La evolución de la Ciudad de México
en las novelas de Batallas en el desierto de José Emilio Pacheco
y Días de combate de Paco Ignacio Taibo II

Beatriz Adriana González Durán

Facultad de Humanidades de la UAEM
beatriz.duran@itesm.mx


 

   
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Resumen: Este ensayo conjunta dos visiones: la literaria y la sociológica. La ciudad es el tema central que crea y re-crea diversos significados y ambientes discursivos, los textos muestran la evolución del individuo como personaje literario inmerso en un personaje-colectivo que es la Ciudad de México. Fueron elegidos estos textos con el propósito de ver la ciudad como personaje colectivo, en dos momentos históricos distintos, a través del discurso de los personajes antagónicos de Carlitos y Belascoarán Sayne.
Palabras clave: Paco Ignacio Taibo II, José Emilio Pacheco, Ciudad de México

 

Carlitos, un niño que inicia una vida de búsqueda de conocimiento mientras la ciudad-personaje re-inicia una vida de camino a la modernidad, simboliza la naciente sociedad preocupada por la industrialización, la infraestructura, el cambio de valores y el creciente proceso de transculturación.

El adulto, Belascoarán, del mismo modo re-inicia su vida en una ciudad que se ha transformado en una megalópolis y que ahora sufre o goza las consecuencias de su transformación; es símbolo de la creciente soledad, las relaciones impersonales, los nuevos valores sociales y la ineficiencia de las instituciones sociales.

El primer momento, retrato en la novela de Batallas en el desierto es determinado por una creciente ola de modernización tecnológica que parte la historia de los habitantes de la ciudad en, antes del sexenio de Miguel Alemán y después él.

Nos enseñaban historia patria, lengua nacional, geografía del D.F. los ríos (aún quedaban ríos), las montañas (se veían las montañas). Era el mundo antiguo. Los mayores se quejaban de la inflación, los cambios, el tránsito, la inmoralidad, el ruido, la delincuencia, el exceso de gente, la mendicidad, los extranjeros, la corrupción, el enriquecimiento sin límite de unos cuantos y la miseria de casi todos. ...El símbolo sombrío de nuestro tiempo es el hongo atómico. Sin embargo había esperanza. (Pacheco: 1991, 11)

La promesa del gobierno de Alemán hacia vislumbrar que para el lejano 1980 las ciudades serían lugares limpios, sin injusticia, sin pobres, sin violencia, sin congestiones, sin basura, con casas ultramodernas y aerodinámicas, con máquinas que harían todo el trabajo, calles con árboles y fuentes, sin posibilidades de colisión. “A cada rato suspendían las clases para llevarnos a la inauguración de carreteras, avenidas, presas, parques deportivos, hospitales, ministerios, edificios inmensos.” (Pacheco: 1991,16) que a veces sólo eran un montón de piedras, pero que ya comulgaban con la visión de la grandeza de las ciudades a través de enormes edificios.

Así la Ciudad aparece como un personaje espacial en el que se concentran las fuerzas de producción de la naciente sociedad capitalista a la mexicana,

Mientras tanto nos modernizábamos, incorporábamos a nuestra habla términos que primero habían sonado como pochismos en las películas d eTin Tan y luego insensiblemente se mexicanizaban: tenquíu, oquéi, serpa, sorry, uan móment pliss... En mi casa está prohibido el tequila, le escuché decir a mi tío Julián. Yo nada más sirvo whisky a mis inivitados: Hay que blanquear el gusto de los mexicanos. (Pacheco:1991,11-12)

Es el nacimiento de una sociedad centralizada en un lugar que prometía trabajo, más y mejores servicios públicos. Una ciudad con una falta de articulación entre lo atrasado y lo moderno, en donde la masa marginal va en aumento, en donde se vislumbra el nacimiento de una de las megalópolis de América Latina.

