Entrevista a Antonio Caballero

Marcos Fabián Herrera Muñoz


 

   
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“Pero llegaron como veinte personas, no esperaba tanta gente”, espetó con una voz cavernosa y proveída de un pertinaz halo de alcohol. Tan pronto franquee el vano de la puerta, mis dos acompañantes en simbiótica procesión atravesaron el umbral. “Hola Antonio”, mascullé recibiendo la mano de un hombre alto y con el ceño fruncido, invariable impronta de sus efigies y rasgo que le ha reportado fama de huraño y energúmeno. “ ¿Qué toman…, agua, tinto o wiskey?”, y en un tácito e insospechado acuerdo todos coincidimos en el agua. Uno a uno escanció el agua en los vasos y los sirvió. Me encontraba en un apartamento profuso en libros, porcelanas vetustas, fotografías opalescentes, acetatos y pinturas que a la primera mirada suscitaban la atención. Una vieja máquina de escribir descansaba en una mesa. En una tarde, en la que una apesadumbrada luz bogotana se filtraba a través de una ventana con vista a un jardín y tornasolaba la sala, Antonio Caballero Holguín me invitaba a sentarme en un mullido sofá junto a una biblioteca. Mis acompañantes tomaron dos distantes divanes. “Si vas a grabar hazte a mi lado”. Cuando la cinta empezó a rodar, yo irrumpí.

En una ocasión observé a un grupo de estudiantes, en la universidad Nacional, que estaban atentos a la lectura que hacia de un libro una muchacha. Ese libro era “Sin Remedio”. ¿A que atribuye que una novela publicada en 1984, siga encontrando lectores, especialmente en los jóvenes?

—Eso me parece increíble. Yo no creo que las novelas tengan época, y aunque correspondan a una época, tengan únicamente interés histórico. Las grandes novelas que leemos hoy son todas del siglo XVIII y el siglo XIX y del siglo XX. Yo no creo que una novela sea como un periódico, si es buena. Y creo, de manera poco modesta, que escribí una buena novela.

Pero, ¿cómo explicar que sean los jóvenes los que más la leen?

—Porque son los jóvenes los que leen novelas. La gente que lee novelas son personas de 18, 20 o 22 años. Los señores de 70 años no leen novelas, leen el periódico.

¿Usted se niega a creer, que varias personas estaban leyendo su novela al mismo tiempo?

—Me parece como palomas disputándose el alpiste. Pero que la lean los jóvenes me parece normal. Es como preguntar: ¿Por qué los jóvenes juegan fútbol y los viejos no? Porque los viejos ya no pueden.

En “Sin Remedio”, además de la reflexión sobre la imposibilidad de la creación poética, yo veo en Ignacio Escobar una insaciable búsqueda del amor, al ver esa facilidad con que expulsa mujeres.

—Otro de los temas es la dificultad del amor. Ignacio Escobar está enamorado y al mismo tiempo nunca está enamorado de las tres o cuatro mujeres de quienes cree estar enamorado, o de quienes intenta estar enamorado. Hay tres o cuatro temas fundamentales en la vida humana. Uno de ellos es el amor o la incapacidad de l amor, o el desamor o el fracaso del amor; otro es la creación, en este caso poética, o no necesariamente artística. La capacidad de hacer una casa, un libro, o cualquier cosa. Y creo que en la novela yo traté varios de esos temas. Tal vez por eso mismo no me he sentido forzado a escribir otra novela.

El titulo “Sin Remedio”, inspirado en la idea de Santa Teresa de Jesús, de la muerte como único remedio, le da a la novela un cariz de desesperanza. ¿Es la frustración un tema angular en la novela?

—No es que la muerte sea el único remedio. La idea de Santa Teresa no es que la muerte sea el remedio, es que la vida es un mal sin remedio. No hay otra cosa distinta de esa, de esta vida en la cual nos va como nos va y que manejamos como manejamos. La vida es sin remedio en el sentido de que no podemos escapar a ella.

Esos escarceos de Ignacio escobar con la poesía, dejan entrever en el autor, una para nada complicada relación con el género. ¿Por qué no ha publicado poesía?

—Claro que he publicado poesía. En “Sin Remedio” hay 20 poemas.

Pero como creación de Ignacio Escobar, un personaje de ficción; ¿Pero Antonio Caballero?

—Alguna vez expliqué que yo había publicado la novela como envoltorio de un montón de poemas. Un poema largo, cuatro poemas más; 10 poemas malos, deliberadamente malos y paròdicos. Yo considero que la poesía no es respetable si no cuando es verdaderamente buena. Que debe ser escrita cuando se tiene de verdad algo importante y profundo por decir. La mayor parte de la poesía sobra. Hay cuatro o cinco cosas importantes en la poesía de occidente, desde Homero hasta hoy.

Usted afirmó que el poema perfecto es “El Padre Nuestro”, porque carece de adjetivos, ¿Esa debe ser una condición de la buena poesía?

—No necesariamente. El Padre Nuestro, poéticamente hablando es un texto magnifico porque carece de adjetivos, entre otras cosas. Pero no es una condición necesaria. La poesía me parece fundamental. Cada vez que uno habla de poesía, lo que dice es distinto.

También ha dicho que el buen poeta es el que no miente…

—Eso si me parece siempre cierto. No mentir es una condición necesaria para la poesía. La poesía sólo es buena cuando es verdadera. Independientemente del nivel literario, porque la poesía va desde la más elemental trova campesina hasta la más refinada composición poética. Y eso mismo se encuentra en un mismo poeta. Por ejemplo Luís de Góngora. Él tiene las coplillas elementales y las cosas más complejas y deliberadamente confusas de la poesía española. En La Galatea o en las Soledades de Góngora, hay una confusión tremenda, y a la vez hay coplillas como “Hermana marica mañana que es fiesta…”. La poesía necesita ser cierta.

