Espéculo

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William Ospina

La herida en la piel de la diosa

        

 

Sobre ensayos… que desgarran e invitan a pensar

Erasto Antonio Espino Barahona, MLitt., MEd.
peespino@usma.ac.pa
Universidad Santa María La Antigua (Panamá)
Universidad de la Sabana (Colombia)

La realidad, a veces, puede resultar abrumadora. Ante el peso de las circunstancias sería injusto censurar la evasión hacia mundos imaginados y la ensoñación de la ficción o del texto lírico. Ambas son acciones necesarias legítimamente atribuibles al hecho literario. Muchos piensan la Literatura como un ejercicio creativo, lúdico y placentero alejado de los afanes diarios y de las graves preguntas que la humanidad debe resolver.

¿Pero es siempre así la Literatura? ¿No tiene lugar en ella también el desgarro por lo injusto, la necesidad de revelar el rostro del mundo o el deseo de mitigar el dolor que atenaza en alguna esquina, quizás demasiado conocida? Cierto, la Literatura es más que ludens, es también -y, a veces más- pregunta por la realidad y andamio para (re)construirla. Es de esa necesidad humana que nos impele a entender y responder -con la palabra y la razón- las demandas de la existencia, de la que surge el género ensayo.

Concebido como entrecruce de la ciencia y de la literatura, texto heterogéneo o “centauro de los géneros”, el ensayo se ha revelado un discurso cónsono con el temperamento (post) moderno que indaga y pregunta, a veces perturbadoramente, por la naturaleza de las cosas, de la persona o por el rumbo no siempre certero de la sociedad y del planeta. Subjetivo por las elecciones temáticas que cobija y por la escritura personal que delata sin falsías a su autor, el ensayo es un texto lírico-didáctico-expositivo que muestra abiertamente los síntomas del “yo” que pulsa bajo sus páginas.

La herida en la piel de la diosa (2003) es un libro que encarna -diría arquetípicamente- las cualidades arriba descritas. Su autor William Ospina (Tolima, 1954) ganador del Premio Casa de las Américas, 2003 (sección ensayo), despliega con tino, maestría y buen gusto sus reflexiones sobre temas culturales y sociales que le rondan íntimamente. Quizás, gracias a su triple rol de poeta, ensayista y traductor, Ospina vuelve a dar cuenta aquí de una apertura múltiple y lúcida a lo real, como bien hizo con ¿Dónde está la franja amarilla? (1996), cuando clamaba por un nuevo pacto cívico, incluyente y solidario en una Colombia aquejada por flagelos de ya larga data.

En efecto, el autor da cuenta de una preocupación incesante por el destino de Colombia ante la disyuntiva de la solidaridad o la guerra en “Del amor y la violencia” (111-125) y realiza un interesante interpretación histórica del drama irresuelto del secuestro en el ensayo titulado “De cómo fue secuestrado el Inca Atahualpa” (27-45). Otros textos como “Lo que tomamos de Francia” (47-62) y “Nuestro padre y maestro mágico, Rubén Darío” (65-89) focalizan temas estéticos con hondura, pasión e innegable rigor intelectual. Hay que resaltar también la penetrante lectura que hace Ospina del capolavoro del Gabriel García Márquez en el ensayo “La poesía de Cien años de soledad” (91-110). Y la reflexión sobre ciencias, saberes y sociedad en el ensayo que da titulo al libro.

La herida en la piel de la diosa revela una toma de posición ideológica, política e incluso estética que no siempre se puede compartir pero que rebosa autenticidad y claridad intelectual. Los trece ensayos que, reunidos, arman el libro -antes expuestos oralmente casi en su totalidad en diversos escenarios-, demuestran un autor seguro del género y dotado de un registro poético que no torna evanescente el mensaje sino que lo agudiza y lo hace llegar -expedito- a la conciencia lectora.

 

© Erasto Antonio Espino Barahona 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2007