La influencia del Ión de Platón
en A defence of poetry de Shelley

Rafael Ramis Barceló

Universidad de Barcelona


 

   
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Resumen: Este estudio pretende examinar la influencia del Ión de Platón en Shelley. La tesis principal es que el platonismo de Shelley, aunque sincero y profundo, distorsiona claramente los conceptos de inspiración, mimesis, poeta, conocimiento, metáfora... Shelley, ensalzando a Platón, elabora una teoría de la poesía claramente romántica, que rompe con los preceptos del clasicismo, y que es netamente contraria a la consideración platónica de la poesía.
Palabras clave: Shelley, Platón, Ión, poesía, inspiración, epifanía, conocimiento, romanticismo.

Abstract: This study tries to examine the influence of Plato's Ion in Shelley. The principal thesis is that Shelley's platonism, though it’s honest and deep, distorts clearly the concepts of inspiration, mimesis, poet, knowledge, metaphor... Shelley, praising Plato, elaborates a theory of poetry clearly romantic, which breaks with the rules of the classicism, and that is clearly opposite to the platonic consideration of the poetry.
Keywords: Shelley, Plato, Ión, poetry, inspiration, epiphany, knowledge, romanticism.

 

El poderoso influjo que ejerció el estudio de Platón en la Inglaterra del Siglo XIX ha sido profunda y copiosamente estudiado. En puridad, no puede hablarse de la influencia de la filosofía de Platón en el XIX, sino más bien del influjo de cierto platonismo doctrinal -o incluso mejor, neoplatonismo- que casaba, por lo visto, particularmente bien con el ascetismo flemático que propugnaba la moral de la época.

Los cánones literarios -y en particular poéticos- del XVIII estaban basados minuciosamente en la lectura cerril de los fragmentos de la Poética de Aristóteles, que fue el texto base desde el Renacimiento. La vuelta al platonismo en Inglaterra, y con él, a conceptos como libertad, inspiración, creatividad o epifanía se produjo básicamente en dos oleadas: la primera, de mano de los “poetas visionarios del romanticismo” -para decirlo con Bloom [1]- que coparon la primera mitad del XIX; la segunda, acaecida en el seno mismo de las grandes Universidades, llegó a través de los estudiosos y profesores de Oxbrige -fundamentalmente de B. Jowett, en el Balliol College de Oxford [2]- que tradujeron y comentaron los Diálogos de Platón, y que educaron una juventud bajo los criterios de cierto idealismo que, en buena medida, castraría la libertad que poetas como Wordsworth, Coleridge, Blake o Shelley habían alcanzado sólo unas décadas antes.

Lo que hemos apuntado aquí es suficiente para entrever la titánica lucha de la Inglaterra -aunque también extensible a la Gran Bretaña- del XIX para domeñar a Platón: acentuando una u otra de sus innumerables facetas, haciéndose eco de los más recónditos matices, o desarrollando y extrapolando cuestiones de mayor o menor relieve, en una época en la que el propio Shelley confesó: “We are all Greeks. Our laws, our literature, our religion, our arts have their root in Greece [3]”. Por supuesto, ni cabe dudar que, al final, Platón no se dejó domesticar y fue una dúctil ave fénix mediante la cual los poetas y demás literatos de final de siglo pudieron evadirse, precisamente de aquel platonismo rígido que había entrado en los Colleges a partir de la segunda mitad del XIX, y se había impuesto, no sin vacilaciones, como doctrina filosófica y poética por excelencia [4].

Este estudio pretende comparar el Ión de Platón con el uso que de él extrajo Shelley.

Esta exposición consistirá, en primer lugar en una breve confrontación entre la concepción de poesía en Shelley y el pensamiento platónico, para pasar a un estudio más detallado de las influencias del Ión en “A defence of poetry”.

 

1.- Shelley, el poeta platónico.

Pocos escritores se han sobrepuesto con mayor elegancia y arrogancia a las convenciones de su época. Puede decirse, para empezar, que sólo con la figura de Shelley, se marca en la literatura inglesa un hito incomparable que, de por sí, bastaría para justificar el interés de muchos estudiosos y poetas del XIX en la figura de Platón.

