La manifestación irónica del feminismo
en un relato de Juan José Arreola

Éder García-Dussán

Universidad Nacional de Colombia


 

   
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Resumen: Muchos de los relatos del escritor mexicano Juan José Arreola toman como tema central la imagen de la mujer, sus formas de relacionarse con el diferente y de fundar sociedad. Varios relatos lo confirman, verbigracia: “Eva”, “Una mujer amaestrada”, “Receta casera”, “Insectiada”, “Tú y yo”, etc. El propósito de este artículo es analizar las formas discursivas que usa Arreola para desplegar una opinión sobre las dimensiones bio-psico-sociales de la mujer y sus movimientos de igualdad y libertad, a través del relato “Homenaje a Otto Weininger”, con apoyo en otros de sus cuentos. El resultado, de esta intervención interpretativa, apoyada principalmente en una lectura indicial, revela algunas de las claves culturalmente utilizadas en las interacciones de los géneros y el devenir de posturas feministas en nuestro medio socio-cultural.
Palabras clave: feminismo, sufragismo, poder patriarcal, instinto sexual, confusión identitaria

 

Schopenhauer y Von Hartmann sostuvieron que las mujeres eran más inconscientes que los hombres, porque poseen una energía o Voluntad de Vida que las lleva a realizar los fines de esa naturaleza bio-psíquica. Estas ideas terminaron por acusar a la mujer “(…) de ser la manifestación de la Naturaleza y encadenar al hombre a las leyes de esta fuerza impersonal y ciega que busca reproducirse” (Puleo, 1994:98) Esta misoginia romántica termina con Otto Weininger, quien, a comienzos del siglo XX, niega el alma de la mujer al identificarla con la mera sexualidad, cosa que no ocurre con el hombre, y afirma al respecto “(…) el hombre tiene un pene, la vagina tiene una mujer” (Weininger, 1902, 1985: 99) Con esto, al identificar la mujer con la sexualidad, la cubre con el manto de la animalidad. Esta postura radical, tendría sus fundamentos en el surgimiento de figuras femeninas destacadas y de los movimientos feministas organizados que se vislumbraban a comienzos del siglo XX. Esto lo confirma Puleo al afirmar que, (…) Weininger, ante el fenómeno colectivo del sufragismo, sostiene que el feminismo surge como imitación de mujeres masculinas por parte de otras normales y busca una explicación biológica al nombrado movimiento: se trataría de un fenómeno filogenético recurrente, debido al mayor número de seres híbridos nacidos en una generación determinada. De esta forma, se intenta biologizar la desigualdad y reducir lo político a mera naturaleza” (Puleo, 1994: 100)

Pues bien, bajo este panorama de conceptualizaciones filosóficas de la mujer, es posible comenzar a entrever la complejidad del relato arreoliano, que tiene por título “Homenaje a Otto Weininger”. La fábula se trascribe a continuación:

“Al rayo del sol, la sarna es insoportable. Me quedaré aquí en la sombra, al pie de este muro que amenaza derrumbarse.

Como a buen romántico, la vida se me fue detrás de una perra. La seguí con celo entrañable. A ella, la que tejió laberintos que no llevaron a ninguna parte. Ni siquiera al callejón sin salida donde soñaba atraparla. Todavía hoy, con la nariz carcomida, reconstruí uno de esos itinerarios absurdos en los que ella iba dejando aquí y allá, sus perfumadas tarjetas de visita.

No he vuelto a verla. Estoy casi ciego por la pitaña. Pero de vez en cuando vienen los malintencionados a decirme que en este o en aquel arrabal anda volcando embelesada los tachos de basura, pegándose con perros grandes, desproporcionados.

Siento, entonces, la ilusión de una rabia y quiero morder al primero que pase y entregarme a las brigadas sanitarias. O arrojarme en mitad de la calle a cualquier fuerza aplastante (Algunas noches, por cumplir, ladro a la luna)

Y me quedo siempre aquí, roñoso. Con mi lomo de lija. Al pie de este muro cuya frescura socavo lentamente. Rascándome, rascándome” (Arreola, 1995:391)

Una relectura del texto, deja ver que no es gratuito el epígrafe del relato («Con una referencia biológica del barón Jacob von Uexküll»), pues efectivamente hay una ambiente biologicista en el desenvolvimiento de las acciones de los protagonistas, un perro enfermo y resignado, y una perra activa y abiertamente maléfica.

