Editorial


Una pregunta dolorosa

Me ha sorprendido la acogida que ha tenido el anterior editorial de la revista. Es frecuente que la gente envíe correos señalando la mayor o menor aceptación de los temas propuestos. Los editoriales son formas de introducir ideas para debatir o para sensibilizar ante ciertos aspectos de la actualidad. Creo que ha sido este segundo aspecto el causante de esta reacción.

Creo que la parte que motivó las respuestas era una simple pregunta: ¿En qué hemos fallado? Parece ser que esta pregunta está rondando en la mente de una parte del profesorado, especialmente en el terreno de las Humanidades. Se ha producido una progresiva y acelerada descomposición del tejido de la gran Cultura en beneficio de unos objetos de puro consumo, sin transcendencia alguna. Sin embargo, el centro del problema no es que se haya producido esta transformación, sino la incapacidad del aparentemente robusto castillo de la Cultura para contener el asalto de las hordas del consumo banal. Lo que asombra no es el asalto. Lo que nos sorprende es la facilidad de la conquista, cómo se ha ido perdiendo lo ganado en apenas unas décadas.

Ha fallado (y lo sigue haciendo) la Educación. En el final del siglo XVIII se debatía sobre qué tipo de educación era la más adecuada para el pueblo. Unos opinaban que la función de la educación debía ser que un campesino, por ejemplo, fuera mejor campesino. Otros, en cambio, opinaban, que había que educarlo de tal forma que pudiera dejar de serlo. La educación se vio como una forma de progreso personal, como una forma de cambiar de estado comenzando por la propia mente. De alguna forma, hemos vuelto a ese debate sin saberlo. Hoy discutimos si lo que debe enseñarse ha de transformar a la persona o sencillamente enseñarle a hacer mejor su trabajo. En una balanza se han puesto las enseñanzas que forman a la persona y en la otra las "habilidades". El problema es el desequilibrio entre ambos aspectos, fruto de un progresivo interés en el segundo aspecto. La Cultura se ha visto como el lastre del globo: algo que hay que ir arrojando para ascender ligeros.

En un mundo presidido por el estímulo consumista, la cultura se ha vuelto mercancia. Como cualquier otra cosa, trata de ampliar sus mercados y para ello hace las concesiones necesarias. Hoy, cuando la educación se hace más necesaria que nunca como resistencia a este proceso de trivialización, la pregunta sigue ahí, clavada como una aguja en la mente de las personas que ven pasar cada año a cientos de alumnos: ¿En qué les hemos fallado?

Joaquín Mª Aguirre
Editor


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