La figura del intelectual en las revistas Sur y Casa de las Américas

Martha Barboza

Sede Regional Tartagal
Universidad Nacional de Salta
marthabarboza@arnet.com.ar


 

   
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Resumen: Desde comienzos del siglo XX, las revistas literarias y culturales han desempeñado un rol fundamental en el proceso de conformación tanto de la crítica literaria como del campo cultural e intelectual latinoamericanos. En muchos casos, se convirtieron en los espacios discursivos clave para la polémica y el debate de ideas que en determinados momentos sociohistóricos afectaban a la región. En este sentido, las revistas Sur (Buenos Aires) y Casa de las Américas (La Habana), cada una desde sus propias coordenadas espacio-temporales, funcionaron como faros difusores de proyectos estético-ideológicos, afines a su propio contexto de emergencia o reaccionarios frente a un orden establecido. Y en virtud de tales proyectos construyeron la figura de un intelectual en consonancia con las perspectivas ideológicas y culturales asumidas por cada de estas revistas.
Palabras clave: revistas literarias argentinas - intelectual - proyectos estético-ideológicos

 

No se puede abordar el estudio de una revista literaria, su conformación, sus tendencias ideológicas y estéticas, su repercusión social y literaria, su configuración identitaria, sin tener en cuenta el contexto sociohistórico que motiva su emergencia y la adopción de una mirada particular sobre el estado de la cultura y la sociedad en un determinado momento.

El espacio interdiscursivo brindado por las revistas literarias y culturales ha funcionado como ámbito de polémicas y discusiones sobre las diversas problemáticas vinculadas con programas y perspectivas estético-ideológicos. En este sentido, una de las cuestiones centrales que se ha desarrollado en la mayoría de ellas es la definición y el rol del intelectual dentro del contexto sociocultural que las enmarca. Así, el estudio de las diferentes revistas que se editaron en América Latina, desde las primeras décadas del siglo XX hasta los años setenta, permite observar de qué manera se ha ido construyendo una figura del intelectual acorde a las necesidades estéticas, ideológicas y culturales de cada momento. Configuraciones que no sólo permanecieron dentro del espacio discursivo de las revistas, sino que se proyectaron fuera de ellas para, de algún modo, determinar los rasgos específicos de las expresiones estéticas e ideológicas, y particularmente de la literatura latinoamericana.

No resulta, entonces, descabellado vincular dos revistas como Sur (1931) y Casa de las Américas (1960) [1], opuestas en la concepción de sus objetivos y de sus programas estético-ideológicos, para aproximar y diferenciar las perspectivas que cada una de ellas asume con respecto al rol del intelectual en la sociedad. Posiciones que, evidentemente, son formuladas a partir de los condicionamientos que reciben desde contextos sociopolíticos críticos y conflictivos.

La crisis social, política y económica que, en la década del treinta [2], afecta a Occidente opera como contexto de emergencia para la revista Sur, la que, desde una posición liberal, muchas veces encubierta o transfigurada, se convierte en una de las principales difusoras de los lineamientos fundamentales para el desarrollo de la cultura argentina. Sur inicia su historia a partir de la empresa particular de su fundadora, Victoria Ocampo, y del estímulo que ésta recibe de Ortega y Gasset y de Waldo Frank. En este punto se hace necesario observar algunos aspectos socioculturales que serán determinantes en la orientación inicial de la revista. Así, se lleva a cabo una revalorización del Centenario con sus tres pilares fundamentales: modernización, secularización e inmigración, y que permitieron la consolidación de un campo intelectual definido a partir del proyecto político e intelectual de la Generación del ’80.

