Inmaculada o la búsqueda de la identidad

Diana Geraldo Camacho

Universidad de Sonora


 

   
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Resumen: En este trabajo se busca explicar cómo la novela Inmaculada o los placeres de la inocencia de Juan García Ponce representa un modelo de la narrativa del autor. En primer lugar, porque maneja una temática recurrente: la mujer, el erotismo, el cuerpo, el voyeurismo, la identidad. El segundo, haciendo un análisis textual espero describir cómo funciona la temática de la identidad. Esta novela representa la identidad femenina como la búsqueda de la libertad social con la identificación del placer, fuente del ser femenino. El personaje femenino protagonista es un modelo del Ser mujer para el autor mexicano. Un objeto de contemplación y belleza.
Palabras clave: identidad, mujer, erotismo, voyeurismo, contemplación.

 

La inocencia no es realmente un término moral ni científico sino religioso. La inocencia es una plenitud del ser, del mismo modo que el pecado es una falta.
                  Octavio Paz.

 

Es común que muchos escritores tengan sus temáticas constantes. Que las exploren en sus primeras novelas y que continúen hasta en sus obras tardías. Este es el caso de Juan García Ponce; el cual, ha venido trabajando una temática que se ha convertido en un rasgo característico de su obra. Los temas más comunes de sus obras son el arte, la muerte, la mujer, el amor, el erotismo, la identidad y la locura. Aunque, por supuesto, cada uno toma un matiz distinto de acuerdo a la novela en que sea tratado. El manejo obsesivo de estos temas se ha convertido en rasgo fundamental de la estética narrativa de García Ponce.

La novela que nos ocupa hoy maneja, sin duda alguna, no sólo uno de estos temas, sino todos. Algunos más detalladamente que otros. Sin embargo, el tema que abordaré para mi análisis es la identidad, asunto crucial en la novela.

La identidad ha sido un tema constante en la obra del autor, y se ha expresado en muchas de sus novelas, ensayos, incluso en su teatro. La identidad como una búsqueda de la impersonalidad femenina, es decir, discontinuidad del ser para encerrarlo dentro de una identidad global. Un ser aislado que puede ser considerado fuera de la conciencia individual. La identidad de la mujer como el aislamiento de la conciencia individual para explicarla y ubicarla dentro del ser de la mujer: lo uno por lo múltiple.

La novelística de García Ponce se caracteriza por tener a los personajes femeninos como centro de la narración. A partir de ella sucede todo. En torno a ella circula la acción. Ella como tema primordial para desarrollar todas las experiencias posibles. La mujer toma un sentido no sólo psicológico, también estético. En Inmaculada la identidad se entiende por saber identificar a la mujer como punto cumbre de la estética, como belleza absoluta que sobrepasa los parámetros morales y sociales que tiene la sociedad moderna.

Graciela Martínez-Zalce apunta, en su libro Pornografía del alma, que la obra novelística de García Ponce puede dividirse en dos: la primera retrata la realidad social y la segunda se toma “un modo de crear visiones”. En la primera etapa, las historias tienen un gran parecido con el contexto social inmediato. El segundo resulta ser todo lo contrario. La realidad social se ve mutilada de la racionalidad moral que puedan darle las normas sociales, por ello ser remarca la naturaleza humana. Es una exploración a la verdadera intensidad de los sentimientos y deseos humanos, sin tomar en consideración la moralidad. Este nuevo sentido del deseo humano no puede ser gratuito, ni es únicamente con el afán de transgredir reglas morales. Todo tiene un trasfondo estético: la búsqueda del absoluto. Si no fuera así, el relato se quedaría en el aspecto anecdótico, una historia que se rebela contra los límites sociales sin mayor profundidad.