La llegada de Shelley a las cumbres platónicas, sin embargo, no se hizo rápida y decididamente, antes al contrario, su ascensión fue lenta y espaciada, algo que él mismo pudo interpretar como un signo de elección y de buen augurio [5]. Shelley leyó las traducciones de Platón que hizo Thomas Taylor, bajo el mecenazgo del Duque de Norfolk, amigo asimismo de la familia Shelley [6]. Esta traducción se resentía de una profunda vena esotérica y mistérica que contribuyó en buena medida a la aprehensión de un Platón profundamente órfico y pitagórico, así como propulsó las libertades que se tomó Shelley en su interpretación. De facto, puede decirse que Shelley midió sus destellos poéticos con el caudal platónico, acercándose cada vez con más ahínco y vehemencia a cada uno de sus Diálogos. La horma que buscaba para su zapato poético la encontró en el Ión, obra que le marcó indefectiblemente. Como veremos, la asimilación que hizo Shelley del Ión es tendenciosa, llevando las aguas a su molino, pero no más sesgada que la que pudieron hacer en su momento Jowett, Symonds o Wilde, traductores y comentaristas asimismo de Platón en otros momentos del siglo XIX [7].

Antes de pasar a explicar la lectura que Shelley hizo del Ión en “A defence of Poetry”, cabe recordar algunos elementos fundamentales de su platonismo.

En primer lugar, merece la pena sacar a colación cómo se llevó a cabo el paulatino acercamiento a la luz platónica. Los intereses de Shelley se centraron, en primer lugar en el esfuerzo de dar una explicación religiosa a sus propias intuiciones: desechado el cristianismo como base, buscó en las religiones orientales, hasta que dio con los mitos órficos y astrología, temas que, como es sabido, penetraron unidos al platonismo en el Renacimiento. Las enseñanzas herméticas -tan presentes en la traducción de Taylor- poco ayudaron a centrar y a matizar la exégesis platónica de Shelley, pues, lejos de mitigar su fuego interior, lo atizaron [8]. Shelley fue uno de los primeros poetas que, poco a poco, se sobrepusieron al aristotelismo que la crítica literaria había exigido activamente en toda Europa. Antes de él, sólo W. Blake, el tigre de la literatura inglesa, había podido desgarrar con sus zarpazos algún rescoldo de luz platónica [9]. Parece que, después del racionalismo que se había impuesto en toda Europa y del empirismo británico de filiación escocesa, la poesía necesitaba abrir un boquete intelectual para justificarse ante el mundo [10]. Nada mejor que volver a los Diálogos de Platón que, por lo visto, permiten ser interpretados de todas las maneras, y que han dado pie a lecturas variadas en todas las épocas, para encontrar nuevamente el caudal que tanto el racionalismo como el empirismo habían atenuado.

En segundo lugar, digamos que Shelley al ser expulsado de Oxford recrudeció y redimensionó unas críticas contra el conservadurismo literario académico, que le propulsaron a una libertad estética inusual. Shelley es un poeta romántico que, sin embargo, no comparte ya los mismos criterios que los jóvenes sturmer, demasiado ocupados en contrarrestar y sobreponerse a la Aufklärung, y que no podían deshacerse con tanta facilidad de la influencia del racionalismo [11]. Los poetas románticos ingleses se encontraron en un marco en el que el acceso al idealismo de Platón no estaba aún influenciado por Hegel. En la segunda y tercera década del Siglo XIX, muerto ya Shelley, el idealismo de Hegel y el platonismo del autor de Prometeo liberado -y el de Coleridge- harán rebrotar con vigor duras polémicas sobre la literatura, que removerán los cimientos de los Colleges [12].

Debemos añadir que, así como el romanticismo alemán estaba principalmente preocupado por el espíritu y la historia universal, en la que cada uno de los poetas se consideraba poseedor de la más bella de las actualizaciones dialécticas del espíritu que recorría el devenir de la humanidad, el poeta inglés, por su parte, siempre fue más individualista y pragmático. Los poetas ingleses no se preocuparon de ser la encarnación de aquellos griegos de la Antigüedad, sino más bien de llevar las libertades expresivas y los logros sociales de aquéllos a su propia época. Es por ello que la poesía de Shelley, y su “Defensa” no reflejan tanto una búsqueda de la invocación del espíritu platónico, como la recuperación de una libertad del poeta como rey de una estirpe de vuelo homérico y pindárico. El filósofo-rey de la República será, como veremos, el poeta-rey en “A defence of poetry”, en una absoluta trasgresión de la obra platónica en general, y aún en mayor medida si nos centramos en el “Ión”.

Merece destacarse también que la contemplación del espíritu, a cuyo favor podían sustraerse los poetas como Hölderlin y Schiller, es ladeada sinuosamente por Shelley, quien prefiere que el propio espíritu descienda y se pose sobre él y le embargue completamente, en una epifanía de su ser. El Idealismo alemán justificará su inspiración en el marco de la historia, mientras que el platonismo intuido de los primeros románticos ingleses les llevará a creer que la divinidad misma los ha señalado y los ha recubierto con su manto para descargar en su ser la esencia de la poesía, que ellos llevarán al papel. Tanto los poetas alemanes como los ingleses participarán de este “gusto greco”, que se superponía a los maniatados Platón y Aristóteles de la Escolástica, y que les llevará a escarceos con el politeísmo griego, y a preludiar la vuelta de las divinidades paganas de Nietzsche [13].

