El lugar difícil de lo popular en la narrativa de Pedro Badrán Padauí 1

Wilfredo Esteban Vega Bedoya2

Universidad de Cartagena (Colombia)
bedoyaesteban@yahoo.com.ar


 

   
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Resumen: El texto da cuenta de la poética de la obra prima, El lugar difícil (Cuentos), de Pedro Badrán Padauí; muestra cómo en estos primeros cuentos ya se encuentran las claves estéticas que se irán decantando en su producción literaria; también contextualiza su participación en el grupo cultural En Tono menor, que se proyectó como uno de los más representativos del Caribe colombiano.
Palabras clave: Pedro Badrán Padauí, lenguaje popular, narrativa colombiana contemporánea, literatura caribeña

 

Este ensayo traza la memoria literaria de la obra prima, de uno de los escritores contemporáneos más representativos del Caribe colombiano; establece un dialogo con la poética del escritor magangueleño, Pedro Badrán Padauí [3], quien a una edad muy temprana, entre los 18 y 25 años ya daba claras muestras de su oficio como escritor. En el año (85), Ediciones Puesto de Combate Sociedad de la imaginación y Ediciones en Tono Menor publican su primer libro de cuentos titulado El lugar difícil; [4] el cual trae como portada un cuadro del poeta y pintor Rómulo Bustos, titulado Las Razones del frío. El cuadro de la carátula, de alguna manera traza, la ventana- entrada, hacia el ascenso, hacia la errancia penitente a “El lugar difícil de Badrán”; de la pintura cuelga la sotana que el lector debe ponerse para transitar la verticalidad de la condena.

Antes de iniciar el análisis de la obra prima de Badrán, deseo ofrecer al lector algunas anotaciones que son vitales en la comprensión de la germinación de su proceso creativo. Por tanto, estoy obligado a iniciar con una de las referencias [5] poéticas-cotidianas del Caribe de Badrán: “mi infancia fue feliz como sucede con todo niño de pueblo; no fui un niño de patio [6], sino un niño de terraza; desde allí miraba las películas del Teatro Magangué: mexicanas, de vaqueros, el gran cine mundial, Kubrick. Este es un dato vital en la estética de Badrán por que en sus obras va a ver mucha presencia del cine; Badrán confiesa, ser más determinante la influencia cinematográfica que la literaria. Es así como está experiencia fílmica se consolidará al trasladarse sus padres a Cartagena, en búsqueda de unas mejores oportunidades de formación para sus hijos.

De la mano de su hermano Freddy Badrán quien es uno de los gestores fundamentales del movimiento del cine club en Cartagena, en la década de los setenta, el imaginario de Pedro seguirá siendo asaltado por el cine universal. Igualmente en ese proceso primario de formación del futuro escritor jugará un papel vital el padre Mario Restrepo, profesor del colegio salesiano, con quien descubrirá y analizará el siglo de oro de la literatura española y la literatura hispanoamericana. Precisa Pedro que “una intensidad igual de lectura no se daba igual, ni en las universidades”. (GELRCAR: 2006)

Su llegada a Cartagena va a ser determinante en el despliegue de la capacidad creativa. Allí, también, se encontrará con un grupo de jóvenes con los cuales formará en 1979 el grupo literario En tono menor conformado por Manuel Burgos, Pantaleón Narváez, Jorge García Usta, Alfonso Munera y Rómulo Bustos. Ese grupo de muchachos se constituye en responsable de articular la memoria literaria de Cartagena; son los herederos de la tradición cultural orquestada por figuras como Ramón Vinyes, el tuerto López, y principalmente, el Grupo de Cartagena: Clemente Manuel Zabala, Héctor Rojas Herazo, Gabriel García Márquez, Jorge Artel, Gustavo Ibarra Merlano, los cuales siguen siendo vitales en la reevaluación de la cultura del Caribe. Los miembros de En tono menor, entran a debatir con la cultura oficial-acartonada; se asumen como continuadores de la transformación del periodismo, de la literatura y de la crítica cultural de la ciudad.

