Periodismo literario y crítica literaria periodística en Gustavo Arango

Erasmo Hernández González

I.E.S. Luis Carrillo de Sotomayor, de Baena (Córdoba)
erasmohergon@hotmail.com


 

   
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Resumen: Con este ensayo intento analizar Retratos y La voz de las manos, que son dos libros que recogen reportajes con forma literaria y artículos de crítica literaria periodística del novelista colombiano Gustavo Arango Toro (1964), publicados en la prensa de su país entre 1992 y 1998; para establecer después unas conclusiones técnicas y temáticas relacionadas con sus biografías noveladas (Un tal Cortázar y Un ramo de nomeolvides. García Márquez en El Universal), con sus narraciones (La risa del muerto, Criatura perdida, El país de los árboles locos, Bajas pasiones y Su última palabra fue silencio) y con las técnicas del periodismo literario.
Palabras clave: Gustavo Arango, periodismo literario, crítica literaria.

 

Retratos

En 1996 Retratos fue publicado por la Alcaldía Mayor de Cartagena de Indias.

Este libro recoge varios artículos publicados por Gustavo Arango entre 1992 y 1995 en El Universal, diario de Cartagena de Indias, cuyos temas son tan variados como la entrevista al mítico futbolista colombiano Carlos Valderrama, las ideas metapoéticas de Gustavo Ibarra Merlano o la crónica de una excavación arqueológica, entre otros.

En “El afán de llegar” (págs. 7-36), de 1993, Arango presenta un cuento realista que trata de un colombiano de cincuenta años que abandona su país para entrar como inmigrante ilegal en Estados Unidos, narrando en veinticuatro secuencias temporales que alternan presente y pasado toda la aventura: empieza en el aeropuerto de Nueva York con el recuerdo de los veintidós días de sufrimiento en el éxodo por Centroamérica (Costa Rica, Guatemala y Méjico) y sigue con su inadaptación laboral y emocional en un geriátrico para ricos a ochenta millas al norte de Nueva York, mientras recuerda los duros momentos del viaje (pérdida de compañeros, sobornos a policías, trayectos a pie, en autobús, en avión, paso de ríos, miedo, incertidumbre, pérdida de documentos…).

En “Carlos Valderrama. El astro rey” (37-51), de 1993, Arango reproduce las opiniones sobre la vida (su preocupación por sus hijos, su mujer y la vejez) y el fútbol (esplendor de la selección colombiana y claroscuros de la fama individual) del famoso futbolista colombiano.

En “Eduardo Lamaitre. ‘Ahora sólo quiero ver el mar’” (53-67), de 1994, Arango entrevista al octogenario historiador de Cartagena de Indias, cuya vitalidad destaca por estar embarcado en proyectos culturales.

En “Estrellas bajo el sol” (69-81), de 1992, Arango relata la vida de “El Ñato”, un hombre muy humilde que vive limpiando los parabrisas de los coches en una plaza y que canta tan bien, que de joven ganó un concurso de canto en un programa de radio, pero…, como le rajó la cabeza a otro joven en una reyerta, se manifestó la “mala estrella” que lo acompaña aún en su madurez.

En “Álvaro Mutis. Como un trueno en alta mar” (83-96), de 1992, Arango recoge algunas ideas metaliterarias de Mutis, como: su obra está formada por varios volúmenes (pero es un solo libro), cada una de sus novelas es la continuación de un poema, la escritura es una gran responsabilidad, y la grandeza de El Quijote.

En “Adrianas al azar” (97-106), de 1993, Arango entrevista a la gran ajedrecista Adriana Salazar, que es firme, ordenada y no cree en el azar.

En “Un barco llamado Esperanza” (107-127), de 1992, Arango cuenta, desde sendas entrevistas a Sarah Thompson (enfermera del Hope que se casó con un cartagenero) y a Teófilo Soto (operado con éxito de elefantiasis) la estancia en Cartagena de Indias del barco hospital norteamericano Hope en 1967 con numeroso personal sanitario que atendió, vacunó y operó gratuitamente a muchos colombianos durante diez meses.

En “Carta de René Higuita” (129-144), de 1993, Arango reproduce las respuestas del encarcelado futbolista colombiano a una entrevista por carta, en las que destacan su infancia pobre, la tranquilidad de conciencia, el deseo de que sus hijos sean hombres de bien, las ganas de volver a los estadios y el recuerdo de grandes partidos.