Shelley se acerca a Platón, a quien admira, adora y reverencia como poeta; al que corrige, amputa e reinterpreta como filósofo: es, en definitiva, un platónico libre [14]. La estética de Shelley [15] se ajusta única y exclusivamente a sus necesidades poéticas; que nadie quiera ver en este autor un riguroso estudioso ni un exegeta comprometido: su libertad poética está muy por encima de la estimación que sentía por Platón. Amicus Plato, sed magis amica libertas. Jowett -en contra de esta libertad- preparó sucesivamente tres traducciones y ediciones de Platón, y las escoró hacia un prisma moralizante y ascético, enfrentándose abiertamente al platonismo romántico y a la libertad que dimanaba de las interpretaciones fantásticas y fantasiosas de Shelley, que rezumaban desprecio por la impávida filología y pasión abrasadora por la vida del poeta [16].

 

2.- Platonismo, romanticismo y poesía.

2.1. El platonismo y el romanticismo: cuestiones poéticas. En la medida en que participaron del platonismo, Wordsworth y Shelley pueden ser considerados los padres del Romanticismo inglés. Ambos gustaron de Platón a través de la traducción de Taylor, y participaron del mismo gusto estético. El lenguaje de “A defence of Poetry” comparte demasiado con el prefacio de las “Lyrical Ballads” para que pasemos esta cuestión por alto [17]. Sin poder profundizar en ella, es evidente que la reivindicación de la figura del poeta, de la inspiración, del favor divino, de los sentimientos, de la imaginación... tan presente en ambos escritos responde no sólo a una moda pasajera, sino a un cambio de paradigma en el que, definitivamente, el aristotelismo será enterrado. El siglo XIX será una época de un multiforme platonismo poético, y bajo su bandera, los conceptos antes designados desembarcarán irremisiblemente en Francia, en España, en Italia... donde tendrán, en un primer momento, acogidas dispares que, a la postre, se acabarán convirtiendo en victorias -a veces pírricas- del platonismo.

Shelley, como veremos, será el poeta que trasvasará los conceptos platónicos al lenguaje romántico, de tal forma que en él, platonismo y romanticismo se funden en una unidad [18]. Es un fenómeno explicable: el romanticismo empieza con Shelley, y por tanto es él quien debe dotarlo de forma y de contenidos. Ningún platónico inglés será tan característicamente romántico como Shelley, ni tampoco ningún otro romántico será tan platónico como él.

Este estudio de teoría literaria nos lleva a considerar no sólo a Platón sino a los platónicos que aparecen en “A defence of Poetry”: podría decirse que Shelley, en aras a la libertad, traza una historia de la poesía -o mejor, una historia de las ideas poéticas- y aduce argumentos de autoridad. Así, para argüir la primacía de la poesía y del poeta en la escala artística y social, Shelley hace comparecer a los grandes poetas desde Homero. La influencia del genio griego y de la estilística romana van a dar lugar -según Shelley- a la poesía de Occidente; recordemos cómo en la época romántica se ordena la “Historia de Occidente”, se conciben y se separan las épocas, se detectan y subrayan unas influencias, y se silencian y abortan otras. La “Defensa” de Shelley está urdida a partir de estos mimbres, y con una libertad expositiva que en la Inglaterra del XIX nadie volverá a tener, salvo, tal vez Oscar Wilde. La teoría poética de Shelley trazará una línea que unirá a los principales defensores de la imaginación y de la libertad: la historia del platonismo poético [19].

2.2. El platonismo de “A defence of Poetry”: Si el lector contemporáneo quiere hacer un recuento de los poetas y “preceptistas” que aparecen en esta obra, podrá hacerse una idea cabal de las ideas poéticas de Shelley. Recordemos que en toda la obra no aparece en ningún momento Aristóteles, que Boileau -por si a algún poeta se le había ocurrido la mala idea de orillar sus “preceptos”- confirmó en su cargo de guardián de la ortodoxia. Los primeros poetas que aparecen cronológicamente en “A defence of Poetry”, tales como Horacio y Virgilio, pertenecen a la época romana y todos ellos participan en buena manera de un platonismo alado [20].

¡Qué decir de Dante, Milton, Calderón, o Shakespeare [21]! Su platonismo está más que corroborado [22]. Según Shelley:

Shakespeare, Dante and Milton (to confine ourselves to modern writers) are philosophers of the very loftiest powers [23].

