La soledad del ser humano en "La escopeta de caza" de Yasushi Inoué

Orlando Betancor

Universidad de La Laguna


 

   
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Resumen: Esta obra, situada en el período inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, muestra las consecuencias de un amor adúltero entre un hombre casado y la prima de su mujer, personas pertenecientes a la clase alta de la sociedad japonesa. Contada desde los puntos de vista de tres diferentes mujeres. Primero, a través de los ojos de Shoko, quien se entera de esta relación por medio de la lectura del diario de su madre. Luego, la esposa, que conoce desde hace tiempo esta prohibida pasión, narra su infeliz matrimonio y, finalmente, la amante revela la verdad antes de su muerte. La novela constituye una intensa reflexión sobre el amor, el pecado y, por encima de todo, la soledad humana.
Palabras clave: Yasushi Inoué, narrativa japonesa, soledad

 

Esta fascinante novela, escrita en 1949, está inspirada en un poema en prosa, el cual Yasushi Inoué escribió para una revista cinegética, que trata la relación entre un cazador y la soledad del ser humano, basándose en la imagen de un hombre que se cruza en su camino en el monte Amagi y que va de cacería. Después de su publicación, el autor recibió una carta de un cazador que se reconocía a sí mismo en las palabras de este poema. Éste le envía tres cartas que un día le fueron dirigidas a él.

En este libro se relata la historia de la relación adúltera entre un hombre casado y la prima de su esposa, a través de estas misivas dirigidas a esta figura masculina omnipresente en esta bello relato japonés. En la primera, la hija de su amante explica a Josuke que ha leído el diario de su madre y que ha descubierto su secreto y los motivos de su muerte. En la segunda, su verdadera esposa le relata las razones por las que ha decidido abandonarle y la tercera es la escrita por su amante antes de su suicidio. En cada una de las cartas las tres mujeres exponen su visión sobre el pecado y el amor, en medio de un destino trágico que conduce siempre a la soledad y al olvido. Los principales elementos de esta pequeña obra maestra son el pecado, la soledad, la muerte, la mujer y el amor.

El concepto del pecado nace al transgredir las normas y los preceptos religiosos. Éste es fruto del engaño. Se ha mentido a la sociedad, al mundo y a los dioses. Este sentimiento llena las páginas del diario de Saiko con estas palabras: “pecado, pecado, pecado”, repetido como una invocación. Se peca porque se vive un amor ilícito que atenta contra la moral. Se ha mentido a los dioses y ello provoca en el individuo zozobra, angustia y desesperación. El pecado representa la encarnación del mal, que es producto de la posesión de un demonio, que acosa al individuo en forma de serpiente, que se enrosca sobre sí misma y envenena el alma de los personajes. La culpa despierta la piedad y el dolor de todos aquellos que han amado de una manera o de otra. Se puede perdonar el pecado propio pero no los ajenos. Saiko, la amante, es incapaz de disculpar la infidelidad de su antiguo marido y asimismo se culpa de su amor ilícito, aunque no pueda escapar de él. Es un pecado que destruye, que aísla y le sume en la vergüenza, la soledad y la muerte. Es un sentimiento siempre ominoso que nadie puede perdonar, ni admitir, que se debe esconder, pues se teme al escándalo y a dañar la imagen social de los que están involucrados en él.

Midori, la esposa de Josuke, no puede permanecer impasible ante el adulterio de su marido y reacciona, comportándose de igual forma, en un deseo de venganza producido por el resentimiento. Además, el amor es visto como una fuente de pecado y Shoko, la hija de Saiko, lo expone de esta forma: “Madre me engañó, engañó a Midori, engañó a todo el mundo”. Se han traicionado principios, se ha ido contra los convencionalismos y las normas, y el pecado tiene que ser expiado, pues tras cometerlo se exige el pago de un precio por haber traicionado y manchado el honor de los que han sido agraviados. Esta ofensa contra las leyes humanas y divinas conduce a la soledad, a un vacío existencial que lleva a la muerte de Saiko.

