El sujeto colonial en la Sátira de Mateo Rosas de Oquendo

Inma Cívico Lyons

Texas A&M University-Commerce
Inma_Lyons@tamu-commerce.edu


 

   
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Resumen: La obra poética de Mateo Rosas de Oquendo, especialmente su Sátira hecha por Mateo Rosas de Oquendo a las cosas que pasan en el Pirú, año de 1598, ofrece la representación de un sujeto desubicado que encierra una gran aflicción, amargor y desilusión contra la sociedad limeña de finales del siglo XVI. El discurso satírico, caracterizado por inherentes contradicciones e incongruencias, es ideal para un análisis profundo del sujeto colonial, que a su vez es sometido a situaciones contradictorias por la ideología del colonizador. Vemos a través de la Sátira de Oquendo que tales contradicciones no se resuelven dentro del marco hegemónico establecido por el orden colonizador peninsular.
Palabras clave: Mateo Rosas de Oquendo, sátira colonial, sujeto colonial, Perú colonial

 

En 1883 Joaquín García Icazbalceta descubre en la Sumaria relación de las cosas de la Nueva España, compuesta en México por Baltasar Dorantes de Carranza (1604), unas composiciones poéticas atribuidas a un tal Mateo Rosas de Oquendo. [1] En 1906, el crítico literario Paz y Meliá encuentra en la Biblioteca Nacional de Madrid un cartapacio del siglo XVI que lleva por título en el tejuelo Sátira de Oquendo, siendo su autor Mateo Rosas de Oquendo. Parece ser que el mismo Rosas de Oquendo recopiló el cartapacio incluyendo poesías suyas y de varios autores. [2] Se nos dan a conocer así las experiencias de un sujeto del siglo XVI que encierra una gran aflicción y amargor y que hace externa, a través de su escritura, su desilusión contra la sociedad limeña en la cual ha vivido una decena de años.

En este estudio, propongo un análisis del sujeto colonial a través de La sátira hecha por Mateo Rosas de Oquendo a las cosas que pasan en el Pirú, año de 1598. [3] Teniendo en cuenta la extensa y varia definición del término sujeto colonial, limitamos tal definición en este estudio al sujeto peninsular (nacido en España) y/o criollo (nacido en América cuyos padres son de origen peninsular), que se beneficia o padece según la economía colonial, al mismo tiempo que se somete a las autoridades representantes de la monarquía española en el Perú y se encuentra bajo la jurisdicción de las leyes promulgadas por tal autoridad.

Entendemos como sujeto satírico el constructor de un discurso poético aparentemente subversivo que se coloca en una posición central y marginal a la vez; es un sujeto desdoblado que critica los abusos tanto de los súbditos como de las jerarquías coloniales, a la vez que se declara experto en tales abusos; que condena la autoridad colonial por su laxitud y negligencia, a la vez que aconseja la trasgresión a tal autoridad; creador, en fin, de un discurso donde confluyen disparates, absurdos e incongruencias, atributos que hacen del discurso satírico un medio idóneo para el análisis del sujeto colonial.

