Escritura, oralidad y gráfica del itinerario
de un santo popular sudamericano:
San La Muerte (siglos XX y XXI)

Margarita E. Gentile

Investigador CONICET - Museo de La Plata
Profesor Titular - Instituto Universitario Nacional del Arte
margagentile@yahoo.com.ar


 

   
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Resumen: El objeto de este estudio es la observación de un reiterado sobreentendido: en las santerías no católicas, quienes compraban ciertas imágenes -impresas o de bulto- las pedían como San La Muerte y el vendedor les entregaba una representación titulada Señor, La Muerte.Partiendo de esta observación, se recorre, con la mayor precisión posible, el itinerario de esta devoción popular siguiendo la ruta de los relatos orales y sus manifestaciones literarias y gráficas.
Palabras clave: cultos populares, santería, iconografía

 

Antecedentes

Nuestro interés en realizar este trabajo partió de la observación de un reiterado sobreentendido: en las santerías no católicas, quienes compraban ciertas imágenes -impresas o de bulto- las pedían como San La Muerte y el vendedor les entregaba una representación titulada Señor, La Muerte.

En todos los casos se trataba de un esqueleto humano, femenino, desnudo, de pie, con una guadaña a su derecha. A medida que pasaba el tiempo cambiaron algunos detalles: se le pintaron de rojo las órbitas y el extremo de la herramienta, o se la cubrió parcialmente con un manto negro.

A partir del año 2000, el color negro del manto dejó de ser exclusivo y las figuras de bulto podían estar vestidas con otros colores, según el tipo de pedido: rojo para el amor, dorado para el dinero, violeta para la armonía, etcétera.

También hacia el inicio del Milenio, el empleo de resinas sintéticas y los programas de animación por computadora permitieron cambiar la actitud del personaje, la cual se tornó dinámica en esculturas y estampitas. (fig. 1)

Figura 1. Estampitas del “Señor, La Muerte”. 1982 a 2007.

Algunos de sus devotos, con quienes conversé, insistieron en la bondad del personaje a pesar de su aspecto poco amigable, explicando que para que sea bueno bastaba con ponerlo junto a un Crucifijo, pero sin especificar cómo manifestaba su bondad.

Pero este esqueleto de pie no era la única versión del santito; según don Ramón Cabrera, -un artista artesano que talla desde hace más de 30 años estas figuras en madera de palo santo-, el esqueleto desnudo y sin guadaña, sentado sobre una esfera o un cubo, con los codos apoyados en las rodillas y la cabeza sostenida entre ambas manos, ese, me dijo, “es el verdadero San La Muerte guaraní”, reivindicando para esta figura la del Cristo de la Paciencia de las misiones jesuíticas. (fig. 2)

Figura 2.San La Muerte guaraní”. Talla en madera de palo santo por don Ramón Cabrera, 1999. Alto: 4,5 cm. Foto MG.

Tal vez por eso, a esta imagen no se la encuentra en los sitios de devoción sean éstos santuarios privados o pequeños monumentos a la vera de algunas rutas que registro periódicamente; más bien están allí las versiones del esqueleto parado y cubierto con un manto negro, con las manos juntas o con guadaña.

Y en muchos casos, estas variantes de Señor, La Muerte comparten estos espacios devocionales con Gauchito Gil, donde se puede ver que cada una de estas figuras tiene un compartimento propio, a veces con una especie de un altar por delante, pintado de rojo. (fig. 3)

Figura 3. Cajita de madera en la horqueta de un arbolito junto a una ruta de provincia de Buenos Aires. En espacios diferenciados hay dos versiones de Señor, La Muerte (justicia y bondad), junto a un Gauchito Gil, con las respectivas cintas negras y rojas. 2007. Foto: Hugo A. Pérez Campos (Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina).