En el artículo de T. Ware se subraya que toda la historia de la poesía se contempla bajo ojos platónicos: incluso se insinúa que Jesucristo fue un poeta que participó del espíritu platónico, trazando una larga cadena de la cual Shelley es último eslabón [24]. Estas ideas pueden recordar a Hegel: sin embargo, el platonismo de Shelley es netamente profético, místico, y en buena medida, libertario. La mayor influencia de Platón en Shelley radica en la inspiración de origen divino y en la imaginación, temas ambos que constituyen el núcleo del Ión. No es de extrañar que el platonismo de Shelley se asiente sobre él [25].

 

3.- Las huellas del “Ión” en “A defence of poetry”.

El diálogo Ión es considerado una obra de juventud, y relativamente menor en el marco del pensamiento platónico [26]. El diálogo en sí no aparece nunca citado en el texto de Shelley, pero sí en la carta que escribió a su amigo Peacock el 21 de mayo de 1821. Parece ser que se escribió “A defence of Poetry” como respuesta a “The Four Ages of Poetry”, de Peacock. Y, sabemos que, mientras Shelley leía y traducía el Ión, le llegó la obra de Peacock.

Digamos, de entrada, que el Ión presenta un modelo para la creación y la transferencia de significado que es notablemente similar a lo descrito por Shelley en una “A defence of Poetry”. Incluso aunque Sócrates critique al poeta por sustraerse a la verdad, el texto de Platón, por su metáfora de los anillos de hierro y por su propia estructura dialógica -y dramática- sirve para comprobar cómo el significado poético se transmite: es un modelo que sirve como base para el texto de Shelley. Los anillos de hierro del Ión sugieren la progresión interminable de metáfora mediante la cual el significado de la misma es construido y modificado: en tanto que refleja la verdad, según Shelley, indica un indulto para el destierro que había sufrido la poesía en la República. Como segunda tesis fundamental apuntemos que aunque la distinción entre filósofos y poetas es observada por Platón, éste era -según Shelley- esencialmente un poeta, y dicha teoría es argumentada con rasgos poéticos y estilísticos: el esplendor de sus imágenes, y la musicalidad de su lengua son insuperables.

Plato was essentially a poet-the truth and splendour of his imagery and the melody of his language is the most intense that it is possible to conceive [27].

El hecho de considerar a Platón como un poeta da pie a una interpretación “poética” de su obra. John R. Baker observa que Shelley, en su “Defensa”, amplía el concepto “poeta” hasta tal punto que da cabida en él a Platón [28]. Mediante esta perspectiva, que podría parecer ególatra y hasta absurda, Shelley provee a la poesía de una defensa contra el destierro de Sócrates de poesía en la República pues, seguramente, Platón no se desterraría de su propia República. Creemos que la consideración de Platón como poeta no es un absurdo, siempre y cuando se entienda que lo era en los términos y las condiciones de Shelley. En estas hay, sin embargo, una absoluta contravención al pensamiento platónico, que nos hemos esforzado en subrayar en los capítulos precedentes. Aunque ambas obras traten cuestiones similares que enfrentan la naturaleza de la música, la literatura, y la crítica, sólo podemos detectar una influencia libérrima -y un uso aún más libre- de una sobre la otra. Ware indica la traducción de Shelley del Ión fue realizada “descuidadamente [29]”. Nosotros creemos que no se trata tanto de una ineptitud o torpeza de Shelley como la pretensión de enmendar a Platón [30].

Platón y Shelley ven al poeta como alguien inspirado divinamente, y su diferencia radica en dónde cada uno localiza aquella inspiración: Sócrates describe una divinidad externa, (la Musa), mientras Shelley localiza la divinidad -como inspiración- dentro del poeta. Dicho de otra forma, la divinidad se manifiesta de forma externa en Sócrates, e inmanente en el autor de “A defence of Poetry”. Esto, evidentemente no es más que una argucia para evitar un comentario a los pasajes donde el pobre rapsoda queda más ridiculizado. Soslayando esta cuestión, Shelley, de modo absolutamente antiplatónico [31], argumenta que la poesía produce efectos morales y epistemológicos, cuando en el Ión podemos leer que el poeta queda absolutamente desplazado en el camino del saber: Ión prefiere que su inspiración sea algo divino, y así se lo concede Sócrates, para reservarse la vía del conocimiento racional para él. Al final, Shelley llegará a abundar tanto en los beneficios éticos y políticos del poeta, que lo acabará proclamando poeta-rey.