Las investigaciones sobre el sujeto que Paul Smith ha llevado a cabo en su trabajo Discerning the Subject proveerán el marco teórico adecuado, ya que el sujeto satírico expresado en la Sátira de Oquendo como punto de antinomias y contradicciones, se presta al análisis dentro de diferentes y conflictivas áreas discursivas. Dentro de las formaciones contradictorias que confluyen y dan forman al sujeto colonial encontramos una que se autoestima superior a las demás, definida por una actitud ilusoria de plenitud, unidad y coherencia. Es la actitud sancionada por la ideología de la autoridad colonizadora que se coloca en un plano moral de superioridad, y en la cual se coloca la voz narrativa de la Sátira de Oquendo. El desdoblamiento del sujeto manifestado por igual en expresión de conflictos a la vez que en expresión de superioridad y unidad, coincide con la definición de Paul Smith de “sujeto” e “individuo”. Para entender la tensión dialéctica que afecta a los miembros de una sociedad determinada debemos distinguir entre estos dos términos. El “individuo,” según Paul Smith, es un concepto que se define como una ilusión de indivisibilidad, unidad y coherencia y que posee un igualmente ilusorio poder determinante. El “sujeto” es lo determinado, o el objeto de fuerzas determinantes, arrojado, según Paul Smith, “into a conflict with forces that dominate it in some way or another-social formations, language, political apparatuses, and so on” (Discerning the Subject, xxxiv). La tensión surge de la relación entre el “sujeto” y el “individuo”; es decir, entre una experiencia real de sometimiento (sujeto) y una ilusión de poder (individuo) que conviven dentro de la misma entidad subjetiva. El “sujeto” está siempre siendo sometido por un poder o poderes mayores, es decir, es siempre sujeto de discursos diferentes y variables, como etnia, género y orientación sexual, ciudadanía, lenguaje, etc. Estas variantes discursivas son lo que Paul Smith denomina “posiciones de sujeto” y nunca son lo suficientemente uniforme como para contribuir a la formación de un individuo único, coherente y no contradictorio. El aparato ideológico es quien llama al sujeto a cumplir con las posiciones adjudicadas por medio de “interpelaciones”.

Estas contradicciones que afectan a los miembros de un orden social darán lugar a una especie de “agencia”, ya que los discursos que coexisten dentro de estos miembros compiten entre ellos al ofrecer algunos más placer que otros-placer que resulta o bien de la transgresión al poder, o bien de la sumisión a tal poder. El vocablo “sujeto” será así utilizado para identificar a una entidad colonia en la cual confluyen ciertos discursos contradictorios y es además constitutiva del espacio-conflictivo-de la representación ilusoria de una unidad coherente y determinante; es decir, el “sujeto” como lugar conflictivo de la tensión entre lo dominado y lo dominante.

También tendremos en cuenta la situación histórica y políticosocial del virreinato del Perú en el siglo XVI; el conflicto entre la visión europea del Nuevo Mundo y la realidad colonial; y el texto satírico como vehículo para la perpetuación de la ideología colonizadora y como herramienta ideal para la exposición de enmascaramientos y de contradicciones políticas, sociales, y morales.

Será conveniente clarificar algunos de los términos que serán utilizados en este trabajo. El vocablo “hegemonía”, siguiendo la teoría de Antonio Gramsci, significará en términos muy generales el dominio de un grupo sobre otros.[4] En el caso del Perú colonial, “hegemonía” es sinónimo con la cultura dominante de España. Así, cuando nos referimos a la “ideología dominante”, hablamos del conjunto de ideas, valores y culturas compartidas por la mayoría de sujetos que pertenecen a una cierta hegemonía. La ideología dominante en el Perú de los siglos XVI y XVII está caracterizada por la advocación de la superioridad del hombre europeo frente al indígena, y en términos particulares la superioridad del hombre peninsular frente al criollo; la estructuración jerárquica de la sociedad que tiene como cabeza principal al rey y sus representantes, que es donde reside el poder; el interés por la moralidad postulada por la iglesia católica; el afán de enriquecimiento material; el deseo de crear sociedades en el Nuevo Mundo a imagen de la sociedad metropolitana. En este sentido también se usará el concepto de “sujeto colonial” para describir a una entidad sometida por la ideología dominante y que exhibe una “falsa conciencia”, es decir, que percibe tal ideología como el modo de vida natural.