Parece, entonces, que la experiencia vivida por los personajes femeninos trasciende los niveles normales, convirtiéndose en una experiencia producida a partir de la apreciación de un objeto. En este punto se asocia un detalle fundamental de la novela Inmaculada o los placeres de la inocencia: la contemplación de los objetos. La mujer es entendida como un objeto, cuya contemplación y revelación es capaz de identificar al objeto contemplado con el ser que la observa. La mujer como objeto de la contemplación se convierte en el modelo de la mujer deseada, en la identidad global de Ser Mujer. En este punto John Bruce-Novoa dice:

De este modo dejan de ser limitadas por su identidad particular para convertirse en el cuerpo modelo de todo cuerpo. Al pasar de ese nivel de participación en lo que Aristóteles llamaría lo genérico universal de la presencia femenina en el mundo, la mujer en particular transciende su existencia en la contingencia. (1998: 26)

A través del personaje inmaculada, García Ponce está mostrando una modelo del Ser Mujer. Un ser que es capaz de poseer por medio de la belleza y de la inhibición sexual, un objeto de contemplación que da vida al Ser íntimo y verdadero de lo femenino. Buscar la identidad de Inmaculada, la búsqueda que la protagonista padece psicológicamente, y que la estructura del relato revela es, verdaderamente, la búsqueda un modelo universal femenino.

Ahora bien, cuando me refiero a la estructura del relato me refiero a la posibilidad de explicar, a partir de la estructura de la novela, un camino marcado por el autor. Un viaje en busca de “algo”, como dice el narrador, un recorrido que desembocará en el descubrimiento del placer corporal para Inmaculada y que le revelará la identidad de su ser. Analicemos este viaje.

Dentro de la historia existe un viaje aparente y directo de la protagonista. Una salida inesperada de la casa familiar al sentir la proximidad de un matrimonio que no satisface las expectativas de Inmaculada, expectativas inconscientes para ella misma y que padece con desconcierto: “Se estaba despidiendo de algo y no sabía con exactitud de qué, de su casa, de su padre, de sus hermanas, de su abuela, hasta de su tía y Eugenio. Pero el medio demostraba que era sólo una niña” (García Ponce 2002: 48).

Desde una visión estructuralista, el relato del viaje es el recorrido que hace el personaje para descubrir su identidad. La identidad que se pretende en la novela rebasa los límites morales, sociales y sentimentales que puedan existir en una cotidianidad aparente. Permanecer dentro de una sociedad plenamente enraizada en la moral tradicional, en este caso su familia, hubiera frenado los instintos naturales de Inmaculada. El erotismo será, finalmente, el motor que descifre el Ser. La vía erótica como reveladora. La liberación de los instintos brinda la posibilidad de experimentar la vida impensable en un mundo racional. Entonces, el personaje tiene que abandonar los parámetros tradicionales del amor y el sexo para descubrir el verdadero sentido de su ser. Por eso abandona su casa materna.

Inmaculada huye constantemente de los lugares donde habita. Este viaje es un recorrido que hace el personaje, aparentemente sin un objetivo fijo. Sin embargo, la meta de su viaje es vivir, experimentar cosas nuevas, desprenderse de todo lo que por alguna razón no la satisface. Es el viaje del reconocimiento y el placer. Conforme avanza descubre y experimente nuevas sensaciones corporales, el placer del cuerpo y en definitiva el poder del erotismo.

Inmaculada vive un tiempo con unos tíos que aprueban su actitud. Luego vive con un hermano. Entre ambos se da una relación sutil de incesto: los celos del hermano, la actitud de las amigas de él siempre celosas de Inmaculada, sus constantes miradas provocadoras. Durante el tiempo que vivió con su hermano, la joven se dedicaba a ver por la ventana García Ponce el hecho de “mirar” implica connotaciones diversas. En el caso de ver por una ventana el mismo autor confiesa su sentido en una entrevista que le hizo Carolina Calderón:

¿POR QUÉ VES SIEMPRE POR UNA VENTANA?