En suma el encuentro en Cartagena con el mar, con el olor a salitre, su condición de ciudad puerto, el hecho de vivir en Marbella cerca al Hotel Bellavista destino de extranjeros y de visitantes nacionales, le brindaba la oportunidad de estar en contacto con otras realidades, con otras maneras de ver el mundo: “un espacio de mucho intercambio de mucha vitalidad”. (GELRCAR: 2006) A todo esto habría que agregar el hecho de que Cartagena se fuese consolidando como la ciudad turística por excelencia de Colombia, generó unas dinámicas de transformación del entorno y de los seres, las cuales ocuparán un lugar central en la narrativa de Badrán. Él testimoniará las transformaciones del espacio y de los seres. Acerca de su universo narrativo expresa:”yo me quedo con la mutación que ha vivido este país, que ha sido de una severidad violenta; lo que ha vivido una generación en estos veinte o treinta años es una mudanza en valores y muchas otras cosas más” (GELCAR: 2006).

Ahora, articulando el asunto central de este estudio, deseo ilustrar a través del análisis del conjunto de cuentos de El Lugar difícil las implicaciones que puede tener el desconocimiento de la obra prima de Pedro Badrán Padauí. Ante todo quiero decirles que este es un libro ejemplarizante para los jóvenes escritores de Colombia; esta afirmación la sustento a través del oficio, del cuidado en el lenguaje que esboza el libro; estamos hablando de un escritor que en el momento de la publicación contaba con 25 años; en este libro la juventud no evidencia irresponsabilidad o afán de figuración sino un asomo de madurez temprana; la cual puede representarle al escritor, su condena sino consolida la fuerza primera esbozada, o una clara evidencia de lo que el escritor, entrará a cualificar en la interioridad reposada.

En la obra prima de Badrán, ya se esbozan, los distintos registros, las marcas distintivas, las claves principales que serán decantadas a través de toda su creación. Allí el escritor concreta, tres registros representativos que atravesarán de manera integral su poética: El registro social, el registro lúdico y el registro simbólico.

— El registro social, en el cual la escritura se concentra en transfigurar problemáticas sociales del entorno hasta trascenderlas al plano metafórico y universal.

— En el registro lúdico; la escritura se asume traviesa, prima el humor, la burla ante las representaciones de lo sensual y el amor.

— Y el registro simbólico, donde el escritor asume la escritura en su máximo rigor simbólico; el distanciamiento de lo real alcanza su mayor exploración.

Desde su palabra inicial el escritor está luchando, está explorando dos de las tendencias centrales de la producción artística: la del arte por el arte, y la del arte y lo social. Es así como la representación del espacio ficcional, que es la Cartagena de los años setenta y principios de los ochenta va a ser asumida desde estos múltiples registros. Es interesante ver como esta apuesta dialógica mas no dialéctica con las dos tendencias centrales del arte, hacían parte del corazón del debate del grupo En tono menor; este grupo se constituye en momentos en los cuales se estaban consolidando los movimientos estudiantiles en Colombia, orientados por el ideario socialista; lo que deseo resaltar es como el escritor, en su fervor juvenil, se halla debatiendo e interrogando su compromiso con el arte y la realidad social.

El lugar difícil es un texto conformado por nueve cuentos; en su conjunto, el espacio ficcional Cartagena, se simboliza amenazado por: lo siniestro, la violencia, la miseria y las particulares dinámicas de la modernización en el Caribe colombiano. Los cuentos en su gran mayoría representan a Cartagena como el espacio de la desilusión, como el espacio donde los seres purgan las penas cotidianas de su vivir.

De esta manera, la Cartagena postal desaparece, es inexistente, más exactamente miserable. El personaje central en este espacio de la dificultad es el sujeto popular. A través de los conflictos en los cuales participa la clase popular, se representa una ciudad, y un país en el cual se hallan excluidos. Serán entonces ellos quienes testimonien en sus relatos y acciones, un lugar que dista mucho de la tierra prometida, un lugar donde la tierra, la arena que penetra impulsada por el viento a sus casas, es un símbolo, una especie de plaga que los arrincona, que los exilia y los somete a morir; al igual que el titulo del cuento La tierra que nos rodea” la tierra de Cartagena no es ya una morada sino la tierra que los sepulta, que los asfixia.

