Crítica literaria novelada en Gustavo Arango:
biografías de Cortázar y García Márquez

Erasmo Hernández González

I.E.S. Luis Carrillo de Sotomayor, de Baena (Córdoba)
erasmohergon@hotmail.com


 

   
Localice en este documento

 

Resumen: Con este ensayo intento analizar Un tal Cortázar y Un ramo de nomeolvides. García Márquez en El Universal, que son los dos primeros libros de crítica literaria del novelista colombiano Gustavo Arango Toro (1964), para obtener finalmente unas conclusiones técnicas y temáticas relacionadas con la narrativa de Arango.
Palabras clave: Gustavo Arango, Cortázar, García Márquez

 

Un tal Cortázar

En 1987 Un tal Cortázar fue publicado por la Editorial de la Universidad Pontificia Bolivariana (Medellín, Colombia).

Este libro puede entenderse como una biografía casi novelada o como un reportaje interpretativo (sigo las certeras palabras de sus prologuistas) de la vida y obras de Julio Cortázar. La habilidad periodística de Gustavo Arango para recorrer con amenidad la vida de Cortázar y jalonarla de opiniones del propio escritor argentino, que permiten que el lector se adentre en su obra, enredado en unas palabras cálidas y seductoras, es un mérito divulgativo excelente.

Los capítulos 1-10 se engloban en el subtítulo Del lado de acá, en el que se cuentan la infancia, la formación universitaria, el trabajo como maestro rural y los primeros libros.

Los capítulos 11-32 se engloban en el subtítulo Del lado de allá, en el que se cuentan la llegada a París, sus matrimonios, el trabajo de traductor, el compromiso político con Cuba y el resto de su producción, con especial atención a Rayuela.

Los capítulos 33-39 se engloban en el subtítulo De otros lados, que es el fragmento novelístico, ficticio, puesto que Arango imagina los pensamientos de Cortázar en sus últimos días de vida en el hospital de Saint Lazare de París, redactado en tercera persona y verosímil, ya que está construido desde reflexiones cortazarianas sobre la muerte, expresas en artículos, ensayos y entrevistas.

Acaba este libro con la bibliografía de obras de Cortázar, ensayos, artículos y otros escritos, entrevistas, publicaciones especiales, artículos y ensayos sobre el escritor y otras fuentes, además de la lista de fotografías.

Los lectores de Cortázar habrán percibido que estos subtítulos coinciden con los de Rayuela.

Presento uno de los primeros capítulos, en el que se observa la metodología de Arango:

6

"No te vale mirar vastos calveros
donde quema la luna sus cendales,
ni aprender taumaturgia de cristales,
en un amanecer de campaneros.

Siempre queda algo más, que en agujeros
de sombra se te pierde, ay, en vitrales
de las en sí tan claras catedrales,
de los en sí tan blancos reverberos.

Siempre queda algo más, y no te vale
alzar jaculatorias del ingenio
a todo aquello que se queda afuera;

nace de sí, tan sólo de sí sale
y está en ti mismo o no lo está, ese genio
que habrá de transmutar la vida entera".
         (Presencia) [1]

Julio Cortázar nunca se sintió satisfecho de 'Presencia', el libro de sonetos que publicó en 1938 con el seudónimo de Julio Denis. Varias veces intentó escamotear ese libro dentro de su bibliografía; aducía que eran sonetos 'muy mallarmeanos', escritos en una época en que era "un burguesito ciego a todo lo que pasaba más allá de la esfera de lo estético". [2]

El tiraje de 'Presencia', que fue publicado con dinero de su propio autor por la Editorial el Bibliófilo, ascendió a tan sólo trescientos ejemplares, la mayoría de los cuales repartió entre sus amigos. Alguna vez, durante una entrevista, al ser interrogado por su casi desconocido libro de sonetos, Julio Cortázar manifestó: "Me tocas un punto flaco, esa acuciante necesidad de confesar los secretos como en 'El corazón delator' de Poe ¿Qué es un secreto si no se revela alguna vez? La nada perfecta, y ya se sabe que la nada busca al ser. Entonces, señor comisario, le confieso que sí, que fui yo el que la mató, y además que empecé escribiendo poe­mas como casi todo escritor... el primer crimen se llamó 'Presen­cia', y se publicó con un nombre falso, como conviene a los crimi­nales. Eran unos hermosos sonetos simbolistas y mallarmeanos, y además con una tremenda influencia de un gran poeta argentino, Ricardo Molinari". [3]

Cortázar nunca le dio demasiada importancia a ese libro de sonetos, que fue su primera obra publicada. A pesar de que la poesía jugó un papel bastante importante en su juventud, y en especial el soneto, se mostró, al igual que con la prosa, reacio a publicar. El mismo llegaría a considerar desafortunada la publi­cación de 'Presencia' y consideraría que su obra literaria comenza­ba con la publicación, en 1949, de un poema dramático titulado 'Los Reyes'.

