El cosmopolitismo y su irradiación
en El paraíso en la otra esquina y
Travesuras de la niña mala de Vargas Llosa

Nataly Villena Vega

Doctora en Literatura General y Comparada
Universidad París III - Sorbonne Nouvelle
natalyvillena@literaturas.com


 

   
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Resumen: Mario Vargas Llosa ha iniciado una nueva fase creativa incorporando el tema del cosmopolitismo en sus dos últimas novelas: El paraíso en la otra esquina y Travesuras de la niña mala. Pero la presencia de cosmopolitismo es mucho más profunda, pues irradia formalmente el trabajo literario y lo impregna de una cierta concepción del mundo así como de un modo de relacionarse con el Otro.
Palabras clave: Cosmopolitismo - Vargas Llosa - literatura de viajes - globalización - literatura comparada

 

Es curioso que un escritor que ha viajado tanto y que ha vivido gran parte de su vida en el extranjero como Mario Vargas Llosa, no haya comenzado a escribir mucho antes sobre realidades distintas a la suya. Son excepciones sus novelas La guerra del fin del mundo y La Fiesta del Chivo, pero es solamente a partir de El paraíso en la otra esquina donde pone verdaderamente en relación el dominio peruano con otras áreas culturales.

El cosmopolitismo literario de Vargas Llosa se construye a partir de las ideas de base de su concepción de la literatura y de los principios recurrentes en su trabajo crítico: la búsqueda de totalidad, la constante interacción entre el “Yo” y el “Otro”, la confrontación entre arcaísmo y modernidad, y la apropiación cultural de lo que el Otro es capaz de producir.

Vargas Llosa se dirige resueltamente hacia el cosmopolitismo a partir de una aproximación a la cultura bajo todas sus formas. Pero ese cosmopolitismo es menos el del desplazamiento y del descubrimiento que el del aprendizaje, es menos sensorial que razonado, es menos inconsciente que consciente.

El tema del viaje es el hilo conductor que lo lleva a abordar el cosmopolitismo de manera temática. Este tema nos permitirá establecer el modo en el que se produce una irradiación del cosmopolitismo en El paraíso en la otra esquina y Travesuras de la niña mala a partir de dos puntos de vista. El primero apunta a establecer una geografía del cosmopolitismo en ambas novelas, donde se privilegia a la ciudad como lugar concentrador de lo que el cosmopolitismo pone en juego. En estas novelas, se puede inclusive determinar un recorrido, a la manera de una guía de viaje, que invita al desplazamiento y propone algunas claves de lectura. En Travesuras de la niña mala, Vargas Llosa prefigura literariamente un cosmopolitismo temático a partir de la inmigración. Sus personajes viajan, se instalan en el extranjero y sin embargo mantienen al Perú como punto de referencia por excelencia. El segundo punto de vista relaciona dos tipos de desplazamiento de distinta naturaleza, que aparecen reunidos en esas dos novelas y que vehiculan una idea global del cosmopolitismo.

 

Una geografía del cosmopolitismo

El paraíso en la otra esquina y Travesuras de la niña mala determinan un marco cosmopolita que se establece a partir del viaje.

Es necesario considerar al referente real, la vivencia del autor, como factor determinante en la definición de esta geografía cosmopolita. Por un lado están los lugares visitados por Vargas Llosa y aquellos en los que se ha instalado; por otro, los lugares que ha visitado a posteriori, en la fase de investigación para sus novelas.

La geografía del Paraíso en la otra esquina está sujeta a referentes reales. Sin embargo, existe aún la posibilidad de elegir la perspectiva bajo la cual esta geografía será evocada literariamente. Así, Vargas Llosa retoma el último periplo de Flora Tristán. A partir de esta narración, hace que el propio personaje reconstruya la historia de su vida y de sus viajes al Perú y a Londres. Vargas Llosa hace un contrapunto entre la geografía del presente narrativo, la Francia de 1844, y la del Perú de 1833. Francia aparece entonces a través de imágenes más cotidianas mientras que el Perú sólo es evocado a través de ciertos hechos clave.