Según Altamirano-Sarlo [3], en el Centenario se configuran tres núcleos operantes y creativos: el espiritualismo antipositivista, el hispanismo y el esteticismo. Entre los años 1920 y 1930 se produce el refuerzo de una serie de configuraciones ideológicas iniciadas en 1880, que van a determinar la actividad intelectual y cultural con sus proyecciones políticas. Tales configuraciones apuntan a la construcción de la figura del intelectual a partir de diferentes concepciones ideológicas. Se puede reconocer así cinco formas de representación del intelectual: el liberal, cuya conformación se remonta a la Generación del ´80, con una posición dominante, conservadora y elitista, aunque sin renunciar a las posibilidades de una democracia formal; el intelectual nacionalista de derecha; el intelectual católico; el intelectual de izquierda y el intelectual “popular-nacional”, surgido del radicalismo de izquierda y antiimperialista. De hecho, los representantes de estas fuerzas mantienen entre sí polémicas que, en cierto modo, reproducen, con las distancias y las diferencias correspondientes, los debates que se sucedían en Europa (liberalismo, fascismo, comunismo, etc.). Tanto las discusiones como los intelectuales de cada grupo tienen sus instancias de legitimación y consagración en las revistas y secciones culturales de los diarios, entre otros ámbitos.

Si bien la revista Sur pretende brindar una imagen neutral con respecto a sus propias definiciones políticas e ideológicas, no puede evitar en varias ocasiones tomar partido por tendencias, a veces contradictorias, con su pensamiento de base; tal como sucede con la perspectiva que adopta frente a las formas de representación del intelectual. Así, siguiendo la línea de debates que se llevan a cabo en Europa, en 1938, cuando se hacía irreversible la proximidad de la Segunda Guerra Mundial, y con una actitud especular, Sur, en su Nº 46, publica un conjunto de artículos dedicados a la “Defensa de la inteligencia” (o del intelectual). Los textos, en su mayoría de autores europeos [4], admiten dos líneas de lectura complementarias, por un lado, si se establece una correlación con el contexto sociohistórico, puede decirse que expresan el peligro que corre la actividad intelectual frente a la crisis mundial y al avance de una “inteligencia irracional”. Por otro, estos artículos manifiestan también una clara oposición al fascismo y al intelectual de izquierda. Esta “actitud neutral” frente a las dos grandes fuerzas ideológicas del momento no significa un distanciamiento radical de la crisis que afectaba, en ese momento, al mundo, sino la necesidad de construir y consolidar un espacio propio, diferenciado, en el que el “verdadero” intelectual desempeñara un papel dominante dentro de una sociedad en la que esta figura parece peligrar. En este sentido, los autores manifiestan afinidades y diferencias expresadas implícita o explícitamente en sus textos, aunque cada uno acentúa con mayor o menor fuerza algunos aspectos de las ideas desarrolladas.

Si bien estamos hablando de un número particular de Sur y sobre una problemática específica como lo es la inteligencia dentro de un marco sociocultural determinado, se pueden visualizar algunas cualidades, valores e ideologías predeterminadas que otorgan un orientación, quizá una identidad, al grupo. Sin embargo, esta identidad no es totalmente homogénea, ya que cada autor, tiene tras de sí una trayectoria ideológica que muchas veces no condice con la posición adoptada en su texto. De este modo, podemos decir que cada autor se construye como sujeto intelectual en su propio discurso, el que a su vez se conecta con toda la discursividad social. Precisamente, es esta dimensión la que puede visualizarse en la revista al mostrar de qué modo se elabora una idea de inteligencia, compartida en muchos aspectos: concepto coincidente con la época crítica que se vivía; personalismo y pacifismo como componentes ideológicos recurrentes, exclusión del marxismo, el nacionalismo y de todo tipo de autoritarismo, la inteligencia como rasgo diferenciador y aristocratizante.

Desde la perspectiva de los autores de estos artículos, los intelectuales, investidos de una inteligencia superior, desempeñan un papel tutelar y deben asumir una responsabilidad ética frente al desarrollo de la historia. Ellos constituyen la elite consagrada naturalmente para intervenir y decidir sobre el futuro de la humanidad; son los encargados de reivindicar una existencia social ordenada, sin violencia y con una total libertad espiritual. Sostienen que la inteligencia debe ser defendida levantando un muro de contención para evitar el avance de lo inmoral, de las masas, de la miseria y el terror, pues sólo así la sabiduría y la belleza, la verdad y la moral lograrán imponerse. Intentan, de este modo, construir un espacio ideológico alternativo, más próximo al pensamiento liberal, que privilegie el valor natural, único y supremo de la inteligencia.

