Espéculo

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Enrique Villagrasa

Paisajes

           

 

Enrique Villagrasa y su paisaje interior
Manuel López Azorín

El paisaje interior de Enrique Villagrasa es un paisaje de búsquedas y de dudas, un paisaje que, ya de mar, ya de silencio, nos va mostrando al Villagrasa poeta imbricado con el Enrique hombre en una constante lucha donde trata de sobrevivir, interna y externamente, indagando, preguntando, buscando, dudando y, finalmente, resignándose, con cierto sentimiento de culpa, a su casa-cuerpo, a su mente-alma y mostrándonos su modo de ser y de sentir en un libro, Paisajes, (Ediciones Baile del sol, 2007) que es una obra-vida escrita, borrada y re-escrita ya tantas veces que ha acabado convertida, como él bien dice, en un palimpsesto donde siempre quedan las huellas de lo escrito, de lo vivido, y se mezclan con la nueva escritura. Cuando la obra es vida, cuando al escribirla se pretende borra lo ya vivido, lo ya sentido, termina sucediendo que sale a flote, emerge entre lo re-escrito nuevamente y se mezcla como se mezclan la vida y la poesía cuando son una misma cosa, una misma búsqueda, un mismo deseo de ser, en la vida y en la página, mejor.

Si cierro los ojos veo las playas de mi vida nos dice Villagrasa en el primer apartado del libro titulado Paisajes de mar que es su vida ahora, su vida escrita , caminando por la página a través de su voz hecha palabra y pregunta y duda y búsqueda. Hoy nada sustenta mi vacío, / ni el granítico otoño, ni los rostros;/ camino con mi miedo tras las palabras / de una incesante búsqueda frustrada. Esta vida escrita es, al tiempo, la viva vida del instante, la lucha viva del momento que grita: Anhelo callar de puro gozo, / deseo de ser en ti. (…) Qué delicia olvidar la memoria / pero cantando quedamente / y no soportar ninguna carencia. (…) En sombras / y en memoria de un olvido / persigo el don de la palabra. La lucha interior que se debate, siempre, entre las obligaciones cotidianas, las responsabilidades adquiridas, la dedicación a lo querido que, a veces, parece , sólo parece, abandonarse mientras el tintero derrama su tinta azul sobre la página, que busca ser de luz, forma acelerados sonidos, arpegios de un tiempo que marchó como las olas a la deriva por un tiempo de memoria impenitente repleto de acordes que suenan a sueño o a tristeza, a realidad vivida o a realidad inventada entre la sílaba del anochecer, ya lejano el misterio del alba, camino del no alcanzado nunca límite infinito, y se convierte en línea de luz que es la mujer amada, la que sólo nos ama cuando quiere y como quiere con su luz hecha voz por el alma y la página para que así, podamos contar, cantar la vida para que crezca el corazón cada vez más humano. Este apartado primero es sin duda, la reflexión de esa búsqueda constante de la palabra poética en un deseo, intento, de crecer y de mejorar. Aun así, el poeta, tal vez por ese sentimiento de culpa al que aludía al principio, sentimiento que le hace pensar en abandonos no conscientes de la vida real por la búsqueda de esa otra realidad inventada, que sigue siendo la misma realidad pero ahora entrañada en palabra poética, termina diciéndose y diciéndonos: lentas, graves las olas / se repiten insaciables: / la poesía ha muerto / y multiplica rauda su eco. En un claro intento de dimisión o cese.

En el segundo y último apartado titulado Paisajes de silencio podría parecer que nos ofrece más de lo mismo, es decir, otro palimpsesto de lo vivido y de lo escrito a lo largo de su trayectoria vital y poética. Podría; pero no es así, ahora además de su preocupación por la palabra, de su sueño de luz en ella, vemos casi en el mismo poema hecho prosa, diferentes matices que le distancian, en cierto modo, del mismo poema anterior. Aquí hay una misma voz que dice casi las mismas palabras; pero con otra luz, con otro color, es ahora una voz que nos llega como de un cuadro expresionista de Kirchner o Heckel en ocasiones, como si, como ellos, tratara de potenciar el principio de identidad arte-vida o como Klee en otras ocasiones donde nos parece mostrar aspectos más armoniosos. Expresionismo como movimiento pictórico-poético- psicológico donde a través no ya de colores primarios y fuertes, acompañados de negro para violentar la expresión, sino a través de un lenguaje (y de ahí los matices a los que me refería antes) de profundo intimismo, un lenguaje confesional y sincero, vemos al Villagrasa hombre a la búsqueda de la vida (Y de la poesía) tratando de crecer y mejorar para ser mejor persona (No busca aquí ya la luz del relámpago eternal, no, busca conocerse y conocernos por medio de la palabra) Ahora a través de la memoria de la infancia y de la juventud, a través del tiempo presente y se nos muestra puro, desnudo, con sus miedos y sus dudas para que, al leerlo (como en los cuadros expresionistas, que no buscan la luz como los impresionistas ni buscan el color como los fauvistas, sino que pretenden hacernos sentir emociones) podamos ver en la palabra escrita el principio de identidad arte-vida como una misma cosa, al tiempo que diversa, del individuo.