El contexto histórico de la conquista de América por el imperio español está enmarcado, en sus principios, por una visión idealizada de la misión de Occidente. Sir Thomas Moore en su Utopia, escrita sólo veinticuatro años después del primer viaje de Colón, afirma que el Nuevo Mundo no era simplemente un lugar más, sino el símbolo de un nuevo comienzo para una civilización cansada (Greer-Johnson 1990: 3). Para muchos europeos, afirma Greer-Johnson, “the discovery of America was the fulfillment of ancient prophecy and the herald of the long-awaited revival of a golden age” (1). Esta idealización fue alimentada por las primeras descripciones escritas sobre el Nuevo mundo por exploradores como Cristóbal Colón: “The Admiral’s idealistic vision was enthusiastically accepted by the Spanish Crown, and embraced by Spaniards who interpreted the New World as being part of the old order and described it by drawing comparisons between Europe and America” (3). Por esta razón, y por la promesa de felicidad y riquezas materiales, muchos españoles se embarcan hacia el Nuevo Mundo con el propósito de establecer sociedades ideales construidas según el patrón dominante de la metrópolis.

El choque entre la visión idealizada del Nuevo Mundo y la dura y contraria realidad que caracteriza el comienzo de la conquista, resulta gradualmente en dificultades político- sociales en el siglo XVII con la llegada a América de peninsulares de clase media: “The invasion, conquest, and settlement of the Americas was essentially a middle-class enterprise; the wealthy had little incentive to risk their lives and fortunes, and the poor lacked the money to pay for passage to the Indies. Over time, men of new wealth and status claimed the title of “don,” whether or not their birthright justified it” (Andrien 1991: xv).

En la Sátira hecha a las cosas del Pirú, año de 1598, nos dice el autor que ha vivido nueve años en esa tierra, pero los problema políticos y sociales habían comenzado antes. Para conseguir el control de tan vasto imperio en la España de los Habsburgos, fue necesario el desarrollo de un vasto sistema burocrático con su consiguiente clase administrativa. Como ya es sabido, tan complicada y lenta maquinaria burocrática desemboca en una corrupción de la administración colonial (Elliott 1989:14-16). Kenneth Andrien explica el sistema: “The conquistadors and those who followed them wanted to establish a new colonial order that guaranteed their own preeminence and also maintained political, social, economic, cultural, and religious ties to their homelands in the Iberian Peninsula. These new colonial societies would be rigidly hierarchical...” (Andrien 2002: xiii-xiv). Así comenzaron los conflictos entre los conquistadores, que estimaban como injusta su desposesión de ciertos privilegios y los representantes del rey. Aunque a partir de 1546 se establece una paz frágil e inestable en el Perú, el sistema de encomiendas comienza a tambalearse debido, entre otras causas, a la disminución de la población indígena por las enfermedades y trabajos a los que se veía sometida, y al gran número de peninsulares que no dejaban de arribar a la colonia. Dice Andrien que era muy difícil para los colonizadores llegados después de 1532 el asegurar una encomienda. Estos nuevos colonos se veían obligados, en su afán de riquezas, a invertir sus recursos en la minería, la agricultura y el comercio en ciudades como Lima, Huamanga o El Potosí. Así se intensifican los problemas para los colonos cuando no hay una mano de obra para trabajar las minas y mantener sus mercados urbanos provistos de productos a precios razonables (Andrien 1991:123). Para la década de los 1560, la crisis política y económica se acentúa. El nuevo virrey, Francisco de Toledo, fue mandado por el rey expresamente para resolver la situación a base de reformas, las cuales fracasaron debido a la corrupción general de los oficiales (128).

A pesar de todo Lima constituía una ciudad espectacular, pero detrás de la magnificencia y pompa de la corte se encontraba una población empobrecida y una autoridad corrupta (Greer-Johnson 1990: 33). También se encuentra ya la pugna entre los criollos o colonos ya establecidos en el Perú y los peninsulares recién llegados que recibían los privilegios sociales y políticos. Este es, en rasgos muy generales, el trasfondo conflictivo que sirve de escenario a la obra de Rosas de Oquendo. No se tiene mucho conocimiento sobre la vida de la persona histórica de Rosas de Oquendo. Sabemos que nació en España alrededor del año 1559, que sirvió en la armada en Italia y que seguramente se vio obligado a abandonar España por un lío de mujeres. Seguramente llegó a la colonia en el año 1588, y de Lima viajó al Tucumán. Acompañó a Juan Ramírez de Velasco al Río de la Plata en la fundación de la ciudad de Rioja en 1591, donde fue nombrado tesorero. Volvió a Lima alrededor del año 1593 donde ocupó un cargo con el virrey don García Hurtado de Mendoza. También fue encomendero de indios por estas fechas. Vivió en el Perú unos diez años, hasta que en 1598 se marcha de Lima (3-33).

