La narrativa de Sibari o el encanto de la cotidianeidad y sencillez

Boujemâa EL ABKARI

Universidad Hassan II
Facultad de Letras
Mohammedia-Marruecos
elabkari@gmail.com


 

   
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Resumen: Análisis de parte la obra narrativa breve del autor Mohammed Sibari, integrada por Relatos de las Hespérides, Pinchitos y divorcios y Relatos del Hammam. La estructura narrativa sibariana se revela de tendencia tradicional, en muchos aspectos, quizás, por atarse demasiado a esquemas clásicos del cuento, como la linealidad cronológica, consevada en la gran mayoría de los cuentos de las colecciones estudiadas, la casi unidad espacio-temporal, la búsqueda del color local, el desenlace demasiado moralizador, la casi ausencia del monólogo interior, en sus varias formas, tal vez, lo que importe mucho al cuentista, en varios casos, es la apariencia, lo exterior, el aspecto social y no la interioridad y la sicología de los personajes.
Palabras clave: Mohammed Sibari, narrativa marroquí, relato

 

0-Preliminares

El presente trabajo tiene su origen en las primeras reflexiones planteadas durante unas lecturas de verano de la obra del veterano escritor norteño don Mohamed Sibari. Mi lectura de la obra sibariana se reduce, desgraciadamente, a las obras siguientes: Relatos de las Hespérides (2000), Relatos del Hammam (2001) y Pinchitos y divorcios (2002) [1], ya que me resultó difícil conseguir otras. Relatos de las Hespérides y Pinchitos y divorcios se componen de 13 relatos y Relatos del Hammam sólo de 10. Como se ha indicado, estos volúmenes se publicaron entre 2000 y 2002, es decir, corresponden a las últimas creaciones del cuentista.

A mi parecer, estas tres colecciones de relatos podrían ser representativas de la escritura sibariana y, por lo tanto, presentan unas características comunes, tanto temáticas como técnicas, que podrían definir, de modo general, los fundamentos esenciales del proyecto narrativo del cuentista. En este estudio, pues, intentaremos destacar los rasgos más significativos y productivos en su narrativa.

 

1-Primeras claves

Al hablar de primeras claves, me refiero, particularmente, a lo que podría ser una especie de prólogo autorial -del propio escritor- o de exergue, o sea, a aquel texto-umbral que hace parte del texto narrativo y, al mismo tiempo, de sus afueras [2]. La diferencia entre los dos paratextos radica en que, el primero es un verdadero paratexto y el segundo está incluido en el cuento que abre la colección, “Partida de nacimiento”, formando una especie de introducción que asienta el escenario, lo puebla y crea la atmósfera inicial de la narración. Para mí, ambos constituyen un paratexto textual porque es visiblemente la continuación -o el motivo- de la ilustración icónica de las primeras tapas de las colecciones. Recordemos que, el paratexto constituye el primer contacto con el texto para el lector-receptor y que responde a una necesidad pragmática: opera como estrategia de lectura al cumplir una función anticipadora, permitiendo, así, establecer referencias temáticas y, activando en el lector, los conocimientos previos sobre el tema tratado [3]. En este sentido, la intencionalidad del texto-umbral sibariano es, evidentemente, canalizar y condicionar la lectura y, al mismo tiempo, poner de relieve ciertos temas de las obras, sobre todo, en Relatos del hammam y Pinchitos y divorcios.

En la primera colección, se trata del hammam como espacio de donde emergen las anécdotas alrededor de las cuales el cuentista trata de estructurar unas historias; ocurre casi lo mismo en la segunda colección, esta vez, no se trata de un espacio sino de un personaje, Embarek Bambara, el gnawí, y del casamianto de Jaira, su joven y hermosa hija y, lo que acaecerá como consecuencia de dicho casamiento.

Estos paratextos textuales se invierten acertadamente a lo largo de los libros. Además de su función introductoria y canalizadora, tienen otra, la de asegurar una verdadera unidad temática a los distintos relatos. Este hecho, podría conducir a suponer que las dos colecciones mencionadas, podrían ser una especie de novelas cortas. El lector advertido, podría percatarse de que Sibari se esmera, incluso, en guardar esta unidad, creando hilos cnductores y, a veces, haciendo alusiones sútiles a distintas anécdotas anteriores, especialmente, en Pinchitos y divorcios.

