Asedio a la ternura:
La etapa purgatorial de la poesía de Silva Prida

Prof. Fernando Casales

Instituto de Profesores “Artigas”
Montevideo- Uruguay
fercas71@hotmail.com
lenguasele@yahoo.com.ar


 

   
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Resumen: Este artículo pretende trazar etapas en la poesía de Silvia Prida. Se reconoce una primera etapa infernal solamente aludida mediante el nombre de los libros que la integran; una segunda etapa purgatorial que patentiza el libro que se estudia (Asedio a la ternura) y una tercera etapa que se promete, paradisíaca.
Palabras clave: Silvia Prida, poesía uruguaya, poesía femenina

 

Silvia Prida, nace en Montevideo, en el año 1949. Ha ejercido por largos años el magisterio de la literatura y simultáneamente se ha dedicado a la escritura poética. Su obra está compuesta por cuatro poemarios de cuya lectura se desprende la constatación de una voz lírica que evoluciona y encuentra su cauce propio y original. Poemas abolidos de 1988, Donde habita la luna de 1992; Poemas del haz y del envés, de 1995 y Asedio a la ternura de 2003, son los libros en los que ven la luz sus versos.

Guillermo Yepes Boscán segmenta la obra de T. S. Eliot en tres etapas. La primera, infernal en la que se aprecia”… la visión infernal del mundo contemporáneo, a través de una conciencia no solo estética sino ética” [1], la segunda, purgatorial “…transición entre la opacidad de una escritura problematizadora del mundo y la palabra traslúcida…” [2], la tercera, paradisíaca “…una creencia que busca reconciliar el impulso religioso y el instinto poético, sintetizando lo inmutable y lo perecedero…” [3]. Esta segmentación se ajusta perfectamente a la obra de Silvia Prida. Así, los primeros tres libros, Poemas abolidos de 1988, Donde habita la luna de 1992 y Poemas del haz y del envés, de 1995 integrarían la etapa infernal, en la que se patentiza su visión conflictiva del mundo.

Su último poemario Asedio a la ternura de 2003 nos introduce en la etapa purgatorial. Evidencia un estado de transición. La opacidad de la visión infernal da paso a una visión más transparente y prometedora de una futura etapa, paradisíaca que se anuncia pero que no se evidencia, en la que la poetisa podrá presentarse remozada, reconciliada, equilibrada y serena.

 

Asedio a la ternura

Esta obra está constituida por treinta y dos poemas distribuidos en cinco partes

1- Inevitabilidades.

2- El filo de la tarde.

3- Rituales con los otros.

4- Aprendizajes.

5- Itinerario.

A continuación analizaremos cada una de ellas.

 

1- Inevitabilidades

Integrada por cinco poemas, siendo el último el que da nombre al subconjunto. Lo inevitable es lo que no podemos impedir que ocurra, que acaezca, aquello que sucede. La palabra ‘inevitable’ es un adjetivo y como tal, siempre se asocia a un sustantivo que refiere el hecho inevitable. La sustantivación del mencionado adjetivo podría haberse llevado acabo mediante el procedimiento habitual con la presencia del lo neutro, así tendríamos lo inevitable. Sin embargo la poetisa decide ir más lejos y alcanzar el logro poético pleno con la creación del neologismo inevitabilidades mediante la asociación del sufijo “-ilidad” caracterizador de sustantivos, al adjetivo en cuestión. Así, lo inevitable es una inevitabilidad, es decir, un suceso que intrínsecamente está condenado a ocurrir. El nacimiento de este sustantivo en su discurso poético, designa elementos diferentes de mundos diferentes y el puente entre esos mundos es justamente la voz lírica. Pero antes de caracterizar esos mundos, debemos determinar cuáles son los hechos que adquieren el estatus de inevitabilidad. Los sucesos cotidianos que por su repetición, rutinaria han perdido sus significados esenciales y originales son para Silvia Prida inevitabilidades. En el poema Sobrevivientes expresa:

“Afuera el sol lastima
un cielo de nailon duro
de bosque talado
con smog
Hubo una vez un cielo de las estaciones
algo que esperar que aconteciera
algunas certezas
hoy queda el desconcierto de los pájaros…”

Este mundo devastado, esa naturaleza mutilada en la que hasta el ciclo vital ha sido alterado evidencia la ausencia de certezas. Eso es, inevitable, y todo es devastación.

