Sobre la obra poética y narrativa de Carlos Luis Torres G.

José Luis Díaz-Granados (*)


 

   
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Resumen: Revisión crítica de la obra del poeta y narrador colombiano Carlos Luis Torres G. (1956, Bucaramanga, Colombia).
Palabras clave: Carlos Luis Torres G., literatura colombiana contemporánea

 

Bogotá Agosto de 2007

“Barco a la vista” pertenece a esa familia literaria de las novelas confesionales, por lo tanto, es una radiografía del comportamiento humano, lo que Vargas Llosa denomina, un streap-tease espiritual.

Acorde con la búsqueda de expresiones y técnicas narrativas muy propias de su generación, Carlos Luis Torres (Bucaramanga, 1956) juega con las tonalidades, las formas tipográficas y los breves o extensos monólogos o textos imprevistos, hasta lograr un collage multicolor de sentimientos donde a menudo estallan floraciones históricas en mitad de la vida cotidiana.

“Barco a la vista” es su primera novela, escrita con lo mejor de su corazón, donde vuelca con enorme fortuna las influencias asimiladas de desordenadas lecturas e intensas vivencias.

Logra escribir una novela excepcional, al igual que lo hacen con su libro primigenio innumerables autores -ahora pienso en el García Márquez de La hojarasca, en el Thomas Mann de “Los Buddenbrooks”, el Miller del “Trópico de cáncer”, el Capote de “Desayuno en Tiffany”, para citar unas pocas novelas iniciales, o "primíparas" para no dejar el lenguaje bogotano- que se concentran para elaborar un cofre de primera mano, donde intentan guardar toda su joyería vivencial e intelectual quizás por aquello que observaba tan acertadamente Ángel Rama acerca de estas novelas iniciales, cuando decía que habían sido escritas cuando sus autores no eran nadie, pero querían serIo todo.

Esta novela es la palabra y el signo que redescubre un nuevo mundo, pero no desde una península remota sino desde el centro del corazón, desde el pico más alto del caribe americano, desde la piel de Chachy, que es como el nuevo mapa de un continente deslumbrante.

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Cuando terminé la lectura de “Entre la espera y el miedo” (relato de un desertor), reviví aquella experiencia intelectual de mi ya remota adolescencia, cuando doblé la última página de la novela “La náusea” de Jean-Paul Sartre. Sentí que algo muy mío me había sido revelado por una voz hermana, por un alma cómplice, por una pluma similar, pero de mayor hondura mental.

“Entre la espera y el miedo” es la inmersión total en laberinto secreto de un hombre, de un hombre cualquiera -como dice Onetti- que fuma en una esquina de la ciudad. No es Carlos Luis Torres así, simplemente, sino además, es Carlos Luis Torres que escribe, Carlos Luis Torres, escritor, regalándonos puñados de vida, con ansiedades y hambres, con soledades y sedes, atravesando los días y las noches como pequeñas grandes existencias completas en cada hora vivida, como un eterno itinerario de fugas.

Esta novela es la exaltación del escalofrío, de la osamenta fría de Bogotá, del demonio marginal y del esplendor del silencio de nuestra idolatrada ciudad, nuestra sucia y divina ciudad de ventanas y asfaltos, de alcantarillas y de vestales, de rascacielos y de vagabundos.

¡Cuánta hermosa y soterrada revelación entraña este fosforescente relato de Carlos Luis Torres! Caminante perpetuo del centro, de Chapinero, de las avenidas invisibles y de las esquinas alucinantes y prohibidas de la urbe, nos lleva de la mano entre la acción y la reflexión, entre la soledad y la ensoñación, donde su amada Zila es el reencuentro con Justine, para que al igual que a Durrell, esta ciudad es un mundo cuando amamos a uno de sus habitantes... Bogotá, la ciudad, su ciudad, nuestra ciudad, nuestra Alejandría, nuestra Estambul, nuestra Venecia, que también puede ser por virtud de la mágica palabra, Moscú o San Petersburgo, Nueva York o París... pero siempre con ese ser hermoso y nostálgico con el alma anegada de gotas de canciones y notas de rocío de su dilecto Albinoni, y en donde como en el espacio lírico del bogotano Silva, "en aquel sitio el musgo tiene olor de reseda" y hay fragmentos de oro, miel y sangre, aprisionados para siempre en sus zapatos... y al fondo, un dejo de saudade, de añoranza, de silencio, de dolor, de sentirse sobrando en todas partes por ser Dios mismo habitando entre tanto tumulto...!

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En la noticia biográfica de Carlos Luis Torres que aparece en la solapa de su libro “A punto de llover (poemas de un desertor)”, se nos informa la existencia de un poemario inicial, Poemas en un sobre de manila, que nos invita a la indagación y a la curiosidad.

En “A punto de llover” el autor nos sorprende con versos de un viajante, un trashumante, un transeúnte citadino que al igual que Baudelaire, en medio de la pavorosa tormenta, es visitado a veces, de manera fugaz, por "soles deslumbrantes".

Es un libro intenso, donde cada sentimiento o cada obsesión se agigantan, se repisan, se reinventan, se desbaratan y se define con palabras que extrae del pozo profundo de un alma desgan-ada por el diario vivir y - ¡Manes de don Dámaso Alonso! -, pelícano que se abre el pecho nos entrega cada pensamiento-palabra como para una comunión.

"Debajo de mis palabras / encontrarás un puñal / y bajo este, / un silencio oscuro, / un gorjear muy bajo / y una mueca, que deseo que te lleves /... a cambio del olvido".