Del mismo modo, las islas que recorre Gauguin entre 1892 y 1903 son descritas minuciosamente mientras que otros territorios como la Martinica, Dinamarca o inclusive París aparecen mucho más distantes.

Es necesario señalar que Vargas Llosa ha viajado por toda Francia y a lo largo de las islas de la Melanesia en la fase de documentación de esta novela. La razón de esas preferencias en la escritura podría responder a dichos viajes.

En Travesuras de la niña mala, en la que Vargas Llosa no está sometido a ninguna restricción, él evoca una geografía que parece haberlo marcado. La recreación se alimenta de la memoria.

Los universos literarios explorados en sus novelas son así, por lo general, lugares que conlos que está familiarizado. Esto es más evidente aún en Travesuras de la niña mala, por cuanto él elige un orden cronológico que corresponde a su propia biografía:

He tenido la suerte de vivir en el momento en el que en esas ciudades se producían transformaciones esenciales para la Historia. En París sentí, como otros de mi generación, que el mundo estaba cambiando; en Londres vi cómo las costumbres, los modos, el sexo, hasta las palabras, daban un vuelco con el movimiento hippie; en Madrid contemplé el paso de una aldea cerrada a la ciudad más libertaria de Europa a una velocidad prodigiosa... ¿Quién podía pensar que los europeos vendrían a corromperse al Madrid de los 80? [1]

Así, Ricardo y “la niña mala” viven en el Perú, se reencuentran en París, se vuelven a ver en Londres, luego en el Japón - único lugar en el que el autor no ha vivido, pero que aparece brevemente -; finalmente, se reúnen en Madrid.

El recorrido de los personajes de las dos novelas es eminentemente urbano, salvo en el caso de Gauguin. Su constante movilidad convierte estas dos novelas en crónicas de viaje, que al interactuar con el primer factor, la ciudad, hacen que la modernidad aparezca en ellas bajo su rostro más problemático:

Depuis cinq siècles maintenant, le récit de voyage est ainsi le lieu d’expérimentation de la condition moderne, celle du sens lacunaire, incertain, dont toute prétention de complétude fait apparaître l’insuffisance [2].

 

La ciudad

La ciudad concentra los problemas y los contrastes que en otros tiempos se solía encontrar sólo más allá del océano. Si en el siglo XIX el mundo podía aún tener algunos secretos, la modernidad y las comunicaciones han tenido un efecto homogeneizador en las ciudades de hoy.

Esta confrontación con una alteridad radicalmente distinta ya no exige grandes desplazamientos. Los fenómenos modernos como la inmigración y el multiculturalismo provocan la reproducción de esas alteridades extremas en el corazón de las capitales.

Flora Tristán y Paul Gauguin anuncian la inexistencia o la pronta desaparición de ese paraíso utópico que buscan. De su viaje al Perú, Flora concluye que la injusticia y los abusos son comunes y universales, a pesar de las diferencias que encuentra en cuanto al estatus femenino. Por su parte, Paul lamenta que el primitivismo desaparezca, casi frente a sus propios ojos, durante el tiempo que pasa en Oceanía. Ese mundo puro, ese reino de la justicia al que aspiran es una verdadera utopía de la que son conscientes al fin de sus vidas.

El cosmopolitismo está presente entonces en la imposibilidad de concebir un mundo compartimentado y sin comunicación. A través de sus novelas, Vargas Llosa parece decir que el mundo es pura interacción, intercambio, transformación, modernidad; también, que ninguna cultura puede estar aislada, pues el aislamiento significa su muerte.

El tercer postulado es el del cosmopolitismo como apropriación y asimilación de la cultura del Otro. Es distinguible sobre todo en el personaje de Gauguin - Koké, el parisino convertido en salvaje caníbal, como suele presentarse ante sus amigos. Pero en realidad, él no es otra cosa que el producto de esas dos culturas, y como artista, traduce esa fusión en su pintura.

