Milagro e historia en el Santo Niño de Atocha
en Hasta no verte Jesús mío de Elena Poniatowska

Dr. Nathanial Gardner

University of Canterbury
Christchurch, Nueva Zelanda
nathanial.gardner@canterbury.ac.nz


 

   
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Resumen: Desde su publicación hace casi cuatro décadas, la novela más renombrada de la autora Elena Poniatowska continúa siendo Hasta no verte Jesús mió. Publicada como novela testimonial, esta narración -que sigue la vida de una mujer marginada del sur de México- se ha visto de diferentes formas a lo largo de su vida. Al principio más énfasis fue colocado en que fue una especie de libro híbrido compuesto a base de entrevistas que Poniatowska tuvo con la mujer que usó para inspiración para la novela: Josefina Bórquez. Sin embargo, en años más recientes, la autora ha confirmado cada vez más que el texto es un documento de historia oral que narra la vida real de una de las subalternas que se encuentran (o se encontraban) en la capital mexicana. Al tomar eso en cuenta, este artículo examina uno de los eventos sobrenaturales de la novela: un milagro realizado por el Santo Niño de Atocha, y lo considera su importancia bajo el lente del la crítica literaria y la historia oral.
Palabras clave: Poniatowska, narrativa mexicana, marginalidad

 

Muchos son los trabajos hoy en día que festejan, analizan, o intentan explicar la obra de Elena Poniatowska. La mayoría de los trabajos escritos sobre su obra se enfocan en el trato de los marginados y el papel de los personajes femeninos que ella presenta en sus textos: (Kuhnheim 1994) (Hancock 1993) (Vaughn 1997). Dado el alto contenido de material sobre las clases marginales en varios libros y artículos que ha publicado a lo largo de su carrera periodística y de escritora, eso no es de sorprender. En ciertas ocasiones los críticos se han centrado en la visión que sus personajes tienen del mundo. En el caso de su novela más notoria, Hasta no verte Jesús mío, se ha hablado de la rebeldía de la protagonista (Hancock 1993), la voz de los marginados (Gardner 2003) su visión pesimista del mundo (López 1998); y, entre otras cosas, hasta se le ha sugerido una preferencia por lo homosexual (Thorton 2006). No obstante, poco se ha escrito sobre la visión que tiene la protagonista en cuanto a eventos de naturaleza religiosa que desafían la lógica, aunque ella misma habla de este tema. De hecho, en su ensayo más revelador sobre la construcción de esa novela testimonial, Poniatowska hace énfasis en lo mucho que significa para la protagonista la dimensión espiritual de su vida, ‘Para Jesusa y en los años cuarenta, la Obra Espiritual fue lo único que le daba sentido a su vida […]’ (Poniatowska 1994 72), el presente estudio, se enfocará en un evento espiritual (aunque fue antes de su época de interés en la obra espiritual) que ella narra como parte del texto. Se comparará el segmento que incorpora un incidente con el Santo Niño de Atocha con la versión histórica del mismo santo en la Península Ibérica y se hablará de los privilegios que ha gozado este relato con lo respecta a la historia oral.

Desde su inicio, esta novela promete ser algo diferente. Ésta narra la vivencias de la protagonista Jesusa Palancares desde su juventud en el sur de Oaxaca, México y recuerda un poco la historia de Benita Galeana al contar sobre su orfandad y sufrimiento durante la niñez. Luego, la protagonista nos platica de su breve matrimonio con un soldado de la Revolución Mexicana, su participación en ella y el enviudarse antes de terminar la revolución. Sin embargo, la mayoría de la novela ocurre en la capital donde Jesusa desempeña un sinfín de empleos y subempleos, para tratar de subsistir en la capital mexicana como una mujer sin estudios ni oficio. Un testimonio único de estilo y contenido en su momento de publicación, Elena Poniatowska explicó en varias ocasiones que su metodología al hacer la novela se había inspirado en algunos de los antropólogos que estaban trabajando en Latinoamérica en esa época (Poniatowska 1994, 50-51). Algunos de ellos incluyen a Ricardo Pozas, Miguel Barnet, pero sobre todo Oscar Lewis, cuyo método, Poniatowska explicó, ella adoptó para realizar su novela testimonial. (Schuessler 2003, 178) (Poniatowska 1978, 8). Es verdad que en años pasados esta autora ha comentado que la protagonista Josefina Bórquez no aceptaría el libro (Poniatowska 1985, 157). No obstante, con el pasar del tiempo, esa postura ha cambiado de una manera importante. Aunque es una novela que sí incluye elementos de ficción, en años recientes Poniatowska ha hecho más énfasis en el contenido verídico y los contactos con la vida real de esa obra más que de su calidad de novela. Prueba de ello son los artículos sobre ‘La vida y la muerte de Jesusa Palancares’ donde ella revela el nombre de su informante (Josefina Bórquez), publica fotos de ella, y revela datos sobre su vida no publicados en Hasta no verte Jesús mío (Poniatowska 1994, 37-75). Otro ejemplo es un documental reciente del canal 22 en México en donde ella confirma que la novela es, más bien, una biografía de Josefina Bórquez (Navarro 2006).