Las lecturas recientes de Shelley parecen sugerir, por estos motivos, que el Ión de Platón y la Defensa de Shelley argumenten lo mismo [32]: el proceso de transferencia de la inspiración que hace la poesía hacia la sociedad. Esta “función social” -expresada en términos literarios- equivaldría a decir que la poesía es la revelación metafórica de la verdad [33]:

A Poem is the very image of life expressed in its eternal truth [34].

Hogle describe el modelo de poesía en la Defensa de Shelley como un simulacro, privilegiando la metáfora como la fuente para el original o, en términos platónicos, afirmando que la imitación -la sombra sobre la pared de la caverna- es una fuente poética para captar la cosa en sí[35]. Esta interpretación privilegia la lectura inmanente de la inspiración pues conjuga la experiencia corpórea del género humano y una inspiración externa, divina. El poeta, pues, sería -en palabras de Abrams- la lámpara que desplazaría a la mimesis [36].

Poetry thus makes immortal all that is best and most beautiful in the world; it arrests the vanishing apparitions which haunt the interlunations of life; and veiling them or in language or in form sends them forth among mankind bearing sweet news of kindred joy to those with whom their sisters abide-abide because there is no portal of expres­sion from the caverns of the spirit which they inhabit into the universe of things. Poetry redeems from decay the visitations of the divinity in man [37].

Sócrates revela los escrúpulos asociados con la ausencia o a la distancia de la divinidad: puede decirse pues, que la manifestación de la inspiración es en Sócrates algo externo, y en Shelley algo interno. Estas diferencias, que tanto enfrentan a los críticos literarios, pueden entenderse en el marco de la objetividad/subjetividad de la poesía. En el diálogo platónico, la poesía no es una tékhne, no es un “ser-experto-en” algo, por tanto, su origen es divino, es exterior. El yo moderno, del que participa claramente Shelley, permite que la inspiración divina no sea algo que se transvase de Dios al hombre sino una manifestación (epifanía) del Dios mismo a través de su inspiración [38]. Es por ello que los dioses -según Shelley- poseían a Ión y le manifestaban, en un momento dado, la poesía [39]. El poeta, según Sócrates, no tiene ningún mérito más que el hecho de ser el vehículo de transmisión de la poesía. En Shelley, la cuestión cambiará mucho: el poeta demuestra su singularidad entre los hombres, y se eleva entre las téknai particulares porque es alguien escogido por Dios, quien ratifica su singularidad permaneciendo siempre en él, destacándole como un ser sublime y manifestándole (epifanía) la poesía, en tanto que metáfora de la verdad:

“A Poet, as he is the author to others of the highest wisdom, pleasure, virtue and glory so he ought personally to be the hap­piest, the best, the wisest and the most illustrious of men [40]”.

El poeta romántico será alguien sublime a quien los estudiosos desearán conocer. Para poder comprender la obra del poeta, los críticos literarios -que aparecen en el siglo XIX, precisamente para glorificar a los poetas- estudiarán detenidamente su vida, la singularizarán y la vincularán a su obra [41]. Este es -expuesto brevemente- el nacimiento del método biográfico, y la articulación entre el idealismo romántico y el positivismo literario [42]. Sus raíces pueden encontrarse en la particular lectura de Shelley:

That he is the wisest, the happiest and the best, in as much as he is a poet, is equally incontrovertible: the greatest Poets have been men of the most spotless virtue, of the most consummate prudence, and, if we would look into the interior of their lives, the most fortunate of men: and the exceptions as they regard those who possessed the poetic faculty in a high yet inferior degree will be found on consideration to confine rather than destroy the rule [43].

Los anillos de hierro del Ión, entonces, trazan el camino de la metáfora que se encuentra en la “Defensa” de Shelley, y la cuestión de la representación epistemológica queda igualada a la representación mimética de la Verdad divina: el arte del poeta radica más bien en la transmisión de experiencia que la reproducción de un ideal, rechazando así la mimesis. El poeta conoce la metáfora de la verdad, y dicho conocimiento se produce por inspiración divina: no existe ningún tipo de “copia” de la realidad, sino una manifestación artística de la verdad misma, cuyo significado sólo puede conocer y desentrañar el poeta.

Those in whom it exists in excess are poets, in the most universal sense of the word; and the pleasure resulting from the manner in which they express the influence of society or nature upon their own minds, communicates itself to others, and gath­ers a sort of reduplication from that community. Their language is vitally metaphorical; that is it marks the before unapprehended relations of things, and perpetuates their apprehension, until the words which re present them become through time signs for portions and classes of thoughts, instead of pictures of integral thoughts; and then, if no new poets should arise to create afresh the associations which have been thus disorganized, language will be dead to all the nobler purposes of human intercourse [44].