De allí que la evaluación del mundo, se nutra en su conjunto de la condición y del destino del sujeto popular. Se ha esbozado que esta visión desencantada y disfórica del mundo se concreta en tres registros que van a ser decantados por Badrán en toda su producción posterior.

El registro social. Hay una sentida pulsión del escritor en enfatizar la exclusión a que se ve sometida, en su gran mayoría, el sujeto popular del Caribe. Por ende estos cuentos ahondan en la miseria, en la violencia, en el miedo, en la pobreza y en los cambios a que se ven sometidas las clases marginales. Desde el primer cuento nominado “Tom” se abre el escenario de la mendicidad; los protagonistas son discapacitados, seres contrahechos que usan sus defectos para la limosna. El centro de Cartagena se abre grotesco, cargado del rostro de la pobreza malformada: “El sitio del ciego, Lorenza tiene la mano carcomida y jorobada, roja. Alberta…trae un niño pequeño y flaco, se abre el vestido y pone al niño a chupar” (ED, Tom, pp. 8,11).

El cuento El último juego, ahonda en la angustia, en la carencia de reposo de los seres ante el anuncio de ser desalojados; el acontecer cotidiano sucede sobre esta amenaza; ellos realizan sus labores en la vigilia ante el inminente exilio. Toda esta dificultad de vivir, toda esta orfandad de la tierra será narrada por el niño Antonio, que ante la llegada de la lluvia de seres grises -las fuerzas armadas, resuelven ir a jugar por última vez a los claros de tierra de los mangles, único territorio momentáneo para transitar antes de la nueva expulsión. La imagen que concentra el texto es el sujeto popular abocado a un exilio perpetuo, sin lugar, violentado por las políticas oficiales: “Y cuando pensamos esto no nos equivocamos. Porque ya vienen a sacarnos, ya viene esa lluvia de hombres grises que hunden nuestras casas. Ahora no sabremos que hacer; con el rostro hacia atrás vemos el barrio nuestro que ya no será más” (LD: Último juego, p. 16)

Ante esta tensión hay que comentar que Cartagena es una de las ciudades colombianas donde se conjuga la máxima opulencia y la extremada miseria. Basta comprobar los avisos de oferta de viviendas para constatarlo: Apartamentos desde 400, 500 y 1.000 millones de pesos.

En el cuento La puerta sigue abierta, se focaliza la desilusión desde el fenómeno de la violencia, de las desapariciones; ya no tiene validez el lema de que las ciudades de provincia sean de puertas abiertas; el espacio sagrado cotidiano de la familia ha sido violentado, el abuelo ha sido secuestrado y desaparecido; ahora la abuela vive repudiando el descuido de la puerta; el horror padecido por ella transforma su universo de fabulas en testimonios de muerte; la cuentera ha sido desplazada; los niños han perdido el regazo del encantamiento; ahora vive presa del horror; atrapada en el recuerdo de unos desconocidos secuestrando al abuelo; la casa ha sido tomada y la abuela está solo a la espera de que los criminales vuelvan por algo que han olvidado, ella:

“Papá nos dijo que la distrajésemos y entonces le pedimos que nos echara un cuento, pero ella repetía y repetía que eran tres, eran tres y abuelo les preguntó que querían y ellos que venimos a llevárnoslo y en seguida voltearon todo y le pegaron al abuelo, entonces Papá, desde esa vez la manda a callar y ella trata de recordar los cuentos de antes…(LD: La puerta sigue abierta, p.69)

El titulo del cuento contiene en sí la paradoja: La puerta sigue abierta no para acoger al visitante sino para secuestrar a sus miembros. Esta situación repercute en un cambio de percepción y de asunción del espacio; la ciudad dejará de ser el lugar comunal para empezar a ser el lugar escindido. En el barrio empiezan a aparecer “las fieras salvajes” a todos en sus casas, también, “les espera lo peor”; los relatos de los habitantes estarán atravesados por el miedo y el afán del encierro, del cerrojo, del enjaulamiento como protección:

“Ha cambiado de lugar. Abuela se sentaba en el patio y por las noches en el cuarto y ahí nos refería los cuentos, pero ahora se la pasa es en la sala, moviéndose nerviosa, mirando la puerta. Cuando alguien sale corre a cerrarla y si está muy lejos le dice a Lubis: “Cierra la puerta, Lubis”. (LD: La puerta sigue abierta, p.65)

Me gustaría, pasar, ahora, a los cuentos El hotel y La misteriosa desaparición de Yadira Valverde; cuentos que van a ser parte también del libro Hotel Bellavista y otros cuentos del mar; acción que concibo como una manera del escritor rescatar del olvido su primer libro; cuya edición y circulación, además, dificultó la accesibilidad a la mayoría de lectores.

Estos dos cuentos concentran uno de los interrogantes-pregunta-espina central en la obra narrativa de Badrán ¿la preocupación por la mutación, por el desalojo, por la perdida del espacio y del ser comunitario? En estos cuentos Badrán va consolidado su interrogación ante la transformación a que se ve abocado por el “progreso” el habitante y el espacio del Caribe. Al respecto Badrán es un continuador de la tradición narrativa que se concentró en lo acontecido con los procesos modernos en el espacio Caribe.

En estos dos cuentos hay una preocupación por la forma como se adviene el cambio y por las consecuencias que este trae en el destino del sujeto popular. El espacio comunitario, de los jóvenes del barrio, El hotel Bellavista, es sentenciado a ser derruido. Su derrumbe es sinónimo de desencuentro, de emigración; tendrán que partir porque las dinámicas del progreso no los contemplan; verbigracia, el apartado donde se narra la construcción de la carretera que conectará al centro con el aeropuerto, trazo de asfalto que simboliza la separación del mar de la infancia: “Cuando pasa un bus por la avenida miramos a la gente que se asoma por las ventanillas; para ir a la playa hay que atravesar esa avenida. Ese trayecto se nos va hacer más largo y se nos quemarán los pies, cuando el sol recaliente el asfalto” (LD: Un viejo hotel, p.59)

Con el desarrollo tendrán que migrar del espacio feliz; donde no sucedía nada, donde todo giraba en torno al encuentro con el otro: el placer de la palabra, de la risa, de la fumada de mariguana; del levante ocasional de un gringo, de una cachaca o de un europeo; del lugar donde celebraban “aquellas pequeñas cosas”:

“Aquí nos reunimos todas las noche. Hasta la gente de otros hoteles viene a parar acá. Nosotros no las pasamos aquí todo el día. Aquí guardamos todo, los balones de fútbol, las máscaras de buceo y los cordeles de pescar; aquí no se nos pierde nada. Podemos tomar agua fría, cuando acabamos de jugar en la playa. En este barrio hay otros hoteles pero ninguno como éste. Por eso cuando nosotros decimos el hotel, se sabe que no puede ser otro sino éste: el hotel.” (LD: El viejo hotel, p.59)

El “progreso” conllevará el cambio del espacio y de los seres. El espacio es destruido y los miembros sufrirán las consecuencias de las ideas del acenso social que se establecieron en Colombia y en el Caribe. Es así como el sujeto popular apuesta trascender los espacios de servilismo; deconstruir la exclusión a que se ha visto sometido; no obstante, el único camino que instaura para ello es el de la criminalidad, el del delito; por ende, Yadira Valverde, la joven bella, ajena a los deseos de los muchachos del barrio, al relacionarse con paisas extraños, sucumbe en el negocio del narcotráfico. Yadira al asumir dinámicas ilegitimas del progreso termina siendo victima del mismo; heredándoles a los suyos el desasosiego, la falta de reposo por su misteriosa desaparición: “Ni siquiera había encontrado reposo en las apuestas de lotería o en el canto del mar que escuchaba todas las noches, hasta la llegada del último de sus hijos. Aceptó la resignación amarga y empezó a ofrecer todos los lunes, en la iglesia del barrio, rezos, y penitencias por la salvación de su hija.” (LD: La extraña desaparición de Yadira Valverde, p. 111)

El progreso ilegítimo, entendido como ascenso económico en donde los fines justifican los medios, será el inicio de la desgracia de las mayorías populares del Caribe. Yadira es la primera condenada, es quien sentencia el peligro del afuera; la trasgresión del espacio interno la lleva a su destrucción: termina posiblemente, como una mujer mula, condenada a participar por siempre bajo amenaza en una organización delincuencial paisa. Recuérdese que el libro es publicado en la década de los años ochenta, fecha en que se develó dramáticamente la dimensión de criminalidad del Cartel de Medellín, del patrón, Pablo Escobar.