Estos comentarios que Poniatowska ha revelado después de la publicación de su libro tratan muy cercanamente el tema de la marginalización en México, y en ellos la figura central de la narración se vuelve más y más humana. Entre más Poniatowska comparte sobre la vida real de su protagonista, más relevante puede parecernos la crítica social y más cautivadores los mensajes narrados desde la perspectiva de la marginalidad. De la misma forma, se podría decir que la protagonista nos podría parecer más tangible y más posible de conocer como personaje histórico. Ciertos detalles de la novela parecen explicarse mejor también. Por ejemplo, en la mayoría de las copias de Hasta no verte Jesús mío, la imagen principal sobre la tapa es una copia de la estampa del ‘Santo Niño de Atocha’. Pero, en realidad este Santo se menciona en un breve episodio que sólo abarca menos de tres páginas de la novela. No es un leimotif dentro de la narración. Sin embargo, en su ensayo sobre la vida de su informante, leemos que el Santo Niño sí fue una especie de leimotif en la vida real de Josefina Bórquez: ‘En cambio, si Jesusa rechazó la versión mecanografiada, escogí al Niño de Atocha que presidía la penumbra de su cuarto para la portada del libro y en efecto, al verlo me pidió veinte ejemplares que regaló a los muchachos del taller [donde ella trabajaba] para que supieran cómo había sido su vida […]’ (Poniatowska 1994, 52). Tal vez sea un comentario sobre el efecto que tiene lo visual sobre una mujer analfabeta - ella había rechazado una versión publicada con una sencilla tapa de azul. No obstante, su aceptación sí nos convence sobre la importancia del Santo en la vida real de la protagonista.

La historia que incorpora al Santo Niño de Atocha dentro de la novela Hasta no verte Jesús mío merece mención especial por varias razones. Como hemos visto, Poniatowska ha dicho que Josefina Bórquez fue una persona sumamente envuelta en la obra espiritual durante una porción significante de su vida. Aunque Poniatowska ha confirmado que algunos aspectos de esa obra le siguieron pareciendo muy incompresibles (Poniatowska 1994, 70), ella sí captó que lo espiritual era algo trascendental en su vida y su importancia se subraya al ser una de las partes significantes de la narración. De hecho, la novela comienza en medio de una sesión de espiritismo. Sin embargo, uno de los episodios religiosos más claramente descritos y de mucho interés toma lugar antes de que la protagonista conociera la obra espiritual. Dentro de ese evento se perfila lo que podría considerarse uno de los episodios milagrosos que se encuentra dentro de este relato testimonial lo cual plantea preguntas importantes de consideración con respecto al relato en sí. Pero para entender y valorar el significado de este episodio mágico, primero, es importante considerar brevemente las raíces históricas de este Santo.

