ordenamiento de los términos medios en cada serie y de ambas series entre sí da la siguiente sucesión: 1, 4/3, 3/2, 2, 8/3, 3, 4, 9/2, 16/3, 6, 8, 9, 27/2, 18, 27. La imaginería [con la que Sócrates explica la formación del mundo] no hace sino resaltar la estructura geométrico-musical del mundo: la astronomía mostrará que el orden que impera en los cuerpos celestes es una forma de la armonía musical. El creador actúa como un músico creando una escala tonal y el modelo de la creación es el del monocordio [78].

 

3. Dios según Rilke

Tras este breve recorrido por más que posibles influencias en Rilke en su concepción de Dios y de la gestación de su mundo, vamos a dar paso al propio autor, a sus pensamientos y a su literatura. Rilke fue un poeta que explicó siempre su poética (de un modo muy particular), y gracias a sus palabras hemos podido descifrar el objeto de este trabajo, sin por ello suponer que lo anteriormente explicado sea erróneo, y sí muy ilustrativo y revelador. De este modo, y sin más preámbulos, vamos a dar paso al autor y a su texto Un relato de muerte con manuscrito, que muestra el organigrama de su idea de divinidad. Aquí, Rilke ofrece una conversación entre dos individuos sobre el más allá, uno de los cuales es el narrador y la voz poética de Rilke, y el otro un sepulturero. Durante su largo intercambio de ideas, los personajes afirman lo siguiente:

[Sepulturero-] También tiene uno que vivir; además, se lo ruego; ¿acaso no hacen lo mismo la mayoría de los hombres? Entierran a Dios allí, de la misma manera que yo aquí a los hombres. [Narrador-] Hubo un tiempo en que los hombres enterraban a Dios en el cielo, es verdad. (…) [Sepulturero-] ¿Es que ha dejado acaso de suceder? […] [Narrador-] ¿Comprende usted? -Volví a empezar- . Hubo un tiempo en que los hombres oraban así. -Extendí los brazos y, al hacerlo sin querer, sentí dilatarse mi pecho. -Y entonces se echaba Dios en aquellos abismos llenos de humildad y tinieblas, y sólo a su pesar retornaba al cielo, que insensiblemente, iba a cercando más y más a la tierra. Pero tuvo su origen una nueva religión, y dado que esta no podía hacer comprender a los hombres en qué difería su nuevo Dios del antiguo (pues, en cuanto se empezó en verdad a glorificarle, los hombres reconocieron en él a su pasado Señor), el profeta de la nueva creencia cambió la forma de orar. Enseñó a juntar las manos […] Los hombres lo aceptaron, y la mímica de los brazos extendidos vino a ser menospreciable y espantosa, y más tarde enclavada en cruz, para mostrarla al mundo como símbolo de la ignominia y de la muerte.

Pero a la vez siguiente que volvió Dios a poner su mirada en la tierra, se sintió sobrecogido. Junto a un sinnúmero de manos juntas se habían levantado gran cantidad de catedrales góticas, y de esta manera manos y techumbres, verticales y afiladas por un igual, se extendían hacia ÉL, cual armas hostiles. En Dios hay una apreciación distinta de la gallardía, así que retornó ÉL al cielo, […], se confinó a un punto más lejano del empíreo, […] Quedó realmente sorprendido al encontrar en aquel extremo de su radiante patria una oscuridad incipiente y, poseído de un extraño sentimiento, se adentraba más y más en aquel crepúsculo que le recordaba tanto al corazón del hombre. Se le ocurrió de pronto, que, si bien la cabeza humana es lúcida, el corazón del hombre está lleno de una tiniebla no inferior, y le sobrevino la nostalgia de habitar en el corazón de los hombres y de no recorrer ya más la clara y fría especulación de sus pensamientos. Ahora Dios ha proseguido su camino. A su alrededor la oscuridad se hace más densa, y la noche, […] Dios, que se nos escapa en el cielo, volverá a nosotros desde el seno de la tierra [79].