Las opiniones entre los estudiosos de Oquendo acerca de la verdad de los hechos narrados en sus poemas son conflictivas. Pedro Lasarte encuentra un obstáculo muy difícil de salvar a la hora de identificar y separar al narrador de la Sátira de la persona histórica (Lasarte 1990: xvi) y hace uso del estudio de Bakhtin sobre la naturaleza de la sátira carnavalesca en la literatura occidental, para apuntar la dificultad de separar entre “el autor, el actor y el espectador” en una obra de carácter paródico y carnavalesco. [5] Pero a pesar de tal dificultad, el discurso de carnaval característico de la sátira es ideal para analizar la construcción del sujeto colonial desde el punto de vista de sus posiciones de sujeto y las interpelaciones o exigencias a las que se ve sometido por parte de la ideología dominante. La representación del “mundo al revés”, distintiva del discurso satírico, es el medio idóneo para la expresión de las contradicciones ideológicas a las que se ven sometidos los miembros del orden social colonial. Al mismo tiempo, tales contradicciones sirven como catapulta para el lanzamiento de una actividad agente por parte del sujeto que vacila entre la transgresión al orden hegemónico y la activa conformidad con tal orden.

La Sátira a las cosas que pasan en el Pirú es un romance satírico de más de dos mil versos. Pedro Lasarte define el poema como: “...denuncia satírica, que recae principalmente sobre las actividades sexuales de las mujeres y la ostentación y oportunismo de la corte, llega[ndo] a crear una imagen global denigrante de la vida virreinal” (Lasarte 1990: xix). La sátira adopta la forma de sermón y testamento y comienza con la convocación de todos los miembros de la sociedad limeña que tienen “ofisios”, desde los casados y sus mujeres, pasando por poetas, músicos, indias, colegiales, damas, comunes, negras y negros, pulperos y pulperas, hasta llegar a los alguaziles y la rronda (vv. 23-42). El narrador tiene el objetivo de transmitir de manera crítica una experiencia de la que él mismo participa, convirtiéndose así en actor; tal convocación también tiene como propósito explícito la despedida, ya que la voz narrativa anuncia su decisión de abandonar el Perú.

La Sátira es creada en el punto de intersección entre la persona histórica de Mateo Rosas de Oquendo, el sistema colonial, y el discurso carnavalesco. La crisis que sufre el sujeto a causa de interpelaciones ideológicas conflictivas da lugar a la confusión entre una resistencia al sistema colonial y el sometimiento a tal sistema. Surge así la sátira como el género más apropiado para lograr ciertos objetivos: mostrar el decaimiento y corrupción de la mayoría de los sectores del orden social y condenarlos con la esperanza de la enmienda. La voz narrativa se incluye a sí misma como parte experta de esta corrupción y quiere dar a conocer la evolución que ha sufrido a causa del conflicto entre el placer causado por la transgresión a la moralidad dominante, por un lado, y el placer de pertenecer al orden social hegemónico (Oquendo era peninsular), por otro. Esta contradicción inherente al sujeto colonial puede ser justificada según la explicación de Roland Barthes acerca del conflicto dialéctico que sufre el sujeto entre el “studium”, o el placer que surge al identificarse con la ideología hegemónica, y el “punctum”, o el placer que afecta al sujeto desde su punto de transgresión al orden establecido (Smith 1988:107). Como veremos, esta tensión se manifiesta a través de las diferentes expresiones del sujeto en la Sátira.

