El tema social en El invernadero de nieve,
de Manuel Lara Cantizani

Erasmo Hernández González

I.E.S. Luis Carrillo de Sotomayor, de Baena (Córdoba)
erasmohergon@hotmail.com


 

   
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Resumen: Análisis del tratamiento del tema social en la obra El invernadero de nieve, de Manuel Lara Cantizani (1969), ganadora el XXXIII Premio de Poesía Ciudad de Burgos, publicada en 2007
Palabras clave: Manuel Lara Cantizani, poesía española contemporánea

 

El invernadero de nieve

El invernadero de nieve, de Manuel Lara Cantizani (1969), ganó el XXXIII Premio de Poesía Ciudad de Burgos y fue publicado en 2007 por DVD Ediciones (Barcelona). Hay dos reseñas, la de Gabriel Insausti [2007] y la de Hilario Barrero [2007], que explican muy bien los temas y formas del libro, y nos basamos sobre todo en la de Insausti para introducirlo. Contiene tres secciones: “Charcos” con 36 haikus, unos sin título, otros con él, que ofrecen humor, melancolía, concisión, sugerencia, naturaleza, amor y presencia de las hijas del poeta; “Lagos” con 11 wakas y tankas, con los motivos de la naturaleza, la tristeza y el abandono; y “Mares”, con 17 poemas en verso libre, que rompen el tono orientalista de las partes anteriores, reflejando escenas cotidianas y aburridas en tono prosaico y antipoético, sin olvidar preguntarse por el sentido de la lírica y con la reivindicación de la cultura pop frente a la cultura tradicional. Barrero elogia el tono general del libro, pero Insausti es más crítico, puesto que considera que la sección “Mares” parece ajena a “Charcos” y “Lagos”, ya que se rompe la continuidad estilística y temática, aunque alabe la gran calidad de estas dos primeras partes.

Aportamos poemas (casualmente coincidimos en gusto con Insausti) de cada sección:

De CHARCOS:

El astronauta.
    Cuando llega a la luna
    no ve la luna.

De LAGOS:

Brota una hierba
    en el páramo seco.
    Una tan sólo.
    El universo alumbra
    su blanca soledad.

De MARES:

EL PESO DEL ORDEN

Abres tu mano
y llenas a todos los animales de menciones

ERNESTO CARDENAL

Mientras dispongo, en fila india,
con Elisa,
las estampas repes
de los Pokemon de Adriana,
pienso en el orden del mundo.

En ilegales cordilleras asiáticas
de zapatillas Nike,
amontonadas por manitas
que deberían estar apilando
tacos de colores en el colegio.

Y
olvido
las pirámides de basura
hispanoamericanas, rebuscadas
por analfabetas manos de niños listos
y las millonarias minas excavadas por los más pobres
con uñas de leche como palas,

                                                y los infantiles índices
encallados
por los gatillos de África,
                                                    y las niñas amarillas
con vestidos invisibles,
iluminadas por una luz sucia,
adornándose con anillos de plástico
como cebo inofensivo
que no arañe -cuando las caricias-
las sensibles pieles de los turistas del alma.

La arquitectura feliz del desorden moral
es un mosaico de teselas sin equilibrio.

 

El tema social

Para el análisis y las conclusiones seguimos los métodos formalistas habituales (estilística y estructuralismo entreverados, explicados en los manuales de Wellek y Warren [1953], Kaiser [1954], Aguiar [1972] y Reis [1981], que muestran muy bien las teorías clásicas de Spitzer, Vossler, Croce, Bally, Amado Alonso, Dámaso Alonso y otros), porque realzan los valores estéticos y éticos de los poemas, sin sentir la presión de premisas sociológicas, semiológicas o psicoanalíticas, más propias de las Ciencias Sociales, la Teoría de la Política, la Antropología, las Ciencias de la Comunicación o la Psicología, poco atentas a la Poética y a la Retórica, aunque el poema que comentamos presente un tema social, con rasgos formales muy cuidados.

Entre las sesenta y cuatro composiciones destaca el tema social en EL PESO DEL ORDEN, en las páginas 94 y 95, que hemos reproducido más arriba.