El diálogo entre el “aquí” y “allá” es otra característica del cosmopolitismo tal como lo concibe Vargas Llosa. Se manifiesta en una narración que está en vaivén entre Francia y el Perú, Francia y Oceanía, y, en Travesuras de la niña mala, entre Europa y el Pérou, París y el mundo.

Los personajes viajan entre el aquí y allá. Hay una interacción entre lo local y lo global. Las ideas de Flora conciernen a la humanidad, la sociedad en su conjunto, y Francia ya no es la única referencia. La novela reproduce esta visión global en su propia organización.

Literariamente, Vargas Llosa va todavía más lejos en este postulado al establecer correspondencias entre ciertas ciudades francesas y otras peruanas.

En El paraíso en la otra esquina, la llegada de Flora a Marsella corresponde a su llegada a Arequipa once años antes. La relación entre estas dos ciudades no es gratuita. Vargas Llosa, nacido en Arequipa, no ignora la condición de esta ciudad en el Perú. Próspera, burguesa y autosuficiente, Arequipa todavía es percibida en ese país como una ciudad algo ajena. Cuando Flora compara Marsella a una próspera Babilonia transportada al siglo XIX, el lector peruano, inevitablemente, pensará en Arequipa, uno de los focos de la industria y el comercio:

[…] había demasiados ricos y gente acomodada en esta pequeña Babilonia de aventureros y emigrantes ávidos. El exceso de comercio y riquezas habían impuesto en sus habitantes un espíritu fenicio y un individualismo feroz que contagiaba incluso a los pobres y explotados… [3]

Del mismo modo, Vargas Llosa hace un paralelismo entre Tolón y Arequipa cuando se refiere al aprisionamiento. Sin embargo, mientras que en Tolón éste corresponde al mundo carcelario, la prisión peruana es de orden social y religioso.

Por otro lado, Tolón es un puerto y un arsenal, y en consecuencia un lugar de llegada de extranjeros: griegos, árabes e italianos; del mismo modo, Arequipa no sólo tiene un puerto: Matarani, sino que es hoy en día una ciudad llena de inmigrantes de otras regiones del Perú.

Cabe subrayar otro detalle por demás significativo, Flora da a conocer el principio de base de los derechos del hombre y el origen mismo del cosmopolitismo precisamente en Tolón:

¡Qué difícil convencer a muchos compatriotas que los seres humanos eran iguales, con prescindencia del color de su piel, de la lengua que hablaran o del dios al que rezaban! Incluso cuando parecían admitirlo, apenas surgía cualquier discrepancia, afloraban el desdén, el desprecio, los insultos, las proclamas racistas y nacionalistas [4].

A veces, el contrapunto en el ambiente que reina en algunas ciudades le sirve a Vargas Llosa para poner en valor ciertas características de la sociedad moderna. Mientras que Nimes es un lugar de confrontaciones entre Flora y sus habitantes, al punto de calificarla de «ciudad de ensotanados que apestaba a incienso» [5], su encuentro con La Mariscala [6] en el Perú testimonia una mejor situación para la mujer en ese país. A través de los ires y venires de Flora, Vargas Llosa reencuentra literariamente una Lima cosmopolita que no había aparecido como tal en sus novelas hasta entonces:

Curiosa ciudad esta capital del Perú, que, pese a tener sólo unos ochentamil pobladores, no podía ser más cosmopolita. Por sus callecitas cortadas por acequias donde los vecinos echaban las basuras y vaciaban sus bacinicas, se paseaban marineros de barcos anclados en el Callao procedentes de medio mundo, ingleses, norteamericanos, holandeses, franceses, alemanes asiáticos, de modo que, vez que salía a visitar los innumerables conventos e iglesias coloniales, o dar vueltas a la Plaza Mayor, costumbre sagrada de los elegantes, Flora oía a su alrededor más idiomas que en los bulevares de París [7].

