Espéculo

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Xelo Candel Vila

La arena

       

 

Rafael Morales Barba

La cita del Libro de los Salmos LX,3 y la de Luis Rosales alumbran el sentido del libro de esta poeta siempre secreta a pesar de una conocida trayectoria de calidad en el venero esencial. Y no sin paradoja por su conocida presencia en otros ámbitos del estudio o del compromiso y la poesía neorrealista. Evidentemente los lenguajes tienden a proponerse por encima de otras pulsiones profesionales y la poeta de hoy poco tiene que ver con la experta en Victoriano Crémer, Luis García Montero o Max Aub. Aquí la trayectoria depende de un creador de lenguajes y perspectivas en el español de fin de siglo como fue José Ángel Valente cuando se propone como poeta y lo consigue en sus claroscuros. No hay paradoja en esta arena ácima, desalentada, llena de llagas y conmociones en verso libre, contenido y sabio, que leen una tradición reciente, la deslexicalizan y dirigen hacia otros derroteros formales y emocionales donde el otro tiene una presencia más vívida y menos abstracta que en gran parte de la tradición del nihilismo moderno desde Paul Celan a Edmond Jabès, que es un poeta más diferenciado desde esta perspectiva.

Invocación, herida y canto son tríada del libro que tiene mucho que ver con una tradición de la autognosis y el dolor de ser, que en la mirada heredera de José Ángel Valente se significa desde cierto omphalismo que troca su cantar pensando en otros. No hay sin embargo poéticas miméticas con Sánchez Robayna, Melchor López, Ada Salas Esperanzas López Parada o Rafael José Díaz, siempre más cálido, sino una lectura de esa tradición volcada hacia otra persona. Un lenguaje y una herencia muy atenta en querer decir y saber, como le gusta presentar a Ángel Gabilondo sus trabajos, donde pugna entre desbordarse o contenerse cuando se aproxima al otro. No hay pues un narcisismo de lo desolado tal y como ha hecho la poesía piedracelista o cierta poesía neorrealista encardinada en la llamada poesía de la edad, o en el preciosismo postmodernista de los 90 atento a la renovación del malecón derruido. Plenitud y dolor se balancean en esta tragedia donde el yo se implica en una desesperación donde el dolor del otro, del ausente, es mi herida, su hambre mi ruina, o está en su miedo mi paisaje. Hay pues una tremenda implicación emocional que encuentra finalmente contra las penurias del desfiladero vital una certeza que se sabe cumplida pese al dolor en la certidumbre de saber al fin / que la vida le ha sido propicia. No hay pues un narcisismo del vacío y mucho menos una estética de la desolación, sino un aprovechamiento y asunción de unos lenguajes para dotarlos de una calidez nueva donde lo antiguo de un lenguaje se hace próximo y propone unas posibilidades que a buen seguro no caerán en saco roto para el lector más atento. Un mérito más de esta filóloga que fue antes poeta y ahora, cuando el tiempo ha pasado desde a A destiempo (2003), vuelve con renovados bríos.

Delicadeza, investigación emocional, letras diferenciadas y asumidas, donde hay un delirio de la angustia que no descansa ni se apaga, llega con un fervor casi hernandiano (de Miguel Hernández), pero contenido, a reunirse con la tradición expuesta. Un estupendo libro demasiado tiempo en las gavetas del secreto, mucho más de cuanto merecía tal y como suelen hacer algunos estupendos poetas tímidos, a veces conocidos sólo por amigos y círculos, que a la vez de estar atentos a su momento histórico prefieren ahondar en los lenguajes antes de aprovecharse del tirón de los premios vesánicos, de la planetización de algunos jurados de tendencia o del simple oportunismo donde al final los vates bailan en el olvido tras despeñarse desde la cuerda del funambulista para la que no estaban preparados. Xelo Candel pertenece a la tradición que Claudio Rodríguez destacaba muy a menudo, la que publica tan de tarde en tarde que no cabría en los planes quinquenales de la URSS estaliniana por falta de producción. Pero que cuando se decide ya sabe el lector más atento que llega sin saldos o prendas defectuosas, sino una cuidada propuesta del dolor que no se aclimata a lo fácil sin más de lo mimético, sino de la utilización de unos lenguajes para rehumanizar y hacer otra cosa muy diferente con delimitada personalidad.

2/06/2008

 

© Rafael Morales Barba 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2008