En “Ramón de Zubiría. ‘No he hecho otra cosa que recibir afecto’” (145-162), de 1995, Arango trae un conjunto de interesantes vivencias de este cartagenero de la alta burguesía que fue amigo de algunos miembros de la Generación del 27, trabajó como profesor en la Universidad de Baltimore, representó a Colombia como embajador en Holanda y presentó un programa de televisión durante dieciséis años, entre otros avatares felices. Zubiría dice que debemos buscar la armonía entre naturaleza, hombre y máquina.

En “El campeón sin corona” (163-175), de 1992, Arango ennoblece la vida del exboxeador Bernardo Caraballo, que perdió en Japón, veinticinco años antes, el campeonato del mundo del peso gallo, pero que llegó a Colombia como un héroe, y ahora trabaja, a sus cincuenta años, como mensajero, esperando su jubilación en una casa que compró con sus ganancias en el boxeo, en la que vive con su esposa, hijos y doce nietos: un campeón en la vida.

En “Manuel Zapata Olivella. El vagabundo que vino del más allá” (177-192), de 1995, Arango presenta a este psiquiatra que escribe novelas sobre la influencia del africano en la formación de la sociedad colombiana, como Changó, el putas, que por desgracia no ha gozado de crítica exhaustiva ni de difusión popular.

En “Mompox” (193-205), de 1993, Arango recorre las noches del miércoles al viernes de la Semana Santa en este pueblo con las visitas al cementerio, las procesiones y la diversidad de la gente.

En “Gustavo Ibarra Merlano. Un buen hombre con una maleta repleta de poesía” (207-223), de 1994, Arango entrevista a uno de sus intelectuales más admirados, que es un poeta con gran calidad y poca difusión, quien deja frases como ésta: “La poesía no es sino eso, la destrucción del fantasma para encontrar la persona sustantiva que hay detrás del poeta”, también afirma que la poesía vive de la muerte, y destaca el gran valor de cultura griega antigua.

En “Pedazos de eternidad” (225-243), de 1993, Arango entrevista al arqueólogo francés Thierry Legros, que dirige unas excavaciones en las que se han encontrado restos de cerámica precolombina de hace unos cinco mil años y describe las fases del trabajo, las personas que colaboran, la necesidad de subvenciones oficiales e incluso el patrocinio de Coca-Cola.

Como muestra de periodismo literario he aquí un fragmento del reportaje de “Mompox”:

 

                 La fiesta

“Poco después de las nueve de la noche, una luna amarilla con un velo de nubes se asoma tímidamente.

Aunque en la puerta de la capilla una banda interpreta notas nostálgicas, el ambiente en el cementerio es como de fiesta.

Los niños corren entre las tumbas y les encienden algunas velas a los muertos a quien nadie ha visitado.

No hay tristeza en los rostros de la gente.

Una hoguera dulce arde desde todos los rincones, desde las bóvedas de los pobres, desde los imponentes mausoleos familiares.

La gente camina con placidez entre las tumbas. Se cruzan, se saludan, les rezan a los padres, a los tíos, a los compadres, a las primas hermanas de los compadres de los hermanos. Todos, en ese momento, resultan familiares.

Frente a una lápida vieja, una señora le recuerda a otra que el que yace en la tumba fue Víctor Acuña, el orfebre famoso, primo hermano de su madre.

Con gesto de dolorosa sorpresa, una joven se entera de la muerte de un conocido, ocurrida hace quince días.

Una mujer y sus hijos adolescentes se apretujan frente a la lápida de un hombre muerto hace poco. La han llenado de flores y de velas, como si quisieran devolverle un poco de calor.

En la parte alta de las bóvedas más antiguas, un hombre yace olvidado. Su nombre es Pío Villarreal. Vivió entre 1836 y 1932. Nadie le ha puesto una vela.

Pero aun ese olvido causa pena, porque de alguna manera el calor de esa noche también a él lo alcanza.

La luz amarilla que se aferra a lápidas y pieles transmite una tibia sensación de paz.

Personas silenciosas observan absortas las llamas.

Hay velas encendidas hasta en la bóvedas vacías.

Algunos niños recorren el cementerio formando enormes bolas de esperma.

Poco a poco, a medida que la noche es cada vez más noche, las velas y la fiesta se empiezan a apagar.