La masificación y la superficialidad del hombre constituyen también inevitabilidades, así en el poema Envidia anota:

“La gente que corre esta calle
es gente sin misterio:
/…/
Vidas sin aventura ni ventura
cuyas historias cortas
se contarían entre dos suspiros
/…/
Historias que se agotan a flor de piel
a flor de piel sus vidas
sus historias sin vida
sus vidas sin historia
su itinerario neto
su destino de ostras
su paz.”

La adoración de ídolos humanos, la fe y la confianza puestas en lo artificial, en lo creado por el hombre, predomina, y se vuelve una inevitabilidad más. El descreimiento es absoluto, no hay lugar ni para el misterio ni para lo mágico. El poema Sala de espera, lo expresa claramente:

“Gran sala blanca
sillas y paredes
luz artificial suave
puerta sin inscripciones
Antepurgatorio
Nos amontonamos
para pasar por turno
-sin guía ni barca-
al otro lado
Al salir
uno o dos papeles azules
asépticos:
píldoras de salud
detrás de la puerta
preservativos contra el dolor
indulgencias a módico precio
El brujo de la tribu
sale por fin solemne
Nos inclinamos reverentes:
ojos de miope tras los cristales
calva reluciente
túnica blanca
sobre enorme barriga roja
de cangrejo. “

Todo se compra, el brujo de la tribu se vuelve una figura ridícula

También la muerte es una inevitabilidad, pero es una muerte desnuda, en soledad. Los ritos mortuorios también se han vaciado. El hombre para Silvia Prida ha perdido la conexión con el otro lado, ese lado al que accede justamente mediante el rito. Ese lado natural, espontáneo, esencial y original. Pero existen otras inevitabilidades que emergen de las anteriores. Los ritos vacíos, la masificación, la soledad, la devastación hacen desembocar al hombre lúcido en otra inevitabilidad que es el replegarse sobre sí mismo, el buscar en ese otro mundo, el mundo interior. Es un volverse a ese yo casi infantil, el perdido, que revive la imaginación, la fantasía, la ternura. Esos mundos, el exterior y el interior con sus respectivas inevitabilidades son los que comunica la palabra poética de Silvia Prida. En el poema que da nombre a esta primera parte afirma:

“Treparse sobre el ala de un pájaro
guarecerse bajo el paraguas de una campanilla lila
disolverse en espumas blancoazules

Rumiar hierbas silvestres con la vaca
parapetarse en la madriguera de un topo
hacerse un hueco en un panal de miel

Mezclar ungüentos florecidos musgosos
transitar por la espalda del cangrejo
asir la trompa gris del elefante

son las opciones que nos van quedando
ahora que los dioses se fueron de casa
frente a tanta intemperie. “

 

2- El filo de la tarde

Los tres poemas que integran esta segunda parte pueden considerarse tres epifanías. Luego del reconocimiento y constatación de lo inevitable la poetisa como conciencia observadora del mundo indaga en la tarde, en el paisaje marino y se le revela la Creación. La noche invade (penetra) al día. Ese acto de unión es una cópula. El atardecer que desemboca en la noche, es un acto de amor, de creación y es permanente. Es el ciclo que no ha sido alterado. Es la cópula desde la que emerge el tiempo que no es una inevitabilidad. En el poema Amores expresa:

La tarde cae
obtusa
breve
seca
sin mentiras de crepúsculos rojos

Trepa el sonido blanco de la noche
le hunde su aguijón
la invade

El amor
en un filo de horizonte
la mata.”

Y en esa contemplación de la tarde asiste a otra revelación. En el poema En la orilla anota:

“…Las fronteras se esfuman
un bote se diluye en la distancia
hiende el agua
como pájaro herido
que huye hacia la luz.”

Los límites se desdibujan, la poetisa percibe, reconoce otro ámbito, un allá, una posibilidad diferente. La noción de viaje que es la búsqueda se apodera del discurso poético y el espacio limitado, definido, da paso a ese otro espacio entrevisto por el yo lírico en la quietud del atardecer.