 

Un ramo de nomeolvides. García Márquez en El Universal

En 1995 Un ramo de nomeolvides. García Márquez en El Universal fue publicada por El Universal (Cartagena, Colombia).

Este libro puede entenderse como una biografía de los diecinueve meses (entre 1948 y 1949) que pasó el joven Gabriel García Márquez estudiando Derecho en Cartagena de Indias y trabajando como periodista en el diario El Universal, porque después se marchó a Barranquilla a buscar mejores oportunidades. Gustavo Arango sigue el hilo conductor que le proporcionan algunos amigos que compartieron estos dos años con el joven Gabito, a los que entrevista y quienes buscan en la memoria anécdotas sucedidas casi cincuenta años antes, sin olvidar incluir muchos textos que, con firma y sin ella, publicó García Márquez en dicho periódico. Este método conversacional trae emocionantes recuerdos, episodios curiosos y las opiniones literarias y vitales de un grupo de setentones muy veteranos en los que se trasluce a veces cierta envidia hacia ese amigo de la primera juventud que llegó de Bogotá y que cantaba muy bien los vallenatos. Cada capítulo está titulado con una frase breve e ingeniosa extraída de alguna de las anécdotas que siguen en los diez o quince apartados que lo componen.

Una Introducción presenta a un joven periodista satisfecho porque ha escrito un libro sobre García Márquez, al que en adelante identificaremos como GGM.

En el capítulo 1 (“Humo”) se explica que GGM estudiaba Derecho en Bogotá y escribía cuentos, pero, como ardió la pensión en la que vivía, por los incidentes políticos por la muerte de Gaitán, se vio obligado a continuar sus estudios en Cartagena de Indias, al par que trabajaba en El Universal.

En el capítulo 2 (“Los rumbos mágicos”) habla Gustavo Ibarra Merlano, que era unos diez años mayor que GGM cuando éste llegó a Cartagena, estaba casado, era abogado, escribía versos, algunos artículos periodísticos y presume de haber llevado influencias de su admirada cultura griega al joven GGM gracias a libros que le recomendaba, cuyas ideas y tramas podrían perfectamente desarrollarse en el Peloponeso y en Macondo. Ibarra es la paz de una vida ordenada y envejecida.

En el capítulo 3 (“Héctor se pudre”) habla Héctor Rojas Herazo, periodista, pintor, novelista y poeta sin reconocimiento popular, una “fuerza desatada de la naturaleza”, que era amigo de Gustavo Ibarra Merlano, a cuyo grupo se unió el joven GGM en sus charlas literarias y con los que inventó un poeta nicaragüense (entrevistado en El Universal) que visitó Cartagena, llamado César Guerra Valdés, con el que levantaron un pequeño revuelo intelectual en Colombia. Rojas es un genio escondido y enfermo.

En el capítulo 4 (“Los fantasmas de la casa”) habla Manuel Zapata Olivella, periodista y novelista poco conocido, presentó a GGM en El Universal. En este capítulo se describe el caserón que buscó Domingo López Escauriaza para fundar su periódico, que había sido Convento de la Candelaria en el siglo XVIII, hay varios artículos de GGM y la referencia a su genialidad precoz. Zapata es un novelista de la selva que no se mueve de una silla por varias operaciones en la columna.

En el capítulo 5 (“Un veloz Mustang rojo”) habla Víctor Nieto Núñez (organizador del Festival de Cine de Cartagena), quien es una especie de filtro entre la gente y el maduro y Premio Nobel GGM, cuyo artículo indignado por el atentado contra el médico liberal Braulio Henao Blanco en 1948 parece contrastar con la vida de ese nuevo rico llamado GGM cuarenta años después. Nieto es un dique que detiene el mar de admiradores hacia el genio.