Ahora, el hecho de que el perro esté ubicado debajo de un muro a punto de caer, es indicio de la desaparición de un espacio o su exterminio, cuestión que posee su correlato con la tendencia del perro a suicidarse, que es lo que sugieren dos de sus acciones: una potencial, dejarse atropellar; otra real con la que se cierra el relato: debilitar (socavar) el muro que le hace sombra. Además, su lamentable o decadente (roñoso) estado de salud, no le permite ver dónde está la perra por causa de la pitaña, ni oler sus feromonas por tener la nariz carcomida, ni quedar con posibilidades de adquirir nuevas enfermedades contagiosas de perros; además tiene sarna y está profundamente decepcionado y resignado a su nuevo estado. Todo esto parece ser la consecuencia de seguir con celo, que es el apetito sexual animal hacia una perra. Mientras tanto, la perra es apreciada como una tejedora de laberintos, esto es, de callejones hechos para confundir, “que no llevaron a ninguna parte. Ni siquiera al callejón sin salida donde soñaba atraparla”, verbo que connota: cogerla/engañarla/sacarle provecho, con la connotación sexual que posee el verbo “coger”. Una perra que, por lo demás está embelesada, esto es, absorbida/extasiada en los botes de basura de un lugar caótico como el arrabal (comuna, favela o villa miseria), juntándose con otros perros.

Esta labor, además, ayuda a sistematizar los determinantes actanciales y cronotópicos:

 

Actante
P e r r o
P e r r a

Cualificación semántica

Debilitado, menguado
(Tiene enfermedad contagiosa. No olfatea ni ve)
Nostálgico (evoca de un pasado doloroso)
Arrepentido (como a buen romántico…)
Engañado (soñaba atraparla, ilusión de rabia)
Desinteresado (párrafo 4: deseos de morir)
Inútil (Algunas noches ladra, por cumplir)
Resignado (párrafo 5: socava lentamente)
Roñoso (párrafo 5: decadencia física y moral)

Fortalecida es una tejedora de laberintos
(pár. 2: entrelaza confusiones. Seduce, embelesa)
Provocadora
(pár. 2: deja aquí y allá sus olores)
Anárquica, veleidosa
(pár. 3: anda volcando embelesada deshechos provenientes de los espacios céntricos) Promiscua y ansiosa de unión
(pár. 3: pegándose: juntar) ó deseosa de desunión (pár. 3: pegándose; reñir: enemistarse)
Tiene los perros a su merced.
Se sirve del macho, lo extenúa y lo deja enfermo

Espacialidad

Sombra
Centro (muro a punto de derrumbarse. Está ensombrecido > > entristecido, afectado )
Aquí (espacio de replegamiento)

Sol (no lo tolera el perro)
Periferia (Este-aquel arrabal: lugar marginal, caótico, se ofrece como ideal de ciudad y donde no funcionan las leyes generales) … Aquí y allá

Temporalidad

Evocación (abraza un pasado y proyecta un futuro)

Sus acciones están inscritas en el pasado

 

En este punto, hay dos posibles formas de dar cuenta del tema central: (i) La representación de la ‘vida de perro’ que lleva en la actualidad un perro postrado en un nuevo espacio, por causa de los impulsos que le procuró una perra. (ii) Es la vida de (un) perro que le va ‘como a los perros en misa’ por causa de los impulsos naturales en su vida pasada.

Cumplida esta rutina, de forma inmediata surge una lista de cuestiones que, de entrada, evidencian la complejidad del relato frente a su posible cristalización de sentido. Así por ejemplo: ¿Por qué busca el perro la sombra de un muro y no, por ejemplo, de un árbol? Y, consustancialmente, ¿porqué un muro a punto de caer, mientras la perra aparece en un lugar caótico pero de libertades? ¿Por qué el perro está enfermo de la vista y el olfato y, por qué, después de la euforia, termina resignado con una imagen tan decadente? ¿Qué puede significar la connotación de apego carnal entre los protagonistas? ¿Es posible entrever que detrás de la decadencia física se quiera mostrar un descenso del perro?

Para tratar de satisfacer estas preguntas, una forma de proceder es entender el texto como discurso (texto en contexto) y para avanzar en esta propuesta es preciso encumbrarse a aquellos hechos textuales que actúan como indicios (arrojos connotativos y datos implícitos) como una vía metódica de comprensión. Sin duda, en primer lugar está el Título: Otto Weininger; luego, los espacios otorgados a cada grupo actancial (“Muro ensombrecido que amenaza derrumbarse” Vs. “Este o aquel arrabal”) Se enlista como indicio también el conjunto de las acciones de la perra (“A ella, la que tejió laberintos que no llevaron a ninguna parte”; “(…) anda volcando embelesada los tachos de basura, pegándose con perros grandes, desproporcionados”; “dejando… sus perfumadas tarjetas de visita”), al tiempo que las impresiones /sentimientos/ actuales del perro ante las discordancias causadas otrora por la perra (“Como a buen romántico, la vida se me fue detrás de una perra”; “(…) la seguí con celo”; “donde soñaba atraparla”; “siento la ilusión de una rabia; quiero morder al primero que pase y entregarme a las brigadas sanitarias. O arrojarme en mitad de la calle a cualquier fuerza aplastante”; “Algunas noches, por cumplir, ladro a la luna”)

