Razón poética, racionalismo y modernidad
en la filosofía del exilio de María Zambrano *

Rafael Enrique Aguilera Portales

Universidad Autónoma de Nuevo León (México)
aguilera_uanl@hotmail.com


 

   
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Resumen: En oposición a una razón geométrica triunfante, con el triunfo de una racionalidad hegemónica excluyente y cosificadora del mundo de vida, Zambrano nos proporciona las claves de una racionalidad poética, una nueva racionalidad integradora, intuitiva, abierta y sensible que nos permita salir de este atolladero y callejón sin salida que nos ha metido la modernidad. Nuestra literatura, nuestro ensayo, nuestra filosofía de tradición hispanoamericana ha estado en ocasiones al margen de la modernidad, tal vez, eso la ha salvado de ser tragada, absorbida y subsumida por la racionalidad cartesiana. María Zambrano ha sabido reivindicar y recuperar como pensadora la antigua vinculación existente entre la filosofía y poesía en oposición a la artificial enemistad impuesta históricamente.
Palabras clave: María Zambrano, filosofía española, razón poética

 

A mi padre Rafael, huérfano de la Guerra Civil española.

Hora de España. Hora de amanecer, trágica y de aurora,
como todos los amaneceres en que las sombras de la
noche comienzan a mostrar su sentido y las figuras
inciertas comienzan a devalarse ante la luz.

      María Zambrano, Los intelectuales en el drama de España

 

1. Introducción.

María Zambrano es la filósofa española que mayor proyección internacional suscita actualmente fuera de nuestras fronteras. Considero importante no sólo repensar, profundizar y difundir su pensamiento sino también para abrir paso a la defensa y difusión de nuestra tradición filosófica y poética iberoamericana. En este sentido, María Zambrano puede ser una especie de puente o ventana para mirarnos dentro de nosotros mismos, para mirar nuestra tradición, digerirla, dilucidarla, reflexionarla y valorarla. A pesar de su fuerte proyección internacional: “María Zambrano sigue en el exilio. A pesar de sus seguidores españoles. Zambrano es la gran exiliada de nuestra filosofía; pues su gran verdad, su gran descubrimiento, está al margen de España, quizá en la orilla de España, pero siempre fuera de España.” [1]

No muchos están dispuesto a admitir la tesis central de su filosofía, sin duda, nos encontramos ante una filósofa heterodoxa y rebelde, una intelectual insurrecta y divergente; pero, sobre todo, una pieza clave para entender Europa, su historia y la cultura occidental. En oposición a una razón geométrica triunfante, con el triunfo de una racionalidad hegemónica excluyente y cosificadora del mundo de vida, Zambrano nos proporciona las claves de una racionalidad poética, una nueva racionalidad integradora, intuitiva, abierta y sensible que nos permita salir de este atolladero y callejón sin salida que nos ha metido la modernidad. Nuestra literatura, nuestro ensayo, nuestra filosofía de tradición hispanoamericana ha estado en ocasiones al margen de la modernidad, tal vez, eso la ha salvado de ser tragada, absorbida y subsumida por la racionalidad cartesiana. Una tradición que va desde Séneca, Averroes y Maimónides hasta Ortega y Gaos, pasando por Menéndez Pelayo, o desde Sor Juana Inés de la Cruz hasta Octavio Paz, pasando por Alfonso Reyes, desde el Inca Gacilaso hasta César Vallejo, pasando por Juan Ramón Jiménez, o desde Cervantes hasta Vargas Llosa y Cela pasando por Galdós.

 

2. Semblanza personal e intelectual

María Zambrano [Vélez-Málaga (Málaga), 1907 - Madrid, 1991] es ante todo una intelectual libre, rigurosa, profunda, independiente, extraordinariamente sensible que ha elaborado una creación filosófica sumamente original e innovadora. La autenticidad de su pensamiento se basa, sin duda, su propuesta de razón poética, una razón engendradora, transformadora y creadora del vivir sintiendo, donde se condensa parte de su filosofía y que podríamos resumir diciendo: “encontrar en la Razón, Vida, o en la Vida, la Razón” [2]

María Zambrano toma como propio el apotegma ortegiano reiterado “Yo soy yo y mis circunstancias” porque entiende que lo característico del pensamiento español es el amor intellectualis spinoziano, donde la filosofía actúa como salvadora y superadora de dichas circunstancias.

La vida azarosa, contingente, incierta del exilio político de María Zambrano la predispuso a una visión dinámica de la vida, un “relativismo positivo” como afirma el profesor Juan Fernando Ortega Muñoz. Esta singular pensadora malagueña es la discípula más heterodoxa y fiel de su maestro Ortega y Gasset, a diferencia de otros discípulos suyos [3], José Gaos, García Morente, Xavier Zubiri, Julián Marías, José Luis Aranguren, Tierno Galván, Luis Recasens Siches, Joaquín Xirau.

Zambrano, en sentido filosófico, es hija de su época, y por tanto, nada ajena a las corrientes de pensamiento que imperaban en ese momento: la filosofía existencial, fenomenológica y vitalista sobre todo, aunque sus preferencias fuesen marcadamente hacia los griegos, hacia Plotino y Spinoza, cuyo pensamiento a la vez ético y metafísico se hallaba más acorde con su propia forma de sentir. Pero no sólo a los filósofos debe la consecución de su particular forma de pensar, sino también a autores que pertenecen al ámbito de la psicología, de la mística, y de la antropología de la religión.

La generación del 27 sufre la experiencia más devastadora, marcada por la Guerra Civil española y su exilio [4]. Esta gran generación se perdió para España, pero fructificó en otros pueblos, especialmente América. Los españoles vivieron su “segundo descubrimiento” de América, se integraron con todos esos pueblos, y éstos recibieron la llamarada de la esperanza y de cultura que llevó el exilio intelectual republicano. Sin duda, México, especialmente, desde finales de 1938 fue enriquecida, germinada y henchida por la presencia de filósofos, poetas, literatos españoles que impartieron clases, cursos, conferencias, muchos de los cuales dejaron su vida en esta tierra hospitalaria, fértil y fecunda.

En aquellos años que precedieron su exilio, conoció y entabló amistad con Bergamín, Luis Cernuda, Jorge Guillén, Manuel Altoaguirre, Rafael Dieste, Emilio Prados, León Felipe y también a Miguel Hernández. Se casa en septiembre del 36 con Alfonso Rodríguez Aldave, recién nombrado secretario de Embajada de España en Santiago de Chile, con quien emprende un primer viaje a La Habana, de donde vuelven al año siguiente, él para incorporarse a filas, ella para colaborar con la República

Perdida la causa republicana, María Zambrano sale de España el 28 de enero de 1939. Dejó atrás todo lo suyo, incluida una caja con los apuntes de las clases de Ortega y de Zubiri que había preparado para llevarse. Fue, escribió, un acto de renuncia que le permitió recuperar, desde el fondo de la memoria, de manera necesaria, el contenido que tanto le había marcado. París, e inmediatamente México, luego de nuevo La Habana, son los primeros hitos del exilio.