La evocación que hace Flora de Londres es negativa. Esta metrópolis reúne en ella los grandes problemas sociales del siglo XIX, y prefigura aquellos del mundo moderno. En el contexto de la globalización, las ciudades modernas parecen poseer una base fija que presenta variaciones mucho menos importantes que en épocas pasadas. De ese modo, sus problemas son también los de la humanidad en su conjunto. Por esta razón, Flora se da cuenta en su estadía en Londres de que toda solución local para los problemas del hombre es imposible:

Con todo el odio que llegaste a sentir por Londres e Inglaterra […] tenías que reconocer que sin ese país, sin los trabajadores ingleses, escoceses e irlandeses, probablemente nunca hubieras llegado a darte cuenta de que la única manera de emancipar a la mujer y conseguir para ella la igualdad con el hombre, era hermanando su lucha a la delos obreros, las otras víctimas, los otros explotados, la inmensa mayoría de la humanidad [8].

En efecto, nada es más representativo de la modernidad que las grandes capitales. Así, los protagonistas de Travesuras de la niña mala viajan a algunas de las grandes capitales del mundo: París, Londres, Madrid y Tokyo.

En el transcurso de la narración, el cosmopolitismo se hace cada vez más perceptible gracias a la descripción y la elección de las ciudades. Hay una relación cronológica entre las ciudades que Vargas Llosa describe en esa novela y las que ha conocido durante su vida. Comienza por París, luego continúa con Londres, hay un breve paso por Tokyo y se detiene en Madrid. Es, pues, evidente que la geografía de esta novela rinde homenaje a la experiencia vargasllosiana en Europa. El cosmopolitismo que el autor adquiere progresivamente en su propia vida encuentra una correspondencia en la experiencia de sus personajes. En París, estos están aún ligados a sus compatriotas, después, frecuentan también a personajes de otras nacionalidades. La niña mala lo hace con mayor facilidad que Ricardo, pues protagoniza matrimonios internacionales, mientras que Ricardo posee sólo amigos. En su caso, los lazos con el lugar de origen se debilitan, y su tío, el único lazo informativo directo con el Perú, muere.

Sin embargo, y aunque de manera indirecta, el Perú se mantiene en el indisoluble lazo amoroso de ambos personajes.

Esta geografía presenta además una referencia curiosa. ¿Por qué ese salto al Asia? Probablemente por el deseo de romper con una cierta monotonía geográfica y con la previsibilidad de personajes que siguen su mismo recorrido en Europa.

Ya que la puesta en relación del Perú con Europa es constante, y de este modo también la de de América latina con este continente, introducir una ciudad como Tokyo implica una apertura narrativa hacia el Asia. Así, su novela entra plenamente en la temática cosmopolita.

La irradiación del cosmopolitismo también se manifesta en el desplazamiento de los personajes. Los mismos personajes se mobilizan y reconstruyen su vida cotidiana, sucesivamente, en lugares diferentes, sin que por ello esos cambios sean dramáticos. Sin embargo, la sucesión de ciudades no muestra en ningún momento un mundo homogéneo. El viaje de los personajes va en el sentido contrario. Es una toma de conciencia de que el conocimiento del mundo está inacabado.

 

Guía de viaje

En las dos últimas novelas de Vargas Llosa, hay algo de una guía de viaje. Sus personajes descubren los lugares como lo harían viajeros o turistas. Sin embargo, ninguno de ellos lo es verdaderamente; a pesar de ello, todos comparten esta etapa de descubrimiento común a todo individuo que se ve confrontado a un espacio nuevo.

En la escritura y la descripción de los lugares, Vargas Llosa escapa a los clichés que se atribuyen a ciertas ciudades. Sin embargo, a través del recorrido de sus personajes, busca perfilar la atmósfera de dichos espacios organizando una mirada panóptica.

En este acápite nos ocuparemos esencialmente de Travesuras de la niña mala, pues es la novela que ilustra esta idea de manera más explícita; a pesar de ello, algunas referencias a El paraíso en la otra esquina completarán nuestras observaciones.