Pues bien, estas cuestiones sólo son posibles de resolver si se descubre el contexto histórico e ideológico que cubre el referente real de la fábula en cuestión. Otto Weininger es un judío vienés, de radical tendencia antifeminista, un verdadero genio que a los 18 años ya dominaba, además del alemán, el francés, el inglés, el italiano, el español y el noruego, así como el latín y el griego aprendidos en las lecturas de los clásicos, especialmente de Homero. Conocido en el ámbito vienés por su tesis doctoral “Sexo y carácter” (Con más de 25 ediciones y con traducción en 8 idiomas), fue leída desde su publicación, en mayo de 1903, con ánimo y produjo controversias variadas en un ambiente cultural de decadencia, llamado por Nietszche nihilismo, caracterizado por una vida pública y privada desordenada e indeterminada (correlato del muro ensombrecido que amenaza derrumbarse) y, concretamente en una Viena caracterizada por ser la mezcla del final del antiguo régimen del imperio austro-húngaro de los Habsburgo con modernismo, un verdadero caldo de cultivo de dos guerras mundiales y de revoluciones en diversos campos: composición musical, teoría física, periodismo político, arquitectura, psicología y lógica:

“Weininger fue, en efecto, el exponente de una generación carcomida por una terrible crisis de identidad en un mundo que zozobra, en el que todo cambia y en el que el individuo no encuentra apoyos sólidos a los que asirse... La era de la seguridad que retrató Stefan Zweig en El mundo de ayer se había extinguido y Karl Kraus certificaba su muerte: "Bienvenido sea el caos porque el orden ha fracasado". Esa crisis de valores que recorrió Europa y que los franceses bautizaron como "le grand malaise", ya había sido diagnosticada por Nietzsche en La Gaya Ciencia al augurar la muerte de Dios, el fin de los ideales del mundo moderno y el advenimiento del nihilismo. En ese clima de decadencia, mujeres y judíos jugaron el papel de chivos expiatorios” (Villaverde, 2003)

En su obra doctoral, el filósofo argumenta que la liberación femenina consiste en la conquista de los derechos privados y públicos, además del perfeccionamiento intelectual y moral. Este último es imposible para él, dado que las mujeres en el momento de tomar una decisión moral, necesitan de la ayuda de un tutor.

Las mujeres se habían beneficiado en el Siglo de las Luces de las teorías individualistas y de defensa de los derechos de la persona que propiciaban su realización como seres humanos y su liberación de la tradición y las convenciones. Pero el XIX fue un siglo profundamente anti-ilustrado. Fue el siglo de las ideologías colectivas que, para exorcizar los fantasmas de la inseguridad y el desarraigo, auspiciaron el anclaje del individuo a la etnia y fomentaron el nacionalismo. Fue también un siglo radicalmente antifeminista que resucitó los antiguos valores femeninos del sacrificio, la renuncia, la abnegación y el vivir para los demás, frente al ideal ilustrado de la autorrealización. Si el siglo XVIII alumbró a grandes defensores de la mujer como Diderot y Condorcet, los personajes más eminentes del XIX fueron destacados misóginos.

En efecto, Weininger afirma que el principio femenino es el culpable de todas las tendencias destructivas y nihilistas (del lat. Nihil: nada) de la cultura, siguiendo así las tendencias de Aristóteles y Nietzsche. Es por esto que argumenta que la mujer no tiene ética, ni lógica, ni alma, que no merece ni necesita la igualdad ni la libertad: “En un ser como la mujer que carece de fenómenos lógicos y éticos, falta también la razón para atribuirle un alma (…) La mujer absoluta no tiene yo”, correlato contextual de algunas las acciones de la perra, de claro ambiente apreciativo negativo, con lo que establece una dicotomía radical:

 

Mujer
Hombre
Negativo Positivo
Caos Creación
Irracional (instintivo) Racional
Judio Ario
Amoral y crédula Moral y perspicaz

 

Sobre la base de la antítesis masculino-positivo-racional-moral y femenino-negativo-irracional-amoral, Weininger explica los fenómenos del amor, la amistad, el matrimonio, la homosexualidad, la emancipación de la mujer, la maternidad, la prostitución, el judaísmo y el antisemitismo. Respecto a este último tema, admite que al tratar el tema del judaísmo no se refiere a ninguna raza, ni pueblo, menos a un credo legalmente reconocido. Para este autor, el judaísmo es una dirección del espíritu, una constitución posible a cualquier hombre. Tal es el caso de Richard Wagner, el más profundo antisemita, según Weininger, que presenta fuertes rasgos de judaísmo. En el afán por mostrar polaridades, Weininger señala que el socialismo es ario, mientras el comunismo es judío (Marx) Entre otras falacias y teorías desmentidas por la Historia, una de las profecías de Weininger resultó ser falsa: El concepto de ciudadano es plenamente extraño al judío, y por ello jamás ha existido un Estado judío, en el verdadero sentido de la palabra. Pero, a pesar de las semejanzas, Weininger ubica diferencias entre la mujer y el judío y, de esta forma, llega finalmente a la diferencia entre los judíos y las mujeres. Su semejanza se basa sobre todo en que aquéllos y éstas creen poco en sí mismos.