En el capítulo 6 (“El hombre del crepúsculo”) hablan Roberto Burgos Ojeda y Donaldo Bossa Herazo, periodistas, extensamente sobre el hombre que acogió la obra del joven GGM, quien se leyó y corrigió todos sus primeros textos, y seguramente quien más influyó en su narrativa: Clemente Manuel Zabala. Este hombre era el jefe de redacción, ese tímido melómano con ideas progresistas, que escribió varias novelas sobre la selva y al que le falta el reconocimiento, ahora póstumo, pero necesario, y, curiosamente, poco reconocido públicamente por el mismo GGM. Zabala es el pasado.

En el capítulo 7 (“Entre columnas”) Gustavo Arango aporta una docena de artículos de GGM sobre los temas más diversos (política, literatura, deporte, cine, un domador de circo, artistas, cables internacionales, etc.), que muestran la vida periodística más normal, que contrasta con la vida de escritor fuera del periódico.

En el capítulo 8 (“Mucha gente no tiene quien le escriba”) Jorge Franco Múnera, que fue torturado por criticar a un alcalde, cuenta que en la casa de sus padres se alojó GGM, dice que su madre siempre esperó una carta o una nota del GGM adulto y famoso, resalta la influencia de C.M. Zabala en su amigo y cuenta que Cartagena no supo apreciar el genio que se escondía en El Universal.

En el capítulo 9 (“El hombre noticia”) Gustavo Arango muestra una decena de artículos en los que GGM aparece como noticia, puesto que C.M. Zabala le dedicó varias columnas por las vacaciones del joven en Sucre, por las politizadas elecciones universitarias para elegir a la reina, por el comité de prensa del Hospital de Santa Clara y por la llegada de la Virgen de Fátima a la ciudad.

En el capítulo 10 (“De gallinas y de hombres”) Ramiro de la Espriella habla de los autores que leyó GGM en sus casi dos años en Cartagena: J. D. Passos, J. Steinbeck, V. Wolf, etc., que tanto influyeron en la técnica novelística del futuro Nobel; y recuerda la gran polémica para elegir como reina universitaria a Elvira Primera o Carmen Marrugo, dirigida por el mismo GGM y por Óscar de la Espriella.

Un Intermedio de tres páginas interrumpe el ritmo de los capítulos, ya que Gustavo Arango transcribe una carta de Miguel de Cervantes al rey de España pidiéndole “[…] un oficio en las Indias de los tres o cuatro que al presente están vacos, que es el uno la Contaduría del Nuevo Reyno de Granada, e la Gobernación de la Provincia de Soconusco en Guatemala, o Contador de las Galeras de Cartagena o Corregidor de la cibdad de la Paz; que con cualquiera de estos oficios que Vuestra Majestad le haga merced, la rescebirá, porque es hombre ávil e suficiente e temerario e benemérito, para que Vuestra Majestad le haga Merced; porque su deseo es acontinar siempre en el servicio de Vuestra Majestad, e acabar su vida como lo han hecho sus antepasados, que en ello rescebirá muy grande bien e merced […]” del 21 de mayo de 1590, porque la primera columna de GGM en El Universal apareció el 21 de mayo de 1948. Coincidencias.

En el capítulo 11 (“La barba crece de noche”) Óscar de la Espriella recuerda las noches de fiesta, vino y mujeres con GGM y varios amigos más, cuenta los principios marxistas de este mismo grupo, resalta la influencia de C.M. Zabala, cuenta que una noche robaron gallinas al padre de los Espriella, quien los sorprendió a todos, y elogia la genialidad de GGM ya en aquellos casi adolescentes veinte años, cuando leía en la finca de los Espriella sus cuentos a la madre de sus amigos Óscar y Ramiro.

En el capítulo 12 (“Apuntes para un prólogo”) Gustavo Arango inventa o recrea situaciones verosímiles que pudieron ocurrirle a GGM en aquel tiempo, sin olvidar a C.M. Zabala.

En el capítulo 13 (“El espermatozoide peripatético”) Carlos Alemán rememora varias de esas noches de parranda por Cartagena y recoge la expresión de “espermatozoide peripatético” que dedicó el padre de GGM a su hijo, que siempre estaba en movimiento e iba poco a ver a la familia.

En el capítulo 14 (“Un comentarista anónimo”) Raúl Rodríguez Márquez explica que GGM escribió muchos “Comentarios” sin firma sobre muy diversos temas (cine, política, temas sociales) y que fue autor de la sección “Interrogatorio”, firmada por un tal Nostradamus. Aporta textos de ambas secciones.

