El Vodú en El reino de este mundo.
Para una relectura de la obra de Alejo Carpentier

Lic. Susana Carralero Rodríguez — Lic. Liliana Rojas Hidalgo


 

   
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Resumen: A través de El reino de este mundo, obra emblemática de Alejo Carpentier, se describen los ritos y creencias de los negros haitianos y su religión vodú, la que adquiere a través de su obra valor universal.
En el presente artículo se aborda la influencia que esta religión viva y apasionante ejerció en la novela Carpentiana; se analizan los elementos voduístas que aparecen en la novela como reflejo de la realidad del hombre haitiano, a través de personajes y situaciones precisas e ilustrado con pasajes de la obra. A partir del mismo, el lector puede acercarse al Reino de este mundo con una nueva óptica y esclarecer todo lo desconocido del vodú, comprendiendo en toda su dimensión cuanto de sublime puede existir en un culto animista.
El artículo demuestra, además, los profundos conocimientos de Carpentier sobre esta religión y el hombre caribeño en su totalidad, pues solo con un profundo dominio del tema pudo involucrar tanta realidad con la usual fantasía caribeña que él logra volver creíble.
Palabras clave: Alejo Carpentier, vodú, literatura hispanoamericana

 

A cada paso hallaba lo real maravilloso. Pero (...) esa presencia y vigencia de lo real maravilloso no era privilegio único de Haití, sino patrimonio de nuestra América entera (p 6). [1]

Así define Carpentier que lo maravilloso parte de una existencia real y que el escritor de estas tierras no requiere de invenciones fantásticas, sino que debe apoyarse en su historia, sus tradiciones y naturaleza.

Plantea la necesidad de rescatar a través de la literatura las circunstancias que rodean y condicionan la vida del hombre caribeño. Sus creencias, costumbres, hábitos alimentarios, lo típico en sentido general de un hombre que vive, ansía, sufre, sueña.

¿Qué es el vodú?

Según el Diccionario de religiones de Royston Pike, 1964, Entre los negros de las Antillas -particularmente Haití - y el sur de los Estados Unidos, culto animista en el que se mezclan la ofiolatría, el satanismo, el falismo y las prácticas mágicas. Es una extraña combinación de brujería africana (que los esclavos llevaron consigo) y algunos elementos de la liturgia cristiana. Entre sus deidades figuran “Barón Samedi” dios de los cementerios y soberano de los muertos y “Maestra Erzulie” diosa del amor. Hasta el siglo pasado el principal sacrificio era el de una muchacha blanca; pero hace ya mucho tiempo fue sustituido por un cabrito, también perros negros, cabras, gallos y gallinas(...). El jefe de un grupo de sacerdotes lleva el nombre de rey. La danza a la luz de la luna, en torno a las hogueras encendidas en la selva, es parte esencial del rito. Los fieles, en éxtasis devoran la carne de los animales recién sacrificados)

Carpentier se regodea en su novela El reino de este mundo en describir los ritos y creencias de los negros haitianos, su religión vodú, que adquiere a través de su obra valor universal a lo largo de la historia humana. La obra ofrece al mundo los secretos de un culto apasionante y hermoso.

Recrea los poderes de la otra orilla con su natural barroquismo, refleja como la religión de los negros haitianos toma fuerza por encima del catolicismo impuesto, al toque del tambor se aferran con delirio a su fe, a su Ogún-guerrero, a su Ogún-Changó invocado por sus hijos sedientos de libertad. Con sus bailes desnudos alrededor de la gran hoguera y los sacrificios de animales, completaban el ritual maravilloso de sus ceremonias.

El reino de este mundo es una novela que recoge magníficamente la revolución de esclavos en Haití. Inserta sus personajes en un marco ambiental que va mas allá de la realidad, lustra el sincretismo manifiesto en la religión de los negros, pero también la sensibilidad, la esencia misma y las esperanzas de estos hombres. Representa el insólito rito del Vodú, que con tanta intensidad viven sus adeptos, lo disfrutan casi bajo el éxtasis de una orgía sangrienta de animales, cantan himnos mágicos, danzan desesperadamente y recurren a lo onírico para que su magia cobre fuerzas y los dioses negros los favorezcan en sus milagros.