El tema de la soledad está representado por la personalidad de Josuke. Este tema está tratado como el aislamiento del individuo ante el mundo que le rodea y que le obliga a escaparse, a inventar otra realidad que le hace refugiarse en la caza. Su soledad es un exilio voluntario en esta actividad cinegética. Es un cazador, pero a su vez es su misma presa, que ha caído en su propia trampa de incomunicación y aislamiento que le han condenado su incapacidad de transmitir amor. Josuke lo desea todo, pero no es capaz de dar nada a cambio. Posee una concepción totalmente egoísta sobre la pasión y el deseo. Así, esto está claramente expresado en la siguiente frase: “Desde hace más de diez años, que yo recuerde, cada uno de nosotros se ha atrincherado tras los muros de su ciudadela; me has engañado y yo te he engañado...” Su arma se convierte en el emblema de su soledad. Su afán por la caza le ha llevado a la conquista de otra mujer, menospreciando a la suya propia. Su comportamiento es destructivo y lucha por su forma de vivir, sin que apenas cambie nada de lo que ha organizado en torno a sí mismo y a su poder económico, sin salir de su fortaleza inexpugnable. Su soledad obedece a razones sociales: tras la segunda guerra mundial se produjo una depuración de los altos cargos políticos y económicos que llevaron al Japón imperialista a la guerra y Josuke es uno de los empresarios afectados por ésta y se refugió en Atami, en la isla de Izu. Se aísla en su mundo interior como un caracol en su concha con la única compañía de su perro y su escopeta de caza. Esto se observa claramente en el siguiente fragmento: “Pero no descubrí nada sorprendente en mis recuerdos, salvo la confusa impresión de que aquel cazador visto de espaldas emanaba un insólito sentimiento de soledad.” Deja a un lado a su esposa Midori desde los primeros tiempos de su matrimonio y busca el amor en los brazos de otra mujer. Su unión conyugal se ha convertido en una realidad gélida y distante. Cada uno ha vivido en su misma casa, pero en fortalezas distintas. Su carencia de comunicación les lleva a ocultar sus propias infidelidades. Viven en un mundo de máscaras y de falsedades y la falta de sinceridad con uno mismo y con los demás, que les han llevado a fingir constantemente. Los personajes de “La Escopeta de Caza” son seres dotados para el aislamiento y la soledad.

La muerte es un elemento básico dentro de esta obra y se convierte en un personaje más dentro del entramado de la novela. Es una muerte anunciada que está presente detrás de los personajes, gira sobre sus cabezas, y está acechando como una fiera en las sombras. Saiko había decidido suicidarse si un día Midori llegara a enterarse de la relación que mantiene con su marido, pues no sería capaz de soportar el sentimiento de culpa y vergüenza por su comportamiento. Su muerte es estudiada, calculada fríamente, como un suicidio ritual, no por medio de una espada samurai sino por la ingestión de un veneno. Se ha manchado el honor de su familia y tamaña ofensa tiene que ser expiada y vengada. El destino final se convierte en fiel guardián de su secreto, una mentira inconfesable, cuya existencia se ha tornado en una pesada carga con la que hay que acabar. Ésta supone el remedio para el mal que sufre Saiko y también la liberación para Midori, que deja de fingir que desconoce el secreto de ambas e incluso para Josuke que ve como la fortaleza que ha construido sobre mentiras se desmorona, dejándolo sumido en la nada y en el olvido. La muerte rompe las ataduras que unen a los miembros de este triángulo. Por ello, Shoko no desea ver a Midori o a su esposo Josuke nunca más tras el fallecimiento de su madre. Es el único medio para expiar las culpas y el lugar donde el amor sagrado y puro puede encontrar cabida, más allá de los convencionalismos de una sociedad hipócrita y ciega. Es el habitáculo donde las almas de los difuntos encuentran el perdón de los dioses, tras haber purgado los pecados cometidos. El ultraje cometido a Midori es sólo un factor más dentro de esta trama, Saiko desea buscar la paz y el descanso tras años viviendo un amor prohibido, de complicidad y de entrega que le ha agotado hasta dejarla extenuada. La muerte la libera de las ataduras después de haber sido consumida y devorada por el amor de un hombre. La muerte aparece reflejada en varias metáforas como el fuego que calcina a los difuntos en las piras funerarias. Así, los pensamientos, trazados en papel, se queman en la hoguera del jardín, tanto el diario de Saiko como las cartas enviadas a Josuke. Esta es una muerte física, pero existe otro tipo de muerte existencial. Josuke se ha convertido en un fantasma sumido en sus recuerdos. Las relaciones que lo unían con estas tres mujeres se han roto y ahora, con la destrucción de sus cartas, que se consumen bajo el fuego purificador que libera los pecados y los limpia de toda señal de culpa, sólo le queda esperar el final.