El sujeto colonial expuesto en la Sátira de Oquendo, y continuando con el pensamiento de Bahktin acerca del discurso carnavalesco, es a la vez narrador, actor y espectador. Estas tres manifestaciones diferentes de un mismo sujeto están determinadas por varias posiciones de sujeto exigidas por la interpelación de la ideología dominante colonizadora, cuyo objetivo principal es el establecimiento en el Perú de una sociedad modelada según el patrón político-social, religioso (católico) y moral metropolitano para extender la ejecución del poder monárquico. En el “narrador” se revela un sujeto que se ve a sí mismo como experto y conocedor, a la vez que asesor, y que se coloca en una plataforma de superioridad con respecto a los demás ciudadanos convocados por la voz satírica. Es lo que según Paul Smith constituye “el individuo”, o una ilusión de coherencia, dando la falsa impresión de determinación propia. La falsedad de tal actitud de coherencia subjetiva se materializa en la construcción de el “actor”, o sujeto participante en la transgresión contra la ideología dominante, que siendo apremiado por diversas y conflictivas posiciones de sujeto sufre momentos de crisis; el “espectador” es el sujeto como resultado de una situación especular: el sujeto de la Sátira se mira a sí mismo y a su entorno social y ofrece una reacción, un incipiente principio de agencia, aunque esta actividad sea dirigida contra la transgresión y para asegurar la continuación de la ideología dominante. Ya que es el discurso satírico el elegido para diseminar información sobre la realidad social de la colonia, las ambigüedades, contradicciones y antagonismos que caracterizan tal discurso son reflejos a la vez que reflejan, las ambigüedades, contradicciones y antagonismos del sujeto colonial.

En primer lugar, la voz satírica reclama ser el gran conocedor de la sociedad y se cita a sí mismo como sujeto conocedor y consejero:

¡Oyganme con atensión,
ninguno tosa ni parle,
que en cada rrasón que pierden
pierden un amigo grande!
Desengaños provechosos
de un esperto nabegante... (vv. 55-60)

Este sujeto-narrador, es la visión ilusoria de un sujeto coherente y auto-determinante que se coloca en lugar de superioridad epistemológica con respecto a los receptores del sermón satírico. Según Leonard Feinberg, una de las técnicas de la sátira es la superioridad: “Laughter at other races, other religions, other nationalities, is laughter at socially ´inferior´ groups, giving pleasure by identification with the superior group” (Feinberg 1967: 09). Al ser el mismo sujeto-narrador quien convoca a todos los miembros de la sociedad limeña y por ser él también el exponente del sermón y haber participado de la corrupción (la fuerza de su sermón surge también de su identificación con el objeto de su crítica), el autor de la enseñanza se coloca en un plano superior religioso, social y moral. Se asume que el didactismo que resultará de tal sermón va dirigido a todos los miembros de la nueva sociedad, y sirve para corregir la transgresión a esta moralidad; por lo tanto es un didactismo que está sancionado por la ideología hegemónica colonizadora.

Inmediatamente discernimos una primera manifestación del sujeto como afectado de manera conflictiva por dos conceptos polarizados: “como el otorgante, / Mateo Rosas de Oquendo, / que otro tiempo fue Juan Sánches, / vezino de Tucumán, / donde oí un curso de artes/ y aprendí nigromancia/ para alcanzar cosas grandes” (vv. 4-10). Pedro Lasarte opina que “Juan Sánches” es el pseudónimo del poeta y tiene resonancias vulgares, siendo usado para satirizar los falsos linajes (Lasarte 1990: 53). Aquí subrayamos el contraste y la polarización entre los sujetos representados por “Juan Sánches” y por “Mateo Rosas de Oquendo” y al explicar el narrador su intención de “dejar los arrabales” (v. 14) y “tomar casa en el mundo” (v. 13) podemos ver más claramente la relación entre los dos sujetos. Lasarte investiga el vocablo “arrabales” y concluye que se trata de una “población contigua y adyacente a las Ciudades y Villas populosas fuera de las murallas o cercas...se pueblan de la gente común y de bullicio” (54). Así, “los arrabales”, lugar fuera del orden ciudadano, están relacionados con el apelativo “Juan Sánches”, sujeto fuera del orden social hegemónico. La intención de la voz satírica de “tomar casa en el mundo” es simbólica si la contrastamos con las connotaciones de “los arrabales”; se trata del mundo de la ideología que ordena y organiza el mundo colonial, en vez de estar fuera en “los arrabales” o fuera del orden establecido. Lo que significa este viaje simbólico y seguramente físico, es una búsqueda del sujeto por la coherencia, la unificación, la cual espera encontrar fuera del desorden del Perú.