Las características, finalidades y funciones de lo que se considera la verdadera inteligencia, son construidas a partir de la crítica que los autores hacen a los sistemas ideológicos imperantes en ese momento. De este modo y desde una posición personalista, pretenden distanciarse y diferenciarse de los “falsos intelectuales” que los regímenes políticos autoritarios imponen a la sociedad y a la cultura.

Con estos artículos sobre la “Defensa de la inteligencia”, Sur no sólo pretende difundir, en el contexto sociocultural argentino, las polémicas que en ese momento se llevan a cabo en Europa, sino también asumir una posición compatible con las de estos autores y tratar de construir un proyecto estético-ideológico que supere todo nacionalismo restrictivo y tienda hacia la universalización occidental de un arte sin fronteras. Existe entre sus miembros una voluntad de construir una “identidad intelectual” de acuerdo con la orientaciones dadas por el esencialismo estético, el aristocratismo intelectual y un internacionalismo cultural atravesado por un americanismo espiritualista. De ese modo, el grupo de la revista se iba consolidando en un campo intelectual que, a pesar de las tensiones y diferencias internas, estaba unido identitaramente por puntos de vista comunes a todos con respecto a la concepción de la inteligencia y del arte. Por supuesto que esto no resultó una condición permanente, ya que en el transcurso de los años de vida de la revista, las oscilaciones, ambigüedades, las salidas y entradas de algunos de sus miembros y las condiciones sociohistóricas permiten observar algunas fragmentaciones ideológicas. Sin embargo, puede decirse que hubo siempre una especie de identidad permanente dada, sobre todo por la figura de su fundadora. Fue Victoria Ocampo la que orientó, desde su particular posición artística e ideológica, la función de la revista dentro del marco sociocultural argentino.

Esta concepción de un intelectual “puro”, sin contaminaciones políticas e ideológicas, es desplazada por una nueva forma de representación que surge durante la década del sesenta, motivada, nuevamente, por una serie de acontecimientos políticos y sociales. La Revolución Cubana, el fin de la colonización en África, la guerra de Vietnam, las manifestaciones antirracistas en Estados Unidos, constituyen los sucesos disparadores que permiten percibir la proximidad de cambios en las relaciones institucionales, políticas, sociales y económicas en el mundo. El escenario mundial, y particularmente el latinoamericano, comienza a experimentar un proceso de transformación en el que los intelectuales desempeñan un papel fundamental, ya sea como voceros de dichos cambios o como partícipes directos de la propia fuerza revolucionaria.

La política se convierte, entonces, en el valor fundador y legitimador de las prácticas intelectuales. Y no se puede obviar su condición de dominante en el análisis de la producción literaria de la época y en la búsqueda de un programa estético-ideológico compatible con esos valores.

Para Claudia Gilman [5], los años sesenta/setenta constituyen un bloque histórico con una delimitación más o menos precisa y con rasgos que lo diferencian y separan de las series inmediatamente anterior y posterior. Además, es una época demarcada por límites que permiten reconocerla como una entidad temporal y conceptual por derecho propio:

Se trata de un lapso relativamente breve, de un enfoque en la cortísima duración, que determina, por eso, la necesidad de una lupa potente para elaborar una periodización sustantiva de ese bloque temporal en el que la convergencia de coyunturas políticas, mandatos intelectuales, programas estéticos y expectativas sociales modificó los parámetros institucionales y los modos de leer y de producir literatura y discursos sobre la literatura [6].

