Hispanidad, Franquismo y la construcción del mal:
los mensajes de fin de año del Gral. Francisco Franco
entre la firma del Concordato y los pactos económicos con Estados Unidos
(1953-1967)

Adriana Minardi

Universidad de Buenos Aires
adrianaminardi@hotmail.com


 

   
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Resumen: Nuestro objeto es el género discursivo mensaje de fin de año, corpus de discursos enunciados por el general Francisco Franco y emitidos por Radio Nacional Española. Si la elección del género determina la actitud del hablante, estos discursos construyen un punto de vista conclusivo acerca de los progresos de España en cada nuevo año. De alguna manera, la elección genérica permite reconocer estos discursos como condensados ideológicos que operan en la construcción de sentido de lo nacional en un nivel masivo de comunicación mediada.
    El propósito principal es examinar la ideología desde el problema de las esquematizaciones o construcciones de mundo que reelaboran y resignifican los topoi historiográficos e históricos de los cuales los discursos del franquismo resultan herederos, mediante el análisis de la memoria discursiva nacional catolicista, como las formulaciones origen de Primo de Rivera, Maeztu y Salaverría.
Palabras clave: Franquismo, análisis crítico del discurso, hispanidad

 

Dos problemas de identificación del ser español

“(…) No en vano la Patria es como una gran nave en que todos nos encontramos embarcados y que nos hace partícipes de sus desgraciados derroteros”
Mensaje de fin de año (1953).

En anteriores publicaciones y comunicaciones presentadas, hemos señalado la importancia del ACD (Análisis crítico del discurso) para el análisis de periodos históricos precisos [1] en los que la noción de práctica discursiva resulta esencial. Señala D. Maingueneau que

“la notion de situation d`ènonciation est au coeur de toute reflexión sur l`ènonciation. Il s`agit d`un système de cordones abstraites, de points de repère par rapport auxquels doit se construire toute ènonciation: en particulier, pas d`ènoncè sans dètermination personelle et temporelle “ (Maingueneau, D., 2005, p. 9)

En este sentido, definir la práctica discursiva como la articulación entre discurso y contexto de producción supone entender estos entramados discursivos desde un posicionamiento ideológico. El período que abarca la dictadura de Francisco Franco se extiende desde 1939 hasta su muerte en 1975. Es un período que podría clasificarse en tres fases donde la constante ideológica que los caracteriza se encuentra en la persistencia del objeto discursivo hispanidad [2] que va tramando distintos campos semánticos que ponen en escena la necesidad de universalizar los valores del nacionalismo católico frente a las corrientes liberales. En esta comunicación nos centraremos solamente en el análisis de lo que consideramos la segunda etapa.

Nuestro objeto es el género discursivo mensaje de fin de año, corpus de discursos enunciados por el general Francisco Franco y emitidos por Radio Nacional Española. Si la elección del género determina la actitud del hablante, estos discursos construyen un punto de vista conclusivo acerca de los progresos de España en cada nuevo año. De alguna manera, la elección genérica permite reconocer estos discursos como condensados ideológicos que operan en la construcción de sentido de lo nacional en un nivel masivo de comunicación mediada.

El propósito principal es examinar la ideología desde el problema de las esquematizaciones o construcciones de mundo que reelaboran y resignifican los topoi historiográficos e históricos de los cuales los discursos del franquismo resultan herederos, mediante el análisis de la memoria discursiva nacional catolicista, como las formulaciones origen de Primo de Rivera, Maeztu y Salaverría. Aquí se juegan diversas construcciones respecto del ser español que vienen afianzándose desde la primer etapa y que pueden clarificarse mejor desde la ley de administración de 1939 que facultará al caudillo con «la potestad legislativa a discreción y los Estatutos modificados de Falange Española Tradicionalista y de las JONS otorgarán igualmente todas las facultades a Franco». Según el artículo 47, «El jefe responde ante Dios y ante la Historia». Este rol de Caudillo y la construcción de su legitimidad puede verse claramente en el mensaje del secretario general de la Falange, Raimundo Fernández Cuesta, que dirige al caudillo en nombre del Consejo Nacional el 5 de junio de 1939, donde es notable la relación que se establece entre el régimen y la Iglesia católica:

Hace pocos días, la más autorizada voz de la Iglesia española proclamaba solemnemente la identidad de tu propio destino y el destino de tu pueblo, cuyo régimen, por especial designio de la Providencia, te ha sido confiado.