La Lima representada en esa novela es la de la juventud de la protagonista -y también la de Vargas Llosa. El narrador subjetivo describe la vida del barrio, las diversiones de los adolescentes, la música y las fiestas de los años cincuenta. La novela explora una sociedad pudiente, donde reinan el racismo y la discriminación social.

La capital que Flora Tristán visita es la de las guías de viaje, de los vals y de las postales, esos lugares que son aún hoy turísticos y muy frecuentados: va al teatro, al paseo de Amancaes y al Paseo de Aguas, va a los baños de Chorrillos y visita las prisiones de la Inquisición, asiste a las corridas y a las peleas de gallos.

Cuando el protagonista se desplaza en el París turístico, la narración cobra un sentido preciso por la elección de los lugares. Así, el París en el que Ricardo Somocurcio se desplaza y el que muestra a su camarada Arlette es intelectual y cultural. Sus paseos se alejan rara vez de las fronteras del Barrio Latino y del distrito VII. En un primer momento, él se instala cerca de Saint-Sulpice, luego en Montparnasse, que corresponden a la Ribera izquierda, la Rive gauche, la zona intelectual y artística de París. Las referencias culturales son múltiples: salas de concierto, teatros, cines, cafés, restaurantes, monumentos…; todo recuerda a ese París centro cultural de Europa en los años sesenta.

La efervescencia de esta década está marcada por los debates políticos, por los ecos de América Latina a través de la revolución cubana, y por la actividad de las primeras organizaciones internacionales. Ya no sorprende entonces que Ricardo se haga traductor e intérprete para la Unesco.

Londres aparece a partir de referencias musicales y de sus cambios sociales. Ricardo vive en un barrio cosmopolita de Londres, Earl’s Court, en Kensington, poblado de gente venida de Oceanía y habiendo, por ello, tomado el nombre de Kangaroo Valley. Él y la niña mala acceden por distintos caminos al «al medio más inglés de los ingleses: el mundo de los dueños de establos, jinetes, preparadores y aficionados a la hípica de Newmarket, donde nacen, crecen, muren y se entierran los caballos de carreras más famosos de Gran Bretaña y acaso del mundo [9]

Su amigo Juan Barreto es el modelo viviente de las relaciones entre la cultura más tradicional y la modernidad más osada. Hippie, homosexual, tramp, se convierte en el pintor oficial de los caballos de Newmarket.

Londres, donde Ricardo se queda por un breve período, toma la posta, y sirve de escenario para presentar un contrapunto entre ruptura y tradición. La música, el fin de las ideologías, la libertad sexual y la despreocupación de los años setenta contrastan con el mundo hípico inglés, donde reina la atmósfera más convencional.

En Tokio, los personajes experimentan el placer carnal. Recorren bares y burdeles, un universo nocturno y licencioso. El Château Meguru es el lugar simbólico de la realización de todas las fantasías sexuales:

[…] todo el exquisito refinamiento de la cultura japonesa no destelaba, como seguramente creía yo, en los grabados de la época Meiji, ni en el teatro Nô, ni en el Kabuki, ni en los muñecos del Bunkuru. Sino en las casas de cita o maisons closes, allá bautizadas con el afrancesado nombre de Châteaux, el más famoso de los cuales era el Château Meguru, un verdadero paraíso de los placeres carnales, donde se había volcado a manos llenas el genio japonés para combinar la tecnología más avanzada con la sabiduría sexual y los ritos ennoblecidos por la tradición [10].

En Tokio, los códigos de conducta de los protagonistas son trastocados, la niña mala conduce a Ricardo hacia el voyeurismo y ella misma es víctima de un sádico.

Más tarde, sus personajes se encuentran en un Japón de cliché. En su sobrevuelo turístico, recorren el Japón de la modernidad, coronado por el vicio.