La mutación del sujeto de pasar de ser “Juan Sánches” a “Rosas de Oquendo”, de “los arrabales” a la “casa”, se produce a causa de una crisis que lo obliga a un examen de conciencia. De aquí surge la determinación de confesarse y “descargar este pecho”. El narrador da validez a su sermón a través de su propia experiencia proclamándose así el actor de la sátira:

Desengaños provechosos
de un esperto nabegante
que a las barrancas del mundo
quiso el cielo que llegase,
moxada el alma y el cuerpo
de las duras tempestades,
donde estubieron los dos
bien a pique de anegarse. (vv. 59-66)

En el cuerpo de la Sátira vamos a explorar la crisis que ha provocado la introspección del sujeto produciendo el consiguiente desdoblamiento. También se reflejan las numerosas contradicciones que exponen a un sujeto en crisis. En los siguientes versos el narrador expresa los infortunios que dan lugar a tal crisis:

Dióme Fortuna su cumbre,
y al tiempo de derribarme
dexóme sin bien ni bienes
ni amigos a quien quejarme.
Pasé por siglo de oro
al golfo de adversidades:
ayer cortezano ylustre,
oy un pobre caminante. (vv. 75-82)

Unos versos más adelante, al mismo tiempo que se reconoce la presión ideológica, entrevemos una intención de actividad y agencia por parte del sujeto-actor: “Nuebe años e callado/ tiempo será de que hable, / aunque el callar estas cosas/ es el oro que más bale” (vv. 87-90). Es decir, el callar sería la recomendación de la ideología dominante; el narrador no se somete a esta recomendación en esta particular situación, materializándose en la Sátira una primera agencia transgresora del sujeto que coincide con la comunicación de la experiencia a través de la escritura.

Más tarde el narrador se vuelve a auto-identificar como sujeto experto y conocedor de la sociedad limeña, a la cual describe a través del tópico del mundo al revés en una larga tirada de versos que comienzan: “¡O qué de cosas e bisto,/ si todas an de contarse,/ en este mar de miserias/ a do pretendo arroxarme!” (vv. 107-110. La expresión el “mar de miserias” es principalmente una visión metafórica de la sociedad colonial. Pero tal expresión adquiere una dimensión más profunda al cambiar el narrador el tiempo verbal al presente (“pretendo”) y comenzar así una descripción de la sociedad limeña a través de una larga enumeración de imágenes del mundo al revés. En este sentido “el mar de miserias” se refiere al mismo texto satírico. La descripción de la sociedad limeña se presenta a través de parejas cuyos términos son semánticamente opuestos: “Qué de cassas ay serradas/ y sus dueños en la calle;/ quántos dispiertos, dormidos,/ quántos duermen sin echarse;/ quántos sanos, en unsiones, / quántos gafos, sin curarse;/ quántos pobres visten sedas/ quántos ricos, cordellate;/ quántos rricos comen queso,/ quántos pobres senan abes;” (vv. 111-20). Tal descripción “confundida” es típica del discurso carnavalesco; lo que se esconde detrás de este desbarajuste-en el mundo al derecho-es el orden social postulado por la ideología hegemónica.

