Sobre la “Visita y anatomía de la cabeza del cardenal Richelieu”,
de Francisco de Quevedo

José Julio Tato Puigcerver


 

   
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Resumen: La presencia en la obra del Quevedo "Visita y anatomía de la cabeza del cardenal Richelieu" (1635) de conocidos médicos, encabezados por el gran Vesalio y presididos por un autor predilecto de Quevedo como Montaigne, en esta sátira contra el cardenal Richelieu, pensamos que es una prueba más contra la extendida creencia en el odio que el autor tenía contra la medicina y los médicos.
Palabras clave: Quevedo, sátira

 

En 1635 publica Quevedo su "Visita y anatomía de la cabeza del cardenal Richelieu", obrita de sátira política en la que retrata a la escuela médica de Monpeller, reunida bajo la presidencia de Andrés Vesalio, y a la que más tarde se incorpora Michel, señor de Montaña, que no es otro que Michel de Montaigne, autor reverenciado por Quevedo que le otorga el lugar de honor en esta junta.

La escuela medica dictamina que "el peor y más contagioso humor que infestaba el mundo era el que llaman mal francés" y que este humor baja de la cabeza del cardenal, producto de la destemplanza de sus humores (p. 1010a).

Vesalio se ofrece a entrar en la cabeza del cardenal "con nunca vistos pasos de anatomía y visitarla seno por seno, célula por célula y sentido por sentido", y volver a informar de lo que en su celebro y cholla haya reconocido para que en su conformidad, la escuela recete (1010a y b).

Dice Vesalio: "Padecí (...) un engaño en mis ojos; porque, teniendo yo por cierto que la cabeza del cardenal no tenía seso ninguno, vi el lugar suyo lleno y atestado de sesos, y como era contra mi opinión, admirado me entré en la célula con mis instrumentos; y desenvolviéndolos vi que era un turbante, de tal manera puesto y mullido, que al principio, aun hallando en él algunas medias lunas, dudaba si eran sesos o turbante." (Visita y anatomía ..., 1013). Se asombra Vesalio, en su visita a la cabeza del cardenal Richelieu, suponiendo que no había seso alguno ("seso", en su significacion de inteligencia o buen sentido), de encontrar la dicha cabeza llena de sesos. Es una de las pocas citas en la literatura de la época que se refieren claramente a "seso" como integrante del cerebro, como estructura anatómica, diferenciada del comúnmente usado sentido del vocablo "seso" en esta época. Asimismo, en "sesos o turbante" juega Quevedo con la similitud de ambos y en referencia a los pactos entre franceses y turcos, con el escándalo que producía que el Rey Cristianísimo de Francia tratara con los enemigos de la cristiandad.

Vesalio afirma "que estaba cierto que la cabeza y cuello del cardenal padecía de morbo regio, quiere decir enfermedad real; lo que se prueba por todos sus nombres, que el primero es éste; el segundo que le dan los griegos es Icteros, de la ave de este nombre (...). El tercer nombre es aurigo. Así le llama Celso, del color del oro, el cual la cólera derrramada por todo el cuerpo irrita (...). El cuarto nombre es morbus arquatus, enfermedad arqueada(...). Las causas extrínsecas de la enfermedad son tres: veneno de algún animal; comida de alimentos que producen la ictericia o que engendra cólera y obstrucción, y mucho trabajo en el sol caliente (...)" (1011 a y b).

El texto de Quevedo, arriba trasladado, está prácticamente fusilado del Tesoro de la lengua castellana, de Sebastián de Covarrubias, publicado en 1611, obra en cierto modo desdeñada por Quevedo, que se refiere a ella como "obra donde el papel es más que la razón; obra grande y de erudición desaliñada", lo cual no le impidió entrar a saco en ella en alguna que otra ocasión, e incluso copiarla con descaro sin citar su fuente. Si se comparan los textos de Quevedo (1635) y de Covarrubias (1611), se verá que lo que en Quevedo parece un erudito trabajo de revisión de la literatura sobre esta enfermedad, es tan sólo copia del texto del Tesoro. en cuya voz TIRICIA (p. 963b), leemos: "es una enfermedad ordinaria la cual se causa por un derramamiento de la cólera flava o adusta por todo el cuerpo, y se pone el hombre amarillo. Plinio y Varrón le llaman morbum regium,(...). Celso y Apuleyo le llaman aurigeneni a colori auri et hominen, hoc morbo laboranten auriginosum; y con éstos les llaman otros nombres, como arquatum y es de saber que hay una avecica deste nombre,dicha icteros en griego ,y en latín galgulus; en romance la llamamos oropéndula, por tener las plumas doradas; y dize Plinio, lib.30, cap.II que si un aterizado la mirara ahincadamente sanará de su mal y ella morirá. De icteros, , se dixo ectericia, y nosotros corrompimos el vocablo en tiricia. Atericiado, el enfermo de tiricia."

La Escuela Médica de Monpeller que retrata Quevedo presidida por Andrés Vesalio, está integrada por el Doctor Jover, autor de las Paradojas Médicas; Pedro Bayro, con su libro Venimecum, Juan Bacchanelo, que escribió El consenso de los médicos ; y Rodolfo Magistro,médico de Luís XIII, libro Doctrina hippocratis (1010a).