En unas pocas líneas de este relato, que fue escrito antes de 1900, por lo que fue coetáneo a El libro de horas, se presenta una ingente cantidad de aspectos vitales de la esencia de Dios en Rilke. Tanto es así, que no sólo se explica por qué la oscuridad, las tinieblas y el crepúsculo siempre rodean a Dios, sino de dónde nace esa oscuridad. Es una tiniebla similar a la del corazón de los hombres, que nace del intento de Dios por imitarlos [80]. Por lo que se puede leer aquí, la tiniebla proviene de los sentimientos, de lo incomprensible; al contrario que la lucidez, la luz, que nace en la mente, en la razón. Se puede entender este enfrentamiento como una lucha entre los sentimientos y la razón. Cuando la batalla se inclina hacia la razón, hacia la duda de lo inmaterial y de la fe (en ocasiones el sacerdote protagonista de El libro de horas siente ser perdido por Dios), gana terreno la ciencia; en caso contrario, gana terreno la naturaleza, y con ella el hecho de contemplarla sin tener que analizar sus fenómenos, tal y como hiciera Rilke durante toda su vida, ya que contemplar el mundo es observar a Dios, y Dios vendrá “desde el seno de la tierra”. Por otro lado, Dios se está replegando hacia ese abismo de oscuridad [81], la oscuridad de lo incomprensible (muchas veces Rilke afirma que Dios es incomprensible), de lo realmente divino, de la fe interior, para ser “auto enterrado [82]”.

Para terminar el análisis del fragmento anterior, observamos que se desprende también la idea de la humildad como camino a Dios [83] (no es casualidad que el monje del libro sea franciscano), la de juntar las manos para rezar o extenderlas [84], y la imagen de las catedrales góticas que tanto le fascinaron al autor.

 

4. Conclusión

En este trabajo hemos pretendido mostrar que es bueno recurrir a la intertextualidad del propio autor para explicar su visión poética. Cierto es que un texto puede tener muchas interpretaciones pero, ¿por qué no se ha de preguntar al autor de un texto para conocerlo mejor? Es cierto que las intuiciones como lector han llevado en este trabajo a una solución satisfactoria de las influencias, tanto de la Biblia (hecho más que demostrado en la bibliografía sobre Rilke), como de los Evangelios Apócrifos y la Gnosis (mencionados sesgadamente en la bibliografía en español), y de Platón. No obstante, ha sido el autor el que ha unido los conceptos en apariencia dispersos, y los ha conjugado en una respuesta que, a nuestro humilde parecer, nos parece incuestionable.

Por todo ello, a partir de pistas dispersas en los poemas, hemos extraído posibles lecturas previas y simultáneas al proceso de creación de El libro de horas, y hemos ido deconstruyendo el libro, de forma sesgada eso sí, hacia las fuentes de inspiración de la poética rilkiana.

 

Notas:

[1] Marie-Lise Gazarian, Ana Mª Matute. La voz del silencio (Madrid, Editoral Espasa Calpe), p. 86.

[2] Para más información véase por ejemplo: Prólogo de Federico Bermúdez-Cañete a Rainer Maria Rilke, El libro de horas (Madrid, Hiperión, 2005), pp. 7-15.

[3] Prólogo de Federico Bermúdez-Cañete a Rainer Maria Rilke, El libro de horas, p. 12.

[4] Prólogo de Federico Bermúdez-Cañete a Rainer Maria Rilke, El libro de horas, p. 13.

[5] Traducción realizada por José María Valverde. En Rainer Maria Rilke, Cartas a un joven poeta (Madrid, Alianza Editorial, 2005), pp. 37-38.

[6] Véase: Rainer Maria Rilke, El libro de horas, pp. 188-191.

[7] Véase: Rainer Maria Rilke, El libro de horas, pp. 28-29

[8] Véase: Rainer Maria Rilke, El libro de horas, pp. 110-113.

[9] Véase: Rainer Maria Rilke, El libro de horas, pp. 120-122.