El tercer poema, Marina, nos muestra la imposibilidad del viaje. Hombres y barcos echan raíces en el muelle. El dolor de Tántalo se apodera de la conciencia observadora. Todo está allí, el tiempo en permanente renovación, y un espacio para conquistar pero el hombre no participa, está enraizado:

“…sombras de hombres que se alargan en mástil
echan raíces
en las piedras del muelle
contra el viento violeta de la tarde
sin refugio y sin ala
cara al Sur.”

 

3- Rituales con los otros

Esta tercera sección esta constituida por nueve poemas. Una vez expuestas las inevitabilidades y de reconocer un espacio diferente, quizás de creación, y de visualizar la fantasmagórica infertilidad humana comienza el camino del reencuentro con el otro, que forma parte activa el ritual.

Aquí Silvia Prida refunda el rito, que es pasaje, medio, comunicación y surge el otro como necesidad reconocida, rescatable. Aparece un atisbo de esperanza. Se instaura un cosmos nuevo y la madre original regresa a su lugar. El poema Fábula dice:

Ella se irguió con una fuerza extraña
rompió tazas / arrojó vasos contra las paredes
saltó sobre las ollas sin hundirse en ellas.
Los platos volaron por los aires
y se hicieron trizas en el suelo.
Blandió cuchillos como espadas
los lanzó por el aire / los clavó contra puertas
las hojas se quebraron y las puertas se abrieron.
De las tinas salió la ropa sucia y se fue sola al río.

Se abrieron las ventanas
cuando hundió los tenedores / paletas de torta
y filos de cucharas contra ellas.
La cocina se inundó de luz / de una luz pura
como de aurora.
Entonces ella se elevó liviana y pudo ser.
Su cuerpo se volvió brillante y sus líneas se hicieron perfectas
Se redujo su vientre / se endurecieron sus senos
Su boca perdió aquel gusto amargo
se volvió más sensual
De sus ojos surgían relámpagos
de llama y luz tranquila
Entonces ella fue para lo que había nacido
no era para el destino que le hicieron los otros
los que mandaban en aquellos tiempos
los que de toda aquella maquinaria infernal
que acababa de destruir
siempre tuvieron la sartén por el mango.
Su cuerpo se elevó y se perdió a lo lejos.
Muchas leyendas contaron su historia
recibió varios nombres en las distintas tierras
Las mujeres le hacen ofrendas secretas
y le rezan plegarias / cuando están tristes.”

La mujer revitalizada, recobrada, fecunda generadora de vida renace de la destrucción del cosmos cotidiano y doméstico que la había silenciado. El principio femenino restaurado funda un universo poético, el universo poético de Silvia Prida de Asedio a la ternura. Estamos nuevamente ante el origen. La palabra, convención, ya no es suficiente y la poetisa descubre otra forma de comunicación, la universal, la que contribuye a la abolición de todos los idiomas. La voz esencial de la poesía que es palabra universal, signo universal por todos entendido. En el poema Los Encuentros dice :

“Enseño lenguas en la torre de Babel:
inglés, francés, latín, griego, italiano,
nadie me entiende
quechua, tzeltal, tzotzil, tojolabal,
tampoco.
Mi garganta se seca
mi voz se casca
nadie me oye.

Pero a veces
-curada de los mitos-
dejo atrás las palabras
Llego corriendo
o a lo mejor volando
y me florezco toda
me brotan hojas por entre los cabellos
me salen pájaros de los labios
miro y otros me miran
y levísimamente
los ojos se nos adentran en los ojos
y los idiomas
ya no son necesarios.”

En el rito con los otros también se hace presente el desamor. La infertilidad la vence, la gana. Pero es una infertilidad esperanzada porque aguarda. No la vive como irreversible. En el reconocimiento del desamor como algo ajeno, como algo que no se entiende está el germen del cambio. Ese no entender, ese cuestionamiento incita a la búsqueda y surge la esperanza que es el aguardar. El poema Del desamor plantea:

“Mis senos penden mustios
Mis huecos hierven en vano
Es el desamor

Cosas que se fueron
desvanecidas como fantasmas
cavidades vacías
sábanas limpias
páginas blancas

Es el desamor
que llega tarde
cuando todo es historia
cuando nadie lo esperaba
Donde hubo latido
la tierra seca
que dio flor y fruto
seca está

Es el desamor y la tierra no entiende
la piel no entiende
la entraña en sus honduras no entiende
gime sin voz
aguarda.”