Adoro las ventanas, me encanta esa apertura que está de pronto en una habitación y que te lleva del mundo interior al mundo exterior. ¿No es el movimiento de la conciencia? ¿No está uno guardando dentro de sí y tiene la ventana que son los ojos? Me paso la vida mirando, lo que más me gusta es mirar, el más importante de los sentidos en mí es la vista. Entonces las ventanas son eso: estar en un espacio e irte hace otro lugar. Yo siempre escribo frente a una ventana. No puedo vivir en un lugar sin ventanas. (Calderón 1986: 33)

La novela se caracteriza por tener una serie de descripciones de carácter voyeurista. La mujer se ve como un objeto de contemplación, se describe con minuciosidad la que ropa que viste, la forma como camina y se mueve, los detalles de su rostro y cuerpo, es decir, la mujer es el centro del paisaje. Estas descripciones expresan el mundo a través de la percepción visual. La mirada es el móvil para penetrar en la identidad femenina. El voyeurismo de estos cuadros descriptivos se representa en el hecho de reconocer en el objeto observado una idea de algo más profundo. La mirada masculina es, muchas veces, la mirada descubridora del cuerpo femenino. El cuerpo y su esencia como Ser son aprehendidos con la mirada. Inmaculada se reconoce como objeto de contemplación, y por eso disfruta ser observada. Algunos pasajes se dedican a explicar la plenitud que siente la joven al ser observada por Miguel. Se complace en que el otro la vea. En ese hecho encuentra el verdadero sentido de su presencia, es decir, se concibe como modelo de contemplación, y por ende, de conocimiento.

El recorrido de Inmaculada es circular. Sale de su casa materna huyendo de su familia y del matrimonio; pero, vuelve a él sin ningún motivo y termina por casarse con Eugenio, el novio que rechazó en un principio. El viaje y las experiencias vividas no modificaron su ser. Sigue siendo la misma Inmaculada. Sus experiencias fueron sentidas por un ser amoral, es decir, las perversiones que vivió y las aberraciones sexuales que realizó, para ella no eran plenamente malas. No existe en ella la conciencia de maldad, ni mucho menos del pecado. El sentido del pecado no existe en la conciencia de Inmaculada, un ser que transciende los límites morales, por lo tanto es capaz de realizar muchas cosas por simple instinto, por necesidad física, por el placer que estas le producen. Ser mujer, desde este punto de vista, es adquirir una identidad a través de la pérdida de límites. Inmaculada pierde el miedo a la represión moral y a la independencia del comportamiento de su cuerpo. La pérdida de prejuicios permite que la joven recupere la seguridad en su figura, en la libertad de su cuerpo y en el poder que puede expresar el alma por medio del cuerpo.

La figura de Inmaculada representa la inocencia, la desprotección y timidez, que unidas a su aspecto infantil la convierten en una figura asexuada. Sin embargo, bajo esa imagen se encuentra la verdadera Inmaculada, la que se sabe diferente a las demás mujeres, la que es capaz de abrirse al placer sin inhibiciones porque comprende la necesidad del cuerpo. El cuerpo, dice Graciela Martínez-Zalce, “es la guía de actos externos que van conformando una identidad” (Martínez-Zalce 1986: 20), y para esto es necesario transgredir las leyes morales.

Aunado a su imagen física, se agrega la significación de su nombre. Su nombre revele en muchos sentidos su identidad: Inmaculada. Signo de pureza, sin mancha. Es, entonces, signo también de la identidad del alma del personaje. Por esta razón se entiende que pueda casarse de blanco. Su nombre define la identidad de un absoluto femenino, del modelo de mujer que García Ponce explora en muchas de sus novelas. Respecto a esto, Graciela Martínez-Zalce apunta: “En torno a él se ha refinado el proceso de precisión que ha perseguido obsesivamente su obra (se refiere al absoluto femenino), aquél al cual García Ponce parece condenado eternamente: seguir buscando/encontrando- que escapa en el instante en que ya había alcanzado su definición mejor” (Martínez-Zalce 1986: 80). La materia corporal y de la pérdida de límites son los dos móviles que definen a Inmaculada como modelo de Ser Mujer.

Un detalle interesante de la novela es el análisis que Miguel, un amante de la joven, le realiza a Inmaculada por medio de una serie de preguntas. El recuerdo de momentos anteriores revela un sentido nuevo de su Ser. Hace un reconocimiento de sí mismo que ha ignorado durante mucho tiempo. La sesión de preguntas le trae a la memoria detalles de su pasado que habían pasado desapercibidos. La búsqueda interior de su pasado la hace comprender que es diferente a las demás mujeres. Reconoce que su vida es plena y que nunca ha cometido nada propiamente malo. En sí misma encuentra respuesta para otras mujeres, reconoce que todas tienen los mismos deseos, pero que la mayoría viven reprimidas por la sociedad. La mujer tiene las mismas pasiones y deseos, pero no todas los experimentan libremente.