También noté en los prolegómenos de este ensayo que ni San La Muerte ni Señor, La Muerte fueron tema de trabajo práctico sobre cultos populares entre los alumnos de la licenciatura en Folklore del IUNA; una sola alumna sobre más de 200 se limitó a resumir el artículo de José Miranda. Estos estudiantes no fueron los únicos reticentes. Aunque los artistas plásticos del circuito comercial que eligen sus temas entre las devociones populares lo hacen en función del impacto en la venta, hasta ahora conozco un solo caso, Joaquín Molina, que convirtió a San La Muerte en obra bajo un título que abarca casi todas las posibilidades de identificación: Señor San La Muerte. (fig. 4)

Figura 4.Señor San La Muerte, icono devocional” por Joaquín Molina. C.2004.

 

Noticias previas

Acerca de San La Muerte la noticia publicada más antigua que conozco es la de J.B.Ambrosetti; en 1917, tras un viaje por la provincia de Misiones, relataba que entre los payé o amuletos había uno llamado santo aunque no figurara en el santoral católico: era San La Muerte fabricado de plomo, con apariencia de esqueleto, bueno contra la bala y el cuchillo.

Esta mascota o amuleto recibía ciertos cuidados: se lo hacía dormir fuera de la casa, y cuando se peleaba no se lo llevaba consigo para no matar al contrario. En esa oportunidad, nuestro autor no recopiló ningún relato acerca del origen de esta mascota ni el porqué de sus características formales.

En los catálogos de la Encuesta al Magisterio (1921) correspondientes al Litoral no encontré referencias a San La Muerte, aunque es probable que una lectura cuidadosa de los textos contenga alguna. Asimismo, una recopilación de creencias y supersticiones de Corrientes publicada en 1949 no incluyó a San La Muerte; tampoco está en la edición de 1950 del Diccionario de Folklore de Coluccio, donde recién apareció en las ediciones de los años ´70. Hasta aquí llegan mis datos acerca de la mascota o amuleto y comienzan las noticias sobre el culto propiamente dicho.

 

El culto a San La Muerte

José Miranda publicó en 1963 un artículo basado en una recopilación realizada en la ciudad de Resistencia (Chaco); llamó costumbre al culto al santito denominado, indistintamente, San La Muerte, Señor La Muerte, Señor de la Buena Muerte o Señor de la Muerte, Señor de los siete poderes. Algunos creían que era San Justo cuando llevaba la guadaña, y San La Muerte cuando estaba dentro del cajón de muertos. Había tres tipos de representaciones del esqueleto desnudo talladas en madera o hueso (que algunos decían que debía ser humano):

a) sentado, con la cabeza apoyada en las manos y los codos en las rodillas;

b) acuclillado, con la cabeza sostenida entre ambas manos y los codos en las rodillas;

c) de pie, con una guadaña a su diestra.

Los nombres citados correspondían a cualquiera de las tres formas. Miranda también publicó los textos de dos oraciones, una de las cuales es la que hoy se difunde en el reverso de las estampitas. (fig. 5)

Figura 5. Oración a Señor, La Muerte en el reverso de una estampita. Este texto se fijó desde c.1960, aunque hay quienes hoy escriben sus propios conjuros.

Siempre según este autor, el culto podía ser público (en una capilla abierta los días de la fiesta), o privado (una imagen en la casa, separada de otros santos, en un altar con paños negros y velas rojas; también consideró como forma de culto privado el tener una diminuta imagen colocada bajo la piel). La imagen se bendecía llevándola debajo de una estampita o medalla durante la misa, o se aparentaba solicitar su bendición a un sacerdote católico.

 

Cronología de las adaptaciones del relato

Entre 1917 y 1963 un amuleto con nombre de santo pasó a llamarse señor y ser objeto de un culto que incluía rasgos de la liturgia católica (altar, procesión, día del año, nombre de “santo”, oración canónica, mandas, etc.) y de la magia negra medieval europea (oración redactada como una imprecación y un conjuro, ordenándole al santo destruir a los enemigos, etcétera. Como mascota había tenido poder por sí, pero como “señor” -curiosamente- podría ser manipulado mediante regalos y castigos.

La difusión de la existencia de esta mascota se inició con la breve noticia de Ambrosetti a la que se agregó el largo artículo de Miranda, 46 años después cuando ya era un culto con las características que venimos de resumir.