 

2- Suprimacía de la anécdota

Resulta obvio decir, que es en la escritura del cuento donde un novelista se forma y puede ir adquiriendo destreza y maestría. Hasta el momento, no he leído ninguna novela de Sibari, (que yo sepa, lleva publicado, hasta el momento, cinco novelas) sin embargo, sus relatos reflejan, precisamente, aquel aliento del novelista que permite dominar los distintos mecanismos de la evolución de los acontecimientos y personajes en el universo narrativo. Sibari parece evitar el uso de la palabra “cuento” y prefiere la de “relato”, seguramente, porque “cuento” está frecuentemente asociado, en la memoria de varias generaciones, al “cuento infantil” y “relato”, al cuento moderno, bien estructurado en todos sus elementos constitutivos (estructura, personajes, argumento, atmósfera, …). En efecto, si a principios del siglo XX, la prensa norteamericana popularizó el cuento (“short story”), en Europa fue la novela y, en España, la novela por entregas, la que reinaba, sobre todo, en aquella época en el campo literario. Precisamente, en la narrativa sibariana encontramos algunas huellas de la novela por entregas, ciertamente, las adquirió a lo largo de sus primeras lecturas.

Como se ha dicho, los cuentos de Relatos del hammam y Pinchitos y divorcios, en particular, se presentan como textos engarzados unos con otros, no sólo por la temática, sino también por la atmósfera general relativa a algunas situaciones reiterativas dominantes (el hammam, el bar, el café, los conflictos que sufren los personajes…) que está prefigurada, enmarcada e insinuada por el cuentista a través de varios detalles. Los ejemplos más ilustrativos los constituyen el hammam (algunos clientes vienen al hammam y los demás-el auditorio (el guel-lás y los ques-sala...), animados por una fuerte curiosidad, intentan sacarles la lengua para saber lo que les pasó, de este modo se suceden los clientes y se multiplican las situaciones y atmósferas que prepara cuidadosamente el cuentista, de este modo arrancan casi siempre todos los cuentos de la primera colección. En la segunda, Sibari guarda la misma estructura de apertura y arranque de la narración: se trata de tres personajes, dos mujeres y un hombre, todos viejos, que acuden a las “tertulias” de Lal-la Jaira para contarle el porqué y el cómo del divorcio de mujeres y hombres del barrio o de la ciudad; en cambio, La-la Jaira, la rica gnawía después de la muerte de su viejo marido, un acomodado mercader, les ofrece, cada noche, unos sabrosos y variados pinchitos. “Esterilidad”, el segundo cuento de la colección, inicia la serie de anécdotas que forma el objeto de las “tertulias” de La-la Jaira. Sibari describe detalladamente, en la introducción a “Esterilidad”, la casa y la llegada fastuosa de La-la Jaira y el inicio de la narración de la anécdota de la noche:

Una vez encendido el fuego al rojo vivo y puesta la cafetera de cobre a hervir, eran depositadas sobre una alfombra bandejas, azucareras y teteras, todas de plata menos los multicolores vasos que eran de puro cristal iraquí.

Al llegar las dos viejas y Abdu y tomar asiento, apareció bajando las escaleras de mármol que conducen al patio interior donde el olor a azahar y el borboteo del agua de la fuente que como un cáliz con sus pétalos caídos ocupaba casi todo el centro del césped.

La bella Jaira vestida con unos zaragüelles, blusa, y turbantes blancos, la hija de Bambara se sentó delante de la fuente y encima de una alfombra persa apoyó su brazo sobre dos almohadas [4].

Es cierto que encasillar los géneros es algo difícil, sobre todo, en un mundo “postmoderno”, donde las fronteras tienden a borrarse entre los géneros y aparece una literatura cada vez más híbrida, en que se mezclan distintos tipos de escritura. En este sentido, se podría definir la narrativa sibariana de inspiración costumbrista, antropológica, realista, social..., e incluso, exótica, como lo atestigua este destacado pasaje descriptivo que subraya el exotismo oriental y la teatralidad de la escena.