 

El erotismo y el cuerpo femenino

En la novelística de García Ponce el erotismo es la llave para ingresar al nuevo mundo del amor; es el motor para descubrir el sentido primero del Ser. El erotismo expuesto por García Ponce tiene una connotación amorosa: unir a dos seres en una misma función. Dos conciencias unidas con el fin de obtener placer. La definición que maneja García Ponce se asemeja a la de Bataille, el cual considera al erotismo un replanteamiento del ser por sí mismo de manera consciente. Un erotismo que hace sentir al ser como objeto capaz de entregarse al otro, pero también como un sujeto que se puede entregar. Tiene las connotaciones de ser objeto y sujeto al mismo tiempo.

El estímulo inicial de la novela es mostrar la imagen de la mujer como resultado de una fascinación, primero física y luego psíquica; de una necesidad de evocar la belleza del cuerpo, de intensificar las pasiones con la intención de configurarla como figura que sobrepasa límites. Un amor por la figura femenina como principio. Debido a esto, el autor olvida el aspecto intelectual de los personajes, es decir, se preocupa por sus rasgos físicos, pero jamás repara en las cualidades intelectuales. La mujer se entiende como intensidad de la belleza, como voluntad de pasión. La idea de mujer se formula a partir de una preocupación por la forma y la imagen sin profundizar en el interior.

Así pues, la idea del ser se expresa fuera de la norma común de la moral, donde el erotismo importa porque intensifica las vivencias. El erotismo como un mecanismo mediante el cual Inmaculada se entrega. Esta entrega significa pertenecer al otro para identificarse con él. Ser mujer es entregarse para pertenecer. El erotismo como la unión de dos seres. Juan Antonio Rosado Z. dice respecto al erotismo:

El erotismo como violador de valores se exhibe y singulariza las mejores obras del autor yucateco: la mirada y el deseo del otro, el triángulo amoroso, el lenguaje como vínculo entre la tangibilidad del cuerpo y la esencia divina, el éxtasis o el estar fuera de sí, el tercero incluido en la imaginación o en la realidad, la fantasía y el juego sexual son algunas manifestaciones de ese erotismo ubicuo. (Rosado: 111)

Ser mujer, desde este punto de vista, es tocar lo intangible a través del ser mismo. Es mover el mundo por medio de la seducción y el erotismo. El amor presentado por medio del cuerpo como herramienta para la unión y para cerrar el círculo amoroso del placer. La atracción que presenta la mujer, desde la visión de García Ponce, es la mujer que tiene la fuerza del deseo en su belleza y en su cuerpo, de ahí la razón por la que siempre quiere ser el objeto de admiración. Contemplar el objeto es reveler y descubrir un mundo libre de moralidades y represiones, un mundo que va más allá de los niveles morales, sin miedo a los placeres y las inhibiciones, sin represiones. La seguridad de la mujer se revela en su figura. La imagen ideal de la mujer deseada que es perversa e inmaculada al mismo tiempo. Existe en este juego de contrastes un carácter de morbosidad muy acorde al voyeurismo como espectador curioso. La mujer presenta el alma mediante el cuerpo. El ser se manifiesta en el gozo de la carne y la búsqueda del placer revela su espíritu. El erotismo revela el misterio intangible del amor y el poder del deseo.

Retomando la idea de que el voyeurismo es un modo de vivir para los personajes, entonces viene a colación un detalle crucial en la novela: la pintura y la fotografía, dos artes visuales que incitan al espectador, al que mira, a deleitarse en la belleza. Mirar y ser mirado son maneras de identificarse con la plenitud del ser, es reconocerse como objeto de la contemplación al igual que Inmaculada: “Tu modelo se llama Inmaculada- escuchó decir a Miguel” (García Ponce 2002: 229). La joven se identifica como modelo, por lo tanto se deleita al ser fotografiada y al ser pintada.