Finalmente, un protagonista en la madurez, demasiado cansado para gozar de esos nuevos placeres, reencuentra el Madrid post-franquista, la ciudad libre de los años ochenta, la de la “movida”, que se caracteriza por la fiesta, la música, las drogas, la inmigración y la creación.

Madrid es el crisol cultural final. Ricardo vive en Lavapiés, el barrio más cosmopolita, lugar de acogida de inmigrantes del mundo entero. Este lugar, efectivamente, reúne a los nuevos inmigrantes, de diversas nacionalidades, y también a los gitanos, los inmigrantes por excelencia.

En este marco, Vargas Llosa describe el Madrid cosmopolita cultural, el del teatro, de los cafés, del encuentro y de la conversación. Se acerca también al cosmopolitismo de la economía:

Camareras y camareros representaban la diversidad del barrio: suecos, belgas, norteamericanos, marroquíes, ecuatorianos, peruanos, etcétera. Cambiaban todo el tiempo, porque debían de estar mal pagados…[11]

Una última particularidad de esta novela como guía de viaje reside en la mistificación de los lugares. El mejor ejemplo es la visita de los protagonistas al cementerio de mascotas de Asnières. El poder simbólico de este lugar es evidente, ¿Ricardo no es también una mascota para la niña mala? Este lugar, que aparece en la primera mitad de la novela, prefigura el destino del protagonista enamorado.

La descripción de su vida en Inglaterra evoca nuevamente la relación de dominación que la heroína de la novela establece con Ricardo Somocurcio. La niña mala frecuenta el medio ecuestre. La relación entre el caballo y el jinete podría también describir perfectamente la que une a esta mujer y su enamorado.

Del mismo modo, cuando el protagonista retorna al Perú, es testigo de la construcción de un rompeolas; oficio difícil, ya que el movimiento del mar escapa a la lógica y al cálculo. Se trata naturalmente, de un guiño al tipo de relación que la niña mala desarrolla con Ricardo. El mar de la costa peruana, impetuoso e imprevisible, recuerda bien su carácter indómito.

 

¿Cosmopolitismo idealista ou realista?

Su penúltima novela, El paraíso en la otra esquina, introducía ya algunos personajes nacidos en el Perú pero esencialmente extranjeros. Flora Tristán y Paul Gauguin - por su origen o filiación - optaban por una “extranjerización” que confirmaba de algún modo su alteridad en la sociedad europea, sonde se habían desarrollado.

Su actitud, doblemente crítica frente a la sociedad y al arte europeo en dos épocas distintas, está acompañada de una idealización del Perú. El Viejo Mundo es confrontado al Nuevo Mundo; la cultura y la organización social del primero son confrontadas a la novedad del continente americano, en el que se puede aspirar a un nuevo inicio. No hay que olvidar que ambos personajes provienen de la burguesía, aunque deban afrontar dificultades económicas. Su rebelión es una protesta contra las convenciones asfixiantes que han caracterizado a la sociedad francesa entre el siglo XIX y los inicios del siglo XX.

Jean Baudrillard establece un lazo entre el sujeto y el objeto a partir de la seducción. Sus reflexiones acerca de los Estados Unidos y nos parecen pertinentes en este caso, pues describen bien el lazo que Gauguin, tal como aparece en la novela de Vargas Llosa, establece con el Otro que encuentra en sus viajes. « La seducción, el exotismo, es el exceso del otro y de alteridad [12] », afirma Baudrillard, y esta seducción es el factor que determina la distancia entre Paul y las culturas que observa y con las cuales hay una interacción.

Los personajes de Travesuras de la niña mala recorren el camino inverso. Son los peruanos de hoy en día, que se extranjerizan teniendo un objetivo mucho menos utópico y mucho más individual. Al cosmopolitismo idealista que podríamos entrever en los viajes de Flora y Paul, Ricardo Somocurcio y la niña maña responden de manera pragmática. Las ambiciones sociales y artísticas de Flora y Paul son contrarias a los deseos, más modestos, de los dos peruanos: la ambición inmediata, humana, realista, de una vida mejor.