Llegó a México invitada por la Casa de España, cuyo presidente era, en ese momento, el gran intelectual mexicano don Alfonso Reyes, quien la invitó a impartir unas conferencias tituladas Pensamiento y poesía en la vida española. De allí se traslada de la ciudad de Morelia, capital de Michoacán, (antigua Valladolid), su primera casa como exiliada donde escribe su gran obra Filosofía y poesía. En Morelia inmediatamente fue nombrada profesora en la Universidad San Nicolás de Hidalgo. El libro nació como un homenaje a la Universidad que la cobijada, arropaba, dándole asilo político, universidad que tenía todo el calor de Castilla. La Universidad de San Nicolás de Hidalgo, descendiente directo de los estudios de Humanidades, fundada por don Vasco Quiroga, singular varón renacentista que fundó la Utopía de la Republica cristiana de Tomás Moro en Michoacán con la experiencia de los hospitales-pueblo, verdadero experimento sociológico-utópico del siglo XVI.

“Yo llegué a México invitada por la Casa de España, que muy pronto se llamaría El colegio de México. Era un gesto realmente inusitado, ningún país nos quería a los refugiados españoles, sólo México, sólo México, no me cansaría de decirlo, como una oración. Sólo México nos abrazó, nos abrió camino (...)” [5]. Conoce y entabla amistad con Octavio Paz y León Felipe. También en ese año publica en México las conferencias dictadas Pensamiento y Poesía en la vida española, y su gran libro Filosofía y Poesía, a la que seguirá una intensa actividad literaria. Como diría Pablo Neruda: “México, has abierto tus puertas y tus manos al errante, al herido, al desterrado, al héroe”.

En 1942 es nombrada profesora de la Universidad de Río Piedras, en Puerto Rico. Progresivamente, se va dibujando en ella la necesidad de atender a eso que empieza a denominar "razón poética", una razón que diera cuenta de la recepción vital de los acontecimientos y se elaborara por la palabra, una razón siempre "naciente".

María Zambrano conocería el exilio en México, Puerto Rico, Cuba, Francia, Italia, Suiza, al final de su vida regresaría a España. Mientras tanto, en España, poco a poco, tras la caída del régimen franquista, se empieza a conocer progresivamente a la escritora e intelectual. En 1981 se le otorga el Premio Príncipe de Asturias de Comunicaciones y Humanidades. Igualmente su ciudad natal Vélez-Málaga resuelve nombrarla hija predilecta de la ciudad. Desde Ginebra, donde se había instalado en 1980, regresaría por fin a Madrid en el 1984, después de cuarenta y cinco años de exilio. En 1985 es nombrada hija predilecta de Andalucía. En 1986 es entregado el doctorado honoris causa por la Universidad de Málaga. En 1988 le fue concedido el Premio Cervantes de Literatura y entregado solemnemente por su majestad el Rey Juan Carlos I. Falleció en la capital española el 6 de febrero de 1991.

 

3. Tragedia, agonía y exilio de Europa

Un estruendo: la
Verdad misma
Se ha presentado
Entre los hombres
En pleno
Torbellino de metáforas

        Paul Celan

Walter Benjamín [6], otro exiliado en 1933 escribía: “Nos hemos hecho pobres. Hemos ido entregando una porción tras otra de la herencia de la humanidad, con frecuencia teniendo que dejarla en la casa de empeños por cien veces en valor para que nos adelanten la pequeña porción de lo actual.” Nos hemos hecho pobres. Nietzsche decretó la muerte del dios judeo-cristiano, anhelando la verdadera pérdida de la pluralidad rica y fecunda de los dioses. En definitiva, detrás de la pérdida de los dioses subyace el gran interrogante ontológico del siglo XX: ¿Qué es la vida?, ¿Cuál es la verdadera vida, qué significa vivir verdaderamente o qué es vivir según un querer vivir? La experiencia de la modernidad ha significado que el hombre se encuentra enteramente a solas en el escenario existencial que habita, vivimos el nihilismo más absoluto y decadente de nuestra civilización, la experiencia de inanidad, desnudez, inconsistencia, incoherencia nos rodea por todos lados. Un nihilismo débil y mediocre invade nuestras sociedades de consumo de masas. La más intensa potencia tecnológica expresiva de nuestra cultura moderna deja al hombre contemporáneo en una situación de indigencia, de pobreza ante el arraigo, la solidez, los sentidos de la vida.

Siglo mío [7], bestia mía, ¿quién sabrá
Hundir los ojos en tus pupilas
Y pegar con su sangre
Las vértebras de las dos épocas?
El constructor de sangre a mares
Vomita cosas terrestres.
El vertebrados se estremece apenas
En el umbral de los días nuevos.
Mientras vive, la criatura
Debe desplomarse hasta el final
Y la ola juega
Con la invisible vertebración.
Como el tierno cartílago de un niño
Es el siglo recién nacido de la tierra
Una vez más en sacrificio, como el cordero,
Se ofrece el sincipucio de la vida.
Para arrancar al siglo de su prisión,
Para comenzar un mundo nuevo,
Las rodillas de los días nudosos
Debe unirlas la flauta.
Es el siglo, si no, el que agita la ola
Según la tristeza humana,
Y en la hierba respira la víbora
Al ritmo de oro del siglo.

Otra vez se hincharán las yemas
Y brotará el retoño verde,
Pero tienes la vértebra quebrada,
¡Pobre y bello siglo mío¡
Y con una sonrisa insensata
Miras hacia atrás, cruel y débil,
Como ágil, antaño, una bestia,
Las huellas de sus propios pasos.

Sin duda, el siglo XX constituye un acontecimiento moral singular, pues los hechos que se dieron ponen de relieve la enorme capacidad de destrucción, barbarie y crueldad de la que es capaz el ser humano. El totalitarismo expresó y plasmó la fórmula de “todo es posible”. Como dice John Gray: “Lo que convierte el siglo XX en especial no es el hecho de haber estado plagado de masacres, sino la magnitud de sus matanzas y el hecho de que fuesen premeditadas en aras de ingentes proyectos de mejora mundial” [8]

Guernica, Auschwitz, Gulag e Hiroshima siguen siendo los símbolos trágicos de un humanidad rota, escindida, dividida. El otro, el diferente, el extranjero, el exiliado, el inmigrante, el judío ha escrito la historia moral de Occidente. En ellos se encuentra la marca de su rechazo y marginación, condena, expulsión, persecución y exterminio. “Auschwitz es mucho más que el nombre de un campo de exterminio, que el lugar en el que se focalizó la barbarie genocida del nazismo; Auschwitz concluye el itinerario maldito de un Occidente que hizo del “judío” el paradigma abominable, alquimia de deicidio y contumacia, cómplices del demonio, usureros de los poderosos y apátridas preparados para la traición” [9].

La tragedia de Europa es la tragedia de la violencia que al fin estalló: “Europa es el lugar donde hoy estalla ese corazón del mundo, de tal manera que podríamos confundirlo con él, podríamos crecer que en ella están esas entrañas doloridas y sangrientas que de vez en cuando dejan ver sus profundidades.” [10]

Estos son los símbolos trágicos de la derrota de la modernidad [11]. Horkheimer, y Walter Benjamin defendían la necesidad del recuerdo histórico de los vencidos, los reventados de la historia como necesaria para una vida cabalmente humana. Una solidaridad entendida como compasión que pueda prevenir un futuro sin barbarie y un presente más justo y solidario. Sólo desde esta perspectiva, desembocaremos en una ética universal de la compasión solidaria que viene expresada clara y nítidamente en los derechos humanos. Novalis, siglos antes, reivindicaba frente a esta experiencia trágica de la modernidad: “El mundo debe convertirse en algo más romántico; sólo entonces se podrá discernir su auténtico sentido.”