No obstante, su creencia en la derrota de la razón (‘lo masculino es lo racional de modo perfecto’, afirma el vienés) frente a los sentimientos (lo femenino, cercano al caos), y que resume en su querella: “la mujer es sólo sexual, el hombre es también sexual”, la manifestó finalmente suicidándose el 03 de octubre de 1903 (5 meses después de la publicación de su obra), pegándose un tiro en el corazón en el dormitorio de la casa vienesa de Beethoven, según él, en homenaje al genio incomprendido. Este dato es muy importante, en la medida en que el relato de Arreola es un Homenaje a Weininger quien, a su vez hizo un acto fatal en Homenaje a Beethoven. Se sabe que la verdadera liberación exige según Weininger, que la mujer conquiste sus derechos pero también que logre su perfeccionamiento moral, luchando contra todo lo que, en su propia alma, constituye un atasco. Esa alta meta que Otto Weininger soñó para todo ser humano y que él fue incapaz de alcanzar le condujo al suicidio. Su muerte -disparándose un tiro en el corazón y no en el cerebro- simboliza la derrota de la razón frente al sentimiento, pero también el fracaso de una generación que había perdido la fe en los valores ilustrados -razón, derechos del individuo, cosmopolitismo- y que no encontró más alternativa que la irracionalidad, el nacionalismo y el racismo que la encaminaron hacia el horror del nazismo.

Al respecto, se sabe que las excentricidades del músico vienés se centraron en repetidos enamoramientos, pues Beethoven siempre elegía a mujeres inaccesibles que pertenecían a la aristocracia, que estaban casadas, o las dos cosas a la vez. Sus encantos femíneos comenzaron en 1801 con su pasión por Giulietta Guicciardi, a quien inmortalizo con la dedicatoria de su Sonata ‘Quasi una fantasia’, que será más tarde sobrellamada ‘Claro de Luna’ y en unas cartas, dirigidas a su ‘amada inmortal’ (1812), expresa sus sentimientos hacia la única mujer que debió corresponderle, Brentano, esposa de un mercader de Frankfurt y madre de cuatro hijos. Su sentido ético y el miedo al maridaje, hicieron que huyera de esta relación, a pesar de los conflictos emocionales que le causó. Como se nota, el nihilismo afectó también la posibilidad de conciliación y convivencia entre hombres y mujeres, y se reemplazó por mitos que intentaron justificar el ya naciente pensamiento nazi: “De 1811 data su último ensueño amoroso: cortejó a la bella cantante Amelia Sebald, que se casó más tarde con un consejero de Estado. En la vida amorosa de Beethoven se señalan, además de las anteriormente citadas: una "bonita y alegre rubia" por la que en su juventud sintió un amor "Wertheriano", Teresa Malfatti, con la que pensó contraer matrimonio, como lo comprueba una carta fechada el 2 de mayo de 1810 en la que solicita al Dr. Wegeler, documentos personales para ese fin, y el pedimento hecho a través de su amigo Gleichenstein al padre de Teresa y que recibió como contestación la siguiente observación de un tío de la propia interesada: "Beethoven es un hombre muy torpe de entendimiento, aunque puede ser el más grande de los genios". Bettina Brentano a quien el maestro conoció en 1810, y la cual llegó hasta el grado de hacer públicas dos cartas sin fecha de las que hasta ahora no se han encontrado los originales (no obstante que ella aseguraba que se encontraban entre su valiosa correspondencia como reliquias sagradas) A los 43 años renunció a su anhelo hogareño, no sin apurar antes la copa de la amargura, de la decepción y aún de la burla, aunque conservándose siempre en un plano de dignidad e idealismo.

Ahora, la época, aunque nihilista, fue también la del segundo ascenso del feminismo, aparejado con la crisis del poder patriarcal en Occidente. No en vano, la misoginia y el suicidio, fueron la reacción más feroz e inminente. En la década de los 60’s del siglo pasado, se reinaugura el feminismo, movimiento por la igualdad de derechos que permite a la mujer, además del derecho al voto (sufragismo), el derecho a dejar de ser y estar marginadas (recuérdese que la perra está en un arrabal) en muchos aspectos de la vida social (ocupar cargos públicos e ir a la universidad), sexual (aborto, divorcio, uso de anticonceptivos, políticas contra la mutilación genital femenina), laboral y económica (igualdad de salarios y puestos de trabajo bien pagados)

Sus políticas apuntan contra el acoso, la violencia y la discriminación. En Latinoamérica, es la guatemalteca Rigoberta Menchú, quien encarna simbólicamente ‘la causa de la defensa y la dignificación de la mujer’. Arreola escribe justamente este relato en la época de mayor florecimiento del feminismo en América Latina, cuya característica se centra en no poseer una estructura jerárquica y unificada, y aunque no se basa en un conjunto de principios formales, la idea central es que las mujeres sufren una opresión no compartida por el hombre y de la que, por lo general, los hombres son los beneficiarios políticos, sociales, emocionales y económicos.