La “Defensa” de Shelley reconstruye el “Ión”, representando y articulando de nuevo el proceso de transmisión poética y el valor de metáfora. El poeta debe ser el nuevo filósofo, y como el filósofo debe gobernar: Shelley acabará propugnando el gobierno de los poetas, en tanto que pueden ver la metáfora de la verdad. En cierta manera, Shelley no quita al filósofo las atribuciones que Platón le confiere; más bien es el poeta quien queda encumbrado a su rango. Dijimos antes que Platón otorga en exclusiva el saber racional al filósofo: para este autor, la inspiración es otra fuente para conocer la verdad, a través de la metáfora; eso hace de los poetas “filósofos poéticos”.

The production and assurance of pleasure in this highest sense is true utility. Those who produce and preserve this plea­sure are poets or poetical philosophers [45].

Ahora bien, los filósofos y los poetas tienen un camino distinto para conocer la verdad, y Shelley propugna que sean estos últimos los que más se acerquen a la misma: la manifestación metafórica de la realidad como epifanía de la verdad garantiza la primacía de los poetas que, al final deben acabar sustituyendo a los filósofos en el gobierno de la República, tal y como se atestigua en el fragmento final de “A defence of poetry”:

Poets are the hierophants of an unapprehended inspiration, the mirrors of the gigantic shadows which futurity casts upon the present, the words which express what they understand not, the trumpets which sing to battle and feel not what they inspire: the influence which is moved not, but moves. Poets are the unacknowledged legislators of the World [46].

 

A modo de conclusiones...

Shelley leyó y tradujo el Ión, adaptándolo a su conveniencia. La libertad de espíritu de este poeta hizo tomar a Platón como punto de referencia, como un hermano poeta, como un padre amantísimo y condescendiente, cuya herencia pueden los hijos vender, malbaratar, invertir...

Asimilado Platón a la estirpe de los poetas, Shelley se arrogó los derechos de ser su heredero y tradujo e interpretó libremente sus poemas. La influencia de Shelley en los poetas románticos ingleses y franceses fue poderosísima: la brecha del conocimiento no-racional fue abierta y considerada tan válida (o más) que la del racionalismo filosófico. Asimilados categorialmente el poeta y el filósofo como conocedores de la verdad, Shelley consideró que el saber de los anillos de hierro era una forma de nombrar la comprensión de la metáfora de la verdad. El poeta alcanza la verdad poéticamente, y es el único que puede revelar a la sociedad lo que por vía racional no puede comprender: es por ello que Shelley inicia su exposición nombrando dos tipos de conocimiento,

According to one mode of regarding those two classes of mental action which are called Reason and Imagination, the former may be considered as mind contemplating the relations borne by one thought to another, however produced; and the latter as mind, acting upon those thoughts so as to colour them with its own light, and composing from them as from elements, other thoughts, each containing within itself the principle of its own integrity [47].

Finalmente, como ya hemos visto, Shelley privilegia la imaginación -como don divino- sobre el conocimiento epistemológico. La imaginación será el modo poético de acceder a la verdad. La desvirtuación platónica será absoluta, y contra ella deberán luchar los moralistas académicos, con Jowett a la cabeza.

A defence of Poetry” puede considerarse como el manifiesto del yo poético romántico inglés. Esta obra jalona no sólo el máximo esplendor intelectual de Shelley, sino un momento en el platonismo inglés del siglo XIX. Colocados los mojones de Wordsworth, Coleridge y Shelley, la Academia, la Corona, la Gentry tuvo que movilizarse contra semejante subversión del orden político en nombre de la poesía.

El diálogo platónico acaba tematizando los debates intelectuales del siglo XIX como pretexto entre whigs, tories, gentry, professors, fellows y students.

Shelley fue el más libre de los platónicos ingleses: confeccionó un Platón única y exclusivamente a su medida, y a quien poco le importaron las críticas académicas y sociales. Su vida, que se extinguió un mes antes de cumplir los treinta años, fue el más preclaro ejemplo de los poetas románticos; vivió su inspiración como una epifanía, con la emancipación propia de quien ha participado del sabor y el fragor de las musas. Una vez tocado por éstas, nada más que su impulso puede otorgar sentido a la vida del poeta.

 

FUENTES:

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Notas

[1] Véase H. Bloom: Los poetas visionarios del romanticismo inglés, Barcelona, Barral, 1974. Este celebrado estudio continúa siendo la base para penetrar en los difíciles intersticios entre la experiencia platónica, bíblica, hermética... que dieron pie al romanticismo inglés.