Continúan las contradicciones dentro de las manifestaciones del sujeto en los versos que siguen donde el sujeto, al mismo tiempo que reconoce participar en la transgresión, se considera a sí mismo como superior a su audiencia, pero es una superioridad ambigua, ya que se trata de una superioridad a favor de la transgresión moral y social:

Para comigo no ay lebas,
Comiensen a tributarme,
Que descrubriré sus vendas
Y no podrán conservarse. (vv. 453-456)
Si quisieren mis consejos,
daréselos inportantes,
para que sepan ser Zirses
y enternerser diamantes,
y aser que el rrico se duerma
mientras le chupan la sangre,
y un modo de despedirlos
quando el caudal se acavare; (vv. 465-472)

Tenemos ahora un sujeto que favorece la transgresión, confirmando la ambigüedad irónica y el carácter picaresco de la voz narrativa. Tales contradicciones se expresan por el lenguaje y la técnica satírica de la incongruencia. Según Leonard Feinberg, “The incongruity device makes use of the fact that certain kinds of inappropriateness result in amusement” (Feinberg 1967:101). Efectivamente, el ofrecer estos malos consejos no resulta apropiado de quien acaba de anunciar su intención didáctica y moralizadora. Se manifiesta así la ambigüedad del sujeto a través de un vaivén de posiciones: de uno que moraliza a favor del orden social hegemónico, a sujeto transgresor de este mismo orden; así, la incongruencia típica del discurso satírico que da lugar a la ambigüedad, es perfectamente apropiada para la explicación por parte del narrador del sujeto colonial.

Siguiendo en la misma vertiente de incongruencia, después de exponer, con la finalidad de la denuncia, los vicios sexuales de las mujeres casadas y la debilidad de los maridos que no son capaces de actuar contra la conducta de las mujeres, proclama la felicidad que tal comportamiento le produciría. Se declara el actor satírico maestro del engaño y la traición y capaz de extraer placer de ello: “Lo que gusto yo de berme/ bestido deste rropaje,/ y que siendo yo el maestro/ pretendan acuchillarme” (vv. 795-798), y unos versos más adelante declara su obligación moral que coincide con la moral de la ideología hegemónico-cristiana, después de aconsejar a los maridos contra sus “muxeres” y los “paseos” (viajes) de éstas:

Y bosotros bellaconas,
las que haséis estos viajes,
si os pesa de mis consejos
escuchad y perdonadme,
que el ser cristiano me obliga
a que publique y declare
los paseos dónde caen
porque el prójimo se guarde. (vv. 849-856)

Lasarte explica las contradicciones fijándose en el texto satírico y cita a Terry Eagleton, crítico de tendencia marxista en su explicación: “la asociación del texto carnavalesco con la ‘relatividad jocosa’ y el ritual popular folklórico convertirían su acción subversiva en un tipo de ‘válvula de escape’ que si bien acude a la denigración de formas y jerarquías dominantes, lo hace sólo momentáneamente, para luego regresar a la norma institucionalizada” (Lasarte 1992: 5). Esta explicación justifica las continuas explosiones anti-hegemónicas que vemos en la Sátira y la constante vuelta al consejo ideológico que postula la rectitud moral de acuerdo con las enseñanzas católicas, dando lugar a la confusión y reforzando la ironía.

Pero al igual que el discurso satírico, al fin y al cabo, está sancionado por la ideología dominante, nuestro sujeto satírico también retorna a la ilusión de unidad e indivisibilidad subjetiva dentro de la hegemonía. Hacia el final del poema tenemos evidencia de un retorno a una coherencia paralela a la ideología social, moral y religiosa de la hegemonía:

yo del rretablo del mundo
adoré la falsa ymaxen,
y aunque de rrodilla
y le ofrecí basallaje,
ya con las aguas del sielo
boy xauonando su almagre, (vv. 967-972)

Se afirma la definitiva permanencia dentro de la ideología dominante en el contraste entre unos versos del principio del poema (“Nuebe años e callado, / tiempo será de que hable, / aunque el callar estas cosas/ es el oro que más vale” (vv. 87-90), y otros del final: “Silensio, pluma, callemos, / no pasemos adelante, / detén el airado filo, / que lo manchará la sangre!” (vv. 2021-24), donde se manifiestan dos actitudes diferentes. La primera es una actitud conocedora de la presión ideológica pero desafiante, la segunda es un intento de sumisión que no se logra ya que el silencio ha sido violado con la escritura de la misma sátira.