En la novela cobra vida un personaje que realmente existió y que enalteció la religión vodú: el mítico Mackandal, que con sus poderes licantrópicos se metaforseaba en diversos animales, de esta manera el negro mandinga ayudaba a sus hermanos que con tanta devoción y confianza reclamaban sus milagros.

Dotado del poder de transformarse en animal de pezuñas, en ave, pez o insecto, Mackandal visitaba continuamente las haciendas de la Llanura (...) De metamorfosis en metamorfosis, el manco estaba en todas partes (...) Con alas un día, con agallas el otro, galopando o reptando, se había adueñado del curso de los ríos subterráneos, de las cavernas de la costa, de las copas de los árboles, y reinaba ya sobre la isla entera. Ahora, sus poderes eran ilimitados. (p 35-36)

Mackandal fue para los esclavos un líder al que admiraban con fanatismo enfermizo, hasta el punto de idealizarlo y creer que podía transformarse en las cosas mas extrañas, inauditas que hiperbolizaban sus poderes.

El manco Mackandal hecho un hougán del rito Radá, investido de poderes extraordinarios. Por varias caídas en posesión de dioses mayores (p 33)

Pero Mackandal no solo cobra vida en animales, sino que queda convertido en un sacerdote de la religión vodú con todos los poderes sobrenaturales, extraordinarios e imprevisibles de un dios Radá.

Un día daría la señal del gran levantamiento, y los Señores de Allá, encabezados por Damballah, por el Amo de los Caminos y por Ogún de los Hierros, traerían el rayo y el trueno, para desencadenar el ciclón que completaría la obra de los hombres. En esa gran hora -decía Ti Noel - la sangre de los blancos correría hasta los arroyos, donde los Loas, ebrios de júbilo, la beberían de bruces, hasta llenarse los pulmones. (p 36)

Eso era lo que ignoraban los amos (...) su total impotencia para luchar contra un hombre ungido por los grandes Loas (p 42) un Mackandal invisible, omnipotente y prodigioso.

La gran rebelión de esclavos que anunciaría Mackandal estaría dirigida por importantes Loas del vodú, únicos seres capaces de liberar al negro de sus problemas inmediatos. ¿Quién era Damballah?

Dios vodú que se identifica con la serpiente y con el huevo, que al montar hace silbar y arrastrarse al poseído, señor a la vez de la fertilidad, de duro y severo carácter pero de buena voluntad.

Vever para el Damballah [2]

El amo de los caminos no es otro que Legba, guardián celoso de las cruces, una de las figuras cimeras del panteón vodú, el primero en recibir las oblaciones y probar las dádivas de los fieles. Ogún de los hierros u Ogún Ferraille es el loa más representativo de los ejércitos y es invocado sobre todo por los hombres valientes, aguerridos y los soldados, y como ellos se expresa a través de un lenguaje burdo. Es reconocido como patrón de los herreros.

Por estos personajes sería dirigida la gran rebelión prometida, aliento continuo para la vida, y con semejantes líderes los fieles aseguraban la victoria en el momento culminante de la lucha por la liberación, no solo del cuerpo y del trabajo sino también del alma y la fe.

Un elemento a destacar de la religión vodú es su fusión con otras religiones y cultos, método propicio encontrado por los negros dahomeyanos para mantener vivos a sus dioses en las nuevas circunstancias impuestas por la colonización. Por este motivo fundieron su liturgia con la religión que encontraron en las tierras nuevas de sus amos: el catolicismo.

(...) el negro hallaba en las iglesias españolas un calor de vodú que nunca había hallado en los templos sansulpicianos del Cabo (...) símbolos, atributos y signos, parecidos al que se desprendía de los altares de los houmforts consagrados a Damballah, el Dios de la Serpiente. (p 67)

Era imprescindible para los negros llegados de Dahomey seguir los cánones religiosos impuestos por la colonia y aparentemente alejarse de su sólido sistema de tradiciones, esto lo consigue mezclando sus loas con dioses blancos, fundiendo ceremonias, tergiversando leyendas. El altar católico va a convertirse en su houmfort, casa templo de cultos y ceremonias.