Sin embargo, la verdadera herramienta de Sibari es el oído, la “escucha” y la convivencia directa con la gente, particularmente, la media y baja. Su escritura es una especie de prolongación del habla y vida populares. Por definición, el cuento, como género, especialmente por su característica de cercanía con la narración oral, de brevedad y fragmentarismo, le permita a Sbari incorporar esta dimensión antropológico-costumbrista y social, mediante descripciones, pinceladas sutiles, alusiones, escenas..., con un lenguaje, muchas veces, que tiende más a la oralidad que al lenguaje rebuscado y sabio de la ficción. Evidentemente, eso no significa que Sibari no trabaja la estructura -o digamos la forma- de sus narraciones. La técnica del cuento se adquiere, por lo general, con la práctica más que con el estudio. Sibari es uno de aquellos narradores que llegan a forjar su propia técnica, eso sí, sencilla a la imagen de la temática representada, básicamente inspirada del cuento oral y de la tradición popular marroquíes. La parte artesanal, digámonoslo así, es imprescindible en el bagaje del cuentista.

La estructura de los cuentos sibarianos, tanto interna como externa, no presenta una gran variedad técnica. Casi todos sus cuentos son lineales, los sucesos se expresan de modo cronológico lineal, por lo tanto, la acción no presenta grandes puntos de giro, evoluciona muy a menudo respetando este orden: A-B-C -planteamiento (A), nudo -o clímax- (B) y desenlace (C)-, a pesar de que , en Relatos del hammam, prevalece mejor la estructura siguiente: B-A-C, variante bien invertida por el cuentista. Entonces, no exagero demasiado si afirmo que Sibari parece cultivar el cuento con toda su connotación popular que encierra la “hiqaya”, la “jrafa” o la “hachaya”, pero de una manera muy personal que pone de relieve, sobre todo, el encanto de la anécdota, como lo hacían nuestras abuelas y los contadores de la tradicional “halqa”.

Como se sabe bien, el cuento popular tiene sus características narrativas, Sibari reitera algunas a su manera, la más clara es la apertura, o sea, la preparación y la introducción de la anécdota, como hemos señalado. Tomemos esta ilustración de Relatos del Hammam: en “Partida de nacimiento”, se habla de la misteriosa enfermedad de Si Taieb, un conocido cliente del hamman de un barrio de Larache, por eso, hace tiempo que no ha venido a bañarse y, milagrosamente, aparece:

-¿Qué fue lo que pasó? (pregunta el guel-lás a Si Taieb, éste, en vez de contarle en seguida el motivo de su ausencia y enfermedad, le contesta:)

-Cuando acabe de bañarme se lo contaré [5].

Así, se suspende la narración tan esperada -por el auditorio e, implícitamente, por el lector-oyente también- y se tarda por un rato. Esta espera dura una página, hasta la salida de Si Taieb del baño. Por supuesto, el cuento se abre con un suspense que se incrementa todavía más, por las primeras enigmáticas declaraciones del protagonista que, luego, se van aclarando poco a poco hasta el desenlace. Esta técnica introductoria se reitera en muchos cuentos de las tres colecciones, su mayor finalidad es favorece la importancia de la anécdota concediéndole, así, una gracia y un hechizo particulres.

El diálogo forma la base de los cuentos sibarianos. El narrador cede siempre la palabra a los personajes e interviene muy pocas veces para ambientar, aportar precisiones o orientar la narración. Ello confirma el aspecto fuertemente oral de muchos cuentos. El cuentista parece privilegiar deliberadamente el diálogo sobre la narración y la descripción, lo que coincide perfectamente con su proyecto narrativo de inspiración popular, en que prima la oralidad, entre otros aspectos.