Pasamos ahora a identificar a estos personajes:

— Rodolfo Magistro. No consta en COULSTON GUILLESPIE, CH. (Ed) (1970) Dictionary of Scientific Biography. New York, Sribner´s Sons. Tampoco en DEZEIMERIS (1836) Dictionaire Historique de la Médicine; ni en GURLT (1932) Biographisches lexicon der hervorragenden Artze aller Zeiten und Völkner. ¿Cómo es posible que un autor médico, que además es médico del rey Luís XIII de Francia, no venga en ninguno de estos repertorios?. Muy sencillo: Quevedo, no sabemos porqué, italianiza el nombre. ¿Qué significa "Magistro" en italiano?¿cómo se dice "Maestro" en francés? Inmediatamente hallaremos a LEMAÎTRE, autor de Doctrina Hippocratis; y no médico de Luís XIII, sino de su hermano.

—Pedro Bayro, con su libro Venimecum. Lo encontramos en el Diccionario Enciclopédico Espasa, 7, p. 245 como Pedro Bairo (o Bayro). Médico italiano nacido en Turín (1468-1558). Ejerció en esta ciudad. Médico del Duque de Saboya y de Carlos II. Escribió De pestilencia ejusque curatione (Turín, 1507), De medendis humanis corporis (Basilea, 1560), Secreta medicinalia (Venecia, 1585).

— El Doctor Jover. En realidad, Laurent Joubert (Who’s who in Science, p. 895; DEZEIMERIS (1836) I, 219; Gurlt (1932), III,458.

— Juan Bacchanelo, que escribió El consenso de los médicos. En realidad Juan Bacchaneli o Baccanelcino (Espasa 7, 61) o Baccanelli, J, lat. Baccaneluus (DEZEIMERIS,1836 Tomo 3, p 219), o Giovani Baccanelli (GURLT ,1932 I268) : De Consensu medicorum incurandis morbis libri quatuor, y De consensu medicorum in cognoscendis simplicibus liber unus, París 1550,1554; Venecia 1555, 1558; Lyon 1572. Trabajó como médico en Reggio a mediados del s.XVI. En el texto quevediano, Bacchanelo responde por todos "que según había visto la enfermedad de Francia estaba descubierta en su origen por los aforismos médicos" (1014b). Quevedo no ignoraba, por lo visto, que también Bacchanelo escribió una recopilación de aforismos médicos griegos y árabes.

Otro médico cita aún Quevedo en esta obrita: Francois de Rabelais. Vesalio, explorando en el sitio de la memoria de la cabeza del cardenal, vé dos librillos: Biblioteca Armandina Ruchelana y Obras de Marco Francisco Rabeles, doctor en medicina (1014a). Parece desaprobar estas dos obras y "escandalizado" pasa "de la memoria al entendimiento de la dicha eminentisima cabeza" (1014b), sin mencionar su seguro conocimiento del "Gargantúa y Pantagruel" rabelesco, y sus capítulos sobre la anatomía del rey Quaresmeprenant, en nuestra opinión claras fuentes de estas páginas de Quevedo.

La presencia de estos autores médicos, encabezados por el gran Vesalio y presididos por un autor predilecto de Quevedo como Montaigne, en esta sátira contra el cardenal Richelieu, pensamos que es una prueba más contra la extendida creencia en el odio que tenía Quevedo contra la medicina y los médicos. Creemos haber demostrado ya (ver: El acto médico en la obra de Quevedo, VII Congreso Nacional de Historia de la Medicina, Alicante, 1983) que en cuanto a la sátira de la medicina y los médicos, Quevedo no hacía sino seguir toda una tradición europea en la denuncia de sus limitaciones y, en algunos casos, abusos y estafas - como también hizo Montaigne en sus Essais, y muchos otros autores- dejando aparte la consideración de la medicina como "ciencia sólida" (La España defendida) y lo excelente de alguno de sus ministros y autores.

 

NOTA:

      Ya he tratado sobre este texto en "El acto médico en la obra de Francisco de Quevedo": VII Congreso Nacional de Historia de la Medicina. Abril 1983; y en “Más sobre médicos en Quevedo”, La Perinola, 5, 2001, pp. 323-327; y en “El léxico científico de Quevedo (II)”, La Perinola, 7, 2003, pp447-458.

      Los textos de Quevedo proceden de QUEVEDO, F: Obras completas. Vol. I. Obra en prosa.(Edición de Felicidad Buendia). Madrid, Aguilar, 1974.

      Hay un pasaje muy similar a esta obrita de Quevedo en la República Literaria, de Diego de Saavedra Fajardo, que dice así: "... reconocí a Galeno haciendo anatomía de algunos cuerpos humanos, y que entonces desecaba cabezas de príncipes, en las cuales mostraba a Vesalio Farnesio, y a otros, que con atención le asistían, que faltaban en ellos las dos celdas de la estimativa, cuyo asiento es sobre la fantasía, y la de la memoria, que están en la última parte del celebro, y que estas dos potencias estaban reducidas y subordinadas a la voluntad en quien se hallaban incluídas." (Saavedra de Fajardo, D.: República Literaria, Barcelona, Plaza y Janés, 1985. pág. 122).

 

© José Julio Tato Puigcerver 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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