La imposibilidad del cierre heteronímico
(o de la necesidad de un “baúl infinito” en la poética pessoana)

Fabio Vélez Bertomeu

Universidad Autónoma de Madrid
Fabiovb17@hotmail.com


 

   
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Resumen: Este artículo trata de tematizar, a partir de la distinción entre seudonimia y heteronimia, la aporía ficcional que fecunda y constituye la poética pessoana.
Palabras clave: Pessoa, ficción, aporía, heteronimia, seudonimia.

Abstract: This article tries to point out, from the distinction between heteronyms and pseudonyms, the fictional´s contradiction that explains the fecundity and the constitution of Pessoa´s poetics.
Key-words: Pessoa, fiction, contradiction, heteronyms, pseudonyms.

 

de tantos si-mesmos
que mal presentimos
na seca solitude
de seu sobretudo.

       C. Drummond de Andrade

Pessoa. ¿Quién es Pessoa?

Pessoa es (¿o son?) Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Álvaro Campos y Fernando Pessoa. Pero también Bernardo Soares, Rapahel Baldaya, Antonio Mora, Jean Seúl, Thomas Crosse, Charles Robert Anon, Charles Search, Alexander Search, Barão de Teive, Pantaleão, A. A. Crosse, C. Pacheco, ...

Busco a Pessoa, abandono la ficción. He decido encontrarlo en lo real.

La pista me la dio un célebre retratista: «el individuo está en el rostro»[1]. Pensé que Pericoli, alguien en continuo contacto con la realidad y la ficción, me encauzaría por el sendero apropiado. Antes de abandonarme, no olvidó despejarme la vista: «el retrato es lo que está oculto. Pero es también lo que la imagen saca fuera: desvela, revela, hace aflorar» [2]. Tras observar cuidadosamente una excelente fotobiografía al cuidado de María José de Lancastre [3], advertí que este rasgo no se desprendía de las fotos y los retratos de Pessoa. Mi desesperación aumentó, aún más si cabe, cuando pude comprobar cómo incluso las caricaturas (estoy pensando en las de Manuel S. Cabanas, João Abel Manta, David Levin o Almada negreiros) negaban la sentencia que Pericoli me había transmitido. Pessoa, el retrato de Pessoa, sólo alumbraba la figura de una escritura. Había una mismidad que recorría todas las imágenes, una yoidad que, impregnada de desaliento, parecía escapar al paso del tiempo. Pessoa nació Pessoa.

Entonces... ¿cómo explicar esa convivencia de personajes, de escrituras, de estilos, de... firmas? ¿Quién escribe? ¿Cuántos escriben? ¿Escribe solo? ¿Acompañado? ¿Quién es él? ¿Quién? - Quem sou? Quem escreve? Quem assina? -. En definitiva, ¿seudonimia o heteronimia?

Respuesta: Muerte del autor y heteronimia. Aquí se juega toda la poética de Pessoa.

Ahora bien, ¿cómo llevó a cabo tal tarea? Pues bien, Pessoa (que, de aquí en adelante, denominaremos Pessoa(s) [4]) no hizo sino seguir la estela cervantina, y dar una “vuelta de tuerca” más a la ficcionalidad moderna.

El “Quijote” es fundamentalmente moderno porque crea metaficción, es decir, porque en la segunda parte del Quijote los personajes han leído la primera y la han incorporado como un elemento de ficción más. Pessoa(s), siguiendo la marcha empezada [5], en un gesto titánico de apropiación desapropiadora, al hacer de Fernando Pessoa discípulo de sus diversos heterónimos (aunque fundamental de Caeiro) [6],

«Soy, no obstante, menos real que los demás, menos coherente, menos personal, eminentemente influenciable por todos ellos. Soy también discípulo de Caeiro...»

comprometía la extensión de su obra a otro tipo de metaficcionalidad. Es decir, a una ficción especial en la que el autor quedaba reabsorbido por la ficcionalidad de la heteronimia, impidiendo cualquier escapada y negando su posición (y su carácter) extra-ficcional. Fernando Pessoa (autor) quedaba integrado en Pessoa(s) (heterónimo), es decir, se convertía en obra de su obra. Con este sutil gesto, se desmantelaba cualquier posible afuera heteronómico, como también la posibilidad de que el autor quedase escondido tras la seudonimia. Ya sólo restaba el texto y las escrituras, la ficción y la heteronimia. En este gesto se jugaba el quéhacer pessoano(s), pero también su imposibilidad constitutiva.

Volvamos por ello de nuevo a la figura de las firmas para ver ese “resto” que la ficcionalidad no habría podido fagocitar. Así, pues, si bien es cierto que Pessoa(s) embiste al autor [7]

«Fijar un estado de alma, aunque no lo sea, en un verso que lo traduzca impersonalmente; describir las emociones que no se han tenido con la misma emoción con que se sintieron- tal es el privilegio de los poetas...»

el problema que aflora sin término obedece al hecho nada desdeñable de que la herida no haya sido certera. Esto quiere poder decir algo así como que Pessoa(s) queriendo liquidar al autor, sólo ha logrado dejarlo malherido [8].