Algunos se resisten a marcharse, quieren prolongar el calor de la visita un poco más.

Pero al final sólo quedan la luna y el silencio, satisfecho de los muertos de ese pueblo que no olvida su pasado, que sagradamente regresa cada año, cada Miércoles Santo, a mantener encendida la llama de la vida en aquellos que ya duermen en la tierra, a la que siempre se sintieron aferrados, en aquellos nazarenos, angelitos y Marías de otros tiempos, que tendrán que contentarse con escuchar desde lejos los sonidos cadenciosos, enigmáticos y lentos de una larga procesión que no termina.”

 

La voz de las manos

En 2001 La voz de las manos. Crónicas sobre escritores latinoamericanos fue publicado por Ediciones El Pozo (New Brunswick, U.S.A.).

Este libro recoge varios artículos publicados por Gustavo Arango entre 1992 y 1998 en El Universal, diario de Cartagena de Indias, cuyos temas son las ideas metaliterarias de Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti, Mario Vargas Llosa, Héctor Rojas Herazo, Álvaro Mutis, y la ciudad de Buenos Aires (con Tomás Eloy Martínez, Adolfo Bioy Casares y Mario Benedetti, entre otros).

En “La lección del maestro” (págs. 9-16), de 1997, Arango resume las lecciones de vida que explicó García Márquez en un taller de periodismo en la vieja Aduana de Barranquilla a unos estudiantes latinoamericanos: hay tiempo para recordar, compartir, recibir presagios, reír y bailar.

En “Una flor amarilla en Montparnasse” (17-45), de 1995, Arango recuerda con emoción su viaje a París para llevar flores a la tumba de Cortázar, evocando la ciudad con fragmentos de Rayuela, buscando en sus calles a personajes como la Maga, sin olvidar la conversación con la primera esposa del argentino: Aurora Bernárdez.

En “Juan” (47-62), de 1995, Arango describe con emoción su visita a Madrid, para charlar con Dorotea Muhr, mujer de Juan Carlos Onetti, al que escucha en boca de ella.

En “Mario Vargas Llosa. El genio también puede ser un largo esfuerzo” (63-81), de 1997, Arango reproduce una entrevista con el peruano, quien opina sobre la imaginación, la ficción, el trabajo del escritor, la libertad, el compromiso y la política.

En “Escuchando a Héctor Rojas Herazo” (83-86), de 1997, Arango recoge el homenaje que recibió este colombiano en la Biblioteca Bartolomé Calvo.

En “Álvaro Mutis: `Lo que no hagas por amor pertenece a la muerte´” (87-98), de 1992, Arango reproduce una entrevista con su compatriota, quien opina sobre el dolor, la angustia, lo inexplicable, el trabajo del escritor, el destino, la desesperanza, la creencia religiosa, la política, los niños, el miedo y el amor.

En “La ciudad sin orillas” (99-132), de 1998, Arango recuerda a Buenos Aires, adonde fue a un curso de periodismo y donde contactó con Tomás Eloy Martínez, Adolfo Bioy Casares y Mario Benedetti, cuyas opiniones sobre la vida y el trabajo del escritor recoge. La ciudad le impresiona mucho: la vitalidad y creatividad de sus gentes, sus librerías, su extensión, sus noches, su humor…

Como muestra de la crítica literaria periodística, mostramos un fragmento de la conversación de Arango con Dorotea Muhr sobre Juan Carlos Onetti. Hemos elegido éste y no otro (como podría ser la interesantísima entrevista a Mario Vargas Llosa), porque Dorotea Muhr se convierte en una voz del más acá que revive la voz del uruguayo y nos permite conocerlo mejor como persona:

“El había hecho como un pequeño Uruguay dentro de esa habitación: con los amigos que venían, con la prensa uruguaya, con las llamadas telefónicas. Uruguay era un recuerdo constante y Juan no miraba otra ciudad, podría decirse que nunca estuvo del todo en España, a pesar de los casi veinte años que llevábamos aquí.”