El último poema es el rito constituido, el diálogo con los otros a través del tiempo y de los tiempos. Renovación y tradición, antigüedad y modernidad, pasado y presente, en un momento, en un instante, al unísono. El extenso poema Final en borrador (Palimpsesto) pone de manifiesto esto:

“Nada que celebrar:
queríamos cambiar el mundo con piedras o palabras
No pudimos
y ahora? Cantaron las sirenas
y ahora? repetían y nos empujaban levemente
con disimulo
Nos sustrajimos a su canto
pero las palabras
se nos quedaron pegadas a los labios
a los dedos
y nos lastimaban como piedras.
Solo eso lo sólido / lo solo / lo concreto
-desde que el mundo fue creado por ellas-
Lo único a conquistar
a construir a organizar
en rueda en fila en común en comunismo
revoloteando por entre la niebla y el aire impuro
ahora que la batalla está ganada y perdida.
El hombre nuevo envejeció de pronto
involucionó / se volvió mono
monigote de torso musculoso
tomando Coca-cola
Comen hamburguesas Mc Donald’s en Moscú
muertes / violaciones en Bosnia
y aquí nomás MERCOSUR y después
Dan ganas de volverse Maríaeugenia o Delmira
para hablar de los astros del abismo
De cada escisión desprendimiento raje
quedan zanjas oscuras en el rostro más fiero
y en el lomo más fuerte
Y nosotras que éramos
las débiles las frágiles
desoladas de solas desolángeles
desolación fatal en la etiqueta
Pero que éramos éramos
las madres de sí mismas
La sola alternativa
tambaleantes / amamantadoras
chupando de nuestro propio seno
condenadas a madres de los otros
huérfanas memoriosas
de nuestros propios sueños
chocándose contra muros que caen
inacabablemente
mientras otros nuevos se levantan
- no significan nada-
para frenar la invasión de latinoamericanos
chicanos sudacas y otros varios
parias
Hoy vamos sin bastón y sin paraguas
sin entrar a la iglesia
-si no puedes vencer únete a ellos
será la alternativa-
alternar alternarse
jugar a ser
porque ser no se puede (nunca? todavía?)
ensayemos / juguemos
una vez más a ver: to be or not to be
en attendant Godot
-revoloteemos / revoloteemos
por entre la niebla y el aire impuro-
Quisiéramos entonces / al menos
darnos una zambullida en el mar
sin petróleo y sin preservativos
un jardín de delicias sin Yahvéh
O levantar el vuelo
decir chojé chojé
sobre un mar sin nombre y sin orillas
aunque gotees
Entonces por favor vuelen
en línea recta / en zigzag / en círculo
pero por favor vuelen
aunque la historia no lleve a parte alguna
más transitable
aunque tampoco la solidaridad
Aunque de a poco nos quedemos
sin mitos y sin moto
si hallan la salida del laberinto por favor
llamen
antes de que se acabe el tiempo
por favor llamen
pasen el dato
llamen por teléfono
o si tienen / mejor
manden un mail.”

Los tiempos se unen en un solo tiempo, el del poema y el de la poetisa.

 

4- Aprendizajes

Esta cuarta sección se forma con diez poemas. Aparece como rasgo fundamental el uso de la primera persona gramatical. El “yo” que se buscaba, que viajaba, se asume, se reconoce y se explicita. El diálogo con los otros da paso a la intensa presencia del “ego” que se construye justamente a instancias de esos otros con los que aprende. Del aprendizaje del amor nos informa en el poema Aprendizaje :

“Y el amor te dijeron
y el dolor
y la calma

tu ir junto a los otros
acá el bien / allá el mal
la luz vendrá después de la tormenta etc.
y tú esperaste verla

pero solo el dolor
agita y aletea
vibra vibrando adentro
entre puentes cortados
absurdamente
por poderes que no son más que humanos

El sexo apenas tregua compartida
porque el amor es solo
rastro en el aire
que deja el ave en vuelo…”

De la locura, en el poema De la cordura dice:

“Una vez mi hermana estuvo loca
asustaba a la gente

Los locos asustan a los cuerdos
los cuerdos dan cuerda
y te vuelven loco

Si estás loco
se ponen de acuerdo
y te encierran
Tapizan las paredes
Para no oírte…”

La alienación aparece y en el poema Número equivocado expresa:

“Suena el teléfono
alguien llama
están llamando

a la dueña de casa
a la profesora
a la madre de los pequeños
a la vendedora de libros
a la hija de los ancianos
a la esposa atenta…”

También se reconocen temas como el de la cordura, el de la aceptación de la posibilidad creadora intermitente, el de la poesía, el de la muerte. Todos ellos son los que al hombre preocupan, son los que hay que aprender.