«Estaba Fernando Pessoa, pero como si no estuviese»

Veámos el porqué. Si bien la estrategia de reabsorver a Fernando Pessoa como un heterónomo más, traía consigo un inexorable corte umbilical para con el autor Fernando Pessoa, no lo es menos que la heteronimia debe constantemente reinventarse así misma para no petrificar esa diseminación ficcional que había abierto la negación del afuera real. En este sentido, la ficción y la heteronima rechazan cualquier posibilidad de catalogación, de límite. Pues como ya habíamos expuesto, la estrategia magistral de Pessoa había sido la de romper, por medio de la reconversión y asimilación de Fernando Pessoa como heterónimo, con una realidad que se presentaba como oposición a la ficción y que, en cierto modo, la constituía como tal. De ello deducimos que la estrategia ha traído fundamentalmente una peculiar ampliaciónde la ficción [9], su condición de ilimitada.

«He tenido siempre, desde niño, la necesidad de aumentar el mundo con personalidades ficticias»

Ahora bien, para cumplir de hecho con esta estrategia Pessoa(s) debe poder llevar a cabo, mediante un proceder recursivo y una retro-alimentación creadora, una ilimitada producción heteronímica [10].

«VIVEN en nosotros sin número»

En caso contrario, es decir, si la heteronimia fuese finita (y, por ello, las firmas enumerables, reconocibles y catalogables) surgiría de nuevo la cuestión de la autoría y del afuera ficcional. La aporía de la autoría literaria y de las firmas surge, entonces, de la imposibilidad de realizar, de hecho y de derecho, la heteronimia absoluta. Por tanto, en esta marcha se advierte la imposibilidad del cierre heteronómico y ficcional, y la idea de que el “baúl infinito” funciona única y exclusivamente como hipótesis regulativa de la creación heteronómica (Pessoa(s) llegó a la cifra astronómica y abrumadora de 72). Sin embargo, en este fracaso ficcional y heteronómico, hemos advertido el problema que fecunda y mueve a la obra de Pessoa(s). Problema, por otra parte, que quizá no sea otro que el de toda la lírica moderna [11]. Dicho de otro modo, y enlazando este final con el inicio del texto, la aporía ficcional de que el retrato de Pessoa nunca pueda ser el retrato de Pessoa(s).

 

Notas:

[1] T. Pericoli, El alma del rostro, Siruela, 2006, p. 29.

[2] T. Pericoli, op. cit., p. 40.

[3] María José de Lancastre, Fernando Pessoa. Uma Fotobiografia, Imprensa Nacional-Casa da Moeda, 1994.

[4] Con esta palabra que ensayo, trato de remendar la posibilidad (en principio siempre fallida) de nombrar la heteronimia de Pessoa, a la vez de clarificar el hecho, pocas veces mentado, de que: «Pessoa es la heteronimia: hablar simplemente de artificio literario sería suficiencia y presunción», A. Tabuchi, Un baúl lleno de gente, Huerga & Fierro, 1997, p. 47.

[5] De lo dicho se puede deducir que excluyo la interpretación psicológica de la heteronimia pessoana. Si bien, Pessoa justifica en alguna ocasión su poética desde esta perspectiva: «El origen de mis heterónimos es el profundo rasgo de histeria que hay en mí. No sé si soy completamente histérico o si soy, más exactamente, un histérico-neurasténico». Aunque también, cabe recordar, para afirmar poco después: «Esto explica, tan bien que mal, el origen orgánico de mi heteronimia», Un corazón de nadie, Antología poética, Galaxia Gutenberg-CL, 2001, p. 576 (a partir de ahora citaré por esta edición bilingüe). Para un estudio pormenorizado de este asunto, véase: Mario Saravia, El caso clínico de Fernando Pessoa, Ediciones del oriente y del mediterráneo, 1990. A título de curiosidad, Saravia diagnostica a Pessoa una “hebefrenía mixta”.

[6] Pessoa, p. 587.

[7] Pessoa, p. 489. A este respecto, es interesante la descripción que hace Georg Rudolf Lind del ambiente estético-literario en que vivía Pessoa de “subjectivismo fatal“ y del culto “da inspiração ultra-romântica“, Estudos sobre Fernando Pessoa, Imprensa Nacional-Casa da Moeda, 1981, pp. 309 y ss. Así dirá Pessoa: «El poeta es un fingidor», p. 545; Caeiro: «No siempre soy igual en lo que digo y escribo», p. 123 (el resto de citas de Pessoa provienen de esta edición); Campos: «No sé bien si soy quien siente», p. 313.

[8] Pessoa, p. 597

[9] Pessoa, p. 586.

[10] Reis, p. 301.

[11] Así, O. Paz ha escrito: «La experiencia de Pessoa, quizá sin que él mismo se lo propusiera, se inserta en la tradición de los grandes poetas de la era moderna (...) El yo es un obstáculo, es el obstáculo», Cuadrivio: Darío, López Velarde, Pessoa, Cernuda, Joaquín Mortiz, 1985, pp. 161-2.

 

© Fabio Vélez Bertomeu 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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