[10] Véanse, por ejemplo, los poemas cuyos primeros versos comienzan con “Ich habe viele Brüder in Sutaren”, “Wir bauen an dir mit zitternden Händen”, “Werkleute sind wir: Knappen, Jünger, Meister,”, “Du bist der Tiefste, welcher ragte,”, “Selten ist Sonne im Sobór.”, “Und du erbst das Grün”, “Denn, Herr, die grossen Städte sind”, en Rainer Maria Rilke, El libro de horas, pp. 22-25, 36-37, 48-49, 72-75, 88-91, 122-127, 172-175.

[11] Se ha señalado también la importancia de ser praguense en esa época. Esta ciudad era, y aún es, cruce de culturas y religiones. Este hecho revestirá especial importancia en una suposición que se ha extraído en el presente artículo a tenor de lo estudiado y que se expone en el punto 2.1.

[12] Traducción realizada por José María Valverde. Véase Rainer Maria Rilke, Cartas a un joven poeta, pp. 30-31.

[13] Fabián Soberón, “Rilke y Dios”, en Espéculo. Revista de estudios literarios, Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 2004. Disponible en la web: http://www.ucm.es/info/especulo/numero28/d_rilke.html. [Visita el 14 de febrero 2007].

[14] Rilke denomina Uno a Dios en los poemas “Da ward auch die zur Frucht Erweckte,” y “So hat man sie gemalt; vor allem Einer,”. Véase: Rainer Maria Rilke, El libro de horas, pp. 54-57.

[15] Yusuf Fernández, Grandes personalidades del mundo opinan sobre el Islam, Madrid, 2005 Disponible en la web: http//www.webislam.com/?sec=bei&d=vc&v=451&KW= [Visita el 14 de febrero de 2006].

[16] Carta del 4/12/1912 en Yusuf Fernández, Grandes personalidades del mundo opinan sobre el Islam.

[17] Carta del 13/11/1925 en Yusuf Fernández, Grandes personalidades del mundo opinan sobre el Islam.

[18] Véase: Rainer Maria Rilke, Cartas a un joven poeta, p. 62.

[19] Traducción realizada por José María Valverde. Véase Rainer Maria Rilke, Cartas a un joven poeta, p. 30.

[20] Otros muchos, entre los que se cuentan casa y rueda, nunca llegan a referirse a Dios o a Jehová.

[21] Se ha tomado una Biblia anterior al Concilio Ecuménico Vaticano II (convocado por el Papa Juan XXIII en 1962, seguido y clausurado por el Papa Pablo VI en 1965), y posterior al Concilio Ecuménico Vaticano I (convocado y clausurado por el Papa Pio IX, durante los años 1869-1870), ya que la Biblia que leía Rilke era diferente a la actual. Por esta razón, hemos encontrado epítetos en esa edición, que Rilke emplea con Dios, y que han variado en las ediciones contemporáneas.

      La Biblia con la que se va a trabajar es la siguiente: La Santa Biblia, Madrid, Depósito central de la sociedad bíblica B. y E., 1905.

[22] Torre es otro sobrenombre para Dios en los poemas de Rilke. Se podría hacer señalar que en la Biblia actual se escribe “Y torre de fuerte delante del enemigo.”, donde la palabra fortaleza se sustituye por fuerte.

[23] Salmos II 61.2.

[24] Primera Epístola Universal de San Pedro Apóstol II.4-5.

[25] Cantar de los Cantares de Salomón IV.12-15.

[26] Jeremías II.13.

[27] Federico Bermúdez-Cañete ofrece la siguiente traducción:

“¿No soy yo, pues, lo universal,
no soy yo todo, cuando lloro,
y eres tú sólo el que lo escucha?”

     Véase poema “Ich bin derselbe noch, der kniete”, en Rainer Maria Rilke, El libro de horas, pp. 112-117.

[28] Federico Bermúdez-Cañete ofrece la siguiente traducción:

“Pero yo quiero comprenderte
como la tierra te comprende;
con mi maduración
madura
tu reino”

     Véase poema “Alle, welche dich suchen, versuchen dich.”, en Rainer Maria Rilke, El libro de horas, pp. 132-133.