Al escribir sobre un Santo tan reconocido (que en realidad es otra imagen del niño Jesús) se debe de reconocer que existen varias versiones (cada una con diferencias notables) y que llegar a una versión exacta de esa historia resulta impráctico o imposible para los fines de este estudio. Aunque hoy en día hay más católicos que son devotos del Santo Niño de Atocha en Latinoamérica y Estados Unidos, este Santo es originalmente español y proviene del barrio de Atocha en Madrid (más recientemente esta zona has sido particularmente conocida por ser una de los lugares del ataque terrorista del once de marzo de 2004). En la catedral de Atocha Madrid, está la imagen del ‘Niño Azul’ que es una figura del niño dios de aproximadamente 10 años de edad, vestido de peregrino, calzando sandalias, y con un cesto en una mano y un cántaro de agua en la otra. En su vestimenta azul se encuentra una concha santiaguina. Durante el tiempo de la reconquista, en esta área el califa decretó que sólo niños podían llegar a dar de comer a los prisioneros. Eso causó un gran dilema para aquellos que no tenían familiares que les pudieran traer comida. Sin embargo, al poco tiempo del decreto, empezó a llegar un niño que nadie había visto antes que repartía comida a los presos que no tenían familiares jóvenes. Nadie lo conocía, pero después de un tiempo, alguien se percató de que la estatua del Santo Niño que estaba en la Iglesia de Atocha tenía las sandalias inusualmente gastadas. Éstas las cambiaron, pero al poco tiempo volvieron a verse gastadas. Al estarse preguntando sobre esa peculiaridad, uno de los niños presentes en el santuario identificó al Santo Niño como el mismo que se había visto en la cárcel repartiendo comida.

A raíz de ese acontecimiento el Santo se vuelve más importante y conocido sobre todo entre los presos y los peregrinos. Luego -según relata una de las versiones de la historia- , en los 1700 el marqués San Miguel de Aguayo (dueño de unas minas importantes de esa zona) mandó traer una imagen de la Santa Virgen de Atocha y su Santo Niño a Zacatecas, México. Con el tiempo, alguien lleva las imágenes del Santo a la catedral de Plateros, Zacatecas y pasados los años se le llegan a atribuir varios milagros al Niño de Atocha, tantos así que se separa el niño de la virgen y se le empieza a rendir culto por separado. (Fernández 2003, 7-10) Es significante mencionar también que mientras el Santo Niño de Atocha se volvió popular por los favores concedidos a los encarcelados, en nuestra época es un porcentaje mucho menor -sólo el 16%- de personas que lo veneran por esas razones que los que antes lo hacían (Fernández 2003, 12).

Hay ciertos aspectos de esta historia que también se pueden apreciar en la de Hasta no no verte Jesús mío. En la novela, la familia de la madrastra de la protagonista administra una cárcel en el Istmo de Tehuantepec. Jesusa Palancares, mientras era una joven, trabajaba en la institución y en la noche la obligaban a compartir una celda con una asesina porque - tal vez irónicamente- a la mujer le daba miedo la oscuridad. Después de sobrevivir a un gran terremoto que casi destruye la cárcel, la presa empieza a mostrar una gran devoción por el Santo Niño de Atocha. Entre otras muestras de devoción ‘la siete muertos’ - como la apodaban - empezó a rezarle el novenario al Santo Niño de Atocha. (La novela describe sus rezos como ‘novenario’ y no como ‘novena’. En América Latina se le da el nombre novenario comúnmente, a esta cadena de rosarios que dura nueve días. Novena sería el equivalente español.) A los dos o tres días de cumplirlo comienza a aparecerle un niño de seis o siete años (una edad que corresponde mejor a la imagen pintada del niño que existe en España) que le trae una canasta de comida. La descripción del niño es importante en este momento de la narración. Se nota la reflexión -y la nueva interpretación de los eventos- que ha hecho la protagonista Josefina Bórquez al describirle al niño: ‘Nosotros le recibíamos la canasta porque creíamos que era un niño de a de veras, un cristiano, porque así lo vimos: niño’ (Poniatowska 1968, 39). La narradora revela que en el momento que estaban ocurriendo los eventos, a todos le parecía ser normal y que no fue hasta después que ella comprendió la naturaleza sobrenatural de ese evento. Después de llevarle a la presa el desayuno y la comida principal del día por nueve días, aparece un abogado. Él pregunta por la presa, la lleva ante un juez, y le consigue ese mismo día su libertad (algo asombroso en sí por tratarse de una mujer a quien se le acusaba de matar a siete personas). El licenciado le pide que entre al pueblo y que lo espere cerca de una iglesia - y que si se hiciera tarde, que preguntara por el Santo Niño de Atocha. Al final, sí se hace tarde y sí pregunta por el Santo y la mandan que entre a la iglesia donde está esperando. Ella lo hace y en ese momento se de cuenta de que ha entrado al santuario del Santo Niño de Atocha, y más importante, que el señor que la sacó de la cárcel fue el Santo Niño hecho persona: el licenciado, el niño, y la imagen del Santo tienen la misma cara (Poniatowska 1969, 40).