Las características actuales dejan ver que, después de la lenta inmersión del feminismo, los valores, poderes y espacios culturales cambian (nótese como en este momento de la interpretación hacen natural mixtura los primeros cuatro indicios localizados del relato), y con ellos, las directrices de la masculinidad y la feminidad. El hombre actual, es un ser que pierde las cualidades de protector, proveedor y recio, para pasar a ser quien pide protección y que, absorto, dimite casi impotente que la mujer tome un lugar y unos valores centrales en la cultura, haciéndolo pasar incluso por inútil, en un acto de resignación obligada que, no obstante, aún encuentra en las nuestras culturas resistencias, similares a las del siglo XIX alemán. Es innegable que la sociedad donde el hombre era la autoridad en todos los ámbitos (patriarcado), cede terreno (se debilita, se derrumba), para dar paso a una sociedad nueva, impulsada ideológicamente por el movimiento feminista, que aunque en constante formación (aún caótica y presentada como proyecto), ofrece alternativas de igualdad social. Baste añadir que, a pesar de que 50 años no son mucho en la historia de dominación masculina, pero sus alcances son, históricamente “desproporcionados”.

En suma, lo que se tiene es lo siguiente:

Material textual de carácter indicial

Determinantes contextuales

Otto Weininger

Judío vienés, de radical tendencia antifeminista. Conocido en el ámbito vienés por su tesis doctoral "Sexo y carácter" donde argumenta que la liberación femenina consiste en la conquista de los derechos privados y públicos, además del perfeccionamiento intelectual y moral. Este último es imposible para él, dado que las mujeres en el momento de tomar una decisión moral. el 03 de octubre de 1903 se suicidó, pegándose un tiro en el corazón en el dormitorio de la casa vienesa de Beethoven, según él, en homenaje al genio incomprendido.

Espacios otorgados al perro y la perra

Weininger escribe en un ambiente cultural de decadencia, llamado por Nietszche nihilismo, y caracterizado por una vida pública y privada desordenada e indeterminada. El XIX fue un siglo antiilustrado, por lo que resucitó los antiguos valores femeninos del sacrificio, la renuncia, la abnegación y el vivir para los demás, quienes vivían marginadas del mundo central y/o falocéntrico de la cultura europea.

Acciones de la perra

Weininger afirma que el principio femenino es el culpable de todas las tendencias destructivas y nihilistas (del lat. Nihil: nada) de la cultura, siguiendo así las tendencias de Aristóteles y Nietzsche. Es por esto que argumenta que la mujer no tiene ética, ni lógica, ni alma, que no merece ni necesita la igualdad ni la libertad.

Impresiones del perro ante la desgracia con la perra

Aunque nihilista, fue también la del segundo ascenso del feminismo, aparejado con la crisis del poder patriarcal en Occidente. La misoginia y el suicidio, fueron la reacción más feroz e inminente.

Jabob von Uexküll

Biólogo alemán del siglo pasado, consideró el orbe humano guiado por claves biológicas, las que consignó en su obra "Ideas para una concepción biológica del mundo", que se hizo pública en la década de 1920.

Bien, hora de precisiones. Este relato abre posibilidades múltiples de interpretación, cuando se descubre el mundo contenido en el título. Es de notar, que la fábula no deja, como en la antigüedad, una moraleja, sino que su función actual, apunta a una reelaboración irónica en la que suele desaparecer la moraleja o se ofrece al lector un marco mayor de sugerencias. En efecto, el título, Homenaje a Otto Weininger, esto es, un cumplido al antifeminista por excelencia, resulta ser un homenaje al feminismo, con lo cual se nota que todo el texto es una total ironía. Con la tentación de igualar al perro con un hombre concreto (Weininger o el mismo Beethoven, que tan mal le fue con las mujeres), la oposición actancial entre el perro y la perra, representan simbólicamente hombre y mujer, analogía que se permite explotar Arreola, abanderado de (por lo menos) tres aspectos justificadores, a saber:

(i)- El animal, desde las fábulas de Esopo, sirve como retícula de lectura de la condición humana. No gratuitamente se afirma que los animales se parecen tanto al hombre que a veces es improbable diferenciarlos de éste.

(ii)- Arreola aprovecha una metáfora común de la comunicación cotidiana. En el discurso común femenino, el hombre queda reducido a ‘un perro’, en el discurso masculino, la mujer suele ser ‘una perra’ (además de ‘zorra’, ‘gata’, ‘lora’, ‘cacatúa’ ‘loba’, etc.); concepto que connota desde, persona muy mala e indigna (Perro), hasta prostituta (Perra), y que permite sintetizar un drama humano: la posición compleja y ambivalente del sentimiento de todo hombre hacia la mujer y viceversa. Aprovechar esta lectura metafórica del relato implica, así, encontrar en el cuento-fábula palimpsestos con una compleja significación.

