La poesía de Carlos Fajardo Fajardo: secuelas del mito

Andrés Burgos Bohórquez*


 

   
Localice en este documento

 

Resumen: Poesía como necesidad, como subversión creativa. De tono taciturno y desertor, Carlos Fajardo Fajardo crea con su lenguaje un nuevo ser omnisciente que juzga las desdichas de sus pares, de esos otros que no han despertado, que permanecen ciegos. La poesía de Fajardo es la poesía de quien conoce el mundo, sus versos son reflejo de la sociedad que percibe injusta y ambivalente; este es el eje temático de su obra, recurrente en la gran mayoría de sus poemas.
Palabras clave: Carlos Fajardo Fajardo, poesía colombiana

 

La desgracia de la realidad es la gracia de la poesía
Carlos Fajardo Fajardo [1]

Carlos Fajardo Fajardo, filósofo, ensayista y poeta colombiano es uno de esos poetas cuya obra sólida y desertora ha permanecido escondida en los estantes de las librerías esperando a un lector que busque despertar de su cotidianidad para asumir, junto con su voz, una mirada crítica de nuestra sociedad.

Entre sus obras se destacan Origen de Silencios (1981), Serenidad Sitiada (1990) Veraneras (1995), Atlas de Callejerías (1997), Tierra de sol (2003), que debido a su poca difusión, tal vez por gusto propio, carecen de comentarios críticos. El fin de este artículo es justamente sentar un precedente, dar a conocer la obra de un buen poeta para que sea leída y disfrutada.

En primera instancia, habría que decir que este caleño está influenciado en gran medida por los autores de “Mito”, principalmente por Jorge Gaitán Durán. A este respecto, el mismo poeta nos dice:

La poesía colombiana comenzó a vivir una transformación en su ethos y esteticidad a partir de los años cincuenta con el grupo y la revista MITO. Sin duda Mito alcanzó a tocar, y a poner en tela de juicio algunas características de una sociedad que se debatía entre la organización agraria y conservadora y la irrupción de una modernización económica que exigía el país. [...] Sacudió una “tradición” poética basada en la concepción señorial hacendaria, e hizo de su creación y estudio un ethos y una estética que, con algunas excepciones, faltaba asumirse en Colombia [2].

Cabe mencionar también, que algunos de sus poemarios han sido publicados bajo un proyecto editorial (del cual es cofundador junto a los poetas Jorge Eliécer Ordóñez, Julio César Goyes Narváez y Gabriel Ferrer) cuyo nombre es Corporación literaria “Si mañana despierto”, homónimo de una de las obras más representativas de Gaitán Durán.

De ahí que Fajardo haya heredado el tono y la temática del hombre en crisis que se debate entre la angustia y el erotismo, producto de la autoconciencia. Aspectos que extienden el Mito en la contemporaneidad. Aunque en una época menos álgida que los cincuentas, Fajardo prolonga el mito en la modernidad colombiana a partir de la reproducción de formas, figuras semánticas, imágenes y temáticas que se abordarán a continuación.

SI MAÑANA DESPIERTO

De súbito respira uno mejor y el aire de la primavera
Llega al fondo. Mas sólo ha sido un plazo
Que el sufrimiento concede para que digamos la palabra.
He ganado un día; he tenido el tiempo
En mi boca como un vino.
              Suelo buscarme
En la ciudad que pasa como un barco de locos por la noche.
Sólo encuentro un rostro: hombre viejo y sin diente
A quien la dinastía, el poder, la riqueza, el genio,
Es un enemigo más temible que Dios,
El sueño que puedo ver si mañana despierto
Y sé que estoy vivo.