El personaje de Sibari no es objeto de una compleja elaboración ni construcción. Aparte de los nombres muy sugestivos y frecuentemente grotescos, pocas pinceladas y sutiles indicios sirven para presentarlo y caracterizarlo. El personaje sibariano está ubicado, muy a menudo, en lo cotidiano y el cuentista lo somete a una situación-prueba, para vivir un conflicto, sufrir una crisis, un dilema, experimentar una ambición que, muchas veces, -esta situación- se resuelve nagativamente. En gran medida, la intencionalidad de l cuentista es reforza, otra vez más, la impresión de que lo que prima, ante todo, es la anécdota; la manera de narrarla no parece importarle mucho (a pesar de la presencia de algunas rupturas del tiempo y cambios del espacio, algunas digresiones, generalmente, bajo forma de analepsis externas, que aportan nuevas informaciones, aclaran y ayudan a comprender al personaje… y, sobre todo, la presencia del suspense para crear un especial efecto y avivar la atmósfera…).

Se observa, asimismo, la existencia de una gran variedad de personajes que representan, en su gran mayoría, los grupos sociales medios y bajos, especialmente, del norte de Marruecos, aunque Sibari intenta aludir a Casablanca, Rabat, Mequinez, Fez, Marrakech… para cubrir una buena parte del territorio marroquí. Esta “población” permite al cuentista introducir y desarrollar una rica temática social, como veremos más tarde.

No quisiera terminar este esbozo del análisis técnico, sin destacar aquel procedimiento relativo al desenlace. En la narrativa sibariana sobresale un manejo especial del humor, a tal punto que se puede considerarlo -el humor- como una constante que se transforma en una característica de estilo y de forma, a lo largo de las tres colecciones de cuentos estudiadas.

En efecto, Sibari logra crear un efecto humorístico en varios cuentos, pero lo que atrae más la atención es el humor del desenlace que no espera el lector y que lo sorprende en la última línea o frase del cuento. La intencionalidad del humor sibariano es, de modo general, ejemplificar la torpeza de la conducta de algunos personajes representativos, pero también para suavizar el tono de la crítica socio-política y moral de aquellos tipos sociales (crítica de los vicios, corrupción, superstición, demagogía política, nacionalismo excesivo y absurdo…). Para Sibari, el humor constituye uno de los mejores medios que expresa y traduce la conciencia, el rechazo y la condena populares de todo lo negativo en nuestra sociedad, sin que ello adquiera explícitos matices de un compromiso político claro y sistemático por parte del cuentista. No hay que olvidar que el humor es igualmente uno de los aspectos del cuento oral popular y Sibari lo invierte dentro de la graciosa dimensión del temperamiento norteño.

Me parece particularmente productivo el uso del humor, porque ocurre también que Sibari mezcle acerdamente lo dramático y lo cómico irónico. En varios cuentos, la desgracia de un personaje engendra, a menudo, una situación cómica que podría hace reir al lector-receptor, por un motivo o por otro. Otra vez, Sibari acude a la inversión de la dimensión popular humana, ya que, como dice el dicho popular marroquí, “las demasiadas penas hacen reir” [6], lo que es absolutamente una reacción humana natural. Se trata de una autodefensa legítima de cada individuo para guardar bien el equilibrio sicológico adecuado, frente a circunstancias adversas. En vez de dejarse aglutinar e invadir por el impacto de la desgracia, el individuo -popular, sobre todo- asume su situación intentando suavizarla por unos mecanismos sicológicos propios: el humor es uno de los medios más eficaces que contribuyen, en este caso, a sobrepasar cualquier crisis y adversidad. Sibari maneja este procedimeinto con gran maestría en muchos cuentos y, sobre todo, para concretizar y dramatizar algunos desenlaces.

 

3- Variedad temática

A la gran variedad de los personajes corresponde una reiterada serie de temas de distinta índole. El lector encuentra, en la narrativa sibariana, el detalle histórico y socio-político como alusión, connotación y símbolo. De esta manera, se evocan, a lo largo de algunos diálogos o reflexiones, ecos históricos lejanos, como la batalla de los Tres Reyes [7]; el protectorado hispanofrancés; episodios nacionales, como el exilio del “Padre de la Nación”; anécdotas relativas a los ex resistentes-nacionalistas; la convivencia de lo hispano-marroquí y los distintos conflictos socio-culturales [8]; y ecos históricos cercanos, como la expulsión de los marroquíes de Argelia [9]; la mudawana de la familia [10], e incluso, una sugestiva alusión a la tragedia racista de El Éjido [11], lo que conduce, naturalmente, a la evocación de la inmigración clandestina y sus nefastas secuelas sociales y familiales [12].