La compleja psicología femenina de los personajes aparece desde perspectivas diferentes a través de las cartas que recibe Josuke. Midori es la mujer de este hombre, su legítima esposa, que lo acompaña en los actos sociales, fiel amiga y prima de Saiko, convertida en una segunda madre para Shoko. Su psicología es cambiante, puede ser todo esto y una criatura frívola y disoluta, adúltera y mujer traicionada y humillada, que descubre a los veinte años la infidelidad de su marido con su prima Saiko. Midori puede ser tierna y frágil, dulce y exquisita, pero su deseo de venganza surge como una serpiente interior, un demonio dormido que sale de su subconsciente que le hace revelar la verdad a su rival. La traición de su marido ha condicionado toda su vida. Lo único que pretende con su conducta es llamar la atención de su esposo, lograr un gesto que lo saque de su fría y gélida fortaleza, en el mundo de cristal y de hielo que él ha creado alrededor de ella, pero nunca encuentra respuesta a su comportamiento. Su existencia se convierte en una frustración. Se venga de la infidelidad de su marido, utilizando sus mismas armas. Así, lleva una vida desordenada y sus sentimientos de despecho le llevan a levantar murmuraciones y comentarios en la prensa a causa de sus relaciones tormentosas con sus amantes: un joven profesor de filosofía, un pintor vanguardista, un jockey, etc. Su vida es una comedia y finge constantemente que desconoce la infidelidad de su marido, siempre dentro de un orden, sin provocar excesivos escándalos que dañen su imagen social. En su carta de despedida le expone su intención de pedirle el divorcio. En ella se queja de su frialdad, sus silencios, su incomunicación y le reprocha su abandono. Desea obtener la libertad, quiere retirarse al campo y dedicarse a la jardinería en su refugio en el que la figura masculina no está incluida: “Durante un tiempo nuestra casa de allá quedará cerrada a los visitantes varones, pues me asquean las habitaciones que conservan el olor de los hombres... Hoy tengo la intención de nacer a una nueva vida y de organizar de una vez por todas mi existencia con vistas a hallar la auténtica felicidad que me convenga.” Sus sentimientos fluctúan entre la piedad, el deseo, el odio y la indiferencia. Una vida llena de reproches, estéril, sin ningún tipo de ilusión con el deseo de transgredir las normas para conseguir una razón para su existencia.

Saiko es una mujer enamorada, que intenta salvar su amor. Incluso lo protege de lo prohibido o de lo reprobable. Su amor es puro; pero es consciente de sus pecados y la única opción que tiene es la de autoinmolarse para lavar sus culpas ante el mundo y los dioses. Su personalidad está dividida entre dos mujeres distintas que comparten un mismo cuerpo, que luchan entre sí por dominar y ganar en un juego constante, en la que ninguna vence jamás: “En esta mujer llamada Saiko, ha existido otra mujer, que durante mucho tiempo ha ignorado, otra mujer que jamás conociste e imaginaste”. Por un lado, dentro de ella, hay una personalidad que se considera culpable y pecadora, que es consciente de vivir un amor prohibido que comparte con otra mujer y por otro lado la visión del amor sagrado, de un amor que no es obsceno, ni pecaminoso: “Déjame decirte una vez más, antes de concluir, que estos trece años resultan para mí tan nebulosos como un sueño. Con todo he conocido la felicidad, gracias a tu inmenso amor. Más que nadie en este mundo.” Su vida se ha convertido en una traición, en un engaño secreto para las personas que viven a su alrededor. La expiación de las culpas sólo encuentra sosiego con la muerte y el descanso eterno. La liberación del secreto que la había obsesionado le proporciona la paz necesaria para cumplir con su destino, su muerte; pero su inmenso amor sigue vivo y sólo recuerda, en una carta llena de agradecimientos, al hombre al que amó durante tanto tiempo. La muerte la redime y exculpa su gran pecado, el amor sin límites.

Shoko es la hija de Saiko. Descubre por casualidad, en el diario de su madre, su relación con Josuke y el sentimiento que ello le inspira, le produce una aversión sin límites. Califica la relación de su progenitora con su amante como adúltera y reprobable: “Lo que yo sé de su relación con madre evidencia que se trata de un amor que nadie aprueba ni podrá aprobar”. Ella considera esta pasión como un amor culpable y secreto, que hay que esconder, pues es pecaminoso y fuente de desgracia. El amor de los amantes es impuro y es un engaño hacia ella y la sociedad. No admite el adulterio y considera a Josuke como responsable indirecto de la muerte de su madre y piensa que es el origen del pecado, dotado de una conducta inmoral y depravada. Ve a Midori como víctima de una traición y a sí misma, Shoko, como un elemento más de una farsa trágica.