Mas de súbito el alba me cae entre las manos como una naranja roja

               Jorge Gaitán Durán [3]

 

EN SECRETO

Ahora que te has estado contemplando de cerca
Caminas lento hasta tu casa
Y crees oír
El clamor de una vida que no te pertenece.
Ah, cómo se aleja la gratitud de la vida
Consumes el fuego
Dormitas en ti mismo para siempre.
Has comido el vidrio de tu locura
Necesitas el día abierto
La cabeza limpia
Para servirte en bandeja los poemas
O para que una vez más
Ellos te insinúen
Qué tan de prisa has estado viviendo

           Carlos Fajardo Fajardo [4]

Resulta obvia la influencia de Gaitán Durán en Fajardo: en primera instancia, ambos tienen el mismo tono reflexivo manejando un lenguaje que podríamos llamar cotidiano; en ambos casos el verso es libre y la temática similar, a saber: la necesidad del poeta de escapar de la realidad inmediata para tener un proceso de extrañamiento que le permita crear y/o disfrutar de la poesía, pero sólo por un momento, un momento de asombro para entender el mundo, una estancia mágica que extrae al poeta y que le permite ser. Es la palabra la sustancia emancipadora: anestesia del sufrimiento o postre de la locura.

En ambos poetas hay figuras sinestésicas que hacen que los versos sean más perceptibles: en Gaitán Durán, tenemos el verso “en mi boca como un vino”, mientras en Fajardo encontramos “has comido el vidrio de tu locura”, en donde no sólo existe sinestesia sino también metáforas similares. Por otro lado y, apartándome de los ejemplos, la obra de Gaitán Durán tiene como temas recurrentes el erotismo y la muerte así como la angustia y el desencanto por la vida. Posteriormente veremos cómo estos ejes temáticos son los mismos en Fajardo.

Si nos detenemos dos segundos a pensar en los títulos de los poemarios de Fajardo (Serenidad sitiada, Origen de silencios, Dios se ha fatigado...) podemos darnos una idea de lo que encontraremos entre sus páginas: la poesía como necesidad, como subversión creativa. De tono taciturno y desertor, crea con su lenguaje un nuevo ser omnisciente que juzga las desdichas de sus pares, de esos otros que no han despertado, que permanecen ciegos. La poesía de Fajardo es la poesía de quien conoce el mundo, sus versos son reflejo de la sociedad que percibe injusta y ambivalente; este es el eje temático de su obra, recurrente en la gran mayoría de sus poemas.

El poeta es como Orfeo, ha estado en el infierno y ha sobrevivido a él para poder cantarlo. Si se me permite la analogía, el infierno no es otro que la misma ciudad. Y en contraposición a este está el cielo, es decir, el campo, la naturaleza como sinónimo de emancipación humana, de expresión sentimental.

Así, encontramos en la primera parte de su Serenidad Sitiada algunos poemas que se mueven en esta dicotomía: “parejas” [5], “visión” y “vereda”, éste último lo transcribo a continuación:

VEREDA

Qué caballo de fuego se aproxima
Y en silencio suplanta
Tu tranquila hierba que duerme monótona?

Sueñas tranquila un despertar de regocijo
Confiada en las hojas centinelas Que protegen tus campos

Nadie te salva solitaria
Del siglo ciudadano de los hombres
. [6]

En los versos anteriores observamos el temor de la inconmensurable modernización que urbaniza hasta a la naturaleza. Descontextualizando este poema de 1990, perfectamente podría ser un verso de algún poeta mítico que enfrenta el dinamismo incipiente de la modernidad cuyo reflejo más cercano es la urbanización. El diálogo que el yo lírico entabla con la vereda implica una figura de personificación recurrente en Fajardo, una personificación que victimiza lo telúrico en relación con la ciudad hostil, “ese caballo de fuego” que se aproxima y que, irremediablemente llegará. Pero también está la vereda que se erotiza en otros versos, dialogando con la metáfora de Gaitán Durán.

Si los versos que se cantan desde el campo están cargados de angustia por el devenir, los que se cantan desde la ciudad están inmersos en la modernización ya implantada, que aún no llega a la vereda; la ciudad donde la nostalgia del amor y del campo se amalgaman en una relación erótica-telúrica que se opone a la thanática-urbana como pasa en “De erótico” o “Danzante” [7] de Origen de Silencios o en “La desolación de los jardines” [8], uno de mis poemas favoritos de Fajardo:

LA DESOLACIÓN DE LOS JARDINES

Aquí a veces crece la niebla
mientras la noche pasa sensual entre los barrios
pasa temblando la piel del gran tambor lunar
pasa por los brazos de los más enamorados.
Entonces de solo verlos
se me llena la cabeza de recuerdos:
Las calles, esas imágenes, los abrazos
algunos besos dados...
Ah, tantos recuerdos, Carlos, tantos recuerdos,
dime, hombre de una memoria sospechosa,
tantos recuerdos para qué?