En Latinoamérica, la Revolución Cubana de 1959 se convierte en un foco iniciático de una serie de transformaciones socioculturales que trascenderán los límites de la isla. Tanto los militantes como los intelectuales de las nuevas causas revolucionarias expresan su desconfianza y rechazo por los sistemas políticos democrático-burgueses y por los Partidos Comunistas tradicionales, y se muestran convencidos de que sólo una revolución violenta permitirá alcanzar un socialismo auténtico. Así, violencia y revolución pasan a ocupar un plano central en la vida política e intelectual de estos nuevos militantes de izquierda, quienes sostienen que la expresión más alta de la cultura reside en la guerra popular en defensa del futuro de la humanidad.

Siguiendo estas tendencias revolucionarias, las revistas político-culturales se convierten en el espacio propicio para la difusión e institución de una nueva modalidad de concebir la cultura y la literatura. Son el soporte que se le ofrece al escritor para dar cuenta de su conversión en intelectual, pues le permiten difundir su palabra en un medio más amplio, con una recepción de mayor alcance. Y la revista que se erige como el punto aglutinador, y a la vez expansivo, de los principales debates político-culturales latinoamericanos es Casa de las Américas (1960). En ella van a confluir una diversidad de voces y discursos que tienen como objeto de reflexión principal a América Latina. Con la eliminación de las abstractas fronteras nacionales Casa de las Américas busca una ampliación y proyección de lo nuestro, pero sin anular los componentes nacionalistas sino tratar de superarlos en el plano cultural.

Durante largos años, Casa de las Américas, centralizó, cooptó, redistribuyó y legitimó nombres y discursos, en un sistema de préstamos y ecos con otras revistas del continente [...] La Habana fue la capital aglutinante, sede real y en otros casos simbólica, de muchos de los encuentros que hicieron resonar el “toque de reunión” que nucleó con fuerza a los escritores-intelectuales. [7]

El campo intelectual se asume como antiintelectualista frente a una tradición que concebía al intelectual como crítico de la sociedad. Propone, en su lugar, la idea del intelectual revolucionario, altamente comprometido con las dirigencias políticas revolucionarias. Desde esta perspectiva, los intelectuales se convierten en los portavoces directos de los cambios sociales y políticos proclamados por la Revolución. En este sentido, “la revista Casa de las Américas puede ser leída como la bitácora pública de un itinerario intelectual en la que se fueron cifrando las estrategias de autodefinición de un campo y una institución cultural latinoamericana” [8].

La política domina todos los órdenes de la vida, y las producciones de los nuevos escritores-intelectuales se ven atravesadas por una fuerte voluntad programática de crear un arte político y revolucionario. Casa de las Américas es el espacio textual institucionalizado que posibilita la percepción y el registro de las modalidades del diálogo público de los intelectuales en la Revolución, como también es el espacio de autorización y legitimación de sus escrituras: “La revista en sí misma forma parte de un amplio proceso de institucionalización cultural, tanto al interior de la Revolución Cubana, como al interior de un proceso de autorización continental para el escritor ‘latinoamericano’ durante los años sesenta” [9].

De este modo, la revista funciona como un espacio discursivo mediador a través del cual el poder institucional de la Revolución va construyendo un imaginario que atraviesa y afecta los saberes literarios y culturales no sólo en Cuba, sino también en Latinoamérica. Y esto se visualiza concretamente durante la primera década de Casa de las Américas, pues ese período se configura como “[...] una topografía textual donde se escenifica un complejo debate por el reordenamiento y la reformulación de las relaciones entre lo literario y lo político en Cuba y, hasta cierto punto, en América Latina” [10].

En estos años de iniciación, la revista se muestra abierta a una diversidad de registros discursivos que instauran la polémicas y las reflexiones sobre las posiciones del intelectual y los usos de lo literario en función de una política revolucionaria:

De este modo, Casa de las Américas es una zona de posibilidades poéticas y políticas que permite montar y desmontar textualidades que lidien con el problema de la voz del intelectual y el escritor en una sociedad marcada por el tiempo y la luz de la Revolución. Casa de las Américas, en su primera década, diseña varios itinerarios de inclusiones y exclusiones en su búsqueda por constituir las formas y los tonos para re-pensar la Patria grande a la luz de la verdad revolucionaria [11].