[2] Un estudio de consulta obligada es el de P. Cruzalegui Sotelo: L’experiència platònica en l’Anglaterra del XIX, Barcelona, PPU, 1998. Esta excelente obra resume las controversias de un siglo de platonismo, y presta una especial atención a las cuestiones filosóficas y teológicas en relación con la literatura.

[3] Percy B. Shelley: Prefacio a Hellas, en Poetical Works, pág. 447.

[4] Véase P. Cruzalegui, op. cit. pp. 334 y ss.

[5] Lo mejor que puede leerse, amén de la ya mencionada obra de P. Cruzalegui, para detectar las influencias poéticas e intelectuales de la formación de Shelley -así como su búsqueda de acicates y sus pulsos con Platón- es el artículo de Ross G. Woodman: “Shelley's Changing Attitude to Plato” en el Journal of the History of Ideas, Vol. 21, 1960, pp. 497-510.

[6] Véase P. Cruzalegui, op. cit. pp. 13 y ss.

[7] Cruzalegui Sotelo, op. cit. secciones IV y V.

[8] Véase Ross G. Woodman, op. cit. pp. 499 y ss.

[9] Blake está emparentado con Platón porque ambos comparten -en diferente grado- veleidades místicas. Sobre la presencia de Platón en la poesía de Blake puede verse, en primer lugar, el capítulo a él dedicado en la ya citada obra de H. Bloom. También revisten mucho interés los breves comentarios de C. Serra en Efigies, Barcelona, Tusquets, 2001, pág. 55 y ss.

[10] Véase R. Bayer: Historia de la estética, México, FCE, 1961, pp. 363-374.

[11] Véase K. Firth: “El movimiento romántico en Inglaterra: una época de individualistas” en M. Siguán: Romanticismo/Romanticismos, Barcelona, PPU, 1988.

[12] Sobre estas cuestiones merece la pena leer la segunda y la tercera parte del estudio de P. Cruzalegui, op. cit. pp. 63-207.

[13] Véase la excelente exposición de J. M. Valverde, Historia de la Literatura Universal, Barcelona, Planeta, 2003, tomo VII, pp. 138-144.

[14] Véase el artículo de Tracy Ware: “Shelley’s Platonism in A Defence of Poetry.” Studies in English Literature, 1500-1900, 1983, donde se comenta que:. “Shelley found in Platonism support for his conviction that pure imaginative intuitions have priority over philosophical systematizing”, pág. 551.

[15] Unos comentarios muy atinados pueden encontrarse en J. M. Valverde, op. cit. pág. 144.

[16] Cf. P. Cruzalegui, op. cit. pp. 293-433.

[17] Una lectura crítica puede verse en T. S. Eliot: Función de la poesía y función de la crítica, Barcelona, Seix Barral, 1968, pág. 95 y ss.

[18] La visión del platonismo de Shelley desde la perspectiva de la tradición clásica puede encontrarse en G. Highet La tradición clásica: Influencias griegas y romanas en la literatura occidental, FCE, México, 1996, pp. 192 y ss.

[19] Sobre el platonismo y su uso en Shelley nos recuerda Valverde que “En conjunto Shelley queda en una extraña situación inestable: grande, rico y de lenguaje tenso, se cierne en una atmósfera donde todo tiende a perder su perfil real, y donde su mismo empuje idealista, que empieza con un libertarismo con pretensiones de blasfemia para volverse platonismo -o mejor plotinismo- inocuo, debilita sutilmente sus radicales vitualidades poéticas”, op. cit. pág. 138.

[20] Véase J. M. Valverde, op. cit. pág. 138 y ss.

[21] Véase T. S. Eliot, op. cit. pág. 108 y ss.

[22] Recordará T. Ware que: “The platonic tradition is a strong current of continiuty in Western thought, of which Shelley is a late voice”, op. cit. pág. 550.

[23] Citamos la obra de Shelley por la famosa edición: Essays, Letters from Abroad, Translations and Fragments, by Percy Bysshe Shelley. 2 vols. Ed. Mrs. Shelley. London: Moxon, 1840, vol I, pág. 12.

[24] Véase op. cit. pág. 550 y ss.

[25] Antes de pasar a un comentario de las influencias de este Diálogo sobre “A defence of Poetry” cabe recordar que el platonismo que Shelley vivió no fue, naturalmente, nada cercano a un planteamiento riguroso de la filosofía platónica, hecho que -con mayor o menor acierto- intentó Jowett. Lo que aquí hemos denominado platonismo es una “doctrina” que ha ido atravesando la historia de Europa, modificado por sucesivas transformaciones. Sin embargo, para Shelley, la “doctrina platónica” jamás será tomada de una forma dogmática; justo al contrario, Shelley, recibió un Platón que había pasado por Plotino y por los Padres de la Iglesia, había sido cristianizado poéticamente por Dante, penetró en el Renacimiento -entre otros- de la mano del mago Hermes Trismegistos, se había vestido los trajes místicos con Milton... Cuando Taylor tradujo al inglés a Platón, existían en su mente muchas de estas capas que a Shelley no le interesó quitar. Platón fue su guía, su preceptor, su pretexto, su punto de partida... sin que este magisterio -libre y arriesgadamente invocado- fuera óbice para su libertad.