 

3. Revelaciones del exilio.

“Toda revelación ha de justificarse, ha de probar su derecho de ciudadanía”.
      María Zambrano, Los bienaventurados

La experiencia más devastadora del siglo pasado [12] es, sin duda, la experiencia del exilio. El exilio es la experiencia de desplazamiento, ruptura, escisión fragmentación, sacrificio de la identidad de miles de personas que tuvieron que huir de Europa por la experiencia nefasta y brutal de la guerra. “Comienza la iniciación al exilio cuando comienza el abandono, el sentirse abandonado; lo que el refugiado no le sucede ni al desterrado” [13].

El exiliado sufre en su destino personal, mientras mira atónito con los ojos abiertos: “De destierro en destierro, en cada uno de ellos el exiliado va muriendo, desposeyéndose, desenraizándose. Y así se encamina, se reitera su salida del lugar inicial, de su patria y de cada posible patria(...)” [15]

La historia sacrifical de España y Europa representa esa orfandad a la que tantos hombres, mujeres y niños fueron condenados, una huida angustiosa ante la muerte, la represión y la miseria, un exilio forzoso que los lanzaba a un destino incierto. Para nuestra pensadora andaluza el exiliado: “Es el devorado, devorado por la historia. Más la historia no opera nunca limpiamente y al devorar no arranca como el sacerdote azteca -todo un arte- el corazón para ofrecerlo al sol, al sol de la historia” [16].

En oposición a una concepción racionalista de la libertad, opuesta completamente a un destino inexorable y fatal, María Zambrano, siguiendo la mejor tradición estoica y realista española, nos propone descubrir la libertad en el destino. “La esperanza rescatada de la fatalidad es la libertad verdadera, realizada, viviente” [16]. De este modo, querer nuestro destino es tanto como querer ser libre, esa es nuestra tragedia.

Sin embargo, el exilio comporta la apertura a la inmensidad. “Sin desamparo la inmensidad no aparece”; pero al mismo tiempo el exilio nos lleva a una verdadera introspección analítica sobre nosotros mismos. “para no perderse, enajenarse, en el desierto hay que encerrar dentro de sí el desierto. Hay que adentrar, interiorizar el desierto en el alma, en la mente, en los sentidos mismos, agudizando el oído en detrimento de la vista para evitar los espejismos y escuchar las voces” [17].

El exilio, también significa encuentro con la patria de uno. El exilio es el lugar privilegiado para que la patria se descubre, para que ella misma se descubra cuando ya el exiliado ha dejado de buscarla y también encuentro con una patria más grande y amplia que no implica pertenencia, nacionalidad o raíces, el sentimiento de kosmopolités presente en los estoicos heredado por Zambrano como hija predilecta del torero de la virtud Séneca.

“Hay ciertos viajes de los que sólo a la vuelta se comienza a saber. Para mía, desde esa mirada del regreso, el exilio que me ha tocado vivir es esencial. Yo no concibo mi vida sin el exilio que he vivido. El exilio ha sido como mi patria, o como una dimensión de una patria desconocida, pero que una vez que se conoce, es irrenunciable.” [18]

Los exiliados son nombrados para María Zambrano los bienaventurados, aquellos que van por los caminos descubriendo un aire y un cielo nuevo, aquellos que son la promesa del futuro, la promesa de una nueva era, de una nueva aurora, o como diría Nietzsche, “Hay tantas auroras aún por nacer”.

Pero hay muchos exilios, todos de alguna forma somos exiliados, es la sensación de naufragio y exilio que todos llevamos dentro en nuestra vida, porque en definitiva eso es vivir. Por tanto, la conciencia del exilio es una parte necesaria de la vida. El exiliado busca fronteras, límites, rehacer su vida, una tierra y una vida nueva. El exilio es el lugar privilegiado y nato de la poesía, afirmación de la soledad y búsqueda de identidad, sólo la palabra puede darnos esa búsqueda interior. La palabra es el sitio común en el que se encuentran todos o cómo el poeta Pedro Garfias expresa la palabra suena en paráfrasis.

“El verdadero habitar acontece cuando hay poetas: cuando hay hombres que toman la medida arquitectónica, de la estructura de la habitación.” [19]

Lo poético como tal consiste en ocupar ese umbral, esa zona límite, esa tierra de nadie, en una irreversibilidad entre la patria y la nueva tierra, ese mirar atrás y hacia delante. El siglo de los poetas es el siglo de la frontera, del umbral, sin franqueamiento alguno. “El exilio, inseparable de la intimidad y del consuelo del lenguaje, propicia y desata la poesía. La poesía hace posible el adentramiento en el ser desprendido. Se convierte en una vía de conocimiento y de redención. Trata de restaurar las piezas maltratadas y de encontrar el sentido del todo” [20]

 

4. La Razón poética: entre la Filosofía y la Literatura

“La filosofía parece ocuparse sólo de la verdad,
pero quizá no diga más que fantasías, y
la literatura parece ocuparse sólo de fantasías
pero quizás diga la verdad”.
      Antonio Tabucchi, Sostiene Pereira.

Hoy por hoy, nos sentimos saturados, obnubilados, bombardeados por imágenes, palabras vacuas; de aquí, la importancia de rescatar el tiempo perdido, el tiempo originario. La relevancia del mito, la narración, la poesía que se presentan desde un pasado originario, un pasado nunca pasado, un pasado siempre presente.

La literatura, el mito y la filosofía son narrativas plurales, abiertas ligadas a la memoria de nuestra civilización que encuentran su espacio común en proporcionarnos sentido. Estos modos de conocimiento pretenden dotar de significación la existencia humana y el mundo, aportándonos nuevos horizontes, e impregnando de sentido nuestra aprehensión del mundo exterior. Como dice la filósofa malagueña, María Zambrano: poesía y filosofía son, desde el principio, dos especies de caminos, que en privilegiados instantes, se funden en uno solo. Un camino abierto hacia el horizonte que se va despejando, el horizonte de sentido [21].

“El horizonte es ya obra humana, por eso es cuestión suprema y primera de la filosofía. Filosofía es mirada humana. Y el amor que está en la misma palabra que designa la acción de filosofar dice ya de su intervención decisiva. La filosofía es mirada creadora de horizonte; mirada en un horizonte. La herencia del amor, del amor de las cosmogonías, de repente entre la posición trágica y la mirada de la filosofía. Diríase que el amor se ha escindido [....]” [22].

La filosofía es una constante “estar a la escucha” de aquello que pueda enriquecer nuestra visión de lo humano, venga de donde venga. De aquí, que la filosofía y la literatura acudan al poder simbólico e imaginario de los mitos de nuestra civilización.

De este modo, sentirnos partícipes en un relato es lo única vía que disponemos de los seres humanos para intentar actuar como protagonistas de nuestras vidas. Ortega y Gasset decía que: “la vida humana, es por lo pronto, faena poética, invención del personaje de cada, que cada época tiene que ser” [23]. En este sentido, la condición humana es fantasía, creación, frenesí pues la vida es un género literario, donde el imperativo de la autenticidad se convierte en imperativo de la invención.