Es un libro tormentosamente urbano, elaborado con la materia misma de los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos de la ciudad. Es un libro lleno de postes, andenes, lluvia plomiza, calles, latas, cauchos negros, pájaros y nubes, tarros oxidados, canecas, pedazos de vidrio " y esta calle sucia /... repleta de hombres".

Y de pronto, como una mariposa repentina, ese divino y delicado poema titulado "Por fin París", donde Carlos Luis hace gala de condensación e intensidad ante el júbilo supremo por el sueño hecho realidad, o en este caso, por la realidad hecha sueño delirante.

Voy a transcribirlo completo porque es un poema perfecto, con la medida exacta para el asombro, con la carga expresiva precisa para el deleite íntimo:

"Por fin París, donde sólo pude estar un sueño. / Qué temporada tan corta pero tan intensa. / Esa ciudad tiene la rosa roja de tu rostro en la tarde. / La nota barroca de Albinoni y tu aliento. / La intensidad de un violín / o el sonido de tu cuerpo.

"Por fin París, tus ojos en la calle, / un pequeño suspiro de ave, / el sol cálido y tu piel, / Oye... oye..., ...silencio, ...no mires / no hace falta, ...oye... oye ese violín cayendo. / Albinoni en esta tarde. / París, la nuit y este verso".

Es el poema que en poquísimas palabras "nos ilumina de infinito", envuelve la vida entera, totalidad de canciones y de tardes, el Poema con mayúscula, en fin... el milagro.

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En los veintiséis textos del libro “New York desde la ventana”, Carlos Luis Torres trasmite la inmensa soledad de la endiablada metrópoli.

Desolación total, frío y llanto, monstruo descomunal y aterradora pequeñez. El universo inalcanzable de neón y concreto, colmenar de estrellas humanas, movimiento perpetuo de bullicio y silencio, vértigo y ruina, que a la vez es un "minúsculo / grano de arena, / insignificante / lugar... al compararlo con tus ojos "...

En esa aventura de la palabra, reveladora y febril, Carlos Luis Torres recrea la interioridad de la metrópoli suprema. El poeta, absolutamente solo, radiante en medio del tumulto, solazado ante la magnificencia y belleza a veces áspera y sórdida de esta colectiva muerte viviente, nos pasea por ese alarido abismal que es Nueva York.

Su caótica lumbre verbal nos recuerda la misma pesadilla vivida por Walt Whitman y por Hart Crane, por Federico García Lorca y por Henry Miller, por Dylan Thomas y por Marylin Monroe.

Todo allí, desde la ventana de su corazón, es un largo, infinito gemido, un rotundo cantar y contar de exilio y llanto, una torre erigida con sencilla y esbelta poesía.

Pero toda la obra -narrativa y poética- de Carlos Luis Torres Gutiérrez, se puede resumir afirmando que es un perpetuo ir y venir (en el vaivén humano) de la destrucción a la revelación, de la desesperanza al orden estético, del apocalipsis al paraíso, como un volcán de rosas y de sombras, como una catarata de caricias y de espantos, hacia un orbe definitivo de vivencias e interludios, con canciones de Albinoni y besos de amor allá en el horizonte visible a través de la ventana empañada, allá en la lejanía cercana, en la posibilidad de la alegría a través de la bitácora alucinante de la palabra.

Bosque Izquierdo, 23 de agosto de 2007.

 

José Luis Díaz-Granados (*):ació en Santa Marta (Magdalena), el 15 de julio de 1946. Poeta, novelista, periodista, gestor y comunicador cultural. Fue presentador del programa de televisión Ventana al libro, dirigido por Eligio García Márquez (1993-1997) y comentarista bibliográfico de Lecturas Dominicales de EL TIEMPO.
    Ha publicado, entre otros: “El laberinto” (poesía, 1968-1984); “Las puertas del infierno” (novela, 1986); “Las mil caras de la URSS” (relatos, 1987); “Cantora”l (poesía, 1988-1992); “Poesía dispersa” (1992-1994); “El muro y las palabras” (novela, 1994); “Escritos selectos” (1996); “Rapsodia del caminante” (poesía, 1996); “Juegos y versos diversos” (poesía para niños, 1996-1998); “La muñeca nocturna” (teatro, 1996); “El esplendor del silencio” (novela, 1997) y “Oficio terrenal” (poesía, 1998).
    En el año 2003 la Universidad del Magdalena publicó su obra poética completa con el título de “La fiesta perpetua”. En 1968 obtuvo el Primer Premio de Poesía Carabela, en Barcelona, (España) y un año después, fue nominado al Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, en Caracas (Venezuela), por su obra “Las puertas del infierno”.
    Además Díaz-Granados recibió el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, en 1990 y Premio Nacional de Novela Aniversario Ciudad de Pereira, 1994. Su última novela “Los años extraviados” ha sido editada por Editorial Planeta en el año 2007.

Carlos Luis Torres Gutiérrez (1956, Bucaramanga, Colombia). Realizó estudios en la Universidad Industrial de Santander y posteriormente Maestría en Literatura Latinoamericana en la Pontificia Universidad Javeriana. Reside en Bogotá desde hace más de 25 años. Es escritor y profesor de literatura.
    Ha publicado: “Barco a la Vista”, su primera novela aparecida en 1992 en el marco de la celebración de los 500 años de la llegada de Colón a América. “Poemas en un sobre de manila” fue la primera recopilación de su poesía de ciudad. ”Entre la espera y el miedo”, novela publicada en el 2004, y “A punto de llover”, poemario publicado ese mismo año se complementa con su libro “New York desde la ventana” . Otros trabajos de creación poética, cuentos y crítica literaria se han publicado en revistas y periódicos virtuales e impresos que se pueden consultar en www.carlosluistorres.net

 

© José Luis Díaz-Granados 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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