En este sentido, las producciones textuales apuntan a generar cambios importantes en relación con la función de la literatura y de la experimentación artística, el papel del escritor frente a la sociedad, los criterios normativos del arte y la relación entre los intelectuales y el poder. Todo ello lleva a movilizar una fuerte movilidad normativa, tan disciplinante y rígida, que derivó en el fracaso de las pretensiones de formular un programa estético-revolucionario que cubriera las expectativas de los propios involucrados en este trabajo. Así, los escritores que formaban, inicialmente, un bloque unificado terminaron enfrentados por sus propias diferencias.

Pero, además, el incipiente mercado editorial que permite la consagración de algunos escritores genera posiciones enfrentadas en el campo intelectual y literario, a través de la distinción entre escritores “consagrados” y escritores “revolucionarios”. Fenómeno que derivó en la aplicación, por parte de estos últimos, de mecanismos de exclusión y rechazo hacia los escritores consagrados, los que juzgados sólo desde criterios políticos, eran considerados como traidores al ideario de la Revolución.

Con todo, Casa de las Américas funcionó “como un espacio articulador y reductor de distancias, como un aparato que acerca y conecta multiplicidades culturales dispersas por un continente vasto; la Casa es un lugar de encuentros múltiples” [12].

Ahora bien, ¿en qué coinciden y se diferencian Sur y Casa de las Américas con respecto a las formas de representación del intelectual? En las dos revistas la figura del intelectual desempeña un rol fundamental; es un sujeto dotado de cualidades y capacidades distintivas que lo habilitan para actuar y hablar de un modo determinado dentro del contexto sociocultural en el que se inserta. Sin embargo, en Sur se destaca más al intelectual crítico que, aparentemente distanciado de cuestiones políticas e ideológicas, asume desde una perspectiva personalista y pacifista, una actitud defensiva frente al peligro que amenaza su posición privilegiada. En cambio, Casa de las Américas construye la imagen de un escritor-intelectual revolucionario, comprometido con las causas políticas y sociales sostenidas por la Revolución, que no duda en apelar a la violencia de la lucha armada para lograr sus objetivos.

Mientras Sur busca generar un programa estético que apunte a la modernización de las formas que den cuenta de la belleza, la verdad y la libertad espiritual, Casa de las Américas intenta elaborar un proyecto estético-ideológico que fusione arte y revolución y en el que la modernización se realice en virtud de la renovación de las formas que permitan unir política y literatura.

Tanto Sur como Casa de las Américas constituyen formaciones con un alto grado de condensación artística e intelectual. Desempeñan un rol decisivo en el período que les tocó vivir a través de su accionar y de las relaciones que generaron. Ambas se configuran como los espacios focales de los debates ideológicos, estéticos y culturales de su época; sus proyecciones trascienden los propios límites de la revista para alcanzar un destacado papel en el desarrollo literario y cultural en la Argentina y Latinoamérica. El intelectual que emerge del espacio textual proporcionado por estas revistas corrobora la idea de que se trata de un sujeto con un capital simbólico y una capacidad específicos para encarnar y proyectar una filosofía en una dimensión pública.

Sur, desde Buenos Aires y mirando a Europa y Estados Unidos, busca construir una identidad latinoamericana a partir de la transposición estratégica de los paradigmas europeos que permitan producir, desde Latinoamérica, una literatura de alcance universal. Casa de las Américas, desde La Habana y mirando a Latinoamérica, intenta dar un nuevo sentido a lo latinoamericano que supere las fronteras nacionales, y diseña una cartografía política y literaria, que responda a la demanda de transformación social y cultural impulsada por el ideario de la Revolución. Sin duda, ambas han sido revistas-faro que, desde sus propios espacios discursivos, han ejercido la función de propagadoras de las transformaciones ideológicas, estéticas y culturales con la intención de generar nuevas formas de concebir una identidad cultural e intelectual latinoamericana. Todo ello dentro de un contexto condicionado por acontecimientos políticos, sociales y culturales que, en mayor o en menor medida, orientaron las perspectivas estético-ideológicas que cada una de estas revistas asumió en su momento.