[26] Una introducción clásica al Ión puede encontrarse en W.K.C. Guthrie: Historia de la Filosofía Griega, IV, Madrid, Gredos, 1984, pp. 175-207. Una contextualización en el debate oralidad-escritura se halla en E. Havelock, Prefacio a Platón; Madrid, Visor, 1994, pág. 11 y ss. La vinculación entre Platón y la teoría literaria puede hallarse en J. Domínguez Caparrós: Orígenes del discurso crítico, Madrid, Gredos, pág. 66 y ss. También en N.Galí: Poesía silenciosa, pintura que habla. De Simónides a Platón: la invención del territorio artístico, Barcelona, El Acantilado, 1999, esencialmente, el capítulo X.

[27] Op. cit. pág. 11

[28] J. R. Baker expone en su “Poetry and Language in Shelley’s Defence of Poetry.” Journal of Aesthetics and Art Criticism, 1981, que: “Shelley has extended the meaning of ‘poetry’ so as to encompass whatever he pleases”, pág. 439.

[29] Ware, op. cit. pág. 559 y ss.

[30] Véase la traducción de Shelley del célebre pasaje 533-535 del Ión, en op. cit. pp. 281 y ss.

[31] Ware, op. cit. 559.

[32] J. Russon hace una lectura exegética, muy influenciada por Gadamer y Ricoeur en “Hermeneutics and Plato’s Ion.” Clio 24.4, 1995, pp. 399-418. Por su parte J. F. Wilcox, recalca la modernidad y las influencias del Ión en “Cross-Metamorphosis in Plato’s Ion.” en Donald G. Marshall (ed.): Literature as Philosophy, Philosophy as Literature, Iowa City, University of Iowa Press, 1987.

[33] Esta es la tesis del artículo de Jerrold E. Hogle: “Shelley’s Poetics: The Power as Metaphor.” Keats-Shelley Journal 21, 1982: 159-97.

[34] Op. cit. pág. 12

[35] Tal y como recuerda Hogle: “Ultimately I will claim that Shelley’s Defence, in spite of the poet’s own moments of resistance, reveals the nature of the inaugural divergence that accounts for the visible ‘drifting’ in his famous ‘poetic voice’”, op. cit, pág. 159.

[36] Véase la tesis fundamental de la obra de M. H. Abrams: El espejo y la lámpara. Teoría romántica y tradición crítica, Barcelona, Barral, 1975.

[37] Op. cit. pág. 50.

[38] Véase Ross G. Woodman, op. cit. pág. 503.

[39] Guthrie recuerda que: “Ión no puede repetir que lo que dice acerca de sí mismo y de Homero es la realidad y Sócrates procede con su explicación. El caso de los poetas y sus intérpretes es diferente. No es el saber o la destreza en un arte (tékne), lo que los mueve sino una fuerza divina. Como un imán la Musa inspira y posee a los poetas directamente y otros son poseídos a través de ellos, igual que un imán, al transmitir su poder puede mantener suspendida una cadena de anillos de hierro. La poesía no es una técnica sino el efecto de una posesión divina que se asemeja al frenesí báquico. Los poetas, como los profetas, están privados de su razón (esto se repite en 354b y c) por un dios que los utiliza simplemente como portavoz. Tínico fue un hombre, por ejemplo, que no escribió ni un solo poema bueno en su vida, hasta que escribió de repente el Peán que “todo el mundo canta”. Es evidente que el Dios ha querido demostrar, eligiendo al “más insignificante de todos los poetas” que la buena poesía no es en absoluto de factura humana”, op. cit. pp. 198-199.

[40] Op. cit. pág. 52

[41] Es inevitable releer aquí a T. S. Eliot, op. cit. pp. 27-50.

[42] Una visión de estos problemas puede verse en D. Viñas Piquer: Historia de la Crítica literaria, Barcelona, Ariel, op. cit. Fundamentalmente, capítulo IV.

[43] Op. cit. pág. 52

[44] Ibidem, pp. 6-7.

[45] Ibidem, pp. 43-44.

[46] Ibidem, pp. 56-57.

[47] Ibidem, pág. 1.

 

© Rafael Ramis Barceló 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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