En el capítulo 15 (“¡No hables con Gabito!”) Jaime Angulo Bossa recuerda las tertulias con GGM y otros amigos en la Heladería Americana, en esas tardes en que Héctor Rojas Herazo y GGM parecían competir contando historias.

En el capítulo 16 (“Entre el polvo y la neblina”) Jorge Lee Biswell Cotes cuenta que escribió una novela en su juventud y que el prólogo de GGM fue tan escasamente positivo que no escribió otra, pero se fueron de juerga después.

En el capítulo 17 (“De las tierras del olvido”) Eliécer López muestra el archivo de El Universal, del que faltan ejemplares destruidos por un archivero inepto. Después Gustavo Arango entrevista a un envejecidísimo y desmemoriado Pedro Pablo Vargas Prins, un profesor que escribió un libro sobre los errores gramaticales de GGM.

En el capítulo 18 (“Ha vuelto Gabito”) Gustavo Arango recoge la visita de GGM a Cartagena de Indias el 5 de enero de 1995, quien pasó por las nuevas instalaciones de El Universal, aprovechando Arango para saludarlo y mostrarle artículos de hacía casi cincuenta años.

Un Epílogo de diez páginas Gustavo Arango muestra su satisfacción por haber conversado con el sujeto de su libro varias veces y da, con tristeza, por acabada esta aventura intelectual, que dedica a Nubia, Maricel y Valentina, las mujeres de su casa.

Presento un fragmento del capítulo 3, en que se aprecia la técnica de Arango al entrevistar a Héctor Rojas Herazo:

“Somos energía padeciente”, dice Héctor Rojas Herazo con la naturalidad con que alguien diría que faltan cinco para las doce.

Está sentado en otro de los sillones bajos de la sala, su esposa y su hija lo acompañan, habla de los propósitos de su libro más ambicioso y difícil: Celia se pudre, una novela monumental a la que casi ningún crítico en Colombia ha podido medírsele.

Hablar con Héctor Rojas Herazo es como estar hablando con la tierra o con un árbol, sus palabras vienen desde sus células, desde los minerales que bullen en esas células. Es profundo, efusivo y, a veces, sarcástico.

“Gabito es como Julio Mario Santodomingo: ‘Plata…, plata…’; ‘fama…, fama…’ ”.

“Gabiiito”, dice, alargando el nombre, como si hablara de un indefenso bebecito. “Era tan modosito”.

“Una vez me pidió una carta de recomendación para ir donde la gente del grupo de Barranquilla. Yo le dije que fuera y se presentara él mismo”.

Es difícil interpretar la dureza que suele acompañar las palabras de Rojas Herazo cuando habla de Gabriel García Márquez. Es necesario conocer todo el respeto y la admiración que ha expresado por su viejo compañero de periódico, para entender que sólo es una manera violenta del cariño que no admite ciertos hechos que rodean la vida de su amigo.

Si a algo o a alguien se enfrenta Héctor Rojas Herazo cuando habla con sus frases cargadas de cinismo, es a un público incapaz de ver más allá de los resplandores de la fama. Ante ese hecho, Rojas no tiene ningún problema en afirmar que García Márquez contribuye a esa ceguera general, al hablar sólo de autores cuyas obras “no le hacen sombra a su obra”.

La obra poética, pictórica, novelística y periodística de Héctor Rojas Herazo cuenta con un merecido prestigio en medios especializados, pero su divulgación no ha sido toda la que merece. Se ha dado una actitud indiferente del gran público hacia su trabajo artístico. Las editoriales no han estado a la altura de sus libros. Ni los críticos.

“En Colombia no hay crítica. Aquí todos andan detrás del último pedo que se tiró Gabito. ‘¡Pero qué pedo!’, dicen los críticos.

Podría decirse que Héctor Rojas Herazo siente alivio porque su obra no es tan conocida como la de Gabriel García Márquez . Todo en él -su forma de ser y de vivir, su forma de hablar y respirar- deja ver que le aterraría la idea de ser leído por multitudes incapaces de entenderlo, que para un hombre como él sería una tortura la idea de estar a toda hora bajo la luz enrarecida de la fama.

“Es mejor el prestigio que la fama”.