De la literatura española, poetas como Jaime Gil de Biedma o Manuel Vázquez Montalbán, ¿qué opinión le merecen?

—Vázquez Montalbán no me parece serio. Jaime Gil de Biedma me parece uno de los grandes poetas de la lengua castellana. Posterior a Gil de Biedma, me parece un gran poeta Leopoldo María Panero, no el viejo sino el hijo. El loco que está encerrado en un manicomio. Como me parece también grande Raúl Gómez Jattin, no por loco, sino por buen poeta. No me considero obligado a leer lo contemporáneo. Hay demasiadas cosas que leer como para perder el tiempo leyendo lo que se acaba de publicar.

Ya que menciona a Gómez Jattin, ¿Qué otros poetas Colombianos valora?

—De Roca me gustan algunas cosas, de Alvarado Tenorio también me gustan algunos poemas. No me gusta hablar de los inmediatos porque se me olvidan sus nombres.

Harold Alvarado, en una entrevista me contó, que usted logra convertir las crónicas taurinas en buena literatura acudiendo a audacias sintácticas y lingüísticas. Cuando usted escribe sobre toros, ¿Esa es su intención?

—Yo escribo sobre toros de la misma manera que escribo sobre política. Procurando alcanzar el placer del lenguaje. Afortunadamente yo puedo vivir de escribir, y he escrito de física, estética, política y economía, con placer e intentando generar placer en los lectores.

Usted dijo que su novela no era muy conocida en Colombia, por el hecho de ser hijo de un escritor…

—Lo que pasa es que aquí en Colombia no me consideran escritor sino periodista. Pero las condiciones para hacer una carrera de escritor son iguales para todos los colombianos.

En su libro “Y Occidente conquistó el mundo”, no aborda el caso Colombiano. ¿Cuál cree que ha sido el influjo del catolicismo en Colombia?

—Aquí la conquista se hizo en nombre de la religión cristiana, y nos sometieron con la cruz y la espada, y así se hizo en toda la conquista de América. En Colombia además, durante siglos, la iglesia católica ha tenido un poder económico y político muy grande. Y lo sigue teniendo, cada vez menos, no porque la iglesia católica haya cambiado, sino porque en el país han empezado a aparecer un montón de sectas protestantes ajenas al catolicismo. Toda influencia desbordada de la religión en los hombres me parece peligrosa. El tema de las ideas religiosas me parece apasionante y pertenece a las cuestiones fundamentales del alma humana.

¿La literatura colombiana dejó atrás a Macondo?

—García Márquez ha sido un gran novelista, que ha tenido una buena y una mala influencia. La mala influencia manifestada en esa gente que ha tratado de copiar sus formas. Eso no es culpa de él, es culpa de sus lectores. En todos los países existe un gran patriarca que hace mucho daño y hace mucho bien. García Márquez siendo joven escribió algo contra la bardolatría, contra Guillermo León Valencia, el poeta de los camellos, que era en ese momento un ídolo en la poesía Colombiana, y él fue uno de los primeros en levantarse contra eso. García Márquez es un buen y un mal escritor. Como todo los escritores, que tiene muchas cosas que sobran.

Usted ha criticado la hegemonía de la prensa escrita en Colombia, al estar sometidos a la visión de un único diario nacional. ¿El tiempo le sigue pareciendo malo?

—Malísimo y cada vez peor en cantidad y calidad. Es un periódico absolutamente frívolo y precariamente escrito. El tiempo hace diez años tenía un 20% de publicidad y un 80% de información. Eso ahora se invirtió. El Tiempo es un periódico de clasificados, farándula, horóscopo y recetas de cocina. Me parece gravísimo que un medio de esa pésima calidad sea el único diario de circulación nacional.

17. En la actual coyuntura política ¿La izquierda Colombiana carece de un medio de comunicación?

—No tiene ninguno. Cuenta tan solo con opinadores dispersos.

¿Resulta apremiante para la oposición política contar con un medio de comunicación?

—El país requiere unos medios que le den lugar al análisis, a la confrontación y a la investigación. Y sin duda alguna estos aspectos le conviene a la izquierda Colombiana, ya que quienes opinan y quienes detentan el poder en los medios son poderosos grupos de derecha. En un país con tanto analfabetismo y tan inequitativo, la oposición debe apostarle a crear medios y espacios, no solamente escritos, sino también radiales y televisivos.

¿Usted cree en la unidad y solidez del Polo democrático?

—Espero que dure lo suficiente como para que les permita llegar al poder .Las contradicciones internas son necesarias, además de saludables, pero deben sortearse con inteligencia.

¿Cuál fue el principal aporte de Alternativa a la prensa colombiana?

—Alternativa demostró que era posible criticar la realidad sin tener una posición partidista única. La revista se propuso representar todo aquello que no perteneciera al establecimiento y se opusiera a ese ominoso experimento llamado frente nacional. Esa criminal alianza entre liberales y conservadores, responsable en buena parte de la crisis actual del país. La revista no representaba ni a los marxistas, ni a los trotskistas ni a los comunistas. Y aunque Alternativa no logró nada de lo que pretendía, sirvió de lección para la izquierda colombiana.

¿Qué pretendía alternativa?

—Convertirse en la principal fuente de información y opinión, y eso no se logró porque una inmensa cantidad de la gente a la que nos propusimos llegar no sabía y no sabe leer, y no tenía la capacidad económica para comprar una revista tan barata. Colombia es un país miserable.

 

© Antonio Caballero 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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