En el interin tenemos un período durante el cual se trató desde el gobierno nacional de erradicar las supersticiones mediante planes de alfabetización. Estas circunstancias explicarían, en parte, la falta de interés a nivel científico por el tema que pasó, como lo muestra el artículo de Miranda, directamente al ámbito del Folklore, de suyo originado en estudios literarios. Pero, lo que en ese momento ya era un culto, continuó vigente y algunas manifestaciones artísticas lo transformaron en material de obra.

 

Literatura, música y cine

En 1969, Jorge O. Ott & Mario Molina y Vedia realizaron un cortometraje titulado “En busca de San La Muerte”, basado en un cuento de María Luisa Acuña sobre la vida de una mujer chaqueña; la documentación para el film la proporcionó José Miranda, el autor que reseñamos antes.

Acuña era especialista en literatura latina, lo que explicaría que el film se abriera con una versión abreviada de una cita de Apuleyo, tal vez en un intento de relacionar esta creencia con otras creencias latinas, pero sin que mediara ninguna otra explicación al respecto (Apuleyo, LXI, 1-3).

En el film, una vecina recomendó a la protagonista, acosada por las penurias, que fuese a la ciudad de Corrientes a comprar una imagen de San La Muerte tallada por los reclusos en la cárcel porque esos San La Muerte eran “buenos”. Estas figuras representaban al esqueleto de pie con la guadaña; en una feria aledaña también se vendían dijes de metal.

Se insistía en el film en la importancia del culto a San La Muerte en la ciudad de Corrientes donde, además, se cantaba un chamamé que narraba la ida a la fiesta, el 15 de agosto; con este fondo musical se mostraba una procesión con un anda precedida por banderas rojas hasta una casa donde también se pudo ver, aparentemente en otra habitación, en un altar adornado con tul y raso celeste, varias imágenes femeninas cubiertas con capitas de los mismos materiales. En cambio, la habitación dedicada a San La Muerte estaba pintada o revestida en rojo.

 

Literatura devocional

Respecto de los textos de los conjuros llamados oraciones, el que se reproduce hoy día en el reverso de las estampitas parece que fue redactado por el señor Maule, de Resistencia, quien lo vendía mecanografiado en la década del ´60, según Miranda; pero Coluccio también consiguió en la misma ciudad, unos años después, otras dos oraciones. Si bien hoy día podríamos decir que el texto ya se fijó, sin embargo algunos devotos todavía redactan sus propios conjuros. (M. Faletti, com.per.).

El paso del área rural al área urbana parece que se produjo un poco antes de 1980; en esa fecha ya se encontraba el culto a San La Muerte en la ciudad de Buenos Aires; pero recién en 1997 se publicó un librito con la historia del santito, oraciones dedicadas y ritos propios de la umbanda, coincidiendo con la difusión de este tipo de culto. No obstante la yuxtaposición, este texto tocaba dos puntos interesantes para el trazado del itinerario de esta devoción:

a) las explicaciones retrospectivas para justificar la existencia actual del culto citando una imaginaria cadena de pervivencias históricas;

b) la relación entre San La Muerte y Exú, un orixá que no era ni bueno ni malo.

El autor, escudado en un seudónimo con reminiscencias grecolatinas: Arcadio, siguió a Miranda y Coluccio en lo que hacía al culto en sí, pero no resolvió la contradicción generada por su propia propuesta, que partía de la transformación de un entierro prehispánico en una representación de la Muerte sentada hasta llegar a su vigencia actual como esqueleto de pie, entre otros temas. Su aporte, a mi entender, fue la explicitación de la Umbanda relacionada con San La Muerte, notoria ya las banderas rojas y las imágenes vestidas de celeste en el film de 1969.

Entretanto, los reclusos en la cárcel de Corrientes, quienes ya tallaban imágenes para la venta en los años ´60, continuaron haciéndolo; uno de ellos alcanzó éxito artístico y comercial; y otros convirtieron sus propios cuerpos en un nuevo soporte del culto mediante tatuajes de la oración y del esqueleto de pie, algunos con manto y guadaña, en estilo Dark, o Gótico, y otros sumamente estilizados (Batalla & Barreto, 2005). (Fig. 6)

Figura 6. Oración a Señor, La Muerte tatuada en la espalda de un recluso en la cárcel de la ciudad de Corrientes. Según Batalla & Barreto, 2005.