 

Notas

[1] El presente artículo sólo es una primera aproximación al tema, ya que formará parte de un proyecto de investigación más amplio.

[2] A nivel mundial se comienza a experimentar el proceso de la crisis económica capitalista más grave de la historia, hecho que deriva en el desastre financiero de1929 con sus consecuencias internacionales en el orden económico, político y social. América Latina, y en particular la Argentina, no escapan a los problemas que esta situación genera. En nuestro país, en 1930, se produce un fuerte quiebre en el orden político e institucional con el golpe de Estado del general Uriburu contra el presidente constitucional Hipólito Yrigoyen; hecho que, al mismo tiempo, implicó la irrupción de los militares en el poder. Todo ello condujo a la restauración conservadora, con tendencias autoritarias y una marcada inclinación hacia el fascismo. En 1931, luego de comicios abiertamente fraudulentos, Agustín P. Justo accede a la presidencia. Esta época, conocida como la “década infame” se prolonga hasta la renuncia del presidente Ortiz, en 1942, aunque muchos consideran como fecha culminante el golpe de estado del 4 de junio de 1943, momento en que comienza a adquirir relevancia la figura de Juan Domingo Perón.

[3] Carlos Altamirano - Beatriz Sarlo, “La Argentina del Centenario: campo intelectual, vida literaria y temas ideológicos”. En Ensayos Argentinos. Buenos Aires: Ariel, 1997.

[4] Los artículos que la revista Sur dedica a la “Defensa de la inteligencia” son nueve, de los cuales seis pertenecen a autores europeos y tres a autores argentinos. Los mismos se distribuyen en esta sección según el siguiente orden: “Con Sarmiento”, de Victoria Ocampo (Buenos Aires, 1938); “La misión de los intelectuales”, de Nicolás Berdiaeff (París, 1938); “Sentido de la inteligencia en la expresión de nuestro tiempo”, de Eduardo Mallea (Buenos Aires, 1938); “Inteligencia y personalismo”, de Emmanuel Mounier (París, 1938); “La inteligencia y las pasiones”, de Guglielmo Ferrero (Ginebra, 1938); “Inteligencia y órdenes objetivos”, de Bernardo Canal Feijoo (Santiago del Estero, 1938); “El futuro de la inteligencia”, de John Middleton Murry (Londres, 1938); “La inteligencia y la asimilación”, de Ramón Fernández (París, 1938); “Pequeña enciclopedia del pacifismo”, de Aldous Huxley (Londres), este último es anexado, como conclusión o cierre, al grupo de artículos precedentes (Revista Sur, Nº 46, julio de 1948, Buenos Aires.

[5] Claudia Gilman, “Los sesenta/setenta considerados como época”. En Entre la pluma y el fúsil. Debates y dilemas del escritor revolucionario en América Latina. Buenos Aires: Siglo XXI, 2005.

[6] Íbidem, p 36.

[7] Íbidem, p 80.

[8] Juan Carlos Quintero Herencia, Fulguración del espacio. Letras e imaginario institucional de la Revolución Cubana (1960-1971). Rosario: Beatriz Viterbo Editora, 2002, p 56.

[9] Íbidem, p 24.

[10] Íbidem, p 29.

[11] Íbidem, p 30.

[12] Íbidem, p 84.

 

Bibliografía

Gilman, Claudia (2005), Entre la pluma y el fúsil. Debates y dilemas del escritor revolucionario en América Latina. Buenos Aires: Siglo XXI.

Pasternac, Nora (2002), Sur: una revista en la tormenta. Buenos Aires: Paradiso.

Quintero Herencia, Juan Carlos (2002), Fulguración del espacio. Letras e imaginario institucional de la Revolución Cubana (1960-1971). Rosario: Beatriz Viterbo Editora.

 

© Martha Barboza 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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