Quizás pueda verse mejor la intencionalidad explícita de un proyecto ideológico si tenemos en cuenta el documento “El Maestro Nacionalsindicalista”, de la Revista Nacional de Educación:

Tenemos que empezar por el hombre pero por el hombre completo, totalitario y de él, subir a la familia y de la familia al Municipio y al Sindicato, para culminar en el Estado. (...) La tarea fundamental en este quehacer constructivo compete al Maestro Nacionalsindicalista, ya que, en sus manos, ha de troquelar al niño que va a ser hombre , y lo ha de troquelar con perfiles recios y viriles, pujantes y disciplinados para que Falange encuentre en ellos aquella materia prima, templada y digna, con que hacer españoles que sepan llevar sobre su mochila azul, la mochila que encierre un Imperio (...) No valen aquí las traducciones...No valen las pedanterías y barbarismos con que nos obsequiaban los botafumeiros de la Institución Libre de Enseñanza... Nuestra pedagogía ha de ser nuestra: católica, tradicional y revolucionaria (Gracia García- Carnicer, 2000: 345)

La primera etapa (1939-1953) se caracteriza por la utilización del concepto hispanidad desde el sentido de resistencia y sacrificio cristiano (cuyo tópico característico es el de La hora difícil). Estos discursos recuperan con mayor fidelidad la memoria discursiva del ideal joseantoniano de FET y el estado se presenta discursivamente como Régimen.

La segunda etapa (1953- 1966) construye la hispanidad mediante el campo semántico de la producción económica. En 1948, con el bloqueo ruso de Berlín y la expansión del comunismo en China comenzó un intento de institucionalización del régimen pero la depreciación de la peseta y la creciente inflación significaban, por otro lado, que esa institucionalización necesitaba plantear una reforma económica que saliera del aislamiento y apostara a la producción. Los primeros años de la década son muy duros como correlato de la inmediata postguerra; los cortes de luz y el estraperlo se mantienen y sólo a partir de 1952, con la supresión de la cartilla de racionamiento y el surgimiento del disenso al interior del régimen junto a cambios en la política económica, puede observarse cierta recuperación que coincidirá con la progresiva integración de España en el contexto internacional, especialmente a partir de la firma del Concordato de la Santa Sede y el acuerdo militar con Estados Unidos; ambos en 1953, fecha en que clasificamos la segunda etapa, con el cambio en la construcción del objeto discursivo hispanidad. Como señala Manuel Eslava Galán

De pronto, terminaron las restricciones de agua y luz, desaparecieron las cartillas de racionamiento y se alcanzó la renta per cápita de antes de la guerra. El régimen recibió el respaldo internacional tras sus acuerdos con Estados Unidos, y Franco se vistió de paisano y abrazó a Eisenhower en Barajas. (A Hitler, en Hendaya, sólo le había estrechado la mano, aunque, eso sí, entre las dos suyas y muy cordialmente) (Eslava Galán, 2000: 132)

Todos estos cambios concuerdan con el año 1953, cuando se realiza el acuerdo militar hispano - norteamericano que contribuirá a que la década que abarca de 1957 a 1967 constituya el período decisivo del franquismo y su entrada en el sistema capitalista y de la economía de mercado. Como señala Eslava Galván: Franco se afeitó el bigotito, archivó las carpetas del proyecto autárquico y desatornilló de sus poltronas a unos cuantos ministros falangistas para sentar en ellas a jóvenes tecnócratas opusdeístas (Eslava Galán, 2000:135).