“Una vez vino una periodista que, después de mucho insistir, al final llegó a Juan y él le dijo: “Bueno, hija, ¿qué quieres?” y ella le dijo: “Quiero que me diga qué es lo que siente por Madrid, ¿le gusta la ciudad?”. Juan le contestó: “Pues has venido en vano porque no conozco la ciudad”. “

“Juan leía cuando iba a cualquier lado. En el auto, en el tren, en el avión… donde íbamos leía. No miraba nada, no se enteraba. Lo único que conocía de acá era esta cuadra. Cuando salíamos, íbamos ahí abajo a un restaurante y cenábamos. Ahí no más, no quería ir más lejos. Allí todo el mundo lo conocía, cenábamos con los amigos uruguayos, con todo el que caía.”

“Juan no conocía la ciudad. Yo le hablaba de las calles cuando escribió Presencia, uno de sus últimos cuentos, que tenía que ver un poco con Madrid -se trataba de un detective que tenía que encontrar a una persona que realmente no existía porque estaba presa en Uruguay-, él me preguntaba por nombres de calles para ponerlas, porque no sabía.”

 

Conclusiones

Los reportajes de Retratos presentan temas muy variados (dos futbolistas, un boxeador, una excavación arqueológica, etc.) y creo que Arango busca en todos el secreto de sus vidas, cuyas respuestas son muy distintas: desde la mala estrella del limpiador de coches hasta la casi negación del azar que afirma la ajedrecista, sin olvidar las abundantes consideraciones metaliterarias y vitales de Gustavo Ibarra, Álvaro Mutis, Manuel Zapata y Ramón de Zubiría, o la serenidad del boxeador que es campeón de la vida.

Los reportajes de La voz de las manos, dedicados a Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, etc., comparten una pregunta no expresa: ¿cuál es el secreto de la literatura?, a la que todos los escritores responden que la constancia, la seriedad y el aprovechamiento del tiempo, a pesar de que cada autor presente temas, estructuras, estilos y concepciones diferentes de la vida. En los reportajes dedicados a los escritores muertos (Julio Cortázar y Juan Carlos Onetti) la misma pregunta es respondida con la misma respuesta por las mujeres que compartieron sus vidas (Dorotea Muhr y Aurora Bernárdez).

La forma de todos estos reportajes es similar y se convierte en un acierto de Arango, porque la crítica literaria, el periodismo y el periodismo literario no siempre conviven bien, y Arango consigue que el lector pueda seguir con interés estos trabajos periodísticos, debido a: (1) el uso de un lenguaje sencillo y ameno; (2) a la división de cada reportaje en varias partes bien enlazadas por una progresión temporal similar a la del cuento, así, por ejemplo, en “La lección del maestro” el artículo se divide en “Tiempo de recordar, Tiempo de compartir, Tiempo de presagios, Tiempo para reír, y Tiempo para las rumbas y los autógrafos” y el lector se queda con una muy agradable impresión sobre García Márquez; (3) a la desaparición del propio Arango de los reportajes para dar protagonismo a los autores; (4) a la propia extensión, que es variable, pero se acomoda a la publicación en El Universal, por lo que la lectura se realiza en poco tiempo y permite relecturas y reflexiones; (5) al tono amistoso con que nos acerca a personas tan alejadas de la literatura como el boxeador, los futbolistas, el limpiador de coches y la ajedrecista, que crecen ante el lector; y (6) a que no utiliza el habitual lenguaje metaliterario de la crítica más especializada (suele asustar a los lectores).

La relación de la técnica del reportaje de Arango con la teoría del periodismo literario son claras por la amenidad, la sencillez del vocabulario, la estructura eficaz, el uso de fotografías, la posibilidad de lectura rápida, y el interés humano (el relato de un inmigrante ilegal a U.S.A., las conversaciones amistosas con dos futbolistas, un boxeador y un limpiador de parabrisas -a los que otorga una dignidad no siempre reconocida-,etc.). Ello coincidiría con las conclusiones de Amando de Miguel [Miguel, 1982] sobre el periodismo literario; con las de Martín Vivaldi [1986] y las de Martínez Albertos, [1991] sobre el reportaje literario; con las de Wolfe, [1998] sobre el reportaje novelado; con las de Ferro [1998] sobre la trama argumental del reportaje literario; con las de Said [1988] sobre la intervención del periodista en el múltiple sistema de las recepciones de la obra de arte; y con las de Barei [1999] sobre la responsabilidad del periodista para abrir el texto y nunca agotarlo a los lectores. Tampoco olvidemos la posible influencia de García Márquez con muchos de sus reportajes literarios, entre los que siempre se cita el Relato de un náufrago.