Burbáguena: esa realidad inventada, espacio tiempo contenido cual palabra mágica, es un buen paisaje. Y un buen recorrido por el principio de su infancia para decirnos luego que (…) Pero las distancias que me llevan tan sólo estremecen el cáliz en el que anida el presente. Es hora de abandonar la fe y el convento.(…) Otro paisaje me espera, quiero vagar por él, recorrer sus calles cuando el crepúsculo, rozar sus olas

Villagrasa va mezclando en planos superpuestos las olas del Jiloca con las olas del mar, viviendo en el ayer y en el hoy que es siempre todavía, haciéndose preguntas, contestándose, buscando, dudando…(…) Tú que buscas lo fácil, o sea eres un vago. Encuentras oleajes de acantilados, cipreses en el cielo plomizo.

Mientras la vida y la poesía marchan unidas aunque algunas veces se diga que (…) Las disculpas plasmadas hacen eco del susurro de las voces. Y es que sin lo amado en vida o sin la amada en poesía (…) Sin ella eres un pentagrama de dudas.

Una constante lucha entre el hacer y el decir (…) El vidente niega y no reconoce el gesto: Sílabas. Tras ellas, vacío. (…) Voces que inquietan el alma. Tan sólo la memoria fija los anhelos heridos. La batalla, la gran batalla, con su sentido de culpa ondeando al aire del alma le hace hablar de muerte donde sólo hay (no puede ser de otro modo) tiempo de reflexión y pausa de descanso. (…)Se escucha un grito último. Único dintel que petrifica al ser. (…) No sabe de ecos el paseante. Tres campanas rasgan la noche. Pero en el silencio de ayer ama lo clandestino, y lo incierto se encarna en gozo de ausencia.

Esta es la grandeza humana del Villagrasa poeta-humano: (…) Después un nítido fuego de pétalos desvela la memoria. Y a través de la memoria, y del presente, el poeta se introduce en una (…) Noche callada. Cruel augurio de las sombras, en estas líneas negras. Al tiempo que se dice: (…) Cuando tú dejes de ser tú yo seré menos yo. Y recuerda el olvido involuntario, el olvido del padre, y recuerda la mirada amorosa y resignada de su madre, y recuerda el cobarde abandono, nunca explicitado y sin aviso. Recuerda mientras ve pasar la vida junto al mar de las olas queridas y el bramido del tiempo. (…) El tintero habla de su miedo: la vida se le escapa pluma arriba. (…) Cuando el poeta sedujo a la vida el lenguaje y los gestos callaron con su padre.

Ahora (…) La profunda angustia abraza. Aceleran pluma y verso los crepúsculos. Y contempla el instante, el cotidiano, el diario y siente que ha dejado tantas cosas para buscar… y piensa (…) Mujer es el gesto en la profundidad primaveral. (…) Muda queda la rosa ante ella cuando inunda la estancia desnuda. (…) Su belleza, tu melancolía, su decadencia tu vida, su soledad, tu alma. Quiere abrazar ahora esa (…) Realidad cotidiana de lúcidos besos (…) Poética única, abierta, sosegada. Todas las flores para ser se miran en ti. Sentimientos, emociones, levadura de tu vida. Y se detiene, y hace un alto en el camino para intentar, piensa, reparar lo sucedido. Loable pensamiento que le hace crecer en humanidad, pero (…) El corazón siempre anhela.

Villagrasa ha cantado a la vida y a la poesía, ha buscado la luz y ha vivido a la sombra del destino siempre tratando de crecer para dar, para darse. Ahora ese paisaje del mar, con azules tormentosos de invierno le avisan, como en un cuadro expresionista, para hacerle sentir, pensar que (…) Lentas, graves las olas se repiten insaciables: la poesía no ha muerto. Lo que sucede es que en este momento de la vida (…) Calla en vuelo.

¿Quién sabe si alguna vez, un día, en pleno vuelo, cantará de nuevo? Sólo el tiempo nos lo podrá decir. Mientras tanto me quedo con estos Paisajes y principalmente con estos íntimos paisajes de silencio. Junto al mar.

Invierno de 2008

 

© Manuel López Azorín 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2008