Es una sociedad presidida por espectáculos taurinos, el fútbol y los seriales radiofónicos, como necesidad de reemplazo de la carencia de proyectos alternativos al régimen. Pero, a pesar de las malas condiciones tanto en el ámbito urbano como en el rural, hay, sin embargo, signos de transformación, de un proceso de cambio que sólo se percibirá con claridad hacia los Sesenta, cuando la disidencia estalla abiertamente. Tanto en Madrid como en Barcelona, por ejemplo, en la segunda mitad de los años Cincuenta, se ve cómo sectores diversos de la población se van politizando. Lo que se rechazaba, más que un régimen concreto, era todo un sistema, el estalishment, el autoritarismo de toda una sociedad que el franquismo había moldeado según sus principios. Este período está teñido de contrastes y de contradicciones. La principal tiene que ver con la dialéctica entre un momento dorado del Franquismo, donde el consenso social y la estabilidad parecen más claros en torno de Franco y un régimen que ha superado las presiones internacionales de la postguerra mundiales, que tiene una oposición exterior debilitada y una oposición interior armada sometida y el comienzo de disidencias propias de un necesario recambio generacional hacia el interior mismo del régimen. Lo que se intentaba era un cambio en el discurso y la recuperación de figuras de la tradición progresista española. En este proyecto estuvieron católicos abiertos, con preocupación social, como Ruiz Giménez, quien había sido designado en reemplazo de Ibáñez Martín, pero también falangistas caracterizados por criticar al régimen por su entreguismo a la Iglesia, y que tenían un tono mucho más abierto y una formación más liberal, como Pedro Laín o Antonio Tovar.

El final de la década está presidido por una serie de signos que anunciaban futuros cambios que se desarrollarían en la última etapa. Por un lado, la economía tendría nuevos problemas, como la oleada inflacionaria de 1956, con una constante depreciación de la peseta que dio lugar a la subida de precios y a que el descontento aumentara; hay, en 1957, una nueva huelga de tranvías en Barcelona y esta situación provoca el cambio de gobierno en ese mismo año, con la llegada al poder de los tecnócratas ligados al Opus Dei y se inicia el diseño de una política de liberalización económica y de mayor apertura al exterior, acercándose a un capitalismo que parecía sólido y consolidado en pleno crecimiento estable en Europa.

El llamado desarrollismo es un fenómeno que, sin embargo, no se puede limitar al terreno de la economía sino también a los efectos sociales de este proceso de apertura económica y también los efectos políticos y culturales, en el sentido de modificación de una cierta cultura política y del papel de la cultura. La llegada masiva del turismo, con nuevas modas, usos y costumbres, las altas cifras de la emigración interna y externa, la mayor capacidad de consumo que cambia las perspectivas individuales y sociales, los medios de comunicación de masas, como la televisión, tenían que alterar las políticas del régimen. El nuevo lenguaje político de la tecnocracia desplazaba a las ideologías y el franquismo aparecía como un Estado de orden que era capaz de propulsar el desarrollo económico. Pero este cambio en las cifras de la Macroeconomía está ligado a una importante movilidad social y a un cambio de mentalidad colectiva ya que el desarrollismo ocurría por una convergencia de las decisiones económicas tomadas desde el poder con una voluntad espontánea y azarosa de la población de mejorar sus condiciones de vida, lo que hizo que estuviera dispuesta a emigrar dentro o más allá de las fronteras del país; pero también que hubiera importantes sectores que se movilizaran política y socialmente como obreros o estudiantes que desafiaban al régimen buscando trazar nuevas reglas de funcionamiento sindical o representativo. A nivel discursivo, se presentan cambios importantes que hacen que el ethos discursivo se configure mediante componentes programáticos ligados al progreso. De esta forma, el hogar cristiano y abnegado será un hogar capaz de producir y multiplicarse, en tanto célula madre, origen de la sociedad y fundamento del ser español:

(...) Por la elevación de sentimientos que el orden familiar entraña, por la solidaridad del común destino, por la red de afectos y tradiciones acumuladas al correr de los años, que de padres a hijos se transmiten con al antorcha del deber, de los honores, del trabajo o del sacrificio, no sólo es semejante lo que puede establecerse entre la Familia y la Patria, sino que la familia constituye un modelo, un arquetipo para la Nación. (Mensaje de fin de año de 1953)

Aquí podemos observar cómo se resemantiza la construcción nominal “antorcha del saber” por la consecuente “antorcha del deber”, asignando la capacidad de iluminar al deber primigenio de lealtad al Estado y a la ideología nacionalista que pretende enterrar el legado de la Ilustración. En esta etapa, se abandona la denominación Régimen por la de Monarquía. Estas características pueden observarse, por ejemplo, en otras construcciones del mensaje de fin de año de 1953. Allí, las lecciones familiares, ligadas al buen linaje suponen, en la familia, la base del edificio nacional. Esta metáfora que tiende a analizar y resaltar los fundamentos del régimen depende de otra que constituye la base de estos mensajes: la metáfora del canal, del viaje o nave que ha de llegar a buen puerto.

Si las virtudes cristianas de los hogares alcanzan tanta trascendencia para la vida y el porvenir de toda la nación, también el gobierno y la marcha de la nación tienen una honda repercusión sobre la vida íntima de nuestros hogares, no en vano la patria es como una gran nave en la que todos nos encontramos embarcados y que nos hace partícipes de sus desgraciados derroteros.

Esta estructuración de la vida social, tan vertical, supone también una recuperación de la historia. Esta historia pretende hacer la prehistoria, es decir, la reconquista, el período fundacional de un continuum histórico que emerge plenamente en una etapa de prosperidad. Esta etapa califica el período anterior, el de la hora difícil, como un camino necesario y obligado para el progreso. No obstante, la espiritualidad comienza a manifestarte en una hispanidad productiva, fruto de las relaciones con Estados Unidos:

La firma del Concordato y de los acuerdos con Norteamérica son las pruebas de esa vuelta de España a la política internacional activa. (…) Yo quiero recordaros que la vuelta de España al quehacer internacional no data de ahora, sino de la fecha de nuestro movimiento y de la ocasión en que España, unida y resuelta, decidió seguir su camino

El providencialismo histórico es la marca discursiva de estos mensajes que construyen el presente desde la perspectiva del pasado épico que lucha contra las fuerzas del mal, construcción nominalizadora, que califica y esquematiza a la oposición antifranquista. En el discurso de fin de año de diciembre de 1958, aparece un tópico, ligado a la simbología bíblica: la política como misión, no como poder. El líder carismático se propone como el navegante capaz de enfrentar los desvíos del azar. De esta forma, renacimiento espiritual ya no se opone a la mejora económica sino, por el contrario, se vuelve necesario para la mejora social. El campo da paso a la industrialización y ese problema se fundamenta mediante la pregunta retórica, donde se compara el crecimiento de las industrias con el de la producción agrícola. La imagen de Estado de bienestar resulta clave para entender los cambios a nivel ideológico y discursivo que opera el Régimen y que se deja ver en un incremento de las obras públicas de vivienda y de eficaz alianza con las empresas a las que se les pide ayuda para el impulso innovador de la economía. A esta imagen del estado benefactor, se le suma la de democracia orgánica:

Hemos sustituido una democracia formalista y huera por la práctica real de una democracia orgánica y fecunda (...) España ha encontrado el camino de su porvenir fuera de las soluciones trilladas desacreditadas por la experiencia histórica, y se encuentra en posesión de soluciones políticas nuevas , sólidamente construidas, dueña de si y con un horizonte político luminoso y propio.