Ante semejante milagro la personaje empieza a llorar y se acercan los demás y al enterarse de que ella viene del estado de Oaxaca (y que vino caminando en cuestión de pocas horas) ellos le relevan el último hecho sobrenatural: que ella se había cruzado casi todo México al llegar a Zacatecas de una forma imposible de explicarse. Aunque Jesusa Palancares no lo dice dentro de su texto y Elena Poniatowska no lo ha comentado, es natural preguntarse si fue ese milagro que ocurrió tan cercanamente a la protagonista lo que la hizo devota de ese santo.

Al leer este pequeño relato dentro de la narración - sólo son tres páginas dentro de un libro de más de trescientas - se notan varias semejanzas entre los milagros que narra la protagonista y la tradición original del Santo Niño de Atocha. Aunque ella no lo necesitaba en su caso, el Santo Niño viene a la cárcel le trae comida y luego la ampara y la saca de la prisión. La obra que hace el Santo Niño de Atocha y el entorno dentro del cual trabaja el Santo son iguales que los que lo hicieron un Santo venerado en España - aunque eso no es precisamente el caso en México.

Al saber algo de la historia y los origines españoles de este Santo, yo supuse que Elena Poniatowska se había inspirado en la historia original cuando escribió este relato o que tal vez sus orígenes se basaban en los relatos de un novenario antiguo publicado a mediados del siglo dieciocho (Fernández 2003, 10). Para entender mejor los orígenes del relato, le pregunté sí ella sola había incorporado sola esa parte de la historia, o si fue algo que le contó Josefina Bórquez. Ella me respondió lo siguiente: ‘Estimado Nathanial Gardner, el cuento de la presa es un cuento exacto de Josefina Bórquez a quién llamé Jesusa Palancares en la novela. No es ningún invento mío sino una anécdota que salió de su boca. Me da muchísmo gusto que le haya interesado pues es una de las partes mágicas de Hasta no verte Jesús mío (Gardner 2007)’. El hecho de que no haya sido Elena Poniatowska quien ha creado esa historia sino su informante Josefina Bórquez -quien una vez más, ella vincula estrechamente con la protagonista de la novela- inspira muchas preguntas adicionales y permite una discusión sobre los derechos de los marginados dentro de la historia oral.

Dado sus orígenes como relato y su contenido, uno de los aspectos que hay que considerar es: ¿cómo definir el relato en sí? ¿Debe de ser considerado un relato religioso en vez de novela testimonial o historia oral? Ese acontecimiento no es el único de aspecto religioso y hasta la portada lleva una imagen de Santo. (Aunque un dato curioso es que cuando el Sistema de Educación Pública -la SEP- en México publicó el libro no incluyeron el famoso ícono en su tapa.) Bórquez da fe de que ha participado como testigo en un milagro hecho por el Santo Niño de Atocha. Parecido a uno de los muchos exvotos en el santuario en Plateros, Zacatecas, Jesusa Palancares también atestigua de una intervención divina que salvó a la presa que ella acompañaba de noche. Posiblemente por cuestiones de respeto, se debería de dejar el relato tal como se publicó y considerarlo como un testimonio de fe dentro de lo que se ha descrito como una historia oral - una especie de exvoto escrito que adorna el relato de uno de tantos marginados en México.