(iii)- Íntimamente ligada con la anterior, permite pensar en la parte instintiva del humano. Su necesidad biológica hace que hombre y mujer se busquen, a pesar del daño que muchas veces se causan. El Otro-diferente-sexual es ‘un mal necesario’, convirtiendo así la relación se matiza de una eterna búsqueda, al tiempo que un eterno enredo donde el hombre sale perdiendo, pues Arreola ve que el hombre siempre sale derrotado en su ejercicio activo de poder. Su mejor intérprete, Saúl Yurkievich, en el prólogo de sus Obras Completas escribe respecto a la representación de la mujer en la obra arreolana: “(…) El amor responde a instintos feroces resulta un acto bárbaro, mutuo martirio. La pareja contiende en encarnizado combate, libra la ancestral guerra de los sexos, consuma la vida arcaica, el orgiástico paroxismo de la lujuria y la muerte. Pero el predominio del varón abusivo a menudo se revierte por el imperio de la mujer fatal que arrebata el poder al macho cautivándolo y avasallándolo. Es ella ahora la vampiresa, la veleidosa, la promiscua, que lo tiene a su perversa merced…. La relación de Arreola con la mujer es fatal, por lo inevitable, y cambiante; está signada por la necesidad y el rechazo” (Yurkievich, 1995: 17)

Obsérvese que se subraya aquí el componente puramente animal del humano: el instinto sexual se satisface porque es inevitable, pero ‘sale caro’. El hombre es seducido, enredado, sacrificado y, ‘sale a deber’: el macho, sexualmente, sale perdiendo, tal como lo representa abiertamente su relato “Insectiada”:

“Pertenecemos a una triste especie de insectos, dominada por el apogeo de las hembras vigorosas, sanguinarias y terriblemente escasas. Por cada una de ellas hay veinte machos débiles y dolientes.

Vivimos en fuga constante. Las hembras van tras de nosotros, por razones de seguridad, abandonamos todo alimento a sus mandíbulas insaciables.

Pero la estación amorosa cambia el orden de las cosas. Ellas despiden irresistible aroma. Y las seguimos enervados hacia una muerte segura. Detrás de cada hembra perfumada hay una hilera de machos suplicantes.

El espectáculo se inicia cuando la hembra percibe un número suficiente de candidatos. Uno a unos saltamos sobre ella. Con rápido movimiento esquiva el ataque y despedaza al galán. Cuando está ocupada en devorarlo, se arroja a un nuevo aspirante.

Y así hasta el final. La unión se consuma con el último superviviente, cuando la hembra, fatigada y relativamente harta, apenas tiene fuerzas para decapitar al macho que la cabalga, obsesionado en su goce.

Queda adormecida largo tiempo triunfadora en su campo de eróticos despojos. Después cuelga del árbol inmediato un grueso cartucho de huevos. De allí nacerá otra vez la muchedumbre de las víctimas, con su infalible dotación de verdugos” [1] (Arreola, 1995: 358)

Como se nota, al final, el macho queda aniquilado, o, coloquialmente, ‘como un perro’. Al respecto, el Yurkievich subraya con acierto: “Es la mujer la que hace sucumbir al hombre. Ella lo arrastra hasta el fondo sexual, lo hace caer en el sexo-tumba, en ese irresistible y tenebroso abismo donde él pierde conciencia, pierde su identidad” (Yurkievich, 1995: 24) Este es el mismo hombre que cree ir de victoria en victoria frente a la mujer, que cree amaestrarla, para descubrir al final que es ella quien lo amaestra. Es por eso que en su relato “Una mujer amaestrada”, Arreola, bajo la voz de un observador de una pareja de domador y fiera en un simple espectáculo callejero, también en las afueras de una ciudad (en la periferia, en el arrabal), termina con los ojos puestos en una mujer que danza sensualmente al ritmo de un tamboril, mientras su supuesto amaestrador, un vulgar saltimbanqui, llora su tragedia (igual que la condición del perro) La coda de este relato termina categóricamente así: “Como actitud final, nada me pareció más adecuado que caer bruscamente de rodillas” (Arreola, 1995: 116)

Todo lo anterior justifica abiertamente la segunda lectura descubierta en el cuento “Homenaje…” con los datos de relación/comunicación feromonal del perro y su imposibilidad de seguir en ese ámbito por su carácter enfermo (roñoso, sin olfato ni visión) La necesidad biológica le ha permitido acercarse a la perra para que ella lo deje en mal estado, y nuestro perro sobrevive para contarlo; eso es lo que justifica el epígrafe del cuento: “Con una referencia biológica”. Von Uexküll, biólogo alemán del siglo pasado, consideró el orbe humano guiado por claves biológicas, las que consignó en su obra “Ideas para una concepción biológica del mundo”, que se hizo pública en la década de 1920. Allí, el pensador afirma que un organismo animal selecciona o recorta de la infinidad de objetos un número reducido de ellos frente a los cuales reacciona exclusivamente y cuyo conjunto constituye su mundo vital o medio-ambiente (Unwelt); los demás son inexistentes para ese organismo. Para usar una exitosa analogía, cada animal se rodea de una ‘burbuja de jabón’, que es medio-ambiente específico, y la llena de sus características que son apropiadas para él. Si otro organismo entra en ese ‘espacio-burbuja’, ese lugar-vital cambia profundamente y muchas características cambian, otras aparecen y de resultas queda un mundo completamente nuevo.