El dinamismo económico creciente, establece una sociedad de clases, en donde las que no se adaptan al proceso de modernidad (en un primer momento la fábrica del papá de Carlitos) sucumben ante los cambios. “Mi padre no salía de su fábrica de jabones que se ahogaba ante la competencia y la publicidad de las marcas norteamericanas.” (Pacheco: 1991,23)

El proceso globalizador neoliberal y sus consecuencias habían empezado. Se estima que los países latinoamericanos duraron una década a la sombra, es decir ante la miseria. Y su subdesarrollo a base de infinitos golpes se transforma en desarrollo.

La metrópoli empieza a romper las relaciones de familia, las relaciones de los individuos con su entorno social se transforman ante las novedades ofrecidas, en donde los gestos humanitarios como el beso de Mariana a Carlitos cada día van desapareciendo y va ganando terreno la subordinación a los valores de uso y cambio.

El individuo, Carlitos, es emancipado por el grupo bajo los rituales de la confesión, las terapias psicológicas y la moda norteamericana.

El hombre tiene libertad de selección y a veces como Carlitos, se elige a quien amar, pero de repente las capacidades de selección se encuentran dominadas por el ambiente social; y las relaciones individuales se basan en el deben y el haber.

“Miré la avenida Álvaro Obregón y me dijo: Voy a guardar intacto el recuerdo de este instante porque todo lo que existe ahora mismo nunca volverá a ser igual... Lo único que puede es enamorarse en secreto, en silencio, como yo de Mariana. Enamorarse sabiendo que todo está perdido y no hay ninguna esperanza.” (Pacheco, 1991, 31)

La metrópoli nace en una mutación constante, en un ritmo febril de sensaciones, bajo la racionalidad como arma de defensa y como punto de partida para el estudio de la sociedad moderna. La cosificación transforma la mentalidad, la vida cotidiana es sólo indiferencia y sobre vivencia.

“Demolieron la escuela, demolieron el edificio de Mariana, demolieron mi casa, demolieron la colonia Roma. Se acabó esa ciudad. Terminó aquel país. No hay memoria del México de aquellos años. Y a nadie le importa: de ese horro quién puede tener nostalgia.” (Pacheco: 1991, 67-68)

Así Batallas en el desierto muestra un proceso de transculturación, el proceso de modernización a la mexicana, la conquista comercial americana, el consumismo y la dependencia.

Pacheco en esta narración expresa el crecimiento de Carlitos y la Ciudad, que arrastrados ante el proceso de modernización no pueden sino unirse a una macro conducta, en donde la individualidad está marcada por una moda y la conciencia, ... la conciencia, es colectiva.

“Sólo en el confinamiento entendemos
que vivir es tener espacio.
Hubo un tiempo
Feliz en que podíamos movernos,
Salir, entrar y ponernos de pie o sentarnos.
Ahora todo cayó. (Pacheco:1986,14)

En el segundo momento, identificado en la novela de Taibo ya se manifiesta un tejido de relaciones impersonales en donde la falta de solidaridad es una constante y al mismo tiempo surge la palabra mágica (como Simel apunta) que mueve las relaciones humanas ¿cuánto?

“La ciudad era como una enorme pista de patinar en la que cobraban quinientos pesos la entrada. Y pocos tenían quinientos pesos... Los demás, veíamos desde la banqueta, pensó Héctor. ¿Pero de dónde habían sacado sus quinientos pesos el asesino?” (Taibo:2000, 23)

El texto nos hace asimilar al individuo como un ser solitario, con conductas predeterminadas por su entorno, pero al mismo tiempo nos muestra la ilógica del comportamiento en una Ciudad llena de reglas y un entramado de instituciones.