Sin embargo, debido a la carta de explicación sobre Hasta no verte Jesús mío, creo que hay otro punto que se puede considerar. Ello es, aparte de que el relato fuera enteramente de Josefina Bórquez y no de Elena Poniatowska, la viñeta que la autora utilizó para describir el evento. Ella la denominó como ‘una de las partes mágicas de Hasta no verte Jesús mío’ (Gardner 2007). Aunque Poniatowska no ha dicho que su texto contiene realismo mágico, esas frases inmediatamente hacen recordar la terminología del realismo mágico. Analizar ese evento desde ese punto de vista invita a un diálogo interesante. Aunque existen varias definiciones de ese término, si entendemos el realismo mágico como un acontecimiento sobrenatural que se observa como algo normal desde la perspectiva del los personajes dentro de una narración: hay ciertos puntos de contacto entre el evento y la definición; aunque, por razones que se discutirán luego, esa definición no encaja perfectamente. Mientras que es cierto que muchos de los personajes aceptan el evento, no siempre es tan sencillo y directo como la definición arriba. Al principio los participantes ni siquiera perciben el acontecimiento en sí. Ese es el caso de Jesusa y los demás de la cárcel cuando el Santo Niño de Atocha le está llevando la comida a la presa. Ven al niño que trae los alimentos, pero aunque lo ven como algo raro, no lo califican como milagro, sin como algo inusual. La presa misma tuvo una reacción similar: ‘Quién sabe quién será ese niño … Pues me trae cosas, pues me las comeré…’ (Poniatowska 1969, 39). Mientras los milagros son pequeños todos aceptan los eventos que conducen a los acontecimientos más asombrosos. Aún cuando el juez deja en libertad a ‘la siete muertos’, se retrata como un simple caso de buena suerte. No es hasta que la presa entra a la capilla y ve que fue el Santo Niño de Atocha que la ayudó es que ella se da cuenta de que lo que le había pasado no fueron coincidencias ni buena suerte sino algo mayor. Igualmente, los a su alrededor, tanto en la cárcel como en la iglesia no veían lo especial de su caso hasta que ella les contó lo que había pasado y como se había transportado de una forma sobrenatural desde Oaxaca hasta Zacatecas. No es hasta que los espectadores se den cuenta del gran evento final que empiecen a considerar los eventos pasados que habían calificado como ‘buena suerte’ como una cadena de milagros. Jesusa Palancares sí relata una serie de milagros pero tal vez calificarlo como Realismo Mágico sería inapropiado simplemente por las razones de rodean su recepción dentro de la novela. Hay un momento de incredulidad, y luego, los demás personajes participan de la fe de la mujer que viaja de Oaxaca a Zacateas. Comparar este episodio con otros dentro de la literatura latinoamericana tal vez sea, como dice el crítico John King, ‘the sloppy use of the term “magical realism’ by Western critics eager to bracket and to explain away the cultural production of the region’ [un empleo descuidado de la palabra ‘realismo mágico’ por los críticos occidentales que están ansiosos por clasificar y explicar la producción cultural de aquella región - todas las traducciones en este ensayo son mías a menos se indique lo contrario]. La observación que nota después de esa aseveración es igualmente útil: ‘The realities are infinitely more complex’ [Las realidades son infinitamente más complejas] (King 1990, 5). Ambas ideas son muy válidas cuando se trata de este episodio de este texto de Poniatowska. Si simplemente aplicamos el término realismo mágico al evento para explicar o clasificarlo, estaríamos ignorando algunos aspectos importantes del acontecimiento. Mientras que es verdad que los personajes ven el episodio de la presa como algo natural hasta que las manifestaciones físicas sobrenaturales llegan a grados muy notables, una vez que ‘el milagro se vuelve grande’ hay una reacción especial de parte de la presa y de la gente a su alrededor. Sobretodo con respecto a su teleportación de un lado de México a otro, en un momento pensaron que se trataba de un error, pero cuando ella confirmó lo que le había pasado, todos parecieron aceptar el relato que narró la mujer recién liberada. Esa reacción de la gente demuestra cómo la realidad es más compleja que lo que se puede explicar con el término realismo mágico. En un momento hubo una vacilación. Preguntaron sí era cierto lo que ella contaba. Sin embargo, una vez que ella confirmó lo que le pasó, los fieles sí se asombraron (cayeron de rodillas e hicieron cruces), pero creyeron y aceptaron lo que les habían contado. El asombro es un factor importante. Porque aunque sí aceptaron el milagro (dieron crédito a la veracidad del milagro), no fue como una simple aceptación de algo extraordinario, como en Cien años de soledad cuando Remedios la bella se va al cielo y los que estaban con ella lo ven como si se tratara de algo normal o hasta esperado (García Márquez 2003, 285-286). En Hasta no verte Jesús mío este hecho ‘milagroso’ - si lo queremos calificar así -- es un evento que se ve como algo extraordinario, pero que sin embargo todos acogen como una parte de su realidad tal vez como aceptan otros misterios religiosos. Como en la cita mencionada anteriormente en este ensayo, la protagonista ejemplificó esa reacción cuando ella comentó sobre el niño ‘porque creímos que era un niño de a deveras’ (Poniatowska 1969, 39). Ella cree en los eventos aunque los considera de naturaleza milagrosa. No sigue la definición del realismo mágico en el sentido de que lo que ocurre lo reconoce como algo asombroso y se sorprenden algo ante lo inesperado a pesar de que lo acepta como parte de la realidad a la misma vez. Nuevamente, si recibimos este hecho como algo que en verdad ocurrió o no, de lo que sí podemos estar seguros es de que sí es un acontecimiento demasiado complejo tanto en su composición como en la reacción de la gente, como para simplemente asignarle una etiqueta de mágico realista o no.