Esto es lo que le pasa a nuestro enfermo perro y que se materializa en el relato a través de una oposición espacial: El perro está en un espacio vital ensombrecido a punto de caer, cualidad actual del patriarcado y hoy día mero espacio de patética defensa o replegamiento; mientras la perra se encuentra en un lugar alumbrado que, aunque marginal (arrabal), tiene el destino de unirse al centro (falocracia) en algún momento. Este sería el símbolo del feminismo: Espacio vital en proceso de llegar a ser (proyecto desordenado a medio funcionar), y también de llegar a juntarse, a pegarse a la tradición que se extiende velozmente de Europa hacia el resto de América (Aquí y allá) Por eso los espacios donde aparecen perro y perra son creaciones humanas (arrabal, muro), porque las ideologías que sostienen esos espacios culturales (machismo/falocracia; feminismo/ginecocracia), son creaciones discursivas, propias del orbe humano.

La mujer actual insiste en incrustarse en el espacio-vital del hombre, con la consecuencia anunciada por el biólogo alemán: cambio radical a nivel comportamental y esencial sufrido en el hombre, sin importar mucho las consecuencias de tal paquete de cambios agenciados. Tal como afirma el propio Von Uexküll, curiosamente usando la figura del perro: “Los más importantes objetos para la ciudad del perro tienen para nosotros tan poca significación como los más importantes objetos de la ciudad del hombre para el perro” (von Uexkull, 1924: 84)

Pero también se da una oposición en la calificación de los actantes consistente en un cambio esencial de características de cada mundo-vital y de identidad (Uexküll & Yurkievich), que sorprende por su coincidencia con la actualidad: tras la focalización del movimiento feminista, el poder masculino se ha debilitado, se ha complicando más la interacción entre hombres y mujeres. Muchos hombres glorifican con nostalgia el pasado porque allí ellos controlaban, y su frustración deviene desinterés y resignación. La imagen masculina tiende a decaer física y moralmente (la publicidad y el discurso mass mediático lo comprueba fácilmente al representarlos muchas veces roñosos e inútiles), e incluso el hombre actual, tras el feminismo, se niega abiertamente a seguir detentando valores masculinos ancestrales como la protección y la procreación y, más bien, piden ser protegidos, como lo deja ver la cinta de Almodóvar “Hable con ella” (2002), en una confusión identitaria que ya no respeta límites y que impone una cultura feminizada, esto es, cada vez más icónica, y por tanto, más sensible. Incluso, las telenovelas lo revela así; baste pensar en las más representativas de Colombia: “Café con aroma de mujer” y “Betty, la fea”; contrapuestas a “El inútil” o “Pedro, el escamoso” o “Pasión de Gavilanes”, y también claramente en performance artísticos como los Drag Queens (hiperfeminización) y los strippers (hipermasculinización).

Quizá este panorama abierto como hipótesis de sentido no se reduzca más que a un engaño históricamente (auto)alimentado: la cultura, se dice, comenzó siendo matriarcal, lo que equivale a decir que el poder es básicamente femíneo, caracterizado por ser provocador/seductor y afectivo, tal como lo develan los mitos en su totalidad. Así, el mito griego de Penélope y Ulises, en La Odisea, que deja ver una mujer ‘tejiendo’ el destino de su esposo (y de su nación, de paso) a través de artificios y atolondramientos a sus pretendientes y que se refleja también en el mito bíblico de Eva. Es de notar que la historia muestra que la mujer interviene en las todas las labores culturales, acelerando o retardando sus efectos, además siendo el factor de unión y prolongación de la especie a través de su función erótica en la especie, o siendo la causa de la guerra y las rivalidades entre los hombres, como sucede en La Iliada.

Esto lo sabe muy bien Arreola, y lo muestra en algunos de sus relatos. Baste leer “Eva” para constatar cómo el poder reside en la mujer, dado que por ella la humanidad es posible y de cómo la forma de interacción entre unos y otras sólo es posible en la ambivalente figura de la guerra y la tregua:

“Él la perseguía a través de la biblioteca entre mesas, sillas y armazones. Ella se escapaba hablando de los derechos de la mujer, infinitamente violados. Cinco mil años absurdos los separaban. Durante cinco mil años ella había sido inexorablemente ultrajada, postergada, reducida a la esclavitud. Él trataba de justificarse por medio de una rápida y fragmentaria alabanza personal, dicha con frases entrecortadas y trémulos ademanes.