En suma, las acciones, el destino pronostica la derrota, la imposibilidad de reivindicación del sujeto popular; todas sus empresas se ven abocadas a la derrota y a la desilusión; ya sea por políticas oficiales, por las dinámicas económicas o por prácticas delincuenciales, está sentenciado a la dificultad, a la sin salida.

Al respecto del registro social, hay que agregar, que en este primer libro la narración del universo popular, es decir el lenguaje aún se asume de manera omnisciente; se inicia tímidamente la exploración del lenguaje coloquial- dialectal; narración discursiva popular que se va a consolidar en el libro de cuentos el Hotel Bellavista y otros cuentos del mar [7] donde los relatos no solo evaluarán la condición y el destino del sujeto popular; sino que el tejido de la obra estará dado por la dichería, por el lenguaje popular del Caribe; al parecer el narrador desde el discurso mismo asume su condición, su pertenencia al universo popular:

“Los muchachos del hotel pensaron enseguida que Yadira Valverde había pelado el cobre” (LD, La misteriosa desaparición de Yadira Valverde, p.97)

“Las Valverde se metieron a collas” (LD: La extraña desaparición de Yadira Valverde, p.98)

“Maribel siempre se había mostrado servicial. En las fogatas nocturnas de los viernes se alzaba la blusa, movía las caderas, prometía que iba a ser un striptease y dejaba que la apretáramos bailando salsa en los estaderos de Marbella pero se emputaba cuando alguien le tocaba las tetas.”(HB: Maribel Delgado quiere casarse con un extranjero, p.42)

“A todos nos gustaba Maribel porque de todas las hembras del barrio era la única que podía darlo y por eso tenía fama de coya y siempre andaba sola” (HB. Maribel Delgado quiere casarse con un extranjero, p. 43)

“… agregaba que nunca se volvería a meter con un colombiano y menos con un costeño, no saben tratar a una mujer, y nosotros entonces, bien dañados, replicábamos que quizás había tenido mala suerte, que tal vez no te han dado por donde es, Maribel, y William prometía darle lo que ella necesitaba, porque los europeos lo tenían bien chiquito y a muchos ni siquiera se les paraba. Entonces, Maribel nos compadecía y decía pobres guevones que no saben lo que es una mujer, y enseguida le preguntaban a William, a ver tú que sabes tanto, dónde está el clítoris, donde está el clítoris y William no sabía que responder” (HB. Maribel Delgado quiere casarse con un extranjero p. 43)

A continuación ilustraré brevemente, el registro lúdico, que se halla presente, principalmente, en el cuento que da nombre al libro, El lugar difícil, que encarna un contra sentido, una trampa al lector, porque si bien titula el libro, no es el que encarna la línea de sentido que le confiere unidad al libro. Este cuento recrea la dificultad de una pareja para acceder, en la Cartagena provinciana, a una residencia en plena luz del día. En ese hecho reside toda la lúdica, en superar la vergüenza de ser vistos al entrar al lugar; al final, el texto se resuelve cuando la mujer avergonzada casi pasa de largo si no es por el empellón que se lleva del muchacho para que entre y se consume la dificultad de las ganas: “-Esta vez no podemos pasar de largo. La muchacha aceleró el paso sin decir palabra. El muchacho volvió a mirara hacia atrás. -No hay tanta gente- dijo. -Entremos como si nada… la muchacha, sin embargo, quiso seguir de largo pero levemente el muchacho la empujó hacia adentro, como si ya hubiera empezado a acariciarla.” (LD: El lugar difícil, pp. 24-25)

Fácilmente este texto podría haber hecho parte de su segundo libro de cuentos titulado Simulacros de amor. Donde se hallarán, entre las líneas de sentido, varios cuentos que ironizan la visión del amor de: los ejecutivos-burgueses ajenos al lúdico y espontáneo deseo de una mujer risa, las relaciones entre los jefes y las subalternas, la incertidumbre del cachorro estudiante ante el sí y el no de su maestra. En síntesis son cuentos que evalúan, que carnavalizan al ser desde la manera coma asume el amor, la sensualidad y la sexualidad.