Otro aspecto que llama la atención de esta narración es que un episodio de esta índole se haya permitido publicar en lo que se llama un texto testimonial, que autora ha descrito como una especie de biografía, o historia oral. Sin intentar explicar o investigar si lo que ocurrió en la cárcel en el Istmo de Tehuantepec fue real o no, ¿cómo es que estos eventos se hayan podido colocar dentro de la narración sin cambiar la clasificación del relato? Tal vez precisamente porque es una novela testimonial nadie se preocupa si el relato incluye narraciones de eventos que serían inexplicables utilizando la lógica común, porque algo de este tipo podría corresponder a los elementos ficticios de la novela. O tal vez porque los eventos milagrosos fueron de naturaleza religiosa nadie pensó oponerse a esa clasificación. No obstante, con el cambio de definición que está ocurriendo con esta novela: que cada vez más se afirman más vínculos entre la vida real de Josefina Bórquez y la protagonista Jesusa Palancares - y eso es una tendencia que viene tanto de críticos como Cynthia Steele (1992, 34-35) como de la misma Elena Poniatowska- y al saber que el ‘milagro del Santo Niño de Atocha’ no se trata de un invento de la autora es importante pensar en el cómo debemos considerar este texto.

Hasta no verte Jesús mío no es un libro definido como un documento religioso. Parece, en realidad, algo más semejante a la historia oral. Si algo lo define, es que es la narración de la vida de una mujer que vive su vida en los márgenes de México, pero ¿venir de los márgenes de México da derecho a que se acepten historias de milagros dentro de la historia oral? ¿O es que esa parte del relato se considera demasiado pequeña como para contemplar el clasificarlo de otra forma? Pero uno sólo tiene que leer un poco más del libro para darse cuenta de que la protagonista incluye narraciones de sus vidas pasadas y otras cosas por el estilo. Al acercarse a esos puntos surge la pregunta: ¿Es una cuestión de creencia? ¿ Es que este tipo de historia entra fácilmente en la historia oral porque en una sociedad altamente católica, como la mexicana, este tipo de fe en milagros permea todas las clases sociales y niveles educativos? ¿O es que el lector acepta historias, que en otros contornos serían fantásticas, porque vienen de lo que sería una subalterna una mujer marginalizada? O tal vez una pregunta más importante: ¿Es preciso creer en esas historias para publicarlas como historia oral? Porque si creemos en ellas no hay un conflicto entre la verdad o la ficción. ¿O es que el marginado, tal vez sólo por serlo, goza de cierto privilegios cuando se trata de qué es lo que puede publicar como parte de su historia? Una cita de Gabriel García Máquez parcería sugerir que sí. Hablando del realismo mágico él lo ha vinculado con la vida real: ‘La literatura mágica de América Latina es quizás es la más realista de mundo. […] Nunca se me ha ocurrido nada que sea más asombroso que a la realidad’ (Navarro 1982). El autor mágico-realista por excelencia luego apoya esa noción aún más citando ejemplos de noticias extraordinarias encontradas en los diarios locales de Colombia. (Navarro 1982). Este escritor tal vez quisiera alegar que episodios como los que se encuentran en la novela de Poniatowska simplemente son una parte de la realidad en América Latina y que allí lo sobrenatural y lo milagroso, como en el episodio estudiado en este artículo, forman parte de una realidad que no siempre se comprende fuera de su ámbito natural. No obstante, es difícil imaginar que se admitirían milagros de esa índole en un libro de memorias de una figura de la élite (salvo posiblemente en caso de alguien que fuera de aspecto religioso) sin el menor comentario. Pero, ¿por qué puede eso ocurrir cuando se trata de alguien como Josefina Bórquez? ¿Es que su relato recibe esos privilegios porque se trata de la biografía de una subalterna (o una latinoamericana como insinuó la cita arriba)? ¿O es que - cómo tal vez sugeriría Gayartri Spivak- cuándo se trata de un personaje marginado, el ser subalterno significa que tu relato no merece la debida atención como para que se cuestionen elementos así? El hecho de que estas preguntas anteriores no se hayan aplicado a este texto quizás es un indicio de que la voz de la narradora verdaderamente viene de los márgenes de México.