El hombre debe vivir la condición humana como artista y como poeta. Nuestra vocación es la creación en el devenir y la contingencia, generando nuevas descripciones sobre nosotros mismos y la realidad. A la pregunta ¿qué somos hoy? No podemos responder en términos de una identidad homogénea y única. Somos muchos cosas a la vez, pero no siempre en continuidad unos con otras, con frecuencia de manera diluida y dispersa, y normalmente, no de modo pleno, sino fragmentario. Somos prosa y poesía, relato y metáfora, memoria y exploración. Somos imaginación literaria y exploración filosófica, y viceversa, exploración literaria e imaginación filosófica, donde las fronteras no se encuentran tan definidas ni delimitadas como aparentemente se nos presentan.

“¿Qué somos, que es cada uno de nosotros sino una combinatoria de experiencias, de informaciones, de lecturas, de imaginaciones? Cada vida es una enciclopedia, una biblioteca, un inventario de objetos, un muestrario de estilos, donde todo puede ser continuamente mezclado y reordenado de todas las formas posibles” [24].

El mundo humano siempre es un mundo interpretado, por eso es tan importante la hermenéutica. La filosofía trata de mostrarnos la capacidad imaginativa humana (con todos sus mundos posibles, artísticos, literarios, ideológicos...) De esta modo, la filosofía se convierte en un ejercicio de interpretación reflexiva y crítica. Ortega y Gasset anotaba que la filosofía es esfuerzo intelectual por excelencia y, en este sentido, constitutivamente necesaria al intelecto, frente a nuestra deficiencia e incompletud.

“El hombre hace mundo, fabrica mundo constantemente, y hemos visto que mundo o Universo no es sino el esquema o interpretación que arma para asegurarse la vida. Diremos, pues, que el mundo es el instrumento por excelencia que el hombre produce, y al producirlo es una misma cosa con la vida, con su ser. El hombre es un fabricante nato de Universo” [25]

 

5. Crítica al racionalismo occidental

Nuestra cultura, sin lugar a dudas, es la cultura del logos [26], y esta se articula desde distintos ámbitos y modalidades discursivas. “En el principio era el verbo, el logos, la palabra creadora y ordenadora, que pone en movimiento y legista”. La razón, el logos conceptual, es una herencia irrenunciable. Uno de los mejores patrimonios de nuestra tradición cultural, desde los primeros diseños de su perfil con el nacimiento de la filosofía en Grecia. Pero no el único patrimonio; forma parte de nuestra cultura, pero ni siquiera puede identificarse, de manera excluyente, como vía única o superior de conocimiento en la misma. Debemos abogar por una concepción abierta, plural y cultural de razón, presente en otras esferas de la cultura. De esta forma, la razón encuentra su presencia en el ritual, el mito, la literatura, el pensamiento científico y filosófico, las artes.

En Platón encontramos el triunfo del logos del pensamiento y la condenación de la poesía, de esta forma, el pensamiento consumó una “toma de poder” [27] mientras la poesía quedo marginada en los arrabales gritando las verdades inconvenientes.

La decadencia de la cultura occidental hunde sus raíces en sus propias entrañas. Europa ha dejado de tener rostro, se ha falseado, se ha corroído por dentro, la era del vacío se impone, el imperio del nihilismo se extiende. La causa radica en el imperio del racionalismo con su excesiva confianza en el triunfo sobre la naturaleza, la ideología del progreso y la bondad humana, de aquí nacerá el terror y la barbarie más estruenda y tenebrosa.

No obstante, “Europa es hija fiel y afortunada de Grecia; no ha roto con ella, sino que, como todo hijo o discípulo verdadero, lleva a realidad, encarna la esperanza del padre o del maestro.” [28]

A lo largo de la historia se ha impuesto la tiranía de la razón, se ha hablado desde la razón, se ha juzgado y condenado en nombre de la razón, y se ha muerto por la razón. Tal vez sea hora de reivindicar una razón irónica, alegre e infantil, que entienda que la razón es plural, múltiple, móvil, ambigua. Una razón irónica que combata el dogmatismo de la verdad y nos libere de su tiranía. Nuestra pensadora nos plantea una razón creativa cercana a esta visión. María Zambrano piensa que todos los totalitarismos, absolutismos políticos y dictaduras, regímenes autocráticos ha sido arropados y creados a partir de la filosofía racionalista y la degeneración del idealismo absoluto del siglo XIX. El racionalismo moderno sentó las bases y los cimientos ideológicos precisos para que Europa fuera el gran escenario bélico del siglo XX.

Por tanto no podemos anatemizar la razón sin más. Ante el naufragio que implica nuestra vida, ésta se ve obligada a acudir a la razón para bracear y salir adelante. La vida necesita de la seguridad que le brinda la razón. De forma que a la razón pura le sucede la razón dramática, una razón más vital. De este modo, urge la superación del racionalismo volviendo la mirada sobre el hombre, la persona, ser indigente e incompleto -mendigo de ser, conocimiento y amor- reclamando una razón femenina, intuitiva, totalizadora que ponga en juego al hombre completo en todos sus posibles órganos de comunicación, una razón poética [29].

La vida, por tanto, es cultura. La cultura es capacidad de producir cosas humanas y, a la vez, el ámbito y medio donde el hombre se realiza; pero la vida espontánea debe estar enriqueciendo continuamente la cultura, y debe encontrarse al servicio de la vida, no en contra de ella. El hombre tiene una misión de claridad en la tierra. “Toda cultura viene a ser consecuencia de la necesidad que tenemos de nacer nuevamente y así la esperanza es el fondo último de la vida humana, la que reclama y exige el nuevo nacimiento, su instrumento, su vehículo” [30]

El pensador madrileño Ortega y Gasset se mueve en una posición intermedia, entre el racionalismo antivitalista de Kant y el vitalismo irracionalista de Nietzsche. Su raciovitalismo pretende apoyar y fundamentar la razón en la vida y viceversa, de aquí su idea de razón vital. “La razón pura no puede suplantar a la vida: la cultura del intelecto abstracto no es, frente a la espontánea, otra vida que se baste a sí misma y pueda desalojar a aquella” [31]. Cultura es el primer esfuerzo que hace el hombre desde su desorientación vital, su situación de duda, de inseguridad. Cultura es seguridad sobre la vida, reflexión. Ortega nos señala: el tema de nuestro tiempo consiste en someter la razón a la vitalidad, localizarla dentro de lo biológico, supeditarla a lo espontáneo[…] La misión del tiempo nuevo es precisamente convertir y mostrar que es la cultura, la razón, el arte, la ética, quienes han de servir a la vida [32].

Así pues, aunque María Zambrano prosiga el camino iniciado y abierto por su maestro Ortega y Gasset es más deudora de Unamuno que de Ortega y Gasset, “Es decir, los temas de María Zambrano son más unamunianos, su sentir está más cerca de don Miguel” [33]

Aunque Unamuno no fuese nunca profesor de Maria Zambrano a diferencia de Ortega y Gasset, sin embargo, deja una profunda y decisiva influencia marcada en su pensamiento. Zambrano ve en don Miguel de Unamuno una gran claridad de luz frente a una España perdida, desorientada y en tinieblas.

“Unamuno había sido uno de aquellos templarios que en las altas horas cerradas de la noche había velado en el centro del laberinto español las armas, el latir oscuro de la promesa del día que se incubaba. En aquella hora de “Restauración”, la voz de Unamuno se había ido elevando de tono y siendo cada vez más la voz que clama” [34].