Los temas que componen el cuerpo de estas colecciones son, en el fondo, los que se refieren a lo cotidiano del ser popular norteño y del marroquí, en general, a saber, el complejo universo de la familia, fundalmentalmente, de origen bajo y medio; los grandes males sociales, que sean de orden moral o socio-político (la avaricia, el chismeo, las supersticiones y falsas creencias populares -brujería, romerías, santos…-; varios vicios, como el alcoholismo, la prostitución, la delincuencia juvenil; la corrupción y la deshonestidad tanto de altos funcionarios -ministros, directores, jueces…- como de los profesionales liberales -abogados, médicos…-; precariedad de la condición de la mujer norteña, en particular; degradación de la vida de los docentes… Sin embargo, se observa una importante ausencia relativa a la temática relativa al mundo del narcotráfico y del contrabando, fenómenos socio-económicos y sociales (y, últimamente, políticos) de la sociedad norteña. ¿Se trata de una autocensura o de los silencios sibarianos? o ¿estos temas siguen haciendo parte de los muchos tabúes del Norte?

El dinero cobra un valor primordial y determina las relaciones humanas dentro de la sociedad representada por la narrativa sibariana. Muchos docentes, por ejemplo, abandonan su oficio para ejercer otro que les aporta más dinero, aunque sea degradante, como limpiar pescado en el puerto o coches en las plazas. Algunos personajes corruptos y deshonestos están denominados simbólicamente: Doctor Dirham [13], Doctor Anaflus [14] o “itenaachen” (dinero en rifeño), nombre que se otorga a un conocido y vil abogado [15].

Se nota, también, debido seguramente a la profesión de Sibari, un profundo conocimiento del universo de los médicos y de la sanidad, en general, por lo tanto, la mayoría de los que representan este universo están severamente tratados y criticados y, a veces, de una manera muy grotesca e irónica. Sibari tiene seguramente sus razones.

Evidentemente, la temática fundamental de la narrativa sibariana se alimenta mucho de fuentes populares orales. Así, el cuentista invierte, incluso, algunos dichos, chistes, expresiones marroquíes y proberbios populares, como por ejemplo, en Relatos de las Hespérides, el narrador declara, refiriéndose a la precariedad de la formación de los peluqueros, que éstos “aprenden en las cabezas de los huérfanos” [16]. En Pinchitos y divorcios, el alfaquí Larosi, confuso, no sabe cómo pedir a Bambara la mano de su hija, Jaira y, cuando se da cuenta de que el gnawí no le entiende, le dice para hablarle con más claridad:

Como se dice, “no se debe tener vergüenza en la religión… [17].

Reitero, otra vez más, que Sibari está “a la escucha” de la palabra popular. No es casual que casi siempre los personajes cuenten ellos mismos sus anécdotas -sus historias- al auditorio (al oyente-lector, si se me permite la expresión), por lo cual se impone una cierta teatralidad en la evolución y narración de muchos cuentos. En general, los narradores sibarianos son discretos y casi pasan desapercebidos.

La geografía literaria, invertida por Sibari, trata de cubrir un amplio territorio nacional, como he dicho, aunque, en el fondo, se reduce básicamente, a la zona norteña y, particularmente, a “Larachestán” [18], su ciudad natal, espacio que podría someterse a un proceso de elaboración literaria, que sigue siendo todavía embrionario en las colecciones estudiadas, para plasmarse en un verdadero espacio ficticio a la imagen de Comala, Macondo, Santa María, Areguá, unos de los espacios simbólicos más significativos de la narrativa hispanoamericana. Sibari posee todas las potencialidades creativas para mejorar la imagen de “Larachestán”, a lo largo de su producción narrativa y novelesca futura, para que pueda ser una representación “microcósmica” de la sociedad norteña y marroquí, de modo general, tal como la concibe e imagina él mismo: el creador.