Para cerrar el encuentro, de esta sintética exposición sobre la obra prima de Badrán y sus implicaciones hablaré del registro simbólico. El cuento que consolida el máximo distanciamiento simbólico es La tierra que nos rodea” Texto que tal vez, da cuenta de la influencia simbólica de escritores como Borges, Cortazar, autores que han llevado a límites insospechados la imaginación. En el texto no hay ningún indicio cercano o sugerente a la realidad social; toda la tensión del relato gira alrededor de un fenómeno que comúnmente ocurre en las playas de Marbella cuando hay brisa, el cual es una constante esparsión de la arena hacia las casas del barrio.

Este motivo tomará en el cuento la dimensión de plaga; la arena se apropiará de la casa, los encerrará, tendrán que refugiarse, no podrán escapar; aunque se le acaben los víveres tendrán que resignarse a morir en cautiverio; La casa ha sido tomada por la arena; se hallan condenados, arrinconados en su morada. Tal vez el cuento encarna una metáfora de todos los sometimientos, destrucciones, desapariciones, traiciones y cambios insustanciales que están aconteciendo con el barrio y sus habitantes. Así la arena arremete como la violencia que condena a la abuela a vigilar por siempre la puerta, para impedir que siga penetrando la desgracia en el hogar; la arena los desplazará al igual que el desmoronamiento del Hotel Bellavista; la tierra expulsará a los sujetos populares como lo realizaron los seres grises -los militares-; así los sujetos populares por los siglos de los siglos modernos serán condenados y asumirán resignados el exilio; no habrá descanso, ni tierra prometida, tan solo asfixia, degradación y orfandad:

“Papá me dice para distraerme que ya, también, nosotros somos pura tierra. A mamá sin embargo, le parece que los camiones del municipio se están llevando ya la tierra. Papá me grita desde la cama que ya, no tiene sentido ponerse a llenar botellas. Es puro barro lo que sale de la pluma. Por las noches nos dormimos sin preocuparnos porque sabemos que la maldita tierra acabará por destrozar las puertas del cuarto, se meterá por los últimos rincones de la casa y nosotros entonces, ya no tendremos otro lugar donde refugiarnos” (LD: La tierra que nos rodea, p.85)

Este registro simbólico alcanzará en la primera novela Lecciones de vértigo mayor fuerza; allí los personajes se asomaran al vértigo del hombre en la ciudad; se consolidará en el bello libro de cuentos Simulacros de amor donde habrá una fuerte presencia de los mundos imaginarios, de las realidades invisibles, del régimen nocturno del ser, todo aquello que escapa a nuestra condición racional.

Por último valga celebrar como toda esta suma de registros, el escritor magangueleño, los logra conjugar en el tejido de su última novela de genero negro titulada Un cadáver en la mesa es mala educación.

Para resumir, en primera medida, solo quería extender la necesidad de asumir unos compromisos y unas tareas así sean desde las regiones, y en especial las universidades, para dar cuenta de las producciones literarias de la región con miras a establecer un diálogo que permita reconstruir la historia de la literatura nacional.

En segunda medida tan solo pretendía ilustrar cómo el autor va decantando en su trayectoria estética, las pulsiones, las preguntas espinas que lo atraviesan desde el momento mismo que padece el vicio humanista de reconocerse escritor; mostrar como Pedro Badrán ha ido decantando las evaluaciones del mundo, los registros y los lenguaje que esbozó desde su obra prima, el texto semilla que testimonia los cambios que han hecho del Caribe y de Colombia: un lugar difícil.