Igualmente en don Miguel de Unamuno, el indómito rebelde y luchador incansable, vemos un pensador postmoderno que anuncia la muerte de la modernidad desde su crítica a la razón moderna, hegemónica y absoluta. El hombre es víctima de la razón lógica: ¡desgraciados de nosotros si no sabemos rebelarnos alguna vez contra la gran tirana! Nos tratará sin miramientos, sin compasión. Unamuno huye del racionalismo y el solipsismo cartesiano, lo esencial y primero en el hombre no es el pensar, sino el vivir. Sum, ergo cogito. El hombre no es sólo un animal racional, sino animal afectivo y sentimental. Todo lo vital es irracional, y todo lo racional es antivital, porque la razón es esencialmente escéptica [35]. El sujeto y objeto de la filosofía es el hombre de carne y hueso, el individuo concreto. De aquí, la importancia de la literatura como reflexión ligada a la vida frente a la razón pura, teórica, filosófica, antivital.

Nuestra filósofa malagueña María Zambrano ha tratado de superar esta tiranía de la razón occidental desde una clave poética e intuitiva. Para la singular filósofa, Occidente se ha erigido sobre unos cimientos racionalistas. El carácter más destacado de nuestra cultura es el “imperio racionalista” [36], un imperio que marca el horizonte de nuestra cultura a través de unas normas de visión excesivamente instrumentales, sistemáticas y lógicas. Zambrano se propone superar el racionalismo volviendo los ojos al hombre, a la persona, al ser indigente y alcanzando un tipo de conocer que renuncia a violentar las cosas y a conquistarlas. En este sentido, Zambrano propone la razón poética, una razón intuitiva, totalizadora, apasionada que pone en juego al hombre completo con todos sus posibles órganos de comunicación, el sentir la vida, donde está y donde no está, o donde no está todavía. En este logos sumergido y germinal, en eso que clama por ser dentro de la razón. Así pues, el hombre se encuentra desorientado y huérfano en esa cultura de universales que marca la razón tiránica y trata de recuperar su identidad a través del encuentro del ser en la palabra. La razón poética, de este modo, es un método mediante el cual el hombre puede reconciliarse con la totalidad de su ser, fecundarlo, henchirlo, potenciarlo.

 

6. Filosofía y poesía: dos caminos complementarios

María Zambrano pretende reconciliar una fractura histórica entre los distintos modos de conocimiento en la cultura occidental. Por tanto, su propuesta de razón poética es un intento de reconciliación y entrañamiento hacia una unidad perdida en la cultura europea.

De esta forma “el poeta que siente la filosofía como última perspectiva de su poesía - todo poeta que no envuelve en su poesía una metafísica, había dicho A. Machado, es un simple señorito que compone verso-, el filósofo que no se conforma con usar la razón, que no se resigna a renunciar a la belleza, y el historiador que se sentían penetrados en el tedio de la citas y de la mezquindad del simple hecho ven superados sus respectivos horizontes, iluminados con la claridad de la “razón poética” [37].

“Luz de luz su máximo don- Plotino ya místico del entendimiento, de la inteligencia- La poesía más apagada, profética en cierto modo de la encarnación hubo de darnos el cuerpo de la palabra” [38].

La metafísica europea que inaugura la modernidad es hija de la desconfianza, del recelo. En lugar de mirar a las cosas, vuelve la mirada sobre sí implantando la filosofía del sujeto, de la conciencia y el criterio de evidencia como verdad incontrovertible, última y definitiva. Una palabra define la modernidad desde sus inicios según nuestra pensadora, querer ser, el hombre quiere ser ante todo. Francis Bacon anticipó la fórmula el conocimiento es poder, no contemplación de la naturaleza sino dominación con esta sentencia se inaugura la modernidad científico-técnica occidental.

La segunda regla del método de Descartes establecía: “dividir cada una de las dificultades en todas aquellas partes que sean posibles y que sean necesarias para mejor resolverlas” [40], pero dividir es matar, es destruir, des-componer; y todo aquello que tiene un sentido en su conjunto, lo pierde si lo contemplamos desde la visión miope de la parte. Sólo una visión totalizadora nos descubre el verdadero sentido de las cosas, al menos de aquellas que caen bajo el dominio de la vida. “Por el conocimiento poético -dice Zambrano- el hombre no se separa jamás del universo, y conservando intacta la intimidad, participa de todo, es miembro del universo, de la naturaleza, de lo humano y aún de lo que hay entre lo humano y aún más allá de él”40.

Nuestra costumbre de ver la realidad desde la razón analítica nos impide ver la unidad que reside en el fondo de todo lo que el hombre crea por la palabra. Para los griegos “poiesis” es simultáneamente “expresión y creación”. La filosofía y la poesía brotan de esta fuente común, de esta unidad sagrada. El origen común, profundo y lúcido de los géneros literarios es éste. “No se escribe ciertamente por necesidades literarias, sino por la necesidad que la vida tiene de expresarse” [41]

“La claridad de la razón se manifestó pitagóricamente, en números, que son más exactos que la palabra. ¿Volvemos a ella, acaso? En el cientificismo actual del número, del que habría que salir, la razón puede quedar aprisionada, limitada, congelada. Pero los verdaderos Pitagóricos no creyeron nunca en eso; no era eso lo que perseguían con su razón matemática, sino encontrar los números secretos del alma, del mundo, de la razón, por ilimitada que sea, es decir, de lo limitado y lo ilimitado, que puede ser movimiento y quietud a la par.” [42] Novalis escribe que: “la poesía es lo real absoluto. Cuanto más poético es una cosa, más verdadera es”. La poesía está abierta a las cosas, arrojada entre ellas, la poesía anula el problema de la existencia humana, el hombre es un ser que canta, y manifiesta el ser de las cosas y de todo, por eso, el poeta lo tiene todo en su diversidad y en su unidad, en su finitud y su infinitud [43].

La poesía, de este modo, es representación de lo irrepresentable, visión de lo oculto de las cosas y deber ser revelado con una acto místico-filosófico. María Zambrano ha sabido reivindicar y recuperar como pensadora la antigua vinculación existente entre la filosofía y poesía en oposición a la artificial enemistad impuesta históricamente.

“La filosofía nace con la literatura. Mejor dicho, como dice Giorgio Colli, la filosofía nace como literatura. Antes de Platón, en la voz del sabio vibraba el horror y la alegría infinita de una relación con las cosas, con las fuerzas demoníacas y divinas que se manifiestan en el mundo, con el azar y la necesidad.” [44]

Así pues, poetas y filósofos han buscado, en otros terrenos y lenguajes, una misma finalidad, sentido y unidad. Nos encontramos, entonces, ante una situación histórica de ruptura de fronteras, cánones, estatutos, códigos que superen una incomunicación histórica entre estos dos antiguos modos de conocimiento y sabiduría. La crisis de la modernidad irrumpe ante nosotros abriéndonos nuevos horizontes y posibilidades. Aunque sabemos bien, que la poesía no puede sustituir a la filosofía, ni viceversa, pues ambas se precisan mutuamente.