Pero se les entendía mejor, porque cuando recitaban el Padre nuestro o el Avemaría sabían dar al texto acentos e inflexiones que eran semejantes a las de otros himnos por todos sabidos. (p 80)

Una característica que identifica al vodú en el Caribe y que es un aspecto ineludible de la religión, son los sacrificios con los que el negro se ha propuesto enaltecer y fortalecer a sus loas protectores. Ellos exigen según su rango, sus costumbres y necesidades la inmolación de toros, gallos, cabras y cerdos.

El regreso de Ti Noel a Haití está marcado por signos que le guían el camino, símbolos irrevocables de una cultura acrecentada en el dolor y en las tradiciones indiscutibles ya entre ellos e incomprensible para el extraño, insignias de una cultura popular, sincrética, mágica religiosa, propia, llegada a Haití de la misma manera que los negros que la portaron: enérgica, cruel, violenta y eternamente viva, transmitida de generación en generación, de igual modo que la esclavitud en las tierras de América.

(...) De pronto el negro se detuvo respirando hondamente. Un chivo, ahorcado, colgaba de un árbol vestido de espinas. (...) Mas adelante, varios pollos negros, atados por una pata, se mecían cabeza abajo, a lo largo de una rama grasienta. Por fin, al cabo de los Signsarmentosas, despitorradas - varias Muletas de Legba, el Señor de los Caminos. (p 84-85)

La religión vodú sirvió de aglutinante para la gran revolución haitiana y mas que un culto animista pasó a ser instrumento de lucha dentro de la cultura haitiana. La ceremonia de Bois Caimán fue el punto de partida de la gran rebelión que llevarían los esclavos liderados por Bouckman y protegidos por los grandes loas sedientos y amantes de derramamientos de sangre, de violencia, de guerras, de sacrificios. Veamos como describe Carpentier en El reino....esta ceremonia:

(...) cuando los delegados de las dotaciones de la Llanura del Norte llegaron a las espesuras de Bois Caimán (...)una vos potente se alzó en medio del congreso de sombras(...) Era Bouckman el jamaicano quien hablaba de esta manera(...) Entonces, cuando hubo pasado el retumbo, declaró que un Pacto se había sellado entre los iniciados de acá y los grandes Loas del África, para que la guerra se iniciara bajo los signos propicios(p 52-53)

El esclavo haitiano se siente seguro si se sabe protegido por los propios loas que él ha transportado de África, los que ha continuado invocado y a los que ha mantenido vivos mediante ritos y plegarias. Estas invocaciones Las recoge Carpentier en El reino.... y transporta al lector al fabuloso mundo de los dioses vodú, pudiéndose sentir tan cerca y real la súplica con armonía, ritmo y fuerza, como si la escucháramos en las llanuras haitianas.

Fai Ogún, Fai Ogún, Fai Ogún, oh!
Damballah m´ap tire canon,
Fai Ogún, Fai Ogún, Fai Ogún, oh!
Damballah m´ap tire canon
(p 53)

Esta oración nos introduce además en la lengua cróele, síntesis del francés con dialectos de África, también nacido de la necesidad de los dahomeyanos llegados a América para defender su lengua a la vez que la transculturiza. Fue también el idioma utilizado por los partidarios del vodú:

-¡A comer negros!- carcajeó el otro, por encima de los ladridos.

Esta respuesta, dada en cróele, fue toda una revelación para Ti Noel. (68)

Las danzas y los cantos en el vodú tienen una gran fuerza expresiva, unificadora, dominante, sirve al mismo tiempo para atraer a los fieles y para invocar a los dioses. El repiquetear de los tambores desborda significados, ilustran todos los acontecimientos trascendentales y las ceremonias en su totalidad. Según Nicolás Stonimky en su libro La música en América Latina los tambores son signos religiosos y medicinales en los ritos vodúes Son un conjunto de tambores con nombres y significados propios que alcanza un gran poder y una gran fuerza dentro del culto. Con igual poderío y dramatismo recurre Carpentier a este elemento rítmico y musical y su prosa llega a sorprender de igual manera con armonía melódica y acompasada.