“Gabito se deja alquilar. Un hombre como él, con lo que ha hecho, debería ser dueño de su privacidad”.

 

Conclusiones

Sobre la técnica de la biografía novelada en Un tal Cortázar, basada en sus libros, artículos y poemas, mi opinión es muy positiva, porque Arango entró como periodista en el campo de la crítica literaria con un estilo ameno y novelesco muy diferente al de las habituales publicaciones filológicas, que oscilan entre las opiniones poco rigurosas (de críticos superficiales convertidos casi en contertulios de radio o de bar) y la carga erudita (de otros muy sabios) a menudo incomprensible para el lector no especialista. Su libro Un tal Cortázar podría ser un buen manual introductorio para cualquier estudiante o lector de literatura latinoamericana. Destaco como mérito final (¿o inicial?) que Arango compuso este libro tan maduro con sólo veintidós años.

Un ramo de nomeolvides…, publicado en 1995, ocho años después de Un tal Cortázar, parte de la metodología de éste último, pero las entrevistas, la aportación de textos periodísticos, el estilo indirecto libre, la combinación de las primera y tercera personas narrativas y el aparente entendimiento de Arango con sus entrevistados llevan a un multiperspectivismo que refleja muy bien los matices de la realidad, porque entre los amigos de juventud de GGM que hablan de él casi cincuenta años después hay triunfadores, perdedores, supervivientes y hasta desmemoriados, que elogian, envidian, recuerdan y olvidan a Gabito, cada uno por distintos motivos.

La principal diferencia tonal entre ambos libros es el aporte de la aparente objetividad que recibe la biografía de GGM por los testimonios orales, frente a la aparente idealización de la de Cortázar, que nace de la lectura de sus propios textos como fuente biográfica.

La división en tres partes de ambos libros no parece casual y recuerda la estructura en actos de algunas obras teatrales, porque organiza con lógica dramatúrgica algo tan poco organizable como la vida, pero facilita mucho la lectura.

Después de leer Un tal Cortázar se puede entender muy bien que la admiración de Arango por la vida y la obra del argentino haya influido en muchos de sus cuentos, en temas, motivos y técnicas, como explicamos en artículos anteriores [Hernández González, 2004, 2005, 2006a, 2006b, 2006c]; en cambio, la influencia de GGM no me parece tan clara, ya que Arango trata casi exclusivamente asuntos urbanos, realiza pocas descripciones, desarrolla con amplitud la vida interior de los personajes, no presenta sagas como GGM en Cien años de soledad y se decanta con frecuencia por la técnica del cuento fantástico con situaciones kafkianas, incluso en sus novelas, cuyas dimensiones y técnicas recuerdan a las de cuentos extensos, como explicamos en los artículos citados.

Como lector, en Un tal Cortázar he conocido la lucidez del argentino en muchas opiniones sobre la vida, la sociedad y la política, y pienso entrar con mayor profundidad en sus libros desde la nueva atalaya que me ha proporcionado Arango. Un ramo de nomeolvides… me aporta esta cotidianidad compleja que se observa en los demás cuando uno empieza a acumular años y desengaños, a comprender a Jorge Manrique y a Francisco de Quevedo, y a entender por qué los clásicos griegos son clásicos.

Dos libros extraordinarios.

 

Bibliografía

Arango, Gustavo, Un tal Cortázar, Medellín, Editorial de la Universidad Pontificia Bolivariana, 1987.

Arango, Gustavo, Un ramo de nomeolvides. García Márquez en El Universal, Cartagena, El Universal, 1995.

Hernández González, Erasmo [2004], “El cuento colombiano reciente: Gustavo Arango”, Espéculo, 28.

Hernández González, Erasmo [2005], “La literatura como refugio en La risa del muerto, del colombiano Gustavo Arango”, Espéculo, 31.

Hernández González, Erasmo [2006a], “Los seres desamparados en Criatura perdida, de Gustavo Arango”, Espéculo, 32.

Hernández González, Erasmo [2006b], “Amor y dolor existencial en El país de los árboles locos”, Espéculo, 33, 2006.

Hernández González, Erasmo [2006c], “El paso del tiempo y otros temas en Bajas pasiones, de Gustavo Arango”, Espéculo, 34.

 

Notas:

[1] 46: pp. 54

[2] 49: pp. 295

[3] 46: pp. 54

 

© Erasmo Hernández González 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero36/untalco.html