Hoy caminas y la ciudad gime a tu lado
nos destroza uno a uno
nos desgasta
bajo su ira de piedra y el calor
cantas
escribes sus míseras paredes,
su luna de junio, sus cimientos
escribes la aniquilación de sus jardines.
Y es hora de asaltarte
de llevar un poco de amor hacia la casa
hora de rejuvenecer
de enriquecer los labios
en alguien que espera con pasión en la cama
hora de buscar un poco de calor
después de conocer esta piedad y su castigo
o de imaginarlo todo o casi todo
caminando por la estación maloliente de los trenes.

Vemos de nuevo la reiteración de la personificación: “la noche pasa sensual”, “la piel de la luna”. Esta vez se da a partir de procesos metonímicos que demuestran una complejidad grande en el proceso de creación, sumado a una serie de metáforas que recrean imágenes directas: “Mientras la noche pasa sensual entre los barrios”. La relación entre la nostalgia del amor y la nostalgia del campo se da a partir del título, “La desolación de los jardines” análoga a la desolación del poeta. Una desolación en la que ya no crece nada, sólo la niebla [9].

Aquí cabe anotar otro fenómeno recurrente en la obra de Fajardo, a saber, el desdoblamiento del yo que permite el diálogo interno del poeta: “dime, hombre de una memoria sospechosa / tantos recuerdos para qué?”, el diálogo que se da entre los dos seres en su poesía, no es más que la autorreflexión del poeta que hace explícita en sus versos. En ellos se pregunta qué ha pasado con la ciudad, con la vereda; pero también qué ha pasado con él mismo, insinuando la felicidad que implica saberse ciego y, por ende, la desdicha y la angustia del ser omnisciente, protagonista de sus versos:

La otra parte, ¿dónde está mi otra parte?

Alguien me quita la vista del día. Alguien roba mis sábados de los almanaques, los fuertes vientos de las terrazas. Alguien detiene el sol y lo destierra de mis ventanas.

No es posible gritar. Se puede aullar a la luna, pero la han exportado de mis cielos.

La otra parte. ¿Dónde está mi otra parte? Aquella saludable y tierna, la que escribió poemas de calles con soles y frondosos árboles; la que habló del verano ¿dónde está?

Alguien quita la tranquilidad de mi luz, deja sombras allí donde antes existían barrios de infancia. Alguien que soy yo mismo y otros invitados, me han despojado de mis cortinas y abierto agujeros en los cuales sólo veo pasadizos sin fin.

¿Dónde fui? ¿Adónde fueron los poemas de amor y soledad de ti? [10]

El carácter ambivalente de la voz del poeta se valida a partir de sus postulados sobre la poesía. Según Fajardo [11], la poesía es asombro. El poeta pone ante nuestros ojos posibilidades de realidad y representaciones del mundo inmediatista que huye volátil, frente al bombardeo de informaciones diarias. La poesía es la ruta de escape del mundo mediatizado, una ruta de escape natural que se reinventa en cada verso, que no tiene una forma acabada y admitida, pero que se nutre de tradición, de rigurosidad y sobretodo, de asombro. En su poética, hemos visto que la tradición es la secuela de Mito, su rigurosidad se percibe a través de las imágenes de sus versos, de la complejidad de sus metáforas y sus ejes temáticos recurrentes que se determinan recíprocamente, pero ¿de qué tipo de asombro nos habla el poeta? ¿Asombro ante qué o de quién?

No es asombro por el paisaje telúrico y exuberante, o el asombro erótico de una musa-símbolo [12], porque estos temas son periféricos. Es un asombro individual que lucha por lo colectivo, que necesita la condensación de la poesía para estallar, para ser escuchado. Es, al decir de Fajardo:

Un lenguaje que unido a la experiencia vital, a la imaginación, a la emoción, al deseo, a la reflexión comienza a generar uno de los más grandes acontecimientos en la existencia humana: la fundación de un Ser a través de la palabra, donde las cosas brillan como por primera vez. [13]

Si Fajardo busca la creación de un nuevo ser cuya visión permee los sistemas culturales montados sin previo aviso, el asombro se da cuando este nuevo ser capta las “desdichas” que la urbe tecnocrática esconde.