Al contrario del conjuro citado, cuyo texto no se volvió a modificar, ya vimos que las figuras impresas modificaron la calidad de su gráfica; y las imágenes de bulto incorporaron en julio de 2007 a los colores mantos conocidos, uno de color verde muy claro cubriendo una figura que avanzaba con gesto decidido llevando en la diestra una balanza similar a la de la Justicia en vez de la guadaña.

En ese momento también los objetos de uso diario derivados del culto parecían haber cubierto casi todas las posibilidades de formatos y materiales: escapularios, almanaques, velas, pulseras y collares de mostacillas blanquinegras, cintas para el espejo del auto, y un larguísimo etcétera. También aparecieron unas pequeñas imágenes de metal blando que copian en tamaño y forma a la figura del San La Muerte sentado, es decir, guaraní, pero cada una de ellas pintada de color diferente según el pedido. También hay imágenes del mismo tamaño y colores, del esqueleto de pie.

 

El regreso a lo sobreentendido

Como venimos de ver, se decía San La Muerte y se escribía Señor, La Muerte; esta ambigüedad se hizo evidente a partir de los años ´60, cuando el culto se dio a conocer fuera del círculo de los devotos tradicionales, habitantes de áreas rurales.

Con relación a su competencia como santo, en los años ´60 hallaba cosas perdidas; en los ´90, se adaptó a cierta crisis económica recurrente agregando conseguir trabajo; estas serían las bondades de las que hablan los devotos actuales. Notemos, por otra parte, que éstas eran las gracias que desde mucho antes se solicitaban por la intercesión de San Antonio de Padua y San Cayetano, ambos santos canonizados por la Iglesia, y también muy populares en la República Argentina.

Además, esta figura esquelética, en cualquiera de sus versiones de pie, no era una alegoría, vale decir, no continuaba la larga tradición literaria y gráfica previa en cantos de juglares e imágenes como la de Cronos o Saturno, la “Danza de la Muerte” en los grabados de Holbein [1538], y la carta número XIII del tarot de Marsella, inter alia. En este caso, si bien se tomó la imagen del esqueleto como referente, su significado actual no le recuerda al devoto lo pasajero de las cosas terrenas para incitarlo a poner su espíritu en paz sino que se trata de una imagen amenazante a quien se le dirigen pedidos de cosas inmediatas y presentes relacionadas con la destrucción de los enemigos del demandante.

En otro orden, con relación a los cambios en el espacio gráfico, observamos que desde fines de los años ´70, en las estampitas decía al pie de la figura Señor, La Muerte, y en el reverso la oración estaba igualmente encabezada. Pero en 2004 al pie de la figura ya decía San La Muerte aunque la oración seguía encabezada por Señor, La Muerte. Este avance rumbo a la amalgama de ambas figuras avisa que en poco tiempo no se podrá discernir en el culto perviviente las diferencias previas y la conversión de un amuleto protector en un santo popular vengador.

 

Un relato aglutinante

Como dije antes, alrededor del año 2000, comenzó a aparecer la imagen de Señor, La Muerte, esqueleto de pie, con guadaña, o las manos juntas, y manto negro, en los sitios a la vera de las rutas dedicados a Gauchito Gil. Por esa fecha también comenzó a circular oralmente un relato que decía que Gauchito Gil llevaba una cadena de cobre al cuello con un “talismán” de San La Muerte (sic) sobre cuyo destino, tras la muerte de Gil, nada se supo. Cada vez que pregunté porqué estaban juntos en un mismo lugar, la respuesta fue que San La Muerte (sic) era el “protector del Gauchito”. Tanto lo era que octubre de 2004 ya se había inaugurado un santuario a San La Muerte (sic) en un lugar cercano al de Gauchito Gil en Mercedes, Corrientes. También en la misma época, los visitantes al santuario de Gauchito Gil eran animados a abrazar una gran cruz ubicada en el lugar donde se decía que había sido muerto, a fin de adquirir la energía que emanaba de dicho objeto, en sintonía con algunos conceptos difundidos por la New Age (S.N.Gómez, com.per.). Y en 2004 también se definieron los tres tipos de San La Muerte (sic):

—el de la Bondad, que tiene las manos juntas;

—el de la Justicia, que lleva la guadaña;

—el de la Paciencia que es el que está sentado, sujetándose la cabeza con las manos. (Gauchita Adriana, com.per.)