El tema del amor está representado por la pasión entre Josuke y Saiko. Su relación es ilícita, un deseo prohibido y pecaminoso a los ojos de la sociedad. Es un sentimiento lacerante que destruye y carcome, pero es una pasión que sólo encuentra reposo con la muerte. Éste carece de barreras éticas, religiosas o morales. Saiko ha renunciado a sí misma y a todos los demás por la búsqueda de un gran amor.

Dentro de la sociedad japonesa, extremadamente conservadora, el adulterio es un delito que se castigó, en tiempos pasados, con la muerte de los amantes públicamente. Su amor es parte de un juego de dominación y de posesión. Saiko lucha por la supervivencia de un amor puro y limpio. Se entrega totalmente y se contenta con amar y ser amada. Vive el precio de un amor que la consume y la devora. La libera de su pasado y de las ligaduras de la sociedad. Vive su amor a escondidas, privadamente, y sólo para ellos dos ha construido un universo artificial. Su amor sobrevive y es capaz de vencer a la muerte y a un destino trágico. Saiko es víctima de un amor que la ha destruido y que actúa como una escopeta de caza que dispara sobre ella. El amor de Josuke es como un parásito que se ha alimentado de su amante para sobrevivir. Se nutre de él y la corroe hasta dejarla exhausta. Ella se convierte en víctima de los deseos de dominación de Josuke y de su concepción egoísta del amor. Este sentimiento llena toda su existencia y le hace sentirse siempre, al mismo tiempo, ángel y demonio. El desamor está representado por Midori que está llena de resentimiento y de reproches. Intenta reconquistar el amor de su marido, pero su relación se ha convertido en una barrera infranqueable, donde la comunicación y la entrega han desaparecido por completo. En cada uno de sus amantes intenta encontrar el ideal del amor perdido, la imagen del hombre al que amó y que le fue arrebatado al poco de casarse. Todos las demás figuras masculinas le resultan mediocres y terminan rápidamente por aburrirla. Ella, al sentirse despechada, hace uso de la única arma que tiene a mano, que es capaz de romper las murallas de aislamiento que rodean a su marido, la traición. Sus sentimientos íntimos de frustración y de odio hacia su rival son profundos. Éstos permanecen en estado latente como la serpiente invisible que rodea toda la obra y que terminan por salir a la luz y cometer su venganza. Su despedida es tan fría y ordenada como ha sido su vida durante su matrimonio. No quedan ni siquiera reproches. El amor traicionado está representado por Shoko que siente repugnancia por la pasión que siente su madre por Josuke. Es incapaz de comprender sus sentimientos. Ella concibe el amor de una forma bien distinta. Se siente traicionada y humillada por los miembros de este vínculo trágico. El amor es el centro de un triángulo, en el que Josuke forma parte de uno de los vértices. Su amor está omnipresente; pero sólo podemos conocer sus variantes a través de las tres cartas que nos ofrecen estas tres mujeres. El amor de Josuke es un amor egoísta. Desea mantener todas las cosas bellas, poseer lo hermoso de la vida y retenerlo junto a él. Anhela ser amado, pero no es capaz de entregar nada a cambio. Cuando es consciente de que su amor ha destruido todo lo que él amaba se aleja del mundo. Las cartas representan sendos disparos que apuntan al corazón de quien las recibió, de esta forma Josuke se convierte en un tipo de "cazador cazado". En su refugio reflexiona sobre la soledad, el dolor causado a las personas que le han rodeado y la muerte como único final.

 

Yasushi Inoué (1907-1991) nació en Asahikawa, en la isla de Hokkaido, Japón. Estudió Estética y Filosofía en la Universidad Imperial de Kyoto. Su extensa obra se puede dividir en dos períodos: el primero que se ocupa de la sociedad contemporánea y el segundo que resucita el pasado mediante grandes frescos históricos. Otras obras de este autor, traducidas al inglés, son: Tempyo no iraka (The Roof Tile of Tempyo, 1957), Togyu (The Bullfight, 1949), Tonko (Tun-huang, 1959), Hyoheki (Wall of ice, 1956), Futo (Wind and waves, 1963), Saiiki monogatari (Journey Beyond Samarkand, 1969), Aru gisakka no shogai (The Counterfeiter, 1951), Lou-lan (Lou-lan and other Stories, 1959) y Koshi (Confucius, 1989).

 

© Orlando Betancor 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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