Este estadio de desarrollo y progreso es definido por Franco en su mensaje de fin de año de 1960, como la última etapa de la “evolución de la sociedad española”. Siendo la primera, la etapa heroica, aquella a partir de la cual, España ha ganado la batalla contra el comunismo internacional y la segunda, la etapa de estabilización y recuperación en los duros años de la postguerra, la última supone el desarrollo expansivo de la economía y el cambio en la política discursiva del Régimen.

Pero el problema esencial puede resumirse en la siguiente pregunta: ¿Cómo logra el Régimen franquista hacer compatibles los valores conservadores del nacionalismo católico frente al impulso modernizador que proveen las alianzas económicas con los Estados Unidos y que necesariamente han producido cambios en las leyes de prensa, con la incorporación del grupo de los tecnócratas?

Quizás la respuesta haya que buscarla en la incorporación a los discursos de una nueva otredad. El mal encarnado por el comunismo y los avatares de la guerra fría proporcionan la clave de lectura que logra asimilar la noción de progreso material a un “premio” o galardón que Dios ha dado a España por sus sufrimientos. De esta forma, la ideología logra incorporar el progreso desde la cosmovisión nacionalista:

Hoy, sin embargo, tengo que preveniros de un peligro: con la facilidad de los medios de comunicación, el poder de las ondas, el cine y la televisión se han dilatado las ventanas de nuestra fortaleza. El libertinaje de las ondas y de la letra impresa vuela por los espacios y los aires de fuera penetran por nuestras ventanas, viciando la pureza de nuestro ambiente. (...) En la historia alcanzamos lo que fuimos, precisamente por haber sido fieles a nosotros mismos y celosos de nuestras virtudes; mas en el torbellino de la vida moderna suele vivirse cómoda y superficialmente, cerrando los ojos a las desgracias pasadas. (Mensaje de fin de año de 1955)

Nuevamente, la metáfora del País como un hogar y la dialéctica espacial del dentro-fuera, representado por la figura bisagra de la ventana. España, en última instancia, se vuelve ese espacio que, si bien permite el ingreso de lo extraño, debe mantener el “aire puro” de su esencia y lo logra por su identidad, aquella “capaz de conservar el tesoro de nuestra fe” y que la diferencia de Europa. Pero estos cambios en el discurso responden también al cambio de imagen de Dictadura en Monarquía, Franco dejará de hablar bajo el personalismo o las ideas del Movimiento para agruparlas bajo la denominación del Estado, como vemos en el mensaje de diciembre de 1963.

Por último, y a consecuencia de esto, las relaciones con la Iglesia dejarán de ser recíprocas para presentarse de manera independiente, ya no como dos entidades indisolubles:

Somos conscientes de que tanto la iglesia como el Estado son dos sociedades perfectas, cada una en su orden, con sus propios fines, una en lo espiritual y otra en lo temporal y, por tanto, independientes y poseedoras de sus respectivas soberanías.

Por último, el problema del futuro es central en esta etapa y culmina de forma conclusiva la visión del Estado y su conformación. La presentación y fundamentación de la LOE [3] que se explica como un fruto del conjunto social y se muestra como el afán de volverse historia.

 

Notas:

[1] Ver Minardi A, La construcción del objeto discursivo hispanidad en los mensajes de fin de año del Gral. Francisco Franco, en Actas de las V Jornadas de Historia moderna y contemporánea. Unmdp, Buenos Aires, Argentina.

[2] Para J. B Grize (1998), toda representación, de cualquier manera que uno la especifique, es la representación de alguna cosa. Esta representación opera por filtraje y resalte. El análisis de la construcción del objeto discursivo hispanidad está enmarcado en la Semiología del razonamiento, que concibe a los objetos discursivos como “entidades lógicas (cognitivas) y semiológicas designadas en los textos por expresiones nominales que se reformulan, enriquecen o especifican a lo largo del discurso” (Arnoux, 2005: 3). Como hecho del discurso y construido por el discurso, la hispanidad es un anclaje léxico que permite generar la trama argumentativa del discurso franquista.

[3] Ley Orgánica de Estado.

 

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© Adriana Minardi 2008

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