De todos modos, en el sitio de la red global del santuario que comparten Gauchito Gil con Señor, La Muerte se recuerda a los “promeceros” que “cuando se pide a algún Santo no debemos pedir ningún mal para otra persona”.

 

Reflexiones y propuestas

A principios del siglo XX, en área rural del nordeste argentino era común un amuleto o mascota llamado San La Muerte, con forma de esqueleto humano, y que a mediados de ese siglo, en la misma región, se rendía culto a Señor, La Muerte, un esqueleto al que se conjuraba pidiéndole protección personal y la destrucción de los enemigos, invocándolo mediante antiguas prácticas de la magia negra medieval.

Como hipótesis de trabajo planteamos que Señor, La Muerte es una adaptación de San La Muerte ocurrida a mediados del siglo XX, y que en el entorno del cambio de Milenio se reorganizó y revitalizó dicho culto yuxtaponiéndolo con otro ya popular, localizado y preexistente como era el de Gauchito Gil.

Tal vez, dado que la imprescindible muerte trágica del protagonista del culto era, en este caso, imposible, para no contradecir la mecánica de la formación de un culto popular se le anexó el culto a Gauchito Gil, quien reunía en sí a todos los gauchos matreros pero milagreros de la campaña argentina que no pudieron alcanzar difusiòn masiva.

También proponemos, con relación a San La Muerte, que parte del itinerario de transformación del amuleto protector en “señor” vengador se cumplió intramuros de la cárcel de Corrientes, desde donde se divulgó la afirmación de que las tallas realizadas por los reclusos son “buenas”, es decir, eficaces. Además, aunque el aspecto del “santito” refiere a cosas últimas, definitivas, se le pide que favorezca al devoto inmediatamente en asuntos relacionados con la vida material.

Si bien en 1917 San La Muerte era un amuleto folk, en todo lo que podría tener de creación anónima y popular (sensu Cortazar), casi 100 años después es un nuevo culto popular con salida laboral organizado según los parámetros propuestos por Chertudi & Newbery para el culto a Difunta Correa en la provincia de San Juan.

Por otra parte, la dificultad para delimitar el objeto de estudio -en este caso un culto popular- y seguirlo en su devenir se debe, en parte, a la falta de un clero organizado en jerarquías dedicado a dicho culto; actualmente este lugar lo están creando y ocupando los libritos de venta masiva que instruyen al devoto dando, estas lecturas compartidas, coerencia a la creencia y generando códigos. Es evidente que a los devotos no les importa que los textos reorganizen todo según el ritual umbanda y/o New Age.

Finalmente, el propósito de esta presentación fue recorrer, con la mayor precisión posible, el itinerario de esta devoción popular siguiendo la ruta de los relatos orales y sus manifestaciones literarias y gráficas. Y si bien el incesante fluir en las continuidades y adaptaciones pareciera dificultar el tratamiento teórico de esta clase de objeto de estudio, la interdisciplinariedad permitió esta aproximación.

Como venimos de ver, en el estudio de la formación y desarrollo de las devociones populares actuales son importantes, además de la tradición oral, los textos que se venden en las santerías -católicas y no católicas-, los documentales televisivos y los trabajos de foklore científico. A diferencia de antaño, ya no se puede hablar en dichos espacios de investigación acerca de lo popular y lo anónimo como exclusivos puntos de partida de lo folklórico porque la actividad de los medios masivos de comunicación es, hoy día, uno de los rasgos que definen lo folklórico con más precisión.

 

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http://www.mujose.org.ar/virtual_enero.htm http://www.corrienteschamame.com
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© Margarita E. Gentile 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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