 

4- Impresión costumbrista sibariana

Hablo de “impresión costumbrista” y no de cuadros y escenas de verdadero registro fotográfico decimonónico. Sibari no cultiva un realismo social como “reflejo” total y absoluto de la vida; pero, en muchos cuentos, parece que no llega liberarse por completo de la influencia costumbrista (nombres simbólicos, indeterminación temporal, escenas del campo y de la ciudad, digresiones relativas a los usos, fiestas y tradiciones enraizadas en la sociedad norteña y marroquí…). Este aspecto constituye, en efecto, una de las características de la narrativa sibariana, porque el “costumbrismo” sibariano encierra, entre otras finalidades, una intencionalidad identitaria y nacionalista, como veremos más tarde.

Como se ha dicho, Sibari evita el uso de la palabra “cuento”, precisamente, a mediados de los años 60, del siglo pasado, el cuento dejó de llamarse así para adquirir la denominación de relato. En este cambio de nombre hubo un propósito que pretendía, por una parte, aclarar posibles confusiones con el cuento popular o con el infantil y, por otra parte, intentar coincidir la palabra “relato” con la nueva concepción del quehacer escritural que privilegia más la forma, el juego, la problematización… que el contenido o, por lo menos, los dos juntos. Hay que pensar, por ejemplo, en la narrativa de Borges -iniciador- y Cortázar -una de las figuras máximas.

En el caso de Sibari, sucede el contrario, me parece que sus relatos, en su gran mayoría, obedecen al sentir y a la sustancia narrativa oral popular y que se conciben a partir de ciertos usos, fiestas, tradiciones... lo que hace pensar en los primeros textos de Sefrioui, Chraïbi, Did... Sin embargo, a veces, aparecen algunas nuevas chispas, algunas tentativas tímidas de renovación. La tentativa más audaz se ve en la estructura de Pinchitos y divorcios que sirve a Sibari para parodiar, en cierta manera, la de Mil y una noches, aunque dentro de aquel marco costumbrista local (casamientos, divorcios, modos de vivir y pensar...). El cuento sibariano, lo he demostrado suficientemente, está fruertemente dependiente del acontecimiento narrado, de la anécdota, del chiste… Por otra parte, la anécdota (la historia graciosa o, a veces, dramática y trágica), cobra más protagonismo que los demás elementos constitutivos del cuento (particularmente los formales).

Otro elemento que enriquece el color local y refuerza la impresión costumbrista, es el lingüístico. En la narrativa sibariana, aparecen muchas palabras árabes, muchas van traducidas al español entreparéntesis en el seno de la narración; pero, algunas no. Si ciertas palabras y expresiones se podrían comprender, como las relativas al saludo y a la despedida, en cambio, muchas otras no. Me parece que varias palabras imponen, incluso, una nota explicativa a pie de página, porque se refieren a las tradiciones ancestrales, religiosas y culturales del pueblo marroquí. En un cuento de Relatos del Hammam, por ejemplo, se menciona la fiesta de “Achor” [19], sin explicación. Es cierto que, al iniciar el cuento, Sibari alude a la compra de juguetes para los niños, pero se escapará, seguramente, al lector no marroquí toda la connotación religiosa y, sobre todo, superticiosa y popular del término, lo que podría dar, en el fondo, un verdadero motivo de creación narrativa. En el mismo sentido, aparecen palabras sin tarducción ni explicación, como ‘Aid-El-Kabir’ [20],-traducida en otro texto por ‘la pascua grande’ [21], - ‘maalem’ [22], entre otras, mientras se traduce entreparéntesis ‘tebiba’ [23], a pesar de que es una palabra con menos carga cultural, como el ‘Achor’. Con estos ejemplos, quisiera decir que, Sibari no parece riguroso ni metódico en el tratamiento de este aspecto, como fue el caso en la narrativa neoindigenista.