Entre las contradicciones, tensiones y ambigüedades del discurso satírico construido por Rosas de Oquendo existe un sentimiento de extrañamiento. Mateo Rosas de Oquendo ofrece una crítica subjetiva de una sociedad desviada del mandato legal y moral de la metrópolis. La voz satírica se queja del nuevo orden-o desorden-en el que se ha desviado la sociedad limeña; no de la utopía colonial promulgada por la ideología dominante, y en la cual no se le permite participar, sino precisamente de la transgresión a tal sistema hegemónico. La nueva sociedad americana, al ser explicada por Oquendo, se manifiesta en la imagen del mundo al revés, es un mundo desordenado en el cual participó Juan Sánches y del cual Rosas de Oquendo quiere escapar. La crisis subjetiva, en su conflicto entre el studium y el punctum, lleva al sujeto a una agencia por la cual elige la búsqueda de la coherencia ilusoria de la ideología dominante con el consiguiente abandono de la colonia peruana. Termina la sátira con palabras contundentes:

y mirando mi persona
de la manera que sale,
boluiendo a tierra los oxos,
a darnos el “buen viaxe”,
por prinsipio de mi gusto
y por fin de mis pesares,
soltando al viento la bela,
diré Requiezcat in pace. (vv. 113-10)

Mateo Rosas de Oquendo, desde su privilegiado lugar como autor, manifiesta a través de su obra poética una inestabilidad subjetiva que contribuye al análisis de las contradicciones manifiestas en el sujeto colonial. A través de su Sátira descubrimos un vaivén de la conciencia que muestra incertidumbre entre la sumisión y la transgresión al orden dominante. El discurso satírico, caracterizado por el uso de la parodia, la incongruencia, la confusión y la burla, es ideal para la expresión de la des-centralización del sujeto colonial. La Sátira de Oquendo plantea la construcción de un sujeto colonial fragmentado por las posiciones de sujeto que afectan a los miembros de la sociedad colonial peruana, reafirmando así la falacia de un sujeto colonial coherente, individual e indivisible. Gracias a la crisis subjetiva, el sujeto es capaz de una actividad de agencia, aunque tal actividad también está determinada por la incertidumbre y la vacilación.

 

Notas

[1] Sumaria relación de las cosas de la Nueva España con noticia individual de los descendientes legítimos de los conquistadores y primeros pobladores españoles (ms. JG-664 de la Benson Latin American Collection de la Universidad de Texas en Austin), citado en la edición crítica de Pedro Lasarte a la Sátira hecha por Mateo Rosas de Oquendo a las cosas que pasan en el Pirú, año de 1598 (Madison, 1990).

[2] “Sátira hecha por Mateo Rosas de Oquendo a las cosas que pasan en el Pirú año de 1598” Bulletin Hispanique, 8 (1906), págs. 57-78, citado por Pedro Lasarte en su edición crítica a la Sátira (1990).

[3] Todas las referencias textuales a la Sátira de Oquendo son de la edición crítica de Pedro Lasarte, ref. nota [1]. Pedro Lasarte es profesor de literatura y cultura latinoamericana en Boston University y uno de los críticos que con más afán han estudiado el trabajo de Mateo Rosas de Oquendo.

[4] En The Prison Notebooks, 1992.

[5] Michael Bakhtin, Problems of Dostoevsky´s Poetics (1973).

 

BIBLIOGRAFÍA

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© Inma Cívico Lyons 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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