Al tratarse de una explicación de los eventos sobrenaturales, es importante considerar que al contarle ‘su vida’ a Elena Poniatowska, la mujer que se convertiría en Jesusa Palancares podría haber inventado estos acontecimientos o adaptado otro milagro que ella había oído en otro lugar. Aunque por ser analfabeta tal vez hubiera sido más difícil para Josefina Bórquez saber los exactos orígenes históricos del Santo Niño de Atocha que para otros, de ninguna manera habría sido imposible. Es posible que hubiera tenido contacto con algún sacerdote o fiel que supiera la historia original. Esa persona le pudo haber contado la historia aunque no es tan frecuente en México. Es más, dentro de la novela, ella habla de varias experiencias que ha tenido con españoles y cualquiera de ellos (u otro del que no se habla) pudo haberle contado la versión original del Santo. Sin embargo, otra pregunta sin contestar sería: si el relato es simplemente una adaptación mexicana de la versión original, ¿por qué contarla como si fuera verdad? ¿Cuál sería su intención? ¿Divertir al lector? ¿Hacer la historia más interesante? ¿Rendirle tributo a un santo que le ha inspirado? ¿O es algo más sutil? Como, por ejemplo, imponer la voluntad de una mujer marginada que es incapaz de publicar la historia de su vida por sí misma. Tal vez sea un pequeño acto de sublevación. Una forma de afirmarle al lector que no se puede confiar de todo lo que le dice. O como Rigoberto Menchú, quien afirma que ella tiene secretos que ningún antropólogo o intelectual puede saber (Burgos 1985, 271) hay aspectos ocultos de la historia de Josefina Bórquez no quiso revelar y, al introducir una historia milagrosa, el lector se da cuenta de ese control que ella ejerce sobre la narración. Pero, ¿cuál es la verdad del relato? ¿Es importante llegar a saber la verdad? Hay personas que trabajan con la historia oral (si es que comenzamos a considerarlo historia así) que dirían que sin importar el contenido, todo lo que dice el/la informante es verdad: ‘The usual answer to the question of facticity and accuracy in oral history is: there are no lies in oral history. […] It refers to the proposition that in a “constructing self,” the speaker reveals her intentions, her projection of the self she wants to present to the world, regardless of its conformity to the objective facts of her life. And in that sense, her self-portrait is indeed “true” - truely reflective, that is, of the self she is offering up to the world’ (Patai 2001, 274-275) [La respuesta normal a la pregunta sobre lo verídico y lo acertado en la historia oral es: no hay mentiras en la historia oral. (…) Se refiere a la proposición que en el ‘construirse a una misma’ la parlante revela sus intenciones, la proyección del ser que ella quiere presentar la mundo, sin importar si se conforma a los hechos concretos de su vida. Y en ese sentido, su autorretrato es en realidad ‘verídico’, o sea el ser que ella ofrece al mundo es verídico]. Yo sí creo, como afirma la cita anterior que independientemente de si podemos comprobar o no el milagro del Santo Niño de Atocha en la novela de Hasta no verte Jesús mío, esta novela no revela una serie de verdades: sobre el relato en sí, sobre México, y sobre la protagonista/Josefina Bórquez. Es el reto de cada lector y crítico descubrir los y determinar su significado dentro del texto y fuera de él.

 

Bibliografía

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© Nathanial Gardner 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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