María Zambrano no elude las diferencias que existen entre las dos, la verdad es que históricamente, ambas se han enfrentado a lo largo de nuestra cultura. No obstante, la propuesta de Zambrano “es que hoy poesía y pensamiento se nos aparecen como dos formas insuficientes; y se nos antojan dos mitades del hombre: el filósofo y el poeta. No se encuentra el hombre entero en la filosofía; no se encuentra la totalidad de lo humano en la poesía. En la poesía encontramos directamente al hombre concreto, individual. En la filosofía al hombre en su historia universal, en su querer ser. La poesía es encuentro, don hallazgo por gracia. La filosofía busca, requerimiento guiado por un método.” [45]

La pluralidad de sentidos y narrativas se expresa por tanto de esta forma:“La preocupación por encontrar un sentido múltiple, y único a la vez, de la palabra, sus raíces ocultas que velan y desvelan un misterio profundo, fue constante en María Zambrano. Se trata de la búsqueda de una palabra que no dejaría de remontarse a los orígenes de todo lenguaje y que sólo puede, en consecuencia, presentarse como un “balbucear”, un “leve eco del corazón” [46].

 

7. A modo de conclusión

Como dice el profesor Agapito Maestre:

“La filosofía de Zambrano es la culminación de un tipo especial de humanismo no idealista, que aproxima el pensamiento a la vida al convertir el lenguaje, la palabra, no en un medio más o menos perfecto de conocimiento, sino en el modo propio de realización humana.” [47]

Ya hay un español que quiere
Vivir y vivir empieza,
-Entre una España que muere
-Y otra que bosteza.
-Españolito que vienes al mundo,
-Te guarde Dios.
-Una de las dos Españas ha de helarte
-El corazón.
-
Antonio Machado, poeta y filósofo del exilio

 

NOTAS

* Quiero expresar mi agradecimiento a la amable invitación de D. Alfonso Vera, Vicepresidente del Centro Asturiano Español en Monterrey para participar y colaborar en el I Simposium Internacional sobre el Exilio Intelectual Español celebrado en Monterrey (México) en Febrero del 2007. Don Alfonso es un niño de la guerra, protagonista como tantos otros niños del exilio de nuestra guerra incivil y cruenta que tanto sufrimiento y dolor provocó; pero quiero dedicar especialmente este trabajo a mi padre Rafael, huérfano de la Guerra Civil española cuando apenas contaba con 4 años, por las innumerables discusiones y reflexiones sobre política, filosofía y humanidades que tenemos cada vez que regreso a España, por mi profunda admiración hacia su calidez, paciencia y comprensión humana.

 

[1] MAESTRE, Agapito, Meditaciones sobre Hispano-América, Madrid, Tecnos, 2001, 104. Se da una situación paradójica con el pensamiento de Zambrano “Por supuesto, su pensamiento es casi absolutamente desconocido para la mayoría de los hipanoamericanos, no es leída en las Universidades, tampoco en los Institutos, y ciertos estudiosos de sus obras al catalogarla como la primera representante del “pensamiento delirante”.MAESTRE, Agapito, Meditaciones sobre Hispano-América, Madrid, Tecnos, 2001, 104

[2] ZAMBRANO, M., España, Sueño y Verdad, 2° ed., Edhasa, Barcelona, p.97; Vid. Andalucía, sueño y realidad, Ediciones Andaluzas Unidas, Granada, 1984, p.199. La filosofía por tanto, se conecta desde esta perspectiva a la ética, no es un saber por saber, sino un saber para la vida, orientado profundamente en la acción, en la vida siempre dinámica y creadora, trágica a veces, como el exilio personal y filosófico que sufrió.

[3] Ortega y Gasset inició una tarea de renovación filosófica importante para el mundo hispanoamericano despertando numerosas vocaciones filosóficas, Xabier Zubiri, María Zambrano, José Luis Aranguren, Julián Marías, Tierno Galván, José Gaos. Como dice Nietzsche: los filósofos del futuro: búhos del trabajo, incluso en pleno día. Sin duda, la figura de Ortega y Gasset era carismática y de enorme talla intelectual, como dice el profesor Abellán: “La personalidad de Ortega ejercía un magnetismo de tal naturaleza sobre los que le trataban que bastaba su trato frecuente -fuese en la Universidad, en la tertulia o una conferencia de la Residencia de Estudiantes -para que sintiesen compartir una filosofía que se identificaba con la vida misma del filósofo.” Vid. ABELLÁN, José Luis, Historia crítica del pensamiento español, vol. 5, Madrid, Espasa-Calpe, 1991, p.236.

[4] La Guerra Civil española es una miniatura interna del siglo entero, pues en ella están presentes todos los actores y fuerzas políticas que posteriormente se enfrentaron en la Segunda Guerra Mundial (comunistas, fascistas, obreros internacionales, campesinos, insurrectos, mercenarios, tropas coloniales, Estados fascistas). Los aliados nazis alemanes y fascistas italianos proporcionaron tropas y material bélico a Franco para La Guerra Civil española, verdadera antesala de la Segunda Guerra Mundial, fue un excelente campo de experimentación por parte de los nazis alemanes y fascistas italianos. Guernica, población vasca, símbolo de las libertades y fueros vascos fue el objetivo de una de la mayores masacres bélicas propiciadas por la aviación nazi alemana la famosa Legión condor que Hitler envió en apoyo al general Franco. Guernica es, por tanto, símbolo del genocidio y holocausto fascista que supo expresar acertadamente el malagueño universal Pablo Ruiz Picasso.

[5] ENRIQUEZ PEREA, Alberto, Días del Exilio (Correspondencia entre María Zambrano y Alfonso Reyes 1939-1959), México, Taurus, 2006, p. 269, 270 La Casa de España se convertiría pronto en el Colegio de México. Como Zambrano reconoce: la Casa de España en México realizó la tarea de continuar nuestra “vida intelectual lejos de España”.A finales de la presidencia de Lázaro Cárdenas, en 1940, la antigua Casa de España se convirtió en la Institución cultural más importante de México. En 2001 se le otorgó el Premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales. Durante los primeros años del exilio fueron surgiendo, por iniciativa de los propios exiliados, otros centros culturales y asociaciones con objeto de ayudar a los expatriados. Los españoles estuvieron presentes en todos los sectores de actividad cultural y productiva de México ayudando a su crecimiento, progreso y desarrollo.

[6] BENJAMIN, Walter, “Experiencia y pobreza” en Discursos interrumpidos I, (trad. J. Aguirre), Madrid, Taurus, 1973, p.173. Benjamín se suicidó en la frontera franco-española en Septiembre de 1940 intentando de escapar de su captura por parte de los nazis. Al igual que Freud, Este antisemitismo nazi supuso grandes pérdidas para la cultura alemana con el exilio forzoso de escritores como Thomas y Heinrich Mann, Arnold y Stefan Zweig, Alfred Döblin, Bertold Brecht, pintores Wasisily Kandinsky, Paul Klee y Oskar Kokoschka, Sigmund Freud, Albert Einstein, Walter Benjamin, Theodor Adorno, Scholem, entre otros.

      Paul Celan y Primo Levi, quienes sobrevivieron a Asuchwitz, describe la vergüenza de ser esta clase de excepción: “Los peores sobrevivieron: esto es, los más aptos; los mejores murieron todos... nosotros, los sobrevivientes no somos los verdaderos testigos...Somos aquellos que por suerte no tocaron fondo. Los que lo hicieron .. no regresaron para contarnos sobre ello, o regresaron mudos [...]” PRIMO LEVI, Los hundidos y los salvados, El Aleph Editores, Barcelona, 2002, p. 54.