El poeta elige dos versos del nicaragüense Ernesto Cardenal (1925), sacerdote católico y uno de los más destacados religiosos de la Teología de la Liberación, que además participa en la política de su país y tiene una importante proyección mundial; éstos parecen dirigidos a Dios, quizás a modo de reproche, como otros muchos de su producción, y sirven a Lara Cantizani como prólogo adecuado a su comprometido poema.

Éste empieza con alguien que juega con su hija Elisa a ordenar las estampas repetidas de una serie dibujos animados, que son de su otra hija, Adriana, se abstrae y piensa en los niños del mundo que están sufriendo por diversas razones: en Asia por trabajar en fábricas de zapatillas deportivas, en Hispanoamérica por rebuscar en pirámides de basura, en África por convertirse en niños soldados, y en Asia, de nuevo, por ofrecer como prostitutas a algunas niñas; acaba con una conclusión contradictoria y realista: la felicidad y la inmoralidad están unidas sin equilibrio.

En una lectura atenta hallamos que el tema del texto no es sólo la denuncia social contra la explotación de la infancia en Asia, Hispanoamérica y África, sino también la terrible paradoja de la aparente armonía entre felicidad e inmoralidad en la que estamos instalados los occidentales.

Manuel Lara Cantizani organiza estos temas con una estructura narrativa tradicional, sencilla y eficaz, elige unas anécdotas que desarrolla con metáforas, epítetos, diminutivos, paradojas, juegos gráficos, el repetido motivo de las manos y desemboca en su acongojante reflexión, todo en versos libres (de dos a diecisiete sílabas con predominio de los versos de ocho a once sílabas), sin estrofas ni rima, con ritmo de la prosa en los primeros versos hasta conseguir un ritmo más poético cuando introduce los adjetivos.

La introducción ocupa los cinco primeros versos, que se pueden dividir en dos partes:

1ª: La breve descripción del juego apacible con la hija (vv. 1-4), con referencias a la televisión (los Pokemon) y con el uso de coloquialismos (repes y fila india) de la infancia más feliz.

2ª. La alusión al pensamiento en el orden del mundo (v. 5).

Un espacio en blanco, que da apariencia de estrofa a los versos anteriores, separa el desarrollo (vv. 6-27) del poema, donde se describen varias anécdotas, que muestran ese “orden del mundo”:

1ª. La de los niños asiáticos que trabajan en las fábricas de calzado deportivo (vv. 6-10), con esa brillante adjetivación en el v. 6 (en ilegales cordilleras asiáticas) y el encabalgamiento que lleva al rotundo v. 7 (de zapatillas Niké), para recordar las “manitas” trabajadoras en el v. 8, que contrastan con las manitas occidentales que juegan con plastilina.

2ª. La de los niños hispanoamericanos que rebuscan en las pirámides de basura (vv. 11-15), cuyos versos imitan la forma de éstas y son dominados por el verbo “olvido” (v. 13), que parece querer negar la cruda realidad, apoyada en la contradicción entre analfabetismo e inteligencia en el v. 15 (por analfabetas manos de niños listos), y la de aquellos que trabajan en las minas (vv.16-17), con la contradicción expuesta con una excepcional adjetivación (y las millonarias minas excavadas por los más pobres) entre riqueza y pobreza, y un encabalgamiento que deja un v. 17 extraordinario con una comparación que enseña otra vez la diferencia entre la delicadeza de la infancia y la dureza del trabajo en la mina (con uñas de leche como palas), que altera la expresión coloquial “dientes de leche”.

3ª. La de los niños soldados africanos (vv. 18-20), con una nueva referencia a las manos (y los infantiles índices/ encallados/ por los gatillos en África), resaltadas por los adjetivos que contrastan con los gatillos de los fusiles.

4ª. La de las niñas prostitutas en Asia (vv. 21-27), que son “amarillas” (v. 21), van desnudas (con vestidos invisibles) en el v. 22, bajo “una luz sucia” (v. 23), y que atienden (vv. 24-26) a “los turistas del alma” (v. 27); esta última expresión es otro hallazgo extraordinario del poeta, porque el turismo sexual no es precisamente del alma.