De todas maneras, las palabras no explicadas guardan cierto misterio, lo que podría empujar, al lector no árabe, a volver a leer varias veces algunos pasajes para intentar adivinar y deducir el sentido que le permita una comprensión cabal del texto, lo que ofrece al cuento sibariano un rasgo particular, un encanto y color local marroquí y, contribuye a plasmar, al fin y al cabo, las distintas señas de identidad del marroquí. Sibari perturba el español y su estructura infundiéndole nuestra indosincrasia que se ve, sobre todo, en los modos de pensar. Seguramente la “marroquización” del español no es una tarea fácil, en el ámbito literario, pero es uno de los objetivos -iba a decir: retos- de nuestros creadores de expresión española. Esta labor lingüística-literaria muy compleja constituye, en el fondo, una obligación y necesidad identitarias para estos escritores. Por el momento, Sibari se afana en reivindicar y expresar este aspecto identitario recurriendo, particularmente, al detalle costumbrista.

Conviene, asimismo, subrayar que los prologuistas de Relatos de las Hespérides y Pinchitos y divorcios aluden concretamente a este aspecto costumbrista de la obra sibariana, en sus niveles antropológicos y sociológicos. Los prologuistas son españoles que conocen Marruecos, pero, a pesar de ello, lo primero con que se han enfrentado -con interés y encanto-, es, concretamente, aquellas descripciones-cuadros costumbristas y atmósferas marroquíes que podrían producir un cierto desasociego en el lector extranjero y europeo, en especial [24]. Precisamente, la concepción que tiene el europeo medio de nuestra sociedad depende, en gran medida, desde hace ya mucho tiempo, primero, de la visión superficial de ciertos orientalistas y, luego, de la visión folklorista de los colonialistas. En ambas visiones extranjeras prevalece más bien el desprecio y el exotismo aquetípico -de la tarjeta postal- que el encanto y la fascinación. Desgraciadamente, esta visión superficial negativa sigue vigente hasta hoy día, en ciertos medios sociales europeos, sobre todo, con la subida del fanático integrismo religioso actual. En este sentido, la impresión costumbrista, en la narrativa sibariana, no sólo obedece a una necesidad estética y creadora, sino también podría alcanzar una dimensión, que entraría en un proceso mucho más amplio, de contrarrestar -con la neta intención de restablecer la “verdad verdadera”- la visión tradicional, que se había forjado de Marruecos, relatando y ficcionando sencillamente las pequeñas cosas de un pueblo en evolución, lejos de toda, ideologización, demagogía y nacionalismo militante y excesivo.

Para concluir, se puede afirmar que la combinación de todos estos factores potencia, por una parte, los efectos y el placer de la lectura y, por otra, evidencia admirablemente la sutileza con que Sibari se revela capaz de elevar cualquier anécdota o asunto..., sencillísimos y tribiales de la cotidianeidad, al estatuto de materia narrable. Evidentemente, los que suelen leer a los grandes narradores modernos que conciben el cuento como enigma y reto, se sentirán lejos de aquellos juegos del experimentalismo formal y lingüístico, del inconformalismo y problematización de la escritura narrativa de un Borges o Cortázar, por ejemplo.

Es verdad que la estructura narrativa sibariana se revela de tendencia tradicional, en muchos aspectos, quizás, por atarse demasiado a esquemas clásicos del cuento, como la linealidad cronológica, consevada en la gran mayoría de los cuentos de las colecciones estudiadas, la casi unidad espacio-temporal, la búsqueda del color local, el desenlace demasiado moralizador, la casi ausencia del monólogo interior, en sus varias formas, tal vez, lo que importe mucho al cuentista, en varios casos, es la apariencia, lo exterior, el aspecto social y no la interioridad y la sicología de los personajes...