En vano buscaba él los textos que podían dar apoyo a sus teorías. La biblioteca, especializada en literatura española de los siglos XVI y XVII, era un dilatado arsenal enemigo que glosaba el concepto del honor y algunas atrocidades de esa misma índole. [2]

El joven citaba infatigablemente a J. J. Bachofen [3], el sabio que todas las mujeres debían leer porque les ha devuelto la grandeza de su papel en la prehistoria. Si sus libros estuvieran a mano, él habría puesto a la muchacha ante el cuadro de aquella civilización oscura regida por la mujer, cuando la tierra tenía en todas partes una recóndita humedad de entraña y el hombre trataba de alzarse de ella en palafitos. [4]

Pero a la muchacha todas estas cosas la dejaban fría. Aquel período matriarcal, por desgracia no histórico y apenas comprobable, parecía aumentar su resentimiento. Se escapa siempre de anaquel en anaquel, subía a veces a las escalerillas y abrumaba al joven bajo una lluvia de ofensas. Afortunadamente, en la derrota, algo acudió en auxilio al joven. Se acordó de pronto de Heinz Wölpe [5]. Su voz adquirió, citando a este autor, un nuevo y poderoso acento:

En el principio sólo había un sexo, evidentemente femenino, que se reproducía automáticamente. Un ser mediocre comenzó a surgir en forma esporádica, llevando una vida precaria y estéril frente a la maternidad formidable. Sin embargo, poco a poco fue apropiándose ciertos órganos esenciales. Hubo un momento en que se hizo imprescindible. La mujer se dio cuenta, demasiado tarde, de que le faltaban ya la mitad de sus elementos y tuvo necesidad de buscarlos en el hombre, que fue hombre en virtud de esa separación progresiva y de ese regreso accidental a su punto de origen.

La tesis de Wölpe sedujo a la muchacha. Miró al joven con ternura. “El hombre es un hijo malo que se ha portado mal con su madre a través de toda la historia”, dijo casi con lágrimas en los ojos.

Lo perdonó a él, perdonando a todos los hombres. Su mirada perdió resplandores, bajó los ojos como una madona. Su boca, endurecida antes por el desprecio, se hizo blanda y dulce como un fruto. Él sentía brotar de sus manos y de sus labios caricias mitológicas. Se acercó a Eva temblando y Eva no huyó.

Y allí, en la biblioteca, en aquel escenario complicado y negativo, al pie de los volúmenes de conceptuosa literatura, se inició el episodio milenario, a semejanza de la vida de los palafitos” (Arreola, 1995: 73-74)

Todo indica que el poder en el hombre, no deja de ser una mera ilusión o sueño de control: se acepta implícitamente el sueño masculino de tener-el- poder, contrapuesto a la realidad femenina de ser-el-poder. La pregunta por la intención comunicativa del texto de Arreola se traslada, entonces, hacia esta cuestión: ¿qué ha justificado el dominio histórico del hombre sobre el poder femenino?, y por tanto, ¿cómo entender que el hombre, muchas veces, subyugue aún a la mujer, y (muchas veces) con permiso de ésta? Aún más, ¿no es, finalmente lo sexual, lo que interroga por la relación entre hombres y mujeres? En todo caso, es necesario recordar que, al final de su vida, Freud, después de apostar por la primacía de lo simbólico, termina inscribiendo al hombre en su esencial dimensión real de lo biológico.

 

Notas:

[1] Es evidente que este relato, con su doble sentido en el orbe animal y humano, explota la forma de junción de la mantis religiosa.

[2] Hacia 1550 surgen varios géneros literarios en España. Entre ellos se encuentran la novela picaresca y la pastoril que narra las aventuras y desventuras amorosas de pastores idealizados.

[3] Johann Jakob Bachofen: filósofo suizo que publicó su obra El matriarcado (1861). Antes de su publicación, se creía que el patriarcado era un sistema político familiar intrínseco a la humanidad.

[4] Palafito, vivienda construida sobre plataformas sustentadas por postes hincados en el suelo, situada en aguas interiores poco profundas de lagos. Son tan remotos que se encuentran desde la edad de piedra. En los yacimientos neolíticos, los arqueólogos han encontrado huesos de animales domesticados, como el caballo y el perro, y en algunas comunidades de la edad del bronce, el cerdo.

[5] Heinz Wölpe: no existe un personaje tal. Es una invención del escritor.

 

Referencias bibliográficas

ARREOLA, J. J. (1995) Obras Completas. México: F. C. E.

PULEO, A. H. (1994) “Sexualidad y conceptualización de la mujer”. En: La construcción del sujeto femenino” La Coruña: Editorial Gabinete del patrimonio. Colección F. Paideia, documentos 2.

VILLAVERDE, Mª. J. (2003) El centenario de Weininger. Diario ‘El País’, sábado 4 de 0ctubre.

VON UEXKÜLL, J. (1924) Ideas para una concepción biológica del mundo. Madrid: Calpe.

WEININGER, O. (1985) Sexo y carácter. Barcelona: Península

YURKIEVICH, S. (1995) “Juan José Arreola: Los plurales poderes de la prosa”. En: Obras Completas, Juan José Arreola, México: F.C.E.

 

© Éder García-Dussán 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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