 

5- Itinerario

En este itinerario, que es la ruta que se sigue para llegar a un lugar y que es el tramo final de este universo poético que es Asedio a la ternura es hecho por la poetisa con su yo asumido, presente, explicitado, reconstruido y nuevo. Para delinear el itinerario ha definido las cosas inevitables, ha comulgado con los otros y también ha valorado su etapa de aprendizaje y ahora sí, está pronta para el viaje, sola, reconfortada en sí misma. La palabra no es el instrumento único, accede a las imágenes, y al sueño como vehículos reveladores de los grandes misterios. Frente a estos la palabra es estéril porque sola no existe, es convención, debe ser fecundada por el misterio, para que se reconozca como palabra poética y eso es lo que Silvia Prida aprende y expresa en el poema Hallazgos:

“En los husos del tiempo
empiezan a configurarse las imágenes
algo va cobrando cuerpo,
silueta
al fin.
Las demandas de la zona Sur
siguen-como siempre-insatisfechas
No encontré donde estacionar.
No paro. Sigo viaje.
Busco en el diccionario
pero las palabras
no me dan los significados
cuelgan de las páginas
como vainas secas
las imágenes sí-y los sueños-
están allí:
cada vez más nítidas
me revelan procesos y por qués
siguen densas y duras. No decaen.
Abren sus compuertas y sueltan sus secretos
- su familiar misterio -
ya no como mensajes en botellas
flotando a la deriva
Más bien como la persistencia del árbol
creciendo hacia los vientos, expandiéndose
O como la lava de un volcán
chorreando hacia mi falda.”

Asume también la presencia de los fantasmas, los muertos queridos, conocidos, allegados y todo lo entiende y lo comprende ahora. En el poema Reencuentros señala:

“Mis fantasmas regresan
de tanto en tanto
a reclamarme atención.
Celestino me muestra sus piernas flacas
con los ojos enrojecidos
de un Caronte de entrecasa
Abuela más frágil que nunca
me espera despierta hasta la madrugada.
Y Mamá.
Mamá me pide que le abra la puerta
la de la cocina, que siempre fue el lugar
para que pueda entrar allí a quedarse.
Aquella puerta destartalada
que ella apuntalaba con el escobillón
- quiere regresar porque no tuvo amor
y no descansa-
es la barrera entre dos mundos.
Me pide crema Pond’s
se disfraza de tía
todo para que yo le abra la puerta
la reconozca y la abrace.
Se fue volviendo vieja y gruñona
porque a ella nadie le daba amor.
Nunca creí que lo necesitara.
Ella se aferraba a los niños
-a la niñez-
para salvarse.
No me di cuenta.
Por eso aparece en el patio del fondo
a pedir crema Pond’s
para conservarse
para estar cerca
para volver desde allá
otra vez
con nosotros
A lo mejor quiere reivindicarse
-¿se aprenderá allá lejos?-
no poner condiciones
y recibir lo que hay.”

Es un yo lírico enriquecido. La revelación ha sido aceptada. El viaje se vuelve interior, los signos exteriores se vuelven ahora interiores. Y dice la poetisa en Naumaquia:

“Me repliego en mí
cierro los ojos
me reconsidero

Transité mares peligrosos
embravecidos
Salté fosos
fronteras móviles
Regreso

Redescubro las cosas más queridas
los deseos viejos
-las aguas transparentes
siempre estuvieron allí-

navego mis adentros
el miedo baja
la ansiedad amaina
el dolor se apacigua

Después de tantos viajes
-todos conducen al mismo lugar-
realizo el más difícil
el más fácil:
me reencuentro.”