Pero aunque estos dos personajes se caracterizan por el exilio voluntario, presentan, a su vez, ciertas diferencias. Mientras que el exilio supone la realización de una ilusión para Ricardo, la niña mala ve en él una puerta de escape. Las razones de esas perspectivas nos dirigen al Perú, nuevamente, y a su sociedad y sus desigualdades. Ricardo, el burgués, busca una vida más estimulante, el contacto con la cultura universal, la belleza de París, y termina por lleva una vida monótona y previsible. El personaje femenino huye de la miseria y busca a cualquier precio la seguridad material, pero termina por mezclarse en las historias más truculentas.

 

El cosmopolitismo realista de la globalización

En cuanto a la temática, el cosmopolitismo realista aparece gracias a la inmigración. Los personajes principales de Travesuras de la niña mala son dos inmigrantes que frecuentan, a su vez, a otros inmigrantes, con mayor frecuencia que a los nativos. El cambio es su modo de vida; el cambio por voluntad propia, en el caso de la heroína, y el cambio por amor, en el caso de Ricardo. El Perú es entonces un punto de partida y referencia lejana, pero sin embargo poderosa, que les une a lo largo de toda esta historia.

Esta novela opone dos caminos de inmigración: la inmigración por lo alto, la de Ricardo, que recibe una beca para vivir en París y que lleva una vida de funcionario. Él es el inmigrante estable, rápidamente integrado en la sociedad que lo acoge. La inmigración por lo bajo es la de la “niña mala”, que hace eco a su origen socioeconómico. Este personaje se alía a todos los campos y utiliza todos los subterfugios para quedarse en Europa - o deberemos más bien decir, para no quedarse en su país.

Sólo el cúmulo de relaciones con la alteridad abre las puertas a los personajes y a la novela misma hasta esta mirada panorámica que proporciona el cosmopolitismo.

Pero la riqueza de la inmigración, tal como la percibimos en esta novela, tiene que ver con la inmovilidad que genera. Mientras que la primera separación del lugar de origen está cargada de dramatismo y de emoción, como los adioses de Ricardo, la amistad con el guerrillero peruano en París o los reencuentros con la heroína de la novela; las separaciones que siguen se encadenan de manera más natural.

Esto es aún más evidente cuando mientras Ricardo se sorprende al encontrar a la niña mala en diferentes puntos de planeta, ésta, cosmopolita por necesidad, parece poco sorprendida.

El cosmopolitismo realista es el que se impone por la necesidad y las restricciones del mundo actual, es el cosmopolitismo del trabajo, de la política, de la economía.

No parece gratuito que Vargas Llosa haya elegido un personaje que trabaje en el ámbito internacional -empleado de la UNESCO, una de las primeras instituciones internacionales con vocación cosmopolita, Ricardo viaja por el mundo entero. Además, es intérprete, el políglota por excelencia. Desde el punto de vista simbólico, Ricardo, el narrador de esta novela, sería también un intérprete de su periplo cosmopolita; y efectuaría, en este plano, el trabajo de intérprete de esta Babel lingüística y cultural que el lector descubre siguiendo las idas y venidas de la “niña mala”.

Por su lado, la niña mala es también una políglota, una mujer adaptable, buscavidas, pero también exótica, que sobrevive gracias a una seducción que se alimenta de la diferencia.

El cosmopolitismo de la política es el de Paul, el revolucionario de izquierda que los protagonistas encuentran en París, y que recorre los países comunistas (« … acababa de regresar de Pekín, de El Cairo, de La Habana, de Pyongyang o de Hanoi, donde había tenido que hablar sobre las perspectivas de la revolución en América Latina…[13]») pero también el de las ciudades de su propio país (« Tenían tres campamentos montados en la sierra, uno en el departamento del Cusco, otro en Piura y otro en la región del centro, en la vertiente oriental de la Cordillera por la ceja de selva de Junín [14]. »). También es el de Guillermo Lobatón, filósofo que ha vivido en Alemania del Este, en Cuba, París y Londres.