Por otra parte, conviene relacionar estos dos libros con Un tal Cortázar y Un ramo de nomeolvides. García Márquez en El Universal [Hernández González, 2007]. En la forma los libros citados son extensas monografías noveladas sobre Cortázar y García Márquez, frente a la limitación de espacio propia de la publicación en El Universal, por lo tanto Arango debe cautivar al lector no especializado, pero sí aficionado a leer, con la técnica del reportaje, que es más atractiva que la de la reseña habitual, a veces poco atractiva, en los suplementos literarios y en las páginas de cultura de los diarios.

La relación de los temas y técnicas de estos reportajes con los temas y técnicas de los cuentos y las novelas del mismo Arango es asunto interesante y podemos partir de artículos anteriores [Hernández González, 2004, 2005, 2006a, 2006b, 2006c, 2007]. Encontramos en Arango una gran variedad de registros: (1) el literario con el hermetismo de La risa del muerto, Criatura perdida, y El país de los árboles locos (novelas) frente a la aparente sencillez de Bajas pasiones y Su última palabra fue silencio (cuentos); (2) el de las biografías noveladas de Cortázar y García Márquez (Un tal Cortázar y Un ramo de nomeolvides. García Márquez en El Universal); y (3) el de los amenos reportajes de Retratos y La voz de las manos. Estos tres registros comparten la intriga narrativa que Arango les imprime y que motiva a la lectura, dentro de técnicas tan distintas como la novela, el cuento, la biografía y la entrevista, bien desarrolladas por el mismo autor. Los temas son los mismos (el sentido de la vida, de la literatura, del amor, de la vejez…), que son constantes desde los primeros escritos literarios de Arango en los cuentos de Bajas pasiones hasta los más recientes.

Acabamos con algunas citas.

El español José Acosta Montoro [1973]: “El periodismo y la literatura son como la rama y el tronco, que no pueden vivir por separado”.

El argentino Tomás Eloy Martín: “Todos, absolutamente todos los grandes escritores de América Latina fueron alguna vez periodistas. Y a la inversa: casi todos los grandes periodistas se convirtieron, tarde o temprano, en grandes escritores. Esa mutua fecundación fue posible porque, para los escritores verdaderos, el periodismo nunca fue un meso modo de ganarse la vida, sino un recurso providencial para ganar la vida”.

Y Gustavo Ibarra Merlano: “La poesía vive de la muerte”.

 

Bibliografía

Acosta Montoso, José [1973], Periodismo y literatura, Madrid, Guadarrama, vol. I, 51.

Barei, Silvia N. [1999], “Periodismo cultural: crítica y escritura”, Revista Latina de Comunicación Social, 23,

Ferro, Roberto [1998], La ficción: un caso de sonambulismo teórico, Buenos Aires, Biblos.

Hernández González, Erasmo [2004], “El cuento colombiano reciente: Gustavo Arango”, Espéculo, 28.

Hernández González, Erasmo [2005], “La literatura como refugio en La risa del muerto, del colombiano Gustavo Arango”, Espéculo, 31.

Hernández González, Erasmo [2006a], “Los seres desamparados en Criatura perdida, de Gustavo Arango”, Espéculo, 32.

Hernández González, Erasmo [2006b], “Amor y dolor existencial en El país de los árboles locos”, Espéculo, 33, 2006.

Hernández González, Erasmo [2006c], “El paso del tiempo y otros temas en Bajas pasiones, de Gustavo Arango”, Espéculo, 34.

Hernández González, Erasmo [2007], “Crítica literaria novelada en Gustavo Arango: biografías de Cortázar y García Márquez”, Espéculo (Univ. Complutense de Madrid), 36, 2007.

Martín Vivaldi, Gonzalo [1986], Géneros periodísticos, Madrid, Paraninfo, 2ª ed.

Martínez Albertos, José Luis [1991], Curso general de redacción periodística, Madrid, Thomson.

Miguel, Amando de [1982], Sociología de las páginas de opinión, Barcelona, A.T.E.

Said, Edward [1988], “Antagonistas, público, seguidores, comunidad”, en La postmodernidad, Barcelona, Kairós.

Wolfe, Tom [1998], El nuevo periodismo, Barcelona, Anagrama, 7ª ed.

 

© Erasmo Hernández González 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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