Y en ese viaje interno se reencuentra. La respuesta está en sí misma y encuentra el sentido de la búsqueda, el corazón, la torre a conquistar: la ternura. Así en el poema que da título a la colección expresa:

Yo recorría distancias y buscaba
Era como jugar con cajas chinas
o como una carrera de vallas
sin fin.
Saltaba una / otra
A veces una valla caía por sí misma
y detrás no había nada
solo algunos colores vivos
evanescentes como espejismos
Abrir una ventana
atrapar los vientos
y correr otra vez.
Me venían recuerdos de la infancia
poca cosa
las bocas de sapo
las caras de gato
el cedrón como una sombrilla liviana
y su olor.
Me fui despojando poco a poco
de la hojarasca
que se me había ido adhiriendo con el tiempo
Me la sacaba sin esfuerzo
como capas de cebolla
para correr mejor
Mi cuerpo fue volviéndose delgado
liviano
casi esquelético…
Entonces resolví acortar mis recorridos
comencé a andar en círculos. Un día supe:
en toda travesía
por agua tierra o aire
contra viento y marea
yo había andado acechando
sin saberlo
yo había estado asediando calladamente
la ternura
único puerto / dique / playa
capaz de conjurar la muerte.”

Y con este reconocimiento se prepara para un nuevo viaje, una nueva búsqueda, más calma y más serena, menos amarga que se vislumbra en el poema En lo oscuro que cierra el libro:

“Mudo / cambio de piel
me refugio en la sombra.
He dejado de regirme por el signo del sol.
La humedad de la tierra me protege. Regreso.
ya no soy lo que fui
Atravieso mansiones enorme / subterráneas
Por largo tiempo inhabitadas
Me inicio
estoy naciendo
quiebro cáscaras
ondulo
me desplazo por túneles
donde se gestan otros oscuros / mis hermanos
Todo es callado fuerte y saldrá afuera
Van / vamos / voy a germinar…
Irrumpiré a la luz / a transformarla
Ya no será más leve y transparente
Será como nosotros
Húmeda / densa / opaca.

Será esta una etapa paradisíaca, diferente, que nos queda prometida.

El yo lírico ha logrado el equilibrio, el instante supremo de calma mediante la lucha. Entonces, se está en condiciones de reiniciar el viaje. La arquitectura del libro manifiesta este equilibrio. Son cinco partes:

1- Inevitavilidades. Cinco poemas. Algunas cosas inevitables

2- El filo de la tarde. Tres poemas: Visión lúcida. Se revelan posibilidades a aquellos que saben ver. Pocas visiones bastan.

3- Rituales con los otros. Nueve poemas: Se comulga con los otros. Son más poemas porque se necesita mucho de los otros.

4- Aprendizajes. Diez poemas: Se aprende. Son varios poemas porque para llegar al equilibrio hay que trabajar (aprender) mucho.

5- Itinerario. Cinco poemas: Vuelve a empezar, diferente, remozada, con su nueva ruta marcada. La misma cantidad de poemas que en la primera sección. Esto marca el equilibrio.

La esperanza soterrada en estos versos, debajo del dolor y la amargura, la presencia de la ternura y la aceptación de la existencia de una forma de ver la vida nos fundamenta lo purgatorial de esta etapa. Es un cambio grande, rico, promisorio. Silvia Prida debe conducirnos ahora a su Paraíso, en el vehículo de su imaginación y la palabra poética. Y para concluir como dice Cornejo Polar “…funda otro mundo en el que es posible «guarecerse bajo el paraguas de una campanilla lila, disolverse en espumas blancoazules», otro mundo en que las mujeres florecen y les salen pájaros de los labios o se elevan livianas, vuelan hacia la lejanía. Un mundo en fin en que la búsqueda de la ternura es el norte que nos guía.” [4]

 

BIBLIOGRAFÍA

Cornejo Polar J. (2003) Prólogo a Asedio a la ternura Ed. Vintén editor, Montevideo, 2003.

Yepes Boscán G. (1974) Dones y miseria de la poesía. Monte Ávila editores, Venezuela, 1974.

 

Notas:

[1] Yepes Boscán G. (1974) Dones y miseria de la poesía. Monte Ávila editores, Venezuela, 1974.

[2] Idem nota 1.

[3] Idem nota 1.

[4] Cornejo Polar J. Prólogo a Asedio a la ternura Ed. Vintén editor, Montevideo, 2003.

 

© Fernando Casales 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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