Espéculo

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Tim Winton

Breath

       

 

Breath: Vivir al límite, y poder vivir para contarlo.
Jorge Salavert
Lecturer in Spanish
Canberra Institute of Technology

Debo confesar que al ver que la última novela de Tim Winton, la cual todavía no había leído, se estaba vendiendo a precio descontado en los grandes almacenes K-Mart de mi barrio, fue difícil no sentir cierta aprensión. Bueno, al fin y al cabo se trata de un novelista australiano, y esto es Australia, me dije. Y a Winton, en todo caso, la ha erigido el público australiano como autor favorito de todos los tiempos por Cloudstreet (1991). Mucho tiempo (y unas cuantas publicaciones) ha pasado desde Cloudstreet, una obra considerada ya un clásico de la narrativa contemporánea, no sólo en su Australia natal sino en todos los países de habla inglesa.

Han pasado siete años desde que Winton publicara su anterior novela, Dirt Music. En esos siete años sólo había publicado una colección de cuentos, The Turning, y eran muchos los lectores, no sólo en Australia, que aguardaban la salida de lo último del novelista de Australia Occidental. Y la pregunta que inevitablemente se hace uno es: ¿Ha disminuido la aptitud creativa de Winton? ¿Se ha hecho, por así decirlo, más 'comercial'? ¿Se han quedado sus talentos e ideas en el camino de una carrera literaria que alcanzó su punto fulgurante con Cloudstreet?

Mientras que Breath dista mucho de la elaborada ejecución tanto narrativa como estilística de Cloudstreet, no deja insatisfecho al lector habituado a Winton. Breath cuenta una historia singular, memorable y única, y lo hace con el inconfundible carácter de las narraciones de Winton. Las descripciones del océano Índico, de sus arrecifes, sus olas, esas olas por las que Pike suspira cuando está durante el día en la escuela o por la noche en la cama. Los tonos, los matices, los brillos de la luz y el agua, los olores del mar y de los eucaliptos, los sonidos del fragor de los rompientes, del viento en los acantilados, de la lluvia en los tejados de calamina.

Winton demuestra otra vez poseer una excelente técnica para decir mucho en pocas (pero selectas) palabras. Después de avistar a Barney (o más bien, ser avistado por el ojo de Barney), el tiburón blanco que frecuenta una de las playas donde los protagonistas hacen surf, dice Loonie: "That eye…was like a fuckin hole in the universe. It was as close as he got to poetry. I envied him the moment and the story that went with it."

Un salvapantallas que reproduce interminablemente la caída de las Torres Gemelas de Nueva York recibe al paramédico Bruce Pike al entrar en el dormitorio de un chico que parece haberse suicidado. El dormitorio apesta a marihuana, a orines y a jabón Pears, con el que su madre ha lavado el cadáver. Tras realizar las tareas que su cometido profesional demandan, le pregunta a la traumatizada madre si quiere que llame a alguien. Ella le responde que sí, que llame a su hijo para que regrese. Así arranca Breath , una historia que se construye en torno a los recuerdos de la adolescencia, la época de su vida que le marcará para siempre, en la que todos sus actos parecen constituir una rebelión contra la monotonía de estar simplemente respirando.

Breath está narrada en primera persona por Bruce Pike, el paramédico que rememora su adolescencia llena de fuertes, extremas sensaciones y emociones. El grueso de la novela gira en torno al surf, al océano Índico. Pike, mirando hacia atrás y reflexionando sobre todo lo que él ha vivido, mide la felicidad experimentada respecto al momento de coger la primera ola de su vida: "And though I've lived to be an old man with my own share of happiness for all the mess I made, I still judge every joyous moment, every victory and revelation against those few seconds of living."

Pike, conforme al tipo de varón que es frecuente en las historias de Winton, es un chico introspectivo, lacónico pero que no se corta a la hora de buscar emociones fuertes. Su compañero de aventuras es Loonie (un simpático juego de palabras con la palabra 'loony', chiflado, lunático), a quien Winton describe acertadamente como alguien a quien le gustaba cualquier cosa que tuviera filo, en todos los sentidos, cabe entender. Cuando Pike y Loonie conocen a Sando, un experto surfista treintañero, se forma entre ellos un triángulo de camaradería, de desafíos y locuras.

La competencia pasa también a formar parte de la relación entre los dos adolescentes: de sobrevivir a las olas más grandes se pasa al intento de acaparar la atención de su gurú, Sando. Pike se queda detrás, consumido por el pánico y la falta de autoconfianza, incapaz de seguir a Loonie en la ola imposible que crea un arrecife alejado de la costa, el Nautilus, la cual describen como "suicida". Mas Pike queda detrás en más de un sentido. Y es Loonie quien parece triunfar cuando Sando decide llevárselo a los arrecifes de Indonesia, mientras Pike se queda en Sawyer y termina sucumbiendo a la atracción de la mujer de Sando, Eva.

Si hay algo en la historia que nos cuenta Breath que parece no acabar de encajar, es el modo en que la muy absorbente, casi obsesiva, relación del Pike adolescente con Eva influye en sus posteriores fracasos como esposo/padre y como individuo. Los peligrosos juegos eróticos con la acidosis respiratoria a que Eva obliga al joven Pike no debieran ser por sí mismos suficiente motivo para a la larga desequilibrar a una persona adulta, casada y con hijos. Winton dibuja la obsesión de Bruce Pike como el eventual desarrollo de una adicción al peligro extremo, al juego con la muerte, a explorar los límites. La muerte de Eva se la revela su madre con el envío de un recorte de periódico, pero el porqué esto pudiera ser la causa de su desmoronamiento no queda claro, y en la novela queda apenas hilvanado, más que aclarado.

Con Breath Tim Winton retoma el tema de la redención a través del sufrimiento. En casi todas sus novelas y cuentos Winton nos presenta a un varón que, pese a sus sufrimientos, amarguras y situaciones de desvarío (como es el caso de Lu Fox en Dirt music, Quick Lamb en Cloudstreet o Jerra Nilsam en An open swimmer) regresan para redimirse, para recobrar su lugar en la sociedad y recuperar la cordura, el amor y el aprecio de sus familiares y amigos.

Breath termina haciendo un brevísimo repaso a lo que acontece con las vidas de los principales personajes de la novela, y en esto Winton parece malograr el desenlace. Es como si Winton hubiera decidido incluir un escueto resumen de las vidas (y las muertes) de las personas que tanto influyeron en Pike durante su adolescencia, aunque aquél no fuera necesario.

En conclusión, Breath es una novela que por un lado afianza el estatus de Tim Winton como uno de los escritores esenciales en la escena literaria internacional, al tiempo que plantea interrogantes acerca de qué nos puede deparar el futuro creativo del autor australiano.

 

© Jorge Salavert 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero39/breath.html



Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2008