Mientras no haya asombro no hay despertar de la conciencia, y mientras no haya despertar de la conciencia, la poesía no puede hacer más que complacerse con lo que la realidad le brinda; en este plano se han quedado muchos poetas:

[... ] han sido demasiado complacientes con la realidad,demasiado resignadas a observar sólo el lado claro de
ella, el más fácil entre otras cosas de observar y han dejado a un lado, la dificultad de escudriñar en el oscuro. Así la poesía colombiana ha olvidado una de las funcio nes del arte como es la de expresar con deseos profun dos el ansia de unirse con el todo. [...] se ha olvidado de aquella reflexión global sobre lo que existe y sólo ha recordado una parte del arte: el juego imaginativo. [14]

Sin embargo Fajardo sí se sumerge en el lado oscuro de esa realidad de hambres y sufrimientos, de hostilidades y no-futuros. Ese paso hacia la oscuridad no es sencillo. No es fácil lograr el renacimiento del ser sin pasar por una etapa de transición. Y es esta transición el asombro del que habla el poeta. Fundamental para la poesía que no se estanca en el plano iluminado. La oscuridad implica ceguera, mas para Fajardo, simboliza la multiplicidad de saberes desconocidos que la luz cultural relegó al rincón más escondido, la respuesta al interrogante del que necesita escribir. El motivo del caminante que se detiene y mira al cielo. El cielo azul, el asombro que nos permite ver

una realidad desnuda que muestra lo bueno y lo malo, las sombras inherentes a la luz y el cielo visto desde la neblina.

Refiriéndose a Mito, Fajardo habla de que “la palabra fue acción, formulación y fundación no solo de un ser literario, sino del reflexionar sobre la tradición y el arduo presente político del país” [15]. Luego de lo que hemos visto, creo que este párrafo podría también enmarcar su propia obra poética y, al respecto, ningún otro poema plantea mejor la situación que “El primer sol” de Serenidad Sitiada:

EL PRIMER SOL

Si escribí fue tan solo para no morir
En mis primeros años
no contaba con la astucia de hombres muertos
Caminaba entre higueras marchitas
conociendo de prisa la silueta de las cosas
sin olvidar sus formas
me detuve a darles nombre.
Así aprendí el mundo.
Ahora no puedo faltar a mi palabra.
De este a oeste
igual a péndulo de arena
mi deseo crece cotidiano

En estos versos, Fajardo plantea su sentir de la poesía en una especie de poética que resume en un verso: “si escribí fue tan sólo para no morir”. Un verso tan diáfano y profundo, busca ubicar al lector en la realidad del poeta con una sentencia tan radical que transmite la esencia de la poesía como catarsis, como necesidad y lucha, como posibilidad de cambio, como respuesta a un interrogante que la sociedad hizo tácito. Aquí aparece también el tema de la muerte, entendida como la ausencia de la poesía, elemento presente en muchos de sus poemas. (Valga mencionar a “Los olvidados”, “Preámbulo”, “Tú que ya no estás aquí” de Serenidad sitiada, para citar algunos).

En los versos que siguen de “El primer sol”, el poeta cuenta cómo era su vida antes del asombro, de la reflexión y del nacimiento de ese ser omnisciente del que hemos venido hablando. Frente a una cultura veloz, que pasa casi sin darnos cuenta, ofreciéndonos perturbadores relatos en un marco absurdo de consumismo pasivo y anacrónico. de “higueras marchitas”, no queda más que apresurarnos a seguir a la multitud, una masa sin poesía, que no puede detenerse a observar, sino que sólo atina a conocer “deprisa las siluetas de las cosas”. Pero el poeta no se queda en ese plano, sino que se detiene a reflexionar, a asombrarse: “me detuve a darles nombre” y entonces surge ese nuevo ser que comprende la realidad, -como en “Visión de ciegos” o “Palabras de Orfeo” [16]de Origen de Silencios, entre otros- desde una perspectiva distinta a la de la mayoría, que me recuerda un poco el creacionismo de Huidobro [17].