[7] El autor de este poema ejemplar es el escritor ruso Osip Mandelstam, reconocido como uno de los más grandes poetas del siglo XX. Él mismo será víctima de las grandes purgas del despotismo de Stalin en 1937 y morirá en Asia oriental, camino de los campos de concentración de Siberia.

[8] GRAY, John, Perros de paja, Barcelona, Paidós, 2000, p. 215. Véase también GLOVER, Jonathan, Humanidad e inhumanidad. Una historia moral del siglo XX, (trad. Marco Aurelio Galmarini), Madrid, Cátedra, 2001. Alfred Rosenberg y Goebbels fueron políticos y ministros de Hitler cuyas teorías antisemitas y raciales llevaron a la deportación y la muerte a miles de judíos, polacos, húngaros, socialistas, republicanos españoles, católicos disidentes en toda Europa. Ambos llegaron a reducir a la caricatura de padre espiritual y modelo ejemplar del pueblo del Tercer Reich. Alfred Bäumler, otro destacado ideólogo nazi señalaba que el Estado Alemán del futuro debería ser creado “del espíritu de la gran Guerra”.

[9] FOSTER, Ricardo, “Después de Auschwitz: la persistencia de la barbarie”, en Crítica y Sospecha (los claroscuros de la cultura moderna), México, Paidós, 2003, 238. La memoria judía se enraíza en la Torá, el Talmud y los inacabables cementerios que les dan incesante vida. Lo judío tiene un punto de partida irreducible: el pacto realizado por Dios a su pueblo. Desde este momento la memoria es deber inapelable y condición de existencia. El nazismo tuvo siempre como objetivo destruir la memoria en la historia. SCHUMUCLER, H. “Formas de Olvido”, Pensamiento de los confines, nº1, 1995.

[10] ZAMBRANO, M., Agonía de Europa, op.cit..., p.54.

[11] Los mártires de los campos de concentración nazi (Auschwitz), los campos de concentración soviéticos en Siberia (Gulags) y las bombas atómicas lanzadas sobre Japón por parte de EEUU en Hisroshima y Nagasaki constituyen los símbolos trágicos de una humanidad que aspira a nacer y a que se le reconozcan sus derechos fundamentales, como el derecho a la vida y a la libertad. CAMPS, V.,“El descubrimiento de los Derechos humanos” en MUGUERZA, J., El Fundamento de los derechos humanos, ed. Debate, Madrid, 1989, p. 111

[12] La historia del siglo XX es un extenso catálogo de horrores, guerras mundiales, e incontables masacres. La filosofía, como la ética, ha de dar cuenta de estos acontecimientos, sobre todo de nuestro pasado más reciente. Franco, Hitler, Musolini, Stalin, Mao alentaron matanzas de inocentes argumentando: “¿Quién las recordará dentro de veinte años?” Cada siglo tiene sus horrores, pero sin duda el siglo XX ha sido especialmente brutal, cruento e injusto, sobre todo con las minorías.

[13] ZAMBRANO, María, Los bienaventurados, Madrid, Siruela, 1990, p. 31.

[14] ZAMBRANO, María, op. cit., p. 38.

[15] ZAMBRANO, María op. cit., p. 34. “Porque el encuentro con la verdad requiere su busca que sólo puede darse en un ánimo que ha sabido sustraerse a la aplastante influencia de los hechos, a la pavorosidad de lo inmediato”. ZAMBRANO, María, La agonía de Europa, Buenos Aires, Ed. Sudamericana, 1945, p. 20.

[16] ZAMBRANO, María, El hombre y lo divino, op. Cit., p. 250. Lo propio del hombre es abrir camino, dice Zambrano, porque al hacerlo pone en ejercicio su ser; el propio hombre es camino.

[17] ZAMBRANO, María, Los bienaventurados, Madrid, Siruela, 1990 p. 41.

[18] Testimonio de María Zambrano recogido en la obra MARTÍN CASAS, Julio y CARVAJAL URQUIJO, Pedro, El exilio español (1936-1978), Barcelona, Planeta, 2002, p. 21

[19] HEIDEGGER, M., “Poéticamente habita el hombre” en Conferencias y artículos, Barcelona, Ediciones del Serbal, 1994.

[20] MUÑIZ-HUBERMAN, Angelina, El siglo del desencanto, México, FCE, 2002, p. 51.

[21] La acción ética por excelencia es abrir camino, y esto significa proporcionar un modo de visibilidad, pues lo propiamente humano no es tanto ver como dar a ver, establecer el marco a través del cual la visión una cierta visión sea posible. Acción ética, pues, al par que conocimiento, pues al trazar el marco se abre un horizonte, y el horizonte, cuando se despeja, procura un espacio para la visibilidad. MAILLARD, Chantal,"Las mujeres en la filosofía española" en DÍAZ-DIOCARETZ, Myriam, IRIS, M. ZAVALA, (coords) Breve historia feminista de la literatura española ( Introducción de Rosa Rossi).

[22] ZAMBRANO, MARÍA: El hombre y lo divino, F.C.E, México, 1975, p. 250. En su prólogo a la edición de 1973 de El hombre y lo divino, Zambrano comentaba que "el hombre y lo divino" podría muy bien ser el título que le conviniese mejor a la totalidad de su producción. Y en efecto, la relación del hombre con "lo divino", con la raíz oscura de lo "sagrado" fuera y dentro de sí, de ese "ser" que ha de darse a luz, a la visión, es una constante en toda su obra.

[23] ORTEGA Y GASSET, J., ¿Qué es filosofía?, Alianza Editorial, Madrid, p. 145

[24] Referencia tomada de la obra de ELISABETH SÁNCHEZ GARAY: Italo Calvino: ironía y voluntad, México, FCE, 2003, extraída de sus Lezioni americane. En esta obra, se analiza en profundidad y rigor académico el impacto y la trascendencia de la obra de Italo Calvino a través de la actitud de sospecha y desenmascaramiento irónico de la cultura occidental.

[25] ORTEGA Y GASSET, José, Obras completas, tomo V, p. 234.

[26] La racionalidad occidental se ha construido sobre la distinción entre ser y aparecer, mito y logos, ficción y realidad, doxa y episteme. Estas oposiciones binarias se han impuesto como canónicas y absolutas dentro del campo del conocimiento haciendo infranqueable las fronteras entre los distintos géneros de saber. Platón, es el primer filósofo que arroja al poeta fuera de la republica ideal estableciendo una similitud entre poesía y mito. Sobre esta oposición se va a construir la difícil y compleja arquitectura platónica del saber donde la poesía, las artes y la retórica sofística van a ocupar un lugar preponderantemente negativo.

[27] En el Fedón (65b) nos dice Platón que dedicarse a la filosofía es despreocuparse del cuerpo. Ser filósofo supone atender al alma (psyché), mientras que la poesía/ y o mito es un afecto y un efecto sobre el hombre, que se sitúan en el plano del cuerpo y sus perversiones. Y como nos dice, el cuerpo jamás alcanza el conocimiento, la verdad, por ser irracional y constantemente mutable; es una fantasmagoría de la que el filósofo debe desprenderse lo antes posible como un lastre que le impide el verdadero conocimiento.