Sin lograr aún definirlo con claridad, Vargas Llosa concibe al cosmopolitismo como una relación de proximidad con el otro y un desapego para con el particularismo, para fundirse en principios generales que conciernan a la humanidad en su conjunto. Ello trae consigo una cierta simplificación, o más bien una parcial renuncia a la complejidad del particularismo, que vemos aquí reflejado en la novela, en diversos elementos.

Esto se manifiesta de manera evidente en el lenguaje. Aunque sus personajes sean peruanos, su lenguaje es casi neutro. La especificidad del habla peruana es atenuada en favor de un español comprensible por todo tipo de lector, un español más “cosmopolita”. En ese proceso interviene un factor involuntario, Vargas Llosa vive a caballo entre dos continentes y ello le impide seguir la evolución del español local. Pareciera que Vargas Llosa asume esos límites - que la crítica peruana suele considerar una carencia - y se fija en el tratamiento de la historia y de los personajes.

La elección del género también parece responder al deseo de abrazar mundos distintos. Esta novela de amor, género popular por excelencia, está escrita a partir del recuerdo y no de la investigación que ha caracterizado a la preparación de sus novelas precedentes (« En esta ocasión me ha bastado con cerrar los ojos y recordar. No he necesitado recurrir a esa primera fase de documentación [15] »). Del mismo modo, el estilo es fluido, y no presenta ninguna dificultad. La técnica es simple.

Travesuras de la niña mala es una novela interesante por las razones antes mencionadas, y a través de la cual Vargas Llosa prefigura un camino lleno de posibilidades creativas.

Podemos concluir afirmando que Vargas Llosa parece haber entrado en una nueva etapa creativa, caracterizada por una temática cosmopolita y donde la irradiación formal del cosmopolitismo es omnipresente y poderosa. Esto, naturalmente, correspondería a una cierta comprensión del mundo y a un modo de relacionarse con el Otro.

 

Notas

[1] Rodríguez, 2006.

[2] Pasquali, 1994, p. XI.

[3] Vargas Llosa, 2003: p. 217.

[4] Ibid., p. 270-271. Es inevitable ver en esta citación una referencia a ciertas ideas extendidas actualmente en esta región de Francia. Cabe recordar que Tolón es, desde hace años, una reserva del “Front National”. Detrás de esta descripción podría haber una crítica a las ideas de Jean-Marie Le Pen.

[5] Ibid., p. 324.

[6] Pancha Zubiaga, esposa del general Agustín Gamarra, héroe militar peruano, era una mujer poderosa y de fuerte carácter que iba al frente en primera línea, y que dirigía el ejército junto a su marido.

[7] Ibid., p. 318.

[8] Ibid., p. 401-402.

[9] Vargas Llosa, 2006: p. 99.

[10] Ibid., p. 164.

[11] Ibid., p. 333.

[12] Baudrillard: 1990, p. 146. « La séduction, l’exotisme, c’est l’excès de l’autre et de l’altérité ».

[13] Vargas Llosa, 2006: p. 42.

[14] Ibid., p. 52.

[15] Rodríguez, op. cit.

 

Bibliografía

Bech, Ulrich (2006): Qu’est-ce que le cosmopolitisme? Flammarion, París.

Baudrillard, Jean (1990): La Transparence du mal. Galilée, París.

Pasquali, Adrian (1994): Le tour des horizons. Klincksieck, París.

Rodríguez, Emma: «Mario Vargas Llosa se deja llevar por las pasiones de la narrativa sentimental en 'Travesuras de la niña mala'», El Mundo, 24 de mayo 2006, crítica.

Vargas Llosa, Mario (2003): El paraíso en la otra esquina. Alfaguara, Lima.

Vargas Llosa, Mario (2006): Travesuras de la niña mala. Alfaguara, Madrid.

 

© Nataly Villena Vega 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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