En conclusión, hemos visto cuáles son las principales temáticas de Fajardo, todas cantadas por el nuevo ser que ha surgido del desdoblamiento del yo poético. Una voz que compendia el conocimiento y la experiencia necesaria para comprender los problemas sociales que genera la modernización. Este nuevo ser se parece al de las voces de Mito por su tono, sus temas y sus metáforas. Ya el propio Fajardo [18]se preguntaba si estamos asistiendo a la conformación de un nuevo movimiento literario que retome la tradición de Mito con poetas como David Jiménez Panneso, Álvaro Rodriguez, William Ospina, Samuel Jaramillo, entre otros. De ser así, seguramente Carlos Fajardo no será espectador sino anfitrión.

 

Notas:

[1] Epígrafe homónimo al título de uno de sus trabajos: La desgracia de la realidad es la gracia de la poesía. En: Universitas humanística. Vol. 30 No. 55. Ene-jun, 2005

[2] Fajardo Fajardo, Carlos. Nadaísmo y posnadaísmo: una modernidad a medias. En : Revista institucional Unincca No. 15, ( nov .1997),; p. 117.

[3] GAITÁN DURÁN, Jorge. Si mañana despierto. Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura, 1983.

[4] FAJARDO FAJARDO, Carlos. Serenidad Sitiada. Bogotá: Si mañana despierto Ediciones, 1990.

[5] Transcribo el poema “Parejas”: Escondida, parsimoniosa y alegre / la muchacha canta con una voz que halaga / al silencio del bosque. / Es esta la noche donde la estrella irrumpe con música / en la laguna detenida de aguas./ Es esta la noche que en la cabaña de algún veraneante / jóvenes se aprestan a celebrar con sus cuerpos / la ausencia de sus padres prisioneros del miedo.

[6] Ibid, p.11.

[7] FAJARDO FAJARDO, Carlos. Origen de silencios. Popayán: Fundación banco del Estado. 1981

[8] FAJARDO, Op cit., P. 32.

[9] Obsérvese la utilización del verbo crecer como recurso estético que recuerda la producción agrícola del campo y cómo es utilizado referenciando análogamente la niebla de la ciudad.

[10] Poema 17 de “Dios se ha fatigado”. Presentado en: ORDOÑEZ MUÑOZ, Jorge Eliécer. Desde el umbral, poesía colombiana en transición. Tunja: Colección UPTC, 2004.

[11] Cfr. FAJARDO, Carlos. “Algunas propuestas a la poesía colombiana de finales de siglo”. En Revista institucional Unincca de Colombia No. 7 (Ago. 1994).

[12] Término utilizado por Ordoñez Muñoz refiriéndose a la poesía de Fajardo, en el prólogo de la antología “Desde el Umbral. Poesía colombiana en transición”. Op. cit.

[13] Fajardo F. Carlos. La poesía en la línea de la resistencia. En: Cuadernos de literatura, Vol III, número 6. Pontificia Universidad Javeriana. (Julio - diciembre 1997); P.47.

[14] Ibid., p. 5.

[15] Fajardo Fajardo, Carlos. Nadaísmo y posnadaísmo: una modernidad a medias. En : Revista institucional Unincca No. 15, ( nov .1997),; p. 117.

[16] "Palabras de Orfeo”: Los poetas seremos siempre los hurtadores del alba/ y de la noche/ De la serenidad y la tormenta/ Abriremos una herida/ En el alma de todo forastero / Veremos siempre lo que fuimos y lo que somos// Los poetas/ cargaremos el dolor/ igual que los ancianos la prontitud de la muerte.

[17] Ver SCHWART, Jorge. Las vanguardias latinoamericanas. Ed Cátedra, 1991.

[18] FAJARDO, Op cit. Nadaísmo y postnadaísmo, una modernidad a medias.

 

* Andrés Burgos Bohórquez, escritor y ensayista, lingüista de la Universidad Nacional de Colombia, con estudios de Maestría en Literatura Latinoamericana en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.

 

© Andrés Burgos Bohórquez 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero37/poemito.html