En el nivel más obvio, el personaje es un ser real que permite su representación en una obra de ficción, que se encuentra dentro de una obra de ficción -la novela- para exhibir su belleza, y así poder darle sentido a su ser, que es ser concebida como imagen de un todo. La novela pretende hacer ver a la novela como un objeto de exhibición, mostrarla como una modelo de pasarela. Por esta razón, Inmaculado no sólo realiza el ritual sexual frente a varias personas, donde se reconoce ser para la mirada, sino que la pinten y la fotografían; para ser, finalmente, una modelo. El saberse modelo modifica su ser. La mujer se siente deseada, admirada y ese conocimiento produce alteraciones en su autoimagen:

- Me dejo hacer demasiadas cosas. Tengo miedo que dejes de quererme - le había dicho Inmaculada a Miguel en el estudio.

- Al contrario. No seas tonta. Te quiero precisamente por eso. Me sorprendes. No quiero que dejes de sorprenderme nunca - le contestó Miguel.

Debía de ser verdad. Él la trataba cada vez con más admirado respecto y no disimulada ni contenía ningún impulso que mostrara su cariño, hasta quizá su amor, se dijo a sí misma Inmaculada y no pudo dejar de admitir:

- Es cierto que así soy yo. ( García Ponce 2002: 231)

La mujer se reconoce así misma como objeto de admiración y reconoce que la aman precisamente por tener las cualidades osadas y sin represión que la definen. El arte y la mujer, dos puntos que se unen, ambos para ser admirados, para producir placer, ambos objeto de representación de algo superior, otra imagen. El mismo autor al hablar de su obra considera lo siguiente:

La literatura está en el terreno de lo prohibido porque utiliza las pasiones […] su camino es el de los sentidos, y en cambio es completamente ajena a la moral. En mi obra hay una gran dosis de amor perverso. Hablo del amor que no tiene por objeto ni la reproducción ni la conservación de la especie: tiende a sólo exaltarse a sí mismo. (Pachecho 2001: 72)

De lo expuesto hasta aquí se puede crear el siguiente esquema:

Miguel Ballester es el otro, es la mirada masculina que revela el ser de la mujer, razón por la cual Inmaculada lo aprecia tanto: porque en él se esconde la mirada del que descubre. Miguel logra que la joven se descubra como modelo, como objeto de admiración, es decir, le revela la verdadera significación de su ser, su identidad secreta. Él le brinda una nueva posibilidad de vida; primero, haciéndola sentir admirada como modelo y segundo descubriéndole su verdadera esencia al promover su conocimiento interior, su introspección a partir de sus preguntas a lo largo de toda la novela. El mismo Miguel dice respecto al pasado:

- Ninguna nostalgia - aseguró Miguel- no tenemos nostalgia del pasado, no podemos tener nostalgia del pasado: estamos fuera del tiempo. Si algo tenemos del pasado inmediato y hasta del presente es el placer de entregar nuestros gustos sólo a los que se deciden a ello. ( García Ponce 2002: 264)

Reconocerse fuera del tiempo, fuera de la moral tradicional, existir como seres de admiración y belleza- como el arte- es descubrir un nuevo significado de la vida. La pérdida de límites, el erotismo, la contemplación de la belleza absoluta que rebasa los límites sociales, el descubrir la belleza que existe en la esencia de Ser, son los detonantes necesarios para vivir pleno de sí.

 

Bibliografía

(1984). Juan García Ponce. Imagen y obra escogida. UNAM. México.

(1998). Juan García Ponce y la generación de medio siglo. Colección cuadernos de la Universidad veracruzana. México.

García Ponce, Juan (2002). Inmaculada o los placeres de la inocencia. FCE. México.

Martínez-Zalce, Graciela (1986). Pornografía del alma. Consejo Editorial de Yucatán. México.

Pacheco, Cristina (2001). Al pie de la letra. FCE. México.

Rosado, Juan Antonio. “Juan García Ponce: Avatares del deseo”. 18 septiembre de 2007 http://132.248.101.214/html-docs/lit-mex/16-1/rosado.pdf

 

© Diana Geraldo Camacho 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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