[29] La única referencia doctrinal que se encuentra en las Sagradas Escrituras, y que se refiera al silencio, se localiza en las Lamentaciones de Jeremías 3.26, donde se escribe lo siguiente:

     25 Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca.

      26 Bueno es esperar callando en la salud de Jehová.

      Por lo que la salvación viene de la espera en silencio, tras una búsqueda. Al igual que en Rilke, el arte llega tras una espera, en silencio, Dios es silencio, y de él nace el arte.

[30] Proverbios III.13-18.

[31] Primera Epístola Universal de San Juan Apóstol I.1-2.

[32] Rainer Maria Rilke, El libro de horas, pp. 22-25.

[33] Rainer Maria Rilke, El libro de horas, pp. 140-145.

[34] Rainer Maria Rilke, El libro de horas, pp. 162-163.

[35] Génesis I.3-5.

[36] Jn. I.4-5.

[37] Isaías II.5.

[38] Primera Epístola Universal de San Juan Apóstol I.5-6, II.11.

[39] Isaías IX.1-2.

[40] En cualquier Biblia actual la palabra Oriente es sustituida por aurora, sin embargo, en la edición de 1905 no es así.

[41] Lc. I.78.

[42] Salmos V.119. La ley de Dios es para los que siguen el camino de Dios, es decir, para los que buscan a Dios con todo su corazón.

[43] Cantar de los Cantares de Salomón II.12. Aquí la canción es la primavera.

[44] Proverbios XIV.31, XVII.5.

[45] Isaías IX.6. El niño es Jesús, lo cual no deja muy claro, desde el punto de vista de Rilke, si se refiere a Dios, ya que el autor mezcla intencionadamente la Divina Trinidad con la paternidad de Dios sobre Jesús.

[46] Mt. III.3; Mr. I.1-8; Lc. III.1-9, 15-17; Jn. I.19-28.

[47] Epístola a los Hebreos I.2. Vuelve a ser Jesús el que recibe el sobrenombre.

[48] Lc. III.12; Mt. III.1-12; Mr. I.1-8; Jn. I.19-28. Es Jesús otra vez el denominado de esta manera.

[49] Véase Salmos I.22.

[50] Véase Rut I-IV.

[51] Véase Ezequiel I.

[52] Véase Daniel I-V.

[53] Véase Segundo Libro de los Reyes III.

[54] Véase Gn. IV.1-22.

[55] Lc. I, 1-2.

[56] Para más información léase Pierre Crépon, Los Evangelios Apócrifos, Madrid, EDAF, 2001. Para más información véase la introducción del libro.

[57] La presencia en el saber colectivo de la lanza de Longinos, o la mula y el buey de las representaciones del Nacimiento de Dios, son dos ejemplos palpables de la influencia de esta literatura, no sólo entre los fieles, sino también entre los padres de la Iglesia de los escalafones más bajos.

[58] Véase Pierre Crépon, Los Evangelios Apócrifos, pp. 25-27.

[59] Entre los que se encuentran los siguientes: los árboles del Paraíso, en el Evangelio de Nicodemo y en el Evangelio según Tomás; la fortaleza sobre la montaña y la piedra angular en el Evangelio según Tomás;; y las tinieblas en el Evangelio de Nicodemo y en el Evangelio según Tomás. Véase Pierre Crépon, Los Evangelios Apócrifos, pp. 147 y 183, p. 185, p. 191 y p. 144.

[60] Rainer Maria Rilke, El libro de horas, pp. 28-29.

[61] El Evangelio de la Verdad en Pierre Crépon, Los Evangelios Apócrifos, p 205.

[62] El Evangelio de Pedro en Pierre Crépon, Los Evangelios Apócrifos, p. 165.

[63] Pierre Crépon, Los Evangelios Apócrifos, p. 175.

[64] Pierre Crépon, Los Evangelios Apócrifos, p. 201.

[65] Pierre Crépon, Los Evangelios Apócrifos, p. 204.

[66] Pierre Crépon, Los Evangelios Apócrifos, p. 204.