Pero en ese momento, la noche se llenó de tambores. Llamándose unos a otros, respondiéndose de montaña a montaña, subiendo de las playas, saliendo de las cavernas, corriendo debajo de los árboles, descendiendo por debajo de las quebradas y cauces, tronaban los tambores radás, los tambores congós, los tambores de Bouckman, los tambores de los Grandes Pactos, los tambores todos del Vodú. (p 112)

El toque del tambor cobra un nuevo significado en El reino de este mundo. Su clamor llama a la lucha, invoca al loa, reúne a los fieles, incita a la libertad, hace correr con mayor ímpetu la sangre por las venas y, sobre todas las cosas, atemoriza al hombre blanco que no comprende la metáfora sonora.

Ese hecho, al volver a su memoria, lo llenó de zozobra haciéndole comprender que un tambor podía significar, en ciertos casos algo mas que una piel de chivo tensa sobre un tronco ahuecado (p 61)

Vever para los tambores

Toda una gran familia de tambores existe en esta religión, cada uno con un nombre y un significado propio y cada mezcla de sonido crea una nueva melodía armónica y sígnica dentro de la liturgia vodú por lo que se volvía imprescindible este toque en la ceremonias. Carpentier conoce toda la impronta de un toque de tambor y lo hace sonar con fuerza clamorosa en El reino....

La mezcla de tambores con personajes míticos, como el ya citado Mackandal, le confiere a la obra carpentiana una magia poderoso, aterradora en ocasiones y envuelve la escena, al igual que al lector en un aureola de encanto y escepticismo.

Detrás del Tambor Madre se había erguido la humana figura de Mackandal. El mandinga Mackandal. Mackandal Hombre. El Manco. El Restituido. El acontecido.(p38)

Toda la liturgia del vodú es también ya parte de un culto extendido en America y que ha aparecido bajo otros nombres en pueblos del Caribe, Gagá en Santo Domingo, Candomblé en Brasil, y esta creencia de lo real maravilloso es ya, al mismo tiempo, la realidad del universo caribeño. La abundancia y la variedad de tradiciones culturales de nuestros pueblos y la riqueza cultural que ellos contienen.

Es a través de la impresionante cultura haitiana, que también ha llegado hasta Cuba, que Carpentier aprovecha para hacer llegar a todos los hijos del Caribe, pertenecientes a todas y a cada una de las religiones que profesan los hombres Pero la grandeza está precisamente en querer mejorar lo que es. En imponerse Tareas. En el Reino de los Cielos no hay grandeza que conquistar , puesto que allá todo es jerarquía establecida, incógnita despejada, existir sin términos, imposibilidad de sacrificio, reposo y deleite. Por ello, agobiado de penas y de tareas, hermoso dentro de sus miserias, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre solo puede hallar su grandeza, su máxima medida en el Reino de este Mundo (142)

A través de este acercamiento el lector puede aproximarse al Reino de este mundo con una nueva óptica y esclarecer todo los desconocido acerca de una religión fascinante, viva, indestructible y apasionante y comprender en toda su dimensión cuanto de sublime puede existir en un culto animista. Nos demuestra además los profundos conocimientos de Carpentier sobre esta religión y sobre el hombre caribeño en su totalidad. Es fascinante como logró vincular los ritos y los elementos voduísta en su novela con la gran rebelión haitiana, con severos toques grandiosos pero que nunca desvirtúan la atención del contenido sino que lo enriquece en su totalidad. Solo con un profundo dominio del tema pudo involucrar tanta realidad con la usual fantasía caribeña que él logra volver creíble.

Adentrémonos nuevamente en este majestuoso mundo en el centenario del nacimiento de Alejo Carpentier, un escritos cubano, caribeño y universal.

 

Notas

[1] Todas las notas citadas son de: Carpentier, Alejo. El reino de este mundo. Ciudad de la Habana, Editorial Pueblo y Educación, 1981.

[2] Vever: Los vevers o ve-vé son las representaciones graficas simbólicas de los loas vodú en la tierra. Fue la manera encontrada por los negros Dahomeyanos, luego de su llegada a América, a raíz de la colonización española, de mantener vivos a sus dioses volcando en elementos gráficos gran parte de su religión vodú. Estos vevers son realizados con harina, yeso o ceniza; elementos efímeros que imposibilitan su conservación, motivo por el cual cambian constantemente de formas y tamaños.

 

© Susana Carralero Rodríguez y Liliana Rojas Hidalgo 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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