Otro espacio en blanco, que también da apariencia de estrofa a estos últimos versos explicados, separa la conclusión (vv. 28-29), que parece un juego ingenioso de palabras, pero muestra una moralidad inmoral actual bastante extendida: en Occidente somos “felices” con los recursos del Tercer Mundo, a pesar de saber que allí la infancia es explotada. Quizá la falta de comentarios indignados del poeta se deba a que busque la reflexión del lector.

Queda claro el compromiso social de Manuel Lara Cantizani, que puede identificarse con ese narrador que juega con Elisa, y que parte de una posición poco habitual en la poesía social: la infancia feliz, siguiendo por una denuncia clara en pocos ejemplos con adjetivos bien elegidos, sin recurrir a las habituales voces de clamor y vocabulario estereotipado y repetido que imponen las ideologías, puesto que ya dicen poco a los ciudadanos. El poeta vuelve sabiamente a las palabras sencillas y al poder de sugerencia de imágenes casi visuales ([niños] con uñas de leche como palas, [niñas] adornándose con anillos de plástico/ como cebo inofensivo/ que no arañe -cuando las caricias-/ las sensibles pieles de los turistas del alma, etc).

Las fuentes temáticas de Lara Cantizani se encuentran en el conocimiento de la explotación infantil por los medios de comunicación de masas, los motivos de la infancia y la imágenes de las manos se deben, creo, a su feliz paternidad; en cambio, las fuentes literarias son difícilmente rastreables, a menos que sigamos la huella del mismo Ernesto Cardenal (por suerte lo cita), ya que el poeta se separa mucho de la poesía social española de postguerra, porque su abanico de lecturas es cosmopolita, como les pasa a los poetas, narradores y dramaturgos de su generación, que gozan de mayor cantidad de lecturas, viajes y recursos económicos y escepticismo, no cinismo (esto último es muy importante), en general que aquellos autores de los años cuarenta, cincuenta y sesenta, encerrados en España, más presionados por la lucha por la libertad y por evitar, al mismo tiempo, la censura y otros problemas políticos derivados, que por problemas que afectaran a otros países; las situaciones política, social y económica españolas de finales del siglo XX y de principios del siglo XXI son muy optimistas, produciendo que muchos autores se fijen menos en los problemas sociales españoles y más en situaciones graves de otros países.

Leamos un texto típico de la poesía social española y observaremos, aunque no las comentemos (dejamos reflexionar al lector), muchas diferencias formales y temáticas:

Campesinos, obreros, trabajadores broncos,
mujeres soterradas, varones cara al viento,
en vosotros, arcaicos, descubro mi firmeza.
Quiero cantar el noble silencio golpeado,
quiero ser un badajo de campana en la ausencia
y un dolor martillado que se clava en el centro.
¡Estatuas, dignidades, resistencias sagradas,
hombres libres que dais el quién vive al destino
y atravesáis indemnes la miseria de un mundo
de abogados, tenderos y pobres nuevos ricos
que se arreglan las uñas y sonríen con baba!
Vosotros, roca virgen y términos humanos,
sin esperanza, firmes, materiales, augustos,
seguros como el suelo que piso sin pensarlo,
proclamáis, ejemplares un más acá orgulloso.
Vosotros, dioses nuevos, terratenientes santos,
aquilatáis la hombría, valoráis lo que vale,
y edificáis mi mundo con humus cotidiano.

Gabriel Celaya, Lo demás es silencio, en Poesía española 1939-1975, Ricardo Velilla (ed.), Ediciones Tarraco, 1977.

Otro más reciente:

EXTRANJERÍA

Un hospital repleto de rumores
hay fundado en el fondo: multiplica
la soledad de los buceadores
en el bosque de aletas. Tras la mica

de las hojas del agua, ¿quién acecha?
Las llaves del oxígeno herrumbrosas
no se mueven de pronto: es una flecha
la asfixia. La espesura de las cosas

vigila siempre: pálido conserje.
Como a través de una membrana plástica
el hombre-rana atisba, cuando emerge,
una avenida, la figura elástica

de un extranjero: yacerá de bruces
al encenderse las primeras luces.