[67] Pierre Crépon, Los Evangelios Apócrifos, p. 205.

[68] Pierre Crépon, Los Evangelios Apócrifos, p. 188.

[69] Platón, Diálogos VI. Filebo, Timeo, Critias, Mª Ángeles Durán, y Francisco Lisi, (eds. y trads.), Madrid, Gredos, 2000, p. 166.

[70] Platón, Diálogos VI. Filebo, Timeo, Critias, pp. 168-169.

[71] Platón, Diálogos VI. Filebo, Timeo, Critias, p. 171.

[72] Federico Bermúdez-Cañete traduce como:

      “Antes de volver a ser [Dios] bosque y agua y prolífica tierra silvestre”

     Véase poema “Ich war bei den ältesten Mönchen, den Malern und Mythenmeldern”, en Rainer Maria Rilke, El libro de horas, pp. 94-97.

[73] Federico Bermúdez-Cañete traduce como:

“Sólo después se acerca a la naturaleza,
siente la lejanía y los vientos,
y te oye, murmurando por el llano,
te contempla, cantado por los astros,
y no te desprende jamás en parte alguna
y todo es manto tuyo, solamente”

     Véase poema y “Du meinst die Demunt. Angesichter” en Rainer Maria Rilke, El libro de horas, pp. 136-139.

[74] Teoría cuyo origen parece rastrearse en la India y que es conocida en el occidente de manos de Platón. Se basa en la hipótesis de que la Tierra es un ente vivo que alberga otros, que a su vez son parte integrante de ella. Se denomina Gaia a este ente superior del que todo parte y hacia lo que todo va. La orden del Temple propagó la teoría por Europa, pero murió junto con la orden. Desde el segundo tercio del siglo XX la idea ha vuelto a resurgir con fuerza en muchos círculos conservacionistas, a raíz de la destrucción progresiva del planeta y el cambio climático.

[75] Federico Bermúdez-Cañete traduce como:

Y puede ser: una energía inmensa
se mueve junto a mí.

     Véase poema “Du Dunkelheit, aus der ich stamme,” en Rainer Maria Rilke, El libro de horas, pp. 30-33.

[76] Federico Bermúdez-Cañete traduce como:

“[…] y todas las canciones de sonido profundo,
refulgirán en ti como piedras preciosas”.

Véase poema cuyo primer verso es “Und du erbst das Grün” en Rainer Maria Rilke, El libro de horas, pp. 122-127.

[77] Federico Bermúdez-Cañete traduce como:

“En la tormenta aúllas. Y tú eres como un arpa
en que se estrella todo el que la tañe”.

Véase poema “Du bir der Arme, du der Mittellose,” en Rainer Maria Rilke, El libro de horas, pp. 193-195.

[78] Platón, Diálogos VI. Filebo, Timeo, Critias, pp. 173-174.

[79] Fragmento extraído del relato Un relato de muerte con manuscrito, en Rainer Maria Rilke, Historias de un buen Dios, Barcelona, Plaza y Janés, 1975.

[80] Dios siente nostalgia de habitar en el corazón los hombres. Véase al respecto el poema “Dann bete du, wie es dich dieser lehrt,” en Rainer Maria Rilke, El libro de horas, pp. 64-67.

[81] Dios tiene miedo de que el poeta llegue a él. Véase por ejemplo el poema “Ich bin, du Ängstlicher. Hörst du mich nicht” en Rainer Maria Rilke, El libro de horas, pp. 40-41.

[82] Se le podría denominar también autoexiliado, pues así lo describe Rilke en el poema “Du bist der Arme, du der Mittellose,” en Rainer Maria Rilke, El libro de horas, pp. 193-195.

[83] Y esto mismo se puede leer en poemas como “Du meinst die Demut. Angesichter” en Rainer Maria Rilke, El libro de horas, pp. 136-139.

[84] Como en el poema “In tienen Nächten grab ich dich, du Schatz.” en Rainer Maria Rilke, El libro de horas, pp. 164-167.

 

© Fernando D. González Grueso 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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