 

BIBLIOGRAFÍA

BADRÁN, P. (1985). El lugar difícil. Bogotá: Ediciones En tono menor y sociedad de la imaginación.

BADRÁN, P. (1994). Lecciones de Vértigo. Bogotá: Editorial Planeta.

BADRÁN, P. (1996). Simulacros de amor. Bogotá: Editorial Magisterio.

BADRÁN, P. (2001). El día de la mudanza. Bogotá: I. D. C. T.

Badrán, P. (2002). Hotel Bellavista y otros cuentos del mar. Bogotá: Editorial Norma.

BADRÁN, P. (2002). Todos los futbolistas van al cielo. Bogotá: Editorial Norma.

BADRÁN, O. (2002). Un cadáver en la mesa es mala educación. Bogotá: Editorial Norma.

CRUZ, F. (1994). La sombrilla planetaria. Ensayos sobre la modernidad y la postmodernidad. Bogotá: Planeta colombiana editorial.

CRUZ, F. (1998) La tierra que atardece. Ensayos sobre la modernidad y la contemporaneidad. Bogotá: Planeta colombiana editorial.

GRUPO DE ESTUDIOS DE LITERATURAS Y REPRESENTACIONES LITERARIAS DEL CARIBE (2006). Pedro Badrán Padauí: la mudanza a través del espejo. Cartagena: Canal de televisión Universidad de Cartagena.

JARAMILLO VELEZ, R. (1994) Colombia: la modernidad postergada. Bogotá: Temis.

PATIÑO ROMERO, F. Visión de mundo en la poesía de En tono menor: de lo revolucionario a lo popular. Cartagena: Programa de Lingüística y Literatura. Universidad de Cartagena (paper).

 

Notas

[1] Este ensayo hace parte de la investigación titulada “Narrativa Regional: La pregunta por la Identidad en seis narradores contemporáneos de Bolívar” desarrollada por CEILIKA: Centro de Estudio e Investigaciones Literarias del Caribe (Grupo Interinstitucional Universidad del Atlántico - Universidad de Cartagena)

[2] Magíster en Literatura Hispanoamericana del Instituto Caro y Cuervo. Docente auxiliar de tiempo completo del Programa de Lingüística y Literatura de La Universidad de Cartagena. Miembro de CEILIKA (Centro de Estudio e Investigaciones Literarias del Caribe Colombiano -Universidad de Cartagena - Universidad del Atlántico-)

[3] Pedro Badrán nació en 1960 en Magangue (Bolívar). En 1979 fundó en compañía de unos amigos la revista literaria En tono menor, de gran importancia para la vida cultural de Cartagena de Indias, al tiempo que sus primeros trabajos aparecían publicados en diversos medios nacionales. Su obra abarca cuentos y novelas de gran diversidad temática y estilística. Su novela Lecciones de Vértigo (1994) y el libro de cuento Simulacros de Amor lo situaron entre los escritores más destacados de su generación. En el año 2000, ganó el premio nacional de novela breve de la Alcaldía Mayor de Bogotá con su obra El Día de la Mudanza (2001). En el año (2002) publica el libro de cuentos Hotel Bellavista y otros relatos del mar. Ese mismo año publica el relato de literatura juvenil Todos los futbolistas van al cielo; su última novela Un cadáver en la mesa es mala educación (2006), le mereció una beca otorgada a finales de 2003 por la alcaldía de París.

[4] BADRÁN, P. (1985). El lugar difícil. Bogotá: Ediciones En tono menor - Sociedad de la imaginación. Aparecerá referenciado como LD.

[5] Se usarán apartados de la entrevista titulada “Pedro Badrán: La mudanza a través del espejo” realizada por el Grupo de estudios de literaturas y representaciones literarias del Caribe (GELRCAR), 2006}

[6] Tal vez hace un homenaje distanciado al maestro Rojas Herazo quien confesaba ser un patiero viejo.

[7] BADRÁN, P. (2002). Hotel Bellavista y otros cuentos del mar. Bogotá: Editorial Norma. Aparecerá referenciado como HB.

 

© Wilfredo Esteban Vega Bedoya 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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