[28] ZAMBRANO, María, La agonía de Europa, Buenos Aires, Ed. Sudamericana,1945, p.99. Zambrano reconoce que de la pobreza filosófica de España nace su mayor riqueza. Ante la crítica de su falta absoluta de grandes sistemas filosóficas y la decadencia que acaeció a España después del siglo de Oro.

[29] ORTEGA MUÑOZ, Juan Fernando, Introducción al pensamiento de María Zambrano, México, FCE, 1994, p. 27. El profesor D. Juan Fernando Ortega Muñoz ha sido un gran impulsor y defensor del pensamiento de María Zambrano en España y fuera de ella, Presidente de la Fundación María Zambrano, organizador de varios congresos internacionales sobre su obra, promotor de diversos premios que se le otorgaron a la brillante filósofa malagueña. Consúltese ORTEGA MUÑOZ, J.F., “La superación del racionalismo en la filosofía de María Zambrano”, Analecta Malacitana, vol. III, Málaga, 1980, pp.75-111. ORTEGA MUÑOZ, J.F., María Zambrano su vida y su obra. España: Junta de Andalucía, Conserjería de Educación y Ciencia, Consejería de Cultura y Medio Ambiente, Delegaciones Provinciales Málaga. Cuadernos de Puerta Nueva. Serie Arte y Pensamiento, 1992. ORTEGA MUÑOZ, J.F., “Bibliografía”, en Número Monográfico. Homenaje a María Zambrano (1904-1991). Jábega. Revista de la Diputación Provincial de Málaga. España. No. 49, tercer trimestre, 1989. 70-79.

[30] ZAMBRANO, María, La agonía de Europa, Buenos Aires, Ed. Sudamericana,1945, p. 91-92.

[31] ORTEGA Y GASSET, J., El tema de nuestro tiempo, Alianza Editorial, Madrid, 1989, p. 125.

[32] ORTEGA Y GASSET, J., Ibid., cap. VI, p. 115. De este modo, la idea de cultura vital que defiende Ortega es connatural al pueblo iberoamericano: y para simbolizarla se vea obligado a recurrir a un mito español. La figura de don Juan que es “uno de los máximos dones que ha hecho al mundo nuestra raza” y ello porque “don Juan es un símbolo esencial e insustituible de ciertas angustias radicales que al hombre acongojan, una categoría inmarcesible de la estética y un mito del alma humana” ORTEGA Y GASSET, J Obras completas, tomo VI pa. 125

[33] SÁNCHEZ, Juana-VENEGAS, Gey, “La segunda década del exilio: María Zambrano y Ortega en sus escritos en torno a 1955”. en.. Como bien señalan la pensadora malagueña es más deudora del rector de Salamanca que de Ortega y Gasset, ve en él un autor de frontera: es antiguo y moderno, aquí radica su plenitud filosófica porque se acerca a temas fronterizos como el lenguaje, los religioso, lo místico,... sin duda, esto atraía mucho a la filósofa. El profesor emérito Juan Fernando Ortega Muñoz llega a una conclusión similar . Consúltese el gran estudio ORTEGA MUÑOZ, Juan Fernando, Introducción al pensamiento de María Zambrano, México, FCE, 1994, p. 17.

[34] ZAMBRANO, María, Los intelectuales en el drama de España, Madrid, Hispanoamérica, 1977, p. 86.

[35] Zambrano cuenta la anécdota de que don Miguel, desterrado en Francia, se instaló en Hendaya y todas las tardes iba hasta la línea fronteriza franco-hispana a insultar a voces al dictador. ZAMBRANO, M., El nacimiento. Dos escritos autobiográficos; Madrid, Entregas de la Ventura, 1981.

[36] Lo que pretende Unamuno es subordinar la razón a la vida, porque ésta es lo absoluto. Lo vital y lo racional no coinciden y a veces se da una oposición frontal, esencial casi absoluta. La vida tiene su finalidad en desarrollarse, en vivir, en hacerse. En este proceso la vida es autónoma y no puede someterse a la razón, que sólo alcanza el mundo inmediato. El tema de la vida y la razón ha sido estudiado por la mayoría de comentaristas de Unamuno. Véase SÁNCHEZ RUIZ, J.M., “El irracionalismo de Unamuno”, Estudios Filosóficos, 11, 1962, 219-253; BLANCO, M., La voluntad de vivir y sobrevivir en Miguel de Unamuno, Madrid, ABL, 1994.

[37] ZAMBRANO, M., Obras reunidas, Madrid, Editorial Aguilar. Col. Estudios Literarios, 1971.p. 267. Vid. ORTEGA MUÑOZ, J.F., “Bibliografía”, en Número Monográfico. Homenaje a María Zambrano (1904-1991). Jábega. Revista de la Diputación Provincial de Málaga. España. No. 49, tercer trimestre, 1989. 70-79.

[38] ZAMBRANO, M., Persona y democracia, Barcelona, Anthropos, 1988, p. 31.

[39] Descartes es un profundo seguidor de la tradición interiorista de San Agustín; pero con un excesivo énfasis en la reflexividad radical, la importancia del cogito cartesiano, auque da un vuelco radical a la interioridad agustiniana conduciéndola a la dirección solo y exclusivamente del raciocionio. Agustín planteaba si fallum sum (“si fallo soy”) Descartes retomará esta afirmación girándola hacia el pensamiento puro y descarnado: cogito sum (“si pienso existo”). Desde el logos griego se embarcó hacia un idealismo que alcanzó su extremo, precisamente, en la filosofía romántica alemana del siglo XIX. ORTEGA MUÑOZ, J.F., María Zambrano su vida y su obra. España: Junta de Andalucía, Conserjería de Educación y Ciencia, Consejería de Cultura y Medio Ambiente, Delegaciones Provinciales Málaga. Cuadernos de Puerta Nueva. Serie Arte y Pensamiento, 1992.

[40] ZAMBRANO, M., Obras reunidas, Madrid, Editorial Aguilar, Col. Estudios Literarios, 1971.p. 296.

[41] ZAMBRANO, M., La confesión, genero literario y método, México, 1943.

[42] ZAMBRANO, M., Notas de un método. Madrid, Mondadori,1989, p.57.

[43] ZAMBRANO, M.,”La aurora de la palabra” en Andalucía, sueño y realidad, Ediciones Andaluzas Unidas, Granada, 1984, p.199

[44] RELLA, Franco, Metamorfosis. Espasa Calpe, Madrid, 1989. p.17

[45] ZAMBRANO, María, Filosofía y poesía, México, FCE, 1989, p. 13.

[46] SÁNCHEZ BENITEZ, Roberto, “El no ser de la palabra. Filosofía y poesía en María Zambrano”, Revista Metapolítica, México, nº34, Abril-Marzo, 2004, p. 123.

[47] MAESTRE, Agapito, Meditaciones sobre Hispano-América, Madrid, Tecnos, 2001, 104

 

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Rafael Enrique Aguilera Portales es Doctor en Filosofía por la Universidad de Málaga (Departamento de Filosofía moral, política y jurídica), miembro del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), México, miembro del Sistema Nacional de Investigadores (CONACYT), correo electrónico: aguilera_uanl@hotmail.com

 

© Rafael Enrique Aguilera Portales 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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