Sin embargo, a pesar del simplismo que caracteriza esta escritura narrativa, Mohamed Sibari llega a dejar claro que ha creado y se ha apropiado de un estilo particular y que ha consolidado su estrategia narrativa que sustenta su concepción artística: la de narrar, construir y documentar, paso a paso, la creciente fascinación por lo cotidiano, lo sencillo y lo popular. No olvidemos que la narrativa sibariana es una de las iniciáticas y fundacionales de la llamada “narrativa marroquí de expresión castellana”, naturalmente, con sus debilidades y, sobre todo, con sus grandes logros y realizaciones que abren amplias perspectivas para la creación literaria en la lengua del Quijote. Creo fuertemente que la ficción marroquí de expresión española, con Si Mohamed y otros más, está confirmándose sólida y seguramente y, ganando, cada vez más, el contorno que merece nuestra libertad creadora, en este país que se quiere un espacio único y mútltiple de libertad de expresión, de apertura y encuentros, de convivencia y tolerancia.

 

Notas:

[1] Sibari, Mohamed: Relatos de las Hespérides, Madrid, Ed. La-la Menana, 2000, 85 p.; Relatos del Hammam, Tánger, Publicaciones de la A.E.M.L.E., 2000, 79 p. y Pinchitos y divorcios, Madrid, Ed. La-la Menana, 2002, 93 p.

[2] Cf. Sibari, Mohamed: Pinchitos y divorcios, ob. cit., pp. 17-19 y Relatos del Hammam, ob. cit., pp. 13-14

[3] A propósito de la definición y estrategia del paratexto, Cf. esencialmente, Kristeva, Julia: Semiótica, I , Madrid, Ed. Fundamentos, 1981, Genette, Gérard: Seuils, Paris, Ed. Seuil, 1987 y Palimpsestos. La literatura en segundo grado, Madrid, Ed. Taurus, 1989; Poétique (Paris), N° 69, 1987 (Número monográfico dedicado al estudio del paratexto. La presentación es de Genette) y Calabreces, Elisa y Martínez, Luciano: “Historia de una teoría”, in:VV.AA: Miguel Briante. Genealogía de un olvido, Rosario, Ed. Beatriz Vitebro, 2001, p. 48.

[4] Sibari, Mohamed: Pinchitos y divorcios, ob. cit., p. 27.

[5] Sibari, Mohamed: Relatos del Hammam, ob. cit. p. 15.

[6] En España, se oye decir algo parecido. El español apenado, entristecido o desgraciado… dice, frecuentemente, a lo largo de su enunciado: “me río de mi pena, tristeza o desgracia…”, con la misma finalidad que el marroquí, intentando liberarse y alivaiar su estado anímico.

[7] Sibari, Mohamed: Relatos del Hammam, ob. cit. p. 61.

[8] Ibid. Cf. particularmente, pp. 36, 39-41; Relatos de las Hespérides, ob. cit. p. 59.

[9] Sibari, Mohamed: Relatos de las Hespérides, ob. cit., p. 65.

[10] Ibid. p. 18.

[11] Sibari, Mohamed: Relatos del Hammam, ob. cit., p. 70.

[12] Ibid. pp. 75-79.

13] Sibari, Mohamed: Relatos de las Hespérides, ob. cit., p. 40.

[14] Sibari, Mohamed: Relatos del Hammam, ob. cit. , p. 72.

[15] Ibid.

[16] Sibari, Mohamed: Relatos de las Hespérides, ob. cit., p. 45.

[17] Sibari, Mohamed: Pinchitos y divorcios, ob. cit. p. 23.

[18] Sibari, Mohamed: Relatos de las Hespérides, ob. cit., p. 20.

[19] Sibari, Mohamed: Relatos del Hammam, ob. cit., p. 35.

[20] Sibari, Mohamed: Pinchitos y divorcios, ob. cit., p. 72.

[21] Sibari, Mohamed: Relatos del Hammam, ob. cit., p. 56.

[22] Ibid. p. 53.

[23] Ibid. p. 56.

[24] Cf. Aguilera, Rafael: “Prólogo”, a Sibari, Mohamed: Relatos de las Hespérides, ob. cit., pp.7-8 y Remacha, J.R.: “Prólogo o proemio” a Sibari, Mohamed: Pinchitos y divorcios, ob. cit., pp; 11-15.

 

© Boujemâa EL ABKARI 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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