La ciudad se le abría como un monstruo, como el vientre fétido de una ballena, o el interior de una lata de conservas estropeada. En sus escasas horas de sueño, sueño de hombre agotado, de trabajador vapuleado por la jornada, la ciudad se convertía en sujeto y amante. El monstruo le enviaba señales, soplaba brisas llenas de extrañas intenciones. La selva de antenas de televisión bombardeaba ondas, mensajes, comerciales. El asfalto, las vitrinas, los muros, los coches, las taquerías al carbón, los perros vagabundo le hacían un lugar en su ritmo. (Taibo: 2000, 24)

La ciudad en su impersonalidad, en su ritmo, es un cobijo de seguridad-inseguridad es el lugar propio para esconder al estrangulador: “El estrangulador estaba cada vez más lejos. Sin embargo, la ciudad que lo había construido estaba más cerca.” (Taibo:2000, 25)

La ciudad-personaje, responsable del anonimato, como vientre fétido había dado lugar al nacimiento de un ser que determinado por la función del dinero como medio, encarna la desvalorización de las funciones emotivas y revaloriza las frías y bien calculadas relaciones racionales. El ritmo de la metrópoli le imprime a sus sueños de perfección, de puntualidad, de precisión, de cálculo y exactitud, el culto por la actitud blasé de la insensibilidad, ya que ninguna víctima merece preferencia con respecto a otra, es la completa interiorización de la economía del dinero.

De esta forma el dinero es el móvil de la ciudad en un sin fin de relaciones de poder, poder comprar un coche para mejorar la búsqueda, poder pagar la renta de la oficina, poder para pagar una asistente, es decir las redes de interrelación se basan en el dinero: “-Seré muy bruto, pero usted es muy pendejo. Pinche trabajo que ni le pagan - murmuró el plomero que habían decidido no dar la batalla frontal” (Taibo: 2000, 60)

Weber dice: “Las ciudades crecen... se transforma, nos envuelven, nos sorprenden, se diría que nos amenazan.”

De esta forma la ciudad de México como hipersuperficie complica las relaciones sociales, es un entramado barroco dimensional ante el cual sólo hay una forma de encontrar una relación de reconocimiento, temor o admiración, y esta es a través de los medios masivos de comunicación:

Los medios masivos alimentan necesidad de morbo de la población, como dice Belascoarán: todo es nota roja, incluso el tema del programa sirve como cebo no sólo al estrangulador toda la ciudad está a la expectativa: “grandes estranguladores en la historia del crimen.”

“La ciudad se alimenta de carroña. Como buitre, como hiena, mexicanísimo zopilote, sobre sus muertos nacionales. Y la ciudad estaba hambrienta.”

“-Pinche detective de mierda - murmuró Gilberto mientras lo miraba de reojo y siguió murmurando por lo bajito, mezclando el desprecio por los huevones pasivos con la admiración por los que salían en la televisión.” (Taibo: 2000, 63)

Así para Belascoarán con su particular modo de ver la vida ya que “él se encontraba en la línea de los detectives inductivos, cuasimetafísicos, de carácter impresionista, al que le vale verga las huellas digitales.” (Taibo: 2000,114) que incluso lo hace desencajar el ese plano impersonal dice: “La ciudad era la olla de agua sucia de siempre.” Y sin embargo, él Belascoarán Sayne termina diciendo “Cuanta soledad, carajo.” (Taibo:2000, 225)

El primer personaje golpeado por las situaciones sentimentales, vive un proceso de adaptación cultural y social ante el abrumador y desollante proceso de modernización que se desarrollará posteriormente en neoliberalismo globalizador. Mientras el segundo muestra el tejido urbano, es decir, varias actividades concentradas en un individuo que lucha por ser, protegido ante el cobijo de libertad que le proporciona la Ciudad. Es de esta manera como los dos personajes principales: Carlitos y Belascoarán son muestra de un pensamiento cultural que reacciona ante los cambios de la ciudad para re-conformar una nueva matriz cultural con marcadas diferencias de clase, en donde se pone en evidencia que la ciudad es un mundo de soledad y de rutinas presa de la ineficiencia de las instituciones.

 

Bibliografía

Pacheco, José Emilio. Las batallas en el desierto, (1991) México, Era.

Pacheco, José Emilio. Miro la tierra, (1986) México, Era.

Taibo II, Paco Ignacio Días de combate, (2000) México, Planeta.

 

© Beatriz Adriana González Durán 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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