Justo Navarro, “Extranjería”, en Poesía española reciente (1980-2000), Madrid, Cátedra, 2001.

Como El invernadero de nieve es el octavo libro de este autor, se observan muchas variantes estéticas y temáticas, que permiten insertar perfectamente al poeta en su generación (la de los autores a caballo entre los siglos XX y XXI, que recogen el poso de las corrientes poéticas anteriores, de los autores del 27, del periodo franquista, y de las actuales como la poética del silencio, el culturalismo, el erotismo, la poesía de la experiencia, el feminismo, la otra sentimentalidad, el neomodernismo, la ironía, el pastiche, el neosurrealismo, la nueva épica), con la diversidad formal, la brevedad, la concisión, la condensación expresivas, la rehumanización poética, autobiográfica, urbana e incluso ligera con habla coloquial, la variedad temática, la intimidad, la experiencia, las alusiones a lo clásico y el sentido del humor como rasgo más claro de sus tonos líricos (y de su persona); en su generación destacan Felipe Benítez Reyes, Carlos Marzal, Esperanza López Parada, Roger Wolfe, Leopoldo Alas, Aurora Luque, Jorge Riechmann, José Antonio Mesa Toré, Vicente Valero, Vicente Gallego, Almudena Guzmán, Álvaro García, Ada Salas, Luis Muñoz y otros muchos (vid. Poesía española reciente [2001] y Munárriz [2003]).

Escribe Insausti [2007]: “Cantizani se confirma como un eslabón más en esa cadena que llega desde Tablada hasta Carlos Pujol, José Cereijo, Antonio Cabrera o, modestia aparte, un servidor; esa cadena que hace ya tiempo dejó de ser una moda orientalizante y que se ha convertido en toda una tradición autóctona; trasplantada, adaptada y reformulada, pero autóctona a estas alturas. (No obstante, Cantizani parece postularse como un maestro ortodoxo en el género, haciendo preceder a cada sección de una cita de algún autor nipón, como Masajo y Fujiwara No Kintô, que desde luego no están entre los nombres más conocidos por los profanos en la materia). En fin, con la publicación de tanto haiku y de tanto libro de haikus, los trabajo de críticos como Marta Agudo, las colecciones como Los papeles de El Sitio de Abel Feu o trabajos académicos como el del propio Feu, parece que este poema de diecisiete sílabas empieza a consolidarse como una vertiente determinada dentro el inventario de posibilidades con las que cuenta el poeta en lengua española. Y ahí Cantizani se perfila como una referencia.”

Otros libros de Manuel Lara Cantizani son Yo maté al cisne (1994), Poemas adúlteros (1996), Todo lo que sé de ti y otras mentiras (1999), Isla desierta (2001), Incultura clásica (2002), Versos (2002) y Los 4 elementos (2004).

 

Bibliografía

Aguiar e Silva, Vítor Manuel de [1972], Teoría de la literatura, Madrid, Gredos.

Barrero, Hilario, [2007] “El invernadero de nieve. Manuel Lara Cantizani”, Libro de Notas, 16 de junio de 2007, en http://wwwlibrodenotas.com/resenas/11379/el-invernadero-de-nieve-manuel-lara-cantizani.

Insausti, Gabriel, [2007] “Manuel Lara Cantizani. El invernadero de nieve, DVD, Barcelona, 2007”, en Poesía Digital, http://www.poesiadigital.es.

Kaiser, Wolfgang [1954], Interpretación y análisis de la obra literaria, Madrid, Gredos.

Lara Cantizani, Manuel, [2007] El invernadero de nieve, Barcelona, DVD Ediciones.

Munárriz, J. [2003], Veinticinco poetas españoles jóvenes, Madrid, Hiperión.

Poesía española reciente (1980-2000) [2001], ed. Juan Cano Ballesta, Madrid, Cátedra.

Reis, Carlos [1981], Fundamentos y técnicas del análisis literario, Madrid, Gredos.

Wellek, René, y Warren, Austin [1953], Teoría literaria, Madrid, Gredos.

 

© Erasmo Hernández González 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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